La flor de Proust y Joyce.
Hay otra comparación con Proust en su obra “En busca del tiempo perdido”, una coincidencia casual que se refiere a la imagen literaria de desflorar en aquella época en que estos autores escribieron y que aún sigue hoy en el lenguaje, como penetración del pene en la vagina, cual el abrir de una flor. El protagonista de la novela de Proust, que también desarrolla la historia contando lo que piensa el personaje, aunque ordenadamente, cuenta lo que recuerda y dice que las mujeres que estuvieron relacionadas con Albertina en el pasado les daba él algo de más real, “más realidad que a las flores nuevas“. Lo cual completa en relación a esta metáfora un poco más adelante de su narración: “En los días claros París me parecía ciertamente todo florido de todas las muchachitas, no que yo deseaba, sino que hundían sus raíces en la oscuridad del deseo y de las noches desconocidas de Albertina“.
Para la crítica literaria y traductora Amparo Azcona afirma: “la importancia de las flores en el sistema proustiano y su relación con la mujer”. En el primero tomo “Por el camino de Swann”, Odette dice tener miedo de desflorar su cariño por Swann. Y también que cuando pasa una mala noche “no hay catleyas”, una orquídea americana. En el tomo “Sodoma y Gomorra” Poust vuelve a usar la flor como imagen sensual: “las jóvenes casadas por un azar inicia el insecto a visitar el pistilo ofrecido y desdeñado… la de la flor macho cuyos estambres se habían apartado espontáneamente para que el insecto pudiera recibirlos mejor la flor hembra arquearía coquetamente sus estilos para que le penetrara mejor“. Cuando el narrador de esta obra, en el tomo “El mundo de Guermantes”, va a besar a Albertina pensó que “iba a besar a aquella rosa carnal“. Y en el mismo al referirse a una mujer que ve descotada en una fiesta dice: “su carne aparecía por los dos lados de una sinuosa mimosa o bajo los anchos pétalos de una rosa“.
En “Sodoma y Gomorra” el protagonista de la novela de Proust es testigo de una relación homosexual: “tomaba una postura con la coquetería que hubiera podido tener la orquídea ante el moscardón casualmente aparecido”. Compara a los homosexuales con flores hermafroditas y cuenta como los gestos de los dos personajes que ve son como los que describe Darwin que hacen las flores a los insectos. Curiosamente la palabra “orquídea” viene de orchis, que significa testículo, por la forma de sus dos tubérculos, tallos bajo tierra, aunque sus pétalos sean metáfora de la corola de la mujer.
La metáfora de la flor podemos observarla también en algunos dramas de William Sakespeare. En “Romeo y Julieta” leemos “no hace flor más linda la primavera de Verona”. Muerta Julieta la define como flor que deshojó inadvertidamente la Parca; hoyó nla rosa de sus labios, yace tronchada como la flor. Paris la define como la flormás hermosa que salió de la mano de Dios. En el drama “Cimbelina” habla del tiránico sooplo que mató la flor en el capullo para describir el amor entre Póstumo e Imógenes. En el caso de Sakespeare la flor es símbolo de inocencia, refiere a la belleza del rostro. Podemos decir que en este dramaturgo la flor significa su aroma, un placer que no se ve, se nota, se siente, se huele.
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En el capítulo “Lotófagos” (5) de la obra “Ulises” de James Joyce, cuando lee la carta que le envía la desconocida Martha, Bloom traduce para sí lo que lee, “querido hombreflor“. Su seudónimo es “Flower”, “flor“. “Bloom” quiere decir “florido”, que según el capítulo “Eumeo” (16) es un apodo. En la carta va dentro una flor prensada. Se dice: “El lenguaje de las flores nadie lo puede oír“. Bloom se imagina bañándose con una mujer cuando ve una mezquita con sus baños. Vio, imaginándolo, la maraña de oscuros rizos de esa mujer que imagina, de su mata flotando… “lánguida flor flotante“. Genera una imagen en la que une lo imaginado con lo recordado, con lo visto en el pasado y que quiere volver a ver en el futuro. Enseña ese devenir de la vida en el que todo es deseo, “en el fluir de la vida rastreamos es más querido queeeee todo“. Rompe en ésta y otras expresiones, la gramática de la frase, para no explicar nada, ni contar algo, sino con el fin de provocar una intuición en el lector. Una reacción que sea capaz de crear imágenes en quien lea la novela. En el siguiente capítulo las flores tienen una relación con la muerte, las del cementerio: “deberían ser flores del sueño” y cuenta que en China en los cementerios crecen adormideras gigantes de las que sale el mejor opio. La metáfora de la flor acompaña toda la novela, símbolo de sexualidad y muerte.
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Cuando pasea por el cementerio ve guirnaldas de papel bronce. Piensa en lo que cuestan, pero prefiere las flores naturales, son más poéticas: “Lo otro es más bien aburrido, nunca se marchita. No expresa nada. Siempreviva“. En un recuerdo del capítulo “Lestrigones” ( 8) expresa Bloom: “flores eran sus ojos“.
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Cuando Bloom pregunta en una carta a la mujer desconocida si no es feliz en su casa con una interrogación ambigua, por una parte se hace a él la pregunta, por otra a quien va a escribir, a Martha, y responde él mismo: “flor para consolarme y un alfiler para evitar el desamor“. Y específica: “quiere decir algo, el lenguaje de las flo“, lo cual nos deja ver que las palabras tienen un significado como metáfora, la imagen de la flor transita a lo largo de todo “el viaje” de Bloom. No termina la palabra “flores”, se queda en “flo”. La camarera Lenehan es “rosa de Castilla“. Cuando se va Boylan del bar Bloom suspira “sobre las silenciosas flores azuladas“. La flor es un símbolo. La chica a la que mira, Gerty (13) al marcharse Bloom mira su “dulce rostro de rosa“. En “Circe” (15) Bloom pregunta “¿Qué ópera florida es como un árbol de Gibraltar?” Y se contesta él mismo: “la rosa de Castilla“. A Molly la conoció en Gibraltar, ella es de allí. A las prostitutas las considera “últimas rosas de verano” (12).
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En otra parte de “Circe” (15) Bloom cuenta su primera experiencia con una chica, cuando “las flores que brotan en primavera“. Cuando en la escenificación del subconsciente aparece Boylan, lo hace con una flor roja en la boca. La flor simboliza la mujer. Y Bloom, florido, Flower, influenciado por ellas, las flores.
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Cuando Molly divaga en la noche (18) recuerda que la primera vez que la besaron excitó a quien le besaba estrujando todas las flores que le llevó en su pecho. Y dice en su pensamiento “hay una flor que brota“. Cuando Molly critica la actitud de su marido (18) le llama “el insigne sabio Don Poldo de la Flora“. El color que Molly se imagina para una bata corta con la que le viera Stephen, si se hubiera quedado, es de color “flor de melocotón“, que recuerda vio en Walpole y hasta recuerda su precio.
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En otro momento Molly recuerda (18) cuando Bloom le regaló un delantal de flores, que ella se puso dos veces. Se propone por la mañana comprar algunas flores “para poner por la casa“, por si su marido trajera a Stephen. Se pondrá, piensa, una rosa blanca. Se dice a sí misma que le encantan las flores y que le gustaría tener toda la casa llena de rosas.
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Cuando recuerda el día que Bloom se declaró a ella, le dijo que ella es “una flor de la montaña“, “sí, que somos flores todas, el cuerpo de mujer, sí“. La metáfora de la flor adquiere en ese momento de la narración toda su intensidad y su máximo despliegue, a un ritmo que va in crescendo, muy parecido musicalmente al bolero de Ravel. Molly piensa al respecto “fue la única verdad que dijo en todo su vida“.
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Otra obra en la que podemos ver el simbolismo de la flor, como virginidad de la mujer, símbolo la flor que se abre es “La tesis de Nacy”, de Ramón Juan Sender. Juega con el significado simbólico y el sentido directo de la palabra “flor”. Es muy interesante ver el simbolismo de la flor en esta novela en la que se refiere a las gitanas que van con una flor en el pelo. Curro, el novio gitano de Nancy, una estudiante estadounidense, da una flor a una niña que Nancy le había colocado en el ojal. Una chica que se tiró aun pozo para matarse sobrevivió. Un día saca de su caja de recuerdos una flor seca, la “flor criminal”, porque su novio no apareció, se fue con otra.
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Curro mataría a quien se pusiera al lado de su novia estadounidense, pero no quiere ir a América porque supo que tuvo otros novios allá. Al saber esto, que Nancy le cuenta con naturalidad, se iba a enfrentar a Quin, otro gitano, más intelectual y poeta, pero cuando se van a enfrentar le dice: “No me mato con nadie por una hembra que cuando la conocía estaba sin su flor“. También afirma que no se casará con ella, “quiero a Nancy, pero no para madre de mis chavales“. Nancy escuchó aquella conversación y no entendió la metáfora. Se colocó una flor en el pelo, pensando que eso serviría, al interpretarlo como unja costumbre, “aquí (en España) no debe ir una mujer sin su flor”. Más tarde Curro se pelea con Quin porque éste lleva la flor de Nancy en la solapa. Y dice ” la flor que da Dios no tiene precio”. Todo un símbolo que encaja con el significado en cuento a la flor metáfora sexual de la mujer. Tolstoi en su obra “Ana Karerine” usa la flor como símbolo de belleza prístina, sin más: Kitty destacaba como una flor en un matorral de ortigas”. En otro momento se refiere a Vanenka, cuando está en un balneario describiéndola de esta manera: “daba la impresión de una flor que conservando intactos sus pétalos estuviera marchita y sin aroma”.
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Otro autor ruso, Iván Turguénev, usa la flor como metáfora a lo largo de la novela “Aguas primaverales”, en las que Sanin ve una cruz y una flor seca, acordándose de Gemma después de treinta años. Cuando tuvo veintidós años se enamoró de ella, de quien acepta una flor que ha cortado con sus dedos, ella le dio o una rosa que llevó prendida y cuando Sanin va a participar en u duelo le manda una flor a ella, cuyo “cuello esbelto es como el tallo de una gran flor“.
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En la novela de Benito Pérez Galdós, “Fortunata y Jacinta” también hay una referencia a la flor que llevan las mujeres en la cabeza, cuando viajan a Andalucía, “la que no lleva flor se pone cualquier hoja verde”. Juanito le cuenta a su esposa, Jacinta, sobre su vida pícara y libertina de su vida pasada, “estaba mirando todos los días como mira el burro la flor, sin atreverse a comérsela.; ¡yo me comí el cardo!”, en relación a una relación que tuvo con otra mujer, Fortunata.
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Otro autor como Juan Ramón Jímenez también desarrolla la metáfora de la flor en un sentido similar al que estamos viendo. En su obra poética “Jardines lejanos” (1904) escribe “cómo estaban los rosales / a la lumbre de la luna / y encontré rosas carnales. / Quise ver el lago y una / mujer huyó hacia la umbría / todo era aroma de senos / primaverales…”. En otro poema dice “y ¿te gustan más los labios / o las rosas?. ¿Qué te importa? / la rosa me sabe a beso / el beso a beso y a rosa”. Y todavía en otro refuerza esta imagen: ¿A quién quiero la sonrisa / de sus labios en flor?”.
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En Joyce y Proust la flor es imagen viva y atrayente de la parte sexual de la mujer. En la obra de Sakespeare no, Julieta le da el alma a Romeo, pero Odette a Marcel en la obra de Proust “la flor” es sexualidad, “si no me llevas no hay catleya“, no hay sexo. Y Molly quiere sentirse penetrada para sentirse flor. De esta manera la imagen florida evoluciona en la literatura a través de estos autores de la belleza, al estética a la sensualidad más tangible como imagen del sexo. Algo que a Romeo y a Julieta les atrae, se quieren, buscan el beso y más, estar juntos, poseerse, pero dentro de una sensación más ampliar la que tienen que luchar. El amor moderno, que narran Joyce y Proust, viene dado por unas circunstancias.
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La historia de esos amores que narran Joyce y Proust autores son quizá la caída del amor al cuerpo, como si faltara el alma, la inspiración que buscan y acaban siempre desembocando en el cuerpo del otro y desde él sienten, buscan el amor, y todo lo demás. En su obra “Finnegans Wake” Joyce escribe a su manera críptica “santipasmado, por sus efluvios nocturnos, de amplio espectro, sabe mariposear de su propia mano toda vanesa de flore en flore… esto enriquece nuestra litaraturidad“, la esencia de la literatura. Y en la misma obra escribe: “floripates de florecillas que florvolotean en sus falmígeras flores”. Vemos la flor como ese fuego, lo flamígero, de la pasión humana cuyo símbolo literario es flor. En la misma Joyce obra escribe “esa flor del pecado que gira como un girasol” y “como flor vestida de rocío“.
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El sexto tomo de “En busca del tiempo perdido”, “La Fugitiva”, ahonda Proust en la flor como metáfora, describe a una desconocida como flor oscura. “Incorporaba aquellas mujeres a mi pasado, les daba más realidad que a las flores nuevas”. “París me parecía ciertamente todo florido de todas las muchachas, no que yo deseaba, sino que hundían sus raíces en la oscuridad del deseo“. “Amaba como un salvaje, o hasta como una flor, pues no tenía la libertad de moverme“. En “El tiempo recobrado” llama a las jóvenes parisinas “la flor de la elegancia”. Y a su Albertina, olvidada, pero siempre recordando el olvido, “la flor misteriosa“. También dice en torno a esta metáfora “una muchacha, Albertina, que al principio fue el horizonte del mar, una flor que mis ojos querían cada día ir a mirar, pero una flor pensante“.
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La autora de este cuadro comentó que puede verse una flor, al mismo tiempo que la vagina de una mujer sobre sus muslos. Una imagen de la metáfora en que coinciden Joyce y Proust.
El segundo tomo de la novela de Proust se titula “A la sombra de las muchachas en flor”. La metáfora de la flor la usa también Joyce para unir el paisaje interno y el de fuera, el que recuerda Molly de su juventud: “las rosaledas y los jazmines y los geranios y las chumberas y el Gibraltar de mi niñez cuando yo era una flor de la Montaña, sí cuando me ponía la rosa en el pelo, como hacían las muchachas andaluzas o me pondré una roja“. Joyce mantiene esta metáfora en su realidad afectiva y sexual con su pareja, Nora Bernacle, a quien el 2 de diciembre de 1909 escribe una carta en la que dice: “Me agradeces el hermoso nombre que te di. ¡Sí, querida, “mi hermosa flor silvestre de los setos” es un lindo nombre. ¡Mi flor azul oscuro, empapada por la lluvia¡. Como ves, tengo todavía algo de poeta“.
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El paisaje se hace recuerdo en “Ulises”, se diluye en ella en forma de pasado, presente, futuro. Literatura y realidad, todo se funde. Cuando Bloom está en el momento álgido de su recuerdo, cuando ella rememora cuándo conoció a Bloom, cuando se dio a él y él la preguntó si ella quería (que él la poseyera), a lo que respondió “sí mi flor de la montaña” y le estrechó a “sus pechos todo perfume”. Es la flor una metáfora: Los pétalos que se abren para él, ser florido, Bloom.












