Artículo sobre el enamoramiento

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Cuando se ha querido definir el enamoramiento se ha visto como referencia a otros sentimientos, cuando lo es en sí mismo, no una ilusión, ni un amor frustrado o un apasionamiento, como Ortega y Gasset lo estudia o el doctor Gregorio Marañón.

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Incluso en el estudio de Francesco Alberoni, también tergiversa lo que es, porque no sucede a través de una relación con otra persona, sino que es algo que estalla en la mente, nos ocupa y siendo real es una ilusión y viceversa. En la obra “Enamoramiento y amor”, este autor italiano, define el enamoramiento como “el estado naciente de un movimiento colectivo de a dos”. Puede ser válido como referencia a ciertos aspectos del enamoramiento, pero no vale como descripción del mismo, ya que da una idea más bien de lo que Stendhal define como el amor-pasión. El enamoramiento no sucede entre dos, sino en una persona que toma a otra como referencia, la convierte en una imagen. En este sentido Iván Turguénev en su obra “Aguas primaverales” asemeja la pasión con una revolución que sucede en el interior de la persona, teniendo connotaciones parecidas a una revolución social.

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Así lo hace ver también  Marcel Proust en su obre “En busca del tiempo perdido”, cuando en el tomo “El tiempo recobrado” define este estado como “cierto sueño que no siempre sabemos discernir, pero que perseguimos”.  En otras partes de la obra dice:  “Cuando uno se enamora de una mujer se proyecta sobre ella un estado de nuestra alma. Lo importante  no es el valor de una mujer, sino la profundidad de dicho estado de ánimo… no era para mí ese mero fantasma de una mujer que pasó, entrevista de la que apenas nada sabemos, fantasma que nos acompañará en nuestra vida“.   Y todavía siendo meticuloso en sus descripciones tanto de las percepciones, como de la psicología humana escribe:  “En la terrible añagaza (trampa) del amor , que empieza por hacernos jugar no con una mujer del mundo exterior, sino con una muñeca interior de nuestro cerebro, la única, por otra parte, que poseeremos, que la arbitrariedad del recuerdo, casi tan absoluta como la imaginación puede haber hecho tan diferente de la mujer real como del Balbec real lo había sido para mí del Balbec soñado. Creación ficticia que, para sufrimiento nuestro, forzaremos a la mujer real a asemejarse“. En otro de los tomos de esta obra escribe sobre enamorarse: “… esa mujer no es más que un accidente situado ante el brotar de nuestros deseos… llega a construir toda una novela sobre una mujer que no conoce“.

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Bécquer junto a un atrapasueños indio

En el último tomo, “En busca del tiempo recobrado”, Proust, escribe también meditando sobre sus sentimientos, que recobran vida, se hacen presentes en sus palabras. Ha sentido la pasión, el amor, pero a la vez el enamoramiento, lo cual le exige inventar una palabra, espejear, crear un espejismo, que de alguna manera, en el interior de la persona existe: “En virtud de la ley inevitable que dispone que sólo se puede imaginar lo que está ausente… Pero el efecto de esta dura ley queda neutralizado, suspendido por un expediente maravilloso de la naturaleza que hizo espejear una sensación a la vez en el pasado lo que permitía a mi imaginación saborearla“. Sobre lo cual dice: “añadió a los sueños de la imaginación aquello de lo que habitualmente carecen: la idea de existencia“. Este autor en un artículo de prensa escribió sobre su realidad en este sentido, que le sirvió de materia prima para dar forma a sus descripciones sentimentales. En “Rayo de Sol sobre el balcón” cuenta la devoción de él por una “niñita a quien amaba y no volví a ver nunca, que está casada, que es hoy madre de familia y cuyo nombre leí el otro día entre los abonados del Fígaro”. Y explica: “una esperanza de nada, una esperanza desvinculada de todo objeto, y sin embargo, en su estado puro, una tierna esperanza

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El enamoramiento es una experiencia que se suele aparcar a lo largo de la vida, pero que sin embargo está en cada uno de nosotros y así lo corrobora la literatura. En la mujer también, pero se desarrolla y expresa más como desencanto amoroso que como enamoramiento en sí. Por su sentido práctico la mujer no idealiza tanto una relación ni una imagen, como le sucede al varón, pero no es una idealización meramente, porque trasciende la idea, para hacerse algo vital, lo cual desarrolla el sentido de la creatividad siendo el arte el espacio en donde se vive el enamoramiento.

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Las mujeres expresan sus sentimientos más en diarios íntimos, en cartas que luego guardan y no tanto en novelas ni piezas literarias, porque suele escribir para adentro y no tanto para afuera. Actualmente hay un espacio intermedio entre el diario personal y la expresión artística, que son los blogs, en los cuales hay mucha más participación y protagonismo de las mujeres, lo cual les va a permitir desarrollar mucho más su capacidad creativa en el futuro. La poesía de la mujer es muy intimista.  Al pensar en sobre el enamoramiento dudan de él, no adquiere el grado de certeza que en el varón. De hecho las novelas de autoras femeninas suelen ser historias de amor, de convivencia, profundizando en las relaciones con la otra persona, sin inventarlas. La mujer no lo oculta el enamoramiento, pero tampoco trata de justificarlo.

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Escribe Alfonsina Storni:

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Soy un alma desnuda en estos versos
alma desnuda que angustiada y sola
va dejando sus pétalos dispersos.

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Los poemas de la poetisa asturiana  Sandra Fernández García desvelan el enamoramiento a partir del desengaño amoroso: Cayó la estrella de mi cielo y me abrasó las entrañas. Describe ese estado de atracción por un sentimiento que ha quedado alejado, pero que lo vive por dentro como realidad que existe, pero no existe: he soñado amarte. La mujer silencia esa distancia y la escribe en su intimidad:  Para mí siempre fue lo mismo mentir que amar en silencio; Me enamoré del enigma oculto del silencio; un amor sin cuerpo.

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En su obra poética, inédita, “Ave, Manhattan”, Salvador Negro, va dejando huellas del enamoramiento al que da forma en sus poemas: “donde está Ella lo que es todos los cuerpos, / todas las miradas y las inteligencias”.; “yo también juego con ese “diablillo” que habita en mi memoria / y me hace volver siempre donde estaba Ella”.

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El sociólogo alemán, Niklas Luhmann, en su libro “Amor pasión”, considera que el amor, lo mismo que la sexualidad responden a imperativos culturales, que la semántica del amor (la ideología) es fundamentalmente un código simbólico, por lo cual aprendemos a amar en función a los significados establecidos, pero esto parace más bien referido al modelo dominante de cada sociedad y cultura, es decir lo que ellos quieren que sea, lo que defi9nen, no lo que es, lo cual se oculta o reprime. Este autor hace un análisis de la evolución del lenguaje del amor a lo largo d ela Historia, de manera que en la edad moderna amar deja de ser dirigido por las fuerzas sociales y crea su propia semántica. Pienso que las fuerzas sociales se han hecho sutiles y funcionan no tanto como un imperativo sino como mentalidad.

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Luhmann describe diferentes aspectos del amor, por eso concluye que se experimenta como algo contradictorio, pero lo que yo planteo es que el enamoramiento no es un aspecto del amor, sino es algo diferente a él. No podemos verlo como un amor fracasado porque en el enamoramiento no existe la relación sujeto a sujeto, ni contacto porque surge en la distancia y es en ésta donde solamente puede aparecer el enamoramiento. Proust, Joyce y Musil definen en sus respectivas obras más representativas el amor llevándolo a la realidad, no como un amor en sí, sino que lo sitúan en el beso, la caricia, la masturbación, el culo, la amistad corporal.

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A medida que va adentrándose en su estudio Luhmann empieza a referirse al romanticismo como lo que huye a través de la superación, porque el amor escapa al control, en este sentido se refiere al amor pasión, pero admite como algo diferenciador del romanticismo, digamos enamoramiento, que es capaz de construir su propia realidad, de manera que en su estudio del amor no es posible decirlo todo describiendo finalmente el amor como la transparencia en sí misma. Penso que el lenguaje se ha convertido demasiado en una niebla que no nos permite percibir nuestros sentimientos, por eso hace falta la palabra, la literatura, para hacer ver lo invisible de nuestros sentimientos.

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Otro ejemplo podemos leerlo  en los versos de la poetisa de León María José Montero:

Que no se caiga la luna,
que esta noche sea eterna
porque duermen las desdichas
en su alcoba de niebla.
Asómate a la ventana,
asómate y observa.

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La poetisa paraguaya, Techi León, escribe en una colección de poemas, “Purajei, canciones del alma“, el transcurso poético que va del enamoramiento al amor, el paso de lo abstracto a lo concreto. En sus primeros poemas se ve encerrada ante lo que invade su mente:

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Me siento prisionera
de mis propios sueños
porque te quiero.

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En otro poema  anuncia que jamás se olvidará de ese amor, de lo cual le advierten las estrellas:

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Detrás de cada velo que os separa
la distancia os unirá mucho más.
Te amo.
No sé decirte adiós.
Esa palabra no existe
en el léxico del amor.

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Y poco a poco se despide esta poetisa, a través de sus poesías, de ese estado de ensoñación que le fue tan real: Es mejor decirte hasta luego. / Tan luego estaremos / en otra estación del tiempo, de manera que vive el enamoramiento como otra dimensión de los sentimientos. Por último finaliza sus canciones del alma preguntándose qué es estar enamorado:

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Eso dicen:
Estar enamorada
¿Qué es?
¿Sufrir? ¿Siempre se mide
por el sufrir?

A mí se me perdió esa medida.
Quiero vivir.

Saber que viven conmigo.
Respirar.
Construir el amor
hoy.
Ser yo,
con el tú,
en el hoy.
En el ahora.

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Y una poetisa de Bilbao, Susana Barragués, en su obra “Los amántopos“, escribe: “El verdadero objeto de amor es la idea misma del amor en vez del amor en sí. Esta es la diferencia entre los amantes, que implican físicamente, hasta su respiración en el afán que les ocupa, y los amántopos, aquellos que sólo aman sus nombres … Los amantes-topo enferman de pensarse”.

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Pintada: “Belén, te quiero. Tu príncipe”

En las obras de arte de la literatura vemos como se da forma al enamoramiento y muchas se han confundido en prototipos de personajes provocadores,  canallas, chulos o locos por no entenderse el sentido del enamoramiento, como son los casos de don Juan, don Quijote, Hamlet, Wherter, Fausto, Segismundo y otros.

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James Joyce en su obra “Ulises” advierte que hay algo de misterioso en Hamlet . Se pregunta si está loco, lo cual pone en duda. En su obra “Finnegans Wake”, Joyce, escribe: “aunque las margaritas se marchiten los sueños de amor joven persisten”, versos que no cita, pero que son del poeta británico William Wordosworth, de su obra “Esplendor en la hierba”. Otro poema de esta auto dice:

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Aunque ya nada
pueda devolver la hora
del esplendor en la hierba,
de la gloria en las flores
no debemos afligirnos
porque siempre la belleza
subsiste en el recuerdo.

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Goethe desnuda el enamoramiento de su personaje Fausto, parece que lo dibujara con palabras:

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¿Qué es lo que veo?, ¿qué imagen celeste
en este espejo mágico se muestra?
¡Amor, dame tus alas más ligeras
y a su presencia llámame!
¡Ay!, si ni me quedo en este sitio
ni me atrevo a acercarme,
sólo lo puedo ver como una niebla!
¡Es la más bella imagen de mujer!
¿Cabe que la mujer sea tan bella?
En este campo que ayer éste atendió
¿debo ver el resumen en los cielos
¿se halla en el mundo cosa semejante?.

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Juan Rulfo dice: “En lo más íntimo , Pedro Páramo nació de una imagen y fue la búsqueda de un ideal que llamé Susana. Susana San Juan no existió nunca, fue pensada a partir de una muchachita a la que conocí brevemente cuando yo tenía tres años. Ella nunca lo supo y no hemos vuelto a encontrarnos en lo que llevo de vida” .

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El socialista libertario Daniel Guerin, en su novela “El encantamiento del Viernes Santo”, narra una historia de pasión y enamoramiento entrelazando ambos aspectos del sentimiento. Comienza con una descripción que expresa el enamoramiento: “La necesidad de amar precede al amor; después el objeto se encuentra o no se encuentra, y es igual, porque el objeto apenas tiene importancia”.  Cuando traslada el sentimiento del protagonista a la pasión en su relación con Genéveve “el muro invisible que nos separaba dejó de existir”. Define esta relación en la que mezcla ambos aspectos de los sentimientos como “pasión idealizada”. Por eso al final reconoce el protagonista de la novela que la mujer a la que amó “fue en realidad una hija de su espíritu”. Afirma Guerin: “la necesidad de amar (en un sentido de enamoramiento) es diferente al simple deseo carnal; emerge de nuestro interior para estallar fuera de nosotros“.

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Hay que rescatar el enamoramiento como elemento que forma parte de la construcción del yo. Hermann Hesse, en su obra “Demián” analiza el enamoramiento como búsqueda de uno mismo. Si no se ve el enamoramiento como un fenómeno diferenciado de otros sentimientos no es posible comprender sus características, sobre todo en cuanto a la transformación de la personalidad que inspira de quien se enamora: Aquel día de primavera encontré en el parque a una muchacha que me atrajo mucho… La influencia de este enamoramiento sobre mi vida fue decisiva… Ninguna necesidad, ningún deseo era tan profundo y fuerte como el de venerarla (a Beatriz). Y añade:  Nunca crucé con Beatriz ni una palabra. Sin embargo ejerció  en aquella época una influencia profundísima en mí. El enamoramiento lleva al protagonista de esta novela,  Emil Sinclaire, hacia sí mismo.

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La vivienda de las olas

La literatura hace aflorar esos procesos interiores que no vemos, que necesitan de la palabra para saber de ellos. Sigmund Freud, en su obra “Introducción al psicoanálisis”, escribe: Yo no inventé el inconsciente, ni acceder a él, lo cual ha hecho y hace la literatura. He inventado el método científico de hacerlo“. La literatura descubre sensaciones fronterizas, como es el enamoramiento, frontera entre la realidad y lo irreal, entre emociones y sentimientos, entre lo que es ensoñación  y las percepciones. Entre lo consciente y el inconsciente, pues sabemos que hay algo que nos inspira, pero no en concreto, no lo sabemos, pero sí.  Toda frontera, no es ni una cosa ni la otra, sino algo propio, posiblemente más allá de lo que supone un lado u otro de su ser frontera. Por eso podemos entenderlo como un horizonte psicológico que nos engrandece nuestra visión de la vida, del mundo  nos hace actuar ante la realidad para crear en ella y crea la misma realidad, muchas veces insatisfactoria.

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La literatura no es un invento, ni un juego del lenguaje, sino que busca en lo profundo del ser humano para llegar a través de la palabra a la parte profunda del otro. En la obra “El arco y la lira. Revelación poética”, Octavio Paz expresa: “El poeta no escoge sus palabras. La palabra del poeta se confunde con su ser mismo. Él es su palabra”. Y también: “El poema nos hace recordar lo que hemos olvidado: lo que somos realmente“.

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Anthony Giddens observa que las sociedades modernas tienen una historia emocional clandestina, que está aún por revelar. Y esto es lo que descubre el enamoramiento. Milán Kundera escribe: “Una especie de esencia de su encanto, independiente del tiempo, quedó, durante un segundo, al descubierto con aquel gesto y me deslumbró. Estaba extrañamente impresionado. Y me vino a la cabeza la palabra  Agnes. Nunca he conocido a una mujer que se llamara así“.

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También Antonio Machado expresa esa sensación, alguna vez sentida en un poema:

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Todo amor es fantasía.
Él inventa el año, el día
la hora y su mediodía.
No prueba nada
contra el amor
que la amada
no haya existido jamás.

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El poeta colombiano, Emilio Jaramillo, en una de sus expresiones describe el enamoramiento sin hacer referencia a esta palabra, porque no está estudiada suficientemente. Escribe: “El amor imposible es como es, imposible. Es adonde se dirigen mis palabras. No puede hacerse posible, más que a través de la poesía. La poesía es habitar lo invisible”. Robert Musil en su obra “El hombre sin atributos” escribe que Urlich, el protagonista cayó enfermo de amor, en el sentido de que se enamoró, lo cual define  así: “el mal de amor (enamoramiento) no significa necesidad de posesión, sino un blando descubrir el mundo, y  por eso se renuncia con gusto a la posesión de la amada”. En otro momento afirma que todos los enamorados han mantenido su realidad, todos los románticos, todos los amantes de la luna, de la primavera, dela muerte feliz, de los primeros días de otoño, “pero más tarde llega a perderse esto de nuevo, se volatiliza o se diseca, lo uno no se puede distinguir de lo otro y se olvidan rápidamente como los acontecimientos irreales… dado que esta primigenia y universal experiencia de amor coincide, por lo común, con el primer enamoramiento personal, se sabe después como juzgarla y se la cuenta entre las necedades sólo permitidas antes de adquirir el derecho al sufragio universal”. A través del personaje Arnheim dice “las almas se mirarán unas a otras sin necesidad de los sentidos; las almas se unen cuando se separan los labios“.

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Ramón y Cajal, escribió “Psicología del artista“.  Se casó con Silveria, de manera que mantuvo una relación de amor y convivencia con ella, pero escribe al respecto: ¿Fue mi primer amor? No lo creo. Mi encuentro con el amor adolescente tuvo lugar en Ayerbe… Tenía yo dieciséis años y ella catorce. Era amiga de mis hermanas y la recuerdo bordando junta a ellas: ojos negros, centelleantes, grandes y soñadores, ¿mi primer amor? Así lo confesaba en aquellos versos que compuse: “Mi corazón libre / antes que a tus ojos viera / risueño al sol contemplaba / y en eterna primavera / alegre y feliz soñaba”.  A los veinte años la llamaba la Venus del Milo. ¿Amor verdadero?, pienso que no. Sentí hacia ella la atracción del artista ante el arquetipo de belleza, una pasión, también platónica que hallaba satisfacción plena en la mera contemplación. Fijémonos que adjetiva el amor de cuando joven de platónico, para diferenciarlo del otro. Se refiere al enamoramiento, pues despierta en él ese arquetipo de belleza y esa distancia la requiere estar enamorado. Distancia que hace que el enamoramiento sea y no sea a la vez, lo mismo que a nivel de la materia la luz es onda y partícula a la vez.

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¿Realidad e ilusión?, es lo que hace que al enamorado emprender proyectos para convertirlos en algo real. Por eso interviene en el impulso de movimientos sociales, en épocas de cambios revolucionarios. Como dice Stefan Zweig: “una característica de la Humanidad es la ilusión, saludable y peligrosa a la vez”.  Por esta razón Ismail Kadaré, escritor albanés, premio Prícipe de Asturias 2009 observa: ” Al totalitarismo le obsesiona el control (consumismo, encauzar, dirigir, orientar) de los sentimientos de la gente, pues son el último refugio de la libertad individual”. Y es ésta la que quiere recuperar la conciencia de lo que es estar enamorado. En la sociedad del espectáculo, tal como la define Guy Debord, el enamoramiento se pervierte en una imagen publicitaria y un signo controlado cuyo contenido se hace banal, se convierte en superficial y queda vaciado. Desde la aplicación de técnicas publicitarias se dosifica su potencial dirigiéndolo a estimular el consumo.

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 En su obra “Los hermanos Karamázov” Fiódor Dostoievski afirma: “Estar enamorado no significa amar. Incluso se puede estar enamorado odiando“. Otro autor ruso, León Tolstoi, en la novela “Después del baile”  cuenta como un anciano explica a los jóvenes otra forma de amar “vosotros, los jóvenes, no veis más que el cuerpo. En nuestros tiempos cuanto más enamorados estábamos tanto más incorpóreo se me figuraba ella”. Y continúa: “el amor que sentí por Vavienka dejó libre toda capacidad de amar que encerraba mio alma. Entonces mi amor abarcaba el mundo entero…Me bastaba quererla yo”. En su obra “Ana Karerina” esta autor asoma el enamoramiento en el personaje Levin, que es atraído por Kitty, la cual se siente atraída por  Wronsky, quien finalmente será el amante de Ana Karerina en una historia que relate el desarrollo de una pasión por encima de los convencionalismos sociales. En esta obra podemos leer: “Los amores de los que habla Platón son la piedra angular de toque de los hombres”, y “los que no sienten amores platónicos no pueden hablar de dramas… y quien siente el amor platónico tampoco tienen drama porque para ellos todo es claro y puro”. La distancia de Levin y Kitty definen el enamoramiento. Mientras que Kitty le quiere como a un hermano, lo de Levin va más allá, sin ser una pasión, ni deseo solamente sino una atracción podemos decir mental. Escribe Tolstoi que a Levin “le bastaba cualquier cualquier momento y lugar para pensar en Kitty, para verla mentalmente con absoluta claridad”, dice este personaje “mi vida está en el corazón de Kitty”.  También en esta obra se ve, desde el punto de vista de la pasión, el enamoramiento como una “ilusión romántica” que compara a un sarampión.

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El sentido de lo ilusorio lo podemos observar también en la obra del escritor turco Nedim Gürsel, “La primera mujer“: “Oyó el murmullo del viento entre los cipreses. Una mujer con un pañuelo en la cabeza atravesó la calle. Corrió tras ella y le cerró el paso. La mujer no tenía rostro…..; … en realidad ¿dónde te habías metido aquella tarde, cuando jugábamos al escondite y yo me había puesto cara a la pared contra la tapia del cementerio? Desde hace muchos años no dejo de hacerme esa pregunta sin poderla encontrar una respuesta. Habíamos comenzado una partida y me tocaba a mí dar con tu escondite. Había contado hasta diez, luego había salido a buscarte. Después han pasado los años. Jamás he conseguido encontrarte; … mirando desde lo alto del puente Mane, descubro en el agua tu rostro redondo y pálido. Pregunto a la gente si ha visto a una mujer con un pañuelo en la cabeza, nadie la vio”. Este autor sitúa como la primera mujer a la madre, pero en un sentido muy interesante a tener en cuenta, y es que es la que enseña la lengua materna, con la cual se construye la realidad, la que se ve y la que se siente.

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El enamorado construye su creación en forma de aventura. Lo expresa la obra de Miguel de Cervantes, “Don Quijote la Mancha“, en la que su protagonista huye de Ella para buscarla. Para mantener este estado Ella tiene que seguir siendo imagen y para mantenerla ha de seguirla, ir tras ella, porque crece y se desarrolla en la distancia, lo cual hace posible un espacio interior  para crear. Ella es la imagen de alguien concreto que se hace abstracta cuando estalla en la psiquis de quien se enamora. Podemos leer en la obra “Don Quijote”: “Quitarle a un caballero andante su dama es quitarle los ojos con que mira, y el sol con que se alumbra, y el sustento con que se mantiene. El caballero andante sin dama es como un árbol sin hojas, el edificio sin cimiento y la sonrisa sin cuerpo de quien se cause”. Don Quijote busca la fama como una manera de llegar a su Dulcinea, desde la distancia.

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Mi amigo Losada, y compañero de BUP,  me contó lo que le diría a su Ella para explicar lo que sentía: “Tú sube en un carro, que yo iré detrás, para verte, contemplarte, no quiero más. Ve a la discoteca que yo me quedaré fuera y desde una ventana te veré bailar“. Parecido a ese “amar de locos”, que narra el autor leonés,  Alberto Torices, en su libro “Los sueños apócrifos“, en el cuento “Un amor como éste“. Una pareja están acostados juntos. Sucede en un sueño: todo el cuerpo dormido sobre el que ella extiende una mano que no toca, como en un rito, como una sacerdotisa en un sacrificio antiguo. Desde dentro del sueño define  a este amor de locos como el único y el que es posible, nada más: Es un amor perfecto porque cada instante incluye la totalidad, el comienzo, la separación, los recuerdos, el olvido y todo lo que no ha existido ni existirá nunca… Aunque no salga usted de las sombras, dice él, ni baile jamás bajo las luces de colores. Un amor que reconoce ser inútil, perfecto.  


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Óscar García, profesor de filosofía, en su obra “El club de la lectura“, escribe una carta a Cristina: Mi querida amiga, Como un alpinista mi pie vacila al dar el paso que puede arrastrarnos al abismo. Contemplando la vida desde aquí, desde esta montaña mágica, para descender al valle envuelto en la penumbra de una realidad que todo lo ensucia …. Ya hay demasiadas almas despeñadas. No querida amiga, en nombre del amor a la vida que late en las historias que nos han unido, digamos no a todo eso, quedémonos siempre así altos, cerca del sol … dígalo conmigo, querida amiga: nosotros no“.  El protagonista rompe la carta: “sólo el silencio nos pertenece”  Finalmente dice “… Cristina, luz de mi vida”.

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En su obra “De un proustiano a otro”, Eduardo Fraile escribe unos versos que retratan el enamoramiento:

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“Es siempre pelirroja, por una especie de fidelidad
a nuestros sueños, y porque así fue su primera
aparición (le herida
que nos hará será siempre infinita). A cada nueva
conquista (que viene a consumarse
en el territorio de nuestro deseo) la sed,
lejos de ser aplacada, se exalta más aún; éste es el caso”.

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Camilo José Cela, falleció el 17 de Enero del año 2002, sus últimas palabras fueron unos versos, “Poemilla para el día de Reyes del año MMII”.  Su primera esposa cuenta, en una entrevista, como Cela le anunció su separación: “Estoy enamorado como un colegial de esta mujer (Marina). A ti te quiero mucho, pero esto es otra cosa. Yo siempre preferí la fama al amor; ahora me he convencido de que me equivoqué, y ahora voy a elegir el amor. Si observamos estas palabras describen la vivencia, ausentada, del enamoramiento, que trata de construir, pero en otra dimensión diferente a la que le es propia. A través de la fama Cela  busca a Ella.  Hace un preludio en el que escribe: El poeta N.N., que no tenía nombre porque lo prohibía la ley de su país. Es una referencia clara a ese ser que no ha sido nombrado, esa parte oculta de sí, que sin embargo ha estado presente y aflora cuando se mira a sí mismo. Y: Aprovechando la presencia de determinada dama de sus sueños. Escribe de manera impersonal refiriéndose  a él “jamás pensó el dicho poeta que el amor sumara tanta benévola acritud a la dulce muerte. Se encuentra con Ella en lo más profundo de su ser y el silencio se convierte en poesía. Entre los versos escritos por Cela en las postrimerías de su vida podemos leer algunos significativos que ayudan a esclarecer el enamoramiento: Te diría al oído la palabra todo. Sé bien que me estoy muriendo pero no de vejez sino de amor. Y también: sé que te estoy matando pero no de juventud sino de amor. Su sueño, su enamoramiento muere con él. Le invade el corazón:  “Te juro que ignoraba los casi cien acrósticos / Todos bellísimos y ciertos / Que podían hacerse con las letras de la palabra amor“.  


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El enamoramiento está presente en quienes escriben, lo traduzcan luego o no. O lo rechacen, como el filósofo alemán Nietzsche, quien con su lenguaje tajante, asertórico y temperamental  esta autor se manifiesta con una personalidad desgarrada. Trata de proteger su carácter dubitativo y frágil. Con su personaje Zaratustra quiere acallar su alma, su mente, y anular sus percepciones de juventud, que tal vez fueran lo que le atormentaron por quererlas reprimir, ocultárselas a sí mismo. Su enamoramiento no murió, lo mató y para ello se tuvo que sacrificar a sí mismo. Saca fuera su lucha interior, la hace visible como metáfora y acaba anunciando que Dios ha muerto. “Muero de inmortalidad”, escribe. Hizo lo que pregonó su personaje Zaratustra: la filosofía del martillo. En “Ecce homo” escribe: “Y también mi alma es la canción de uno que ama.  Hay en mí algo que no ha sido satisfecho, algo insaciable que trata de expresarse. Hay en mí un anhelo de amor que expresa también el lenguaje del amor. Soy luz ¡y ojalá fuera de noche! pero en esto consiste mi soledad, en estar rodeado de luz”. Años atrás escribió poemas significativos en relación con lo que estamos exponiendo. Podemos seguir el rastro de esos poemas para encontrar las huellas del enamoramiento, lo que permite entender el sentido de sus posteriores reflexiones. A lo largo de sus versos se retrata por dentro, no  inventa lo que dice. Si no es para comunicarse ¿para qué escribe? Una de sus poesías lleva un largo título significativo:

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“Declaración de amor, que provoca la caída del poeta en una fosa”:

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Habita ahora en lo alto como olas estrellas,
y la eternidad, que huye de la vida
incluso con la envidia compañero.
¡Alto asciende  quien su vuelo contempla
oh pájaros alabastros!
Me incitas con eterno impulso hacia lo alto
en ti pensé y una lágrima
entre lágrimas vertí: ¡sí te amo!.

“Sólo loco, sólo poeta” :

Caí hacia abajo,
hacia la noche,
hacia la sombra
abrasado y sediento
de una verdad.
¿Recuerdas aún,
recuerdas tú,
ardiente corazón
qué sediento estuviste?.

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Su primera obra en prosa de Nietsche es “El origen de la tragedia“, en la cual plantea un debate entre la visión de la vida dionisiaca y la actitud apolínea. Si analizamos  su sentido mitológico comprobamos que Dionisio es hijo de Semele, quien quedó ciega al ser deslumbrada por el sol. Lo que de manera paralela le sucedió él, que le cegó una luz interior. Nietzsche se decanta por lo dionisíaco. Él mismo reconoce que ha sido cegado por “la luz”. Había estudiado Los Vedas durante la etapa de estudiante en la universidad, de manera que fue capaz de entender el sentido ilusorio de la realidad.

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También en místicos como san Agustín, san Juan de la Cruz o santa Teresa de Jesús encontramos reflejos del enamoramiento, resplandores del mismo que proyectan a una creencia religiosa, como algo que experimentan interiormente.

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En la leyenda “Las tres flechas” del escritor Gustavo Adolfo Bécquer podemos leer: La verdad es que detrás de la ventana no vi nada, pero en la imaginación me pareció descubrir un bulto: el bulto de una mujer, en efecto. Se trata del rastro de Ella, que se persigue, se sigue en forma de sueño. Otra narración de este autor describe este proceso de manera maravillosa, en “Un rayo de luna”, en cuya narración  entiende la realidad misma como la del enamoramiento y consigue trasmitir dicha sensación, tal cual un auténtico escultor de la palabra, ¡paladín del romanticismo!: Había nacido para soñar el amor, no para sentirlo. Amaba a todas las mujeres un  instante: a esta porque era rubia, a aquella porque tenía los labios rojos, a la otra porque se cimbreaba al andar como un junco. De manera que repite en otros substratos femeninos  el instante del hallazgo de Ella: Yo la he de encontrar, la he de encontrar y si la encuentro estoy seguro de conocerla… ¿en qué?. Eso es lo que no podré decir… pero he de conocerla. Bécquer consigue definir la realidad desde el enamoramiento y concluye el amor es un rayo de luna, se ve, se persigue y no se alcanza.

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Otro escritor, Fernando Pessoa expresa el enamoramiento:  “Nada de ella fantaseo… No quiero de ella, o pienso de ella, más que lo que me da a los ojos y a la memoria directa y pura de lo que los ojos han visto. Y explica: No el amor, sino los alrededores es lo que vale la pena. La represión del amor ilumina sus fenómenos con mucha más claridad que la misma experiencia… Sólo la idea alcanza, sin corromperse, el conocimiento de la realidad. Este autor reconoce que nunca ha amado a nadie, lo más a sensaciones suyas, pero que adquieren realidad, no sólo interior, sino de él hacia el mundo. Vio perfectamente su estado de enamoramiento: Me ha perseguido, como un ente maligno, el destino de no poder desear sin saber que no tendré que no tener. Se describe a sí mismo: romántico en mí y extraño a mí. Pessoa universaliza la figura de su sensación enamorada para la imagen de la mujer, a la que define como fuente de  todos los sueños: Nunca la toqué. Aprendí a separar la idea del placer de la de los sueños. Y afirma: “Nada es lo que es. Los sueños siempre son sueños. Para eso necesito no tocar nada. Si tocas un sueño morirá. El objeto tocado ocupará tu sensación… No acercarse, he ahí lo que es hidalgo“. De esta manera describe su vivencia del enamoramiento. Mantiene que toda la tragedia humana reside en cómo aquellos en quien pensamos no son aquello en que pensamos. Al escribir da forma al deseo de su querer: Te quiero sólo para un sueño. Se dirige a Ella, como si dialogase con ella misma en su silencio: Miro hacia ti, dentro de mí, novia supuesta, y ya nos desavenimos antes de que existas.; Estoy esperándote … y te sueño viniendo. Quien sueña dormido necesita dar realidad al sueño. Sigue Pessoa: Tú eres del sexo de las formas soñadas, del sexo mudo de las figuras. Ninguna función del sexo se subentiende en mi soñarte, Madonna de los silencios interiores. Tu cuerpo es todo él carne-alma, pero no es el alma, es cuerpo. Tu materia de tu carne no es espíritu pero es espiritualidad… Puedo pensarte virgen y también madre porque no eres de este mundo.

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Si hay una poesía que retrata el enamoramiento es “Ama al cisne salvaje”, del poeta cubano Luis Rogelio Nogueras, quien parece que ha sacado con sus versos una fotografía  al enamoramiento:

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No intentes posar tus manos sobre su inocente
cuello (hasta la más suave caricia le parecería
el brutal manejo del verdugo)
No intentes susurrarle tu amor o tus penas
(Tu voz lo asustaría como un  trueno en mitad de la noche).
No remuevas la laguna, no respires.
Para ser tuyo tendría que morir.
Confórmate con su salvaje lejanía
con su ajena belleza
(si vuelve la cabeza escóndete entre la hierba)
No rompas el hechizo de esta tarde de verano.
Trágate tu amor imposible.
Ámalo libre.
Ama el modo en que ignora que tú existes.
Ama al cisne salvaje.

.

Por mi parte el año 1981, escribí pensando en Ella un poema:

.

“Canción a Ella, la musa”

Tú eres el hada que reina mi sueño
eres la princesa que sueña mi reino.
Es tu sonrisa una estrella
del oscuro cielo del atardecer
y tu mirada una gota,
gota de rocío del amanecer.
Tienes el porte de la fuentecilla,
agua del alma,
vino de ángel.
Es tu suspiro una brisa,
hace navegar al horizonte
de un hombre que ama.
Es tu recuerdo
pájaro en la rama,
pájaro que vuela,
pájaro que canta.
Tu caminar es un soñar
yo sueño en las nubes
naufrago en el mar.
Son tus palabras una ola del mar,
agua del sediento
sal para los dos.
Y las sirenas te envidian
¡los silfos combaten contra nuestro amor!
Son mis versitos escudos
mis poemas dardos de Cupido son.

Tú eres el deseo de amar,
musa del poeta,
musa del trovador.
deja que te cante,
musa, mi canción.
Musa de belleza.
Musa del amor.
Colúmpiate en mi canto
yo te meceré.
Musa del poeta.
Musa del Amor.
Eres musa de un mundo
sueño del poeta
canto del trovador.

Tu eres el hada que reina mi sueño
¡eres la princesa que sueña mi reino!.

.

Tres años antes había escrito mi primer poema dedicado también a Ella, pensando en Ella, soñándola. No le he vuelto a ver nunca más, desde una segunda vez, que siguiendo su rastro la contemplé en el metro, de lejos. Se fue. Pero quedó dentro de mí. Aquellos primeros versos, escritos en un cuaderno, se perdieron a la orilla de un río. Recuerdo sólo unas estrofas:

Quisiera yo ver
llover
… estar juntos
como dos juncos
….
sentirme un ser alado
por haber amado….

.

Cuando respiro, pasados los años, sé que hay algo cierto de aquella imagen y de aquellos años y de aquellos versos: el enamoramiento. Y sonrío.  

.

.

.

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Licencia de Creative Commons
Artículo sobre el enamoramiento by Ramiro Pinto is licensed under a Creative Commons Attribution-NoDerivs 3.0 Unported License.
Based on a work at ramiropinto.es.

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