“Cuentos de fascinación” de Ramiro Pinto

Con este libro se completa una trilogía de narraciones breves formada por “Cuentos con burbujas”, “Cuentos absurdos” y “Cuentos de fascinación”, editados por LápizCero Ediciones. El primero cuenta historias que tienen que ver con los sentimientos, para descubrir nuevos rincones de los mismos que suelen estar adormecidos en extraños rincones de la mente. Tratan de hacer cosquillas al lector para que mire y se mire a sí mismo desde un punto de vista diferente al usual. Lo narrado en “Historia de dos sillones” lo manifiesta en la relación de un psiquiatra y su paciente.

Cuenta historias que tienen que ver con los sentimientos.
En artemis@artemisleon.com

El segundo busca la complicidad de quien lo lea al señalar la realidad social, cultural y nuestra relación con ella. A veces el sin sentido tiene un sentido, o se lo damos, que si lo analizamos o nos lo muestran de manera desnuda nos hace reír, como pretenden estas historias absurdas. En realidad son textos lógicos que argumentan desde la reducción al absurdo de aquello que vivimos a diario y que nos rodea. Cuenta la realidad tal cómo es, pero desde la literatura subversiva, pues la palabra siempre altera algo al cambiar el orden de las cosas con el fin de comprobar que éste es una posibilidad organizada por aquellos ordenantes que convierten “su orden” en verdad para dominar (“a sus órdenes”) la realidad, por eso es necesario hacerlo visible, aunque mucha gente acople sus sinsentidos al mundo que le rodea y forme parte de él.

¿Y si lo absurdo fuera absurdo? Tendríamos el sentido del sin sentido. esto tiene gracia. ¿O no?
En artemis@artemisleon.com

Y ¡”Cuentos de fascinación”!, como narración estética pretende recuperar la fascinación de la palabra, volver a asombrarnos en un mundo en el que el espectáculo nos dice qué hemos de admirar y qué reprobar, donde la publicidad nos hace comprar o votar según condicionantes externos. Pensamos sin pensar por qué pensamos lo que pensamos. El autor quiere recuperar la palabra como elemento literario y ha buscado realizar una obra desde el sentimiento como arte. Es decir cuentos que provoquen sensaciones, que calen en la mirada lectora y nos pierdan en el laberinto de los sentimientos.

Olalá.
Caricatura a Ramiro Pinto, realizada por su hija Elsa con diez años.

Si el cuento es una narración breve de ficción, éstos lo son, pero escavando en la ficción de lo real para ser capaces de crear nuestra realidad, para embellecer el pasaje de nuestra vida, es tal lo que quiere comunicar, sin decir nada a nadie, sino manifestar su existencia a la salida de un laberinto, sin saber adonde va. Los cuentos son para los lectores, siendo la intención que cada cual se lo cuente a sí mismo, de manera confidencial, porque si cuento es relatar un suceso, generalmente de manera indiscreta, Ramiro busca el hecho interior.

Son fascinantes, porque engañan al engaño de lo que vivimos por dentro. Son fascinantes porque dirigen la mirada a lo bello.
En artemis@artemisleon.com

Según Plinio “fascinantes” son los hechiceros. En este sentido los cuentos de fascinación han querido recuperar la magia de la palabra, en el sentido de crear sensaciones especiales. Si la fascinación es engaño, alucinación, atracción irresistible y fascinante lo sumamente atractivo, estos textos breves y las historias cotidianas con sus “cosas de reír”, quieren hacer imaginar la belleza de los sentimientos, engañando a la razón para liberar la palabra y nuestra vida de lo definido previamente. No serán solamente una lectura, sino una experiencia.

De alguna manera este libro puede servir como amuleto en forma de sentimiento para protegernos de la ceguera que impide ver la belleza de la palabra, con la palabra, desde la palabra, en una época, como todas, en las que la palabra se convierte en palabrería. Nuestro querido escritor de juguete, como dice él mismo, no quiere escribir para interpretar el mundo, tampoco para transformarlo, sino para comunicar sensaciones nuevas y para que la belleza sea un sentimiento, lo cual no es lo mismo que sentir la belleza.

Fernando Montes

Como cuenta Fernando Montes en su audaz prólogo: “El autor predica la revolución del amor y la recuperación del tiempo perdido…. Cosa perfectamente posible si sabemos mirar a nuestro alrededor y captar la esencia del instante, en lugar de percibir el tiempo como una mera sucesión de momentos que se dan en el medio de un ruido continuo y ensordecedor, pero carente de toda melodía”.

Estoy seguro de que cuando leas el libro “Cuentos de fascinación” no será solamente una lectura, sino una experiencia. Por ello me despido como los clásicos al presentar una obra literaria: Suerte al lector.

El autor con quien ha escrito el prólogo del libro, en el IES “Padre Isla” en un juego visual en la que vemos una imagen irreal, pero realidad al mismo tiempo. Todo depende de la mirada o sea: ¡un cuento de fascinación!!!

Los cuentos de fascinación son aquellos en los que ¡nada por aquí, nada por allí! y ¡de repente!: Puntos suspensivos….

La Nueva Crónica de León.

Una información del amigo Ful. Foto de Eugenio Marcos Oteruelo. Gracias.

Diario de León.

Foto de Eugenio Marcos Oteruelo.
Y en el Diario de León.

Quisiera que este libro circule en las librerías con su ciclo completo. Informar y que cada cual decida si leerlo o no, de las bibliotecas o comprarlo, y se comente. Observo que muchos libros nacen y mueren en sus presentaciones, que pueden multiplicarse, pero no salen de ese circuito cerrado. El libro es una pieza de la cultura que hemos de defender, como escritores, como lectores. Parafraseando a Sartre sobre la vida, escribir, que no deja de ser una manera de vivir el mundo y en él mismo, “es una pasión inútil“. Pero pasión al fin y al cabo.

Crónicas romanas IX: Erotismo en Roma desde la experiencia personal. ¡Uf!

Un escritor se debe a sus lectores. La genialidad de la palabra es desnudar al autor y que el lector acabe haciendo lo mismo. Voy a contar todo, porque de otra manera no podemos hacer que la escritura sea palabra desnuda.

En Roma…¡ Pillines y pillinas!: En Roma eso que tanto os atrae es como en todos los lugares del mundo. Nada hay más igual y que, sin embargo, capte tanto la atención, así es que lee las crónicas anteriores que dicen mucho, con ironía unas veces, con pensamiento surrealista otras, con metáforas y sentimiento en ocasiones, y disfruta de su lectura. Lectoras, lectores no seáis tan curiosines, o sedlo, ni os entrometáis en la vida de los demás, ¡así por las buenas! Haced lo que queráis, pero ya sabéis que la curiosidad mató al gato. Espero que con este escrito sea de risa.

También decir que en ars amandi , la amatoria, hay lo excepcional digno de contar, pero ¿No pensarías que iba a hacer un desnudo integral, ni a contar intimidades? No perdamos el arte en lo banal. Y mi homenaje a la maja de Goya, a las dos.

Por cierto lo de “la palabra desnuda” es cierto, es así. Los ropajes destruyen lo escrito. Pero no confundamos el vino con la vasija ni, como se suele decir, el culo con las témporas ni la velocidad con el tocino.

Y FIN de las cónicas romanas. Ha sido un placer.

Crónica romana I: Luces.

Crónica romana II: Sombras.

Crónica romana III: El idioma.

Crónica IV: La belleza italiana.

Crónica romana V: El ser italiano

Crónica romana VI: El alma italiana.

Crónica romana VII: El alma española, la hidalguía.

Crónica romana VIII: Dos experiencias en Roma

Crónica romana VIII: Dos experiencias en Roma

Sé que he teorizado mucho con respecto a las notas que fui tomando a medida que caminé por Roma. Pienso que es una visión interior de un viaje a una ciudad que pudo ser cualquier otra. En esta nueva crónica, la penúltima, cuento dos experiencias prácticas que resumen a modo de experiencia empírica lo que os he contado. Quien tenga ojos para leer que lea.

La primera fue en un paso de cebra, que ya conté no se respetan, se lo saltan los conductores con el agravante de circular a una velocidad enorme. Mostré mi indignación, pero sobre todo de que nadie hiciera nada. Lo comentaba: “È un peccato. ¿Nessuno fa niente?” (Es una vergüenza, ¿nadie hace nada?) – “Non succede nulla, é cosi”. (No pasa nada, es así.)

¿Cómo que es así?, ¡hay que hacer algo! Harto, decidí plantarme en medio de un paso de cebra. ¡Ya está bien! Quien vino conmigo se fue, dijo que no quería verme hacer el ridículo. No hubo nadie para defender. Fue un acto, que luego vi, de hidalguía, como lo que describí en mi crónica anterior. Reconozco que tuve que haber llevado una cartulina con la palabra ¡bien grande! “RESPETO” y dibujado un paso de cebra. Pero no tuve tiempo y fue una acción repentina, que aún sigo considerando necesaria.

Salté al ruedo (nunca mejor dicho, pero no sé si romano o taurino) me planté en medio del paso de peatones gritando repetidamente la palabra “rispettare, rispettare” y con mi italiano macarrónico expresé que es un peccato. Los conductores de motos pasaban a mi lado más veloces que nunca, pero los de los coches pararon, pudieron ir por un lado, pero son italianos y se pusieron a gritar y gesticular: Stupido; ¡testa di cazzo!, andare anormale, y exabruptos por el estilo. Yo gestuculé igualmente manifestando que no, no se puede pasar a lo loco, “tuo padre sará pazzo”. Aguanté la embestida. Puse la mano en el cinto mientras que sonaban los claxon de los automóviles, los gritos no paron.

Me percato al escribir que al agarrarme al cinto fuwe una resonancia al alma española, de agarrar la empuñadura de la espada. El italiano no paraba de chillar, gesticular, pero no me tocaron debo decir, ni empujar ni nada. Ni eso tan español de “ti do un ospite”. Un grigay, hasta que llegó un coche de la Policía Romana. Bajaron los dos agentes: “cosa c’è che non va in lui”, ¿qué le pasa?, ¿qué hace usted? Le expliqué como pude la situación, mi hartura de que los coches no paren ante una señal que así lo indica para que pasen los viandantes. “Questa é Italia”, me dijeron: “E questo è un passaggio pedonale!!!” (¡Y esto un paso de peatones!) gesticularon indicando que me fuera, que siguiera mi camino y dejase en paz a la ciudad. La verdad es que el atasco fue mayúsculo.

Llegó una furgoneta de carabineros que salieron, seis de ellos. Me extrañó que no me amenazasen con poner una multa ni que me cogieran para echarme. El jefe con su bigotillo típico sonrió. ¡Sí!, puso cara agradable: “Questa é una cosa de secolli”, ¿Una cosa de siglos? ¿y qué?. “Sei espagnolo”, dijo sin quitar la sonrisa del rostro, como los otros que le acompañaron. ¡Soy europeo!, dije con cierto orgullo y evitar caer en una trampa dialéctica. La gente siguió gritando alborotada Invitado educadamente a irme, lo hice.

De vuelta a casa realicé un escrito para enviar al Parlamento Europeo indicando la necesidad de incidir en la educación vial en la escuela, junto a campañas de los medios de comunicación para concienciar sobre circular adecuadamente. Imprimí el documento. Mientras que fui a Correos a certificar la carta pensé que de hacerme caso perderían su italianidad. Actué como un auténtico hidalgo, pagué el sello y me fui sin dejar el sobre allá, lo rompí y tiré a la papelera.

La segunda experiencia fue estando en la plaza Navona, preciosa y muy ambientada. Llegué después de una caminata. Estuve cansado. Me descalcé. Miré los espectáculos que concurrieron aquel día: Estatuas humanas, malabaristas, un par de chicos haciendo acrobacias, Charlot paseando y gesticulando a los viandantes, una cantante de ópera, una señora mayor muy requetepintada bailando como Ginga (Ginger Togers) siguiendo la música que salía desde un aparato viejo de sonido carrasposo. Una nube de voces y griterío envolvía aquel ambiente rodeado de las terrazas de lujosos restaurantes.

Me extrañó que entre tanto espectáculo callejero la gente me mirase estando yo sentado en un banco de piedra. Las fuentes forman parte de ese paisaje urbano, pero ¿yo? Al cabo de un rato aparecieron dos policías de la ciudad de Roma parecieron parte del espectáculo: mancanza di rispetto, dijero. Sacó su porra del cinto. “Yo no falto el respeto, acaricio el suelo de Italia”. Uno de los compañeros suyo tradujo: “Non manca di rrispetto, accatezzo il pavimento dell’Italia”. Cuatro carabineris se acercaron. Muchas personas, de todas las nacionalidades comenzaron a amogollonarse y se aglutinaron en torno al donde estaba. Uno gritó: ¡Mettiti!!. “No” fue mi respuesta. ¿Por qué?, no lo sé. Me salió. Estaba agotado. Reinó el silencio. Otro usó un teléfono móvil. Vigilaron para que no me moviera. No tuve escapatoria. Llegaron dos camiones del ejército ¡italiano!. ¿Queréis perder otra batalla?, pensé. Otra más. Me rodearon. El silencio de las gentes de la plaza, a rebosar, fue sepulcral.

¿El siguiente paso cuál será? Quedé desconcertado, sí. Pero me mantuve en mis treces. Empezó a ser una cuestión de honor. No me cogieron para apresarme, nada. Los testigos de aquello: expectantes.

Los soldados hicieron dos filas paralelas. Los policías abrieron paso. Empecé a preocuparme. La cosa iba en serio. Al fondo de la plaza apareció Matteo Salvini. Sí, sin lugar a dudas. Ya no pude rendirme. Tampoco soy un mártir. Debía de aguantar. Resistencia. Me levanté y me puse en pie sobre el banco de piedra, sin respaldo. Un acto de ¡aquí os espero! Varios brutos acompañaron a Salvini. Muchas personas testigos de lo que sucedía quedaron descalzos. Los bestias salvínicos hicieron visibles sus nunchakos, bates de beisbol, puñis americanos. Y sus bíceps de gimnasio. Una señora, signora, clamó “Viva la revolución de los pies descalzo! Los salvinis tenían que actuar, que cortar por lo sano antes de que se les fuera de las manos. ¡Resistiremos!, fue el grito unánime. ¡Noi resistiremo! Empezaron a avanzar. La gente levantó los brazos con un zapato en la mano. Comenzamos a cantar la balada de Labordeta: “habrá un día en que todos al levantar la vista veremos una tierra que ponga…. Corrieron hacia nosotros los armados de palos y rabia, con ira.

Mi hija pequeña e golpeó el hombro derecho: “Papá despierta, tenemos que volver al hostel”.

Crónica romana I: Luces.

Crónica romana II: Sombras.

Crónica romana III: El idioma.

Crónica IV: La belleza italiana.

Crónica romana V: El ser italiano

Crónica romana VI: El alma italiana.

Crónica romana VII: El alma española, la hidalguía.

Crónica romana VII: El alma española, la hidalguía

España no existe, por eso carece de alma. Sin embargo flota un alma colectiva que se nota, se siente (y se añade a este decir “España está presente”.) Y encima ese alma de lo inexistente pulula el alma de las almas del mundo. Es el alma gemela de Italia, pero ¿si no existe?

He de decir que descubrí el alma “española”, de momento digámoslo así para entendernos, paseando por Roma. Fue al descubrir el alma italiana (anterior “Crónica romana VI”) cuando percibí la española, hecha de nada, pero a través de esa transparencia intuí su alma real, la de verdad, la que es, lo real de ese pueblo / tribu / sociedad que llamamos “España”: Es la hidalguía. Ser hijodalgo o hijadalgo, porque el alma no tiene sexo, simplemente es.

La mujer española es hidalga de por sí, ama por nada y para nada… Por eso son poetas como en ningún otro lugar del mundo. Igual los poetas. Los demás países, naciones, lugares del mundo podrán tener autores de millones de versos, a los hidalgos les basta uno para ser su poesía por excelencia sin más. Por eso abundan en las calles y no sólo en las bibliotecas. No es patrioterismo, más cuando niego la patria de antemano, pero es la hidalguía la que ha dado la poesía al mundo, todo el resto de culturas de todos los tiempos no han creado tanta belleza con la palabra como nuestra sociedad a lo largo de toda su Historia. Italia lo ha hecho igualmente con sus formas de esculturas y los cuadros de sus pintores. Nada en demérito de los demás escritores o artistas de otras partes del globo terráqueo, que son geniales, buenísimos, profundos, sentimentales, pero esa chispa invisible se tiene o no y es dada por la hidalguía.

Es el único país, al que se llama “España”, que no existe como tal, pero sí su imagen estereotipada, que por más que se quiere borrar desde la razón y desde el progreso no se logra: la del torero y la flamenca. Algo acerca de esto dijo el canciller alemán Oto von Bismarck: “¡Qué suerte tiene España!, treinta millones de españoles que la quieren destruir ¡y nunca lo consiguen!” De igual manera no logran borrar su alma, por más que lo intentan, porque no la conocen, no saben que late en cada hidalgo adormilado. Desde ahora seremos alma, pues lo sabemos con este descubrimiento, pero sin pasarnos, o sea, habrá que dosificar nuestros deseos de aventuras y desventuras.

Y es que ¿para qué sirve torear? Para nada. Puede gustar o no, entretener, o considerar que sea un arte o un crimen, pero para matar a un toro con un tiro o electrocutados es suficiente, no hace falta tanto rollo, tanto capotazo ni tanto olé. ¡Pero! Es un acto de hidalguía al natural. Como diría mi abuelo Luis, taurino de pro, “torear es aquello que no es todo lo demás”. Quien no lo entiende verá que lo que hace el torero es una chulería y quien lo razona lo interpreta como un crimen, un vil asesinato a un animal indefenso.

En una tertulia convocada por el profesor de la Escuela de formación agraria en Gradefes, cerrada por los poderes fácticos en los años 80, Leoncio Álvarez, en la que participé (como antitaurino y no creyente) con un jesuita, Eutimio Martino y el torero Andrés Vázquez, éste contó que torear es un acto místico, que él habla con el toro y cuando va a entrar a matar le dice “o tú o yo”. Apodado el “torero samurai” han hecho una película sobre él muy interesante, gusten o no los toros: “Sobrenatural”.

La escena de la novela “Don Quijote” de Miguel de Cervantes que más me impacta es en la que hace de leonero, torero de un león, el cual asusta a todos menos al ingenioso hidalgo. Se acerca a la fiera y cuando sale el rey de la selva se queda, se planta frente a frente. Para nada, por hidalguía, para mostrar su valor hidalgo. No es una locura, sino una muestra de quién es y con él los demás de su tribu.

El baile flamenco canta la hidalguía y le da forma artística, algo sin igual, con su cante jondo, es decir hondo, desde el sentimiento. Es en su singularidad un canto inútil, por eso es arte y lo es desde las profundidades del ser humano. Otras almas sufren el amor, otras hacen salir la pasión o lo dramatizan en el teatro y en la vida, pero cantarlo en el idioma nativo de sentir sólo la hidalguía lo consigue. No es una queja, como se suele interpretar, sino el alma en voz. Y no es hacer de menos a nadie, pero lo profundo del alma expresado como tal sucede mediante las artes plásticas en Italia y con la palabra y el canto desde la hidalguía (España.) Las demás almas son geniales, curiosas, llenas de originalidad, bellas y hermosas, simpáticas. Cada cual la suya.

El renacimiento italiano fue el renacer de su alma, se modernizó a través del arte. En España lo artístico es el retazo, impresionante sí, pero lo que da ser a su expresión colectiva es su manera hidalga de existir. La hidalguía es el arte de ser. Si los himnos son el canto del espíritu de un pueblo o región, la letra del himno de León, que escribió mi tío abuelo Pepe Pinto, dice: “Tierra hidalga, tierra mía, / estrofas del romancero / desde Guzmán a don Suero / van tremolando el honor…”. Ramón y Cajal reivindica una “ciencia castiza”, o sea hidalga. Para descubrir la hidalguía, que este científico llama España, ve necesario intimar con nuestra alma de pueblo como única forma de salir de la ignorancia. Es decir, conocer aquello que llevamos dentro. O mejor: aquello que nos lleva.

Hasta tal punto que descubrir el alma italiana y gracias a ello el de España, la hidalguía, me ha permitido entender, ¡por fin!, la cuestión territorial. Y os cuento, caros lectores: No es un conflicto de convivencia, ni político. Miremos con el microscopio la Historia y la psicología de sus gentes, usemos el telescopio para ver el presente. Se trata de un choque de almas, la hidalga y la comercial. Y nos lo están diciendo las facciones de este enfrentamiento permanentemente, pero no lo sabemos traducir y se convierte en un diálogo de sordos y se extiende a ciegas en análisis, tertulias, comentarios en medios de comunicación.

El alma hidalga no dialoga ni negocia, sino que su razón es ¡porque sí! El alma mercantil enriquece a la nación en que habite y siempre busca negociar una solución. No recuerdo en qué conflicto durante la Edad Media los comerciantes aluden a las razones que les da el derecho histórico y la ley para defender sus planteamientos, ante un ejército castellano, de caballeros hijodalgos, cuyo capitán dice “Estas son nuestras razones” y señala cientos de cañones, más que el de los otros. Hoy se señala la constitución y la estabilidad y son más los que dicen “cuidadito” y además la hidalguía se ha extendido y ocupa buena parte del territorio de los mercaderes. No se trata de estereotipos, o sí, sino ver la realidad del alma. Al hidalgo no le hace falta entender nada, al negociante sí, ha de conocer a quien compra sus productos y a quién va a vender lo que fabrica o comercializa. La persona de comercio se vuelve “Torra” al no entender nada, al no haber salida frente a los hidalgos y hace disparates y quiere imitar a su contrincante sin serlo. Es un conflicto que no sirve para nada, por eso activa la hidalguía, por eso lo mantienen los que dicen defender la unidad de España, vencen en ese juego que no lleva a nada, pero ganarán los comerciantes cuando Europa sea un Estado, siendo la hidalguía, unida al alma y al arte italianos, aquello que contra sus mismas almas, lo conseguirán. Es lo que llaman los literatos el quijotismo. No olvidemos que don Quijote muere al volverse “cuerdo”. Los hidalgos se enfrentan a los problemas cuando son difíciles, aparentemente imposibles, deshacen entuertos, vencen los peligros sin resolver nada. Los italianos con su alma a cuestas desordenan todo. El comerciante lo calcula todo, insiste en llegar a un acuerdo, e insiste, insiste para ganar algo. Y se plantea: “Ya veremos el qué, pero algo”. ¡Menos mal que hay otros pueblos, otras gentes que son capaces de organizar el mundo!, a su manera claro. Y menos mal que para los ordenaditos existen los hidalgos y la belleza italiana. Los judíos, con su alma cabalística, administran el mundo, lo gestionan y mueven la economía mundial, los demás lo gastan o desordenan con guerras, corruptelas, negocios, follones, ideologías y demás. La globalización mezcla, embarulla unas almas con otras, pero siempre queda su esencia.

Fijaros en la diferencia entre el hidalgo don Quijote en la Mancha enamorado de Dulcinea del Toboso, la crea, la idealiza, da vueltas con sus aventuras para que su fama y no su mano llegue a ella, para nada, pero hace que todo gire en torno a él y le sigue su amigo Sancho. Spill, por contra, es un personaje que crea el escritor y médico, Jaume Roig, es un bandolero valenciano, que quiere ganar riquezas para él, que va a la guerra contra Inglaterra desde Francia para atesorar bienes, se casa varias veces sin encontrar la mujer adecuada calculando cómo tienen que ser. Al final este personaje renuncia a todo y se hace asceta y el autor se mete en la novela para hacer la pelota a su esposa. La supervivencia de ambas almas es enfrentarse permanentemente. ¡Eureka, Eureka!

Otro ejemplo: los comerciantes se han de unir para su supervivencia, aunque compitan deben defender sus rutas, los mercados, lo cual se refleja en las fiestas y trasmiten la imagen de cooperación con los castells, las torres humanas. El alma hidalga se manifiesta tranquila fuera de la aventura, cuando reposa, siendo su imagen social los corrillos en los pueblos de Castilla. En León los filandones, los calechos en Babia. esta es su fiesta, lo demás es para ellos un follón.

Y lo que cuento nadie mejor que Calderón de la Barca, castellano de pro y caballero de Santiago, en su obra “El alcalde de Zalamea” resume: «Al rey (los mercaderes) la hacienda y la vida se ha de dar, / pero el honor (la hidalguía) es patrimonio del alma, / y el alma sólo es de Dios…» Da lo mismo creer o no en Dios, el alma es el alma… aunque sea una neurona hecha de materia y energía. Posiblemente durante la prehistoria de la hidalguía se inventara el alma como ente y entelequia convertida en realidad, para poder salir al mundo. Y por eso los hijodalgos, al vivir desde el alma se enamoran, más que amar o que ligar, o que pretender. Por eso sus gentes son conquistadoras: de tierras y de corazones… Aunque hoy sea un alma dormida, que como el arpa del rincón oscuro de Gustavo Adolfo Bécquer: “¡Cuántas veces el genio / así duerme en el fondo del alma, / y una voz, como Lázaro, espera / que le diga: «¡Levántate y anda!».

Y toda alma necesita un cuerpo, como don Quijote necesitó a Sancho Panza. Por eso el alma española y la italiana se complementan, sin saberlo. Sucede en la quimera de lo histórico, en el arte, aun sin que sea a propósito.

Descubrí esto que cuento ante la Scala Santa, la escalera que se supone que subió Jesús de Nazaret para llegar al palacio de Poncio Pilatos. Sólo se puede subir de rodillas, quien lo haga a pie ha de ser en otra que está a un lateral. La han hecho los italianos porque es algo vivencial y bello para la narración religiosa. Pero la suben españoles y hispanoamericanos, especialmente. Y lo hacen con la cabeza alta, con sensación de algo glorioso y personal. ¿Para ganar el cielo? Los beatos sí, pero los hidalgo no, ¡para nada! Porque de otras naciones, de otras almas, como la polaca o portuguesa suben mujeres y hombres rezando y con la cerviz cabizbaja. Es otra manera de expresarse y de ser. Y no es sino un hecho más de otros muchos que impregnan la Historia, cada cual que ponga sus ejemplos. Pero cuando el hidalgo conquistador Diego Ordás, zamorano del pueblo Castroverde, sube al volcán al que nadie antes subió lo hizo por hidalguía. Y casualmente encontró azufre, decisivo para hacer pólvora y seguir guerreando. Hernán Cortés. Hidalgo extremeño , sube a los Cu con sus compañeros de armas e hidalguía lo hace igualmente por un impulso, y decide conquistar tierras desconocidas para avanzar, para llegar a no se sabe donde, pero como ese idioma del alma no se entiende lo justificó en coger oro, ofrecer tierras al Imperio y así fue, pero eso no es motivo para ir un ejército de trescientas personas si no es tras el sueño del Dorado gracias a la inspiración de las novelas de caballería, auténticos amadises de la Historia de la Humanidad. Fue una acción puramente hidalga, quijotesca, que luego instalados se hizo cuerpo y fueron Sancho Panza ávidos de la ínsula. Según Salvador de Madariaga Hernán, Cortés es el retrato del Quijote. Yo pienso que es al revés, el hidalgo caballero es el que refleja a Hernán Cortés y lo retrata y caricaturiza. Nadie puede entender con los ojos de la materia y la ciencia, con la mente del cálculo aquella gesta y por eso se desprecia y denigra. Dieron lugar al mestizaje, enamorados de mujeres naturales, si bien con abusos y la fuerza algunos desalmados, no fue la norma y así lo cuentan los cronistas. Amaron como sólo desde el alma se puede hacer. El oro fue la excusa, la cruz su bandera, la fama al expandir su hidalguía fue su razón de ser y de hacer lo que hicieron.

Los italianos han creado el mundo tal como lo conocemos, han viajado por él desde Colón a Marco Polo, siendo los hidalgos quienes lo han conquistado, sin quedarse luego con nada, ni siquiera se ha quedado España consigo misma, queda su ser, su hidalguía, su abstracción. Esta es nuestra patria, para bien y para mal, la única del mundo que carece de localización aunque se dibuje en el mapa, porque el suelo español es el que está en la patria de lo hidalgo y no al revés como las demás naciones que son las naciones o países, o regiones, de las almas de sus pueblos.

Dos almas genuinas quedan en el mundo, una en Italia a través de la iglesia romana (donde se recicla el alma imperio invictus de Roma) y otra en España, o mejor dicho en la hidalguía, cuyo símbolo sin par es el valeroso don Quijote de la Mancha.

Crónica romana I: Luces.

Crónica romana II: Sombras.

Crónica romana III: El idioma.

Crónica IV: La belleza italiana.

Crónica romana V: El ser italiano

Crónica romana VI: El alma italiana.

Crónica romana VI: El alma italiana

Me congratula leer a Ortega y Gasset refiriéndose en su escrito “Epílogo para ingleses” (1928), referencias genéricas que tienen sustancia de tipo psicológico y social: “No hay pueblo que mirado desde otro no resulte insoportable”. Así como que las virtudes de cada uno de ellos van montadas sobre sus defectos, afirma nuestro filósofo.

Estar en Roma me llenó de sensaciones. Percibí ¿el alma italiana?, pero ¿qué es eso del alma? Y más referido a un pueblo / tribu / nación. Es más que una manera de ser, de lo que ya hablamos. Decir que se refiere a la parte inmaterial es no decir nada porque a nada se señala. ¿Por qué me surgió tal pregunta? ¿a qué se debió semejante sensación?

Las cosas no son sino en relación con algo, siendo tal relación lo que hace que sea eso que es, a veces las cosas son meras palabras. Pero fueron mis preguntas, mis reflexiones a partir de experiencias concretas las que me han llevado a pensar sobre este asunto. También las cosas son lo que son sus respectivas historias por las cuales son lo que son, por las cuales aparecen, pero ese impulso que provoca los hechos, que provoca las acciones históricas y cotidianas son una fuerza, un ánima, que podemos referirnos como alma. El ser es lo que acontece como resultado de ese impulso, que no lo da la conciencia, ni siquiera el inconsciente sino que es per se, es el alma, el ánima vital.

Me llamó la atención que en muchas iglesias de Roma las velas son de cera, se huele el humo y es posible ver las llamitas de fuego. Esto es un algo, algo que se respira, se palpa con la vista, dice mucho del lugar, cuando en todas partes y algunas iglesias de allá las velas son bombillitas. Al mismo tiempo abundan talleres de tapicerías y barberías clásicas donde el peluquero habla y durante la espera se hacen tertulias, no se escucha la hora por la radio ni hay música de fondo. Muchos clientes aún solicitan que les arreglen el bigote.

Italia es lo que queda del Imperio romano, lo cual hace que sea un país diferente a todos los demás. ¿Cómo es posible ese desequilibrio entre el pasado imperial y el presente decadente? Es algo invisible, es alma, que hizo que se crease un imperio inmenso, cuasi perfecto hasta el punto de permanecer hoy en día en todo el orbe el derecho romano, en una gran parte del mundo su lengua con los dialectos del latín, también fundamentos del conocimiento técnico, permanecen edificios e infraestructuras de aquellos siglos de gloria y las ruinas como huella de todo aquello. Una vocación de eternidad. Sus gentes crearon tal imperio para forjar su alma, para hacer que saliera a la realidad con la intención de decaer luego desde lo más alto. Puede parecer incomprensible, pero a poco que se medite en tal proceso histórico se puede comprender. Su refugio fue la iglesia romana, universal (católica) y apostólica.

El destino romano fue su decadencia, lo mismo que el de España, el otro pueblo – tribu – país, con alma. Éste se forjó en la lucha de constante resistencia, de conquistas para nada, lo que forjó su hidalguía, o más bien la manifestó. Lo cual hace que sucedan de manera perpetua luchas intestinas vacías, sin sentido, cargadas de simbología o banderas sin contenido alguno. En la próxima crónica escribiré del alma española, como reflejo del alma italiano que descubrí al reflexionar sobre éste. Al mirar a Italia percibí lo invisible de España, con lo cual ¡oh, sorpresa!

Ambas almas, la italiana y la española, se mezclan en el mundo que tomó su nuevo alma de Italia, como prolongación: la iglesia universal. De donde surge y hace que aparezca el alma hispana. No es que se cree en esta nebulosa de fe, sino que se manifiesta en el esplendor de los incensarios. Llevó el latín a medio mundo y se enfrentó al otro medio y a sí mismo este país España que no existe. Y la lucha hoy es entre el mundo con alma contra el que no la tiene, lo cual es la clave de lo que está pasando y de los estragos de la historia con los totalitarismos que han querido matar el alma incipiente o aletargada de los pueblos.

Un imperio el romano apostólico siempre está a punto de caer, como el mundo capitalista, pero no lo hace, se recicla, se reconvierte, agiornamento, se adapta, se resucita, por eso creen en la resurrección, la suya permanente que refleja en su Dios hecho hombre y a la vez en la inmortalidad del reino de los cielos. Abrir los ojos en Roma es ver todo esto que cuento. Todo lo demás es turismo o cotidianidad.

El imperio del capital es pragmático, sin alma, o mediante un impulso tangible contrario al alma: el dinero. La modernidad fuera de Italia y de España carece de alma y de cultura, solamente construye herramientas para sí. No es para ser, como el italiano o el español, sino para estar, colonizar, aprovecharse, sin trasmitir nada. La tecnología es la expresión máxima de ese mundo desalmado, mecánico y metálico al mismo tiempo. Se hubiera hundido en sí mismo de no ser que fue impulsado, almíficado, en su origen por el alma comercial italiana de los Medicis. El capitalismo como expansión del comercio comenzó en Italia, en la Florencia con los Medicis, el alma romana fue aplicada al comercio, se planteó fuera de sí, por eso salió de su tierra originaria. Fueron un arte el comercio y la economía que se fundieron con las artes nobles de la música, pintura, escultura y el renacer de la escritura como algo social.

Hoy hay un pulso para que el arte se economice, se conviertan las obras de los artistas en mercancía, porque el ser del capital es pragmático, estratégico, es un imperio sin alma, sin prestancia, no construye sino herramientas para sí, no es para nada más, para nada más de sí mismo. En el caso español su alma es mostrarse al mundo, lo mismo que el italiano busca inventarse.

Poca gente sabe que el Tesoro Público de EE.UU y el del Estado italiano son privados. Únicamente ambos en todo el mundo. ¿Casualidad?

El alma carece de fronteras, de ahí su expansionismo, su desbordarse en la Historia por el mundo. Pero el afán colonizador es un proceso despiadado, no por ser más o menos a través de guerras, que en el alma también haylas, sino que es la inercia de acaparar cuotas de mercado o de tierras con riquezas. Un alma sin cuerpo no es alma, por eso sale de su suelo patrio. Si bien otros pueblos / tribus / naciones tienen Historia, arte, cultura, riquezas, filosofía, tradición, todo lo que se pueda tener, pero no ser, no ser alma, lo cual es patrimonio de Italia y España. Lo digo sin mostrar orgullo ni patrioterismo. Se trata de una realidad invisible que hay que sentir, dejar que traspase el pensamiento al contemplar la ciudad de Roma.

Las células de ese alma intangible son sus gentes, esa manera de ser que hemos visto anteriormente, más allá de lo geográfico y material, por eso es alma, lo que hace que Roma sea Roma y por su onda expansiva da ser a Italia. Eso lo que vemos en los monumentos, en su historia, eso que nos conmueve es el alma que no vemos y buscamos fijarlo en un punto de la mirada, es su grandiosidad pasada cuando se hace presente, pero no lo sabemos, pues no nos planteamos esto que cuento, lo cual para mí fue un descubrimiento inesperado, que deseo compartir con quienes leéis estas palabras. Mis consideraciones, y espero que os resulten sugerentes estas notas tomadas a vuela pluma por las calles de Roma.

Crónicas romanas I: Luces

Crónicas romanas II: Sombras

Crónicas romanas III: El idioma

Crónicas romanas IV: Belleza italiana

Crónicas romanas V: El ser de los italiano

Crónica romana V: El ser de los italianos

¡El ser!, su dilema es definir esta palabra verbo-nombre, al fin y al cabo Hamlet plantea: ¿Estoy o no estoy en esta existencia?, porque ser o no ser es otra cosa, otro cantar. Al pasear por Roma percibí el ser italiano. Porque, insisto, Roma crea una onda expansiva que abarca la italianidad, aunque no del todo. Es preciso dejar que los sentidos se inunden del paisaje urbano y se desborde la percepción de lo que los seres son.

No se trata de decir “el italiano es…” y volver a los tópicos que ya he defendido en mi anterior crónica, porque los mismos tienen un aroma a real. Una crónica debe mostrar con la palabra aquello que percibe quien escribe sin que sea visto por nadie, ni siquiera por él mismo, sino olfateado, captado, intuido.

Como analiza Hegel, el ser transcurre en su devenir, pero hay algo en común. Ya comentaré sobre el imperio romano cuando hablé próximamente del alma italiano, pero el ser es la esencia que va cambiando en aquello que aparenta, es lo que relaciona la realidad con lo irreal, porque ambos polos forman el ser humano, su historia, su pensamiento, su sentir, su ser.

Un ejemplo claro del devenir italiano, cuyo elemento en común en la relación al mismo objeto, aunque con su diferente función, es ver como la piedra tallada que se conoce como Boca de la Verdad fue la tapa de una alcantarilla cuando el Imperio. ¡Que arte para un desagüe! Dicha figura en la Edad Media se convirtió en un oráculo para saber si una esposa decía o no verdad sobre su fidelidad al marido. Y en la actualidad es un reclamo turístico.

De lo funcional se pasó a lo moral y el siguiente paso fue lo mercantil, lo cual marca el devenir de la Historia en la que se fecunda el ser de un pueblo y de las personas, con su cultura, sus percepciones. ¿Cuál es el del italiano? El ser nunca lo es en sí, sino en relación con algo, comparativamente con las demás formas de ser, la relación con uno mismo, con aquello que me hace ser en la vida cotidiana. Es lo que los filósofos llaman el ser-ahí desde el ser-para-sí, partiendo y concluyendo en el ser-en-sí.

Esta terminología que intenta ser un mapa de la construcción de la realidad, del ser de lo real, es puesta en evidencia con la realidad humana debido a la manera de ser de las personas italianas, especialmente. Y lo digo sin ser yo italiano, de ahí que no haya en esta descripción ningún tipo de papanatismo, más cuando ha sido para mí un descubrimiento inesperado.

La forma de ser trata de cómo vive su ser cada persona, cada pueblo (tribu) hoy naciones, lo cual diluye el ser de los seres humanos, quizá necesariamente, por lo que se plantea la idea del Estado por encima del individuo, pero no es nuestro tema, sirva nada más como un apunte.

En este sentido el italiano se pudiera ver aplastado por su pasado lejano, que veremos en próximas crónicas, pero sin embargo existe en lo presente de una manera especial. Los italianos desprecian su pasado reciente, pero sí se ríe de él. De una historia grandiosa pasa a una acción histórica en la que se cuenta que el libro más pequeño del mundo es aquel que cuenta las victorias del ejército italiano. Las mujeres y hombres italianos se mofan de ello, no les importa, porque cada uno dice “sono quello che sono”, es decir “soy el que soy”.

Italia viene de una derrota, al menos en ese alma colectiva que a modo de nebulosa crean las leyendas. Surge de la destrucción de Troya, con Eneas que ha de seguir su camino. Y de una victoria de este constructor del ser italiano sobre Turno, rey de los rútulos.

Ya hemos visto un rasgo italiano como la elegancia y su belleza singular y única en el mundo, lo cual le hace ser presumido, pero no presuntuoso. Lo cual se proyecta en el mundo a través de sus inventos. Uno de ello la radio que inventa Marconi, italiano. No parar de hablar define su ser en el mundo. Técnicamente pudieron haber otros inventores, peleas de patentes, pero l’italiano lo mette nel mondo. O cuando se llega a la salida del aeropuerto Ciampino se ve un monumento recordando al descubridor del helicóptero, Enrico Fornalini. Hay otros, aunque el precursor fuera otro italiano, Leonardo da Vinci, técnicamente hubo ingenieros franceses, alemanes, rumanos y hasta el español Juan de la Cierva con su autogiro, pero este invento es fruto de la manera de ser de los italianos, refleja ese ser profundo que se exhibe. Nunca un italiano hubiera podido descubrir el avión, que despega y se va. El helicóptero vuelve, da vueltas, como para ser visto, para ser mirado. Pienso que lo descubrió desde un ser colectivo como objeto elegante y estético, que luego ha cumplido otras funciones. El helicóptero es como ese italiano que pasea y vuelve sobre sus pasos disimuladamente para ser atisbado, vislumbrado, fisgado. Oh. Por contra fue un español, Isaac Peral, quien inventó el submarino, como reflejo de un ser histórico de guerrillas, de escondrijos emocionales y ocultamiento en su de existencia. El helicóptero hace en el mundo tecnológico lo que el italiano en el mundo: Pavonear. Y no discretamente, sino de manera elegante, dando a este verbo consistencia y no vanidosidad.

Cada pueblo tiene un personaje que lo identifica, que resalta y hace visible su ser. En España es el hidalgo don Quijote, de Cervantes. En Alemania Fausto, tanto el de Goethe como el de Thomas Mann, poco que ver ambos con el del inglés Christopher Marlowe. Portugal es visto en Pessoa, con sus múltiples personajes que crea a través de sus heterónimos, prosa y a la vez poesía. Son obras que más allá de lo literario sirven de espejo al ser de los pueblos-tribu / hoy naciones. Sin ellos estuvieron perdidos antes de que estos personajes se convirtieran en referentes. Las palabras que los construyen pululan en el inconsciente colectivo. De hecho de ahí salen esos personajes. Como Marcel y Albertina de Proust son lo que son las personas de Francia. Bloom es el típico (lo que es el ser) irlandés. Hamlet puro inglés. Lo cual hoy vemos representado con el Brexit,que no se puede entender sin leer a Shakespeare. En Rusia el ser múltiple lo representan y salvaguardan los hermanos Karamazov, de Dostoievsky.

¿Y en Italia? Nadie lo ha sabido responder. Lo he dado vueltas y vueltas hasta que ¡eureka!, sí, sin lugar a dudas, es el varón rampante, de Italo Calvino: “Supo convertir su amor por este elemento arbóreo, como ocurre con todos los amores verdaderos, en algo despiadado y doloroso, que hiere y cercena para hacer crecer y dar forma.” ¡Cómo este personaje se hace visible sobre los árboles!, se luce, sí. Y a la vez da lugar a una reflexión importante sobre la realidad. Destapa literariamente el ser italiano.

Italo Calvino

Por lo cual los seres italianos no pueden ser felices, si no es como todos los seres de todos los pueblos del mundo, y así lo son los italianos: a su manera, he aquí la felicidad italiana, ¡felicitá italiana!. ¡Mamma mia! ¡a ciò che l’essere ci porta!; ¡a lo que nos lleva el ser!

Crónica romana I: Luces

Crónica romana II: Sombras

Crónica romana III: El idioma

Crónica romana IV: Belleza italiana

Crónica romana IV: Belleza italiana

Antes que nada de pedir perdón por anticipado a mi pareja, mis hijas, amigas españolas y de otros lares por lo que voy a contar. Pero me debo a mis caros lectores, que esperan sinceridad en mis escritos, y a mi palabra, que ha de ser trasparente. Y es que escribo la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad. Incluso cuando invento lo que pretendo comunicar, también ha de ser verdadero.

Descubrir la belleza invisible y tomar conciencia de ella, no como algo meramente sensual, ha sido una experiencia que gracias a estar atento a la escritura la he descubierto. Son percepciones que no se comentan, que flotan sin palabras, que pasan desapercibidas.

Escultura renacentista de Andrea Palladio.

También diré, previamente, que las etiquetas, los clichés, las generalizaciones no son buenas consejeras, pero la mente tiende a agrupar visiones, conceptos, emociones, para captar el conjunto que es lo que planteo y luego que cada cual diseccione lo que lea. El estereotipo es una verdad genérica, pero verdad al fin y al cabo. Otra cosa son los prejuicios.

No podemos descartar las ideas preconcebidas, porque son intuitivas. Más cuando suceden colectivamente. Y en este caso me permiten señalar el patrón de belleza. Algo que apenas se quiere reconocer. Mi homenaje, en este sentido, a Inmanuel Kant por su obra “Crítica del juicio”, donde plantea la existencia del concepto estético, el cual es individual, que nada tiene que ver con el concepto lógico. Reconoce que el valor universal objetivo es a la vez subjetivo. Lo voy a plantear de esta manera y viceversa, pues como bien concluye “el concepto se une a la representación por la imaginación”. En definitiva la estética es “son un conjunto de leyes sin ley”. Quien quiera saber más que consulte con el profesor de Filosofía, don Miguel Ángel Castro Merino. He de decir que Kant desde la razón define perfectamente el enamoramiento (léase el final de este enlace) como concepto, corroborando lo que percibimos de esta sensación de lo enamorado, que es real e irreal al mismo tiempo.

Inmmanuel Kant

Sin que tenga nada que ver me ceñiré, con respecto a la belleza, al ámbito de la escritura, o sea de lo que he percibido, sin hacer elucubraciones ni fanfarronear, pues quiero mostrar una vivencia estética, no convencer a nadie. Ni siquiera entrar en discusiones estériles.

Dicho lo cual entro en materia: Paseando por Roma, hay mucho arte, ruinas, templos, palacios, a parte de museos con cuadros esculturas, artistas que tocan música en las plazas y hacen mimo o teatro. En anteriores crónicas ya lo he comentado. Y es de sobra conocido. Sin embargo hubo algo que me llamó la atención, que sin palabras me trasmitió la sensación de belleza, algo muy superior a todo esto a lo que me he referido, la esencia de lo bello, más allá de la Idea de Platón al respecto, ya que se trata de una percepción tangible, nada de ideal. “Hay algo, algo que flota en el aire”, dicen muchas personas al volver de Roma. No saben lo que es. Por fin, al recordar aquel viaje, encontré las palabras necesarias para saberlo y descubrí que se trata de la belleza italiana tal cual, lo que me permite comentar qué es esa sensación sutil. Más bien es la belleza romana, pero ya en próximas crónicas escribiré sobre la onda expansiva de Roma sobre el resto del país y del mundo. Que nadie, por favor, me tilde de anti patriota, siendo yo español, porque gracias a descubrir el alma italiana, he descubierto el de España, que está a simple vista, pero que nadie hasta ahora (hasta cuando lo escriba) lo ha señalado. Hay pistas, incluso una novela más que ejemplar que lo trata, pero nadie ha reparado en su significado.

Pero volvamos a ese halo que me hizo vibrar y que escribo con toda la sinceridad del océano, porque fue paseando por Roma, asido de la mano de mi mujer y sin demérito de ella ni, ya digo, incluso de mis hijas. Descubrí la belleza en la belleza de las mujeres italianas, sin que pueda plasmarse en un cuadro, ni en una escultura. Es algo vital, yo diría que biológico en tanto que también es arte. Buscar esa belleza a la que me refiero ha dado lugar a las más hermosas y bellas obras de arte, pero no han conseguido llegar a su modelo. Sin embargo lo han ocultado. la gente se para a contemplar esculturas, cuadros, pero no a las personas bellas que recorren las ciudades. Ni Leonardo Da Vici, ni Rafael, ni Miguel Ángel (no el profesor de filosofía, sino el autor de las pinturas de la capilla Sixtina) ni nadie. Y sé porqué. Lo cual comparto con quienes leáis este escrito.

Omitiré detalles cotidianos. Yendo al grano: Roma es una bellessima cittá, no cabe duda, pero hay algo que es más bello aún, la mujer italiana, pero no en sí. No como tal. Por eso “flota” esta sensación tan generalizada, en la que no se ha reparado suficientemente. Y que nadie me tilde de machista, porque también el varón italiano es de una belleza especial, como haré constar más adelante en este mismo escrito. Y yo no soy italiano, por lo que no se me podrá acusar de partidista o de arrimar el ascua a mi sardina, ni pasión patriótica. Más bien lo contrario.

Es la mujer italiana una belleza de lo bello, un hecho singular a nivel mundial cuando anda y cuando viste con falda. De otra manera es cómo las demás. De esto viene la importancia que tiene la moda en este país. Alguien podrá referirse a alguna que no cumpla este patrón, pero será la rarísima excepción que confirme la regla. Yo no la encontré. Temblé ante tan inmensa belleza paseando por las calles y me rendí ante tal sentido de lo bello. Al volver de allá tuve que releer a Kant y reflexionar para poder entender aquella experiencia, que al contársela a los amigos se reían y pensaban que estaba de cachondeo.

No existe ninguna mujer en el mundo que supere ni por mucha a una italiana cuando camina con una falda, convertida esta prenda de vestir en la bandera estética de la belleza. Y hablo de la belleza universal, no del mero gusto de la moda o de lo culturalmente atractivo. Es puro arte, que trasciende lo concreto de una persona, de un lugar, pues es algo que se repite en toda mujer de Italia, y no en las que son de otros lares. No hablo de sensualidad, ni mucho menos, sino de belleza pura. Es así la obra de arte más sublime que jamás se pueda ver, fijándose, claro está, en esta percepción, en un mundo que ha perdido el sentido de lo genuino. Estoy hablando de arte, no de la manera de mover las caderas al andar, ni siluetas provocativas.

La belleza es viento de la mirada, tal que es la mujer italiana en movimiento cuando viste con falda. Con un vestido es otra cosa, no llega a ese punto de exaltación estética. Parada tampoco lo parece. Y mucho menos en traje de baño. No tiene nada que ver. Es la falda un don especial de la mujer italiana, cuya imagen circula entre miradas teñidas de arte para desentrañar lo más recóndito de lo bello. Es “la armonía oculta / de diferentes bellezas...” que cantó Pavarotti: “Recondita armonia / di bellezze diverse!…

Cada tribu, hoy naciones aunque no exactamente, tiene su referencia bella en las personas, como reflejo de una manera de ser, de una historia y de su genética, sobre lo cual nada tan espectacular como la hembra italiana cuando anda vestida con una falda. El resto de mujeres pueden quedar muy bien con esta prenda, ser guapas y atractivas, hasta elegantes, pero no poseen esa cosa sutil, invisible, ese aroma de la mirada, esa maravilla que no se sabe describir con palabras, aunque ahora lo señale. Me refiero a la belleza genuina. Luego hay particularidades, como es levar puesto un vestido, que a quien mejor sienta es a la mujer francesa, sin lugar a dudas. El pantalón nadie como la inglesa, pero sin legar a las cotas de la dona italiana cuando lleva puesta una falda. Por ejemplo a las escocesas no les sienta bien el pantalón, o digamos tan bien. Lo cual es un impulso inconsciente y no estudiado sobre el deseo de independencia de una parte de la población. La belleza del cuerpo desnudo pertenece a la mujer senegalesa, una auténtica escultura, con la mirada como arte y no bajo otros puntos de vista. Me refiero al paisaje humano. Lo que no quiere decir que otras mujeres de otros lares no sean hermosas, bellas, atractivas, y demás. Por favor, que no se interprete como algo en contra de nadie, ni en demérito de nada, sino como la captación de la esencialidad.

¿Y la belleza de la mujer española, cuál es?, os preguntareis. Su silencio, cuando no dice nada. Por eso se la presupone tímida, pero no, es coquetería. Puede hablar mucho, pero cuando se calla le cambia la mirada, es una característica, que no se trata de estar o no de acuerdo, ni debe atribuirse a connotaciones de censura, sino de observar detenidamente con la mirada del arte esencialis. Dicho con todo respeto y admitiendo que dicen cosas interesantísimas, pero ese momento de quedar callada es especial y no se da en otras mujeres del mundo. ¿Y la belleza del varón español? Su torpeza, su ser patoso en algo, es lo que le hace bello, por más bruto o inteligente y simpático que sea. Los amigos que me cuentan sus adentros y cuestiones muy personales coinciden en que cuando sus parejas les dijeron “pareces tonto”, supieron que se habían prendado de ellos: “Es entonces cuando supe que le gustaba“. Para el español esta expresión no es un insulto, aunque lo parezca, sino una alabanza.

Sophia Loren

Voy a contar una confidencia, llegado a este punto, me parece de interés y que puede aclarar mi percepción al recorrer las calles de Roma. De pre-adolescente confieso que me gustaba la actriz Bárbara Rey, su cara, sus facciones. Pero cuando la veía en la televisión no, al revés, me dejaba de gustar, me parecía fea y chabacana. Al ver su foto me volvía a quedar prendado de su imagen. Nunca supe por qué, hasta estos días que pienso sobre esto que os cuento. Por otra parte Sofía Loren en las fotos me parecía guapa, pero sin más. Una cara curiosa, atractiva. Pero no me emocionaba. Al ver películas de ella sin embargo me embargó y cautivó. La veía especial. Miraba una foto después y no me causó tales sensaciones. Ahora lo entiendo, lo cual para mí es una gran satisfacción.

¿Y el varón italiano?, también es posee una belleza característica, sublime, que ningún otro estereotipo de hombre posee. Antes decir que, por lo que ya veremos en otras crónicas, hay elementos comunes a nivel mundial e histórico que se remontan al origen de las civilizaciones y quizá de la humanidad, que en todo el mundo únicamente a los italianos y españoles les embellece y sienta bien: Llevar la camisa desabrochada en la parte superior, dos botones. Ni más, ni menos. A veces tres, forse. Soy testigo de que madres y tías españolas muy puritanas indicaban a sus hijos varones que se desabrochasen los botones de arriba de la camisa para salir elegantes a la calle. “Para que no te agobies”, o “porque hace calor”, se decía como excusa, cuando era para resaltar la belleza, que siempre necesita de alguna explicación, sin reconocer el porqué auténtico.

Pero algo que hace al italiano el ser más bello del mundo, sin comparación, es el bigote. No el aristocrático, que no les queda mal, pero da al rostro una imagen curiosa, sui generis, mientras que a los rusos o alemanes les sienta fatal y parece que se lo dejan para asustar a amigos y enemigos. O para imponer respeto. Me refiero al bigotillo en la faz de los italianos, ese que es como una línea gruesa bajo la nariz. Visto sin más no destaca, incluso parece soso, pero cuando habla el varón italiano con este mostacho se convierte en alegre y juguetón, adquiere vida y da belleza al su parlare, gesticular sin bigote le hace ser uno más, digamos que esto destaca también en el argentino, que tiene una coletilla italiana en su habla, como ya hemos visto, pero no, es el bigotillo lo que al varón italiano le hace único. El hombre italiano lo intuye, pues para atraer a una mujer habla sin parar o hace guiños y muecas. También su belleza gestual con el bigote es un espectáculo, una obra de arte que yo me quedaba mirando embelesado. Algo increíble que cualquiera puede comprobar. Sin embargo este mismo adorno natural bajo la nariz, que debe estar muy cuidado y a conciencia, en el varón español, si no se mueve, bueno, pues ahí está, pero al hablar y gesticular, le ponen cara de mal genio y de antipático. Mi padre, a quien admiro, y algunos tíos tuvieron este ornamento en el rostro. Les quedaba fatal, pero como veían la belleza en los actores italianos la proyectaban en ellos y no, ¡ni mucho menos!

Lo mismo que en los italianos es a los que sienta bien estar sin afeitar tres o cuatro días, intensifica su belleza. En el resto de los varones da sensación de dejadez.

Sophía Loren y Marcello Mastroianni

Veréis que no me dejo llevar por la pasión, ni peco de poco neutral, ni a mí me afecta, por más que yo sea guapo, pero nada que ver con la belleza romana, lo reconozco. ¡Qué le voy a hacer! Si hubiera querido fardar o presumir retóricamente hablaría de las calvas, de la curva de le felicidad y redactaría un quevedismo a mi antojo, pero ¡no!, lo que yo hago es seguir un criterio objetivo, que yo mismo desconocí hasta recorrer las calles de Roma, ¡oh, Roma, sus romanas y romanos!, ¡su belleza intrínseca y desconocida!, que pasa desapercibida por no saber mirar.

Y es que como dijo Kant: “Todo juicio es un fundamento a priori, según lo cual el arte de la estética es un a priori que se encuentra en su finalidad”. Lo dicho.

Crónica romana I: Luces

Crónica romana II: Sombras

Crónica romana III: El idioma

Crónica romana III. El idioma

Si hay algo bello en Roma es la manera de hablar de los italianos, su manera de gesticular el rostro, de mover las manos, como si formara parte de su idioma. Esa musicalidad hace de salsa y de trasfondo en el paisaje urbano.

Es una forma especial de comunicarse, tanto que al emigrar los italianos a América, en especial a Argentina, los españoles dimos nuestro idioma, ellos la musicalidad. Como dijo Juan Luis Borges “ «el argentino es un italiano que habla español”.

Incluso en el tango, la canción-baile que puede tener origen en danzas y música africana, es una mezcla de expresiones, pero la aportación que hacen los italianos hizo que sea como hoy lo concebimos. Su visión dramática, la manera de cantarlo y su baile hierático y elegante, en en que los cuerpos que danzan en pareja se comunican sentimiento da la identidad pasional que se escucha y baila. Los grandes de este canto profundo son muchos de origen italiano. Incluso mujeres, como Iris Marga.

Una característica es que la lengua italiana nace de una percepción estética de la realidad, cuando en otros idiomas suele ser moral, descriptiva como objeto o valoración. En Italia se dice “bel tempo” y no “buen tiempo”. Se suele oír “é bellissimo” allende otras expresiones. Algo que se ha estudiado y reparado sobre este sentido de un habla que siempre es renacentista.

Los italianos se comunican con los gestos, parece ser que como fueron tantos estados con dialectos del latín diferentes, para hacerse entender gesticulaban. Mueven las manos de manera muy expresiva. De hecho los “meme”, tan del mundo de las redes sociales, surgieron de este hecho comunicativo convertido en imagen. Verlos hablar es ver en cierta manera una obra de arte. Me encantó escuchar su habla. A veces parece que discuten, cuando simplemente se expresan. “Cosa vuoi”, ¿qué quiere?, te dicen y parece que te están retando o que te increpan, pero no no, se están mostrando amables, amabilidad que expresan con los rasgos de la cara en movimiento y una medio sonrisa, que a veces parece irónica, pero no lo es, sino que forma parte de su idioma.

Sobre la experiencia que tuve espero que alguien dedicado al estudio de la música la recoja para sus reflexiones e investigación del habla general y en concreto de la lingua italiana. He comprendido que la musicalidad forma parte de todo idioma, pero de manera esencial y muy en particular en el italiano. Al principio de preguntar por alguna calle pensé que me tomaban el pelo o que despreciaban mi chapurrear italiani, pero no, fue una constante. “Vía Ana Mari, per favore”. La respuesta fue “non capisco” y ponían cara de no saber. “Por favore, la via Equi”. O la calle Fretelli Poggino (pollino). Nada. Por más claro que lo dijera no entendieron mis palabras. Sin embargo les enseñaba en un plano el nombre de la calle y ellos decían exactamente lo mismo que yo había dicho, ¡igualito!: “Ah, si” (Ah, sí) me quedaba mirando a mi interlocutor o mujer que me atendiera. Dijo exactamente lo mismo que dije yo, ¡igual!, sólo que con otro tono o musicalidad al pronunciarlo. Y entonces señalaban por donde ir. No entienden sin la musicalidad de la palabra. Quanto interessante.

Me quedé con la copla, y observo que la manera de hablar, la dicción de las palabras en todo idioma son parte de su significado. Su sonoridad según sea forma parte del sentido del lenguaje, pues como dice Ramón Sanchis, Raysan, “las palabras son música”.

Crónica romana I. Luces

Crónica romana II. Sombras

Crónica romana II. Sombras

¡Ay!, las sombras de Roma. Tal vez esta ciudad sea en sí una sombra y nada más. La sombra de lo que fue. Pero no. Es así. Su presente es la sombra no sombría. Leí un cartel en una tienda de ropa que dice: “A Roma no se la discute, se la ama”. Tiene esto mucho de cierto, pero por algo que nos atrae y atrapa, lo cual veremos en sucesivas crónicas. Es invisible, pero despierta la intuición cuando cierras los ojos para ver lo que no está a la vista. Roma es su literatura no escrita. Ten paciencia, querida, querido, lector, lectora.

Sorprende y llaman la atención cosas que parecen increíbles, pero sobre todo sus contrapuntos, como si se quisiera fabricar la paradoja, de la misma manera que las motos, los pasteles y demás. Quizá la contradicción sea el alma de los pueblos. Lo veremos.

Lo primero que me llamó la atención fue la velocidad con la que circulan coches y motos, ¡muchas! Pero al andar por Roma comprobé que los vehículos no respetan los pasos de peatones, de pedonis, ni los semáforos. Hay que salir a la calzada y cruzar a las bravas. No tocan el claxon, ni dicen nada, simplemente van a su bola y muy, muy deprisa. Yo con la mano hacia señales de que parasen y si venían lejos que disminuyera la velocidad. Porque cuando pasaba, por un paso de peatones o ante un semáforo de inmediato salían los coches, que casi me rozaban la espalda. Parece que lo hicieran porque creen que es algo típico. No son los conductores irrespetuosos. Sucede sin sentido. O éste sea algo oculto y sea algo que hay que desentrañar.

Cierto que nadie cruza fuera de los pasos de peatones. Ya contaré en otra crónica lo que pasó una vez que me harté. De momento decir que, parado en medio de uno de los pasos de cebra, un polizia me dijo, tras explicarle la situación: “Questa è l’Italia”. “¡Vale!”, respondí, “y esto un paso de pe-a-to-nes”. Un conductor me requirió: “Andiamo signore, stiamo in piedi”. Pase, estamos parados. Curiosamente no vi ni una discusión de tráfico, ni accidentes. Algo, para mí, inexplicable, por muy atentos que vayan conductoras y conductores, de coches y de motos, éstas parecen hormigas metálicas y urbanas.

Me sorprendió ver tantos pobres por las calles, y personas a las que se ve en mal estado de salud mental. Durmiendo en las aceras, a los pies de las fachadas de lujosas iglesias. Vi un chaval tumbado que parecía muerto o estaba drogado. Esperé un rato para ver pasar a un coche de polizia, y nada. La gente pasaba sin hacer caso. Cerca de la estación un grupo de voluntarios de Cáritas repartía comida y bebida caliente. A dos pasos pobres y pobres ante tiendas de moda, de arte, de alimentos.

Delante de las iglesias, de la estación y de zonas monumentales hay militares con fusiles en mano que impresiona. Sin embargo no parece que vigilen demasiado, pues no paran de hablar entre ellos, y hablan y hablan. Atienden los requerimientos de los viandantes amablemente. Pienso que habrá polizia secreta, porque el caso es que han atentado en todos los países de Europa, menos en Italia. Una vez hice un gesto a un señor, sonriendo ante tres militares que no paraban de parlare. Me sonrió y dijo: “Amico, la mafia lavora. Non è così male”. ¡Ah!, exclamé.

Hay no pocos tramos de calles sin iluminar, porque se han estropeado las farolas y no las arreglan. Todo lo explican con “Questa é Italia”. Y puede que sea cierto. Tampoco hay bancos para sentarse, o muy pocos en las calles. Con lo que hay que andar en Roma se echan de menos. Tampoco papeleras, lo que podría explicar que las calles estén sucias, llenas de papeles, colillas, botellas de plástico. Las pocas que hay siempre están repletas, a rebosar, durante días, sin que nadie las vacíe. Suelen ser bolsas de plástico trasparentes, sin más. En el aeropuerto de Madrid me fijé que también, pero dentro de un cubículo trasparente. Parece ser que por motivos de seguridad. Pero la sensación en Roma es de cutre. También basura sin recoger en las aceras, montones enormes. ¡Una ciudad monumental!, llena de turistas. Algo inaudito. Da sensación de ser una ciudad decadente. Y, sin embargo, forma parte de su grandeza. es muy curioso.

Por otra parte hacen unas políticas de reciclaje muy buenas, en el metro recogen botellas de plásticos y dan gratis un billete a quien lo haga. Las fachadas están muy abandonadas, muchas aceras son de asfalto, pero sin cuidar ni reparar. Las calzadas tienen baches, muchas echas con pequeños bloques de piedra que llaman “petrinos”, “pedritos”, por eso de que “Pedro eres piedra…”. Pues sobre muchas de ellas está construida la Roma de hoy, en donde el nombre de las cosas es tanto o más que a lo que nombra. Es parte de su grandiosidad.

Es curioso ver la fachada de una iglesia estropeada, de ladrillo sin más, la acera colindante con tramos en que están saltadas las baldosas, irregularidades, sucio el entorno, pero se entra en el templo y ¡un lujo! que pasma, llena de arte, columnas de mármol, murales pintados en las paredes y techos, esculturas, cuadros, pedazos de historia de la ciudad y arte por doquier, en cada milímetro. Llama la atención.

Las máquinas expendedoras del metro para sacar los billetes, no son caros, no funcionan muchas veces, por eso hay muchas pero colas largas en dos o tres. Y si se tragan las monedas o billetes, los trabajadores se desentienden, es cosa de la empresa… ¡Vete a llamar! Te quedas sin el dinero. Es algo asumido. En España sucede lo mismo, pero funcionan y si alguna se estropea se arregla en seguida. En Italia parece que el que no funcione sea made in Italia.

Compras unas postales y te venden sellos que luego no sirven para enviar en la central de correos. Es una empresa privada, que tiene sus propios buzones, pero ¿cuáles son? Ante la incertidumbre, los chinos de las tiendas chinas, dicen que da lo mismo, que si no son del buzón rojo las echan luego al amarillo. Y se ríen. Las personas italianas no saben donde están los buzones, por más que preguntes, “non lo so”. Son amables, pero se equivocan mucho al responder dónde está una calle o plaza. Por cierto nada está señalizado. Parece que dicen, pasea y encuentra los lugares, no vayas a ellos. Para eso están los guías que convierten esta ciudad-museo en una colección de postales.

Roma es para ser andada, pero cansa. Menos mal que abundan las fuentes. También italianas e italianos que vuelven sobre sus pasos al darse cuenta de que se han equivocado con la información dada, “mi scusi”. A veces saca de quicio, pero claro, para eso está el gps. Yo prefiero chiedere, preguntar.

Del Vaticano, que forma parte de la enormidad y de lo profundo si se atiende a las piedras monumentales, me desencantó que de manera permanente queden puestas las sillas y las pantallas y el altar en la plaza de san Pedro. Pierde solemnidad y se hace algo utilitario. Rompe su vistosidad. En el medio de la misma está un monolito que llevaron hace dos mil años junto a otros doce. El que vemos en el centro del Vaticano lo colocaron en un circo romano, donde torturaron y mataron al apóstol Pedro, luego san Pedro. Se conoce ese monumento de Egipto como “testigo mudo”. Tanta historia para ser vista permanentemente como si de un cine se tratara. Y es curioso, muy de iglesia, placas de piedra con el nombre de mártires católicos del fascismo nazi y de Mussolini y también del comunismo.

Y para descansar el último día fuimos a Ostia, a la playa y luego a ver la antigua ciudad en ruinas. Resulta que para entrar en las playas había que pagar, son privadas. Tuvimos que andar mucho para encontrar un espacio pequeño donde tomar el sol y mojar los pies, andar por la orilla. Varias personas a las que pregunté, sobre cómo llegar a un espacio de baño público, dijeron que es algo que no les gusta de Roma, que hace años concedieron un lugar de la costa a los negocios de hostelería para que cuidasen algunas playas y se hicieron con todo y a perpetuidad. La gente paga, paghi e il gioco è fatto. Pero insistieron que sólo sucede en Roma, no en el resto de Italia.

En las zonas turísticas de mayor concentración se explota al extranjero y abusa de él, lo que se ve como algo característico. Un helado en isola tiber, la isla del Tiber, dos euros. En una pastelería en la Plaza de España ¡12 euros!, un cucurucho de helado. Te dan dos galletitas sobre la bola, y una pasta, un cucurucho de olea y un camarero elegante que sonríe mientras que lo sirve. Como hay que mantener la prestancia, se paga, porque los españoles no preguntamos el precio antes de comprar algo. Ya veremos en otra crónica por qué. Pero tras pagar pregunté que por qué tan caro: “É stato servitto da un italiano”. Ah. Contado puede esto último parecer una sombra, pero desde dentro es una seña de identidad sin la cual no sería el lugar que es.

Las zonas turísticas son un espectáculo, de edificios, grandiosidad, con gentes de todo tipo, en la que lo que allá se consume forma parte del ambiente de grandeza. Hasta las personas son arte y en determinadas plazas actúan reuniendo a mucho público.

Las sombras de Roma son grandiosas, hasta el punto de no parecer tales, forman parte de la espectacularidad de la urbe romana, una manera de vivir su paisaje urbano, en donde rezuma algo imperceptible que permite sentir las luces y las sombras como parte inseparable de su Historia y su presente, de tal manera que a quienes vamos de fuera nos hacen partícipes sin darnos cuenta. Al final cruzamos las calles sin que nos atropellen.

É l’Italia.

Crónica romana I. Luces

Viajar es ver, percibir, pero también relacionarse con el ambiente. Nunca me ha gustado viajar por viajar, sino para algo y entorno a ese algo conocer el lugar. Por tal motivo entiendo que cada lugar es diferente según el momento, el para qué. Pasear, vagabundear son formas de conocer, así como las referencias monumentales que acercan lo histórico a la conciencia personal.

Roma es un tanto especial, una ciudad contradictoria y desconcertante. En torno a ella ha girado el mundo y tal vez lo siga haciendo sin que nos percatemos. Lo veremos.

Roma surrealismo

No he hecho fotos, sino imágenes de curiosidades. A cambio he tomado algunas notas que, junto al recuerdo, me van a permitir dar unas pinceladas de la casi una semana que he estado en Roma, nombre de una capital que leído al revés es amoR.

Sin un orden, sino al tuntún, comentaré cosas que me parecen dignas de destacar. Ya hablaré de las sombras, pero siempre en un sentido de contradicción y es su ser paradójico el que va a definir el fondo de una sociedad, de sus gentes, que como espejo de los demás pueblos tal vez sirva para que los españoles nos veamos desde fuera.

Todo esto que parece anecdótico y simple va a permitirnos conocer la complejidad de una manera de ser que rezuma historia y psicología, más allá de sus fronteras, que hace que sea una sociedad peculiar y única.

En pequeñas dosis veamos algunas luces.

Hay metros que van si conductor, el viajero puede colocarse delante y ver el trayecto en primera línea. El mismo billete vale para una hora y media también para el tranvía y trenes de cercanía, a parte de tarjetas de trasporte que hace que sea más barato. Que no haya conductor es un signo de progreso, aún contenido, pero señala el futuro no muy lejano.

Que si Italia es cara, que si los italianos son… Puf. La verdad es que nada de eso se ve. A lo mejor puntualmente, se puede destacar algo pero no en su conjunto. Un helado puede costar un euro y medio o uno parecido dieciséis, según el lugar en que se compre. Pero hay cosas que sí están ahí, no a la vista sino en la mirada, es decir en lo que se ve más la conciencia.

En las facultades de la universidad hay fuentes gratuitas de agua con gas y sin gas. Quien no tiene recursos come gratis. Los del proyecto Erasmus lo hacen por dos euros, y buena comida, abundante, pudiendo elegir entre dos platos. Los edificios y jardines del Campus son amplios. Aunque luego las clases están abarrotadas, no hay asientos para todo el alumnado que asiste.

A los autobuses se puede subir por las puertas de atrás, sin que nadie diga nada. No se suele pagar, o pasa la tarjeta quien quiera. No así en el metro o el tranvía. Pero el autobús funcionalmente (no de manera oficial) es gratis, bueno se paga con dinero público sin gravar el bolsillo de muchas personas. Es algo que facilita la vida o que manifiesta el caos de ciudad que se supone que es.

La ciudad está llena de fuentes, son características. Se llaman “Narizotas”, por la forma del tubo por donde sale el agua. Si se tapa el orificio de salida, hay un agujerito hacia arriba por donde sale el agua que permite sea bebida más comodamente. Un agua rica y fresca, lo que se agradece al andar pos las calles bajo el sol.

En el metro se dan billetes gratuitos si se llevan para reciclar botellas de plástico, que se recogen en una contenedor. Los portales están llenos de contenedores de basura, varios para todo tipo de reciclaje. En los supermercados dan bolsas de plástico biodegradables. Pero esta luz deja su sombra por un otro lado que ya diremos.

Los escaparates suelen ser muy originales. Se ve mucho diseño y elegancia en el ambiente, forma parte de su atmósfera humana, incluso en medio del destartalamiento difuminado se percibe. Una estación de metro como “Termini”, cuando entras ves goteras, paredes sucias, pero una lámpara de diseño, con una forma llamativa, plateada, que brilla. Contradictorio. Baños con lavabos de formas modernistas, caída de jabón automatizada. Y limpios, aunque estén descuidados, con paredes que se descascarillan. Tales contrastes forman parte de la vivencia de Roma, una ciudad que recuerda a cada paso que fue la capital del mundo y al cabo de los siglos se ríe de sí misma. Quizá para seguir siéndolo, sin que se note. No sé. Iremos viendo.

Los monumentos, las ruinas, las iglesias portan la belleza de lo grandioso, por el hecho de su dimensión, en tamaño y en lo que han sido en el tiempo, que guardan en sus columnas, paredes, bóvedas, muros caídos. Un circo, del que sólo se ve su espacio sigue perdurando allá, en su sitio. Tiene un encanto especial.

Sulpicia, poeta romana. S. I a.C.

Lo que primero me llamó la atención fue al llegar al aeropuerto, el aroma del baño y el jabón aromático que usan. Luego vi más baños y los jabones son de olores, pero suave y que se impregna en la piel. No es un perfume fuerte el que se percibe, sino agradable que trasmite elegancia. Sí. En algunos lugares huele a comida, pero no grasosa, sino a especias. La ciudad es sucia a rabiar, flota sin embargo un buen olor. Es curioso. En el metro huele bien. Hay puestos con flores, floristerías. Se compra en éstas no como regalo, sino para aromatizar las casas, las oficinas, no sólo como adorno. La gente se para a oler las flores, no a verlas. Me llamó la atención, pues no estoy acostumbrado a tal exquisitez.

Me encantó ver una calle de la Poesía. Pintadas y grafittis muy comunicativos. Carteles colocados en lugares monumentales y en las calles con poemas o frases filosóficas. Roma es un poema en sí, contradictorio, pero poesía.

Los portales, incluso de casas humildes y en tiendas son de mármol, de trozos que forman mosaicos, que fueron restos de grandes obras que la gente aprovechó, pues se ven antiguos. Se ha convertido en algo tradicional hacerlos de esta manera. O baldosas imitando antigüedad y con figuras mitológicas o adornos artísticos. Las paredes pueden estar desconchadas, la barandilla rota, pero los suelos limpios y bellos. Increíble.

Si entras en la calle de la poesía, no preguntes adonde te lleva.

Vi a jóvenes llevando con sus respectivas correas a varios perros, grupos de tres y hasta de seis. Los sacan a pasear para ganarse la vida, de dueños que no tienen tiempo para hacerlo. Es una imagen urbana frecuente. Es indicativo del amor a los animales.

A parte de las pizzas y la pasta se comen muchas cosas a la romana, como acá se conocen los calamares y la merluza rebozados. Allá se reboza las alcachofas, la berenjena, hasta aceitunas rellenas, lo que es una exquisitez culinaria. Que hay muchas, como cerdo asado troceado. Pasteles de hojaldre rellenos de crema no muy dulzona, al ser con crema de quesos. La masa de los pasteles riquísimas. Pero algo especial es la flor del calabacín rebozado relleno de queso y con una anchoa. Uuummm. Y la diferencia de una pizza romana y napolitana es que la masa de la primera es muy lisa, mientras que la segunda es más gruesa, como si llevara algo de levadura la masa. La romana típica es con tomate, un poco de aceite y albahaca por encima. Sencilla, rica, alimenta. Se venden porciones al peso.

La ciudad de Roma cansa, pero hay que patearla. Es un paisaje en sí, sus perspectivas desde determinados puntos, como donde se ubica el monumento a Garibaldi y su compañera Anita, que cerca de él, está representada montando a caballo con su hijo pequeño, que también murió, en brazos. Desde ese paraje se ve toda Roma en perspectiva, su espacio, su historia, su tiempo, su ser. Y quien mira flota, se embelesa y se siente parte de un mundo grande y pequeño a la vez.

Lo único que no hay que ser en Roma es turista. Se puede ser extraño, crítico, remolón, huraño, incluso italiano o extranjero, pero no turista. Por favor.

Anita, esposa de Giuseppe Garibaldi, apodada la Heroína de los Dos Mundos.

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Viajar desde un punto fijo

Antes de empezar a escribir, a partir de notas que he ido tomando, mis “Crónicas romanas”, quisiera ofreceros, mis caros lectores, una idea y experiencia de viajar. Hay varias maneras de hacerlo cuando se va a una ciudad lejana o a un poblado y sus alrededores. O cuando viajamos a la ciudad donde vivimos.

Una puede ser hacer el recorrido turístico viendo los monumentos, otra pasear y coger el tranvía y autobuses varios para tener una idea panorámica de la ciudad, o rutas gastronómicas, de manera que se conozcan diferentes ambientes del lugar. También se pueden sacar fotos o escribir sobre lo vivido. Otra es formar parte del paisaje urbano yendo y viniendo. O pasear por senderos rurales.

Asomemos nuestra mirada a lo que imaginamos.
Mural en el metro de Roma, estación “San Giovani”.

La manera que he descubierto que es fantástica para meterse en una localidad es situarme en un punto fijo, da lo mismo cual sea, pero si es concurrido mejor. Sentado en un banco, o en la base superior de un pequeño muro si lo hubiere. Cuando me instalo en un lugar de alguna ciudad, incluida en la que vivo cotidianamente, observo como pasa la gente a lo largo de las diferentes horas del día y de la noche. Puedo estar tres o cuatro jornadas plenas, las veinticuatro horas.

De esta manera es como mejor se conoce un lugar. Un punto de vista fijo, sin moverme del sitio, dejando que pasen días laborables, festivos, días de lluvia o soleados, de viento o de cambio climático. Observo a los peatones, a los vehículos que pasan. Las diferentes generaciones que pululan por las aceras y los rostros y maneras de andar ¡tan diferentes!

Es dejar que el mundanal ruido gire en torno a ti y, de esta manera, la mirada se desvanece, se diluye y la vida baila en torno a uno mismo. Se consigue que los paisajes humanos viajen al interior de quien mira y admira lo que ve.

Movimiento de emancipación de la poesía.
Pintada en una calle de Florencia.

Escuchar conversaciones, aunque sean en otro idioma, fijarse en los besos de las parejas, en la manos asidas, en las prisas, en las zozobras de los borrachos, en quienes mendigan, en aquellos que se van colocando el nudo de la corbata, en quien se detiene para responder un mensaje en el móvil, quienes hablan a través de éste, quien hace una pintada en un muro de la otra acera creyendo que nadie le ve, quien hace fotos a los balcones y demás, todo esto y un batiburrillo infinito forman un rompecabezas que exige unir las fichas del universo humano, imaginar lo imaginado y contar lo que no aparece en los libros, en las guías turísticas ni en las gastronómicas. Ni siquiera en las literarias (libelos de viajes.) Dejemos que el mundo pase a nuestro alrededor e inventemos la realidad para descubrir lo real, al fin y al cabo ésta es lo que vemos, sólo que hay muchos ojos en nuestras pupilas. Y quien lo dude que pregunte a Gustavo Adolfo Bécquer.

Cuando contemplamos un monumento, ¿no forma parte de él quienes lo diseñaron, quienes lo hicieron, quienes se quejaron, a aquellos a los que se dedica, quienes aguantaron el polvo de su hacer?

Dicho esto comenzaré en breve a difundir las ya famosas y esperadas crónicas romanas. Cuento con tu paciencia lectora y complicidad. Fui a ver a mi hija pequeña a Roma, donde estudia Música y patrimonio histórico con eso del “Erasmus”. La vi rodeada de Historia y de historias, de gentes, de vida, de monumentos y…

¡Ave!, lector. Quien va a escribir sobre lo visible y lo que nos e ve te saluda.

Salud al que lee.

ECOnomía – ECOlogía (Renta Básica y cambio climático)


RENTA BÁSICA Y CAMBIO CLIMÁTICO
(Manifestación global contra el cambio climático el 27 de septiembre – 2019)

Nos enfrentamos al reto de evitar la destrucción del medio ambiente que sucede cada día que pasa, y de manera más violenta. Lo cual nos lleva a una situación extrema. Asistimos atónitos a la devastación de nuestra casa (nuestra “oikós” – “casa”) Se ha logrado concienciar a una gran parte de la población mundial, los partidos políticos incluyen en sus programas medidas para frenar cuestiones como la contaminación, el cambio climático, la desaparición de especies y ecosistemas, unos más que otros. Organizaciones y ONGs actúan en este sentido con ahínco y entrega. Pero la devastación continúa a nivel planetario, de las naciones, en el ámbito regional y local.

Se hacen manifestaciones, denuncias, actos en favor de respetar la naturaleza. Por primera vez una manifestación y huelga a nivel global se celebra este 27 de septiembre de 2019. Además de fluir la información al respecto, se legisla más o menos, se toman medidas, se hacen protestas, pero la destrucción sigue, porque todo esto es necesario, pero no suficiente.

La cuestión es cómo abordar el problema, ¿de qué manera se puede resolver?, para lo cual hace falta una herramienta con la que hacer efectivas y posibles las medidas necesarias que eviten el colapso. Frente a actitudes pesimistas en cuanto a que ya nada se puede hacer, que es demasiado tarde, que es irreversible, siempre se podrá mejorar y no caer en visiones apocalípticas, sino en el razonamiento y ver que de manera lenta, pero paulatina, es posible cambiar de rumbo. Y más cuando no queda más remedio.

Para hacerlo hay que ir a las causas e incidir sobre las mismas. ¿Cuál es el denominador común de todos los problemas ecológicos? Sin lugar a dudas: Los intereses económicos. Sin abordar éstos no hay nada qué hacer, sino fuegos artificiales, vocería, lamentos y poco más que medidas al final inútiles. O se puede desembocar en establecer leyes y una represión brutal, de forma que el remedio sea peor que la enfermedad, al quedar excluida más de un ochenta por ciento de la población mundial excluida y padeciendo la devastación de sus tierras y lugares que habitan. En en nuestro país se dejaría en esta hipótesis a la mitad de la población sin recursos para vivir.

El desarrollo sostenible requiere una economía sostenida, capaz de adaptarse a los cambios que han sucedido como consecuencia de las nuevas tecnologías, de la aplicación de sistemas informáticos y la robotización en el ciclo económico: la producción, distribución y el consumo. Lo que supone la necesidad de adaptarse a la globalización, para hacer que tenga rostro humano y no que suceda de una manera impersonal e inhumana.

Al aplicar las herramientas tecnológicas de cuarta generación muchos puestos de trabajo quedan inoperantes, sin que puedan ser sustituidos, entonces para mantener el ritmo de ganancias y evitar la presión del desempleo se expande el modelo productivo invadiendo cada vez más los espacios naturales, abaratando costes económicos que se convierten en enormes gastos medioambientales mediante dejar hacer por considerarse una prioridad los beneficios empresariales a cualquier precio, con la coartada, necesaria, de crear puestos de trabajo, lo cual que hace que de esta manera se apoyen proyectos de infraestructuras y modelos de desarrollo sin ningún sentido. Otra cuestión es ver cómo en esta vorágine la economía financiera domina a la economía productiva.

La digitalización de la economía en España (ABC – 15 – IX – 2019) ha suprimido 540.00 empleos de personas de más de cincuenta años. Se prevé que en cinco años afecte de la misma manera a seis millones de trabajadores, lo que se conoce como un “cambio sísmico” en la economía. Pero además significa que esa misma cantidad son los trabajadores jóvenes que no se van a incorporar al mercado laboral, porque su labor ha sido suplantada por la robótica, que incorpora en esta actividad un 2% de los puestos de trabajo que suprime. Antiguamente, hace diez años a los estudiantes de ingeniería industrial les mandaban hacer trabajos para una previsión de generar 200 puestos de trabajo al diseñar una fábrica. Hoy en día a los estudiantes de ingeniería de computadoras les plantean estudios para ver como una aplicación puede sustituir 1.200puestos de trabajo. Los datos que apunta la Unión Europea es que la media de automatización del empleo es de un 20%, siendo en Eslovaquia el 34%, lo que se espera que en menos de una década se duplique. Esto quiere decir que que el mundo desarrollado dispone de una riqueza inconmensurable, que de no gestionar acabará sembrando la violencia por las desigualdades y la destrucción del planeta al no saber adecuar la nueva realidad a las necesidades medioambientales. La gran cantidad de dinero que se produce no puede ser invertido en la economía productiva que está saturada, por lo que de no aplicar la Renta Básica enormes fortunas se “evaporan” a la economía financiera que manejar cifras desorbitadas sin otra utilidad que engordar un mercado de valores sin sentido.

Año 2019

De esta manera para mantener el nivel de empleo se dedican enormes cantidades de dinero público, de toda la ciudadanía, para incentivar inversiones y generar empleo: deducciones fiscales, subvenciones a los empresarios, ayudas para la compra de los productos, como los automóviles que para mantener esta industria se da una cantidad al comprador que irá a la saca del empresario. O el uso gratuito del suelo público para que instale las fábricas en un determinado territorio y cuando se va la empresa porque se acaban los apoyos de las instituciones dejan la contaminación, los desmanes cometidos y se llevan el dinero de todas y de todos en forma de beneficios. A esto se llama “incentivar” las inversiones para crear empleo. De esta manera el trabajo en lugar de crear riqueza nos cuesta dinero a la sociedad, ante una producción saturada, un derroche energético y de consumo concebido para dinamizar la economía. El coste de tratar los residuos, que nos invaden cada vez más, aumenta. El chantaje del poder económico sobre el poder político y las ciudadanas y ciudadanos es cada vez mayor.

Pensemos que después de las políticas de austeridad por los gobiernos recientes en Europa consisten en la reducción del gasto público en Sanidad, en la educación, en los trasportes públicos, congelación de las pensiones o subidas de las mismas en cantidades ridículas en comparación con la subida del coste de la vida, todo esto con la finalidad de disminuir la deuda y controlas el déficit. La deuda se ha incrementado de un 36% al 101 % en los diez últimos años de la crisis. Las políticas de empleo han vaciado las arcas del Estado y para potenciarlas se ha hecho caso omiso a la legislación medioambiental o se han usado trucos para no poner trabas a las empresas. Lo cual sucede tanto en los modelos liberales como socialdemócratas y el colofón es querer lograr el pleno empleo con el trabajo garantizado, cuando gran parte del mismo se está automatizando. De manera que con la robótica y nuevos mecanismos aplicados a las cadenas de producción se produce lo mismo o más sin necesidad de tanta mano de obra. Despidos masivos en la banca, en el sector servicios, en las fábricas, el cierre de muchos negocios de autónomos.

Cegados por el plástico. Recogiendo la exposición “Conciencia” en la sala de arte White LA3 de Madrid.

Lo que hace falta es dejar a un lado el factor empleo porque ya no hace falta en gran medida e insistir en ello por inercia y debido a una especie de fanatismo económico no permite ver la realidad, sino más bien estar inmersos un delirio, la alucinación del pleno empleo, lo que lleva a incidir en la crisis económica y en el deterioro medioambiental. Algo que se agudiza por más que se trate de impedir. Y esto es lo que nos arrastra a una hecatombe ante una crisis de modelo que es el que hay que trasformar.

La medida posible y necesaria es la Renta Básica. La economía puede funcionar sin la presión del empleo y sin convertirnos en voraces depredadores del medio ambiente, tanto como productores como consumidores.

La cuestión no es la pregunta típica de “¿con qué dinero?”, sino plantearnos con sensatez ¿cómo organizar el dinero que hay en las arcas del Estado, con el que ya cuenta la sociedad? Y a la vez establecer nuevos modelos de fiscalidad, como que pague impuestos el trabajo, no el trabajador, por lo tanto las máquinas y las aplicaciones informáticas, lo que quiere decir que con los beneficios que aumentan al prescindir del pago de la cuota de la Seguridad Social y del salarios al obrero. O que cotice la economía financiera que se dedica a la producción de valores. Pero éste es otro tema.

Con la Renta Básica se permitirá mantener trabajos que por falta de rentabilidad se acaban dejando, como la artesanía de todo tipo, la agricultura ecológica, artísticos, lo que tanto se empieza a hacer como proyecto vital de muchas persona, pero acaban en la frustración. Si alguien puede vivir con la Renta Básica lo poco que se gane con esas actividades será un complemente y beneficio. Si vendiendo cacharros de barro una persona gana trescientos euros al mes tras restar los costes, tendrá que dejar esta actividad y buscar otra forma de vida, pero añadido a la Renta Básica puede continuar con esta labor.

Se habla mucho de la España vaciada, proceso de absorción de la población rural por las ciudades. Hará falta un proceso contrario para que vuelvan a habitarse el mundo rural. Con la Renta Básica será más rentable vivir en un pueblo, donde se podrá trabajar en empleos o iniciativas acordes al entorno. Lo cual tiene que ver mucho con la protección del medio ambiente, al haber gente que limpie a través de muchas actividades los bosques cercanos, al estar vigilantes para evitar incendios, el cuidado de los ríos por depender su modo de vida de esta riqueza natural. El abandono de los pueblos supone la desatención de la naturaleza en su entorno. Da lugar a la concentración de las poblaciones en grandes ciudades que crecen por ser centro de atracción donde la pobreza se hace estructural, igual que la delincuencia. Son insalubres mental, física y emocionalmente. Un derroche energético y crea unas condiciones de vida deplorables a lo cual acaba adaptándose mucha gente en una especie de locura asimilada, la cual se adormece con las pantallas de todo tipo adonde desembocan las miradas y evasión de los más jóvenes.

Analicemos de manera precisa la realidad concreta: Los minerales fósiles como el carbón y sus derivados suponen un encarecimiento de la energía, una amenaza para el medio ambiente y un potenciador del cambio climático debido a sus emisiones tras su combustión. Durante años se subvencionó este negocio sin hacer caso a las referencias económicas y medioambientales, con el fin de mantener los puestos de trabajo y convertir el dinero público en beneficios empresariales privados. Modelo éste que ha dado lugar a la economía de la corrupción. Una vez que supera los índices de peligrosidad por las emisiones de azufre y de CO2, donde además de poner en riesgo la salud de los trabajadores, sacrificio que han soportado durante más de un siglo, y el deterioro de la salud de las poblaciones de los entornos mineros y afectar gravemente a la atmósfera se decide cerrar estas explotaciones en su gran mayoría. A cambio se pretende reindustrializar las zonas mineras, sin ver si hace falta o no. Se aplica el “plan Miner” mediante el cual con subvenciones de la UE y del Estado español se pretenden implantar industrias como alternativa, se levantan naves, que hoy en día se están cayendo y convirtiendo en ruinas tras haber gastado desde el año 1990 al 2014 la cantidad de 24 mil millones de euros, para nada, que no ha funcionado por cerrarse al año de ponerse en marcha o más del 60% ni siquiera empezar la actividad prevista. Se admite con la excusa de mantener los puestos de trabajo. Y seguimos en esta dinámica bajo otras formas. Una cantidad que hubiera permitido dar 2 millones y medio de rentas básicas, lo que equivale a que 213.675 personas cobraran mensualmente la RB durante doce años. Sin embargo hemos alimentado la deuda y aumentado el desempleo, precarizado el trabajo y mermar las prestaciones para los parados. Y ere que ere, perdón “erre que erre”.

El cambio de modelo energético exige un cambio del trasporte, pasar del motor por combustión al eléctrico, pero se ponen en juego los miles de empleos de la industria del automóvil, de la industria petrolera y sus enormes beneficios para las multinacionales. Y se ha de sacrificar el planeta a estos intereses particulares bajo la coartada del empleo cuyos derechos laborales son socavados paulatinamente. Además se mantiene y elevan los costes económicos y ecológicos de la gestión de los residuos, cuyo empleo no haría falta si se suprimieran muchas empresas obsoletas y se ahorrarían todo tipo de costes, que permite incidir en aplicar la Renta Básica. Pero enfocado todo en el empleo no se ve más allá y las consecuencias las convertimos en un destino trágico contra el que “nada se puede hacer”, a no ser que decidamos cambiar sobre nuevas bases, posibles y necesarias, pero sobre todo lograr trasformar el paradigma de la economía, sin lo cual efectivamente no hay nada qué hacer. Como diría Erich Fromm “es una cuestión de mentalidad” aplicar lo que llamó el Salario Asegurado, equivalente a la RB (año 1952)

Se han construido aeropuertos para dinamizar la economía durante unos meses, que luego no han servido para nada, no se usan. Trenes de Alta Velocidad por encima de las posibilidades de gasto público y de una necesidad real que hace que cada año el estado tenga que poner dinero del erario para contrapesar su déficit y se encarecido un 230% viajar. El destrozo de los ecosistemas ha sido apabullante, la burbuja inmobiliaria ha colapsado las ciudades y ha empujado a la mayor crisis habida después de la II Guerra Mundial arrastrando al mercado hipotecario que luego ha provocado el rescate de los bancos con el dinero de toda la ciudadanía. ¿Puede haber algo más absurdo?, y sin embargo estamos sumergidos en este dislate.

¿Qué suponen los incendios del Amazonas, de Indonesia, de África central? Progreso y desarrollo en forma de conseguir terrenos para industrias de extracción de minerales, explotaciones de enormes fincas para monocultivos, aplicar la agricultura con semillas transgénicas masivamente, plantar árboles de crecimiento rápido para la industria papelera, pastos y extensiones para la explotación industrial de la ganadería y todo por dinero, en forma de beneficios y de creación de empleo, pero es matar la gallina de los huevos de oro y el hábitat de pueblos indígenas, así como la desaparición de cientos de especies animales y vegetales.

¿Qué hacer? Establecer una medida para que el empleo no sea usado como coartada por no ser imprescindible, sino el necesario, sin asumir, por activa o por pasiva, arrebatar el dinero público para impulsar una economía que igual que ha creado riqueza ahora sus consecuencias son lo contrario y además un peligro para la Humanidad, siendo posible su reparto entre la ciudadanía en forma de renta básica, junto a un sistema salud y educación públicas, e incentivar el transporte colectivo y demás. La conclusión a la que llega Jared Diamond, fisiólogo evolucionista y biogeógrafo, en su obra “Colapso” es: Los mismo que hace que crezca y se desarrolle una civilización es lo que hace que se destruya si no es capaz de cambiar sus modelos de producción y de consumo y sus maneras de pensar adecuadas a la nueva realidad que ha originado su desarrollo.

Porque la Renta Básica es una respuesta en favor del desarrollo sostenible y un paso más en los derechos de ciudadanía. Pero corre el peligro de no ser defendida por el pueblo y que se aplique como incentivo al consumo, se pague en forma de un cheque anual bajo el modelo propuesto por economistas liberales (Von Mises, Milton Friedman) de un Impuesto Negativo, de manera que las personas tengan la posibilidad de consumir lo que produce la industria con la tecnología, pero el Estado suprima la sanidad y la educación públicas, incluso hacer que la seguridad ciudadana se privatice, como ya se hace en parte. Es lo mismo que ha acompañado el proceso de políticas de empleo con la privatización de las actividades y los bienes públicos como la energía, la gestión del agua, el cuidado de los jardines, la gestión de las basuras, etc ( instalando de manera “legal” la economía de la corrupción, que consiste en pasar el dinero público a bolsillos privados, considerándose únicamente ilegal cuando se hace mediante atajos; esquema éste de todos los casos de corrupción que hoy se juzgan, que no son sino la punta del iceberg: El trasvase de dinero público al bolsillo de unos pocos, pasando por los políticos que a río revuelto…)

Se podría poner un caso tras otro. Pero veamos el último que es sangrante y sigue el mismo mecanismo: La Junta de Andalucía pretende construir una autovía de Cádiz a Huelva pasando por el borde del ecosistema protegido y muy sensible, el parque nacional de Doñana (que se verá gravemente afectado) por crear empleo y que la empresa constructora, privada, obtenga enormes beneficios, sin arriesgar su capital ni nada, sino porque “es así”, lo mismo que el rescate de las autopistas por parte del Estado. En el caso de esta autovía se justifica para ahorrar dieciséis minutos de viaje. Un dislate que se camufla de desarrollo, que es apoyado porque va a crear empleo y se dilucida entre ganar para comer o que se destruya el humedal de Europa más importante. Se disfrazan con medidas cosméticas y seguimos destruyendo riquezas naturales irrecuperables con consecuencias que afectan al cambio climático.

Es una locura en la que estamos sumidos, que hay que salir de ella antes de que nos autodestruyamos. Por eso es fundamental vincular un día como este 27 de septiembre, con la convocatoria de una huelga y manifestación planetaria para evitar el cambio climático y que se tomen medidas desde la base del problema, lo que supone relacionar la Economía con la Ecología, lo cual es factible y sin excusa alguna, lo cual implica el establecimiento de la Renta Básica. O será una protesta más, global, cuantitativamente enorme por el apoyo recibido, con un gran efecto mediático, pero sin futuro, siendo precisamente éste lo que nos jugamos junto a un presente cada vez más amenazado. Ya concluyó Charles Darwin que las especies, e individuos de las mismas, que se adaptan a los nuevos cambios sucumben. Estamos en esta tesitura.

La Renta Básica es la piedra angular del desarrollo sostenible y lo que podrá evitar que perdure y nos destruya el cambio climático. Lo cual supone esa unión para defender el oikos, el “eco”, la casa personal (economía) y la casa global (ecología), dos caras de la misma moneda, apoyada una en la otra, dependientes entre sí. El cambio climático se hace evidente porque a la vista está. La renta Básica también lo es, pero al razonamiento, no se ve a simple vista, de ahí seguir difundiendo la equivalencia de la relación entre la Renta Básica y el cambio climático. Es un reto que hemos de poner en marcha.

Dixit.

La plastificación del planeta, el clima-X y el arte

¿Te imaginas, amable lector, que te ponen una bolsa de plástico tapándote la cabeza? No podrías respirar, te ahogarías y querrás quitársela. Lo mismo está sucediendo con nuestro planeta. Sólo que somos nosotros quienes se lo tenemos que quitar ya que se la hemos puesto de manera irresponsable. Creímos que no pasaba nada, pero ya sus residuos, sólo de plásticos forman una isla enorme que vaga por el océano Índico y otras masas de residuos vagan en otros lares, destruyendo la flora y fauna de humedales y de zonas biológicamente sensibles.

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Sara Potxemutxka en acción performance.

Las microfibras de plástico contaminan el 83% de las aguas que bebemos a diario, lo cual afecta a la agricultura y a la salud humana pues se ha empezado a detectar su presencia en sangre, lo que es causa de múltiples enfermedades. Afecta mortalmente a muchos animales que se ahogan con bolsas y tiras de telas. Presagian la desaparición de especies que ven invadido su hábitat por los desperdicios. El plástico tarda en degradarse demasiado tiempo y nunca del todo.

Unido al cambio climático es una amenaza grave, sobre la que se ha comenzado a reaccionar, tras años de denuncias por parte de colectivos ecologistas y de numerosos científicos. Por fin se socializa la preocupación, que ha de servir para pasar a la acción. Sin embargo ésta se hace con tibieza, si querer molestar a las industrias contaminantes, sin querer ir a las causas.

Sin embargo hay una movilización importante que grita y clama en todos los rincones para tomar medidas urgentes, ante la emergencia climática, cuyas consecuencias se empiezan a sufrir gravemente y con unos costes cada vez mayores. No únicamente bastan declaraciones, intenciones, sino atender a aquello que lo ocasiona, tema que dejo para dentro de unos días: “ECOnomía – ECOlogía”.

Me preocupa que quienes dominan los resortes de la economía y de la política a nivel mundial, ya no necesitan una guerra para esquilmar la población mundial, pues entienden silenciosamente que hay demasiados habitantes en el planeta (la función oculta de muchas contiendas a lo largo de la Historia.) Buscan un equilibrio cruel, pues una parte de los habitantes del planeta se ven amenazados por las enfermedades, el hambre, las deportaciones, guerras locales, lo cual se convierte en una carga para la economía mundial. Lo que llaman el “lastre poblacional”.

El problema de las catástrofes es que son incontrolables. Sus efectos amenazan a buena parte de la población. La ONU ha calculado que los desplazamientos por causas de inhabitabilidad en determinadas zonas afectadas por huracanes, maremotos, sequías y demás ecatombes será en los próximos cinco años de 480 millones de habitantes. Esto ocasiona una presión demográfica que va a afectar a la convivencia global. Se pueden frenar a miles de personas que buscan un lugar para vivir, ¿pero a millones? Otros tantos o más morirán como consecuencias directa de los destrozos, sin que aparentemente haya nadie responsable, sino “la naturaleza”.

Por ello hemos de reaccionar, de manera urgente, sin perder de vista lo importante. Exigir medidas económicas que lo permitan y reconvertir los beneficios privados, que gratifican al 4% de la población mundial, en beneficios públicos y globales que faciliten la supervivencia de cada una de las personas de todo el mundo. El 1% de los más ricos acumula el 82% de la riqueza mundial (Oxfam) En estos momento sólo el 53% de los habitantes del planeta puede asegurar su existencia mediante el empleo. Lo que cada vez será menos ante la automatización del trabajo. Es preciso un cambio hacia la conciencia global es un nuevo paradigma que ha de afectar a la economía, al ecosistema, a la política, la educación, la sanidad, la cultura y demás.

Hace unos días asistí a una exposición en la sala White LA3 de Madrid. La estaban desmontando, lo que me permitió hablar con algunos artistas y aún llegué a tiempo de ver algunas obras y los carteles explicativos de todas las demás. El título de la exposición, en la que participaron diversos artistas plásticos fue “CONSCIENTE”. Muy jóvenes los autores, coincidieron en una visión crítica de lo que está sucediendo a nivel global y en su propio entorno. Hacen visible lo que fue el mensaje de los ecologistas años atrás: “Pensar globalmente, actuar localmente”. Con esta visión en cada lugar se han organizado manifestaciones, performances, asambleas, debates, protestas. Algo imparable que ha de sacudir la inercia de los políticos y la codicia que ciega a muchos empresarios y ejecutivos de multinacionales.

Se ha construido una maquinaria económica y social que parece imparable, lo que va a exigir un gran esfuerza de conciencia. Pero esta labor cada vez se extiende más, a más generaciones, a más sectores de la población, a más localidades. Los efectos los padecemos a diario. Vemos imágenes de la destrucción que significa dejar que las cosas pasen, o el ¡qué se va a hacer!, cuando se pueden emprender muchas pequeñas cosas, pero de nada vale hacer que se hace, propagandear de lo que se quiere reconstruir si no se actúa preventivamente, lo cual afecta a la economía.

En la exposición a la que me refiero me llevé una sorpresa ante el compromiso de artistas jóvenes. Para muestra un botón:

La obra de Álvaro Borobio, LEVITA, está realizada con el plástico que el autor consumió en un año, busca el efecto sangrante del interior de la lona, un conjunto de plásticos que se petrifican, de más de 70 clases, según el alimento consumido. Esta masa de polímeros que dan lugar a los materiales sintéticos han creado una isla más grande que el territorio de Francia en el océano Índico. Visualiza lo peligroso y feo que es y se lo devuelve al espectador, en forma de conciencia, de impacto visual.

Otra obra que me llamó la atención (no recuerdo el autor) fue unas barras de pan sobre las que se clava un tenedor y sobre el mismo se coloca una cuchara en equilibrio. Pueden estar pegadas, pero el espectador que lo quiera comprobar verá que se cae, luego lo tendrá que poner en su sitio. Representa el equilibrio de los ecosistemas, que se ha tardado años en crear. La mano del hombre los destruye en un momento y luego es muy difícil de recuperar.

Muchas obras salen a la calle, como hace Felipe Zapico sacando una serie de fotos de la naturaleza a los espacios públicos, para que lo sean de conciencia y estéticos. También grupos que quieren hacer visible la destrucción e invasión de plásticos mediante performances para visualizar la necesidad de conciencia y acción. Poner en marcha la conciencia, la sensibilidad como valores preponderantes. El valor de la belleza y el sentimiento en las sociedades.

Y otra obra de la muestra que hace visible, palpable, el hecho de que no sólo nos invade el plástico exteriormente, sino a través de los mensajes cortos, de las pantallas, de las comunicaciones masivas diluidas la inmediatez, que reduce la capacidad de pensar con ofertas de juegos virtuales, de tanteo de palabras en redes sociales que aíslan a las personas para que no se unan en proyectos comunes, sino que se encuentren “masivamente” esporádicamente se hagan un selfie y poco más, para que el pueblo unido no pueda ser… sino hacer de este concepto una sombra en la nube enredada por algoritmos impersonales que marcan las pautas de sus emociones, estados de ánimos y relaciones humanas. La adoración a esta nueva virtualidad que hacemos real sobre un vacío existencial la plasman en su obra “DEL ÁNIMA”, Ángel Cobo Alonso y Reyes Liébana Blanco, de la plataforma Encrudo: “La pérdida del humanismo frente a la tecnología es ya un hecho irrefutable, mas poco a cambiado el simbolismo de arrodillarnos ante la imagen / imaginario, cuya conexión y parecido con la realidad es cuestionable. ¿Qué sucede entonces ciando la subordinación digital se convierte en experiencia? Una propuesta para “purgarnos” de la tecnología a través de la misma desvinculándonos de una tradición religiosa como tal. Uniendo la poesía con artes visuales, para acabar rendidos a los vicios digitales”.

“DEL ÁNIMA”, de Ángel Cobo Alonso y Reyes Liébana Blanco. Un reclinatorio ante tres pantallas en las que se escucha un poema.

Cada cual puede crear sus espacios, sus iniciativas, es lo importante. En las calles, en las aulas, en grupos, sin que todo se encienda y se apague al hacerlo en el ordenador o la televisión. Estos artistas y muchos otros siembran la esperanza. Abren caminos de libertad y de convivencia, pero sobre todo crean horizontes de una nueva realidad que se llama futuro. Es ese “viento del pueblo” que clamó Miguel Hernández, capaz de contrarrestar los tizones y tormentas de una naturaleza envenenada por algunos seres humanos que no saben que como canta el poeta argelino Pierre Rabhi al proponer la insurrección de las conciencias: “Matad al último pájaro, / talad el último árbol, / destruid el último río / y veréis que el dinero no se puede comer”.

El dedo del arte

No soy un experto en pintura, ni en arte, ni en nada, pero opino de lo que observo como espectador de obras pictóricas o como lector de libros. No sé por qué me fijé en las extremidades superiores que aparecen en los personajes pintados de los cuadros. Me di cuenta de que muchas manos aparecen con el dedo meñique separado del resto de los dedos. Pero sobre todo, de manera casi generalizada vi que muchas manos, casi todas, tienen el dedo índice señalando algo. El dedo que sale del puño en una obra que se realiza a conciencia es difícil pensar en la casualidad. Aquello que indica la dirección del dedo queda fuera de lo pintado. Lo cual parece querer comunicar algo al observador.

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“Miradas afines”, propaganda en los museos

Hace unos días paseé, con curiosidad, por el museo del Prado de Madrid. Hace poco se presentó una exposición en el museo de León con un cuadro y fotos de dicho lugar y supe que se llama de esta manera porque cuando se hizo estuvo en un lugar rodeado de prados, a las afueras de la ciudad, lo que hoy es una zona central de la megapolis.

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Conciencia de existencia

Hace unos días, en un debate sobre la necesidad de los movimientos sociales, salió a relucir lo de la “conciencia de clase” como elemento esencial para activar desde la calle una respuesta a la situación actual de pobreza, precariedad, explotación y desamparo.

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“El largo viaje tras un sueño”

Foto de la marcha

Es el título de un libro que escriben Miguel Ángel Fernández y Ramiro Pinto. Participan con textos Manuel Cañada (prólogo); Carmen Martín (autora, además, de las fotos; Raquel Mlích y Teo Lozano (epílogo) Trata de la marcha que se realizó del 10 al 24 de marzo de 2018 contra el paro y la precariedad, por la Renta Básica.

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Pedagogías

Foto cuadro

Ya no se hacen debates sobre modelos pedagógicos en las controversias políticas. Se lanzan propuestas aisladas, cambios cosméticos, sin atender a los criterios pedagógicos, ni reflexionar sobre lo que significa aprender para el ser humano, conformando así un modelo de enseñanza para adiestrar a los individuos de cara a cumplir una función y quien no encaje se le catalogará de “fracaso escolar”. Las estadísticas mandan.

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El taxi, la Renta Básica y las matemáticas

Operaciones matemáticas

Voy a usar un argumento matemático para hacer ver la necesidad de aplicar la Renta Básica. Fui alumno en COU del profesor Navarro en el instituto San Isidro de Madrid y en la filial del Ramiro de Maeztu, Ntrª. Sra. de Begoña, de don Gregorio, que en BUP impartió clases de Literatura, a finales de los 70. Podría contar muchas anécdotas, pero iré al grano.

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El trabajo como enfermedad

El año 1952 Erich Fromm, en su libro “La sociedad sana”, afirma que el Salario Asegurado (Renta Básica) es necesario y es posible económicamente, el problema es la mentalidad de la sociedad. Me he dado cuenta de que no lo es tanto como una forma de pensamiento, sino como una patología dominante que hace del trabajo una conducta compulsiva, que afecta al modo de pensar y demás actitudes ante la vida.

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La trampa del empleo

La sociedad se encuentra en un callejón sin salida, y no paramos de darnos cabezazos contra el muro. Insistimos en políticas de empleo que nos han llevado a la ruina. Son la causa de la crisis actual, de la que no es posible salir si no somos capaces de abandonar este modelo. O sea es necesario dinamitar el muro del empleo, sobre todo el de nuestro pensamiento.

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