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El Estado europeo

Los Estados-nacionales son realidades relativas. Surgieron ante determinadas circunstancias. Sobre su función se impregna una visión emocional (patriotismo) que ciega cualquier debate y la posibilidad de comprender que la organización social es algo que se construye. A medida que las circunstancias varían es necesario transformar los modelos políticos.  Ya Inamnuel Kant plantea en su libro “LA PAZ PERPETUA” la creación de un Derecho Universal aplicado por organismos multinacionales.

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Las propuestas nacionalistas  generan conflictos que históricamente han desembocado en guerras y, finalmente, en modelos totalitarios. España es un buen ejemplo de ello. En la actualidad surgen enfrentamientos verbales entre comunidades autónomas y dentro de cada partido en relación a este tema. Hasta nuestros días el criterio de la fuerza ha garantizado la integridad territorial (art. 8.1 de la CE). Sin embargo en una democracia asentada quien deberá decidir, finalmente, sobre la organización territorial es la ciudadanía.

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Durante los años de la transición escuché a D. Fernando Suárez de Tangil, ministro en los años cincuenta, que si las autonomías adquirían competencias  en materia educativa, sanitaria, de fomento y otras, y  a su vez la defensa, la política exterior y monetaria corresponden a Europa ¿qué queda para el Estado español?

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El enfrentamiento entre posturas irreconciliables se puede superar si se estudia cómo es posible construir la realidad. Este proceso, si se encauza en lo razonable, puede dar lugar a desarrollar ambas partes del conflicto mediante una nueva realidad, que incluye  ambas propuestas, las cuales dejan de ser antagónicas en la nueva realidad. Se convierten en complementarias y, a su vez, desaparecen, porque desarrollan su esencia. Este proceso se basa en lo que es  la construcción teórica de la realidad: la dialéctica.

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Cuanto mayor es la fuerza centrífuga (hacia afuera) en un movimiento circular, mayor es la fuerza centrípeta (hacia adentro) para lograr el equilibrio. Nuestro mundo se globaliza cada vez más, desde un punto de vista material: tecnologías, Internet, transportes, etc. A la vez surge con más fuerza la lucha por la identidad local, la cultura autóctona y referencias simbólicas de lo más inmediato. Lo cual es una manera de mantener el equilibrio social.

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Sin embargo se presenta como una tensión de contrarios que no se resuelve, pues su solución exige plantear una nueva realidad que permita el desarrollo de ambos aspectos, el global y lo cercano.  Esta nueva realidad es la construcción del Estado europeo. También como realidad relativa y transitoria según evolucione la Historia. Se pretende aprobar una Constitución Europea, pero no se dice qué constituye.

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¿Adónde nos lleva el Tratado de Lisboa?  ¿Un marco de relaciones que ya existe?  Quizá sea para un futuro no muy lejano el germen del Estado europeo, pero es preciso enfocar los problemas en este sentido y no dar la espalda a dicho proceso, o ignorarlo, pues supone envenenar la política.

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Cuando la península ibérica estuvo dividida en feudos los mercados fueron los azogues. A medida que los caminos y transportes fueron mejorando se crearon las ferias a las que acuden durante los días francos poblaciones cercanas. La feria más antigua fue de Sahagún (1093) Con el paso del tiempo se fueron articulando las Villas Feriales. Para el mejor funcionamiento del comercio fue necesario unificar leyes, criterios e impuestos. Este proceso se llevó a cabo con le lenguaje político de entonces, la violencia, matrimonios de conveniencia y el impulso religioso. El objetivo fue  unir los territorios, contra el deseo de muchos señores feudales que vieron peligrar sus privilegios. Posteriormente surgieron rebeliones como la de los Comuneros, Germanías, etc.

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Para formar una unidad nacional en forma de Estado los Reyes Católicos expulsaron de la península a los judíos, gitanos y a los musulmanes. Tres años después de la conquista de Granada se formó el ordenamiento monetario y se crea la primera letra de cambio. Si se analiza la Historia la creación de otros Estados nacionales en Europa son procesos muy similares. Se desarrollan y llegan a su auge con la sociedad industrial.

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Escribe Jeremy Rifkin: “A medida que la empresa, como unidad económica, se ha convertido en multinacional, la organización del Estado debe ser multinacional“. Antes de que estalle un conflicto, que poco a poco gotea y se derrama en la política actual,  es necesario orientar la política sobre la base de  crear el Estado europeo, para encajar las diferentes realidades nacionales desde su propia soberanía. Supone una adaptación, posible y necesaria,  a la nueva realidad, ya que es el resultado de su misma evolución.

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Las nacionalidades históricas son aquellas que tienen una lengua y un territorio definido a lo largo de su historia. Podrán ser independientes si así lo deciden sus ciudadanos. No por criterios metafísicos de historia u otros. Una realidad más amplia, el Estado europeo, permitirá superar e integrar el plan Ibarretxe y el estatuto de Catalunya., junto a España como nación, mediante acuerdos.  La independencia de las naciones  que no han podido desarrollarse como estados soberanos,  permite la creación del Estado Europeo y viceversa.  Se da pie a una nueva reorganización territorial sin necesidad de guerras. Evidentemente seguirán habiendo conflictos, interpretaciones diferentes sobre la territorialidad, pero dentro de un cauce político más extenso, que evitará que se destruya la convivencia.

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Felipe González escribió siendo ex presidente del gobierno: “El Estado-nación es un concepto en crisis. Están desapareciendo los ejércitos (nacionales), las aduanas, las monedas (nacionales) pero todavía no hay autoridades (políticas) supranacionales“. Ya no funciona la realidad en el ámbito nacional, tampoco el Estado-nación. Se trata de crear una estructura más amplia y consistente, pues nuestra realidad histórica ha crecido. El Estado europeo no es más bonito, más verdadero, ni más bueno, sino que funcionará mejor. De ello depende nuestro futuro de paz y democracia ¡Viva Europa!.

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