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Razonamientos sobre la cuestión de Euskadi

22 octubre, 2004

El empobrecimiento del debate político nos lleva a los ciudadanos, peligrosamente, a un callejón sin salida. La falta de discurso político provoca un estado emocional que impide razonar sensatamente. Las falacias repetidas y transformadas en noticia se hacen convincentes.  Sólo con razonar sobre  sus contenidos es posible desenmascararlas.

 

1.- Se dice que la propuesta del lendakari sobre un Estado libre de Euskadi asociado a España es una coincidencia con los objetivos de ETA. Aún cuando el objetivo del PNV  sea la independencia ¿tiene que ver con ETA?. Para nada. El PNV ha condenado y criticado, clara y contundentemente, la violencia. Según tal argumento se puede decir, de igual manera, que PP y PSOE  coinciden con ETA, porque  defienden los mismos intereses, en tanto y cuanto que estas tres organizaciones defienden la existencia del Estado. En un caso en el marco geográfico de España y en otro el de Euskadi.


2.-  PP y PSOE aseguran que el plan Ibarretxe divide y fractura a la sociedad vasca. Y que por lo tanto hay que rechazarlo. Pero este planteamiento lleva implícito otro que se oculta y nada se dice al respecto: la ausencia de esta plan también divide y fractura a la misma sociedad. Entonces también la Constitución, aplicada para impedir la independencia de Euskadi, divide y enfrenta a la sociedad vasca. Luego hay que rechazar y condenar a la Constitución  española de 1978. De igual modo insisten en que este plan es la imposición de una parte de la sociedad a otra. Luego no hacerlo es lo mismo, pero al revés.


3.- Algunos empresarios dicen que la independencia de Euskadi supondrá la ruina del país vasco y un incremento del desempleo sin precedente. Si fuera cierto alguien se beneficiará y por propio interés defendería la independencia desde fuera de Euskadi, pues a lo mejor  de esta manera se desarrollan Teruel, Soria o la Cabrera.  Pero la economía ya no funciona  en las coordenadas de los estados nacionales.

 

El Informe de la Organización Internacional del Trabajo, OIT, en su declaración anual sobre el trabajo en el mundo, sobre los años 1997 y 1998, concluye: “Con la mundialización de la economía y el progreso de la tecnología, el margen de las maniobras de los Estados ha menguado sensiblemente”. Y cada vez más.


Se olvidan las cuestiones históricas, sociales y políticas implícitas en la propuesta de soberanía. Toda la cuestión se quiere centrar en un aspecto: la violencia. Sin ver que el nacimiento de todo Estado nacional ha supuesto el ejercicio de una brutal, atroz y cruel violencia. Lo cual no la justifica. En una sociedad democrática y en un Estado de Derecho la violencia debe separarse de las ideas.

 

Los fanáticos unen ambas en su lucha armada y se retroalimenta ésta con la intervención totalitaria que identifica ambos fenómenos. ¿La violencia contra la mujer (también terrorista) nos hará prohibir los divorcios? Es absurdo. Pues es lo mismo que se plantea en el tema nacionalista. El crimen y la amenaza es lo que debe impedir un Estado democrático, nada más.


El Estado es una construcción histórica, ni más ni menos. No puede convertirse en un ídolo. Escribe el liberal Ludwing von Mises en 1927, contrario a los criterios nacionalistas per se y cuyos fundamentos económicos son los que hoy se están desarrollando: “El derecho a la autodeterminación, con respecto al problema de pertenencia a determinado Estado, para el liberal supone que todo territorio  en honesto plebiscito se pronuncien  por separarse de aquel Estado del que, a sazón, forma parte, bien sea para crear  una entidad independiente o para unirse a otra nación, pueda hacerlo libremente. He aquí la única vía que efectivamente evita revoluciones, pugnas intestinas y guerras”. Este es el sentido esencial de lo que Habermans denominó como “patriotismo constitucional“.

 

La falta de razonamiento nos puede llevar a la intervención del ejército español en Euskadi, para defender el ordenamiento constitucional, como indica la Constitución. Pero ésta, a su vez y de ahí su grandeza y carácter constitucional,  lleva implícita su propia reforma, pues de otra manera serían unos principios inamovibles y eternos, no una constitución (título X de la CE, excepto en caso de guerra o estado de sitio o alarma) Esta misma Constitución deroga todo aquello que definió a España como una unidad de destino en lo universal.


El eje del debate más profundo sobre la cuestión de Euskadi dilucida entre dos posturas:     a) “primero acabemos con la violencia y luego abordemos el debate sobre la soberanía o la autodeterminación”. b) “primero comencemos a debatir la independencia para acabar con la expansión de la violencia”. Me recuerda a una lección inolvidable de un profesor de filosofía, señor Mañero, que tuve en el instituto san Isidro. Preguntó a la clase, ¿qué es primero el huevo o la gallina?. Unos compañero defendían una tesis y otros la contraria.  Todos teníamos argumentos, para una respuesta u otra, y por defender nuestra postura estuvimos a punto de pelearnos ambos bandos. El señor Mañero nos mandó callar. “La respuesta se encuentra razonando, no con el enfrentamiento”, nos dijo.  Y continuó: “Los dos son a la vez, porque Dios ha creado al huevo y a la gallina”. Nos dio unas nociones sobre escolástica que nos dejó perplejos a todos. Podemos sacar una lección, y es que en una tesitura tal la respuesta está en una realidad externa y diferente. Pero para resolver un problema racionalmente no podemos acudir a Dios. Al decir esto, aquel entrañable profesor, me llamó “ateo” y yo me callé. Pero con el tiempo descubrí que la dialéctica, como desarrollo de la lógica y método para la percepción de los cambios de la realidad, nos da una respuesta similar, que sí es razonadora y nos lleva a una realidad externa y diferente, que no inventa, sino que se percata de ella.  Una especie distinta deja de existir y evoluciona a otra (Darwin) originando a la vez el huevo y la gallina. En el asunto vasco hay dos planteamientos antagónicos. Que no tienen solución por sí mismos. Hay que reconocer que el Estado español es más fuerte, con una ejército bien armado que puede impedir, en último término, la segregación de Euskadi. Y que una parte del pueblo vasco se rebela y no va a dejar de ejercer la violencia. Pero surge hoy una nueva realidad: la construcción del Estado europeo. Que nadie se atreve a ver. Es en este terreno en el que se puede plantear una remodelación de las estructuras nacionales. Esto es lo que está en ciernes, y es donde cabe la independencia de los territorios con una historia y lengua común, las nacionalidades históricas.


Llegar al Estado europeo no será más que la consecución de un proceso lógico, como resultado de la evolución en la Historia de la Humanidad. A su vez, al llevarse a cabo de común acuerdo, será una evolución de la misma Historia. Junto con la superación de la violencia y el establecimiento de la Renta Básica nos situamos a las puertas de la mayor revolución que jamás haya habido. Y casi sin darnos cuenta. Es cuestión de razonar y poner los pies en la tierra: “un pequeño paso para el hombre y un gran salto para la Humanidad”.

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