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Revolución en Internet

Internet está modulando un nuevo tipo de pensamiento, tanto individual como colectivo, sin que hagamos una reflexión profunda al respecto. Afecta a la cultura, al arte, a la política, la economía, la comunicación y a las personas mismas.

Como dijo José Saramagoel bombardeo informático y de la televisión nos ha rodeado de un ruido de fondo que nos impide pensar, dialogar y que las personas se encuentren frente a frente” (1997).

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El problema es que no podemos dejarlo porque ya forma parte de la realidad, de nuestra realidad, lo usemos o no. Podemos aislarnos del mundo y cerrar el ordenador. Pero caeríamos en el aislamiento, tantoen el  intelectual comoen el  de la comunicación de la palabra. ¿Reducir nuestra existencia a lo que nos rodea?. Sería una opción. Pero desde luego incompleta. El mundo está ahí queramos o no y somos parte de él.

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No es Internet en sí mismo lo que influye en el pensamiento, sino un modelo social en el que surge  y toda su historia. La red de comunicación global potencia más esa forma de ser y la actuación del Poder, a la vez que su camuflaje. Quizá Internet ha llevado a su extremo máximo el actual modelo de control  y nos arrastra de manera que no podemos verlo. ¿Basta con no  dejarnos llevar?. El problema es mucho más hondo.

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Para luchar contra el aire contaminado ¿podemos dejar de respirar?. Internet no es una necesidad directa, hemos vivido miles de años sin él, pero una vez se ha instalado, como progreso tecnológico impresionante, se ha convertido en una necesidad que sustituye otras facetas que se han dejado de usar por simple funcionalidad.  Pero esta función ha instalado en la sociedad una determinada visión del mundo, que cambia cada vez con más rapidez. Lo que ha sucedido escalonadamente desde el uso del coche, luego del avión, el teléfono, etcétera, todo ha cambiado y nos ha transformado en lo personal e individual.

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El cambio nos ha venido dado y una vez que se inserta en lo real forma parte de la realidad, pero la transformación humana que implica hemos de decidirla conscientemente y no dejarnos llevar generalmente al terreno de la infelicidad por más caretas y excusas que la pongamos.

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Por ejemplo ya apenas se escriben cartas y mucho menos escritas a mano. Y no es lo mismo escribir a mano que hacerlo a máquina, y no es lo mismo hacerlo en un correo electrónico. No sólo en la forma, sino que cambia el contenido. Y no nos hemos dado cuenta y quien no ha experimentado lo anterior no ve su valor diferente, no ve que hay niveles de comunicación distintos.

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Pero es que además Internet impone por funcionalidad, por comodidad o por ser más efectivo que se escriban textos breves, que quepan en la pantalla. Y no más, o poco más. ¿Podría hoy escribirse algo similar al Quijote de Cervantes o el de Avellaneda, a Ulises de Joyce, o los hermanos Karamazov de Dostoyevski, o Amadís de Gaula de Garci Rodríguez de Montalvo u otras obras de la literatura universal?. Y cada vez se leen todas éstas mucho menos. Aunque se hablen de ellas cada vez más en internet, pero muy alejadas de sus contenidos reales la mayoría de las veces. Porque el mundo del que surgen desaparece, pero no desde el punto de vista histórico o social, sino del pensamiento. Y no nos estamos dando cuenta.

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Por eso la revolución de Internet debe ir acompañada de la revolución en Internet. La primera es la de la velocidad, la inmediatez de la comunicació, el acceso a todo tipo de información de manera rapidísima. La segunda tiene que ser la del pensamiento y la lentitud, lentitud en el sentido de sosiego, de conciencia, de reflexión a lo que alude Fernando Pessoa en su “Libro del desasosiego”, en el que dice: “lo que vemos no es lo que vemos sino lo que somos” , “escribo arrullándome” o “el frío de lo que no sentiré muerde al corazón actual”. ¡Y todavía no existía Internet!. Por eso no es Internet la causa sino el mundo en el que surge y en el que funciona. Lo que hace es agrandar más todo y al mismo tiempo ocultarlo más.

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Hay un fenómeno perverso en los análisis sociológicos que hacen de la teoría un espejismo, algo  que vemos y que nos lo creemos, pero no es real. Por ejemplo las nuevas tecnologías, la automatización de muchas labores con nuevos instrumentos, Internet mismo, nos iba a ahorrar mucho tiempo y sin embargo cada vez vivimos más acelerados. Se incrementan nuestras tareas cotidianas en el uso de esos mismos instrumentos que nos iban a permitir disfrutar más de la vida y cada vez tenemos menos tiempo y más prisas. Buscamos en Internet un dato que sin esta red mundial de la comunicación  tardaríamos varios días, tendríamos que ir a una biblioteca lejana del mundo. Pues cuando en lugar de tardar un minuto en bajar la información  tarda tres nos ponemos de los nervios, nos enfurecemos y queremos un buscador más potente, un ordenador más rápido.

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Se trata de empezar a reflexionar y a comunicar sosegadamente desde el pensamiento, no reflexionar sobre la marcha, con la ansiedad de las prisas. Internet cada vez extiende los mensajes más y más, pero cuanto más simples sena mejor, porque en la nueva comunicación es así, los mensajes impactantes, sin más triunfan en la Red. Algo similar ha sucedido ya antes, con los nuevos protagonistas de las cadenas de televisión.

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Antes la persona que tenía un valor en el tema que fuera salía en la televisión y entonces era conocido por el gran público, adquiría fama. Ahora eso se ha invertido y quien sale en televisión es importante, adquiere fama y valor pero sin contenido, vacío completamente. Lo cual mueve mucho dinero y ocupa mucho tiempo mediático. Algo parecido a nivel de comunicación está pasando en Internet y hay que tenerlo en cuenta, y reaccionar.

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Con Internet sucede la comunicación a un nivel muy superficial , porque aunque sea algo muy profundo lo que aparezca en la Red, incluso siendo lo mismo que aparece escrito en un libro,  su lectura es más superficial, menos reflexiva y se convierte en tomar nota de lo que hemos leído, ver lo que nos puede servir y no disfrutar de lo que estamos leyendo o captar lo que nos quiere comunicar el autor y pensar sobre ello. Si es demasiado largo es un rollo y entonces escribir se reduce cada vez más a un estímulo a la espera de una respuesta. Incluso en la literatura se está contagiando este fenómeno, porque se buscan novelas que capten la atención del público y que estimulen una respuesta comercial.

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A esta situación nos tenemos que rebelar. Se trata de una rebelión silenciosa, individual, necesaria, socialmente también. Empezar a saborear el tiempo y no dejar que los ritmos productivos, de consumo invadan nuestra vida cotidiana y nuestro ser. Para ello hay que ser conscientes de este problema que nos corroe.

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Acelerar el ritmo de la información provoca una saturación en nuestro interés, ya que tanta cantidad estrecha el espacio de pensamiento, por decirlo de alguna manera. La percepción humana tiene un límite y pasar de éste hace inútil tantos datos, tanta posibilidad de saber, sin embargo nos da la sensación de estar más informados que nunca, cuando la verdadera información de los hechos actuales nos la dan los libros de historia. Pero esta faceta de conocer se la dejamos a los especialistas. Y éstos a su vez dejan otras cosas para otros especialistas y así nos vamos reduciendo al hombre unidimesional del que habló Herbert Marcuse, autor que también escribió cuando no existió Internet, por lo que es un proceso que se inició con los horarios, con la falta de tiempo cada vz con más intensidad, pero hoy todo ese nuevo ritmo se acelera todavía más.

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¿Cómo afecta a nuestra psicología? Es otra cosa que no nos hemos parado a pensar detenidamente. Interactuamos en función a las nuevas tecnologías, ante la “necesidad” de incorporarnos a ellas. Por ejemplo el paso del tiempo es muy diferente ante la pantalla de un ordenador que dando un paseo, leyendo un libro o hablando con un amigo.

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El problema es que una función humana en su evolución es la capacidad de adaptarnos. Adaptarnos al medio natural nos permitió sobrevivir como especie. Luego a través de la inteligencia hemos ido creando nuevas realidades adaptando la naturaleza y muchas situaciones sociales a nuestra conveniencia, pero siempre con el factor de adaptación funcionando, de manera que hemos respondido a situaciones de inclemencias naturales y de  poder adaptándonos a lo que nos viene dado, convirtiéndose desde el punto de vista social en una manera de dominación.

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A través de las civilizaciones nos hemos adaptado a creencias religiosas, a la sociedad industrial, a situaciones de guerra, siempre hay mecanismos que nos permiten encajar nuestro ser con la nueva realidad que se construye o se nos impone. Por eso es tan difícil reaccionar ante la necesidad de cambios cuando estamos adaptados a un modelo destructivo, como sucede hoy con el cambio climático y la desaparición de espacios naturales. Exige un cambio de modelo, pero hace falta un engranaje que permita una nueva adaptación, lo que lleva una nueva mentalidad, pero ésta requiere de un inicio que es la reacción al modelo antiguo. Con Internet el viejo modelo antes que desaparecer adquiere fuerza y el nuevo no adquiere el impulso necesario. Además Internet viste de nuevo lo viejo.  En tal proceso hay mucha gente que queda a medio camino y acaba en la locura, el suicidio, en la inadaptación que lleva a múltiples fenómenos como la droga, el alcoholismo o el fanatismo. Y es que el mecanismo de adaptación y de rebelión es la mentalidad.

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Hoy ya no son las armas, ni los medios de producción, ni la fe, lo que va a provocar un cambio, sino una nueva manera de pensar, pues el gran cambiio que se avecina nos lleva de la sociedad tecnológica a la sociedad del arte. No darnos cuenta de esto hace que se retrase, que se provoquen desajustes en la manera de afrontar el futuro. Sobre todo esto se ve de manera palpable en política y en la economía.

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La evolución ya no es sólo una cuestión física, como especie, sino emocional y de conciencia. Por ejemplo muchas situaciones de malos tratos y de agresión a la pareja vienen de ese cambio en las relaciones humanas y sexuales, a la que una parte de la población no se ha adaptado y se actúa contra ellos como si fueran criminales sin buscar comprender lo que les pasa y buscar otras formas de actuación más eficaces.

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Decía Ortega y Gasset que había que ir con la Lógica de Hegel en una mano y en la otra con las rimas de Bécquer. Hoy hay que poner una mano en el ordenador y otra en el lápiz y papel, porque no se sustituyen. Yo este artículo lo estoy escribiendo a mano, no en el ordenador. Lego lo pasaré (lo paso). Y escribo lo que quiero escribir, no estoy pendiente de que es demasiado o no. Y probablemente para leerlo despacio y en tramos de tiempo hay que imprimirlo. ¡Uf que rollo, entonces pasamos a otra cosa y a otra… pero cualquiera cojámosla despacio, atentamente, no tiene porque ser este artículo.

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Voy a poner otro ejemplo para partir de la realidad concreta. ¿Son necesarios realmente los ordenadores en las aulas? Y ¿qué cada niña y niño tengan su ordenador? . Esto se podría discutir y debatir, pero hay una realidad cierta, ninguna asociación de madres y padres o de profesores o de estudiantes lo ha pedido. Sí otras cosas como más apoyos, más profesores, para suplir las bajas con efectividad, apoyos dentro del aula, libros gratuitos, pero sin embargo el ordenador se da gratis. Nadie lo ha pedido. Quizá un convenio del gobierno con varias empresas de ordenadores y de informática para mantener empleo es el motor de esta decisión. Pero primero hay que enseñar a pensar, a tener una base de conocimiento que fortalezca el cerebro, la capacidad de trabajo, no resolver las cosas apretando una tecla, porque no lo soluciona y si lo hace es aparentemente. Porque los conocimientos tienen su trayectoria y se acompañan de madurar la personalidad, todo lo cual se interrelaciona con los sentimientos y emociones.

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Internet puede añadir elementos con los que conocer y comunicarse, pero no sustituir otros elementos necesarios. Y se sustituyen, sin que nadie lo mande, sino por la funcionalidad, por la comodidad y esto nos ha tendido una trampa a la que hay que reaccionar y salir de ella, lo cual sólo es posible desde el pensamiento, el pensamiento crítico, el que tiene en cuenta múltiples variables para elegir y no dejarse llevar por la inercia, también de pensar. Porque cada vez la respuesta a un estímulo informativo o de comunicación es una respuesta automática, que ante la rapidez, la inmediatez, responde sin más reflexión, lo cual estructura nuestro pensamiento y nos llega a parecer normal.

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Ya ha sucedido esta deformación del pensamiento influyendo en las diversas facetas sociales con la prensa, la radio, la televisión y nos hemos ido adaptando, pero se han perdido muchas cosas porque han dejado de ser instrumentos para ser emisores de información o entretenimiento que nos convierten en seres pasivos. Y nos hemos dejado llevar por la reacción de descansar y no pensar viendo la tele, o escuchando la radio de sonido de fondo en lugar de hacerlo con interés, pensando en lo que se percibe. Ese sonido de fondo del que habla Saramago es lo que nos afecta y es un perjuicio al que hay que reaccionar porque anula funciones humanas que cuando no desarrollamos se acaban atrofiando.

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Recuerdo cuando durante la transición en los debates que hubo sobre múltiples temas se decía que la libertad sexual, que el divorcio y la información iba a hacer que desapareciera la prostitución, sin embargo ha aumentado su consumo y se extiende su ejercicio. Vemos que las cosas no producen los resultados que se prevén sino a veces lo contrario. Y estamos en una situación límite en la que convendría pararnos y ver a donde vamos, adónde queremos ir.

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El control de la informática sobre nuestras vidas sucede de manera general porque hasta en lo más mínimo interviene aunque no lo veamos. Por ejemplo para comprar un kilo de patatas, ese kilo ha sido catalogado por un ordenador en la compra de la distribuidora, se ha establecido su precio en el mercado global que funciona en Internet, han sido registradas junto con otros miles de kilos en la inspección sanitaria, lo cual permite un funcionamiento más rápido, más eficaz, que permite tengamos las patatas en el mercado lo antes posible y con la mayor seguridad. ¿Ha resuelto el problema del hambre?.

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Ya no podemos funcionar sin el ordenador e Internet. Vamos a una oficina y cuando preguntas algo que no entra en el esquema de lo que ofrecen como servicio te dicen “no me permite hacerlo el ordenador”. ¿Y usted no lo puede hacer?: No, fuera de lo que marca el programa no se puede funcionar. Acabamos dependiendo del ordenador, lo cual afecta a nuestra conducta y pensamiento, algo que se debería tener en cuenta en el sistema educativo y en nuestra reflexión.

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En su obra “En busca del tiempo perdido” Marcel Proust dice “los fines prácticos que llamamos falsamente la vida…. esa vida cuyas apariencias que se observen requieren ser traducidas y muchas veces leídas al revés…”. En otro párrafo cuenta como un libro no es sólo lo que tiene palabras, sino que es la manera de abrir el lomo, la textura del papel, lo que lleva a determinados recuerdos, que sin esas sensaciones lo escrito sería otra cosa. Proust narra un mundo que se pierde, con sus defectos, pero arrastra a cosas que hoy son difíciles de entender, porque nos hemos adaptado a lo nuevo de entonces. Escrita su novela a comienzos del siglo se empezó a implantar el teléfono. Cuenta como la abuela del protagonista no lo quiere usar para llamar al médico, sino que pide que vayan a buscarlo, que le trasmitan el mensaje mirándole a los ojos. Cierto que ella se había adaptado a esa manera y cuesta hacer un cambio, pero con tanto instrumento se ha deshumanizado el mundo, porque ya se usa para todo, nadie va a contar algo a una vecina, a un familiar si lo puede hacer por teléfono.

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En la misma novela que la que hemos aludido Proust habla del arte de la conversación y sobre cómo por la creciente complejidad de la vida, poco después de finalizar la I Guerra Mundial, apenas se deja espacio para leer. Por un sentido práctico se pierde el sentido humano de la comunicación, de ir y acercarse a quien quieres hablar. Todos esos cambios de la tecnología no los hemos tenido en cuenta.

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Internet es un gran avance técnico, pero es un medio y no un fin,que es  como se está propagando y usando cada vez más, pensando su extensión más en el negocio informático que en lo que puede suponer a nivel humano.  No me refiero a los casos extremos de dependencia, de aislamiento de quien se engancha a la red, sino en las actividades más cotidianas que provocan un cambio del que no nos damos cuenta, que no vemos y de lo que no somos conscientes.

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Hay un trabajo muy interesante de Jesús Alonso Burgos, “La familia del Dr. Frankenstein”, en el que analiza la nueva evolución social a partir del desarrollo de la inteligencia artificial y la robótica. Analiza cómo se está en un proceso de suplantación del sujeto, explica que ninguna dominación puede ejercerse sin una legitimación que la fundamente, de manera que a medida que avanzan las ciencias de la información y la robótica más corren los teóricos de la manipulación del lenguaje. Recoge este autor  lo que cuanta Heinz Pagels en cuanto que el modelo computacional se convierte en la realidad misma. Tenemos que darnos cuenta de este proceso, para intervenir desde nuestro pensamiento y no dejarnos llevar, porque lo que está en juego es nuestra realidad, la nuestra o la que nos impongan, sin poder decidir  al respecto.

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La revolución en Internet exige que no perdamos aspectos humanos que nos enriquecen humanamente y hacer de esta red de información una herramienta accesoria, que nos permite divulgar más algo, por esta razón lo pongo en Internet, porque es posible lograr información o contactos que de otra manera no sería posible, pero no puede sustituir labores que requieren dedicar tiempo, pensar, o de lo contrario nuestra conducta y reflexión serán cada vez más automáticas, más controladas y más dirigidas, creyendo que somos más libres.

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  1. 21 julio, 2010 en 8:43

    Ramiro, creo que te entiendo …y estoy de acuerdo contigo compañero.

  2. 17 julio, 2010 en 12:13

    La cuestión no es criticar la técnica por sí misma, pues en ese sentido tienes razón. Pero no se trata de ello, pues sería absurdo ya que lo hago precisamente inmerso en ella. No se puede reducir una crítica a un mero aspecto y, además, sobre algo que poco tiene que ver con el análisis que se aborda, que son sus consecuencias y su instrumentalización.

    El problema no es internet, sino como afecta, por ejemplo a la vivencia del tiempo. A que se convierte en un modelo único, sin reflexión. Y precisamente lo que nos enseña la historia es que se asumen muchas cosas sin pensar en ellas y, lo que es peor, sin querer pensar en ellas.

    Internet nos traslada a una nueva dimensión, que puede arrastrarnos na sociedad cada vez más vacía y, paradojas del destino, menos comunicada y donde la información sea sólo aparente.

    Sobre la libertad hay tres aspectos:

    1. TENER más libertad, democracia, cuanto más participación mejor. Habría que hablar de ampliar este tener a un medio mínimo de vida, para tener libertad real, la democracia en economía versus Renta Básica, (siento volver al tema, pero es así).

    2. ESTAR libre, es decir no estar en la cárcel, o cuento más salud, más amplitud mental más se está libre.

    3. SER libre, lo cual lo da la conciencia de libertad, la capacidad de ejercerla como compromiso. Hace años escuché a un objetor que pasó años en la cárcel, el primero que hubo en España que él en la cárcel se sintió más libres que los soldados que la custodiaban, que no querían hacer la mili, pero la hacían por obligación. El objetor no tuvo libertad, no estuvo libre, pero sí fue libre.

    Internet nos hace tener más libertad, nos hace estar más libre, pero ¿ser más libre?, porque afecta a la dimensión del pensamiento. Se puede decir que cada uno puede elegir, pero quienes nacen ya inmersos en este medio será su único punto de referencia. Y es en este aspecto en que se debe relativizar internet.

    Hablas de la imprenta. Efectivamente amplió la libertad de hacer libros, abrió la capacidad de la lectura, se trasmitieron nuevas ideas, pero al final se colonizó el pensamiento. Se fue perdiendo la cultura oral, la vivencia tribal. Pero lo que existe existe, nada se puede prohibir. Se prohibieron editar biblias para la gente, pero se hizo, se extendió la crítica a quienes la usaban, aumentó la libertad. Pero al mismo tiempo se controló. Se prohibieron libros, se quemaron, pero gracias a la imprenta se abrió un pensamiento extendió un pensamiento crítico, que quedó arrinconado con la fuerza que adquirió el otro modelo del Poder. Los modelos totalitarios se acabaron imponiendo, ya no por la fuerza, sino por la mentalidad. ¿Fue culpa de la imprenta? Ni mucho menos, pero sí de la falta de reflexión sobre la nueva dimensión que construyó. Hoy pasa lo mismo con temas como la clonación, la manipulació genética, el desarrollo d ela inteligencia artificial, sucede, acvanza, pero no se piensa ni debate sobre ellos, mientras que se habla del gol de no sé quien, o de si hay que evitar el gasto público y al mismo tiempo hacer un tranvía, cosas así.

    Internet afecta a la manera de pensar y o somos consciente de este fenómeno o en el futuro nuestra libertad se verá reducida a estar frente a una pantalla. El mundo es mucho más grande que internet, no podemos prescindir de esta nueva tecnología, pero no reducir nuestra realidad a ella.

    Te pongo un ejemplo, con internet se han creado redes sociales con un potencial impresionante, pero la movilización social ha caído a mínimos históricos, casi a bajo cero. Ergo… (Un guiño)

  3. 17 julio, 2010 en 1:49

    Internet… Hay quien dijo cosas parecidas de la Imprenta, y probablemente tuviese razón. En su momento la imprenta hizo bajar la calidad de los libros, al hacer que fuese más fácil difundirlos y consumirlos. ¿Consecuencias? Pues mira: Bécquer, Proust, Saramago…

    Como bien dices, Internet es un medio, no un fin. Y por eso mismo juzgar al medio es como matar al mensajero porque trae malas noticias. Obviamente no va a resolver los problemas del mundo pero eso sí, nos da una herramienta más para que nosotros podamos resolverlos. Somos nosotros los que no los resolvemos, ni con Internet, ni con nada.

    Una cosa sí tengo clara: la tecnología nos hace más libres. Que no sepamos usar esa libertad es otro problema. Y quien critica las “nuevas tecnologías” se olvida a menudo de que cosas como la tinta, los libros o incluso el arado también fueron “nuevas tecnologías” en su momento. Y todas, seguro, despertaron recelos cuando se inventaron.

    En fin, que “Lo que aprendemos de la historia es que nunca aprendemos de la historia”, como dijo alguno de esos escritores pasados de moda que te gustan 😉

  4. 15 julio, 2010 en 3:02

    ¡Si señor! Para ser libres tenemos que madurar… para ello tenemos que dedicar tiempo y esfuerzo a pensar, a relacionarnos, a dialogar. INTERNET es una herramienta más y una fuente de peligros más. Ojalá aprendamos a utilizarla para bien. Un saludo

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