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Un impuesto europeo

Los mercados financieros transcienden los estados nacionales, si hay alguna frontera  actualmente en el mundo es monetaria. Adecuar la fiscalidad a esta realidad es una necesidad, en el caso de Europa  es muy necesario para construir una Unión Europea con solidez y solvencia política, proyectándose en la construcción del Estado europeo.

Si los grupos financieros desarrollan una estrategia internacional, cada vez más global, la estrategia fiscal debe adecuarse y ser internacional. En el Tratado para una Constitución Europea se plantea la armonización de la legislación relativa a los impuestos sobre los volúmenes de negocios (Art. III – 171).

Juan Díez Nicolás (ABC, 30 – VIII – 2010) analiza como el poder financiero controla y domina la actividad económica desde un poder global, mientras que el poder político está anclado en el estado nacional. Según este catedrático los grupos financieros tienen mucho más poder que los estados nacionales, de manera que, pienso, éstos tendrán que establecer medidas globales, porque de otra manera no podrán adecuar la economía a la nueva realidad. En el caso de Europa hace falta una fiscalidad común que permita una política económica global imprescindible ante la realidad de la globalización de los mercados, sobre todo los financieros. Por ejemplo establecer un impuesto a la especulación búrsatil y otras formas de la misma. Y también medidas monetarias como aplicar la Renta Básica dentro de la zona euro que permita la distribución de la riqueza, cuando ya no es posible hacerlo a través del emplo.

La base de una organización democrática es su régimen tributario, basado en ser justo, igualitario, proporcional y no confiscador. La nueva economía da lugar a nuevas formas de obtener beneficios, a lo cual es preciso aplicar una nueva fiscalidad, lo que nos lleva a un nuevo modelo.


La financiación europea depende de lo que aporten las naciones que componen la UE, lo cual es una deficiencia  para su desarrollo como entidad. Se ha estudiado desde los años 90 reformas sobre los recursos de la UE, pero nada se logra realmente de no instituir un modelo propio de financiación mediante un impuesto europeo, a la vez que una armonización del IVA a nivel de Europa.

 La tasa Renta Básica da un contenido y  una posibilidad de acometer este proyecto, pues se ajusta a una zona monetaria y sólo desde este contexto es posible su aplicación correcta. Lo cual daría capacidad a Europa y a otros estados afectados cumplir el art. III-415, sobre la lucha contra el fraude, en especial afrontar la supresión de Paraísos Fiscales, lo cual supone un robo a la sociedad  en su conjunto.


El crecimiento económico general de Europa debe tener su paralelismo en el grado de redistribución, impulsando ésta la eficacia con nuevas medidas como la Renta Básica. De esta manera podría establecerse una escala de competencias fiscales a nivel de comunidades autónomas,  nacionalidades y Europa ¡Oh Europa!.


Con su visión práctica y concreta de los hechos políticos y económicos, Fabián Estapé,  explica sobre España: “La auténtica transición la realizó el seiscientos, porque sin un nivel adecuado de bienestar no habría sido posible el consenso que condujo a la normalización política y a la democracia”. Hace falta una base material, económica, para cualquier proyecto. Europa lo necesita y su “seiscientos” será la Renta Básica.


En otra alusión del agudo e irónico profesor Estapé, como participó el año 1959 en el Plan de estabilización que dio lugar a la liberalización de los mercados interiores y abrió el comercio exterior, lo cual evitó el dirigismo que ahogaba la economía española de aquel entonces. El paso que vino de seguido fue el establecer una economía de mercado, lo cual permitió el desarrollo, lo cual facilitó en 1975 que se estableciera la Democracia, sobre los Pactos de la Moncloa y ésta permite la integración de España en Europa y este proceso encadenado, pienso, abre las puertas al futuro, que es una fiscalidad común y la Renta Básica a nivel europeo, como consecuencia de ese engranaje en el tiempo.


Desde la filas de grupos y asociaciones de izquierdas se critica que la Renta Básica consolida el sistema capitalista, no admiten mejoras en él,  ante la idea de que cuanto peor mejor, para endurecer las críticas y ser el capitalismo algo perverso por sí. No cabe duda de que en su seno hay una crueldad brutal, pero es algo que circula antes y con este sistema. Ahora se engrandece. Pero quienes esta crítica plantean y pretenden anular el debate sobre la Renta Básica o quieren hacer de ésta un asalto a la Bastilla, olvidando que también los salarios consolidan el sistema, los que ellos ganan.


Son necesarios, también la Renta Básica. Pero más aún, nadie ha renunciado a las pagas extraordinarias de Girón, productos del franquismo y sin embargo ponen el grito en el cielo cuando se plantea la Renta Básica como una evolución del modelo del que surge, que no es otro que el libre mercado y el capitalismo, pero la Renta Básica ofrece una carga social sin precedentes, por ser una medida altamente transformadora, por ser necesaria  para consolidar el sistema y a le vez ser un elemento de cambio desde la libertad y mediante la paz y la no violencia.

 

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