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La destrucción de la democracia

Se ha publicado recientemente el libro “La república de Weimar”, de César Roa Llamazares, cuyo subtítulo es “Manual para destruir una democracia”, que nos quiere hacer pensar sobre el mundo actual, en el que pueden haber ciertos paralelismos con épocas pretéritas, “un vendaval nos empuja hacia el desastre… es necesario mirar atrás para intervenir en el presente y detener una espiral devoradora”.

 

Considero que es una advertencia necesaria, pero quizá el libro se queda en datos históricos, con los que se puede establecer un paralelismo entre aquella experiencia y la actual. Pero si se miran obras de la época de Weimar o próximas veremos que hay aspectos concretos, que dependen de los ciudadanos en lo que podemos intervenir y ver el peligro de dejar que las cosas pasen y, sobre todo, en buscar falsas soluciones a la crisis, por muy aparentes que puedan resultar.


Como por ejemplo la creación de empleo a toda costa, lo cual es un afán peligroso, no sólo para el medio ambiente, sino en relación al modelo de organización social que exige tal cometido. O la corrupción política, preexistente en el modelo democrático de Weimar, de lo que no habla el autor del libro, pero que es necesario tener en cuenta, especialmente para encontrar similitudes más concretas.


César Roa Llamazares analiza la construcción del espacio público en la primera experiencia democrática alemana, de 1918, finalizada la I Guerra Mundial a 1930 y como fue destruida, de 1930 A 1933.

 

Se puede aludir que es impensable algo parecido. En este sentido si recogemos lo que cuenta un judío alemán que sobrevivió al nazismo, por estar casado con una mujer alemana aria, por haber sido ex combatiende de la I Guerra Mundial y por suerte al final. Víctor Klemperer que escribió un diario recientemente editado (1995), vemos que expresa su sorpresa de que hubiera sucedido algo como el nazismo capaz de eliminar la experiencia democrática, “se extingue un poder que existió hasta hace un instante” (1933).


Anota Víctor Klemperer lo inconcebible de lo que sucedía ante “ la ceguera de la gente”, porque “todo el mundo doble el espinazo y guarde silencio”. Lo cual es algo que sucede hoy en día, delegando la crítica a los medios de comunicación, como si de una pelea de gallos fuera entre los partidos, sin darse cuenta de que sucede lo que observa este profesor de lingüística ante el déficit democrático. El pueblo se limitaba a aceptar la legalidad. Algo que se repite a lo largo de la historia que afecta a la pérdida de fuerza de la democracia, como dijera Manuel Azaña, presidente de la II República española 1936-1939, “la indiferencia política es un suicidio”, como así fue.

 

En este sentido el economista Amartya Sen, premio nobel en 1998, analiza la relación entre libertad democrática y progreso económico que se acompañan de manera directamente proporcional (2010). Una de las causas de la crisis actual es la incapacidad de abrir el debate libremente sobre las ideas. Todo da vueltas sobre lo mismo y se dan vueltas en un tío vivo sin encontrar soluciones.


Una de las cosas que comenta el libro es como el régimen nazi hereda una burocracia que permitió su desarrollo hasta hacerse completamente con el poder. La ejecución de su política de limpieza étnica la hizo de acuerdo a la ley que se fue aplicando a medida que se establecieron leyes en el Consejo General de Nuremberg. Esto debe hacernos pensar en la medida del gobierno conservador francés a los rumanos de etnia gitana, que defiende se ha realizado de acuerdo a la ley, pero cuando afecta a una población específica lo que necesitan es ayuda, no iniciarles en un éxodo, que por otra parte ha sido apoyado  por un gobierno socialista en España.


Otra característica en este sentido es como se desarrolla la economía de la corrupción, camuflada en procesos judiciales contra casos concretos, muchas veces anecdóticos comparados con todo lo que sucede en el trasvase “legal” de dinero público a cuentas privadas en forma de beneficio empresarial, sin que vaya acompañado de creación de empleo. De manera eufemística y repetidamente se denomina crisis, de manera que se aprovecha para seguir normalizando una política económica fraudulenta.

 

Otra característica a tener en cuenta es la exaltación de la violencia dentro de la normalidad. Algo que en la actualidad lo estamos viendo sin prestar atención al fenómeno de la brutal violencia de los videojuegos, películas y programas de televisión, de manera que crean imágenes colectivas y de forma individual que se interiorizan en el cerebro.


Otro elemento a tener en cuenta de aquella época es que Alemania llegó a tener un paro de casi un 30%. La democracia no dio ninguna respuesta y sí la dio el régimen nazi, que fue apoyado mayoritariamente y ganando en las urnas por mayoría absoluta. Como dice César Roa jr. “fue una respuesta fraudulenta a la crisis de modernidad”.


El mundo estaba cambiando, los medios de producción se tecnificaban cada vez más. Los nazis hicieron una vuelta a la tradición, a la arcadia psicológica acompañada de una eclosión de teorías esotéricas, en las que se ampara la lucha de razas y la evolución de las mismas, desde las diversas escuelas de teosofía que cada vez extendían más lo irracional, algo que hoy sucede con la irracionalidad mediática de programas sin sentido que acogen a las audiencias mayoritarias.

 

El componente de la construcción irracional es muy importante tenerlo en cuenta. En la novela “El doktor Faustus”, Thomas Mann analiza como su personaje deriva a lo irracional “al abrir su alma al esoterismo”, que considera se convirtió en Alemania una base fundamental de la “idolatría ideológica”.

 

Los nazis ofrecen el pleno empleo y lo consiguen incrementando la industria bélica. Alfred Rosenberg, uno de los jerarcas nazi, afirma, según recoge el libro que una nación no tolerará la vagancia, que se expulsará de su seno. Lo cual cada vez se oye más en los debates y declaraciones de políticos que niegan la supervivencia a quien no viva de un trabajo, que no existen. O condicionan las ayudas sociales al mismo, sin recordar que una de las leyes que se eliminó del régimen anterior fue la ley de vagos y maleantes, que ahora se aplica desde la economía.


Los nazi fueron alabados y felicitados por su política de crear empleo. En su libro “Un mundo” (1944), Wendell L. Wilkie, candidato a la presidencia del gobierno cuando Roosvelt dice “dentro de la tiranía Hitler veía la esperanza de que se creara un área bastante grande para que funcione la moderna economía”. Para salir de esta dinámica que nos arrastra otra vez medio siglo después, plantearse nuevas formas de distribución y adaptar la economía a la nueva realidad, cuyo punto de apoyo para lograrlo es la Renta Básica.


Otro rasgo a tener en cuenta de semejanza con la actualidad es la acción parlamentaria que incrementó el gasto público. En el año 1931 sucede una crisis bancaria en centroeuropa, que afecta también a Austria.


Pero más acertado en los análisis que hizo fue el ministro de asuntos exteriores alemán, asesinado en 1922. Los dos que le dispararon fueron abatidos a tiros y el régimen nazi celebraba la fecha de su muerte una fiesta todos los años en recuerdo de aquella “hazaña”, tal como recuerda Víctor Klemperer en sus diarios.


Dicho ministro, Walther Rathenau, en su obra “Crítica de una época” (1911) escribe algo que todavía hoy habrá que tener en cuenta y que no hacerlo fue una de las causas que llevó a la destrucción de la República de Weimar: “el habito de un trabajo incesante y forzado crea la necesidad del trabajo y para justificarlo inventa fines”. Hoy el empleo ha dejado de ser un medio para resolver necesidades y se ha convertido en un fin.


Habla este autor sobre como la mecanización disminuye la necesidad de empleo, lo cual hoy se multiplica por mil. Y cuenta que la mitad el empleo es para proporcionar a la humanidad actividades destinadas a su adormecimiento: juegos, armas, alhajas. Y que tal y como está planteado alejan a las personas de la naturaleza y de otros seres humanos.

 

El eje económico sobre el que sucedió la acción de los fascismos en Europa fue la misma que hoy se empieza a repetir: inflación, paro y corrupción. Esta última variable la tiene muy poco en cuenta César Roa jr.


Algo que insiste el autor es en la necesidad de crear espacios públicos como sostén de la democracia, cuando vemos que cada vez se privatizan más servicios y lo público, desde el sistema de pensiones a la sanidad y la enseñanza se cuestionan cada vez más y se van incorporando privatizaciones parciales. O en la nueva ley de cajas de ahorro que en no mucho tiempo pasarán a ser bancos.


De esta manera lo colectivo queda mermado, la acción democrática en la economía cada vez se necesita menos, es menos funcional y la participación política queda en manos de grandes campañas publicitarias, con mensajes espectaculares, debates mediáticos dejando al ciudadano como mero observador y presionado por la publicidad, siempre engañosa pues no pasa nada si se hace desde el gobierno lo que se prometió para ser elegido representante del mismo.


Como siempre la literatura se adelanta a su tiempo. El autor alemán Thomas Mann, en su obra “La montaña mágica” (1924) hace una metáfora del pensamiento totalitario, representado por el ex jesuita Naphta, y el basado en la libertad que defiende Setembrini, ante el protagonista de la novela, el joven Hans Castorp, que acaba en el fango de la guerra, cuando él defendía los valores de la paz, la libertad, pero se vio arrastrado. El duelo entre ambos acaba con el suicidio de Naphta, ya que Setembrini no iba a disparar. Lleva a una trampa al pensamiento de la libertad que queda anulado, colocado en fuera de juego.


En esta novela Thomas Mann alude a como la nueva sociedad ha convertido la economía en un campo de batalla, en donde la justicia es un concepto vacío. Avisa del peligro del individualismo y advierte de que “el pensamiento nunca es un asunto personal”.

 

Un análisis del psicoanálista alemán Wilhelm Reich desde el estudio social llega a la conclusión de que Hitler no engañó a la sociedad, sino que ésta creó a un dictador como él.


El hijo de Thomas Mann, Klaus Mann, en su obra “Mefisto” recoge también el ambiente social y emocional de la Alemania que se ve abocada al nazismo. También nos da pista sobre la advertencia del estudio de César Roa. Al comienzo de su novela Klaus cuenta como nadie se preocupaba del paro o de la violencia si no le afectaba, siendo el rasgo más característico el que cada cual iba a lo suyo. Uno de los protagonistas, Hölger, no ve nada, no oye nada, incluso dice “pensé que no había que dar importancia a la cruz gamada”.


Hoy también parece que todo da lo mismo, que buscamos soluciones mágicas con las que juegan los políticos con sus falsas promesas, pero que hacen funcionar. Y a quien tiene empleo nada le importa. Un ejemplo fue el desprecio a la huelga general, sin tener en cuenta apoyar a quienes sufren las consecuencias de la política económica actual. Y es que un susurro de la Historia parece que nos dice algo, que miremos. La misma que nos devorará si no la miramos.

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  1. 2 diciembre, 2011 en 14:22

  2. Abaddon
    7 enero, 2011 en 1:23

    Un blog lleno de verdades profundas, la certeza de cada palabra o argumento de verdad que me duele en el alma.

    Es tan cierto todo lo de este artículo, y tan incierto el futuro de la humanidad si no reaccionamos pronto, pero muy pronto estaremos fritos.

  3. 13 diciembre, 2010 en 1:10

    Stefan Zweig, un escritor austriaco, perseguido por ser de familia judía por los nazis, hace una reflexión muy interesante en su obra “El mundo de ayer”, unas memorias que escribe desde su exilio en Brasil en 1941, un año antes de su muerte voluntaria en compañía de su pareja, cansado ante el declive de la cultura y la humanidad. Pero ha dejado un testimonio que conviene tener en cuenta:

    “Nosotros los jóvenes encapullados en nuestras ambiciones literarias, reparábamos poco en aquellas mutaciones peligrosas que se operaban en nuestra patria (durante la república de Weimar); sólo mirábamos cuadros y libros. No teníamos el más remoto interés en los problemas políticos y sociales. ¿Qué significaban aquellas contiendas agudas en nuestra existencia?. La ciudad se conmovía durante las elecciones y nosotros íbamos a la biblioteca. Las masas se levantaban y nosotros escribíamos y discutíamos sobre poesía. No vimos los signos de fuego escritos en la pared. Disfrutábamos de los manjares del arte sin temor al futuro. Sólo cuando decenios después, los techos y las paredes se desplomaban sobre nuestras cabezas, reconocíamos que desde mucho tiempo atrás, los fundamentos estaban ya socavados y que, con el nuevo siglo, había comenzado simultáneamente en Europa el ocaso de la libertad individual”.

    Este escritor recuerda cómo el socialismo austriaco sentó las bases del antisemitismo nazi, aunque no lo llevara a la practica cuando gobernó, era una referencia de su discurso. Y que el proyecto de la Gran Alemania viene de Bismark.

  4. 1 noviembre, 2010 en 11:22

    CONTRAATACAR CON MANOS Y PIES DE BARRO ES UNA NECESIDAD PARA EVITARNOS DESPRENDIMIENTOS, QUE PUEDEN EMPUJARNOS HACIA ABISMOS DE ANSIEDAD Y DESMORALIZACIÓN. Y ALEJARNOS A LA VEZ de VALLAS Y MUROS QUE NOS INCITEN A SUCUMBIR Y FALLECER… CONTRAATACAR CON NUESTRO INSIGNIFICANTES MEDIOS A NUESTRA ALCANCE ES UNA NECESIDAD ÉTICA Y PSICOSOMÁTICA PARA NO SUCUMBIR Y FENECER. Luis Valderrama Modrón

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