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La sociedad administrada

Vivimos inmersos en una burocracia en la que para todo hay que rellenar y firmar papeles, desde los protocolos en sanidad al programa escolar de forma que sea más importante éste que el criterio de un profesional, que se ve “atado” a este encarrilamiento de su labor. Sucede en todos los ámbitos.


Cuando se va a resolver un trámite, por nimio que sea, el proceso se vuelve kafkiano y nunca mejor dicho. De seguir así llegará un momento en el que para ir a mear habrá que llenar alguna instancia, por increíble que pueda parecernos.


Precisamente en una sociedad en que la informática se supone que iba a evitar este papeleo lo duplica. Porque lo importante para el Estado es administrar cualquier tarea de un ciudadano, cualquier servicio, lo cual no es sino el desarrollo y colofón de un modelo de sociedad que se empezó a fraguar a mediados del siglo XX, a partir de finalizar la II Guerra Mundial, lo que autores como Herbert Marcuse analizaron en el fenómeno que llamó “la sociedad administrada, la cual no es otra cosa que un modelo de control sobre las personas, pero más aún: que se ejerce sobre la conciencia de las personas, para que cada ciudadanos sirva de controlador a su vez de los demás, en una red en la que todos se controlan a todos, simplemente porque cumplen una función diseñada desde el modelo administrativo, lo que Michael Foucault denominó “la capilaridad del poder”, advirtiendo que es en ese terreno donde se ha de actuar para lograr cambios sociales significativos, porque es realmente donde se ejerce el Poder, que no es algo, sino que es una función, cada vez más impersonal, pero admitida y encauzada por las elites sociales. 


La movilización del 15 M es un proceso contra la falta de conciencia social que es lo que quieren motivar y dinamizar, mientras que el Poder sólo busca administrarlo, para dirigir la opinión pública  desde los medios de comunicación y encauzar a la nada este movimiento.


Administrar todo es la manera de orientar a los sujetos, de colocarles en su función, en la cual ya de por sí han de pensar, sentir y actuar de una manera determinada, lo cual se llega a enseñar en forma de cursos de adiestramiento para ejecutivos, para enseñantes, como dar clases de una determinada manera, en cursos de cómo ser positivo, cómo hablar en público, cómo obtener éxito, todo lo cual acaba siendo una industria altamente demandada porque es lo que permite un ajuste social, totalmente despersonalizador. El sistema de enseñanza administra el conocimiento y el empleo para la sociedad administrada y uno de sus puntos de apoyo son los exámenes, innecesarios  desde el punto de vista pedagógico, pero vitales para el control de los jóvenes.


Vemos que los medios de comunicación están en contra de la censura, pero los poderosos ejercen su influencia y Poder a través de ellos, porque administran y dosifican la información, ellos marcan qué es la noticia y qué no lo es. A qué colectivos potencia y a cuáles no, a qué artistas hace visibles y a cuales no. Y en este terreno se ve como ceden muchos a las pretensiones del Poder, de manera que acaban haciendo lo que hay que hacer para que los medios de comunicación, los “expertos del arte”, administren su espacio cultural.


A través de la información administran las emociones colectivas que previamente han sido inoculadas individualmente, de esta manera la realidad social, lo que pasa en el mundo y en nuestro entorno, visto a través de lo que nos informan reduce la participación ciudadana a una conducta de estímulo-respuesta, de manera que se actuará como quieren que lo hagamos.


Para saber qué funciona y qué no administran la revisión de sus efectos mediante encuestas, estadísticas, que en realidad no son un reflejo de la realidad, sino que sirven para medir la eficacia de su  control. 


La conciencia social ha dado un salto en el vacío, de manera que funciona como respuesta a un estímulo determinado, como ha sucedido claramente en la guerra contra Libia y su pueblo, apoyada dicha intervención por grupos pacifistas, como EQUO, algo difícil de entender si no es teniendo en cuenta estos parámetros de análisis, pues no es algo nuevo, sino que cada vez es más sofisticada la manera de administrar las opiniones, el pensamiento, las conductas de las personas y parece siempre como algo espontáneo, cuando no es sino la evolución del Poder a lo largo de más de la Historia.


Sucede en la actualidad lo que Jean Paul Sartre llama en su obra “El ser y la nada”, la mala fe, enmascarar una verdad desagradable y presentar como verdad un error agradable, pero creyendo que realmente es así. Este creencia es lo que hace que sea tan perverso lo que está sucediendo y es necesario hacerlo visible para poder actuar desde un punto de vista  que nos permita luchar por la libertad, la de cada cual, la de los pueblos, no la que nos administran quienes controlan las instituciones a través de los políticos que son los primeros y más ejemplarmente alienados por este procesos, convirtiéndose en sus tontos defensores, pero que adquieren el reconocimiento y el premio, y un salario oneroso, lo que conlleva una red de pelotas,  a sueldo, a su alrededor: asesores, secretarios, comentaristas etc. 


Por estas razones Marcuse, en “El hombre unidimensional”, habla de la necesidad de una liberación del adoctrinamiento que ejerce el Poder mediante la ocupación de la conciencia. Dice: “la libre elección de los amos no suprime ni a los amos ni a los esclavos”. En sus conferencias recogidas en la obra “Ensayos de Política y Cultura” analiza cómo este proceso sucede durante la construcción de la sociedad industrial, en el que el nuevo modelo exige un nuevo  poder, el cual se redefine nuevamente al pasar a la sociedad tecnológica, sin que los medios de lucha social se percaten de ello más que en el fracaso de la participación ciudadana y en la desmoralización.


Actualmente con la pujanza de internet se está fraguando un nuevo modelo, al que tendremos que estar muy atento, siendo el 15 M la punta de lanza de una reacción necesaria. Es curioso que cuando sucede en países árabes se presenta como luchadores por la libertad, defensores de la “democracia occidental”, pero cuando los jóvenes y el pueblo se levanta contra la injusticia de occidente se los califica de antisistemas y violentos.


Hay que tener cuidado con la falsificación de las acciones sociales, pues antes se infiltraban agentes en las organizaciones, pero ahora se adelantan a los acontecimientos y crean ellos las movilizaciones, provisionales, como manifestaciones violentas que no se sabe de donde parten y hacen que participen en ellas grupos exaltados administrando la protesta y la reacción social contra ellos para justificar el uso de la fuerza para “defender su democracia”. 


Se da un paso cualitativo en lo que Marcuse achaca a la publicidad, ahora el proceso es mucho más activo y eficaz. En otra de sus obras observa como poco a poco se racionaliza este proceso de control y se hace ver que es  necesario frente a las amenazas del terrorismo, de los robos, cuando el fondo de éstos problemas y otros efectos atemorizadores son la injusticia social y la falta de libertad. El Poder ofrece democracia con acciones antidemocráticas e imponen una representación que no les corresponde con la aplicación de la ley D’Hont.


Es por ello que Marcuse, y otros intelectuales de los años sesenta, Eric Fromm, Ronald Laing, David Cooper, Habermans, Teodor Adorno y otros ven que no es suficiente cambiar un poder por otro, que es lo que fueron hasta entonces las revoluciones, sino que ven la necesidad de una acción más profunda, que ha de partir e de los más hondo de nuestra conciencia.


Ven la necesidad del arte como impulso de esta transformación cualitativa. Es entonces cuando el Poder se ha centrado en este aspecto y lo administra como forma de control y definición de la estética, pero sobre todo con una industrial artística que doblegue la conciencia y controla la percepción de la realidad de las personas mediante un discurso engañosos, pero que se impone a la sociedad y es altamente retribuido. De esta manera se administran los premios, los reconocimientos, se contrata a los críticos de arte siempre en este sentido de alienación cultural. Es una estrategia más de la sociedad administrada, que sabe que el arte disolverá su poder.  La respuesta está en la calle.

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  1. Horac
    24 junio, 2011 en 9:34

    LA LEY SIRVE PARA ORGANIZAR Y GESTIONAR, mejor o peor, la sociedad. Nada hay en la ley de atemporal ni natural, nada de lo que los inventores de la “ley natural” y la “ley eterna” le atribuyen. La ley es, nada más y nada menos, que un invento del ingenio humano para evitar que, en caso de conflicto, los ciudadanos discutan y se peleen.

    No se puede administrar sin ley, y la ley, en teoría, debe proteger algún bien común, algo que se estima socialmente como valioso. Y se da “ad comuniter”, para lo común, y “circa agibilia” (acerca de las cosas que se pueden hacer y controlar), para lo que comúnmente suele suceder, y nunca para interés privado (pues, entonces, no sería ley, sino “privilegio”).

    Pero la ley no es en sí misma un valor absoluto, sin que por ello carezca de valor. Es que la ley, como toda creación humana, tiene sus límites e imperfecciones, por eso HEMOS DE ADMITIR LA OBJECIÓN DE CONCIENCIA, precisamente para que la ley no oprima a la sociedad y no se contradiga a sí misma en su fin, que es la consecución del bien…

  2. 20 junio, 2011 en 19:15

    Personalmente hay algo de tufillo extraño en esta especie de revolución programada y que no tiene un sujeto propio de identificación, sino varios estímulos que, por cierto, su puesta en entre dicho no es realmente de ahora sino es del pasado no tan pasado.

    Es como comerse una comida cuando acabas de comer.
    Y un refrito de oportunismo, con creatividad.
    También mucho sacrificio, pero bueno……

  3. Mario Cordero
    20 junio, 2011 en 14:13

    Toda ley viene de arriba y es en repuesta de los que de abajo han exijido para protección o para protegerse de los de abajo. Los de abajo somos los que al violar un principio repetidamente autorizamos a los de arriba a que nos sometan a cierto control para protección de ellos o de nosotros.

    Toda sociedad por simple que sea va a tener algunas reglas para gobernarse y si creemos en la biblia entonces al Adam y Eva romper el contrato con Dios se nos imponen leyes que castigan lo que es natural y necesario para la sobrevivencia de cualquier organismo. Nuestros hijos ahora y nosotros cuando lo fuimos teníamos que seguir un mínimo de reglas, desayunar, lavarse lo manos o boca, comer ciertos alimentos, atender a la escuela o cuidar de los hermanos o el campo, en fin, todos al progresar vamos aceptando nuevas leyes al superar las que ya no necesitamos. Pero para seguir comentando, pues esto sería oponerse a tan lúcidos argumentos de una sociedad utópica, que en si misma vive bajo un sistema de reglas.

    Sólo expresando lo se siente se es libre y así declaro mi libertad y la del autor, y no firmo pero si lleno el espacio.

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