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Pensar la Historia

Parece que en la Historia también sucede aquello de que  la energía, en cuanto a cómo actúa el Poder, no se crea ni se destruye, simplemente se transforman. Hay muchos ejemplos, pero baste la cita de una obra literaria escrita hace más de un siglo que podría aplicarse a los tiempos actuales y en cualquier ciudad del mundo.

 

Se trata de la obra “Ofendidos y humillados” de Fiódor Dostoievsky: “Era una historia sombría, una de esas historias sombrías y torturantes que con tanta frecuencia, oculta y casi misteriosamente, se desarrollan bajo el cielo plomizo de … (qué más da qué ciudad, cualquiera) en rincones lóbregos y secretos de la enorme ciudad, en medio de caprichoso bullicio de la vida, de torpes egoísmos, de intereses desbordados, de turbia perversidad, de sangrientos crímenes, en medio de todo este insoportable infierno, de esa vida insensata y anormal”.


Pienso que hay algo que envenena la mente y el pensamiento de las personas: el poder. Todos creemos que podemos ejercer el poder sobre alguien. Cuanto más poder más deformación de nuestra capacidad de vivir y creer que todo consiste en esa ambición que desata los mayores egoísmos.


Lo que nos hace creer que adquirimos poder es, según qué tipo de Poder, la fe, la tecnología, el dinero, un puesto de trabajo por encima de otras personas en una empresa u organización.


Hace unos años me encontré con un musulmán, sumiso a Dios, al que comenté que el fanatismo estaba carcomiendo a las sociedades islámicas. Él me hizo ver que sucede lo mismo en las sociedades occidentales, fanatizadas por el dinero, por el cual mataríamos hasta a nuestra madre, me dijo.


Lo curiosos es que inmersos en esta sociedad no somos capaces de ver esa cerrazón mental en torno a la economía, incapaces de reconocer nuestro fundamentalismo de mercado, de ambición, de destrucción de la naturaleza y de  “competitividad” enfermiza  entre los pueblos y las persona que carcome la convivencia.


Nuestra percepción de lo real nos hace ver el futuro en función del presente, lo cual  impide nuestro  desarrollo personal, pero sobre todo nos imposibilita disfrutar con los demás, ser capaces de crear  y hacer de la vida algo apacible. Nos vemos llevados por un tiempo que cae encerrado en horarios y que rueda empujado por los engranajes del Poder, el cual nos impone un ritmo económico, cultural y cotidiano  de manera que se crea una sensación global de falta de tiempo.


Mi profesor de filosofía en COU, el profesor Mañero, contó en una de sus clases que un emperador romano, viendo a sus antecesores que se dedicaban a extender el imperio, a tomar decisiones creyendo ser dioses, pidió a un filósofo que fuera siempre detrás de él y le recordara que es una persona, que es mortal. Y nos decía que lo importante de este ejemplo es que leyéramos siempre algo de filosofía, para pensar.


Recuerdo también de este profesor, tomista él hasta la médula, que nos explicó la solución a esa adivinanza irresoluble: qué es antes,  ¿el huevo o la gallina?. Discutimos los compañeros de clase sin llegar a ninguna solución, que nos la dio él.  Si Dios es el creador de todo, el huevo y la gallina suceden a la vez porque Dios crea a ambos. Levanté la mano y le pregunté, ¿y si no existe Dios?. Contuvo la respiración, me miró fijamente. La clase entera pensó que me echaría la bronca, pero no, me dijo: averígualo por ti mismo. He dedicado una parte de mi vida a pensarlo y descubrí que a través de la dialéctica, tal como la explica Hegel,  se llega a la misma conclusión, la realidad se construye sobre contrarios, tesis y antítesis que suceden al mismo tiempo, el resultado es la síntesis, la cual es huevo y gallina a la vez.


La pregunta que siempre se ha planteado en los movimientos sociales es si hay que cambiar las condiciones sociales para poder cambiar la mentalidad o al revés. Si empezar por la educación de las personas o por las estructuras del Estado. Cuando son los dos al mismo tiempo.


Si pensáramos en estas cuestiones, si hablásemos sobre ellas, tal vez la Historia daría un paso por otro camino y sería diferente. Y tal es el gran cambio que se avecina, no internet, como se piensa,  ni los nuevos sistemas productivos… de la historia. Y tiene mucho que ver con el trasfondo del 15 M que ha hecho que mucha gente nos paremos a pensar. Y eso es hacer Historia, puede que otra historia, la nuestra, no la del Poder.

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  1. 28 junio, 2011 en 19:05

    Un petit pas pour l’humanité…

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