Anuncios
Inicio > actualidad, Artículos, economía, Política > Cocina de diseño…

Cocina de diseño…

La promoción de  programas y publicidad permanente de la cocina de diseño,  guías gastronómicas y todas estas cosas, en las que se mueve mucho dinero, tiene una explicación social y económica, que forma parte del control social que se ejerce al individuo, no es algo inocente.


Y no lo es porque se fabrica una mentira como pieza del engranaje del Poder. La cocina de diseño es dinero. Cierto que no con dinero público, lo cual no deja de ser una libre opción, pero que debemos de analizar cuál es su función, porque se invierte en alimentar un tipo de conciencia social elitista. 


Se dice que es cocina creativa, pero la creatividad es una constante en el mundo de la gastronomía, sin embargo en la actualidad hay una diferencia considerable con respecto al quehacer culinario que ha cambiado el concepto de lo que es comer, que ahora forma parte de un nuevo paradigma que se pretende imponer: el lujo como ejemplo y referente social. Un huevo frito es un plato creativo, pero no forma parte del negocio y menos de la manipulación social que hay en torno a dicho negocio.


No es algo que suceda en la cultura gastronómica, ni en el mundo de los cocineros, sino que lo que es preocupante, y a lo que hay que estar atentos, es a su presencia constante en los medios de comunicación, ¡hasta en los telediarios!. Lo cual  da un valor añadido a la actividad de cocinar creativamente, pero también una función social dentro de lo que es estructurar la visión de la realidad.


Las grandes transformaciones de la cultura gastronómica y totalmente creativas fueron platos que hoy se consideran típicos y no se les da la importancia debida, porque forman parte de la cultura popular. Hacer de unos huevos una tortilla, transformar pan duro con leche y huevo en unas torrijas es casi una alquimia degustadora, los churros, la paella, el gazpacho, las migas, los embutidos como modelos de conservación, el flan, al lasaña y muchos más.


Es decir que lo que sucede hoy en la cocina social por llamarlo de alguna manera, es lo que ha sucedido siempre, pero hay una diferencia y es este factor diferencial lo que nos hace pensar en que hay algo más que la mera información o la mera anécdota.


Todas las comidas populares que son de una creatividad máxima y que forman parte de nuestro acervo gastronómico, son platos que aprovechan sobras, materias primas baratas, reciclan el pan duro, la salksa de la ensalada, etc., sin embargo los condimentos de la nueva cocina son caros, se diseñan específicamente para un mercado del lujo.


Comer es el elemento central de la vida humana. El comercio que inicia nuestra civilización se fundamente en la búsqueda de especias, la sal fue un bien preciado, de manera que a los soldados romanos se les pagó parte de su recompensa en sal, de ahí la palabra “salario”. Los condimentos hicieron y hacen más comestible los alimentos.El objetivo fundamental, por obvio que pueda parecer, fue comer.


En nuestros día se ha dado un giro sibilino a la imagen pública de comer, a costa de repetir programas, entrevistas e imágenes sobre la nueva cocina innovadora, hasta el punto de convertirse en una industria, sobre todo una industria de imagen.


Mi padre siempre comentó que cuando él fue niño los percebes se regalaban, era una comida de pobres. Cuando han escaseado es un plato de lujo. ¿Ha cambiado el sabor, la apariencia?, no, solamente el precio y éste, el precio,  es lo que consume quien lo saborea a precio de oro.


Se crea un interés por cocinar y lo obvio, lo que hacen las madres y padres, las abuelas y abuelos de todo el mundo se convierte en algo excepcional, simpático, con programas sobre cocinar, que luego se va desviando a crear un interés social, ya indudable, a la cocina de lujo, pero que llaman creativa, de diseño para dar una visión artística a lo que es una forma de crear una mentalidad en torno al lujo y a su deseo.


Los cocineros de la élite ganan enormes fortunas y se invierte en este espectáculo para cocinar una mentalidad que forma parte del entramado de la modernidad, del control actual que acompaña al arte contemporáneo y a la moda de vestir, cuyo objetivo es influir en la conciencia de los ciudadanos y ciudadanas, para dirigir sus gustos y decisiones para que elijan “libremente” lo que se ha implantado psicológicamente, con técnicas de influencia colectiva que para que sean efectivas han de tener un ambiente propicio, tal es lo que cocinan estos programas. Desde esta estrategia de control se quiere potenciar un sector económico, pero que es la economía de la élite, para ella, para el lujo y ver la necesidad como algo cutre. Dos millones de parados que no reciben ninguna prestación y los televidentes preocupados por el bouquet del caviar asalmonado bañado en champán con una gotas de salsa de trébol.


Y es que la diferencia es clara, la gastronomía popular trató de satisfacer la necesidad, hacer del gusto algo agradable  e introducir nuevos elementos en los postres, platos salados, siendo la comida un lugar de encuentro de amigos y familias. Muchas fiestas tienen como referente la comida familiar o en grupo. Antes se decían “fiestas de misa y mesa”.


En la actualidad la nueva mesa social es en este sentido elitista, que se diferencia en los precios, pero sobre todo presionan para que se desee, para que se sienta curiosidad por esos platos y quien no pueda acceder a ellos quede marcado psicológicamente bajo un estigma no visible: “tú no puedes”. Porque han creado un nuevo paradigma, que es convertir el lujo en una necesidad, que muchos quieren satisfacer. De esta manera se impulsa el modelo económico por ganar y explotar a quien se queda a medio camino.


Quien come queda satisfecho cuando no puede comer más, pero cuando se inventa una estructura de comer con más dinero que entra en el plano de lo simbólico desde un planteamiento psicológico, la satisfacción es gastar más y que otros no lo puedan hacer. Ya no hay un deseo de comer, sino de gastar, que forma parte de una estrategia más global que es el deseo de tener mucho dinero, lo cual hace que se defienda el modelo del derroche, de la superproducción y de la imagen de quienes son ricos, mediante revistas, programas de televisión, conmemoraciones y fiestas sociales que son televisadas, con sus reportajes de prensa y demás.


Ya no basta vivir, satisfacer las necesidades, sino que se potencia una mentalidad que atrapa en una cadena de producción que nos esclaviza, siempre con una esperanza para quien no lo consigue en un permanente estado de ansiedad, que genera una inercia imparable del crecimiento económico. Todo esto no lo produce solamente la gastronomía de lujo, por supuesto, pero forma parte de este proceso al ser una pieza más, indudablemente, porque se ha convertido en un gran negocio.


Se cultiva de esta manera una cultura de la élite que nos dirige, al hacernos cómplices de su mentalidad y  se nos hace formar parte de su engranaje, algo que recrea la obra de teatro “Yo defiendo mi gallina”, en la que un señor de pueblo  defiende el modelo capitalista y las grandes fortunas para mantener su gallina como propiedad, aunque sea lo único que tiene, pero es suya. Esta adhesión psicológica sucede hoy en día también, lo cual afecta a nuestra identidad como individuo y como sujeto social. 


Pensemos que han logrado hacer de la necesidad de comer una industria del lujo, donde lo que come quien paga unos precios exorbitantes no es salsa de trébol, ni trufa a la diamantina, sino simplemente y llanamente come un valor simbólico que tiene una función psicológica, la de estar por encima de los demás. Esta cocina sin medios de comunicación que azucen por detrás funcionaría en círculos muy restringidos y no de lujo, sino de curiosos, de artistas y creadores y algún plato pasaría al acervo cultural, sin embargo su estrategia de masas es todo pura imagen, pues cuando se pregunta a alguien que va a estos restaurantes qué ha comido  no sabe qué decir, no hay nombres concretos para saberlo, sólo que ha pagado mucho por ello.


Funciona con el esquema de lo que es la fe en lo religioso, la aceptación de algo que viene impuesto desde fuera y se interioriza, porque ha sido diseñado como estrategia de control a través de los diseños en el vestir-moda, la gastronomía, el deporte de élite. Han construido su mundo y nos han metido  en él por ignorar que es un engaño diseñado para apoderarse de nuestra vida, la de la gran mayoría del mundo a quienes usan a su antojo porque nos han hecho creer en que sus intereses son los de todos y que el dinero lo justifica todo y todo lo puede. Tal es el fondo de la gastronomía llamada de diseño que hace que el dinero llegue a nuestro estómago, aunque no loo tengamos.


Y de ésta es necesario salir, empezando por conocer  lo que nos hacen desear, pensar porque el Poder actúa sobre nuestra conciencia. Como dice un adagio popular “somos lo que comemos” y hoy nos han comido el terreno, nuestro mundo de libertad y de igualdad. Se reparten la tarta unos pocos y el resto miramos, mientras que esa tarta destruye todo lo que nos rodea. ¿Qué comemos en la cocina de diseño?, dinero.


Si gustas, nos dicen. No gracias, que os aproveche, otro mundo es posible y es necesario. Incluso otra realidad. Y que no nos coman el tarro.

Anuncios
  1. Mario Cordero
    4 julio, 2011 en 16:38

    La cocina de diseño nos es más que el devenir de la sociedad. Todo cambia o como se dice las sociedades crecen, evolucionan al par de sus necesidades. Una necesidad para mi de comer es satisfacer el hambre, pero cuando voy a un restaurante es a celebrar y no voy a comer mi arroz y frijoles, sino que busco algo creativo. Cuando voy a la opera es porque quiero oír otra voz que la de mi esposa a pesar de ella canta bien.

    La cocina de diseño aquí en los Estados Unidos tiene también otro contenido y es tener un salón de cocina con los artefactos más lujosos y que es sólo un salón de exhibición, pues no se cocina y en las reuniones los vinos y bocadillos son comprados en los mercados y si llegas a abrir el refrigerador te encuentras con una pizza preprocesada. Pero ambas tendencias emplean gente.

    Si en España hay dos millones de parados, ¿cuantos más habrían si no se tuviera esa cocina? No es el CAPITALISTA que come bien o viaja en primera clase sino tipos como Ortega el seudo-presidente de Nicaragua que viaja en primera clase y se hospeda en los hoteles de lujo que el critica y come en restaurantes franceses.

    En lo personal le cuento que la semana pasada estuvimos en San Francisco, California y nuestro hijo nos invito a comer tapas y éramos 8 personas, 6 adultos y dos niñas y la cuenta fue de $330.00, mientras el próximo día nos encontramos con una pareja de mejicanos en una excursión y nos contaban que ellos habían pagado $300.00 por una comida para dos. Ambos restaurantes están el área de alto turismo y precios altos. Ambos disfrutamos lo que comimos y dimos empleo a varias personas.

    Aquí en Washington hay un chef español que cuando mi hijo trabajaba en la industria de restaurantes él fue el que lo seleccionó para empleo y ahora los periódicos reportan que este chef empezó ese restaurante que se llama El Jaleo. Como ve la industria manipuladora de las noticias, y por coincidencia hoy abre un nuevo restaurantes de tema americano, hoy cuatro de julio o 4th of July, día de la independencia. Como ven mis queridos amig@s, si no se cocina con lujo, habría más gente con hambre.

    • 4 julio, 2011 en 18:14

      Si no se cocinase con lujo habría otra mentalidad, diferente a la de dejar que millones de personas mueran de hambre.

      Las bombas, por ejemplo, matan, no dan de comer, aunque muchas familias vivan de ellas.

      Todo forma parte del mismo fraude y engaño.

  2. Horac
    4 julio, 2011 en 12:08

    ¡HASTA CON LAS COSAS DE COMER! La mercantilización de la vida, la presunción de los ricachos y presumidos capitalistas llega a este punto de degradación: Mientras hay millones de hambrientos y muertos de hambre estos juegan, como han jugado siempre, con las cosas del comer.

    Ya lo decía Concepción Arenal, en la famosa fábula del HIERRO y EL TOPACIO: “Juntas dos cosas verás, aunque de justicia ajenas: que la virtud paga menos, la vanidad paga más”.

  1. No trackbacks yet.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s