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¡NO son los mercados quienes imponen sus condiciones!

26 septiembre, 2011 Deja un comentario Go to comments

Son los grandes capitales. No hay mayor falacia que la que se repiten en los medios de comunicación y que pretendidos expertos repiten hasta la saciedad para que desviar la atención. No es cierto. De esta manera se enmascara lo que es en realidad la crisis.

 

¿Qué es el mercado?. El mercado somos todos, no es que formemos parte de él, es que lo hacemos, es el intercambio de bienes y de fuerza de trabajo. Para que haya mercado tiene que haber oferta y demanda. ¿Los mercados mandan?, no, en ellos hay unas pautas que según sea el equilibrio entre la oferta y la demanda facilitará el intercambio.Ni siquiera en los mercados de valores, la Bolsa.

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Históricamente lo que permite que se activen los mercados son la fuerza de trabajo y la inversión. En la fuerza de trabajo está la futura demanda mediante el salario y la oferta mediante la producción. Ha necesitado de un capital que impulse dicha inversión.

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El gran debate durante la sociedad industrial fue si hay que regular o no el mercado, encontrándose un termino medio entre el libre mercado, que dejaba a una gran parte de la población fuera del abastecimiento de bienes y de los servicios básicos y el otro extremo la planificación del mercado que evitó la libertad de comercio anulando otras libertades y provocando el estancamiento  de la economía en los países comunistas. Se establecieron servicios públicos, enseñanza y sanidad,  la inversión de dinero público para el desarrollo de nuevas infraestructuras creándose lo que se llamó el estado de bienestar.

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La regulación de los sueldos por convenios con los trabajadores, que haya un salario mínimo y los derechos del trabajador ha permitido el desarrollo social y de la economía, que se ha desembocado en un cambio de la realidad sin ser capaces de transformar el modelo económico. Por un lado la globalización hace que los mercados laborales y de bienes sucedan en un mercado único. Por otro lado la expansión de los mercados se encuentra con el límite del espacio físico, en el caso del mercado inmobiliario, y con los límites de la sostenibilidad, pues de seguir creciendo se afecta al medio ambiente de manera grave con costes económicos muy superiores a los que produce su destrucción, aparte del sufrimiento generado a una gran parte de la población.

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También el crecimiento económico se encuentra con los límites de unos recursos energéticos que no son infinitos. Y por otra parte la tecnología que suple en gran medida mucha mano de obra, la fuerza del trabajo la desarrolla más el capital mediante máquinas que mediante mano de obra. Es necesario adaptar la economía a esta nueva realidad. Como siempre surge una pugna de Poder, entre quienes quieren la riqueza para ellos y quienes quieren que sea un bien al que acceda la población, el pueblo, la gente.

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Pero apenas hay una lucha de poder, porque ha sucedido un aplastamiento de la conciencia social por el engaño que construyen los diseñadores de la sociedad, y cuando emerge una respuesta social lo hace de manera muy diluida y muchas veces superficial como pasa en el movimiento 15 M, que es necesario, pero no es suficiente como estamos viendo.

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Es mentira que los mercados impongan condiciones, ni siquiera los mercados financieros, los mercados de capitales. Para  que sucediera haría falta una demanda colectiva en la que todas las personas tuviesen capacidad de participar en el mercado con un criterio único, lo cual no sucede con las crecientes tasas de desempleo y la falta de retribución social a una gran parte de los parados.

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Quienes imponen sus condiciones son los grandes capitales, directamente, que usan el mercado para camuflarse y hacer creer que es irremediable lo que hacen, que no queda más remedio.


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Se repite que hay que generar confianza a los mercados, que los mercados exigen reformas estructurales, reformas laborales haciendo perder capacidad adquisitiva y derechos a los trabajadores y no es verdad que lo exijan los mercados. Son los capitales que se disfrazan de la palabra mercado, quienes quieren imponer sus condiciones.

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En la crisis de Grecia no se ha planteado dar una cobertura mínima a los parados, lo cual es una exigencia del mercado para que pueda funcionar como tal porque incrementa la demanda, sino que lo que se plantea con gran virulencia es la privatización de los bienes de la sociedad, de sus recursos energéticos, de sus bienes patrimoniales y de supervivencia como son el agua, la electricidad, lo cual vienen sucediendo en todos los países “desarrollados”, a lo cual se llama “rescate”. El capital necesita la totalidad de los bienes para finalmente privatizar los estados nacionales y crear uno a su medida, un poder global que se ejerza desde la economía.

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Para lograr sus objetivos los gestores y dueños de los grandes capitales han vaciado la política de contenidos, han convertido las democracias en dictaduras basadas en el bipartidismo. Dos grandes partidos crean un teatro mediático, para hacer finalmente lo mismo uno y el otro, lo cual se ha logrado pagando a personas sin ideología, cuyo único interés es el dinero, de manera que la corrupción ha sido la base de la crisis actual. Ya no se debaten ideas, sino que se busca influir en los votantes mediante campañas publicitarias y la mentira forma parte de esa estrategia. La democracia real es mucho mas profunda, hoy por hoy, que modificar una serie de mecanismos del funcionamiento electoral, que es necesario cambiar, pero no es suficiente.

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El capital necesita quedar en un segundo plano, no ser visible y mantener el conflicto social y guerras en determinados lugares para mantener su orden por la fuerza de manera que le permita imponer sus condiciones y por otro lado un modelo llamado democrático, sin serlo, en el que funcione el consumo y el lujo para retroalimentar el capital que ya no necesita sino solamente una parte de la población, un mercado limitado que al desarrollarse globalmente con las economías emergentes produce una presión sobre la sociedad que llama crisis, con el fin estructurar una explotación laboral a nivel mundial. El capital, sus dueños, quieren imponer sus condiciones para ejercer el Poder, para ser los dueños del planeta y de las personas, aunque luego pugnen entre ellos y sus luchas las sufran los obreros y parados a los que han convertido en meras piezas de su tablero de juego. 

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¿Qué han hecho los dueños del capital?, meter en una trampa a la sociedad, comprar a sus políticos con el fin de subvencionar a empresas “para crear empleo” que lo que han logrado es  pasar el dinero público a al gran capital privado, acabando con las empresas públicas, con los servicios públicos y usar la deuda como chantaje, para cambiarla por terrenos, por leyes que les favorecieran y cuando ya han logrado imponer sus condiciones exigen el dinero porque la sociedad no les importa nada y quieren ejercer el Poder, controlar a la gente y acrecentar su capital para competir con otros a costa de explotar a los obreros y esclavizar a las personas.

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Otra trampa perfectamente planificada fue crear un mercado vacío, emitiendo deuda e intercambiando deuda, en el cual se continúa el negocio a través de las bonificaciones y sacar al mercado de los capitales la deuda de los estados. Es la fase final para la apropiación de los bienes y controlar al poder del Estado, al dejar emitir deuda y negociar con ella, de manera que el dinero va a las empresas privadas del capital que succionan el dinero público,   escenificando una crisis que ha supuesto la culminación de un asalto a la sociedad y sobre todo la eliminación del poder público y democrático. Pero no es que manden los mercados, sino los dueños del capital, a lo cual es necesario reaccionar empezando por recuperar el poder público, el poder democrático. No sólo hay un déficit económico sino político y ético, cuando la política ha sido carcomida por la corrupción.

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Hoy es posible establecer la Renta Básica, es la única solución para que los mercados funcionen óptimamente, pero no es un problema del mercado, sino del capital, que no admite ni siquiera el debate de esta propuesta porque afecta a la libertad individual, afecta a su merma de Poder, porque el Poder para serlo necesita que sea absoluto, como ha sucedido a lo largo de la historia con todos los imperios militares y el imperialismo económico de hoy es igual,  al que nos hemos de enfrentar, descubrirlo y que el pueblo luche por su derecho a sobrevivir, y a vivir libremente, lo cual hoy no pasa por el empleo, esta lucha es la trampa que ha perpetrado el capital, el cual paga y mantiene a grandes sindicatos que han apoyado reformas contra el obrero y cuya única demanda es algo que no existe y que es altamente perjudicial para la sociedad en su conjunto: más empleo.

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La Renta Básica es hoy por hoy el punto de apoyo de la revolución pendiente, sin la cual todo lo demás no valdrá para nada, formará parte del teatro del capital. Una persona que es capaz de sobrevivir por un derecho social y económico será una persona libre, por eso han falsificado el nombre de la Renta Básica y la han convertido en lo contrario, una paga para esclavizar y explotar más a las personas, con el consentimiento de los grandes sindicatos.

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Los mercados de capitales juegan con las personas a la que convierten en mercancía y en un chantaje para que quienes tienen asegurado su sueldo no participen en las luchas sociales. El capital construye condiciones para provocar estallidos de violencia y poder presentarse como salvador imponiendo su orden y así justificarlo. El poder político ha perdido su función y sólo podremos rescatarlo mediante la reflexión y el análisis de la realidad para descubrir a sus mercenarios que son capaces de cambiar la Constitución sin contar con quien la aprobó y votó, el pueblo. Es necesario que el pueblo sea quien ponga las condiciones y límites a los dueños del capital., para lo cualo no podemos dejarnos engañar.

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Recordemos lo que hace medio siglo escribió Alissa Zinovievna Rosenbaum, Ayn Rand, autora de la novela “La Rebelión de Atlas”: “Cuando advierta que para producir necesita obtener autorización de quienes no producen nada; cuando compruebe que el dinero fluye hacia quienes trafican no bienes, sino favores; cuando perciba que muchos se hacen ricos por el soborno y por influencias más que por el trabajo, y que las leyes no lo protegen contra ellos sino, por el contrario, son ellos los que están protegidos contra usted; cuando repare que la corrupción es recompensada y la honradez se convierte en un autosacrificio, entonces podrá, afirmar sin temor a equivocarse, que su sociedad está condenada.”

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  1. 14 noviembre, 2011 en 15:00

    Excelente artículo, con tu permiso lo cuelgo en mi blog, poniendo la fuente, por supuesto…

  2. juanjo
    28 septiembre, 2011 en 0:32

    Hace unas décadas la palabra de moda era “democracia”; parecía que la democracia era la solución para todos los problemas y que una sociedad democrática era, sin más, una sociedad justa. Hoy, sabemos, porque lo experimentamos directamente, que una sociedad democrática puede ser, a la vez, profundamente injusta.

    De hecho todas las democracias actuales lo son en mayor o menor grado. Los seres humanos debemos olvidarnos de la lucha por la democracia, ya que, aunque ésta, muchas veces no existe, o es perfectible, su búsqueda es un objetivo superado; hoy debemos ser más ambiciosos y luchar por la justicia social.

    Pero que debemos entender por justicia social ¿la igualdad de oportunidades? ¿el acceso libre y gratuito a servicios básicos como la enseñanza o la sanidad? ¿el apoyo a los más desfavorecidos? No, no y no, Justicia Social es mucho más, para mí es que todos los ciudadanos puedan disfrutar igualitariamente de la riqueza común, representada en los bienes materiales, naturales, culturales, sociales, etc, que nos depara la madre Naturaleza o son provinientes del esfuerzo colectivo, Y que esto sea como el aire que respiramos, un derecho de todos y para todos.

    No son los mercados los que imponen sus condiciones, como bien ha señalado Ramiro, sino que son las castas de políticos y financieros los que lo hacen, administrando la riqueza común y controlando la economía de los diferentes países y, por extensión, la del mundo entero.

    Los primeros quieren convencernos de lo bien que la administran sin decirnos que lo que administran no es la totalidad de la riqueza común sino, únicamente, el residuo que deja una economía diseñada a la medida de la casta financiera. Bien, el cambio social que necesitamos ahora no es pasar a tener mayor libertad o mayor democracia, sino transformar la economía para que sea restituida a la sociedad la parte de la riqueza común que hoy está en manos privadas y para ello es necesario el establecimiento de una Renta Ciudadana que, conjuntamente con los servicios sociales, represente la parte de la riqueza común que le corresponde a cada ciudadano.

    Esto lo explica Ramiro mucho mejor que yo, así que no me extiendo más: Os dejo, eso sí, el enlace a la canción “Quiero dar la vuelta al mundo” escrita por un músico de Costa de Marfil. Si no la conocéis escuchadla, os gustará. Para mí es un himno maravilloso.

    [http://www.youtube.com/watch?v=pj0Y41La43Y]

  3. Horacio
    27 septiembre, 2011 en 20:10

    Me temo que los especuladores y dueños de las grandes empresas financieras no leen a la fanática anticomunista Ayn Rand, ni falta que les hace… Al menos en la autora de “El Manantial” y de no sé cuantas apologías del “capitalismo salvador”, parece que conserva ciertos rasgos de espiritualidad humana, de valores tradicionales positivos… No como los mentados sinvergüenzas, carentes de cualquier de otro “valor” que no se pueda convertir en vil dinero o pode efectivo de dominación sobre sus congéneros. Para esos, Ayn Rand, seguramente sería, en este aspecto, alguien que desvaría y a la qu no habría que escuchar… Al capitalismo le ha llegado la hora de la perestroica, como a los gochos su San Martín…

  4. Juan Pablo
    26 septiembre, 2011 en 22:08

    La misma razón que esgrimen los “filósofos” capitalistas para desahuciar el socialismo: el innato egoísmo humano, su perversa naturaleza, etc . . . es la que subyace tras el desastre que se avecina sobre su sistema, por pretender pensar que éste estaría desregulado, libre de la maligna intervención humana, que funcionaría automáticamente, que se equilibraría solito.

    No me cabe duda de que algún ingenuo habrá entre estos teóricos, pero aunque los hubiera, su imprudencia es temeraria y delictiva. Si bien la mayoría son unos desgraciados, perfectamente conscientes de la mentira que profesan.

    Hasta el último suspiro estarán intentando irresponsabilizarse pretendiendo hablar etéreamente de “los mercados”, creyendo real no sé qué espíritu económico liberal sobre el que depositar sus culpas.

  5. Jose Miguel
    26 septiembre, 2011 en 11:46

    Estupendo análisis, la verdad y la realidad no admite máscaras.

    El mercado es un lugar de encuentro, los estados tienen la obligación de ser el arbitro y dictar las normas para que el comercio se desarrolle.

    El mercado nunca puede imponer nada solo los actores de ese mercado y ¿quienes son?.

    Sin ingresos no hay consumo y sin consumo la economía no funciona, cuando un país como España ha vendido todas las empresas publicas, cuando no se hace cumplir la ley y se sobreexplota a los que aun mantiene su puesto de trabajo.

    Cuando 4 millones de personas no tienen ingreso que queda. ¿Cuanto se podrá aguantar?.

    Pero tenemos los políticos que nos merecemos porque son los que deberían defender al pueblo y solo defienden a las grandes empresas.

    Así nos luce el pelo, y a ver quien no lo rebate.

    Solo con que aplicasen la ley laboral y la ley tributaria como dios manda, se solucionaría una gran parte del déficit. Pero ya se encargan ellos de discutir sobre banalidades autonómicas.

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