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La literatura emociona

La literatura emociona cuando se lee desde los sentimientos. La asignatura de literatura se ha convertido en aprender fichas de un libro, memorizar listas de autores y títulos de libros, aprender textos sobre algunas obras, cuando la finalidad pedagógica de la asignatura de literatura fue educar los sentimientos, pero hoy la enseñanza es lo contrario, los sentimientos no existen para el sistema educativo y se forma al alumnado únicamente para encontrar un trabajo el día de mañana.

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Es muy importante la perspectiva de la cultura a la hora de analizar la política, la economía, las relaciones con los demás, en definitiva para ver  la realidad y saber sobre ésta, porque nos permite situarnos en la realidad desde la subjetividad, que parece que siempre queda a un lado. Las noticias, los datos, las cifras lo ocupan todo.

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Me he emocionado al leer recientemente “El castillo del odio” Archibald J. Cronin, cuando la pequeña Nessie se suicida por no cumplir las expectativas de su padre, un hombre despótico, James Brodie. Me dio pena. Es una novela y por lo tanto una historia inventada, pero al leerlo lo relacionas con realidades que conoces, y ¿cuántas personas se anulan como sujeto, como uno mismo, por hacer lo que le manda la familia, el ambiente, a través de lo que cree que los demás esperan de él?. Lo que cuenta un escritor suele ser un símbolo de una realidad que no solemos ver, aunque no sea la intención directa del autor. Alguien dijo que lo que cuenta una novela es inventado, pero nuestros sentimientos no, por eso nos podemos emocionar.

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También me emocioné enormemente con la muerte de Albertina en la historia que cuenta Marcel Proust, “En busca del tiempo perdido”. Muere esta bella muchacha cuyo físico no es el modelo estandarizado del mundo moderno, es una de las bellezas literarias más impresionantes. Nadie de mi entorno entendió mi tristeza esos días de lectura apasionada, brotaban de manera invisible amores muertos donde muere el amor en nuestra vida aunque no muera la persona a la que amamos, la bella sensualidad que recela de la otra persona y que se atraen en una tensión permanente.

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Llegué a aquella parte de la novela durante unos carnavales en los que salí en una comparsa. Me puse un crespón negro que muchos pensaron fue de cachondeo, y no, sentí mucho el fin de un amor ficticio que renacía en otro, el de Andrea, una amiga de Albertina,  pero sigue amando en lo hondo de sí a otra mujer que vio en su niñez, sin otro roce que la distancia y que encuentra al final. Ella es  Gilberta, la hija de Swann y Odette.

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Leer es toda una experiencia, que nos hace vivir interiormente. No es baladí leer para entretenerse o simplemente no hacerlo (¿para qué?), porque al no emocionarnos con la literatura no aprendemos a sentir y no sentimos realmente el drama del paro en lo concreto, nos es indiferente, como que es algo de otros, no sentimos que se hayan destruido ocho pueblos en un valle con unos fines que no se han cumplido ni nunca se harán, una sociedad que no se emociona no puede movilizarse, ni luchar, ni buscar la felicidad sino el confort y la apatía como formas de vida lánguida que se disuelve en el ambiente al que nos sometemos.

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Sólo aparentemente sale la gente a la calle por efectos ilusorios de sentimientos virtuales, irreales que impactan unos momentos y luego vuelve todo a su silencio, porque no nos emocionamos.

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Bastaría leer el poema de Walt Whitman, “Europa”, para emocionarnos por ver como en el siglo XIX retratan el mundo actual, cuenta lo que sigue ocurriendo: “Vosotros por rebajar al pueblo / vosotros, mentirosos, cuidado, / ni por los robos legales / en su variedades y miles formas / mediante los cuales burláis a los pobres / para quedaros con sus salarios / ni por hurtar promesas / brotadas de labios regios / para ser quebrantadas entre risas”.

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Bastaría que nos emocionásemos para empezar a cambiar un mundo movido por técnicos del Poder que nos hacen colaborar con ellos, nos compran. La literatura nos lleva a otros mundos en los que intervienen los sentimientos,  más allá del mundo en el que nos mueven únicamente estímulos externos, sea para consumir, para protestar, para todo.

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La lectura viene promovida por estos impulsos ajenos a la literatura, convertida en una mercancía más  para consumir. O la cultura definida por premios y número de ventas. Emocionarnos quizá sea el primer paso para hacer la revolución que el mundo necesita.

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  1. 20 marzo, 2012 en 22:59

    Como profesor de literatura en secundaria estoy completamente de acuerdo con este expreso deseo de convertir la literatura (y la enseñanza de la literatura) en lo que realmente es: un intercambio sentimental y un auténtico placer. Lo único -y lo mejor- que se puede transmitir es el disfrute personal, la emoción y la reflexión. Excelente artículo.

  2. Jokin
    23 febrero, 2012 en 16:41

    Literatura es seguramente algo más que búsqueda de emociones. María Zambrano escribió muy pertinentemente:”Ciertos poemas vencen al tiempo.Y nos conducen a ese origen en que el universo se recrea y se vive la verdadera historia”.Literatura,pues,como recreación. Y acaso recreo.

    No olvidar al siempre festivo Cervantes: “yo he dado en “Don Quijote” pasatiempo / al pecho melancólico y mohíno”.

  3. 21 febrero, 2012 en 17:45

    HIPOCRITA
    Ojos de lince
    En su faz.
    Mascara de Polifemo
    El eclipse de la conciencia.
    La ambigüedad del bien.
    Lo declara en su rostro.

    Abyección de cerdo.
    ,Recuerda su prosperidad,
    Sólo el materialismo
    exige tales sacrificios.
    ¿mi amigo?
    mi sombra.
    ¿mi amor?,
    Mi espejo.

    Oídos que no escuchan.
    Bocas delatoras.
    Ojos que ajustician
    Mentes sibilinas.
    Herencia de rencores
    de huérfana maternidad.
    El celo me mueve
    a esconder mis secretos.

    En mi rostro,
    la ambigüedad,
    hambrienta de inocencia.
    Mi puñal ensangrentado,
    es el símbolo
    de mi casa
    Arma de caballero negro
    birrete de juez despiadado
    luz tenebrosa
    para la insinceridad.

    Dedicada a nuestro narciso que señorea con su espejo,jejejejeje

  4. Lucha
    20 febrero, 2012 en 7:50

    ¡Muchas gracias, Ramiro!

  5. 20 febrero, 2012 en 0:36

    Uno de los momentos emocionalmente más intensos de mis lecturas es:

    cierto pasaje de Señora de rojo sobre fondo gris.

    En general los libros de Delibes me inspiran una humanidad desaforada, quizá por lo infrecuente de ella en la vida real. Por eso, y como bien apuntas, creo que la literatura hace posible ese transvase de lo ulterior a lo íntimo.

    Un saludo!

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