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Deporte, un dopaje social

Se ha hablado mucho del dopaje en el deporte con el caso del ciclista Alberto Contador, sobre lo injusto del castigo por una cantidad insignificante de clembuterol en sangre, que parece ser provino de ingerir un filete de buey engordado con esta sustancia. He echado de menos un debate más profundo sobre el deporte en sí, el deporte como un dopaje en sí mismo.

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Hablar de deporte poco tiene que ver con el cuidado de la salud física, sino que lo que vemos como información deportiva es negocio fundamentalmente y el reflejo de una mentalidad que el deporte promueve y refuerza cada día, la competitividad, la cual se ha convertido en parte del modelo educativo con las competiciones escolares

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Las discusiones sobre si Contador se ha dopado o no, u otros deportistas, si hay que perseguir más esta practica que se hace para ganar, para rendir más con respecto a los demás contra quienes se compite, el estímulo de las auto transfusiones de sangre que practican muchos deportistas es la punta del iceberg de un mundo deportivo que se glorifica, se engrandece, se aspira a él y se convierte en algo ejemplarizante.

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Se alega al esfuerzo, cuando en realidad el deporte de competición es algo obsesivo, que absorbe a quienes se dedican a él, algo que visto desde fuera parece absurdo, entrenar horas y horas para correr o pedalear o nadar por el mero hecho de la competición. Es una patología social que se contagia a otros campos de la actividad humana. Un síntoma más de lo que Eric Fromm llamó neurosis social o Wilhelm Reich la plaga emocional

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El deporte como fenómeno social es una deformación del desarrollo físico, en la que se hipertrofia el dinero que se juega en los espectáculos deportivos. Son actividades de masas, convertidas en una válvula de escape de la rutina diaria de las personas, a través de los medios de comunicación genera emociones ficticias que sustituyen a las genuinas, lo cual puede irse de las manos, como sucede en enfrentamientos entre seguidores de un equipo u otro o entre deportistas que compiten entre sí.

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Es un auténtico despropósito al que se ha llegado, que se ve normal cuando es algo que hay que señalar con el dedo. Muchos deportistas confiesan al cabo de los años que han sido explotados por sus padres para dedicarse a competir y ganar dinero. Deportistas que fuera del mundo del deporte no ven sentido a nada. Que dedican la mayor parte de su tiempo a entrenar y a viajar sólo en relación al hecho deportivo. Que los que no llegan al éxito quedan en un estado psicológico de frustración por algo que no tiene más sentido que el espectáculo en torno a las competiciones. Los ganadores quedan enajenados en su burbuja triunfal. ¿Por qué no se habla del alto índice de suicidios entre deportistas?

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Muy lejos ha quedado eso de “cuerpo sano en mente sana”, porque se ha deformado tanto el hecho deportivo que más bien es “cuerpo deformado en mente vaciada”, es algo terrible, esperpéntico, de lo que nadie quiere darse cuenta. Los músculos se hipertrofian, se sobrestimulan y el cuerpo se hace rígido, de una flexibilidad artificiosa, los músculos se convierten en una especie de armadura corporal, reflejo de lo que W. Reich llama el ser humano acorazado. Pero son convertidos en modelos de belleza, de felicidad, con fotos acompañados de modelos y artistas que se han convertido en la imagen que han hecho de ellas.

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Hoy el deporte es una industria, en muchos casos con amplios componentes tecnológicos. Y otro componente ideológico: la competitividad, como elemento que impulsa el deporte ya desde las escuelas deportivas formando una mentalidad de tensión, de quedar siempre por encima de los demás, dejando a un lado los juegos cooperativos, por regla general, como pedagogía. Los objetivos se miden en función a la eficiencia, a resultados de inversión publicitaria igual que un proyecto comercial, que extiende su mentalidad (cantera) al deporte de base. 

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El deporte se ha convertido en un dopaje social en sí mismo, la ingesta o ponerse sustancias estimulantes es el último eslabón de una larga cadena. ¿Por qué lo hacen?, porque el fin justifica los medios, el objetivo es ganar a cualquier precio. El mismo método de entrenamiento es un sobresfuerzo cuyo único sentido es ganar. Pero no es una excepción, es una parte más de todo un modelo que es necesario analizar, señalar todas sus deformaciones para que deje de ser un ejemplo y de este modo que empiece a cambiar la realidad social señalando otro sentido.

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  1. 20 marzo, 2012 en 2:14

    Estimado Ramiro:

    Junto a esta reflexión cabría de reflexionar porque la utilización del deporte, para el aborregamiento de la masa. Al margen de esto, lo que se esta viendo es la crispación político deportiva.

    Esto se palpa en el Fútbol, donde la rivalidad por ejemplo entre el Barcelona y el Real Madrid, alcanza tientes políticos.

    Se esta subjetivando el deporte, pero lo más curioso es que estos clubes de fútbol reciben una aportación económica estratosférica respecto a sus rivales, es decir no estamos en una liga ética, y por tanto no se compite en igualdad de condiciones.

    la mayoría de la población aplaude y encumbra el éxito, y solo se siguen los eventos cuando algún conciudadano tiene éxito. Se trata de un show bisnes que se traslada a los patrones sociales y por tanto conforman la realidad social de la vida particular.

    un saludo

  2. Blanca
    13 marzo, 2012 en 15:33

    A Mario Cordero: ya estamos otra vez justificando cualquier cosa en aras del “empleo”, que más bien se trata de formar parte del sistema, trabajando pero sólo en lo que perpetué el aborregamiento y el sistema productivo que sostenga la sociedad de consumo y la uniformidad.

    Si el deporte no sirve para la cohesión social y la salud, no es deporte es solo parte del sistema que nos mantiene adocenados.

  3. Mario Cordero
    12 marzo, 2012 en 1:32

    Creo que deberíamos promover más el deporte pues es una fuente de empleo. Por cada deportista que participa hay cientos de otras personas que son empleadas, claro tienen que trabajar y eso no va bien con los que quieren que el maná vuelva a caer sin ningún esfuerzo.

    Que buen ejemplo dieron los suizos al rechazar dos semanas más de vacaciones. Vemos que aún hay tiempo para hacer cambios en muchos aspectos de gobiernos y sociedades.

    A la espera de la Renta Básica y la justicia social, sin perezosos.

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