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A un viejo camarada

No sé porque titulo así este artículo, que en principio iba a tener ot: “paradoja y amor”, o quizá sólo la primera palabra. Pero al ponerme a pasar lo que he escrito a mano en varios trozos de papel me sale de dentro el que he puesto. Es a raíz de la muerte de Tomás Borge, poeta, poeta comprometido con la revolución sandinista, comandante del ejército de Nicaragua y embajador de Nicaragua en Perú. Ha muerto hace unos días.

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Recibí el correo de un amigo comunicándome su muerte. No quisiera ser grosero ni impertinente, pero me dije ¿a mí que me importa?. Fue un luchador y en la lucha todos somos compañeros, del pasado, del presente y del futuro. Sin embargo me di cuenta de que han muerto otros muchos compañeros con los que he compartido algunas historias, amigos, que viven pero han dejado la lucha, no sólo porque  hayan dejado de ir a reuniones, o no salgan a pegar carteles, ni tengamos debates infinitos, sino porque han pasado a la otra parte, a la del salario como único sentido de la vida, a despreciar sus poemas antiguos, a renegar de esas ideas que les hicieron perder el tiempo y la juventud, llevan a sus hijos a colegios privados, quieren que sean eminencias y algunos cuando me ven ya no se acuerdan de aquellos viejos tiempos. Es curioso, porque pasamos veladas juntos en el campo, con otros amigos. Al acabar una fiesta nos íbamos a la playa a cien kilómetros, sólo a bañarnos y a esperar que el amor llegara en las olas en forma de besos invisibles. Y bailábamos mientras que uno tocaba la guitarra. Y nos reíamos por reír. A la vuelta no parábamos de decir ideas para hacer un folleto, para escribir un artículo del siguiente número de una revista. Es esto lo que me vino a la cabeza al recibir de un amigo aquel correo anunciando la muerte de un viejo camarada, me escribió.

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Ese día había regalado a mi hija mayor un libro de obras de teatro de Berttolt Brecht, pero le pedí que antes se lo dejara a otro hermano  para que lo leyera, pues le iba a interesar. Durante la comida comentó que había previstas manifestaciones, asambleas de estudiantes, que ella no iba poder ir a todo, que no podía sino sacar adelante sus estudios, la selectividad. Le dije que lo importante no es hacer o no hacer en un momento determinado, que no siempre se puede, como me sucede a mí, atrapado en unas circunstancias graves que hacen que apenas pueda salir a la calle. Que lo importante es ser fiel a las ideas, que en mayo del 68 advirtieron que quien no vive como piensa acaba pensando como vive, y que lo importante es estar ahí, apoyando a quienes en un momento dado pueden participar, hacer algo, y apoyar, eso es fundamental para hacer más amplias las luchas. Le conté que cuando su madre y yo participamos en una revista nos era grato que hubiera gente que la comprara, que nos escribiesen, que se la regalaran a conocidos.

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Unas horas después otro viejo amigo, viejo camarada y muchas veces discrepantes de ideas, coincidiendo en los caminos de luchar,  me llamó por teléfono para darme a conocer que Tomás Borge había muerto, que apenas se dice nada de él. Un hombre que había luchado e impulsado la rebelión contra una dictadura atroz como fue la de Somoza, que en esa revolución se enfrentó todo un pueblo al imperio.

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Un pacifista, ¿qué puede decir de un comandante de un ejército?. Pero me pareció demasiado orgulloso y ruin este desprecio, porque ¿de qué otra manera se hubiera podido luchar contra quienes asesinan a familias enteras por negarse a obedecer, o simplemente para atemorizar a los vecinos que están cerca?. Gracias a muchos que dieron su vida por defender la dignidad de un pueblo, por forjar a sangre su libertad en los países ricos se han podido lanzar campañas de apoyo contra las tiranías de los países pobres y hacer luchas de ideas, pacifistas, y para no mancharnos las manos de sangre, ni la ropa por balazos, ya tuvieron que desangrarse otros anteriormente. Por lo menos deberíamos estar agradecidos.

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Lo que me llamó la atención de este hombre, de este luchador poeta fue algo que no ha salido publicado en su memoria, en la prensa de suramérica y mucho menos acá. Rezuma en su poesía, “La ceremonia esperada”, “Un grano de maíz”, es la esperanza de una lucha, como recoge en su canto el cantante también nicaragüense , Carlos Mejía Godoy: Somos hijos del maiz / constructores de surcos y de sueños / y aunque somos un país pequeño / ya contamos con más de mil inviernos / un millón de manos floreciendo / en la tarea interminable de sembrar.

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Quise titular este artículo “paradoja”, porque leí una crítica hace tiempo de Ernesto Cardenal, en la que criticó a los viejos sandinistas que en la victoria hicieron una revolución perdida por haber pasado de revolucionarios a millonarios. Tomás Borges había escrito: ¿Será posible que los pueblos sean libres y que su libertad se convierta en vino y pan, en tractores, en imprentas…?. Pero al mismo tiempo hubo mujeres de su país que lo consideraron machista. Y él lo reconoció, que quizá fuera educado de una manera que no hay que educar a los niños del futuro. Y admitió el error de establecer la censura en lugar del debate, por las prisas de la revolución, por eso escribió su obra “La paciente impaciencia”. Pero también se quejó de que nadie recordase su labor como ministro de interior, cuando estableció un programa de reinserción con cárceles abiertas, siempre se ponen de ejemplos la reinserción de los países nórdicos, pero la más ejemplar y con mejores resultados fue la de este pequeño país centroamericano. Amó sus ideas, su lucha, por eso quise titular este artículo “paradoja y amor”.

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Pero este amigo que me llamó me contó a retazos una pequeña historia, la de este hombre que fue indígena, que a duras penas pudo estudiar y se relacionó con ambientes de ideas del cristianismo de la liberación y del marxismo, desde entonces admiró siempre la revolución cubana. Pero sobre todo me impresionó cuando me contó que el mismo día que nació su hijo pequeño, su hija mayor se suicidó, una hija que tuvo que buscarse la vida en Managua porque su padre estuvo luchando, no pudo ganar para mantenerla y aquella hija se dedicó a la prostitución, lo cual caló en forma de dolor en Tomás Borge. ¿De qué sirve ganar el cielo si pierdes del mundo?, me vino a la cabeza.

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Me acordé de un viejo camarada, hace trece años, hablamos a la vuelta de un viaje. Vinimos de un congreso en el que nuestras propuestas fueron mayoritariamente desestimadas. Un congreso en el que compañeros nuestros que codo con codo llevaron pancartas contra la OTAN, que votaron por unos estatutos en los que se hiciera constar el carácter pacifista del partido, en aquel congreso votaron a favor de la intervención armada de la OTAN en la guerra de Yugoslavia.La razón fue que lo pidió el partido Los Verdes de Alemania, uno de sus miembros  fue en ese momento ministro de asuntos exteriores.

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Pero de lo que hablamos al volver mi amigo y yo fue de lo que supone dedicarse a defender unas ideas, porque se dejan muchas cosas en el camino, trabajos, una forma de vida que se abandona, poco tiempo para las relaciones familiares y luego hay muchas cosas que no podemos dar a nuestros hijos, quizá otras, pero hay que decir no demasiadas veces mientras que otros gastan el dinero a raudales. Quienes no hacen nada viven gastando alegremente, mirando de reojo a quienes sí participan en  historias que los que nada hacen desprecian y siempre buscan la excusa de que no vale para nada. La crisis para aquellos es que no pueden gastar más.

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El amigo que me llamó me dijo que lo que me había contado sólo puede entenderlo un padre, pero sobre todo un padre que ha dejado muchas cosas en el camino. Y le contesté que precisamente estoy escribiendo una novela, una larga novela, que aún me quedan años con ella, en la que el protagonista se sumerge en las entrañas del mundo mediante peripecias y activismo literario y político, se convierte en un náufrago del amor y sigue adelante, quiere educar a sus hijos en la solidaridad, en ser generosos, en el compañerismo. Se va fraguando una historia, en la que al final la hija decide hacerse prostituta, sin necesitarlo para comer. Lo que no le dije a este amigo es que el otro hijo del protagonista se convierte al final en un terrorista. Espero finalizarla en siete u ocho años. Mi pregunta es ¿porque cuando la mente se mete en un nivel profundo para escribir aparece esta historia?, una historia que ha hecho que salga otra historia a partir de este pasaje de la vida de Tomás Borge que he sabido poco después de su muerte. Por esta razón he titulado este artículo, que es en sí mismo una paradoja, “A un viejo camarada”. Como afirma Proust escribir es espejear, ser un espejo de la realidad y en la escritura vemos qué puede pasar, por eso luchamos, por eso escribimos, para evitar lo irremediable y tal vez vencer, alguna vez.

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... y mi viejo pueblo me verá llorar,
el olor a adobe sentirán mis manos
y mi viejo pueblo me verá llorar.

Volveré a mi pueblo
con los hijos grandes,
a los que yo siempre les hable del sol,
de las madrugadas y los aguaceros,
de los que murieron venciendo el dolor.
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 (Luis Enrique Mejía Godoy)

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  1. A. Agustín
    10 mayo, 2012 en 12:22

    En esta sociedad (y pienso que en otras pasadas), se valora insuficiente a aquellas personas que han dejado buena parte de su “parcela de vida” para una mejora general. Supongo que a lo largo del trayecto, habrá paradas para valorar tales actuaciones y si merece-mereció los enfrentamientos ante situaciones.

    Son muchas las frases para sus reconocimientos “es-era una persona integra”, “pobre pero honrada”, “No se casó-casaba con nadie”… y sin duda para él, su familia, amistades y conocidos se valoran sus dos aspectos ¿y lo qué hizo por o para…? y otro ¡nadie se lo agradecerá!.

    En los llamados “medios”, se valora más a los pillos, maleantes, vividores, “sin vergüenzas”…
    Otro dicho es “cada cual con su conciencia” (pero algunos la tienen HIPOTECADA-empeñada).

  2. 7 mayo, 2012 en 23:57

    Estimado Ramiro:

    Si la novela que estas escribiendo es igual que este texto, ya estas tardando en terminarla porque te mereces disfrutar de tu trabajo y del éxito que te mereces. La ventaja del éxito es que podrás llegar a muchas más personas y hay muchos escritores que el éxito no los ha cambiado en absoluto.

    A pesar de todo discrepo de ciertos planteamientos, es cierto que la vida va cambiando a las personas, pero también el conocimiento y a partir de ahí entramos en el mito de la caverna de Platón.

    Hay muchas personas que reniegan de sus anteriores etapas, y sucede como lo que ha aparecido en un estudio reciente que los mayores homófobos son precisamente los que reniegan de su homosexualidad. Esto supone no haber madurado, pues hay personas que pese a mejorar en la vida son conscientes de donde provienen y la mejoría conseguida a través de su estudio o trabajo, lo que les permite ayudar a los demás desde otra perspectiva.

    Como siempre como comentas en el texto al final muchos viejos camaradas se quedan por el camino.

    Un saludo

  3. Mario Cordero
    7 mayo, 2012 en 2:35

    Es interesante que siempre justificamos los crímenes de aquellos con los que simpatizamos y nos olvidamos, como digo, del lamento que llamó A LOS CIUDADAMOS DE AQUELLA NACIÓN, no se refiere a ninguna país aunque fue escrito durante las guerras del Salvador y Nicaragua. Lo que escribí es sin fronteras ni simpatías por ese digo ¿DE DONDE VIENE EL DOLOR CUANDO HAY GEMIR EN TODOS LOS HOGARES?/ ACASO NO SUFRE IGUAL LA MADRE DEL RICO CUANDO HIJO ES ASESINADO/ ACASO NO SUFRE LA MADRE DEL POBRE CUANDO SU HIJO ES ASESINADO. No podemos simpatizar con un grupo u otro, sino con la humanidad.

    Los hijos del maíz el tema del POPOLVUH, Las Antiguas Historias del Quiche, pues cuando los hombres eran de barro al llover se desasían.

    ¿Estaba Ortega y Gasset equivocado cuando dijo que una revolución después de 25 años necesita otra para corregirla?.

    Tomas Borge será siempre recordado y cada cual mirará a aquello que más le acerque a su realidad o aspiración.

  4. 7 mayo, 2012 en 1:58

    Yo creo que es mucho tiempo de espera siete años, deberíamos ir pudiendo leerla, no sea que muramos antes; a mí más que novela, me parece que va a ser epopeya, como El Quijote.

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