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¿Qué soñamos?

16 septiembre, 2013 Deja un comentario Go to comments

Decía Kalil Gibrán que hay que interpretar lo que soñamos despiertos. Dormidos nos comunicamos con lo que no somos, con nuestros deseos más íntimos inconscientes, pero los sueños que tenemos despiertos nos indican lo que somos en nuestra conciencia y nos muestran en qué mundo vivimos. Según Shakespeareestamos tejidos de la misma urdimbre que nuestros sueños”. Los sueños gotean de un sueño colectivo.

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¿Qué soñamos?. Si respondemos a esta pregunta podemos entender mejor qué es lo que nos sucede como individuos y como sociedad. Ortega y Gasset advierte que las personas de París y las de Calcuta si llevan una carretilla usan ruedas similares, pero sus sueños son diferentes.

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¿Qué soñamos?. Antes debemos responde a la pregunta ¿qué no soñamos?, porque la negación de contenidos de sueños “reales”, aquellos que forman parte de la naturaleza de los sueños, hace que no seamos capaces de vislumbrar utopías ni debatir nuevos modelos de sociedad. Tampoco nuevas formas de vivir y de relacionarnos, ni de pensar o de sentir. Los sueños son horizontes, pero cuando nos vienen impuestos los sueños se convierten en cárceles de barrotes trasparentes, una especie de pecera en la que se sumerge nuestra vida atrapada.  Como escribió Luis Miguel Rabanal “ahora nos quieren romper el horizonte”…

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¿Qué soñamos?. En el dinero. La obsesión por el dinero se ha apoderado de nuestra esencia y no nos damos cuenta. Hace unos años tuve un problema, por una apuesta sobre un texto del Corán, que decía idioteces y varias personas de una Universidad se reían de que los musulmanes tienen que beber el pis de los camellos. Comenté que eso es mentira y me enseñaron el libro que lo decía. Hicimos una apuesta, con Victoriano Fernández de testigo. Indagué y escribí a la embajada de donde aparentemente estaba editado. Resultó ser una falsificación que se divulgó para ridiculizar el gobierno chií tras la caída del Sha de Persia. De la embajada me enviaron todo tipo de información. Pocos días después de recibir los libros y la carta me encontré con dos iraníes que querían hablar conmigo para saber la razón de mi interés. Les expliqué la verdad: que es algo que no tiene enjundia. El caso es que hablando con ellos comenté que la sociedad de su país da la impresión de ser demasiado fanática en su religión. Al menos es la imagen que se nos trasmite en occidente. La información que desde la embajada me habían enviado fue la de ser una sociedad moderna, muy abierta, aunque con textos en contra de las teorías de Freud, de las formas de vida occidental, definidas como hipócritas fundamentalmente. Pero uno de ellos me preguntó si yo no veía el fanatismo por el dinero en nuestra sociedad. Me quedé pensativo, porque no me lo había planteado en esos términos nunca. Y me di cuenta de que sí, que efectivamente hay un fanatismo económico que hace del dinero un absoluto. Justifica las guerras, la corrupción, la dignidad, está por encima de todo. Ni qué decir tiene que uno de los trabajadores de la universidad que había asegurado que ese libro es cierto se fue al extranjero temeroso de que le pudieran seguir a él, cuando yo no iba a decir con quién hice la apuesta. Ni tampoco ahora. Pero es ya una vieja historia de hace dieciséis años.

Chamartín.

Lo que quiero contar es que la materia de los sueños, sus contenidos, son reveladores de lo que somos. Al querer escribir este artículo hablé con mis hijos Ramirín y Daira. Ésta discutió conmigo diciendo que no, que es mentira que se sueñe en tener más dinero. Según ella la gente sueña con cosas como trabajar, una casa, las vacaciones, y que para lograr eso hace falta el dinero. Le respondí que mi planteamiento es diferente. Y puse un ejemplo. Ya no es sólo el dinero el que consigue las cosas, sino que éstas lo muestran y se hacen actividades o se consiguen cosas para mostrar el dinero y dar un sentido al mismo, porque el objetivo es el dinero. Se ha convertido en un fin en sí mismo. Esta trasgresión de su función social y económica es lo que hace que por codicia se amasen enormes fortunas, aunque sea con estrategias de corrupción, sin ningún sentido que no sea la ambición-sueño del dinero. Y la crisis agudiza la obsesión por el dinero, pero no por tener dinero, sino más, algo insaciable, porque siempre a una cantidad se puede sumar otra. Lo que vemos denunciado es la punta del iceberg de una sociedad que lo sustenta.

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A la vuelta del verano he observado como hay gente, mucha, que parece que ha viajado lejísimos, pero en realidad se ha trasladado de un lugar a otro. Han gastado dinero en un viaje en el que una mayoría de personas no paran de hacer fotos, les da lo mismo ir a Filipinas que a Perú, es una muestra del dinero que han ahorrado y gastado. Cierto es que hay quien lo llena de contenido cultural, personal, de conocimiento, de ver las calles, los paisajes, pero son una minoría de viajeros. Los más son turistas. Lo mismo sucede con la compra de un coche, y hasta me atrevo a decir que en la elección de pareja. Sigo discutiendo con mi hija Daira, que Matrimoniodice que exagero. Pero entonces ¿cómo entender la profusión de los negocios de las apuestas, de loterías, quinielas, casinos, de máquinas tragaperras, etc.?. Lo cual no es más que un síntoma. Soñamos lo que derrama nuestra mentalidad.

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¿Deberíamos de aprender a soñar?. Tal vez. Nos han dominado a lo largo de la Historia mediante los sueños: mitos, religiones, teatro, cine, televisión, publicidad, ideologías, la economía como fuente del ser: “tanto tienes, tanto vales”. Lo cual influye incluso en la sexualidad.

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Hay elementos históricos de los sueños que me sirven para confirmar mi tesis: Los sueños de épocas y momentos históricos, como durante épocas de fanatismo religioso en la religión católica, en que aparecieron dos figuras que se manifestaban en los sueños de manera frecuente, los súcubos e íncubos, demonios sexuales, figuras masculinas y femeninas que siendo imágenes oníricas se percibieron como reales, y se entendió que lo fueron, seres que se manifestaron carnalmente para mantener relaciones sexuales. Es decir los sueños los fabrica la creencia de la persona y la mentalidad de una sociedad concreta.Hoy nos parece una locura, pero ¿qué parecerán nuestros sueños y aspiraciones de hoy en un futuro?.

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Muchos acólitos de religiones actuales con rasgos de fanatismo sueñan con el fin del mundo, con imágenes que acompañan de una vivencia y angustia real del momento apocalíptico esperado porque se ha anunciado proféticamente, lo cual influye en la programación social a través del inconsciente colectivo (Jung), para la consecución de la guerra.

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Hubo épocas en que se soñó con el arte y apareció el Renacimiento, otras en las que las personas soñaron con las armas y se realizaron guerras de conquista, como las falsas novelas de caballería que incitaban a la pelea permanente, cuando la gran novela de caballería inspira todo lo contrario. La tecnología es el resultado de un sueño colectivo, sin darnos cuenta. Por esta razón es muy importante saber qué soñamos, qué deseamos, porque a veces nos fabrican los sueños desde los púlpitos, desde los anuncios publicitarios o desde los despachos que fabrican ideologías totalitarias y no podemos escapar de ellos.Y cuidado con la maldición gitana: ¡que se cumplan tus sueños!… Una maldición porque desde el saber popular se percibe que la ambición envenena soñar…

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La sociedad fabrica los sueños. Nos toca elegir a cada uno de nosotros qué queremos soñamos, crear nuevas nubes para soñar libertad y todo lo que nos libere… y dejar que lluevan olas del mar… Son nuestros sueños y no dejaremos que nos los roben ni que los diseñen otros… La gran lucha en el fondo es conseguir soñar nuestros sueños.

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  1. Juan Miguel Batalloso
    18 septiembre, 2013 en 9:29

    Magnífico, refrescante y esclarecedor artículo que me ayuda mucho a comprender de nuevo las diferencias entre opiniones y convicciones, impulsos y necesidades, enamoramiento y amor, alegría y felicidad, ensoñaciones y sueños… Muchas gracias.

  2. thoreau
    16 septiembre, 2013 en 10:29

    Muy interesante. Me viene a la mente un diálogo de la película Wall Street, en que Charlie Sheen le pregunta a Michael Douglas dónde está el límite de su ambición: “¿Cuánto necesitas? ¿Cuándo será suficiente?” Michael Douglas-Gordon Gekko se le queda mirando atónito: “¿Suficiente?; ¡No conozco el significado de esa palabra!” Efectivamente, los grandes demiurgos del capitalismo financiero dedican todas sus energías a acumular mucha más riqueza de la que serán capaces de gastar en toda su vida. O incluso en siete vidas.

    El dinero se ha convertido en un objeto de culto desprovisto de toda connotación racional, al que no se duda en ofrendar sacrificios humanos, o incluso en sacrificar sociedades enteras. Esto es así hasta el punto de que en la Biblia aparece caracterizado el dinero como el gran antagonista de Dios, lo cual se pone de manifiesto al leer los pasajes del becerro de oro o de los mercaderes del templo.

    Como señalas en tu libro “La perestroika del capitalismo”, la gran amenaza de nuestro tiempo radica en que el capitalismo tiende, cada vez en mayor medida, a convertirse en una ideología totalitaria -en la ideología única- tras la caída de sus dos antagonistas históricos: el comunismo y el cristianismo, del que se puede decir que ha quedado totalmente fagocitado tras el torpe intento de renunciar a su esencia originaria para tratar de pactar con él.

    “Lo peor que pudo hacer la iglesia es dejar de ser iglesia para convertirse en sociedad”, me dijo una vez un cura con el que tenía muy buena relación. Cierto. Y lo segundo peor, hacerse capitalista.

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