Poesía

Kizas¡Ay!. En la década de los 80 participé en varias revistas en Madrid. Recibimos muchos poemas para publicar, por eso decidimos hacer una exclusivamente literaria, que se convirtió en una específica de poesía. Finalmente no salió. Pasados los años no me extraña. En aquel momento no pude creer lo que vi. El amor al ser y al cielo de los versos convertido en celosía, las caricias al horizonte en ver en qué página se sale. Su título iba a ser “El Parnaso”.

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¡Ay!. Por los años 90 se creó un grupo de teatro: “Aa Di Parpant”, que realizó el I Festival de poesía de Otoño. Pensamos hacer uno para cada estación. Pretendimos innovar el espacio teatral de esta provincia. Lo conseguimos, porque pusimos en escena montajes escéenicos en los que nace un ser humano nuevo, literalmente, con andamios en el escenario. Pero llegado el momento falló la música, porque “alguien” que se ofreció a ayudar a última hora estropeó las cintas. El apoyo institucional favoreció a una obra que cuadroaa di (copia)critica a Franco (enterrado años ha), frente a la visualización de la modernidad con la obra de arte “Objetivo objeto”. Nos cortaron las alas por todas partes. Abrimos espacios culturales, como es el CHEF que estuvo abandonado, de donde nos echaron finalmente y luego se ha usado para la Escuela de Música y de teatro. Es la historia invisible, de la que no se habla, la que nunca se cuenta. Y otras revistas.

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Cuento estos datos, para mí históricos, porque muchas personas del ambiente se regodearon de nuestro “fracaso”: ¿qué se han creído éstos?. Convencidos de que nada se puede hacer en semejante ambiente muchos compañeros se fueron de esta provincia. No han vuelto a crear nada igual, a pesar del triunfo mediático de algunos. Parece mentira, pero ante nuevos retos se repiten mecanismos del pasado, aunque de otra forma. Actos poéticos en sí mismos, como el Ágora de la poesía, sufren ataques burdos como querernos dejar sin megafonía, lanzar bulos falsos para desprestigiar el encuentro, no dejar que otros nombren a quien le toque leer su poema o recitar. O pretensiones de destacar a unas personas frente a las demás. A pesar de todo sigue el reto con las dificultades del clima y de la cizaña. Pero con la lección aprendida: no dejar que nos tumben.

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Pero todo esto es algo anecdótico. Hay algo más profundo que afecta a la poesía en sí misma, que es lo que creo que hay en el fondo de todo esto que se repite cada vez que surge algo nuevo. Una idea a la que no supe llegar porque no logré visualizar el quid de la cuestión. Hasta que una amiga de Arabia Saudí, Benalí, me dijo hace unos días, cuando preparaba una intervención de poesía para leer unos versos: “¡tírate un pedo!”. ¿Y qué tiene eso qué ver?, pregunté. Luego dices que eso es poesía, contestó. Me quedé perplejo, sin habla. Pensé que le había afectado la bajada del precio del petróleo. Quedé preocupado porque en el arte moderno cabe todo y me agité con eso que me dijo, pues podía hacerlo y ser modernista del poesismo actual, pero ¿cómo encontrar la rima de un pedo con otro?. ¿Acaso puedo dominar el ritmo?. ¿Sería forma o metáfora?.

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Mi amiga me metió en una trampa existencial. No conozco nadie del MUSAC que pudiera abrirme las puertas del pedo poético, sobre todo por no poderlo componer con una estructura gramatical correcta, ni tan siquiera heterodoxa. Estuve cavilando durante horas, hasta que me entró ganas de tirarme una de esas poesías etéreas que dice Benalí. Corrí al cuarto de baño, pero estuvo ocupado. Aguanté por educación lo que pude. Me fui al balcón. ¡Qué frío!. De repente, me pasó como al bueno de Arquímedes cuando estuvo en la bañera. Yo también grité “¡eureka! ¡eureka!” que quiere decir “¡lo encontré!, ¡lo encontré!”. Et voilá. Me saltan las lágrimas porque he entendido lo que durante años no supe ver. Cierto que me ha ayudado la experiencia de la vida, de la vida cotidiana.

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Me di cuenta de que la poesía es lo más profundo de nuestro ser y que sale de dentro. Alguien puede preguntar ¿qué valor tiene?. Así explicamos muchas veces la poesía: algo que sale de mi interior, que siento la necesidad de sacar fuera. Cierto que hay otra dimensión, pero con un paralelismo que descubrí tras hablar con mi amiga Benalí, que siempre va con un velo tapándose la cara y vestida con una chilaba. Las heces de dinosaurio fosilizadas son un elemento valioso de estudio y un bien cultural esencial de la paleontología. Espero que nadie se enfade con estas comparaciones, pero es que se parece. O sea todo tiene un valor. ¿Quién iba a decir  un dinosaurio que sus desechos al cabo de los siglos iban a ser dignas de estudio y ciencia?.

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Cuando tienes un bebé emocionan a su papá y mamá las primeras cagaditas en el pañal y se las enseñas a todo el mundo. “Mira, mira”, decimos. Que si es muy enterita, que si algo amarillita. Su contemplación se convierte en una análisis de lo que sale de dentro. Surge lo que interiormente forma parte de la evolución de la personalidad: la exhibición y la contemplación. Sucede igual en el proceso poético, cuando durante esta fase hace que se diga: “me sale la poesía, no puedo evitar hacerla”. Sin embargo no puede admitirse que sea de cualquier manera y hay que aprender a controlar las evacuaciones, del tipo que sea, para llevar lo que hagamos a su lugar y momento. Es lo que Freud llama la fase anal del desarrollo de la libido, lo cual afecta a toda nuestra personalidad y, por ende, a nuestra labor poética.

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El bebé sabe que al hacer caquita se convierte en el centro de atención, su mamita o papito le huelen, le cogen en brazos, le cambian el pañalito, le atienden. Hasta que el proceso de madurez hace que cagar sea un acto normal, en el que se va al excusado y ¡ya está!, sin llamar la atención de nadie. Lo mismo sucede en la evolución psicológica de la líbido: durante la adolescencia llega a ser una obsesión, un sufrimiento por alcanzar una relación, generalmente idealizada. A veces sucede un fijación que hace que la persona se estanque en esta fase. El equilibrio está en concebir la relación sexual como algo normal, propia de una relación en la que coincida el deseo y la elección. A lo largo de las fases evolutivas personales y de la sociedad la sexualidad ha sido una obsesión al ser considerada pecado, o una función reproductiva sin más, o un objeto de consumo o una fijación como sentido de la vida o del dinero, sin tener otra cosa en la que pensar y reducir las relaciones a ligar.

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También la poesía evoluciona como sentido íntimo y expresión cultural hasta integrar la palabra y el sentimiento en algo normal, de la vida. En lo cual, como dijo Pessoa “editar es una de las reglas del juego, pero no el juego”, porque lo escrito no es nunca algo trascendente, sino  aquello se comunica con normalidad, sin exhibicionismos, sin que el poeta sea el centro de atención. Es necesario conseguir que la poesía fluya, que se comparta tal y como es sin hacer de ella poesiología. Y mucho menos convertir el arte en un mercadillo.

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La poesía es un hecho íntimo y social a la vez, como el fotón que es onda y partícula al mismo tiempo, pero depende en qué momento de su fase evolutiva esté sea más una cosas que otra. Así es en el fotón y en la poesía: conviven a la vez dos dimensiones de su ser. Y al igual que la luz aparece en el ojo que la percibe y hace que sea luz, de la misma manera la poesía lo es en el lector, que parece que no existe y es donde desemboca y adonde nos lleva la evolución poética, la madurez del arte. 

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Hoy parece que la poesía no está ni en el autor ni en el receptor, o sea quien escucha o lee, sino en el libro, la caquita del niño o niña. Y tenemos que darnos cuenta de tal situación para evitar las fijaciones. Lo cual lleva a convertir a los escritores en vendedores de libros casi puerta a puerta o de presentación en presentación. Al lector se le ve más como comprador-cliente, que como portador de la palabra al otro lado de donde sale para que viva. Y el escritor queda convertido en un fabricante de historias o ritmos y hacedor de malabares de versos. Deja de crear y se obsesiona en un proceso que ha de ser pasajero y superado.

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Me llevé una sorpresa hace años cuando leí una biografía de Juan Ramón Jímenez, en la que cuenta que cuando fue a recibir a Rubén Darío, éste lo primero que preguntó fue: ¿dónde de hay una buena casa de putas?. El poeta que escribió: “¿Quién que es no es romántico? / aquel que no sepa de amor y dolor / que se ahorque de un pino / será lo mejor. / Pretéritas normas confirman / mi anhelo, mi ser, mi existir / que vienen de lejos y va al porvenir…”. Y me contaron que Gustavo Adolfo Bécquer escribió un libelo pornográfico sobre las relaciones extra-maritales de la reina Isabel II: “Los borbones en pelotas”, cuyos dibujos realizó el hermano del poeta, el pintor Valeriano Bécquer, siendo Gustavo quien escribió el texto en un estilo pornográfico.

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Aprendí que la poesía es por ella misma y depende del lector. Sucede en medio de todo lo demás, no como algo especial. Es mundo. Y es pueblo. Aunque queramos que sea diamante y carmesí.

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Cuando veamos los lugares para la poesía como encuentros y la relación con la palabra como momentos para compartir con otras personas que están de paso en nuestros escritos, habremos logrado que la poesía nos diga algo y no ser nosotros los que digamos qué es la poesía, que si es así, que si me inspira, que si el poeta es esto o aquello. Entonces la poesía será poesía y nada más. El hecho poético se define a sí mismo. De lo contrario acaba rimando con “patético”

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No hará falta que Benalí, la poeta saudí, se desespere de que un pedo sea poesía  no porque lo llamen “poesía”. Y es curioso, que quien lleva puesto el velo y la chilaba es quien quitó el velo al enigma del arte y desveló a la poesía. Quedó desnuda… la poesía. 

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  1. 5 febrero, 2015 en 15:42

    En literatura hay temas interesantes y temas que no lo son… pero supongo que no se sabe cuáles son unos y otros hasta que se ven por escrito. Un saludo.

  2. 9 diciembre, 2014 en 18:39

    Lo escatológico y lo pornográfico están en la médula misma del arte. James Joyce supo sublimar ambos en el “Ulises” y, mucho antes que él, Quevedo o Rabelais. De hecho, en uno de los capítulos de “Ulises” se ridiculiza el amor platónico a ultranza, cuyo fundamento es la total disociación de lo físico y lo espiritual. Lo mismo cabría decir, supongo, de la poesía. No sé si fue Nitezsche, discípulo aventajado de Benalí, quien dijo eso de que la poesía debe hacerse con las vísceras.

  3. José Manuel Sánchez Ribas
    9 diciembre, 2014 en 18:33

    Una reflexión muy oportuna Ramiro. Aun más hoy, cuando he leido a Harold Bloom diciendo: “Todos los días recibo correos con el mismo lamento: Leemos basura” y “en la literatura contemporánea no hay nada radicalmente nuevo“. Edicion , lectura y escritura caminan por vías paralelas, pero demasiadas veces se cruzan y entrecruzan sin sentido alguno.

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