Deshumanizar

Los monos son demasiado buenos para que el hombre pueda descender de ellos”. (Nietzsche). El autor del libro “Humano, demasiado humano” desnuda nuestro ser como especie y como individuos. Reconoce lo que somos, pero es necesario un marco de convivencia en el cual nos organicemos los humanos: la sociedad.

Reconoce lo que somos, pero es necesario un marco de convivencia en el cual nos organicemos los humanos: la sociedad. “Voy a matar a su esposa y a todos sus amigos y a quemar su maldita casa“, dice el rey de Jordania tras verse, en las televisiones de todo el mundo, cómo un guerrillero del Estado islámico quema vivo a un piloto jordano enjaulado.

La vendetta del rey de Jordania es aplaudida por los presidentes de países democráticos y por una inmensa mayoría de personas en todo el mundo. La respuesta fue inmediatamente: ahorcar a una presa de la cual el Estado islámico pidió su liberación. Y otro compañero. ¿Cómo es posible que un tercero pague lo que ha hecho otro?. Y que  se consienta, y que no se apele a un tribunal internacional. Se ve normal, se ve “humano” y lo es. Así ha funcionado la Historia, que nadie se asuste. Todo el esfuerzo por hacer una organización social de convivencia con la que seamos capaces de superar lo demasiado humano desaparece. Se diluye.

Como ser social la persona cede una pequeña parte de su ser para ganar el tú de los demás y ser otro ante ellos. El silencio es humano, demasiado humano. Por eso es necesario que nos deshumanicemos

La conducta demasiado humana nos llevan a un estado de barbaridad total. Junto con otros estados “democráticos” la aviación jordana mata en una semana a 7.000 personas como parte de la respuesta y quiere borrar de la faz de la tierra a esa organización.

No voy a filosofar sobre las causas y motivos del terror televisado de los fanáticos del islam, ni comparar un bando con el otro, sino la tibieza de un pueblo a nivel mundial que necesita la razón, la altura de miras y no dice nada o no hace nada.

Por ejemplo Federico Mayor Zaragoza condena esta reacción. También el silencio de los estados que azuzan y aplauden semejante respuesta. Pero ni una sola movilización ante la gravedad de lo acontecido, pues el hecho previo, la crueldad del estado islámico, es rechazado y debe ser combatido, pero nunca dejándonos convertir en ellos, a los que precisamente combatimos para no ser igual.

Es humana, demasiado humana la respuesta del rey de Jordania, pero no ha de serlo la de un Estado, el modo organizado de convivencia porque si es así se construye el despotismo. Sólo no ser como el atacante puede distanciarnos del terror y de lo horroroso de sus acciones. Y superar la violencia como método para resolver las disputas. Lo humano, demasiado humano, es lo que el rey jordano ha hecho, pero el Estado es precisamente lo que aparca la parte demasiado humana para crear un ámbito de convivencia y es un terreno para la razón o nos vamos a la barbarie, a lo brutal y el sufrimiento reinará porque es golpe contra golpe.

Dejar de ser humanos sirve para ser humanos con los demás y definir la capacidad creativa humana como el hecho de ser seres libres y de relaciones afectivas. Hay algo irracional que nos lleva a lo brutal, a la violencia y se potencia como valor. Lo perdemos todo y da lo mismo, porque sólo la cobardía es la respuesta en una sociedad demasiado humana. 

Lo peor de esta crisis actual no ha sido la corrupción ni los recortes, sino la falta de respuesta por parte de la gente. Y ante una acción sanguinaria perpetrada por una colación que nos dirige desde los respectivos estados que nos gobiernan no hacemos nada. “Es que mira que salvajada hicieron ellos”…. ¿Puede justificar algo tan demasiado humano hacer lo mismo?. La deshumanización es necesaria para ser todos y tener conciencia de los demás.

Cuenta Foucault que la revolución moderna del pensamiento tiene pendiente el descubrimiento del yo, en uno mismo y en los demás, lo cual quiere decir crear el yo en la medida que elijamos una manera de ser y de convivir. No podemos seguir relacionándonos a lo bestia. Porque no es una excepción tal respuesta.

La base de esta conducta humana, demasiado humana, es la explotación sexual de millones de mujeres en todo el mundo, la pérdida de derechos laborales, los desahucios para enriquecer a los bancos, la destrucción sistemática de la naturaleza, la pobreza, el hambre, los recortes…Todo forma una unidad que se cohesiona por el silencio.

Lo inhumano es reconocer la violencia como estímulo y rechazarla; es reconocer nuestras envidias y no dejarnos llevar por ella; es querer aplastar al débil y no hacerlo, es exigir venganza y aprender a enseñar al violento a no serlo; es la paz por encima de la guerra; es el reparto de la riqueza y la igualdad como fórmula de convivencia; es condenar que se queme vivo a un soldado y respetar la sentencia de los que lo aplauden, limitar la condena a lo justo sin que pase a ser venganza. Porque sólo de esta manera es posible frenar la cadena de más violencia y más.

¿Qué ganamos?. Nada. Perdemos la dignidad, perdemos el futuro, perdemos la liberta y la paz. No se trata de negar o no ver el aspecto biológicamente humano, sino admitirlo y desactivarlo desde lo más nimio: desde una conducta impulsada por los celos, por la codicia, por la soberbia, por la sospecha, para poder elegir nuestro ser y no ser arrastrados por la inercia de millones de años atrapados en lo humano demasiado humano.

Hemos callado como sociedad ante la barbarie, como pueblo.  da la sensación de que la brutalidad es justificable como respuesta o acción. Pero el silencio nos devorará, porque ni tan siquiera la izquierda ha reaccionado. La sangre nos salpica a todas las personas y callar nos hace demasiado humanos.

Debemos dejar de ser demasiado humanos para ser con los demás, y ser partes que seamos capaces de crear en  cada uno de nostr@s, para lo cual es imprescindible despojarnos de una parte de humanidad que nos aplasta, para poder relacionarnos con los demás, con la Humanidad y esto es inhumano, porque no nos pertenece, lo tenemos que crear, lo suficiente como para amar, ya que sólo sabemos querer al otro desde el egoísmo ya que únicamente nos preocupamos en el entrono de mi pareja, mis hijos, mi patria, mi familia, desde lo mío y no desde los demás. Si matan a una chica prisionera ¿qué más da?. Ni tan siquiera una flor en las puertas de cualquier lugar para decir ¡no!.

¡No!. Como ser humano me arranco lo humano con el fin de no aceptar la crueldad ni la barbarie. Soy inhumano porque quiero que mi especie aprenda a convivir y a vivir en paz entre los seres humanos y con las demás especies. Es necesario deshumanizarnos para ser más humanos en el sentido humanista y no en el aspecto de una especie depredadora que se ataca a sí misma.

Como dijo un maestro sufí somos nuestra propia barrera, es necesario saltarla desde dentro (Hafiz).

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  1. 17 febrero, 2015 en 16:02

    Es una reflexión muy interesante, sin embargo discrepo en algunas cosas. Que nos preocupemos tanto de lo que ocurre a miles de kilómetros quizá no sea tan sano.

    En mi opinión, los medios de comunicación están muy interesados en extender sus tentáculos al último rincón del sufrimiento, como también lo hacen los agentes económicos. Ser humano no significa sufrir el sufrimiento de los demás. Eso puede incluso conducir a ciertas personas a un trastorno neurótico. Podemos ayudar a evitar las catástrofes globales revisando nuestros modelos económicos, pero creo que no podemos exigir que todos y cada uno de nosotros haga un manifiesto individual.

    Un saludo.

  2. 16 febrero, 2015 en 9:25

    Ojo, Ramiro: la “chica prisionera” era una terrorista confesa a quien falló el dispositivo en un ataque suicida, y que estaba dispuesta a matar a decenas de personas inocentes. Dicho lo cual, es verdad que en un estado de derecho no se debe contestar a la barbarie con más barbarie. Como dijo Gandhi: “Ojo por ojo, y acabaremos todos ciegos”. Ello, sin embargo, no debería ser obstáculo para actuar con la máxima contundencia contra la intransigencia y el fanatismo, sea por parte de ETA o del estado islámico. No me parecen bien los ahorcamientos (mucho menos si son linchamientos, como en este caso), pero tampoco entiendo los remilgos de la izquierda ante la adopción de medidas como, por ejemplo, la cadena perpetua revisable, en aquellos crímenes que llevan un especial plus añadido de salvajismo o crueldad.

    • 16 febrero, 2015 en 12:43

      La cuestión, querido Thoreau, no olvide su nombre ni su obra, es que un tercero no puede pagar lo que haga otro y menos para hacer una venganza. Ahorcan a esa chica por lo que hicieron otros. A parte de su condena, la cual es obvia. O acabar con su mujer e hijos, ¿qué sentido tiene?. Cierto lo que dice Gandhi. Y usted hace tiempo: no podemos ser como el enemigo.

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