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Diario: la simetría

Voy a iniciar de manera intermitente una especie de diario personal sobre lo cotidiano. Como escribe Antonio Machado en su obra “Juan de Mairena”: Nada es menos íntimo que los diarios…”. Y mucho más si sabes que se van a leer. Pero es más bien una crónica de percepciones de lo cotidiano. Una excusa para reflexionar. .

Pienso que toda reflexión parte de lo cotidiano, aunque luego lo vistamos de lenguaje teórico y se convierta en algo abstracto o en una idea. Ver de dónde viene lo que reflexionamos y analizar aquello que vemos puede ser una experiencia para escribir, porque por donde pasamos es nuestra vida que tiene forma y lugar.

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Es posible que me traslade durante un par de años a otra ciudad, a un trozo de una ciudad inmensa. Al llegar a esa zona me sorprendió que bloques y bloques de casas, una seguida de otra, son iguales, parecen piezas arquitectónicas que se han clonado y todas son formas geométricas cúbicas con ventanas y puertas. Y balcones. Sentí una especie de opresión en la mirada.

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Calles iguales, sólo cambia el nombre de las tiendas y de los bares… pero todo funciona y las personas del lugar van y vienen. Es una sensación subjetiva. Veo todo tan simétrico. Me siento agobiado, encerrado. Sin embargo percibo sensaciones que lo compensan. Por ejemplo los árboles están colocados simétricamente, cada tantos metros. También en el punto medio de plazoletas cuadradas. ¿Quién lo habrá diseñado?. Parece que sus promotores quisieron decir: ¿viene gente?, ¿con poco dinero?, pues que se metan acá y que se jodan.

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Pero hay algo que permite sobrevivir a esa mirada en lo simétrico: los árboles que adquiere cada cual su forma, su huella del viento les hace diferentes unos a otros. Y luego el desorden que se hace humano, humanizador: balcones con colchones, con alfombras tendidas, antenas a medio colocar, ropa tendida, trastos en ellos y entonces respiro más a gusto. Los aparatos de aire acondicionado todos iguales.

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Los gritos de algunos vecinos más que molestar rompen este mundo de simetrías, los corrillos de gente de todos los colores y formas de vestir parece lo contrario al lugar. Y las pintadas en las paredes son una salvación, un desahogo. Son es un latido en aquel espacio tan uniformado de verjas que bordean los colegios.

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Y el canto del mirlo por la mañana, un gorrión en el alfeizar, palomas que vuelan… son un alivio. Las mujeres que van en el metro con minifalda o pantalones muy ajustados no traslucen una mirada erótica sino de vuelta a lo primitivo, como si fuera algo necesario. No machista, porque hasta las demás mujeres las hacen referencia. Ellas no lo saben. Nadie lo sabe. Es un proceso que nadie sabe, pero que sucede: activar lo primitivo y primigenio para compensar lo tecnológico, lo geométrico, lo simétrico…

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La evolución humana, pienso, ha consistido en invertir el proceso natural de la adaptación al medio, y lo que ha hecho es adaptar el medio a las condiciones y necesidades de la especie humana, pero hay una segunda evolución, la social, que logra que las personas nos adaptemos al medio urbano para simplemente sobrevivir. Esta capacidad es la que usan los diseñadores de la sociedad, este es el Poder, por eso nos adaptamos y callamos. ¡Niño cállate!, ¡niña no te muevas!… y de mayores es lo que hacemos: nada. Dejar que lo cotidiano nos absorba y es ahí donde quizá esté lo más profundo. Nos encierran en la simetría.

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En un espacio urbano de simetrías agobiantes pululan historias, emociones, sentimientos, miradas hostiles y seductoras, todo se mezcla. Y como cuenta una leyenda de las mujeres Algonkinas, cuando la mujer blanca se extrañó de que en sus vestidos tan bien hechos dejaran un hilo suelto, preguntaron que por qué. Ellas, las algonkinas, contestaron que es debido a que en lo imperfecto está el espíritu de las cosas.

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Gracias a lo imperfecto la mirada sobrevive en la ciudad simétrica. Y hay en ella poesía que se oculta no se sabe dónde.

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  1. Mario Cordero
    17 marzo, 2017 en 2:51

    Y cuántos nos levantamos por la mañana y nos acostamos por la noche sin pensar que pasó durante el día. Gracias por reflexionar en lo cotidiano y hacernos pensar un poco en lo que vemos y tanto que se puede decir de eso.

  2. Priede
    16 marzo, 2015 en 16:02

    Qué bien. Ánimo. Espero tus crónicas. La vida en los barrios populares es más dura que fuera de ellos, pero también más intensa. Además el recuerdo de la vida anterior, más provinciana, más local, y aunque no esté lejana en el tiempo, adquiere otra dimensión vista desde un lugar así.

    Lo dicho: dale a la tecla y cuéntanos.

    • 16 marzo, 2015 en 21:45

      Todavía tardará unos meses, pero iré con esta estrategia… sí. De vez en cuando. Gracias.

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