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Ilusión, ideología

A lo largo de la Historia se repiten situaciones de las que parece que no podemos salir. Es como si la inercia nos arrastrara. No nos damos cuenta y, por lo tanto, no aprendemos de otras experiencias. Pero además se dan casos en los que parece que hay un molde para actuar, que estuviéramos condenados a repetir los errores y nunca sucedan cambios realmente profundos.

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Podemos echar la culpa al Poder, al gran capital, a los grandes emporios de la información, etc, pero la izquierda siempre repite ciertos esquemas de división y enfrentamientos fratricidas. En esta conducta colectiva hay una gran responsabilidad en que nada cambie, en que lo que se avanza en ciertos momentos se retroceda poco después en derechos y libertades.

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Lo que voy a contar es fruto de mi experiencia cuando el referéndum de la OTAN, año 1986, cuando se dividió la izquierda clásica y los pacifistas organizados en torno a la CEOP. También mi participación en Los Verdes de 1985 a 1998. Muchas situaciones parecen retratadas, salvando las distancias y en otro contexto, del libro  “La insurrección de Asturias” de Manuel Grossi, alias Manolé, escrita en 1934, según el cual nuevas formas de actuar y de lucha desde la izquierda fueron abandonadas y “vendidas” por la izquierda de siempre, que luego se aprovechó de lo que otros hicieron. Parece como si de un destino trágico se tratara que afecta al futuro. Sólo si lo hacemos visible se podrá superar.

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Creo que puede servir de cara al futuro conocer ciertas experiencias. Obvio el presente para que nadie se dé por aludido, como sucedió con un artículo  hace un par de meses cuando lo único que hice fue citar dos libros de mediados de siglo XX: “La psicología de las masas” de Freud y “Psicología de las masas del fascismo” de W. Reich, cuando no existió la organización a la que muchos creyeron que me referí. Escribo en general, sin aludir ni señalar a nada ni nadie en especial, sino observaciones teóricas  sobre datos empíricos que pueden servir para estar atentos de cara al futuro.

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Hay una mentalidad que cala de una generación a otra, que nos condena a volver a empezar cada vez que avanzamos, como el mito de Sísifo. Como alguien dice “estamos condenados”, pero es porque no sabemos escapar de nuestra propia actuación, la cual siempre queremos justificar.

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Ocurre como siempre, que lo que emerge ante una nueva realidad es atacado y se frena por organizaciones y personas que han luchado, pero cuya acción ha dejado de servir, no funcionan sus estrategias y toda fuerza que agoniza quiere morir matando cuando está sumergida en una mentalidad apocalíptica y mesiánica al mismo tiempo, porque toda ideología se acaba convirtiendo, pervirtiendo, en una creencia: “Si no es con nosotros ¡nada!”; “antes el caos que soluciones fuera de nuestra “cuerda””. No lo dicen de esta manera, pero es la forma de pensar-actuar que traspira su conducta. Por ejemplo la obsesión bíblica o de cualquier religiosidad por el trabajo, lo que hacen prioritario y de esta manera cierran las puertas a nuevas soluciones que implican un cambio necesario de paradigma.

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¿En qué ha desembocado siempre este modelo de conducta colectiva?. En la falta de unidad para luchar, en la falta de apoyos para dar una respuesta unitaria e integradora. Cuando la realidad cambia las formas de lucha también. Las viejas ideas y prácticas dejan de servir, pero hay quienes las mantienen porque no saben ver más allá y sus propias ideas les ciega. No quieren resolver los problemas, sino que son parte del mismo al necesitar resolver sus cuestiones ideológicas muy unidas a caracteres psicológicos. Quienes quedan fuera de su ideología y formas de acción se convierten en sus enemigos, aunque luchen contra el mismo Poder que ellos.

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Nada nuevo bajo el sol. Pero sólo si somos capaces de analizar desde fuera de cada uno lo que sucede podremos dar un paso hacia delante. Hay épocas en las que se ve la necesidad de crear nuevas candidaturas ciudadanas, sobre todo ante el avance de una gran ilusión que despiertan formaciones que emergen de la misma realidad para poder afrontar su trasformación. Pero se pone en marcha la maquinaria de la reacción. Por un lado el Poder desacreditando de manera continuada a miembros de la nueva formación. Por otro la izquierda que quiere aprovechar ese impulso, pero a la vez destruye cualquier puente y territorio en común. Tiene la necesidad ideológica de apoderarse de los impulsos de cambio que manan de la sociedad. Siempre comparando la nueva forma de hacer política y acciones sociales con la ortodoxia tanto de lo teórico como de la praxis.

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Por un lado la izquierda que se apaga dice quererse unir, pero no deja de hablar mal y desacreditar a la formación emergente. Entonces ¿para qué se quiere juntar con ellos?. En ese clima infiltra al viejo estilo, al modo de siempre, a personas al más puro estilo troskista. Unas personas participan en esta tarea por cuestiones ideológicas, otras por cuestiones psicológicas de sentirse desplazados en el nuevo ambiente o porque su lucha haya quedado desactivada, lo cual genera un magma psicológico de anti lo nuevo. Pero se apuntan a aquello que empieza, a la vez que trabajan camufladamente al viejo estilo para la formación en declive, la cual necesita enmascarar sus siglas y crear una nueva apariencia, pero nada tiene que ver cómo empieza a cómo culmina el proyecto diseñado .

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Es difícil de detectar si no es al cabo del tiempo, porque no sucede desde una organización, de hecho se ríen cuando lo comentas, pues consideran que es una “casualidad”. Cierto que no se hace como organización, por regla general, sino desde una mentalidad que considera que tiene que ser así. Los partidos prometen dar un paso para atrás, en favor de la ciudadanía, pero se colocan en primera linea, incluso llegan a hacer maniobras incomprensibles que dan a conocer para marcar su territorio.

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Dicen que hacen falta contenidos a quienes empiezan, que los ejes ideológicos de su actuación son esenciales y la esencialidad ideológica acaba en cierto fanatismo. Lo cual no les permite ver lo que sucede realmente y se inventan una historia que siguen a modo de un guión con el cual arrastran a quienes se han colocado en su dinámica. Al que no se le tacha de burgués, reformistas y demás apelativos.

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Se aparenta una escisión en el seno de las nuevas organizaciones que no es tal, sino un teatro de volver de donde habían partido, pero con el nombre de la fuerza en la que se han infiltrado. Se forma una coalición, pero sin partidos con los que aliarse, que se han ido o, más o menos, les han echados mediante prácticas de imponer su rodillo. (De ahí la cantidad de apellidos de Los Verdes y subnombres al respecto o antes de organizaciones pacifistas, comités de paz, que algunas llegaron a defender el pacto de Varsovia).

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Es la izquierda decadente, la vieja escuela ideológica, la que mantiene la palabra “izquierda” en su boca. Se convierte en el gran problema para el cambio y atasca al movimiento social, también a la nueva dimensión de la política y a la acción de acceso a las instituciones. Parece que dictan: “o funciona el cambio como yo diga o ¡se acabó!”, y no funciona. Y otra vez el viejo grito “cuanto peor: mejor”.

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Ante el caos y la represión del Poder parece que basta con echar la culpa al capitalismo. El caso es mantener un programa que no encaja con la nueva realidad. La derecha, sin embargo,  siempre se ha adaptado debido a un juego de intereses. Ha llegado un momento en que para avanzar en sus posiciones los poderosos han tenido que dejar a un lado a viejos compañeros de viaje, y los aparta si conviene al nuevo modelo de la derecha y a su nuevo orden.

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La izquierda no se adapta, se aleja de la realidad, por eso surgen movimientos nuevos, pero el viejo orden de lucha se los quiere cargar, como en su momento a los pacifistas y a los ecologistas. La izquierda es incapaz de visualizar y trasmitir nuevas ideas ni nuevas formas de lucha porque la ideología les ciega. Al final una parte de lo nuevo que emerge desaparece, pero otra se queda formando parte de esa izquierda que instrumentaliza el nombre de lo nuevo, pero lo ha vaciado de contenidos. En esa fractura hay quienes aprovechan para colarse en cargos institucionales haciendo lo contrario de lo que han defendido anteriormente. Ecologistas que han acabado apoyando guerras, como la de Serbia, o con cargos desde donde han apoyado la represión y la corrupción policial. Y no pocos profesionalizando su labor. Quien paga manda, no se olvide.

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Capítulo a parte será analizar cómo en esta fractura intervienen los servicios secretos, tanto civiles (“La casa)” como militares (“La Empresa”). Con casos que se han llegado a descubrir y saber a ciencia cierta. pero esto no toca en esta artículo.

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Lo nuevo tiene, por lo tanto, que actuar a modo de una batida rápida, provocar cambios por sorpresa y esperar que algo nuevo surja de ello, tras lo que corran los de la derecha y de la izquierda clásica a cada lado, pero las acción ha de ser de tal intensidad que puedan provocar las transformaciones sociales necesarias, por eso la imaginación y la capacidad de ilusionar son dos elementos fundamentales. Fuerzas éstas que no encajan con la ideología, pero ésta tampoco encaja con el mundo real, sino con el que ella establece en su marco teórico.

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Lo emergente al menos habla el idioma de la realidad, con todos sus defectos y carencias. Renovarse o morir. Salud y al pan pan… 

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  1. 16 mayo, 2015 en 10:10

    La ideología viene a ser esa inercia que nos arrastra a priori, antes de conseguir entender la realidad. Un prejuicio que como todos es devastador en la toma de las mejores decisiones a partir de las posibilidades que nos ofrece la coyuntura.

    saludos

  2. Mario cordero
    21 abril, 2015 en 1:06

    Con razón Jorge Santayana dijo lo que dijo en relación con aquellos que repiten errores: o que no cambian o cambian sus opiniones.

  3. 20 abril, 2015 en 9:37

    Totalmente de acuerdo, radiografía de una decadencia, el mayor problema es la intransigencia, la no colaboración a la que ciertos individuos se ven expuestos, marginados por esos ideólogos y conductistas… La sumisión y el silencio, así como el miedo se reproduce creando una dependencia sugestionada por estos cuadros ideológicos.

    En fin………: Miedo da ver si alguno se hiciera con el poder….

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