Gente precaria

La rebelión de los frigoríficos vacíos”. De esta manera se titula el libro del periodista Enric Llopis. Una obra que realiza al más puro estilo periodístico: dar la palabra a las personas, en este caso a luchadores y luchadoras que participan en los movimientos sociales, con entrevistas que acaban siendo un diálogo. Este tipo de obras no suele llegar a la mayoría de los lectores potenciales, porque el mercado de libros es también un frigorífico, pero lleno… lleno de vacío en su mayor parte.

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Después de leerlo me parece interesante hacer un extracto porque da pistas sobre la lucha de los movimientos sociales, los cuales han logrado crear la esperanza de cambio, aunque luego la gestionen partidos y coaliciones que hacen que, de alguna manera, tengamos que volver a empezar.

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Siempre es necesario un nuevo empuje porque el Poder se adapta a los cambios, por eso los colectivos en lucha son sobre todo creativos. Mantienen el latido de la reflexión, pues como indica Enric hay que hacer visibles las contradicciones de los tópicos o los mantras que lanza el Poder para que sean asumidos sin un tamiz crítico por parte de la opinión pública, como es insistir en decir que no hay dinero para sufragar la Renta Básica, por ejemplo.

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Manolo Cañada reitera en su parte de este libro, insiste, en que es necesaria la acción concreta sobre los problemas esenciales: “la teoría sin práctica es narcisismo”. Yo añadiría que es volátil, inconsistente, porque el contenido teórico sólo puede ser aquello vivenciado (experimentado en carne propia), por eso hay tanto pavo real que declaman en los salones y asambleas de juguete. Para este poeta de la revolución, aunque él no lo sepa que lo es, lo importante no son los análisis sesudos, sino la lucha por lograr objetivos, por avanzar en derechos, porque la palabra huérfana nos hace dar pasos hacia atrás: “Las propuestas sin sujeto son sencillamente literatura: Sabemos que el 75% de las personas desahuciadas están sin un empleo, ¿qué hacer?“.

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La poesía es experiencia interior, cuando se camina sobre ella es camino de revolución, no me cabe la menor duda. Me emocionó especialmente cuando durante las jornadas de la escuela Básica de Verano en Mérida, un pequeño grupo leímos a lo largo de un rato durante la noche poemas de Antonio Orihuela, cuyo poemario “El amor en tiempos del despido libre” se presentó recientemente en el Ateneo Varillas de León. Lo hicimos por casualidad, salió en la conversación con Manuel,  Javier y Raquel, empujando a la noche para hacerla más amplia a la espera del sueño. Otros cantaron al son de las guitarras en el albergue bajo el flujo de las estrellas.

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La poesía no es palabra, sino acción contenida en los versos, o en los renglones de escritura cuando es prosa. Sin la palabra actuar sería tiritar, un movimiento en sí mismo que a nada lleva. Por eso Octavio Paz define la poesía como el teatro de la palabra. Y toda acción lleva en sí un sentimiento, por eso Antonio Orihuela afirma que todo poema social es poesía de amor.

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CAPITALISMO

Ganamos una carrera
y el premio es otra carrera.

Tenemos que salir de aquí.

(A. Orihuela)

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La poesía hace ser inconformista porque interroga a la realidad. Tal actitud permite ver qué sucede, y nada hay sin su historia, sin sus precedentes, lo cual es un aprendizaje cuando se convierte en experiencia. Analiza Cañada: “La debilidad del 15M es pretender que todo emana de este movimiento. Fue un terremoto social, pero lo que vino después no puede entenderse sólo con el 15M”.

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Rafael Mayoral, abogado contra los desahucios, denuncia que se estén violando los derechos, en especial los de poderse defender, en una sociedad a la que se ha desarmado dejando sesgada la acción del poder judicial y a todo su entramado que queda al servicio del expolio contra el pueblo: “los gobiernos de nuestro país han sido mayordomos de las entidades financieras”. Como pueblo, dice, nos han condenado a una deuda perpetua. Propone: verdad, justicia y reparación. Reivindica uno de los fundamentos de Paulo Freire: “la pedagogía de los oprimidos” para lograr la construcción de lo colectivo.

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José Coy, luchador contra las injusticias, empezando contra los desahucios. Se pregunta si el 22M llegó a la mayoría silenciosa. Su mirada crítica se centra en las acciones de los últimos años. Critica que se creasen movimientos sin rostros y sin liderazgos en los que la “dictadura del consenso” provocó asambleas interminables  que otro día volvían a empezar de cero.

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Propone crear cooperativas de créditos éticos, mercados sociales y alternativos en pro del bien común, monedas sociales. En definitiva diseñar un contrapoder.

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Vivian Ntih, migrante nigeriana, que como respuesta a quedarse en paro le amenazan con ser desahuciada. Para pagar lo que le costó la travesía para llegar a España le presionaron para que ejerciera la prostitución. ¿A qué Paraíso llegó?. Y millones de seres en una situación similar, que ella describe. Exige la denuncia de esta situación que será posible con la conciencia de cada cual trasformada en una acción colectiva.

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Mada Bode, para quien su lucha política fue una “locura de juventud”, a la que tuvo que volver cuando se quedó sin empleo y, por lo tanto, en una situación precaria. Su desencanto se debió a las luchas intestinas por el Poder y los personalismos en la izquierda. “Mientras que la gente crea que todo se arregla votando estamos perdidos, este es el gran triunfo del sistema; o nos salvamos todos o se hunde el barco”.

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Joaquín Sánchez, sacerdote activista del 15M y de stop desahucios. “¿Crisis?, no: una estafa financiera muy bien planificada“. Ha publicado su novela “En la fragilidad de la vida”. Le extraña que la gente conservadora que lee los evangelios no vean el fondo de justicia social y de la distribución de la riqueza que hay en su mensaje: “Jesús ha sido el primer comunista de la Historia”.

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Guillermo García Gabaldón, migrante en Inglaterra. En España se moría de desidia y asco, pero ya no sólo por su situación personal, que es la trampa adonde nos llevan los vendedores de información, sino como una situación política concreta. Ha vivido en sus carnes la explotación y abuso en los trabajos temporales y conoce de primera mano cómo se aprovechan de quienes van a buscar un empleo fuera de su país.

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Rosario Morcillo: “sin trabajo, desahuciada y enferma, pero lucha hasta el final por todo el mundo que lo necesita”. ¿En qué periódico de gran tirada sale algo así?, ¿en qué programa de televisión?, que no sea para tergiversar la injusticia en una información convertida en el lloriqueo del corazón. Rosario participa en el Campamento Dignidad de Extremadura. Se apunta a todos los berenjenales, dice. Gracias a personas que no cejan en su empeño la lucha social es imparable.

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Toni Carrión, un parado de larga duración. En un momento dado queda a la cuneta del sistema. Le advirtieron que por su edad queda excluido del mercado laboral. Desde el 15M a las marchas de la dignidad, en las cuales ha participado, ha constatado que es necesario movilizarse porque nadie hace nada por los desempleados. Aboga por la desobediencia civil no violenta. Derrama arte. Tocando la guitarra y cantando viejas letras de lucha muchos de los asistentes a la Escuela Básica de Verano en Mérida pasaron la noche hasta las seis de la madrugada. Y, curioso, al día siguiente fueron puntuales, la mayoría. Desde Valencia participa en las Sillas del Hambre y todo tipo de acciones con compañeras y compañeros de su zona porque considera que es una obligación moral dar una respuesta. Un mundo nuevo, más justo, más solidario es posible, es necesario. Hay que ponerse manos a la obra.

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No son héroes ni heroínas quienes son entrevistados en el libro, sino seres humanos llevados por la conciencia y la necesidad. Y, sin embargo, es ¡tan difícil crear conciencia!. Por eso el Poder aprieta y aprieta, aprieta más, hasta el límite de la necesidad. Evita que se active la conciencia. Por eso es necesario actuar con la palabra… desde la acción. Porque fuera de ésta se originan laberintos, como indica Manolo Monereo, en el prólogo del libro: uno de los problemas de la sociedad moderna es el exceso de información.

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Hay mucha menos actividad social de la que es necesaria. Por tal motivo Diego Cañamero, en otro prólogo del mismo, hace un llamamiento a la gran movilización que se ha de fundamentar en luchas cotidianas, porque “todos tenemos derecho a vivir”, afirma, y es en este nuevo contexto en el que define el momento actual de la lucha de clases y los objetivos prioritarios por los que luchar.

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¿CUÁNTO VALE EL TRABAJO?

Los cuidados recibidos durante el embarazo,
el amor de los padres,
la alimentación, el calzado, los vestidos,
la educación y especialización del trabajador.

Todas estas cosas, cuando entra uno en un trabajo,
¿cómo se miden?
¿van incluidas en el sueldo?

¿Entrarán en la próxima Reforma Laboral?

(A. Orihuela)

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Olga Rodríguez, periodista, en un tercer prólogo, pretende “darle la vuelta a la vergüenza”, analiza que aceptar la desigualdad como algo natural es convertirse en un ser fragmentado. Rebelarse es defender la dignidad. Y se pregunta al comienzo del libro, y que sirva de colofón de este artículo: ¿¿¿“¿Qué es lo que lleva a algunas personas ha hundirse en el dolor y en la desesperanza en vez de intentar luchar por derechos fundamentales?; ¿qué línea separa la desolación de la dignidad?; ¿qué frontera delimita la rendición, la desesperanza, la autoestima, las ganas de reivindicar los derechos que cualquier ser humano merece?”???.

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Queda dicho, gracias a un periodista que da la palabra al pueblo, a la gente y no a los caudillos de la información y sus secuaces, porque para éstos todo va bien, mejora o vamos camino de avanzar. Da lo mismo que sea mentira, construyen laberintos de frases, falsos cuadro omardebates en las radios y televisiones que llevan a callejones cerrados, porque emplean mecanismos de falsas esperanzas que consisten en repetir lo de la salida del túnel, los brotes verdes o los signos positivos del crecimiento económico cuando hay dos parados menos, aunque hayan emigrado o se hayan suicidado otros muchos seres humanos. Informar en favor la lucha de la dignidad contra lo indigno e indignante.

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Además de vaciar los frigoríficos quienes ejercen el Poder, y aquellos que hacen de la corrupción una forma de gobernar, necesitan vaciar las conciencias… pero no pueden. Tenemos la palabra, nos queda la acción permanente, porque por creer en la honestidad, en la sencillez del trabajo, por entender que ser personas solidarias es necesario para la convivencia, nos han convertido en gente precaria. De la misma manera que antaño los poderosos quemaron a los herejes, de la misma manera que llevaron al exilio a quienes creyeron en la libertad. Hasta la victoria siempre.

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Os recomiendo leer este libro.

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1silla arte

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  1. Luis Nieto
    18 agosto, 2015 en 0:12

    Buen momento para compartir ciertas reflexiones que han de prevenirnos en este año 2015 tan electoral, donde mucha gente llena de rabia, pero carente de análisis crítico, cree ver la solución de todos los males dejándose llevar por los encantamientos de otros nuevos mesías. La historia se repite, aunque cambien los decorados.

  2. marc viader i pericas
    17 agosto, 2015 en 11:38

    No se debería en ningún supuesto adoptar una actitud de indiferencia ante cualquiera de los comentarios precedentes sobre “Gente precaria”. Éstos machacan con acierto las conductas que nunca van más allá de lo meramente teórico. Ciertamente, como dice Mada Bode: si la gente cree que todo se arregla votando, estamos perdidos…

    Un abrazo,

    Marc

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