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La no escritura

La no escritura no se trata de aquello que no escribimos, no exactamente. Sea porque no nos atrevemos, porque no nos sale o porque “de cuyo nombre no quiero acordarme”. No. Es otra idea, o mejor decir que se trata de una percepción que al visitar hace poco una exposición sobre la caligrafía turca, de una de sus modalidades cuyo autor es Murat Kahramon, me he reafirmado y atrevido a escribir al respecto.

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Viendo obras de pintores de diversos estilos empecé a dar vueltas a este tema que se me ocurrió, pero sin concretar qué pensaba, por tal motivo he esperado hasta aclarar algo lo que quiero trasmitir.

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Viendo las palabras árabes que pinta Kahramon leí a la par su traducción. Se trata de letras, palabras, frases ritualizadas del Corán muchas de ellas, de gran belleza visual su forma. Cada cuadro caligrafiado tiene un significado, un sonido al ser pronunciada la palabra-frase, pero al no saber ese idioma supe que dicen algo, pero no qué, a pesar de lo cual la visión de la forma y el colorido en algunas, me hizo percibir su belleza por la configuración.

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Al leer palabras escritas a mano de un idioma conocido nos fijamos en lo que trasmiten, en lo que dicen, en su significado. La forma de la escritura pasa más desapercibida, aunque trasmita el carácter del autor y un estado de ánimo.

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Cuando leemos una obra literaria, sea de poesía, novela o teatro, captamos sus mensajes, entendemos lo que nos dicen, pero hay algo que no viene dado y nos ha hecho pensar y sentir, que consideramos que viene de quien lee, cuando es la lectura de lo no escrito lo que contiene tal mensaje no decarado, aquello que hace escribir al escritor y que queda fuera de lo escrito. Esto es lo lo que significa lo no escrito, pero que es comunicado gracias a la escritura hecha.

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En esto situaría el paso de lo que cita el amigo Thoureau, en su “reencarnación” moderna, que cita a Truman Capote: “La diferencia principal no estriba entre escribir bien y escribir mal, sino entre escribir bien y el verdadero arte”. Lo artístico no podemos elegirlo, sino que es algo que viene dado, aquello que captamos y de lo que nos dejamos llevar, o no sale. Lo no escrito es lo que empuja a que una obra literaria sea arte.

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Unos versos, a veces sencillos, nos conmueven, nos traspasan para llegar a lo más profundo, mientras que otros parecidos o de gran belleza formal no nos dicen nada especial. ¿Por qué?, porque hay algo que no sabemos muy bien qué es. Es a lo que pretendo llamar “lo no escrito”.

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Permitidme un paréntesis, porque hace poco en un intercambio epistolar con un conocido escritor, me di cuenta de que una historia que se cuenta, o que transita por una poesía, puede ser muy simple y trasmitir mucho. Una narración compleja acaba por diluirse en nada, en su propia complejidad. Las obras maestras de la literatura se fundamentan en historias muy sencillas, que dependen de cómo se cuentan fundamentalmente. Los laberintos narrativos, poéticos o dramáticos son la retórica literaria. Deslumbran por su aparatosidad, pero en ellos nada deslumbra, no hay estallido interior porque nos perdemos en la mera palabra.

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Lo importante no es lo que se cuenta, sino la capacidad del autor de lanzarse a su obra, lo que no quiere decir que esté en ella, sino que se sumerja realmente, lo cual da lugar a que cuente ese aspecto invisible, sin hacerlo visible porque su su presencia no siempre es advertida.

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No estoy haciendo un juego de palabras, o sí. Como narra José Saramago en “El viaje del elefante”: “todo eso son palabras y sólo palabras; fuera de las palabras no hay nada…”, todas sólo pueden ser explicadas con otras palabras. Es sin ellas como percibimos lo no escrito, ese no sé qué que me atrae de una lectura, que me inspira a escribir para acercarme a esa sensación. Se trata de algo que atraviesa el inconsciente sin formar parte de él.

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Los mismos autores no saben muchas veces de donde ha salido una idea, una parte que no pueden suprimir, pero tampoco enseñar. Por ejemplo la relación no escrita entre don Quijote y Sancho Panza es la que da valor a todas sus andanzas y profundidades psicológicas. Nada dice el autor de que el orondo escudero estuviera enamorado cuando tal vez sea lo que le impulsa a irse con el loco caballero también enamorado. Cervantes no lo cuenta, ni hay nada al respecto que lo permita interpretar, pero en la relación de ambos hay un nexo en común en donde se enganchan uno en el otro y esa parte invisible es la que se agarra del lector y lo atrapa. Por eso Sancho quiere la ínsula, y sabe que lo que embiste el hidalgo Quijano son molinos y que agujerea pellejos de vino porque sabe lo que le ocurre propia experiencia, la cual oculta, que no sólo Cervantes no escribe, sino que forma parte de su no escritura, lo que convierte esta obra en arte, en una obra de arte. La “no locura” de Sancho es la excusa. Y así se lo dejo planteado a un estudioso de esta obra, Jose Manuel Sánchez Ribas.

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Hace poco en una tertulia anual sobre obras literarias amplias, Cristina Flantaisn comentó con respecto a “La Regenta” de Leopoldo Alas Clarín que el personaje Frígilis es homosexual. Volví a retomar la obra, pero no lo vi, porque me fijé en lo escrito. Sin embargo Cristina se refirió a una sensación, en cuanto a que este personaje no se siente atraído por mujer alguna y don Álvaro, el regente de Vetusta, tampoco hecha mucho de menos a su esposa y con la criada intenta un escarceo sin demasiado interés, como si probase a ver si … Y al querer entender la no escritura (no lo no escrito) me di cuenta de que puede que eso forme parte de la obra oculta.

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Lo no escrito del drama de don Juan es que realmente está enamorado y la relación sexual que pretende con doña Inés le impide vivir aquella exaltación, por eso muere, porque mata su enamoramiento oculto y por eso a su vez Zorilla lo salva en el cielo, necesita que doña Inés lo ampare, y no sabemos exactamente el porqué… Los poetas que nos hacen vibrar son aquellos que juegan con el silencio y nos trasladan a él. Algo así como sugiere Salvador Negro cuando afirma que su poesía le vienen dada, es ella la que se manifiesta y llega a él, atento. Porque hay una parte que no escribe, pero que aparece. Lo cual rezuma en su primera obra, inédita, “Idolatría”, en la cual gravita el peso de todas los demás libros de poesía que ha escrito. Hay que saber leer la no escritura, que no es interpretar, que quien tiene experiencia lectora la capta, pero no se ha señalado “científicamente” o lo que es lo mismo “de manera oficial”.

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Por ejemplo el protagonista de la novela “En busca del tiempo perdido” de Marcel Proust se siente atraído por Albertina, entretejen una historia de pasión y celos, pero lo no escrito es que él no quiere amarla, goza de su sexualidad con ella, pero no quiere porque su ser está en Gilberta, por eso el camino de Swann es un camino oculto, no paralelo. No lo cuenta, pero lo hace visible en el reencuentro con ésta, pero sin escribirlo, aparece como no escritura. O mejor dicho: se siente gracias a la no escritura. O Bloom, el protagonista de “Ulises” de James Joyce, no teme que su mujer se relacione con otro, ni que se vaya a ir con aquel compañero de canto que es amigo de ella, sino que teme la sexualidad, por eso su atracción erótica con la chica que ve de lejos, sólo sucede en la distancia y tiene miedo de que su hija se vaya al campamento con chicos porque va a empezar a mantener relaciones sexuales  con alguno. Por eso se masturba sobre Molly, su mujer, al final del día. Lo hace estando ella, cree, que dormida y situada dándole la espalda. Aquel día 16 de julio, asistió a un funeral. No puede evitar pensar en el hijo que tuvo con Molly, su esposa: murió. En la no escritura de esta obra palpita el miedo y la inseguridad, sin que aparezca escrito. Ella le dijo “sí”, pero pudo ser cualquier otro y eso Bloom lo capta desde que la conoce, pero nada cuenta de esto el autor, aunque lo trasmita.

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La no escritura es aquello que comunica al lector lo no escrito. Aquello que el escritor no escribe, sin saber que no lo escribe.

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Mientras corrijo una novela que he realizado a lo largo de muchos años, descubro que hay que introducir “túneles” para contar la parte oculta de la historia, no ocultada, sino que no aparece, pero que es lo que explica sucesos posteriores y hay que relacionarlos. Más que pistas son referencias.

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He descubierto que los grandes escritores lo son por aquello que no escriben en sus obras, lo cual da fuerza a lo escrito. Lo podemos comparar con la obra “El aguador” de Velázquez, la copa es trasparente, no la pinta, porque no se ve sino su transparencia, pero nos la hace ver, sabemos que es una copa de cristal, no un hueco. Sobre ella gira el cuadro y es lo pintado lo que nos hace percibir y admitir en nuestra visión la transparencia de la copa. Aparece lo no pintado sobre la pintura, lo cual da lugar a percibir lo trasparente. Si no hubiera lo no pintado sería nada. Evidentemente.

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O unos gestos. El pintor pinta labios, ojos, la piel de donde emana lo gestual, no en la forma dibujada, sino en lo que trasmite lo no pintado. Un amigo de hace años, Pedrulo, me enseñó a mirar la belleza. Recuerdo que explicó que lo no enseñado por una mujer es lo que trasmite la belleza a lo que vemos en ella, lo bello de una mirada está en el pudor y en el desenfreno no manifestado. Porque es lo que estimula el deseo. Me pareció una teoría extravagante, pero me viene a la memoria con este tema.

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Pablo Neruda, Jose Luis Borjes, Pedro Salinas, por ejemplo, han escrito al amor, pero han dejado en el fondo de sus poemas el poso de lo no escrito, que no son referencias biográficas, ni sus fracasos amorosos, sino ese misterio que en otro sentido escribe santa Teresa de Jesús, pues para ésta y para san Juan de la Cruz lo no escrito es el misterio y así lo llaman, lo que hace de su obra una literatura mística al quererse adentrar en la no escritura que indagan y quieren traducir a escritura, por eso revelan la parte no escrita de la escritura en algunos textos inmensos, que llegan a parecer /ser tremendamente eróticos, de manera que los poetas anteriormente aludidos aman porque no aman en lo que escriben, mientras que en la no escritura no aman porque aman y para amar aquello que aman realmente, pero que no ven-no-aman, necesitan escribirlo, hacer visible el amor y palparlo en la palabra, porque es conciencia e inconsciencia,  para conseguir amar lo no amado que les hace amar y captamos en la no escritura de entre sus versos.

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De una manera gráfica lo explica, en otro ámbito, pero revelador y lo podemos traer a colación, Lao Tse, cuando enseña en su pedagogía de la paradoja que tan importante son para hacer la rueda de un carro la circunferencia de fuera y los ejes, como los huecos entre éstos que también forman parte de la misma, pues sin ellos no sería rueda, no es que tales huecos sean nada, ni espacios vacíos, sino partes de la rueda que ellos también construyen sin que veamos nada, sin que hagamos nada, sin que sea nada sino que aparecen y sin ser hacen que la rueda sea. De la misma manera la no escritura (no lo no escrito) forma parte de la obra, es ella y hace que lo escrito sea y aparezca en su plenitud.

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Treinta radios convergen en el buje de una rueda,
y es ese espacio vacío lo que permite al carro cumplir su función.
Los cuencos están hechos de barro hueco
y gracias a esta nada cumplen su función.
Puertas y ventanas se abren en las paredes de una casa,
y es el espacio vacío lo que permite que la casa pueda ser habitada.
Así, lo que es sirve para ser poseído.
y lo que no es, para cumplir su función”. (Lao Tse)

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Y siguiendo sus enseñanzas “los que hablan no saben, los que saben no hablan”, por eso lo cuento, porque no sé muy bien a qué me refiero.

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  1. 16 febrero, 2016 en 18:42

    Yo diría que es justamente el precio de lo no dicho lo que marca la diferencia. En una ocasión le preguntó Edith Wharton a Henry James: “¿Por qué tus personajes dan la impresión de no tener ningún sitio adonde ir fuera de las páginas de tus libros?” Fue una manera indirecta de echarle en cara que sus personajes estuvieran hipertrofiados literariamente, por lo que daban la sensación de no estar realmente vivos.

    Una obra literaria nace más o menos muerta en función de los aditamentos que le tengamos que añadir, al igual que una mujer poco agraciada trata de suplir mediante el maquillaje lo que no le ha dado la naturaleza. Gracias por la alusión, Ramiro.

  2. Jose Miguel
    16 febrero, 2016 en 12:19

    Estimado Ramiro:

    LA NO ESCRITURA Y LA EXPERIENCIA.DE LA VIDA

    Me gustaría hacer una distinción, cuando hablas de lo no escrito como la nada en referencia Lao Tse, también estas incluyendo las experiencias personales y por ende dando una interpretación personal a lo no escrito.

    Por poner un ejemplo hay obras que dependiendo el momento vital de cuando las les te dicen una cosa u otra. Es decir ponemos mas el acento interpretamos lo no escrito de una u otra manera.

    Una obra te puede llegar al alama porque uno esta en éxtasis o en comunión personal porque ha vivido o esta viviendo experiencias similares que ves reflejada, y la misma obra en otro momento de tu vida pudiera parecer insulsa o no comprendida.

    Por eso las diferencias y matices.

    Es decir el yo también esta presente de alguna forma en la nada.

    Saludos

    • 16 febrero, 2016 en 20:47

      Estoy muy de acuerdo. Es un yo difuso… sí. Que se descubre al escribir, al leer… sí.

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