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La conquista de México según el soldado Bernal (1568) (II parte: ¿genocidio?)

bernal penstTras haber leído el testimonio de Bernal Díaz he considerado muchos prejuicios que he tenido sobre la conquista de América. Deformaciones de los hechos que viene ya de entonces, hace cinco siglos, distorsionan la perspectiva sobre la Historia. Precisamente es una de las razones por las que este soldado que participa en la conquista de México escribe de anciano su experiencia y recuerdos.

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También para desmontar lo falso que contaron los cronistas oficiales o que se diera la imagen de un único conquistador enaltecido y nada se dijera de los demás que combatieron codo con codo con él y dejaron su juventud y muchos su vida en ello. Pero es que además de un hecho histórico se ha cambiado a uno religioso, de un acontecimiento, en un principio casual, se ha establecido un destino que se perpetúa y define todavía nuestro futuro, si no tomamos conciencia sobre qué construcción histórica se sustenta nuestro mundo. Es como si un día lluvioso vemos por la ventana un paisaje soleado al pie de playa, que es un cuadro. Salimos a la calle y nos mojamos.

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Evidentemente no es un texto histórico el que escribe Bernal, no está fundamentado en documentos, aunque los historiadores sí lo han contrastado, y en ocasiones hay errores propios de los fallos de memoria. Tampoco es una crónica metódica ni mantiene un punto de vista objetivo. Pero sirve para sacar muchos datos y conocimiento, no pocas veces por las cuestiones marginales que cuenta a modo de anécdotas. Cuenta lo que ha vivido o que le han contado de primera mano, no de oídas y se niega a las invenciones que otras hacen en cuanto a acciones milagrosas o brutalidades que fueron la excepción y nunca aprobadas ni se apoyaron, más al contrario fueron perseguidas.

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Una vez más he de solicitar vos paciencia lectora y presentar mis disculpas por alargarme. El tema lo merece, pues tiene enjundia. No obstante las partes que anuncié en el artículo anterior las mantengo, pero añado otras anteriores. A parte de que me enrolle es un tema complejo y tremendamente tergiversado.

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Ha lugar hace unos días, después del anterior artículo, que discutí sobremanera con dos jóvenes, un chico y una chica, que se encararon al grito de ¡la conquista del México fue un genocidio!, que como algunos y algunas bien pensantes, afirman que nada hay que celebrar de aquellos acontecimientos y es menester condenarlos. Muy bien, contesté, que al peso de la experiencia y de lo que enseña a disertar Miguel Ángel Castro en sus clases de filosofía, decidí aplicar un poco de mayéutica al estilo de Sócrates, que en la calva tenemos un cierto parecido.

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La idea que enerva es que los conquistadores atacaron a indígenas indefensos de aquellas tierras que iban desarmados, medio desnudos a los que se mató sistemáticamente para coger el oro de esas tierras, adueñarse de sus riquezas y violar a las mujeres. Y además imponer la fe católica a sangre y fuego. Se concibe este hecho histórico como el de matanzas indiscriminadas para acabar con aquella población en una sociedad paradisiaca.

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Cuestionar esta tesis es ser “facha” o justificar algo atroz. Es difícil de esta manera un debate enriquecedor. De ahí la necesidad de datos, argumentos y conclusiones. Y análisis. Por ejemplo a partir de haber leído esta obra que digo. Pero que cada cual dé sus resoluciones personales con criterios propios mediante el dialogo con la Historia, que como dejó escrito Tácito ha de ser maestra del presente y enseñanza, no tanto las ideas, ni las creencias o la moral.

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Pongo entre interrogantes la palabra “genocidio” en el título, no porque no lo fuese, sino para plantear si fue inevitable o no y si fue la intención de los conquistadores. O si sucedió por causas ajenas a la voluntad de quienes desembarcaron en aquellos lugares antes nunca visto ni conocida su existencia.

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Este segundo interrogante nos llevará a las siguientes partes de este artículo sobre la imagen del conquistador en su tiempo y cómo se quiso acabar con su quehacer rebelde y “aventurero ante un Poder establecido que se estaba modernizando para llegar a lo que hoy en día es. Se pretendió su fin por otros menesteres añadidos en cuanto a la mentalidad que llevó a muchas personas a  lo desconocido, actitud que se quiso dominar y domar, porque abre puertas incontrolables. En buena parte tal afrenta dio lugar a la codicia y a querer enriquecerse, lo cual representan a mi entender  el antagonismo de las figuras literarias de don Quijote y Sancho Panza. Pero ya llegaremos a esto, no sin advertir antes que como cuenta Mercedes Salisachs en su novela “La gangrena” “la semilla estaba dentro”.

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No me olvido de la conversación que mantuve con la pareja joven a la que informé sobre unos datos que detallo someramente a continuación, para luego pasar a la pregunta que les propuse para que fueran ellos quienes diesen la respuesta.

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Una obra como la del soldado conquistador, “conquistador viejo” se llama a sí mismo, no es sólo un memorándum, trasmite vivencias, su experiencia y la cuenta según le va en ella, a veces justificando sus acciones, pero dando fe de lo acontecido. Hay otros testimonios o recopilaciones y además estudios arqueológicos, documentales y demás con los que comparar. Escribe desde su tiempo y mentalidad, por lo que narra lo que acontece sin tapujos, lo expone tal cual y muchas cuitas cotidianas, pareciendo hoy de poco sentido o demasiado violentas.

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Los soldados conquistadores participaron desde toda la geografía de España, hubo alguno de Portugal, cuyas ciudades españolas de origen dieron nombre a nuevas poblaciones en la Nueva España, que ciertamente fue otro mundo, no sólo geográfico sino de manera de pensar y sentir, costumbres y organización social. Se encuentran en un territorio desconocido. En éste proyectan muchos mitos y afanes, en unos casos materiales y en otros de creencias que son alimentadas por el imaginario colectivo.

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La realidad con la que se encuentran es que llegan a unas sociedades enfrentadas entre ellas, que practican el canibalismo sagrado y el de botín de guerra. Comen a seres humanos. Lo cuenta Bernal, pero otros muchos testigos y cronistas también y se han encontrado restos arqueológicos que lo atestiguan sin lugar a dudas. No voy a caer en el maniqueísmo de los buenos y los malos, no sino de comprender el hecho y ver las consecuencias, que pasaré a razonar seguidamente.

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Al plantear esto a mis contertulios jóvenes, les dije que imaginemos según su criterio  al ser como fue un hecho cultural que habría que respetar en aquel entonces, que no lo iban a dejar de hacer, como así fue, por el debate ni el diálogo, que sí lo hubo, y tales prácticas de canibalismo continuarían haciéndose, por respeto y para no ejercer la violencia contra quienes lo practicasen como eje de toda una sociedad religiosa.

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Llegamos a nuestro mundo, ellos que han votado me dicen a las fuerzas del cambio, progresistas que están en contra del maltrato animal, de que haya circos en las ciudades, en contra de las corridas de toros por lo que supone de violencia contra los animales, pero como se tuvo (imaginemos) una intervención humanitaria, de aceptación de las culturas indígenas, en esa parte del mundo se comen a seres humanos. ¿En qué momento de la Historia habría que haberlo evitado?, ¿o se deja que se siga haciendo, por respeto? ¿Lo aceptarían ellos dos y los responsables políticos que acusan a los conquistadores de genocidas? Quedaron atónitos, pues les conté además cómo se hizo. Quedaron en silencio. Les pedí una respuesta. Insistí: nos manifestamos contra que se tire una cabra de un campanario, estuve con ellos días antes en una manifestación en la Puerta del Sol contra la matanza indiscriminada de lobos, ¿dejaríamos que unas personas se comiesen a otros seres humanos? ¿Qué hacemos para que no suceda?, ¿o lo defienden como algo propio y necesario? Si es así en algún momento debería de impedirse, ¿o no? ¿Cuándo según ellos? Y si no ¿qué coman a su pareja o a su padre o madre? ¿o los de otros? Se pusieron a llorar ambos. Y yo también.

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Mientras que escribo este artículo me llaman al teléfono los dos; Julián Torres y María Concepción Hidalgo, digo sus nombres, con una melopea considerable y gritan ¡viva Montezuma!, les digo que ¡viva! y que ¡viva también Hernán Cortés!, el soldado Bernal y que ¡viva todo el mundo! Cuelgo y sigo escribiendo este artículo.

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No fue, ni mucho menos aquella una sociedad mexicana de gente mala y perversa, ni atrasada pues tuvieron avances en orfebrería, sistemas arquitectónicos muy desarrollados y demás, sino que practicaron el canibalismo en un sentido bondadoso que luego se ha estudiado. Según sus creencias los seres humanos existen como alimento del sol y la luna, tal es su sentido en la tierra, por lo cual se sacrifican hombres y mujeres, porque de lo contrario dejarían de moverse y desaparecería la vida en nuestro planeta. Hubo quienes daban para tal fin a algún familiar al que sacrificaban y hasta hubo voluntarios al pensar que su espíritu saldría ganando si era sacrificado a los dioses.

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No bastó con matarlos sino que los comían para que a través de los sacerdotes lo comieran los dioses astros. Durante un tiempo los engordaron en jaulas. A los conquistadores que apresaron además les hicieron bailar ante los caciques golpeando los pies o acercándoles palos con fuego. La manera de sacrificarlos, de lo cual hay restos irrefutables, a parte de lo que contasen testigos presenciales, fue cortándoles los brazos y las piernas para comer, sin anestesia ni nada, y antes de que muriese se les sacaba el corazón como ofrenda sagrada. Las extremidades se guisaban y se comían. Las entrañas se echó de alimento a felinos y otras fieras que tuvieron en pequeños zoos. Los templos, cuas, tuvieron la función de matar y comer a los prisioneros cebados para tal fin.

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No me regodeo en contarlo, sino que sale en esta obra tal cual, pero también otras formas de matar no menos terribles por parte de los conquistadores, que nunca admitieron el canibalismo. Ya en aquella época madres de los soldados muertos en la conquista de México al saber cómo aconteció enloquecieron, de lo cual da fe Bernal que supo de casos. No hubo internet, ni fotos, ni prensa, pero fluyó la información de quienes viajaron en barcos, de quienes contaban y luego el boca a boca hizo que se extendieran las noticias, al cabo de los meses, pero se supo. Como cartas que se enviaron de un lado al otro del Atlántico, muchas de las cuales se guardan en los archivos históricos. Se creó opinión pública al respecto.

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Mi pregunta es ¿hubo que admitirlo? Y mi reflexión es que tanta barbaridad se aplicó como una forma de creer, de igual manera que con la Inquisición en este lado del mundo y como portadores de la cruz, se llevaron a cabo torturas salvajes: quemar en hogueras a los herejes y brujas por sentencias sin sentido. Una locura, sí, que se justificó por el bien del penado porque con el dolor del cuerpo iba a salvar su alma y se buscaba en el último instante su arrepentimiento, al pagar con el dolor haber pecado.

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Hagamos balance sobre lo que cuenta este libro. Soldados católicos se encuentran con una sociedad en la que está generalizados lo que llaman tres “pecados nefandos”: la idolatría, el canibalismo y la sodomía. Que los conquistadores pidieron que los dejaran siendo los misioneros quienes les iban a educar en la fe “verdadera”. El tercero fue un error, ya que ciertamente se practicó, pero tanto las necesidades biológicas como la copulación se ejercieron sin rubor y poca intimidad, por lo que fueron testigos. Lo veremos más en el siguiente artículo (“evangelización”) que al hacer el coito con la hembra de espalda y a gatas pensaron que las sodomizaban.

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Respecto al abuso de los españoles con armas de fuego hubo dos elementos esenciales, las escopetas que usaron los escopeteros tuvieron la dificultad de quemarse en su uso muchos las manos. El estruendo que hacen asustó al principio a los indígenas. Al ser un lugar desconocido no supieron si tendrían armas más potentes que las suyas. Por otra el uso de caballos que al cargar contra el enemigo tiene una capacidad de destrucción mucho mayor. Pero los indios usaban bolas de barro, flechas lanzadas con gran habilidad y brío. La desproporción fue de quinientos soldados conquistadores y más de veinticinco mil los méxicanos. Algo que hubiera hecho imposible la conquista. Pero Hernán Cortés se alió con tribus sometidas y atacadas por los méxicanos. Que decidieron luchar a su lado contra los otros. En ocasiones se sintieron incómodos los españoles porque cuando perdían alguna escaramuza los propios que los acompañaron comieron algún cadáver de ellos, porque entendían la religión como algo que da la victoria y si ganaban unos se arrodillaban ante la cruz y si los otros comían para ofrecer sus parabienes al otro dios victorioso. Saber que se comían sus cuerpos si caían prisioneros creó auténtico pánico entre los soldados españoles, que preferían morir en la batalla. Este factor fue importante. Así como creer Montezuma y varios papas que los jinetes formaban una unidad con el caballo, siendo sus dioses, los teules,  a los que tenían que rendir pleitesía. 

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Digamos, cuenta Bernal, que cuando un caballo quedó herido lo curaron abriendo el cuerpo de un cadáver de un indio para usar su grasa como ungüento de las heridas. O quemaron los pies a los nuevos jefes cuando murió Montezuma para que confesase donde escondieron los tesoros. Bernal no lo oculta, si bien manifiesta su malestar y desacuerdo de él y otros, y que no hubo hasta más adelante una norma de conquista clara porque fue todo muy precipitado, con otros conflictos en Europa y dentro de España, por lo que aplicaron las normas de la Reconquista añadiendo el descubrimiento de nuevos territorios, para luego aplicar: descubrir – conquistar – pacificar – poblar.

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Otra cuestión que narra sin tapujos y explica qué sucedió es la matanza de unos seiscientos caciques y papas de varias tribus que se reunieron para celebrar una fiesta previo aviso a los soldados españoles que quedaron a las órdenes de Pedro Alvarado. Cortés con un batallón de soldados salió al encuentro de Narvaez y los suyos que iban a detenerle, siendo más y bien armados, por lo que tuvo que aplicar un plan inesperado para ellos. La acción de ir contra los conquistadores llegó a oídos de los méxicanos que iban a apoyar al nuevo conquistador contra quien les había invadido. La red de informadores de las tribus fue muy extensa y rápida por lo que se deduce del libro. Bernal cuenta que, como en otras ocasiones, mexicanos descontentos con el Poder suyo e indios de otras tribus les informaron de que les iban a liquidar, aprovechando que faltaban muchos. La fiesta fue en el Templo Mayor y durante varios días no dejaron de tocar tambores y cánticos que ponían nerviosos a los soldados, les sacaron de quicio. Lo cual al darse cuenta los mexicanos lo potenciaron. Hasta llegar a donde llegaron habían experimentado el engaño como forma de actuar de los indígenas, invitarles a entrar en un poblado y hacerles una celada. A Alvarado le informaron de lo que pretendieron matarles a todos y decidió adelantarse, lo que Hernán Cortés y otros vieron como un error, hasta el punto que al volver la ley previó ahorcarle, lo que no hizo Cortés por ser de su tierra y amigo, pero sí se lo recriminó y le quitó la capitanía. Fue un acto a vida o muerte, fundamentado y en donde el pánico intervino como factor psicológico, no fue con premeditación ni con la intención de exterminio.

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La muerte de Montezuma se ha contado de muchas maneras. La de Bernal es verosímil. Así como la convivencia con él. Lo detienen los conquistadores como una garantía de supervivencia, en el mismo reinado de aquél. Le respetan, le quieren y lloran su muerte, que fue por una pedrada de los suyos cuando pretende pedir paz y esperar. Lo hieren. Bernal apunta que pudo curarse, pero que pudo pedir a su asistente que lo envenenase. Los españoles de allá lamentaron mucho su muerte, porque se convirtió en el mejor aliado, aunque temieran su traición. Se dice que lo mataron y lo sacaron sujetándolo siendo cadáver… pienso que Bernal, pasados los años lo hubiera  narrado. Y no les interesó en cualquier caso.

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No justifico nada de lo que sucedió, pero sí comprender hasta lo más hondo ¿por qué? y reconocer que hay situaciones irreconciliables y circunstancias que hacen inevitables los futuros acontecimientos. Fue como fue y así fue y lo que debe de servir es de enseñanza para el presente y no tener actitudes cerradas a un lado ni a otro. La Historia se ha de entender desde la mentalidad de quienes intervienen en ella. En el caso de los conquistadores hay que preguntar que por qué se les denostó de aquella manera y todavía hoy perdura, sobre lo que trataremos en otra ocasión.

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Bernal cuenta la de las dos partes: la conquista y el reparto de las riquezas. Temas que pospongo para próximos lunes, así como otros contrastes y muertes masivas que tuvieron lugar. Abusos y castigos a quienes los ejercieron. Y otras reflexiones que dejo para sucesivos artículos. La realidad es muy compleja y no se puede trivializar ni simplificar.Ssacar conclusiones tajantes es  arriesgado. Más cuando en un hecho intervienen factores psicológicos, sociales, históricos, culturales, antropológicos, de religión, sexuales, políticos, personales y colectivos… Y elementos que intervienen sin saber que pudiera pasar algo así como sucedió  con la muerte de muchos méxicanos y caribeños por la enfermedad de la viruela, que achacaron a que en una expedición de Narváez llevó a un negro de África que es al que culparon de aquella infección. Los soldados españoles murieron de otras enfermedades desconocidas, pero no tanto, por mareos y fiebres, que en un caso acusaron a Hernán Cortés de envenenar a Ponce de León, pero de igual forma murieron muchos en el barco en el que fue, o su esposa Catalina que fue a México desde Cuba, pero que le dieron antes frecuentes mareos, pero su marido fue acusado y juzgado por tales sospechas de haber sido envenenada, tras una disputa en un banquete previo. Pero no pocos murieron de empacho, así lo cuenta, al estar días sin comer y pasando hambre y llenar la barriga con tortas de maíz, de cerdos asados de la selva rellenos de aves, o comilonas que hicieron al final de las refriegas, con hinchazones de tripa y demás que llevó a muchos a la muerte. Al final de la contienda en la relación que hace Bernal, de los antiguos soldados que llegaron quedaron cinco, lo que hace ver que no fue empresa fácil ni un paseo triunfal.

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Hay choques inevitables que sólo desde la comprensión se podrán superar en el presente actual en el que vivimos. Situaciones que nos llevan a destrucciones “inevitables” si no se detienen mediante la comprensión de los “otros” sin crear bandos de “buenos” y “malos”. O situarnos en el limbo. Por eso un libro como el que escribe Bernal puede servirnos de espejo y descubrir cosas de nosotros que no vemos sin una imagen, buenas y nefastas. Que nos retratan por dentro y descubren nuestro ser histórico y lo que somos desde dentro como seres sumergidos en el tiempo, porque no nacemos de la nada y nos encontremos en un camino determinado pudiendo haber otros.

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  1. 15 marzo, 2016 en 21:48

    Hay una interesante película de Mel Gibson como director (“Apocalypto”), que trata precisamente del holocausto de la civilización maya a manos de los aztecas, justo antes de ser estos a su vez masacrados por los conquistadores españoles. Se puede apreciar que aquello no era ninguna Arcadia antes de que llegara el desalmado Hernán Cortés allí. Muy recomendable.

  2. Miguel Ángel Fernández
    14 marzo, 2016 en 23:51

    La “Historia verdadera…” de Bernal me ha entusiasmado.

  3. simon lopez quero
    14 marzo, 2016 en 14:52

    Bernal Díaz del Castillo… ¿Pero que hacía Hernán Cortes allí?

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