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La conquista de México según el soldado Bernal (1568) (IV parte: conquistadores y don Quijote)

Lo que me motivó para continuar la larga lectura del libro de Bernal fue que es de Medina del Campo, Valladolid. Su padre regidor  medinense, igual que Garci Rodríguez de Montalvo, autor del libro “Amadís de Gaula”, que tanto aparece citado en la obra de don Quijote. Se conocieron. Llevé varios años estudiando esta obra de caballería en relación con la que escribió Miguel de Cervantes.

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Me di cuenta de que Cervantes no caricaturiza a los caballeros andantes, incluso dudé de que hubiera leído entera la obra sobre Amadís, tan atareado como estuvo en escribir y dedicado a ir de un lugar a otro, porque leer exige de sosiego. No cabe duda de que Cervantes es un gran observador, dispone de una amplio acervo cultural y es un gran psicólogo como atestiguan sus obras. Pero tergiversa y manipula la imagen de las novelas de caballería, que no caricaturiza, sino a los conquistadores con sus dos personajes principales, don Quijote y Sancho Panza. Sobre éste trataremos el próximos artículo. Deforma las novelas que no sólo crítica, sino que condena finalmente en su obra. A punto de morir el hidalgo dice: “no soy don Quijote de la Mancha, sino Alonso Quijano… ya soy enemigo de Amadís de Gaula y de toda la infinita caterva de su linaje; ya que me son odiosas todas las historias profanas del andante caballería; ya conozco mi necedad y el peligro en que me pusieron haberla leído”.   Cervantes dice por él mismo que pretende: “no dar crédito a los libros de caballería, que con eso se tendrá bien pagado“ y “no ha sido otro mi deseo que poner en aborrecimiento de los hombres las fingidas y disparatadas historias de los libros de caballería, que por las de mi verdadero don Quijote van ya tropezando, y han de caer del todo, sin duda alguna”. Ataca lo que para él y en aquel entonces fue criterio común el alma de los conquistadores, pero en contra de cómo se comportan y cómo reivindican su proeza, que una parte de la sociedad minusvalora y desprecia.

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¿De qué se ríe don Quijote y hace reír?, a la vez que logra que se convierta su obra magna en una novela muy leída y de mucha actualidad en su época. De los conquistadores del nuevo mundo como hemos venido apuntando ya, lo cual estuvo de actualidad por aquel entonces. Sobre todo en la primera parte de esta obra. La segunda es más literaria. Aún así en la carta que don Quijote escribe a Sancho, cuando es “gobernador” de la ínsula de Barataria le aconseja que no sea mujeriego, ni glotón, ni codicioso. Ninguna de las tres cuestiones lo son los caballeros andantes de las novelas ni sus escuderos, pero sí los conquistadores, de lo cual llegan noticias y exageraciones a la península. No obstante Bernal habla de ello. Cuenta que muchos soldados al terminar las batallas y al final de la conquista durante las celebraciones murieron por empacho al comer en exceso. Narra también como hubo bandas que dejaban el batallón para saquear pueblos, abusar de las mujeres y algunos hasta profanaban tumbas para coger el oro de objetos con los que eran enterrados. Y que actuaron contra ellos. Y la codicia de él mismo en querer más tierras, más encomiendas. Y sobre la belleza de las mujeres y las aventuras de Hernán Cortés, que llegó a pelear a navaja por asunto de mujeres y tuvo amantes nativas y esposas castellanas, y aventuras que le hicieron coger fama de “travieso de mujeres”, incluso que envió a maridos fuera para poder acostarse con sus respectivas esposas, aunque no siempre lo consiguiera. Estos tres consejos que da a Sancho su señor son lo que caracteriza a los conquistadores, no sólo por fama, sino reconocido por quien fue uno de ellos.

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Mi tesis es que Cervantes ridiculiza a los conquistadores, en su doble vertiente, la de soldados que van en busca de Eldorado, a los que se desprestigia y se pretende quitar méritos y a los mismos cuando finalizada la conquista y exigen machaconamente sus derechos, sus riquezas, encomiendas, territorios, “ínsulas”, etc. A través de ellos arremete contra las novelas de caballería de las que son lectores los conquistadores y que Bernal cita en diversas ocasiones a modo de exaltación de su lucha, a la que califica de epopeya.

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Es un debate éste del papel de los conquistadores y sus méritos, que está en la sociedad de aquella época, algo que Cervantes oye al respecto porque recorre los pueblos como recaudador de impuestos, en muchos de los cuales hay noticias de hijos que no han vuelto del Nuevo Mundo y que reclaman sus derechos mientras que muchos piensan que es una lucha sin mérito, como sí lo tiene luchar contra los turcos y contra los protestantes en Flandes. A los conquistadores les califican de “pedigüeños” y hay coplas y canciones populares que así lo trasmiten y llegan a hacer cantares despectivos de “”fray Hernando”. Los conquistadores dicen que han luchado contra “gigantes” y la gente y los soldados de otras batallas piensan y comentan que son “molinos”.

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Todavía hoy se quiere negar la autoría de esta obra de Bernal que aporta datos precisos y muy concretos que fuera de ser vividos no es posible. Acaba de escribir su obra el año 1568. Lo hace porque está harto de lo que se informa de lo que para él es una hazaña, la mayor epopeya comparable a la de Alejandro Magno y hace notar que ha participado en más batallas que Julio César, a lo que dedica un capítulo. Son despreciados y las exageraciones de los cronistas y clérigos deforman su labor.  Reivindica la conquista de la Nueva España como una obra colectiva y no la de un sólo personaje. El año 1552 editó el cronista Francisco López de Gomara “Historia general de las Indias” sin haber sido testigo de nada, sino que escribe de oídas, de lo que le contó sobre todo Hernán Cortés, quien no revisó sus escritos en los que mucho inventó el escribano. Bernal Díaz envía una copia de su trabajo manuscrito a España el año 1575. Hasta 1632 no se editará, pero circuló su opinión de manera oral, tal como en aquella época se trasmite la información. Es un tema que circula de boca en boca… hasta el punto de que se prohíben las obras de los conquistadores y sobre los mismos. También la de los libros de caballería. ¿Por qué? Deberíamos preguntárnoslo. Mi idea es que es por su manera esplendorosa de vivir la sexualidad. El libro sobre don Quijote ridiculiza y deforma tal conducta, hace una caricatura con el casto caballero, porque es lo que se quiere extirpar como pecado. Algo natural y bello, placentero, se convierte en culpabilidad, miedo, sometimiento, control, lo que va a durar siglos. Quienes defienden el amor casto de las novelas de los libros de caballería ponen de ejemplo la escena entre Tristán e Iseo, la esposa del rey Marcos, cuando duermen uno al lado del otro con una espada entre ambos, cuando eso es así para disimular que han hecho el amor en varias ocasiones, y en aquella iban a ser vistos por el rey, quien queda convencido al verlos de aquella manera de que no hay entre ellos pasión sexual. 

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La iglesia se declara enemiga de las novelas de caballería porque incita una actitud libidinosa que van a vivir los conquistadores, al menos la parte del clero que va desarrollando un Poder implacable, que ven en la sexualidad una tentación del diablo, siendo “la carne” uno de los tres enemigos de Dios, junto al diablo y el mundo.

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Lo que añade un factor nuevo que afecta a ambos paradigmas, uno como mentalidad y otro como conducta, es la necesidad de fortalecer la organización social, lo que exige el control y sometimiento del individuo, cuando las novelas caballerescas exaltan la individualidad, al héroe, y es también una característica del conquistador, gracias a lo cual abre nuevas puertas, pero exige su parte de la conquista (una dualidad que hace que Cervantes los encarne también en la figura de Sancho Panza). La creación de lo que entendemos como el Estado moderno se fragua en aquella época, lograr tal fin exige eliminar aquello que pueda escapar al control de quienes mandan en pro de la formación de ejércitos regulares y profesionales al servicio del Estado.

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El obispo de Toledo, Alonso de Ulloa, año 1548, especifica: “los libros de caballería incitan al pecado y ofenden a Dios”. ¿Se refiere al pecado de no matarás?, ¿a cuál? Diecisiete años atrás un real Decreto había sido prohibida prohibido la importación de tales libros a las colonias americanas. En 1553 el Emperador de España, por una cédula que reafirma tres años después, prohíbe no sólo la impresión y venta de las obras de los conquistadores, sino también su posesión. Nada de esto es ajeno a Cervantes que por aquella época vive en Sevilla, donde está la Casa de Contratación del Consejo de Indias donde se dirimen los conflictos y pleitos de ultramar. A él se dirige Cervantes porque quiso ir como recaudador a Nueva España, pero no lo cogieron para ello. Tuvo mucho interés al respecto. Cuando llega la obra original de Bernal a España y se comenta, Miguel de Cervantes tiene cerca de treinta años. Es soldado, católico. Una persona con inquietudes y que toma partido. Lo que quiere decir que no fue ajeno a todo lo que de allá se comenta y  lo que se rechaza de los mismos, que es lo que hace que Bernal escriba sus memorias, o las dicte. 

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Hernán Cortés muere el mismo año en que nace Miguel de Cervantes. Los descendientes del conquistador y otros capitanes que han batallado en la Nueva España, van a mantener los pleitos durante años. A mucha gente le parecen historias de abuelos que exageran, no perciben el mérito que tuvieron. El testamento de Cortés insiste en que ha dedicado su vida y su dinero sin ver una recompensa justa. Bernal mantiene en que con el oro de las Indias se han sufragado los otras guerras, las “importantes”. Se tiene la idea de que ellos dicen luchar contra gigantes, cuando eran molinos… he aquí la cuestión que retrata, con gran maestría, Cervantes.

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Y no pocas referencias hay en la obra “Don Quijote”, quien dice: “¿Quién duda acaso que en los venideros tiempos, cuando salga a la luz la verdadera historia de mis famosos hechos, que el sabio que los escriba no los ponga, cuando llegue a contar esta mi primera salida...?” Cervantes deforma a los caballeros, hasta el punto de que se conocen las novelas de ellos bajo el prisma de la deformación que hace, no sin talento y usando la risa como arma literaria. Pero a quienes ridiculiza es a los conquistadores, que no alude porque es el lector de la época quien lo sabe. Como el humor de hoy, no nombra a quien se refiere, “se deja caer”.

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El famoso hidalgo comenta: Habrá puesto unas cosas por otra, mezclando verdad con mil mentiras” y “las acciones que no alteran la verdad de la historia no hay para qué escribirlas, si han de redundar en el menosprecio de la historia”. A mí me parece más una clara alusión a los libros de los conquistadores y sobre los mismos que a las novelas de caballería. Don Quijote llega a decir, redundando en lo que comento: “si todos los caballeros andantes de España se juntan, doce sólo bastan para destruir la potestad del Turco; Señala a lo que para él y una parte de la opinión de la gente es una exageración que él hace todavía más excesiva: “Un solo caballero es cosa nueva deshacer un ejercito de doscientos mil hombres…” y vuelve el narrador que escribe la obra de don Quijote a hacer referencia al linaje de Amadís en cuanto a estas historias que están hechas de “esta maravilla”. Añade que si se enfrentaran contra el Turco no les arrienda la ganancia. Lo cual es la esencia del debate sobre conquistadores en comparación con los soldados del ejército del imperio. Advirtamos, además, que no es cierto que Amadís ni los caballeros luchen unos pocos contra muchos, los conquistadores sí. Los caballeros de novela participan en batallas ciertamente inventadas, pero son novelas.

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Bernal se enorgullece de la aventura por la aventura, lo que achaca al carácter de los españoles, pero en un sentido de valor y entrega. Reivindica la gesta que para él fueron las batallas de allá que vivió en primera persona y ganadas casi todas. Considera lo que hicieron como unos hechos gloriosos dignos de ser cantados épicamente. Sin embargo desmitifica todo aquello que se exageró, como lo de quemar las naves para no poder volver a atrás y sólo avanzar o morir. Algo que todavía se sigue contando. Según Bernal encallaron las naves para evitar que fueran robadas y para contar con una centena de marineros, carpinteros y demás oficios, que sin ser soldados iban a ser necesarios en la andadura por aquel territorio desconocido para ellos. Fue una decisión colectiva, consultada entre los soldados y no una bravata del capitán Cortés. Igualmente desmitifica el “salto de Alvarado”, que no fue tal, porque quiere que se sepa la verdad de lo qué hicieron y no una narración paralela.

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Mientras, para Miguel de Cervantes es la lucha contra los turcos “la más memorable y alta ocasión que vieron los pasados siglos, ni esperan ver los venideros”. Lo cual refleja en su personaje de la Mancha: “La primera razón para desenvainar la espada y poner en riesgo la vida es defender la fe católica”. Tras lo cual hace una parodia que más parece sobre los conquistadores que en relación a personajes de novela, porque los caballeros no fanfarronean de sus acciones y luchas. Es el narrador cronistas quien las exalta, sobre todo para exigir su justa recompensa. Los conquistadores sí quieren hacer valer su hombría, riesgo y entrega, y que se sepa a qué graves peligros estuvieron expuestos. Así don Quijote cuenta: “he tenido con el gigante la más descomunal y desaforada batalla”. Cervantes no sólo deforma las novelas de caballería, sino que ridiculiza a los conquistadores.

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He aquí lo que caracteriza a los conquistadores, para nada a los caballeros de las novelas, como es en una primera parte previa a la conquista: ir tras el preciado Eldorado y otros lugares míticos tanto por el oro y riquezas que creen hay, como en Cíbola, como desde la religiosidad: el Paraíso terrenal, la Nueva Jerusalén, o donde moran bellas mujeres que viven solas: Amazonas. “California” es el nombre dado en homenaje a una isla fantasiosa que aparece en “Las sergas de Espladián”, y aparece tal nombre en la canción de Roldán. Se considera que la reina es la reina Calafia y que está al lado del Paraíso. Tales sueños provienen del imaginario colectivo, de lo que se ríe Cervantes y menosprecia. Por eso pone en boca de don Quijote: “las cosas de la guerra están sometidas a continuas mudanzas”. Sobre lo cual ejerce Cervantes su ironía y jocosidad con gracia y talento mediante una literatura exquisita. Ve en los conquistadores “quijotes” que cuentan sus batallitas como si fuesen contra gigantes, cuando él y otros soldados y gentes de España pensaron que lucharon en verdad contra simples “molinos de viento”. 

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De esta manera la obra de Cervantes se ha sobredimensionado, fue convertida en el centro de la literatura española y casi universal, pero sus valores como el enamoramiento se soslayan en cuanto a este sentimiento como tal, que describe y parece ridiculizado cuando es tal cual y para nada es un amor caballeresco. Por esto llega al lector, porque toca un sentimiento invisible que afecta a los seres humanos, pero que no es una forma quimérica de amar, sino real como sentimiento, que incita a la fama como expresión del mismo, lo cual buscan ciertamente los conquistadores de la Nueva España.

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El objetivo de la iglesia católica y de los soldados imperiales es fortalecer una nueva mentalidad, por entonces emergente que sirva para la formación de una iglesia cohexionada y dirigida desde Roma, así como el Estado-máquina que es como hoy funciona la organización social, pero de manera más evolucionada y sofisticada a partir de aquel entonces. El ciudadano ha de ser una pieza-social-soldado, siendo el ejército regular una parte esencial y necesaria de este nuevo modelo. Por eso se censura y ataca la conducta de los conquistadores, su afán de heroísmo y la mentalidad que se refuerza con los libros de caballería.

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La conquista del nuevo mundo se llevó a cabo por la voluntad de capitanes que ponen su dinero para ello, contratan a soldados, y a quien lo quiera ser, ofreciendo parte de la riqueza que saquen y a cambio de tierras, títulos y honores que no van a ver después, al menos en la medida de lo esperado, ni serán recompensados sus esfuerzos. Los conquistadores actúan por su cuenta, de ahí que se enviasen tropas contra ellos, como la capitaneada por Pánfilo Narváez, para detenerlos y exigir cumplan con lo mandado desde el Estado de la metrópoli. Lo cual tendrá mucho que ver con la independencia de estos territorios conformados en naciones un siglo después y sus respectivas guerras contra el Poder central.

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De esta manera Cervantes viste a los conquistadores de caballeros andantes, cuyas aventuras ciertamente emulan, pero se quieren eliminar como referentes de la sociedad, tanto a los conquistadores como a los caballeros de las novela, a los actores como al paradigma social que representan y alimentan.

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Resumiendo: Don Quijote emula a los conquistadores cuando van al nuevo mundo, a los que Miguel de Cervantes viste de caballeros andantes. (Sancho Panza, como veremos el próximo lunes, representa a los conquistadores cuando ha acabado la conquista y reivindican sus riquezas)

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  1. Miguel Ángel Fernández
    28 marzo, 2016 en 22:37

    Estoy siguiendo tus artículos con interés. Estos días ando con De las Casas, como complemento de lo leído en Bernal; hay pinceladas muy importantes que comentar sobre el aventurero individual, que se salta leyes y reyes por su provecho. La verdad es que son obras poliédricas, que se pueden leer desde muy diversas perspectivas; contento de haberme metido en el fregado.

    • 29 marzo, 2016 en 10:01

      Pienso que más que en su provecho fue porque no quedaba más remedio, porque las órdenes y ordenanzas llegadas de fuera no tuvieron sentido. Luego sí, quisieron y fue una exigencia, sus derechos de riqueza, que en gran medida les fueron relegados. Pero es cierto que es una lectura la de aquella época en general poliédrica… Muy compleja, pero que afecta a nuestros días… O lo resolvemos o como dices en tu carta “estamos condenados a repetir las tropelías de la Historia“… y de las historias. OK

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