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El sentido de la deuda. ¡La que nos espera!!!

20 diciembre, 2016 Deja un comentario Go to comments

Llevamos años acumulando una deuda impagable. Pero ha llegado un momento en que, aunque quisiéramos cumplir con ella, no es posible, porque supera la capacidad de riqueza del país. Con los recortes para bajar el déficit y no incrementar la deuda, ésta ha aumentado el año 2016 en 1.379 millones de euros. Según el Banco de España la deuda total del estado español asciende a 1.107.693 millones de euros. Lo que supone un 100’3% del PIB.

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Técnicamente es una situación de bancarrota. Desde el punto de vista económico no tiene sentido, porque si no se puede pagar ¿por qué seguir acumulando deuda? pero hay algo curioso en lo que nadie repara. A quienes los estados deben ¡tantísimo dinero público! son a los que ha ido todo ese dinero que falta. Es decir los dueños del capital prestan dinero desde los organismos financieros y los estados lo han gastado contratando sus servicios a través de las grandes corporaciones empresariales (constructoras, eléctricas, aseguradoras…), que han obtenido durante sólo los últimos cinco años de la crisis un 20% de beneficios.

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La crisis ha sido su negocio, porque la deuda ha aumentado en parte porque hay que pagar los intereses del dinero prestado y las primas de riesgo, a parte de un 1% por la gestión de los créditos, que es muchísimo dinero y lo paga quien se endeuda, es decir los contribuyentes, que sin embargo nunca han decidido en qué gastar el dinero que se ha conseguido.

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Los presupuestos ya no tienen ningún valor, sino el de mantener el andamiaje de un Estado cada vez más insolvente y más raquítico. Los partidos políticos, según qué tendencia, se parapetan en el crecimiento económico: beneficios para los grandes capitales. Los que se atrincheran en aplicar más gastos sociales extienden la pobreza cada vez más, menos para su clan, que acaba por llevarse una parte de ese dinero público como pago por los servicios prestados.

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La crisis se ha acompañado de una perdida patrimonial de la sociedad. Por un lado la privatización de la gestión de muchos servicios públicos, sean los recursos energéticos, de infraestructuras, de bienes como el agua y demás que se han puesto en manos de los grandes capitales.

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Ya no sirve conquistar los medios de producción, para lo cual ¡gran paradoja! habríamos de enfrentarnos al Partido Comunista chino, dueños de las fábricas de medio mundo. Sería una guerra civil a nivel global entre “comunistas”, pero quien ganara tendría que hacer lo mismo porque no se puede gestionar el capital global de otra manera si no se trasforma el modelo de funcionamiento de la economía, es decir si no se modifica su esencia en relación al empleo. Lo cual nos lleva a ver la necesidad de socializar, parcialmente, una parte de los medios de consumo. Es decir aplicar la Renta Básica.

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Sin embargo no se hace ni se lucha por ello, sino una minoría. Y, he aquí el peligro. Aunque haya llegado en esta línea al límite de la capacidad lectora en internet y que mis asesores informáticos me echen luego la bronca, os pido un esfuerzo. Hoy la trinchera para luchar no es física, sino intelectual. Nos jugamos todo.

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Todo lo que hasta ahora se ha vivido en Oriente Medio es un juego de niños en comparación a lo que nos espera: una guerra económica sin cuartel. Una guerra de las dueños de los grandes capitales contra los estados, que serán ocupados porque los gobernantes quedan a su servicio, lo mismo que las organizaciones de la oposición que ellos mismos han diseñado y estructurado su composición mediante estrategias “electorales”. Lo cual ha venido sucediendo, como si se tratara de algo irremediable, pero las acciones que se preparan son  serán contra las masas, en general, atacando a la población sin ningún reparo. Será una hecatombe.

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Si se ha agrandado la deuda fuera de los límites razonables, si quien ha de pagar no tiene para hacerlo ¿qué sentido tiene dicha deuda? Sin embargo lo tiene, porque si no lo tiene, lo adquiere.

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Llegados a este punto es necesario acudir a la Historia, con el fin de ver que nos abocamos al desastre, a una situación de espanto que ni imaginamos, pero que tiene su lógica: una lógica de Poder y una lógica histórica.

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Cuando el nacionalsocialismo alemán toma el Poder inicia desde el propio Estado la recuperación económica, vituperada por las democracias y en especial por EEUU, y sirve de ejemplo, incremento la industria militar a niveles ilógicos, pero fue en aumento porque supuso un negocio para las grandes corporaciones y para las élites económicas, pero que para controlar tal maquinaría de guerra se hubo de requisar y se nacionalizó dicha industria finalmente. Durante aquel proceso no se planteo una guerra, sino una industria. Pero para que adquiriese sentido la única salida posible fue invadir Europa y adaptar toda una ideología para este fin. Lo mismo sucedió con Napoleón en Francia que para disciplinar a los jóvenes en los valores de la revolución reclutó a millones de soldados, que finalmente fueron organizados para una guerra de invasión que diera salida a aquella acumulación de patriotas. Analícese las conquistas de Alejandro Magno y todas las demás del mismo estilo a lo largo de la Historia.

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Responden todas ellas a un modelo que sucede en la naturaleza: el órgano crea la función. Un exceso militar origina la guerra. Esto lo analiza muy detalladamente Kant, en su obra “La paz perpetua”. Diferencia lo que es la paz de un armisticio. Éste una paz provisional entre dos guerras, una anterior y otra por venir. Propone que si se quiere una paz duradera hay que suprimir los ejércitos, porque de lo contrario los mismos originarán a la larga una guerra, debido a que tal es sus sentido e inercia. Este “sentido” imponen una lógica que acaba justificando las guerras, crean incluso, o provocan o intensifican, las tensiones de sus enemigos.

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Pero también en la naturaleza sucede que la función crea el órgano. Por ejemplo ante la guerra de invasión nazi, Rusia tuvo que responder, la función de atentar contra su integridad les hizo crear el órgano: una industria de guerra enorme, igual que los EE.UU. para intervenir antes o después y porque para este país norteamericano supuso un negocio que luego ha continuado.

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Pero una guerra con bombas y al estilo clásico no es viable por su capacidad destructora, con armas bacteriológicas y nucleares) que afectaría a los mismos que la originarían. Puede que a nivel local contra Corea del Norte o como a venido sucediendo contra los países árabes que han cuestionado al imperio, se apliquen experimentos de guerra de aniquilación.

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Está en ciernes un nuevo escenario que viene dado por la lógica de todo lo que está sucediendo, aparentemente sin sentido. Puede que no haya estado en los planes iniciales, sino que en un principio la codicia y avidez de dinero y Poder fueran el motor de todo, pero cada vez mayor, hasta que la deuda ha creado su función, que es cobrarlas a los morosos. Que son los estados y por ende la ciudadanía. ¿Hay algo más lógico?

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La deuda se ha desbordado. Si no se cobra deja de ser deuda. Como los tanques, que si no actúan (guerra) no son nada, no sirven para nada, chatarra que funciona. Hay una guerra económica en ciernes tan cruel o más que las guerras con armamento. Porque creará un estado de posguerra previo a los enfrentamientos de unos contra otros, mientras que los dueños del capital y todo su mecanismo de Poder que han acumulado y diseñado para protegerse a nivel global, lo contemplan y juegan con estrategias de control.

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¿Cómo podrá suceder? He aquí el sentido de la deuda. El que va a adquirir al crear un nuevo escenario bélico sin armas: bastará un apagón informático para colapsar el funcionamiento de un país entero. La base de internet está en manos privadas a nivel mundial. El agua ha dejado de ser un bien público en los últimos quince años, estando en manos privadas el 87% del agua del planeta. En España dos grandes corporaciones son las encargadas de su gestión y control en un 93%. Un tercio del territorio del planeta está en manos del 1% de la población más rica del mundo. Las patentes de las medicinas y de la tecnología son propiedad de empresas cuyo sentido es negociar con ellas, al precio que sea. Se deja morir a una parte de la población del mundo pobre por no poder pagar determinadas medicinas y vacunas. Treinta personas mueren de hambre cada hora.

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Un día puede suceder que una parte de la población no tenga electricidad en sus hogares. Se ha prohibido la autogestión energética con los recursos solares, eólicos, y demás… ahora adquiere su sentido. Nadie se podrá autoabastecer. La vigilancia y la seguridad privada supone un porcentaje elevadísimo de esta función. Y la estatal será pagada por las grandes corporaciones, no por el Estado cuando no tenga liquidez monetaria, sino deuda ante la imposibilidad de que le den créditos de pago. Lo mismo los funcionarios, que trabajaran para el nuevo Estado Económico, que es quien tendrá el poder, mientras que el poder político pase de ser una pantalla a una rémora, que se suprimirá antes o después con la excusa de acabar con las fronteras. Tal fue el sentido de los Tratados de Comercio, TIPP como ejemplo palpable. Con las semillas transgénicas se han patentado las semillas, de manera que alimentar a miles de millones de personas está en manos de una empresa cuyo accionariado son las mismas grandes fortunas que sustentan el negocio bancario internacional.

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Los podres económicos han tomado posiciones, a lo largo de estos últimos años, para el asalto. O más bien ahora que pueden tomar el Poder, hacerlo es un paso más, que harán si no los frenamos, porque es lo que da sentido al conjunto de todo lo que han hecho.

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Por ejemplo, a grandes rasgos, en EE.UU. los objetivos de los republicanos y de los demócratas son los mismos, cambian las estrategias. Lo que Obama y los suyos quisieron hacer mediante la política con una nueva legislación global, Trump lo propone hacer desde el mercado, empezando por su territorio para competir con Europa de manera que la obligue a hacer lo mismo en la lógica de la “competitividad”. También el Estado estadounidense está endeudado, pero no sus grandes corporaciones financieras, que es a las que se debe el dinero, junto a otras y al capital chino, un Estado comunista que funciona como una empresa.

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Cuando escaseen los alimentos, cuyas cadenas de distribución son privadas, cuando se carezca de recursos energéticos y los hospitales no estén abastecidos se creará una tensión sin precedentes, en las que se enfrentará la ciudadanía entre ella, sin tener claro dónde están los enemigos, se azuzará a unos contra otros, pero todo formará parte de la misma dinámica destructora.

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Es un panorama desolador, sin esperanza, de horror, hasta que quede diezmada la población y el miedo doblegue a las personas que obedecerán ciegas. La lógica será: si no has pagado no podemos darte los servicios, es lo razonable ¿no? Lo cual será contra los más pobres y contra los estados, que en la actualidad su función es servir a los dueños de los grandes capitales.

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La cuestión es que las grandes empresas se quedarán sin clientes. Pero una vez que se pone en juego la lógica de guerra, sea entre estados, sea la guerra en ciernes económica, entra en juego la lógica del sacrificio. Una guerra convencional exige muertos, con gran cantidad de compatriotas. Con todo el dinero en sus manos querrán todo el Poder.

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La deuda habrá generado una función de guerra económico, que nada que ver con una rivalidad comercial. El argot y lenguaje de los grandes emporios es de combate por cotas de mercado, pero es que se crea al mismo tiempo la mentalidad de guerra, de manera que quien no pague, sea un estado o una familia, no va a poder consumir ¡con todas las consecuencias! El hambre, la necesidad, el frío, la devastación de zonas enteras vendrán al mundo del bienestar y surgirán movimientos apocalípticos, porque si lo han permito en los países pobres, ahora que reciban su su merecido los países ricos, su karma. El cual ejecutarán quienes lo han organizado, teniendo en cuenta hasta el último detalle. 

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Es un paisaje de horror, que será tanto que no lo podemos imaginar, hasta que lo tengamos encima de nosotros, frente a frente y con ello muerte y desolación.

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Si nos damos cuenta es posible desarmar a las grandes corporaciones. Cambiar de rumbo. No podemos seguir haciendo lo mismo. Nuestros gobernantes y la oposición diseñada para que gobiernen como siempre, con un teatro de que nada es posible o de que son los enemigos a batir, con una izquierda fracturada, la desmovilización y las mordazas ante las rebeliones habidas (15M, 22M, Stop Desahucios, mareas, y demás) ¡la que nos espera!

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La única manera de desactivar este escenario de guerra económica, que no es ya una amenaza, sino un hecho, el sentido de la deuda, es que mientras que queden resortes políticos para actuar convertir la política económica en hacer que el dinero público esté en manos de la ciudadanía, armar económicamente al pueblo. Otra parte del dinero público convertirlo en dinero colectivo: en los servicios y recursos. Esto último no es posible de manera inmediata, pero sí a medio plazo, cuando se cree un circuito económico de producción y consumo que se retroalimente y no tenga que pasar por la economía financiera que absorbe cada vez una parte mayor del dinero, empobreciendo a la sociedad y al Estado. Cada vez más.

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Aplicar la Renta Básica, garantizar el pago de la deuda a un ritmo lento, pero seguro y mantener un equilibrio presupuestario sobre la base de no necesitar crear empleo, sino el necesario para mantener la estructura del Estado, los servicios públicos y el mercado de productos, es decir recuperar las mercancías y no negociar con su valor, el cual se adquiere con su carestía. Plantear no pagar la deuda sería provocar la reacción, “legal” y “constitucional” tras el cambio de la Constitución, de las grandes corporaciones bancarias y financieras para aplicar su política de restricciones forzosas, sin capacidad de poder dar una respuesta.

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Planteemos adaptar a la nueva situación la economía y la revolución para que el horror se pueda evitar. Planificar una respuesta, lo que antes fuese dejar de producir tanques, hoy será dejar de producir beneficios con dinero público. Lo que fue producir para la gente, hoy consiste en disponer de un dinero las personas en forma de Renta Básica. Y de esta manera la presión de la deuda, la inercia de los mercados perderán intensidad y dejarán de ser una brutal amenaza, para readaptarse a lo largo del tiempo y que puedan ser controlados desde los podres democráticos.

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Lo demás será quedar sin luz los hogares, las calles, las industrias, las escuelas, sin calefacción, sin combustible. Polonia fue invadida en 24 horas, las mismas que hacen falta hoy para un efecto devastador en nuestra sociedad. Y luego se extenderá. Y acabará cayendo ese imperialismo económico, porque no tienen sentido fuera de su despliegue, pero a costa de mucho sufrimiento que desde la razón se puede evitar antes de que tomen las riendas. Sin embargo se crean callejones sin salida desde pugnas nacionalistas que nada cambian, desde enfrentamientos ideológicos que no sirven para soluciones reales, sino para regodearse en el narcisismo de las palabras, o poner tiritas a la corrupción cuando se está desangrando la economía. O si ha sido penalti o no el que ha hecho ganar la liga. O cacarear debates en los que la premisa es “la respuesta la sabremos después de los anuncios”.

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Como dijo Martin Luther King: “aunque mañana fuera el fin del mundo, hoy plantaría un manzano”.

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  1. Miguel Ángel Fernández
    21 diciembre, 2016 en 7:23

    Primero, mi aplauso por el artículo; a continuación dos subrayados:

    a) Las decisiones sobre nuestra vida se toman en despachos lejos de nosotros; el gobierno es un conjunto de lacayos mal pagados.

    b) No perdamos tiempo en nacionalismos, los amos hace un siglo que entendieron que el capital no tiene fronteras (ni banderas)

  2. Mario Cordero
    20 diciembre, 2016 en 23:01

    Una obra dantesca de desolación y sin esperanza, pues la RB no logrará salvar ninguna sociedad, sino esta basada en la recuperación del valor social de la tierra que es la causa principal del enriquecimiento especulativo. “Tierra” incluye todo, excepto el hombre y sus productos. No creo que ningún país invadirá a otro por razones económicas, pero yo he estado equivocado muchas veces y ésta no será la última. Pero a mis 81 años espero no ver el infierno que se nos acerca.

    Parece un axioma que CUANTO MAS CRECE LA POBREZA, MAS CRECE EL ESTADO. Si queremos un Estado fiscalmente saludable hay que reducir la pobreza, pero los gobiernos de derecha prefieren cortar los beneficios a aquellos que no tienen otra fuente pero el estado.

    Claro, la privatización es el enemigo del pueblo como lo es el socialismo aplicado en Venezuela por ejemplo, sin tener una visión clara de lo que se quería lograr y dando al pueblo los ahorros, porque en la familia vale igual. No se cura ningún problema, o más bien el problema se extiende y todos quedaremos pobres.

  3. 20 diciembre, 2016 en 17:35

    Ya están aquí…

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