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La sociedad tangencial

Puede que lo que hace que en nuestra sociedad existan tantos problemas que no se resuelven, que se desarrollan sin que nadie decida sobre los mismos, creyéndonos formar parte de una sociedad democrática y de la información, sea la tangencialidad.

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¿En qué consiste? Una línea tangente es aquella que queda fuera de la circunferencia y que la roza en un punto. Es la imagen que me vino a la cabeza cuando reflexioné sobre lo que estamos viviendo. Sobre la dificultad de entender y abordar las cuestiones que nos afectan. Porque nuestra manera de pensar las cosas es tangencial, también la forma de sentir, de relacionarnos con los demás, incluso en la intimidad. Hasta de existir.

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No es que veamos las cosas desde la lejanía, sino desde fuera de las mismas. No nos adentramos en nada, por eso no hay compromiso, ni compromiso social, ni afectivo, ni ético. Por esto todo se puede comprar y vender en la sociedad de los mercaderes: porque no hay nada que tenga valor desde dentro, por su interior. Desde lo más banal a lo más profundo, lo rozamos sin adentrarnos en ello.

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Vemos las pasiones desde fuera a través del cine, o las novelas. Escuchamos lo que nos dicen para opinar… desde fuera, sin ser capaces de interiorizar nuestras reflexiones. Y todo se desvanece, pero da lo mismo. Muchas lacras se consolidan, pero nos da igual. Estudiamos tangencialmente, trabajamos tangencialmente, vivimos tangentes a la vida.

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Pondré algunos ejemplos muy someros, que cada cual luego lo aplique a su visión cercana de las cosas. La información mediática, que todo lo invade, nunca entra en lo que sucede, nada dice sobre la evolución o historia de un acontecimiento, lo cual permitiría construir un hecho desde diferentes puntos de vista. Pero la realidad acaba siendo definida e influida por lo que se informa al respecto sin que, en verdad, sepamos qué sucede en un suceso o por qué, ni para qué. Por ejemplo con el tema de los refugiados, con la guerra de Siria, con las elecciones de EE.UU. Todo queda en lo anecdótico por más que sea un drama. La realidad misma se ha convertido en la noticia, y como tal externa a sí misma. Lo que no lo es, otras guerras, otras elecciones, no existe. El centro de la globalidad social se ha apagado. No vemos nada. Sólo el punto que roza la tangente informativa, cuya recta es dibujada desde fuera.

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La ciencia se divulga como historietas para recaudar clientes de revistas “científicas” o de información histórica. Las universidades, incluso, se especializan tanto que quedan fuera del saber para convertir el conocimiento en técnicas de uso inmediato, a lo que llaman “eficiencia del conocimiento”. Aparece internet y se aplica a todo, hasta para enseñar, sin ver sus consecuencias, sin analizar cómo el medio cambia el contenido de las cosas.

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Evidentemente que hay un centro, si no no habría circunferencia, el entorno al mismo, ni línea tangente, pero no pasamos al mismo, lo evadimos porque nos han convertido en personas tangentes. Por eso funciona la publicidad y la economía se mueve por derroteros de cifras contra el paro, para disminuir el déficit, para pagar la deuda o decir que no se paga. En lo tangencial cabe todo. La derecha es tangencial. La izquierda es tangencial. Las nuevas fuerzas son tangenciales y hacen de ser tangentes una ideología: medidas contra la pobreza, aumenta ésta. Se ha creado el capitalismo de lo tangencial y funciona de esta manera, arrastrando a un anticapitalismo tangente que no funciona, porque es el terreno de los “otros”, pero se ha entrado al trapo. No hay debates, sino tácticas de comunicación. Los argumentos no sirven en tal mundo externo, pero sí los lemas y las tonterías graciosas. Los partidos políticos ya no dicen nada, lo comenta la prensa por ellos.

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Los nacionalismos son tangenciales, los patriotismos igual y todo son cacareo y brindis al sol. Puede que sea un mecanismo de defensa contra los enfrentamientos bélicos, pero ya da lo mismo que los haya o no… Los efectos devastadores de lo tangencial es tal que no los vemos porque no vamos al centro de las cuestiones. La política se fundamenta en estadísticas, en campañas, en declaraciones que no entran en los problemas reales, y nos hemos cargado la misma idea de realidad. Vemos la curva de la circunferencia, el trozo por el que roza la línea y nada más.

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El arte no es abstracto o surrealista, ni Dadá… es nada, es mercancía en formato dinero con la que comercian los especuladores, con dinero público como punto de partida. Ahora el gran mercado chino eleva una nueva muralla: la industria y la tecnología de lo que queda fuera. Hace lo que los demás, pero a lo grande.

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Nos quedamos en las tiendas chinas que son baratas, pero no se analiza el centro del debate que el partido comunista chino se ha hecho con los medios de producción mundiales y para ello se ha tenido que convertir en el más feroz capitalismo. Un nuevo mapa político que nadie mira. El Estado de Israel bombardea el aeropuerto de Damasco cuando las fuerzas armadas sirias, con el apoyo del la aviación rusa, ha vencido al Estado Islámico. ¿Alguien lo entiende? Sólo es comprensible desde dentro de la cuestión. Pero…

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Pero si la Historia muestra que se vivió dentro de las murallas y fortalezas y castillos para defender territorios, creencias, poblaciones, hoy se vive fuera de todo. Las piedras que bordearon hace siglos la centralidad de la fe, de la vida, de los intereses, hoy son souvenir, hoteles, visitas turísticas para verlo desde fuera, sin su ser, sin sus afrentas, sin sus historias ni su sangre ni sudores. La sociedad tangencial paga por sudar… en las saunas.

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Las relaciones humanas son pasajeras, nos rozamos unos a otros. Como no hay centro en ninguna de las partes que se unen, la relación es provisional, cada vez menos duraderas y en función de lo que se calcula ganar con un empleo, mientras que se gane un sueldo. Hasta las familias han perdido su centralidad, son tangentes de paso, pero no a cambio de otro centro, sino de no tenerlo. He aquí lo que define la modernidad.

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El resultado son seres humanos superfluos. Rebelarnos a lo tangencial es ir al meollo de las cosas. La revolución pendiente es la del pensamiento, la de la conciencia o no sucederá.

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Di una conferencia sobre este tema hace unos días. Propuse un turno de preguntas, comentarios, puntos de vista. Se levantaron cuatro jóvenes y con la punta de los dedos de una mano en la sien me dijeron a coro: “a sus órdenes, mi tangento”. Me descentré, no supe qué decir al ver que se fueron por la tangente.

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  1. 26 enero, 2017 en 10:41

    Se me ocurre una metáfora estupenda que podría servir de ilustración a su lúcido comentario: ¿Se imagina un “reality show” consistente en retransmitir el fin del mundo en directo por vía satélite? Seguro que el programa batiría récord de audiencia. Un tal Fernando Montés escribió sobre ello en un libro suyo titulado “Filandón negro”, que creo que usted conoce. Saludos, Ramiro.

    • 26 enero, 2017 en 22:36

      Y haciendo un selfie… Si leyeran estas obras del autor que dice, y su otro libro, creo que se titula “Eros versus Caronte”, visualizarían muchas cosas de este nuestro mundo, que nos evidentes, pero que nadie mira… Y ya usted, algo adelantó allá por entonces.

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