Lo colectivo

Qué poco valoramos aquello que nos pertenece, pero que también al resto de personas, a toda una sociedad o a un grupo determinado. Pensamos que lo que es de todos no es de nadie, lo usamos, pero nada de cuidarlo o de hacernos responsables.

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Tal actitud nos condena a ser cada vez menos individuo y más masa. Como dijera Agustín García Calvo el grupo, lo colectivo, refuerza nuestra individualidad, mientras que la persona aislada forma parte de la masa social, en la que se afianza la despersonalización. Es tal a lo que conduce a un modelo de control y de consumo de masas.El sujeto es un espejismo si no está integrado en un ambiente.

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Cuando alguien no entiende que apenas haya gente en una manifestación por intereses de un barrio, de determinados colectivos que sufren, contra la pobreza, pero masas arrolladoras ante la victoria de un equipo de fútbol determinado, siguiendo a una bandera o por la presencia de un grupo musical famoso, es esta cuestión que indico lo que es la determinante de tal fenómeno.

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No se quiere reconocer, pero es algo que vemos a diario: Quienes mantienen sus hogares impolutos ven una lata tirada al suelo en un parque son incapaces de cogerla. A lo más se conforma con no ensuciar, pero el paso activo en cuidar de lo colectivo no. La excusa es que él no lo ha tirado, que no es asunto suyo, para eso están los barrenderos. Pero para ello también está él. Lo mismo al hacer algo en conjunto, todo el mundo se escaquea con cualquier disculpa.

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Así nos va, incapaces de que funcionen cooperativas, los trabajos en equipo brillan por su ausencia, porque cada cual quiere destacar sobre los demás. El yo ajeno a los demás, el ego, es patológico cuando no se relaciona con los otros. Tal enfermedad es contagiada y propagada, incluso adiestrada mediante la publicidad y el sistema educativo que desemboca en emprendedores, donde lo mío, lo mío y el “mí” prima sobre lo demás.

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Nos convierten en egoístas, pero dicen que lo es el ser humano como tal, cuando su tendencia es la cooperación, la ayuda mutua, pero esto se pervierte cuando aparecen en el proceso de individuación las envidias, los celos, la codicia (todo para mí), la insolidaridad. Lo cual potencia quienes controlan los resortes de Poder, llegando a una educación que fomenta la competitividad, el individualismo: emprendedores.

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En los libros colectivos, por ejemplo, los autores que forman parte de una antología no se ocupan de él, se quiere estar en él, pero cada cual promociona su libro, o la parte en la que él está, no hace porque los demás sean leídos, como si fuera de nadie. Poca gente ve el transporte público como algo a potenciar y usar para transformar las ciudades adaptadas hoy a los vehículos particulares. Es como si nos encerráramos en nuestra propia jaula.

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Lo colectivo difiere de la colectivización, o del pensamiento social único. Los dos extremos alienan, vacían al sujeto, impiden la creatividad, la autenticidad de vivir, quien se ampara en lo individual y quien se deja llevar o adoctrina en torno a una masa que forma un conjunto social o colectivo, que sucede en modelos totalitarios sociales o de grupo.No podemos aislarnos porque entonces nos atrapa la masa.

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En el mundo del arte, la ciencia y demás se crean capillitas de grupúsculos formados por sujetos aislados y que pretenden potenciarse ellos, pero no a lo colectivo en su conjunto. No es que sea un egoísmo moral, sino de una pobreza social y humana que perjudica a todas las personas.

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Nadie se implica en lo que no sea lo suyo. Recuerdo en la sierra de veraneantes los jardines de los chalés estaban como la patena, hasta sus dueños/as los barrían a diario: el césped, el paso de piedra, el porche. Pero el entorno estaba hecho un asco. Lo tenía que hacer el ayuntamiento porque “es de él”, sin ver que es de todos. Si cada cual hace un tramo realzaría el conjunto, pero cada cual lo suyo.

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Mi madre tenía miedo de que la hojarasca y las hierbas secas pudieran prender. Cada verano dediqué un par de días a limpiarlo. Al borde de la carretera, en el espacio entre la valla del chalé y el carril vial tocaban el claxon los conductores para decir que era idiota, que eso lo tiene que hacer el alcalde, y hasta me culpaban porque lo que hacía, dijeron, no se ocupa la institución municipal. Al final se asfaltó, jardincitos con profesionales que lo cuidasen por un salario. Sin tareas colectivas

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Los vecinos peleaban y hasta llegaron a enfadarse, por poner el contenedor lejos de su chalé, aunque fuera enfrente del de los demás. Las piscinas de propiedad colectiva han tenido que contratar a profesionales porque nadie es capaz de encontrar un hueco en atenderla, y “¿por qué yo? si tú…”.

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El mundo rural perdió las hacenderas, los trabajos colectivos, y se hacen asalariando a alguien o contratando a una empresa, para hacer canales u obras de mantenimiento del pueblo. Los concejos, donde se tomaron decisiones colectivas entre todos los del pueblo ¿para qué?, han ido desapareciendo. Queda el voto como acción individual que elige quién va a tomar las decisiones por los demás. Es un ejemplo de como lo colectivo queda fuera.

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Hace unas semanas di a un pobre que mendigaba en la calle un impreso, para que reivindicara la Carta Social europea y que reivindicase su derecho a vivir. Me respondió agresivamente: “cada cual que cuide de su culo”; “a mí me importa una mierda, me das algo 8dinero) o vete a tomar por el culo”.

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Es una mentalidad de la que no somos conscientes, sino que la justificamos. Es como llevar los árboles a un tiesto. Nos convierten en bonsáis humanos de sentimiento enanos, de pensar lo establecido, de conductas mezquinas limitadas a los míos y poco más. A veces se dan limosnas, se van a actos, pero muy pocas veces dedicamos tiempo y esfuerzo en crear tejido colectivo, sea en arte, cultura, política, economía, etc. Las redes conforman una trampa cuando forman un espejismo de “red”, siendo el autismo social llevado a su extremo, pero disfrazado de “amigos” de “me gusta”, de selfies, etc. Las redes difunden. Nada más.

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Son necesarios los espacios comunes, de encuentros entre diferentes individualidades, es necesario arrimar el hombro con los demás codo a codo. Si no entendemos que cuidar, luchar y reivindicar lo colectivo es necesario, nos convertimos en egoístas idiotes, “idiotes” que significa “no preocuparse por lo de los demás”.

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Suerte.

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