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¿Moción de censura o atrapados en un espejismo?

El surrealismo político no es otra cosa que la desesperación de una economía a la deriva, amparada por todo el arco parlamentario y partidos con representación institucional en sus diversos ámbitos. El vacío en la vida política adquiere relevancia, es un viaje sin rumbo, en el que nadie mira el camino, sino que se arrincona en un rincón del vehículo en el que vamos y la pelea por llevar un volante que no funciona, que nada dirige, es proverbial con tal de coger la gorra de chófer.

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Se ha escenificado recientemente continuidad de la alternancia. Más de lo mismo con nuevos actores para poder mantener dicha comedia, que por serlo se convierte en tragedia para muchas personas a las que los comediantes no ven ni quieren saber nada de ellos. Una vez más hay que recordar que los pobres no es la palabra “pobres”, la que tanto usan de diversas maneras sin referencias concretas ni acciones para erradicar la miseria que hace que muchas personas se queden sin luz y agua en sus casas, que no pueden pagar el alquiler y son desahuciados, que deben de acudir a los comedores sociales, los cuales se han comenzado a crear también para niñas y niños.

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Ya no hay discurso sobre el cual debatir o hacer propuestas, es decir no salen a la palestra ideas articuladas en torno a un proyecto,lo cual exige argumentar. Basta hoy en día el relato, como manera de contar una posición táctica, pero vacía de proyectos, sin propuestas, a lo más ocurrencias. Lo hemos apreciado recientemente en la moción de censura en el Parlamento de España, que ha supuesto el cambio de gobierno.

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La causa, que no la razón, ha sido la sentencia contra el Partido Popular y un tropel de personas significadas en el aparato del mismo. Una auténtica vergüenza y un descrédito para la democracia, que sin embargo tiene y ha aplicado resortes judiciales para combatirla, pero sólo en parte, ya que estamos inmersos en una economía de la corrupción compartida por todos los partidos en general. La cuestión de todo lo que ha sucedido no es la corrupción, sino la legalidad.

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La ley pone límites a la corrupción per se y persigue el abuso de la misma, no el hecho de ejercerla, en el sentido de usar el dinero público para beneficios privados, lo que lleva a decir que hay mecanismos económicos asumidos, unos dentro y otros fuera de la ley. Tantas obras en infraestructuras y la gestión de servicios que son pagados, con dinero de todas y de todos, a empresas privadas lleva a este escenario. Siendo lo que todos hacen, de una u otra forma en este modelo de economía de la corrupción. Luego están las comisiones, las influencias, lo cual se convierte en ilegal, pero lo corrupto de llevarse unos el dinero de los demás y dejar sin él a una parte de la población es un denominador común de todos los partidos del arco parlamentario. Mientras que hubo la capacidad de generar empleo suficiente la sociedad en su conjunto aceptó este mecanismo, pero cuando no es posible la inercia mantiene una práctica que ya no tiene sentido y genera males mayores, como es el incremento de una deuda que supera la capacidad de crear riqueza y que cada vez cuesta más adquirir dinero público, lo cual que se hace mediante deuda. ¿Hasta cuándo? Es un camino a la nada.

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Antes situaciones similares desembocaban en guerras para comenzar de cero, en la actualidad nos va a llevar a acciones violentas sin precedentes, reacciones de fuerza de colectivos de manera permanente que podrán ser terribles, algo desconocido hasta ahora, pero que se está fraguando. Lo llaman terrorismo para enfocar a un enemigo, cuando es la reacción a una situación que está aún por estallar como rechazo irracional.

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La acción política se ha convertido, pervertido, en una lucha de Poder por el Poder, lo que llega al interior de las organizaciones. Las ideas no repercuten en este contexto, sino las noticias, las sensaciones que generan los medios de comunicación. Asistimos a la muerte de la política como servicio público o como acción colectiva, aunque se usen de coletilla estos términos.

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Dentro de la ilegalidad, la corrupción judicializada y sentenciada ha sido el leitmotiv de una moción de censura que da el gobierno a otro partido que no se queda atrás en juicios por la ilegalidad del uso del dinero público. Han votado igualmente, compungidos, los diputados del partido nacionalista que ha traficado con millones de euros en Paraíso Fiscales como consecuencia del cobro de comisiones, el famoso 3% – 5%.

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Solamente la presión social desde los colectivos civiles hará posible cambiar este estado de cosas, promover debates, hacer que circule información y no únicamente propaganda y sensaciones provocadas por medios de comunicación. Justificar las acciones ilegales de los propios o afines hace que la masa de votantes se atrinchere en su opción y no cambie. Tal actitud reincidente ha quemado a muchas personas al perder la esperanza. Cuando el modelo se empezó a tambalear la gente reaccionó, los colectivos salieron a la calle de forma masiva. Para contener tal “desorden” se crearon en los medios de comunicación dos fuerzas “del cambio” que catalizaron esta respuesta y la han paralizado. Han creado un espejismo, que no es sino una construcción mediática para mantener la alternancia y que no haya una respuesta social, como pueblo, sino a través del voto.

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Una parte del movimiento social se ha “profesionalizado”, se les ha situado en un punto de vista en el que la necesidad de mucha gente es algo anecdótico para ellos y no les permite ver que tal situacin depende del reparto de la riqueza, incluida la suya. Baste escuchar al secretario general de uno de los partidos del cambio, de izquierdas, justificar el lujo y ostentación de sus jefes, afirmando que lo importante es la clase media. Luego este relato se cambia sobre la marcha cuando se entra a otros temas, entonces la palabra “pobres” aparece para jugar con ella.

Una parte del movimiento social se ha “profesionalizado.

El movimiento social ha luchado por propuestas concretas, se han creado mareas, marchas, manifestaciones masivas, tal presión social se ha desactivado, en parte, al entrar desde sus entrañas el juego político que está diseñado para mantener el Poder y de ahí el engaño en el que cae la sociedad.

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Se cambia de gobierno, ¿para hacer qué? Se ha apoyado al mismo partido que cambió la Constitución Española para supeditar el gasto público al pago de la deuda, o sea a los grandes capitales y corporaciones financieras, en lugar de usar el dinero público en resolver los problemas de la ciudadanía: sanidad, educación, renta básica, vivienda, precariedad. A quienes han usado a su antojo en Andalucía el dinero para los desempleados, quien estableció una reforma laboral regresiva en los derechos de las trabajadoras y trabajadores. Por no ir más atrás. Es imposible entender que los votara personas que hasta horas antes los criticaron y repudiaron. El caso, se dijo, es quitar a los corruptos, pero eligiendo a otros iguales han legitimado todo esto, de tal manera que resucitan a quien han echado para cuando les llegue el turno de volver.

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Las fuerzas llamadas del cambio, a uno y otro lado, se convierten en un resplandor de ambos lados, que pueden incluso sustituir al partido de su orientación para renovarlo. Todos los partidos, alejados de una base social participativa y que reivindique nuevos espacios y políticas que resuelvan los problemas de la gente, están unidos, fusionados, por el Poder para crear en sus controversias un efecto de ilusionismo, pieza necesaria para crear el espejismo.

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Un partido que ha usado siempre un discurso en la oposición, que luego cambia en dosis de “responsabilidad” y lo sabe todo el mundo ¿qué pretende quienes los han votado? ¿Desgastar a quienes gobiernan tras la moción de censura? Ya no, pues se ha desactivado la fuerza del cambio desde la izquierda. Ha habido algo increíble, a la vista, que pasa desapercibido. El voto de los diputados de la fuerza que apoyó la moción de censura iba a ser consultada a las bases, a los inscritos. Ya se hizo anteriormente sin tener en cuenta el resultado (con el tema de la Renta Básica), ni tampoco en otros casos se consideró la ausencia de votantes para legitimar las decisiones tomadas por la jefatura del partido. Pero en este caso se anunció para evitar la responsabilidad de apoyar a un partido contrario a sus principios, pero nadie sabe que fue de esa votación, pues se declaró el voto a favor sin que se hiciera el escrutinio, incluso antes de iniciarlo. Lo cual no es una anécdota, sino una cuestión esencial que define lo que está sucediendo.

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Lo curioso es que una vez que triunfa la moción de censura se celebra como si se hubiera logrado algo: acabar con la pobreza, crear empleos dignos para todo el mundo, un aumento de las pensiones, el final de la violencia machista. Es todo una sensación provocada, una ilusión que funcionará como siempre: El gobierno sacará un tema espectacular, se teatralizará una confrontación con la oposición, rivalizarán unos con otros, un tema estrella para que el espejismo perviva en una imagen y todo lo demás siga igual, como siempre ha sido y como sabemos que va a ser, porque no se han marcado cauces, no se han aportado ideas, no se ha argumentado una trayectoria de transformación. Algo que sí que se hizo con la transición, castrada y ninguneada, pero al menos hubo un mapa de ruta del que hoy se carece.

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Las cuestiones nacionalistas centran la visión del pacto para desalojar al anterior gobierno, pero es otra cuestión que apunta a crear violencia exacerbada, en la que el Estado aplicará su represión y las fuerzas nacionalistas la suya a su nivel, sin solución porque ambos polos del conflicto carecen de fondos para gobernar y hay que repartir deuda. La incapacidad de entender que hace falta un cambio de modelo económico mina cualquier acción política.

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La incapacidad de reconocer esto, la falta de escrúpulos para actuar en consecuencia a cambio de las prebendas del Poder y sus sueldos, nos lleva a un callejón sin salida, a lo cual el movimiento social ha reaccionado desde diversos ámbitos, pero los partidos creados para el cambio a un lado y al otro, son complementos de una política de alternancia en la que como dicen en mi pueblo: “Una bolsa al revés, es una bolsa otra vez”.

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Hace falta una respuesta ciudadana que rompa las estrategias de Poder, eso que algunos llaman “prioridades” para justificar el voto a partidos antagónicos, con lo que el juego de la política se rompe y queda la manipulación. Por eso los partidos han de ser dinámicos, foros de ideas y no empresas con objetivos de producción de votos.

El movimiento social siempre está en la derrota, porque el último paso se ha de dar en la institución adonde no llega, pero para eso están los partidos que han de ser la consecuencia, no la suplantación de las personas que protestan, que luchan, que reivindican, que intervienen en asociaciones vecinales, de madres y de padres en los colegios. Por eso la labor de estar en la calle es seguir y crear ideas, defenderlas, llevarlas a las instituciones y desenmascarar las maniobras que pretenden retrasar cualquier trasformación y fabrican falsos escenarios con palabras que vacan de contenido y que sacan de su contexto.

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Mientras tanto: Reflexión. Lo demás son fuegos de artificio.

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Si quieres ejercer el mecenazgo con mi labor, de una manera sencilla, gracias:

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  1. 13 junio, 2018 en 19:03

    Un perfecto retrato de lo ocurrido, del montaje de la moción gatopardiana: que todo cambie para que todo siga igual. El bipartidismo en su defensa frente a las mínimas opciones de cambios que se abrían, con posibles alternancias, nuevas mayorías, caras diferentes, hasta ideas alternativas.

    Pero no: el objetivo es mero espectáculo, apariencia, engaño. La masa ha de creer que ocurren cosas, cuando las cosas permanecen igual; ha de parecer que hay cambios, cuando todo permanece igual; ha de simular una realidad nueva, cuando todas las cosas permanecen en su sitio. Se trata de hacer ruido para disimular y poner en marcha a los hinchas fanáticos para que el pensamiento no se desarrolle, las ideas mueran, la crítica se silencie.

    Gracias por tus reflexiones, amigo Ramiro. Un abrazo

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