El trabajo como enfermedad

El año 1952 Erich Fromm, en su libro “La sociedad sana”, afirma que el Salario Asegurado (Renta Básica) es necesario y es posible económicamente, el problema es la mentalidad de la sociedad. Me he dado cuenta de que no lo es tanto como una forma de pensamiento, sino como una patología dominante que hace del trabajo una conducta compulsiva, que afecta al modo de pensar y demás actitudes ante la vida.

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Se puede comprobar en los debates sobre la Renta Básica, el rechazo irracional a esta idea que no supone más que un ajuste de la economía a la nueva realidad definida por las nuevas tecnologías y la globalización.

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Cada época y civilización tienen una patología mental dominadora que define el tipo de sociedad y es esto sobre lo que debemos ser conscientes y superarla, porque los argumentos y la evidencia de la realidad no sirven para nada. Y tiene que ver con la destrucción del medio ambiente que se ha convertido en una amenaza y seguimos, porque algo nos arrastra: la neurosis del trabajo.

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Tema harto delicado que espero explicar muy bien. A parte de ser grandes pensadores y economistas, quienes defendemos la Renta Básica tenemos que ser terapeutas de la sociedad. ¿Cómo?, advirtiendo de esta situación y hacer que se tome conciencia de la misma. De otra forma no lograremos el objetivo. Este artículo revelador marcará un antes y un después en la consecución, a no tardar, de la aplicación de la Renta Básica, con el que comienza la cuenta atrás. Lo cual “es para mí un orgullo y una gran satisfacción”.

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18967550.jpg-r_640_600-b_1_d6d6d6-f_jpg-q_x-xxyxxQue el trabajo se haya convertido en una enfermedad mental se ve claramente en la obsesión con que se hace y verlo como algo necesario cuando no lo es. Prestemos atención al argumentario y no nos anticipemos dejándonos llevar por el pensamiento neurótico.

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El empleo se ha convertido en una obsesión de los partidos políticos, sindicatos y de la población en general. Los medios de comunicación actúan como medios de propagación y de contagio de esta enfermedad.

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Es normal que en una selva tomemos precauciones contra las serpientes, por ejemplo. Pero donde no las hay, ¿qué sentido tiene? Seguir las pautas de prevención en una ciudad es algo patológico. Se cierran fabricas, porque ya no hacen falta o porque son perjudiciales para la sociedad y se exige que continúen funcionando, o se piden planes de reindustrialización o ser incorporados a otros empleos. Pero nunca se preguntan ¿qué necesita esta comarca? Se dedican ingentes cantidades de dinero a crear puestos de trabajo, o ayudas a las empresas, que en lugar de invertir se dedican a coger subvenciones y muchas se montan con este fin, vaciando de esta manera las arcas públicas. En ocasiones hay que gastar más dinero del erario para acabar con el excedente de producción.

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Contener el paro ha llevado a España a incrementar la deuda en un 67%. Algo increíble. Y se sigue en esta línea obsesivamente. Y no hay oposición. Partidos de izquierdas por ejemplo llevados por ideas compulsivas de crear o mantener puestos de trabajo han defendido la fabricación de barcos de guerra para Arabia Saudí, lo cual no es coherente con el ideario de la paz, ni con welcome inmigrantes, etc, pero sí es consecuente con la fotonoticia_20180418065938_640neurosis del trabajo, que se extiende como una plaga psicológica en toda la sociedad y afecta a la gran mayoría. Además no soluciona el paro, porque se impone el principio de realidad y se agudiza la neurosis. Hubo ecologistas que prometieron crear tres millones de puestos de trabajo con las energías alternativas. Una vez que se coloca un molino de viento o una placa solar funciona sola. Pero es absurdo querer poner en cada placa alguien para la limpie durante una jornada laboral, si parar, o que sople para generar viento.Un ejemplo que pasó en los pueblos a orillas del río Bernesga, León, fue cuando se contaminaron las aguas fluviales por un vertido. Los agricultores que regaron con este agua tuvieron que seguir haciéndolo para recoger los productos y quemarlos, para después recibir la indemnización. No se les dio vacaciones porque ¿no se va a “pagar” a los vagos?

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El trabajo es necesario. ¿Cómo no? Lo mismo que lavarse las manos. Pero no es lo mismo hacerlo varias veces al día que en más de trescientas ocasiones de manera compulsiva. Esta repetición hace que se deteriore la piel. Quien lo hace no lo controla, lo justifica en que hay bacterias en el ambiente, en que ha leído un informe sobre el contagio. Pero se autodestruye. Es lo que está pasando en la sociedad con el cambio climático. No se puede abordar como es debido por la patología del empleo. El problema es cuando se normaliza la enfermedad, sigue siendo destructiva, pero no se relaciona como causa, sino que se acusa a quienes no se laven las manos mil veces cada día, les llaman guarros, insensibles, asesinos porque son la causa del contagio. De la misma manera los neuróticos del empleo, en especial políticos y economistas, llaman vagos a quienes 0023862045cuestionan la creación de empleo. “¡No vamos a mantener a vagos!, cuando lo que se está haciendo es mantener a neuróticos. Se señala a quien goce de salud mental como algo negativo, porque quienes padecen esta neurosis tratan de socializarla. Los más afectados son los que ocupan cargos de representación y se convierten en los modelos a seguir.

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Lo que enmascara la neurosis de trabajar es su necesidad, que lo es pero hasta un determinado momento. Las personas neuróticas pueden ser ejemplares en determinadas circunstancias. Por ejemplo entramos en una casa en ruinas. Arreglarla y limpiar las habitaciones es una necesidad. Y quien lo hace compulsivamente es el mejor, logra desarrollar una gran tarea. Lo grave es cuando ya está limpia la casa y ordenada, pero sigue fregando, pasando la mopa, limpiando el polvo sin que lo haya, frotando los adornos de plata que brillan de tanto frotar, etc. Pues esto es lo que está sucediendo en nuestra sociedad. Se ha trabajado 015c572fff4223e84fb061405eb06322necesariamente, con gran sacrificio, pero cuando la tecnología lo suple y que ya no hace falta construir tantas casas, por ejemplo,  como cuando no las hubo, se sigue manteniendo el afán y la ansiedad del pleno empleo. Y fracasa siempre, sea con el modelo político que sea. Llevamos años en este laberinto del que no salimos, se cambia de gobierno, de políticas económicas, se prueban alternativas, se habla de cambio  y nada. Pero insistimos como quien se da con la cabeza en un muro. Lo que se abre no es el muro, sino la testa.

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El enfermo que padece la enfermedad más gravemente es recompensado, porque se supone que es un modelo de conducta ejemplar y el dolor lo sufren otros a los que se les induce la neurosis en forma de desear y pedir empleo a modo de trastorno emocional incipiente, pues no les importa limpiar la casa aunque esté limpia, con tal de que les paguen. Es la patología inducida que padece una gran parte de la población.

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No es nueva esta observación. Sartre afirma en su obra “El ser y la nada” que más que lucha de clases lo que genera conflicto en el mundo son las luchas entre mentalidades. Yo diría que entre enfermedades mentales como modelos de actuación y pensamiento. Se sustituyen unas a otras, siendo tales las que definen los modelos de sociedad, lo que está en el fondo, siendo los argumentos políticos, incluso las condiciones económicas meras disculpas.

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Por ejemplo la base mental del fascismo es la paranoia. Hay un enemigo al que hay que batir, del que hay que defenderse, al que hay que perseguir y se crean guerras y modelos de Estado para este fin. No hay ningún modelo totalitario sin este componente psicológico y colectivo de persecución, que aunque no exista se convierte en algo real, como decir que los masones… El más paranoico es el duce o el führer, caudillo, luego los generales hasta llegar al pueblo llano cuando aplaude al líder. Incluso las víctimas llegan a sentirse culpables. Muchas sociedades a lo largo de la Historia han sido destruidas por esta tara. Hoy en día lo que más nos afecta es la neurosis del empleo, lo que puede ser igualmente devastador.

lucha_obrera_en_el_cine_tiempos_modernos.

Las sociedades religiosas dan valor a la esquizofrenia como estado mental. Los desdoblamientos como experiencia mística y la doble personalidad hace que se viva con fervor el mundo de los espíritus, que se vea aparecer a la virgen, a los ángeles y se hable con ellos, que se dé veracidad a los “milagros”. Que se mantengan relaciones sexuales con los espíritus: súcubos e íncubos.  Cuando más desquiciado más santo, más puro. La Inquisición llegó a pretender salvar el espíritu de las personas torturando y quemando su cuerpo. No fue un problema religiosos, sino que la religiosidad fue el contexto en el que se desarrolló la esquizofrenia.

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En el modelo actual cuanto más neurótico más dinero se gana o más estable es su empleo. Tal es la recompensa y el triunfo de la neurosis como mentalidad que da lugar a un determinado modelo de sociedad.  Hasta el punto de que el sistema educativo se basa en fomentar este estado mental y adiestrar para asumirlo y propagarlo. Basta analizar las oposiciones, ¡cuánto estudio inútil!, ¡cuánta exigencia absurda!, porque en verdad quien las aprueba no ha logrado ser funcionario (lo que se dice como eufemismo), sino asumir un modelo de conducta que formará parte del cuerpo orgánico de esa sociedad enferma. Incluso dentro de la Renta Básica hay una neurosis académica (laboral) que hace que no acepten ideas fuera de su corsé o molde, lo cual paraliza su desarrollo, porque la Renta Básica exige salir de este modelo mental y económico y ser planteada como una medida de salud colectiva. Por eso se exhibe en las pantallas televisivas a quienes neurotizan la Renta Básica. ¡Menos mal que nos hemos dado cuenta!

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Pueden haber otras formas de cuadros psicológicos intermedios, sociedades o colectivos que pasan de la depresión a la exaltación, grados intermedios, convivencia de diversas formas de desquiciamiento. También derivaciones de la neurosis manifestándose la histeria, por ejemplo, en eventos deportivos o del espectáculo de la canción con miles de personas coreando un gol o pidiendo un autógrafo a un cantante. O delirios como en el mundo de la moda, el arte contemporáneo o la mástergastromía. Cuando lo que no se quiere ver es precisamente aquello que analiza 1109372401_740215_0000000000_noticia_normalla antipsquiatría, con Ronald Laing y David Cooper, en cuanto a que el enfermo que es sometido a tomar medicamentos, o al que se le recluye en psiquiátricos, “residencias” por incapacidad psíquica, a quienes se les empastilla, son la consecuencia de una sociedad enferma, la cual en sus diversos niveles tratará de machacar a quien diagnostique el síntoma y aborde las causas. Entre otras actuaciones amenazando con la pobreza, que es su arma. Pero sobretodo su fuerza consiste en que no se señale ni se sepa su padecimiento, porque pretende ser lo “normal” sin que nadie lo cuestione.

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Hoy lo que nos afecta es la neurosis del empleo, de manera que los neuróticos se sienten eufóricos, prometen pleno empleo, gastan el dinero público en crear puestos de trabajo y siguen endeudando a la sociedad, usan términos engañosos como es asociar a esa pretensión el “crecimiento económico” cuando nada tiene que ver. 

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Sucede como quien daba volteretas en el aeropuerto de León. Le preguntaron que ¿para qué lo hacía? Contestó que para ahuyentar a los leones y demás fieras. “¡Pero si no hay!”, le advirtieron. A lo que respondió alegre “es que esto de dar volteretas ¡funciona!” Y es que en el aeropuerto de León es cierto que no hay leones. Tampoco aviones. Sólo gente dando volteretas, lo mismo que en la Casa Blanca, la Moncloa, el Elíseo, la Duma, la Generalitat, San Telmo, la Autónoma, el Bernabeu, etc., etc., etc.

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4 comentarios en “El trabajo como enfermedad

  1. Hay algunas referencias interesantes sobre este asunto que merecería la pena rescatar del olvido, desde Paul Lafargue y ‘el derecho a la pereza’ al libro del Comité Invisible, ‘la insurrección que viene’.

    En buena medida cada sistema genera el sujeto necesario que lo alimenta, y lo que es peor, al sujeto que sin ese sistema moriría. La hegemonía, como ya estudiara Gramsci, no se mantiene tanto por la fuerza como por la convicción.

    Hay al respecto un interesante artículo sobre los marcos cognitivos de Lakoff, que aunque no me convence del todo por su simplificación psicologista, parece que explica la inercia a no cambiar de las mentalidades.

  2. Muy interesante. Hay bastante bibliografía muy buena para sostener la neurosis del trabajo y en general la reducción de la salud en las sociedades capitalistas. También me recuerda a otros autores como Paul Lafargue y ‘el derecho a la pereza’. También el Comité Invisible en ‘la insurrección que viene’ explica cómo se ha aniquilado todo lo colectivo para que el trabajo aparezca como la única opción de existencia.

  3. Me enfrento casi a diario con esta lacra mental impuesta tan sutilmente y cuestionada por tan pocos. Es tal la presión que la sociedad ejerce sobre mí que a veces pierdo el sentido común y me vuelvo neurótica. Pero de repente leo un artículo como el tuyo y vuelvo a afinar mi instinto, vuelvo a escucharme y sé que trabajar, ahora, no es mi camino, y los neuróticos pues que sigan con sus neurosis. Qué se le va a hacer. Por cierto, no te he dicho que tengo tres criaturas como tres soles. 😉 Gracias.

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