“Miradas afines”, propaganda en los museos

Hace unos días paseé, con curiosidad, por el museo del Prado de Madrid. Hace poco se presentó una exposición en el museo de León con un cuadro y fotos de dicho lugar y supe que se llama de esta manera porque cuando se hizo estuvo en un lugar rodeado de prados, a las afueras de la ciudad, lo que hoy es una zona central de la megapolis.

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Museo del Prado el año 1879

Siempre es muy interesante recorrer las salas, sin prisas y observando. Ya os contaré, próximamente, un nuevo descubrimiento que he hecho sobre el “lenguaje pictórico” de algo que se repite con suma frecuencia. Lo mismo que ya comenté hace un año sobre mi percepción de los cuadros de las majas de Goya.

En esta ocasión me llamó la atención una exposición: “Miradas afines”, no tanto por los cuadros, que también, pero sobre una explicación insistente que aparece en los folletos y no pararon de explicar los guías, algo incongruente y nada veraz, que además se desmiente a primera vista.

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La presión del “relato cultural” apabulla tanto que la gente sale convencida: En el siglo XIX se mostraron los cuadros de pintores holandeses y españoles como enfrentados, diferentes, para hacer propaganda del nacionalismo en cada país. Cuadros de los pintores Velázquez, Rembrandt y Vermeer, español el primero y holandeses los otros dos. Pretenden demostrar quienes organizan la exposición, con todo un aparataje mediático y de difusión, que apenas hubo diferencias y que el arte es global, que ya era muy parecido hace siglos, a modo de que la cultura fue universal, pero con un tinte de hacer ver la globalización como algo que tiene antecedentes en el mundo del arte.

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El arte es un hecho individual, que evidentemente como cada sujeto está influenciado por una época y un lugar determinado en donde se ejerza la actividad. Por ejemplo el paso del uso de los cuellos tipo “lechuguilla” a los de “golilla”, por ser más baratos y menos engorrosos. Pero esto es un fenómeno de la internacionalización de las costumbres y la comunicación entre los pueblos y las culturas. También el fuego se extendió en el neolítico, pero no por ello podemos compararlo al fenómeno de la globalización actual.

El truco es que la mayor parte de los cuadros son retratos, con lo cual es evidente que en todos hay rasgos comunes, tienen ojos, orejas, nariz y demás. Hay influencias en la vestimenta, de unos países a otros, sí. Se puede hablar de la internacionalización del arte, pero ¿de la globalización?, que es un fenómeno específico de la sociedad tecnológica contemporánea: me parece que no.

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Los cuadros, por más que sean arte y algo que para mí es casi mágico, en cuanto que alguien sea capaz de recoger los gestos, expresiones humanas en un lienzo. Pero han tenido en muchas ocasiones un cariz propagandístico de los personajes como reyes y la nobleza, que se dejaron retratar emitiendo una imagen de fuerza y valor, como el de Carlos V de Tiziano. O de belleza. Como es el caso de un cuadro de Isabel II, de España, que aparece con la piel blanca, fina, de rostro redondeado, bella, lo contrario de lo que muestra las fotografías sobre la misma.

Edificio Pallarés.
Retrato de Isabel II en el museo de León. Autor: Federico de Madrazo, año 1844.

También ha servido el arte para denunciar situaciones de pobreza, de violencia en la vida cotidiana, así como hechos históricos o costumbristas. Pero no se entiende que se pretenda sacar de contexto una exposición y se use como propaganda de la globalización, para crear una visión europeísta, cuando ésta ha de surgir de la integración conjunta de las diferencias, tanto históricas, como sociales, culturales, porque de otra manera sucede se estandariza todo esto, sin la individualidad del arte ni el aroma de su mundo.

Curiosamente cuando se observan cuadros paisajistas de los diferentes pintores cualquiera puede percatarse de las diferencias, tanto en los trajes, como en la arquitectura, las actividades, fácil de reconocer el país al que se refieren. O los ambientes judíos, católicos, protestantes o calvinistas, cada uno con sus características. Son diferentes, lo cual no es algo negativo, sino una referencia. Pero puesta en marcha la propaganda mucha gente dice “anda, ¡es verdad! los pintores tuvieron una visión europeista de su obra”. En fin.

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Fotografía de la reina española Isabel II de España.

Creo que la exposición es válida en sí misma, como cuadros expuestos dignos de ser admirados, pero son ajenos al uso de un fin “integrador” meramente propagandístico, con la intención, posiblemente, de recibir subvenciones de la Unión Europea, como un añadido más. Me parece lamentable. Cuando lo que importa es admirar y deleitarse con la manera en que los genios de la pintura son capaces de trasmitir gestos, semblantes, los aspectos inmateriales de un rostro, “el aire de la cara”. Para mí algo increíble. Es la magia del arte, que pierde su esencia o deja de ser el foco de atención como una mirada estética cuando se utiliza con fines políticos. Lo que se crítica rotundamente que se hizo en el siglo XIX, se repite igualmente, con otro signo o tendencia, en el siglo XXI. Una pena.

 

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