Diario de un disidente del coronavirus: ¿La razón?

15 de marzo 2020. Ayer se declaró el estado de alarma en el estado español para combatir la epidemia del coronavirus, covid-19. Hay muchas cuestiones que no encajan con la lógica, ni con la evidencia de los datos empíricos, pero que se ha convertido en lo real, casi la única realidad. Nada se ha contrastado, nada se ha razonado, sin embargo se ha producido un fenómeno de masas irracional. Lo cual es peligroso de por sí. Por ello he decidido escribir un diario durante el periodo en el que siga esta dinámica social, para que en el futuro se pueda analizar este fenómeno con perspectiva, si se quisiera hacer.

Escribió Víctor Klemperer su diario cuando el socialnacionalismo llega al Poder y en la misma época Anaïs Nin. Las cartas entre Hermann Hesse y Thomas Mann, o las cartas de Franz Kafka a Felice Bauer y a Milena. Nos permite comprender cómo sucedió lo que luego ha contado la Historia a su manera, alejada de la subjetividad del momento.

Lo que me hace escribir al respecto es la avalancha de la opinión pública ante un hecho que se ha sobredimensionado con los medios de comunicación, se ha desorbitado completamente y las respuesta científicas se solapan a las que se toman en la medida del eco público, pero que se ha sacado del contexto en el que se ha de solucionar. Las consecuencias están por ver.

Me he planteado tres refranes que explican lo que sucede, sin que nadie lo vea, ni lo quiera observar, porque se ha dejado el razonamiento a un lado y asistimos, una vez más al fracaso de la razón. Una forma de rebelarme silenciosamente es llevar en la mano cuando salga uno de los libros sobre las críticas de Kant. Como decía Albert Camus, por cierto autor de la novela “La peste”, (1947), cuando se pierde la esperanza queda el testimonio.

Escult cabez

Pero lo que más me ha alarmado es cómo han caído tantas personas concienciadas en temas sociales, con inquietudes literarias e intelectuales, llevados por un estado de histeria, de tensión emocional que les hace esgrimir falsos argumentos, sobre todo al ceñirse a los datos fuera de contexto y con una presión mediática de una enorme fuerza, que al unísono empujan a lo irracional. Y sobre todo la manera en que se ha impuesto el principio de autoridad frente al del conocimiento y de razón. Ya no hay argumentación posible, sino ¡adelante!, tiene que ser así. Por qué?, ¡porque sí!, ¿no te das cuenta de lo que está pasando? Y repiten los mensajes reiterados en la televisión, radio, redes, prensa.

Sin embargo y por contra, y como un juego del absurdo, he luchado mucho para que sucediera lo que está pasando, sin embargo me apena, me provoca tristeza vital y lamento que un cambio que venía y que era y que es necesario, en lugar de suceder razonablemente por las causas reales lo que se hace es pasar de una irracionalidad a otra. Adaptada la nueva a los tiempos modernos.

Hoy mismo leí una reflexión que hace Virginia Woolf en la novela “Orlando”: “Tan indomable es el Espíritu de la Época que derriba a quien trate de openérsele, con más violencia que a quienes comparten su rumbo”. ¡Con más violencia que a quienes comparten su rumbo! Vi que se está generando un clima de violencia que exigirá más violencia para ser reprimida, de manera que se están cazando moscas a cañonazos. Donde el remedio es peor que la enfermedad. Ahora bien, y es esto lo que me ha animado a escribir: No hay mal que por bien no venga. Por paradójico que pueda parecer. ¡Es increíble!

Respecto a los dos primeros refranes el año 2007 apareció el libro “El rey cigüeña” , en el que planteo una historia que retrata lo que hoy está sucediendo, de la misma manera, lo cual me parece asombrosos, y también comprobar que la realidad supera a la ficción. No lo adiviné por ser profeta, sino por abordar una conducta colectiva que se contagia psicológicamente a través del miedo y de la información sesgada donde la noticia se retroalimentan convertida la noticia misma en la noticia, dando origen a la información espectáculo.

Irracional
Dibujo de la portada de Cristina Núñez.

Hay un caldo de cultivo del que advirtió Umberto Eco en su libro “De la estupidez a la locura” (2016) Por mi parte no usaré el término “locura” porque no lo es, sino lo contrario, es lo más normal del mundo a lo largo de la Historia de la Humanidad. Conductas irracionales que se fomentan con técnicas de manipulación, que luego se trasmiten entre los individuos de manera espontánea y consiguen que la realidad que nos hacen ver sea la única posible y entonces se entra en una lógica de necesidad y de “responsabilidad” que funciona por sí misma, sin que lo veamos.

Hará falta crear una resistencia desde la racionalidad para mantener criterios de sensatez y hacer frente a esta ola perversa, que es imparable. Lo es porque lo irracional funciona en la masa social, mientras que la razón únicamente entre sujetos, hay que ir uno por uno para razonar. Un texto o libro o conversación es de tú a tú, pero los mensajes de los medios de comunicación y de las redes (dirigidas por empresas) llegan al mismo tiempo a millones de personas. Lo que acontece llega a miles de millones, acompañado el mensaje de una carga emocional que se refuerza luego con la acción de quienes entran en esta dinámica. Pero será necesario un espacio acorde a la razón para el futuro, lo que también Umberto Eco narra en “La Isla del día después” (1994)

No se trata de salvar a nadie, sino de razonar. Fui esta mañana a ver a mi tía Lucy (tía abuela) de 93 años y a la prima de mi padre, Pachi, con 90 años, a su casa. La primera en una residencia geriátrica donde no me dejaron entrar ni a ella salir. La calle con muy pocas personas, algunas. El parque cerrado, los bares con las puertas selladas. Parece un ambiente de preguerra. Me pregunté si no nos estarán preparando para algo así. Descarté este pensamiento, pues es preciso basarse en los datos concretos, que son los que voy a dilucidar, así como la reacción colectiva que se ha ido de las manos. Ahora las ideas de los partidos, evaporizadas en general, compiten a ver quién más y los gobernantes ante la falta de resultados inciden en incrementar lo mismo y toda una parafernalia de entrevistas, de imágenes, de acontecimientos, de famosos, expertos, los famosos “expertos”, pululan en paralelo alabando las medidas que se han tomado.

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Al volver vi esta imagen. “Hay que quedarse en casa”. ¿En cuál?, me dije, para estas personas sin techo. El desamparo es total. En León, 14’08 hs c/ la Rúa, 15 de marzo.

Pero vayamos a la cuestión central. Todo lo ha provocado un virus, el coronavirus COVID-19. Un problema, sí. Pero ha desencadenado un problema aún mayor con la reclusión de la población en sus casas, parar en seco la economía, sin ningún tipo de precaución ni estudio de sus consecuencias. Había que actuar enseguida por un problema de salud pública. Sin ver que las decisiones tomadas han sido bajo la presión de convertir una enfermedad vírica en un una noticia de la que se informa permanentemente y en directo. Fue creando alarma, había que dar una respuesta de cara a los medios de comunicación. Los servicios sanitarios fueron reticentes en un principio, pero lanzada la ola todos son arrastrados, ya hay expertos médicos, científicos, que lo corroboran, otros dando consejos y así se refuerza esta decisión y cada vez más. Y las opciones son a mayores. No se ha visto como afecta a la salud de las personas abatidas por la angustia, el miedo, la convivencia en un estado de nervios. Se ha generado ansiedad en gran parte de la población y se actúa obsesivamente. A veces, incluso, de forma propagandística.

No toda la comunidad científica ha estado de acuerdo, pero los críticos han quedado a un lado, y se ha reaccionado como una avalancha ante un incendio en una discoteca, la gente sale en estampida, y se ha comprobado que hay más muertes por aplastamiento, por la situación que genera el pánico y la actitud irracional que por quemaduras o por asfixia. En este punto nos encontramos y ya no hay vuelta atrás, porque sería un crimen, un acto irresponsable volver a la sensatez. Volver o aplicar el sentido común. Pero se ha asimilado que la responsabilidad es obedecer, no por imperativo legal, sino por estar de acuerdo, por sentirnos héroes de la situación.

Cuando iba a ver a mis familiares ancianas me increpó una señora desde su ventana: “irresponsable”; “no se puede salir”; “si alguien muere hoy será por tu culpa”. Le dije que si estaba informada. “¡Pero no has visto la televisión, lo que están diciendo!”. Me fui dejando los insultos como un eco, algunos fuera de lugar. Al final es el resultado de lo que se repite insistentemente por los medios de comunicación y se refuerza en las redes sociales.Que no lo han planificado, ni esperado, pero es la reacción a su manera de ofrecer la información para captar la atención y sobresaltar a la audiencia.

Incluso quienes aclaran, con un criterio médico y profesional, lo que sucede desde el punto de vista de la pandemia ceden a las mediadas tomadas sin que tenga nada que ver la causa de la afectación con los efectos que ha provocado. Hay estudios al respecto, como el de Freud en “Psicología de las masas y el estudio del yo” (1921), o “La psicología de masas del fascismo” (1933) de Wilhelm Reich, donde se puede apreciar el fenómeno actual que se repite como si de un molde se tratara, con otro contenido, pero el método es el mismo.Y por diferentes caminos se puede llegar a lo mismo.

El contexto de circunstancias parecidas en otra época es una crisis de manera general. Se busca un chivo expiatorio y se toman medidas de adhesión al que lleva las riendas del Poder, el resto funciona mecánicamente expandiéndose con una inercia imparable, de manera que quienes toman las decisiones lo hacen siguiendo la fuerza de la masa. Ésta actúa emocionalmente e incluso con buena intención afectivamente. La maquinaria del Estado se pone en marcha y se produce la resonancia de unas administraciones con otras, de unas áreas en relación con las demás y el mecanismo entra en acción. 

rostro

El hecho nuclear es la acción del coronavirus COVID 19. Los virus son la entidad biológica más abundante que existe en el planeta tierra. Como consecuencia de su efecto mórbido y ser un patógeno nuevo se toma una decisión política que paraliza la economía y confina a la ciudadanía en sus casas, sin que haya una respuesta crítica, ante un estado de alarma permanente cuyo efecto da lugar al colapso hospitalario, lo cual obliga a declarar el estado de alarma y lo que venga. Como lo ha hecho un país los demás lo imitan por su acaso. La explicación son soflamas sobre la responsabilidad, la unidad de todos y cada uno y por el bien de la salud pública.  El planteamiento es que no hay alternativa, no queda más remedio y se hace un llamamiento a la conciencia de cada uno de los ciudadanos y ciudadanas para asumir este compromiso, ocultando que se trata de algo irracional.

Es curioso que quienes han mentido sistemáticamente, como representantes de partidos políticos y de las instituciones, se convierten de la noche a la mañana en los portadores de una realidad indiscutible.

El aislamiento no es la solución para la propagación del contagio. Ya se reconoce, y así en el mensaje del estado de alarma se dice, que no es tanto para evitar el contagio masivo, sino por el colapso hospitalario que se ha generado y espaciar los casos, pero no por el virus, sino por el pánico que se ha creado y por las informaciones sesgadas y tergiversadas que se han vertido y no es posible salir de este encierro psicológico en el que hemos sido atrapados, pero hay que verlo y entender qué es lo que ha sucedido analizando el contexto previo a este acontecimiento global.

Según Patrick Vallance, médico británico, asesor del gobierno de Gran Bretaña, millones de ciudadanos en este país  van a contraer este nuevo parásito, lo cual es necesario a fin de poder controlar su impacto en un futuro. De esa manera, dijo, se logrará lo que se conoce como “inmunidad del grupo”, la resistencia a una enfermedad contagiosa en una población cuando un número suficiente de personas se vuelve inmune a ella y se dificulta su propagación. “Creemos que es probable que este virus regrese cada año, se convierta en una especie de virus estacional”. Cuantas más personas se contaminen ahora, un mayor porcentaje del país desarrollará inmunidad para una potencial segunda oleada de la epidemia en el otoño o invierno próximos. Mientras tanto se busca un antídoto o vacuna. La comunidad científica y médica, en España también, admite que en varios meses la mayor parte de la población de España estará infectada. En el peor de los casos y con una previsión a lo alto se estima que en un año de cada 1.000 habitantes 900 lo pasaran sin ningún síntoma. 100 sí los tendrán. De éstos 80 personas sufrirán algo parecido a una gripe pasajera. El 20 restante padecerá una neumonía bilateral que necesita atención hospitalaria y 3 personas lo pasarán en un estado de gravedad y 1 morirá por fibrosis pulmonar. Hasta que se encuentre un medicamento o vacuna. Es decir personas graves serán un 0‘3% respecto a los habitantes de España lo que supone 120.000 personas y unas 46.000 personas morirán según estas previsiones (sin medicamento ni vacuna correspondiente), es decir el 0’15% de la población  Cuya solución requiere una atención médica.es un problema sanitario como otras enfermedades y también otras más contagiosas.

Ahora bien se ha seccionado una parte de la realidad y se toma como un todo, un absoluto del que se nos informa al día. En estos momentos, 15 de marzo de 2020, a las 19’20 hs. en España por el coronavirus ha habido 7.948 casos diagnosticados con 292 muertos. Y va en aumento. Es un problema médico de primer orden, pero se ha convertido en un problema social y económico, que altera psicológicamente a una gran parte de la población. Y se ha hecho un problema global por una decisión compartida y “contagiada” en función a un hecho aislado de su contexto epidemiológico ante el pánico generado, pero no por el virus y la enfermedad, que sería un miedo razonable con precauciones lógicas. Por el contrario se ha desatado lo irracional, una irracionalidad social y de Estado que desemboca en el control de las masas.

Sucede esta pandemia en un país, España, en el que a diario mueren 1.170 personas al mes 35.100, al año 427.050 personas, el 0’9% de la población muere anualmente. Con el coronavirus (sin vacuna ni medicamento) se sumaría un 0’15% más una vez que se instale, contagie, en la población. Una sola vida humana vale todas las medidas por tomar y todo esfuerzo, pero médicas y no cambiar unas alteraciones por otras por otras, y más que al dar una respuesta desproporcionada no sirve sino para empeorar la situación todavía más. Pero lo incongruente es que la gripe, para la cual se vacuna la totalidad de la población de riesgo, el año 2019 causó 525.300 casos registrados, de los cuales 6.300 fueron mortales. Y también es una enfermedad contagiosa. Se alega que el coronavirus es nuevo, que no se sabe como funciona ni la manera de afectar, pero que por si acaso. Pero precisamente por eso hay que estudiarlo en el ámbito médico y no montar la que se ha montado por una decisión política, importada de otra circunstancia como es China y luego Italia por mimetismo, sin reparar en las consecuencias. En una sociedad global el virus se extiende por todo el planeta. ¿Los encargado de tomar la decisión son unos irresponsables? No. Pero se han dejado llevar por la ola de irracionalidad creada, la cual es peligrosa.

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En los países industrializados la primera causa de mortalidad entre las enfermedades por infecciones es la neumonía, de la que hay vacuna. En España, en el año 2017, se produjeron 10.222 fallecimientos por neumonía, representando el 2,4% de todas las muertes. Se produjeron 120.830 hospitalizaciones por neumonía en los hospitales españoles, con una mortalidad del 7,7% de los episodios hospitalarios por esta enfermedad, o sea 8.458 muertos, según datos de la encuesta de morbilidad hospitalaria. Por otra parte hay que entender que los casos mortales por un tipo de virus hacen que de otro disminuya, al afectar a un sector concreto de la población.

Se insiste en medidas como lavarse las manos, taparse la boca y la nariz con el codo al estornudar, lo que desde pequeños se nos enseña como prevención para evitar contagios desde pequeños, sin necesidad de un nuevo virus, pero bueno es recordarlo.

Hacer frente a un nuevo virus exige medidas preventivas acordes y eficaces, no querer “matar moscas a cañonazos”. Se plantea el colapso sanitario como causa que hace necesario el confinamiento cuando se llevan años manifestándose la ciudadanía a través de la Marea Banca contra las privatizaciones, los recortes en la sanidad pública, la falta de personal sanitario y de limpieza. El colapso ya estaba instalado. Ahora se ha petado, con una nueva situación imprevista que ha sido la gota que la ha desbordado. Harán habilitar hospitales de campaña, los militares, por ejemplo, el uso de hospitales privados, pero sin salir del ámbito médico.

Socialmente se pueden plantear medidas en concentraciones multitudinarias, pero parar la economía y arruinar a millones de personas es algo inconcebible, y quizá necesario por otros motivos, pero de manera racionalizada y estratégica. Y esto es lo que me parece grandioso de este asunto, según lo cual “no hay mal que por bien no venga”. Si embargo el mal es demasiado porque afecta a la libertad de las personas, al engaño social y a la reacción emocional e irracional que se retroalimenta y cambia el sentido de las palabras. Responsabilidad: ¿Es responsable alimentar y favorecer una reacción colectiva que supone sucumbir a mecanismos de control social?, ¿servir de coartada para la sumisión y adornarla? Con acciones bellas, espontáneas, llenas de arte, pero a la vez se hacen actos en los que no se aplaude a las miles de personas, sobre todo mujeres que trabajan por un salario mínimo en los geriátricos, a quienes cuidan de sus hijos, a toda la ciudadanía normal. Y se consiente sin análisis crítico a imposiciones desde el gobierno ante un miedo inducido, se desata el consumo compulsivo, la histeria. ¿Es esto responsable? Solidaridad, ni una intervención ha hablado de los millones de parados. Se pide no salir de casa ¿y los sin techo?, se crea una situación que describe muy bien Klaus Mann en su obra “Mefisto”, todo el mundo en los años treinta se siente responsable, cuando se instaura un poder totalitario es porque previamente se ha cultivado la sumisión social, los ciudadanos son responsables, obedecen ciegamente, sin solidarios con los suyos, el gobierno actúa por el bien del país, de los alemanes. Todos los desastres se justifican, muchos intelectuales lo alaban o justifican porque no hay otro remedio que actuar con contundencia. No comparo las situaciones, pero sí el método, la manera de no preguntar, de no exigir conocer la realidad y la radio repetía los mensajes machaconamente, sin mentir a veces, pero sesgando lo que se decía, sin contar lo que no interesó. Al final el protagonista, cuando ve lo que ha ocurrido, no se hace responsable, dice “Si yo sólo he sido un actor”, y los demás han sido buenos carpinteros, buenos médicos, buenos barrenderos, buenos soldados, amables maestros, que han cumplido con su deber y obligaciones. No podemos ser ciegos o viviremos lo que narra Saramago en su novela “Tratado de la ceguera”.

A ver si Hegel tiene razón y la Historia se hace a sí misma.

Y he aquí la enjundia. Lo que se ha hecho ha sido necesario, pero por otros motivos, al hacerse de esta manera pasamos de una época a otra y de una irracionalidad a otra, tan asumida que no la vemos como tal.

Hace unos meses se celebró la Cumbre para el cambio climático. Los expertos manifestaron un panorama desolador. Exigían una serie de medidas. La opinión pública centralizada en Greta pedía compromiso a los gobiernos. Dieron buenas palabras, pero no se hizo nada y la situación se describió por la comunidad científica internacional como límite. Había que hacer algo, pero no se hizo. Y, de repente, China el país mas contaminante del mundo y responsable del 30% de las emisiones de gases de efecto invernadero y principal contribuyente en este sentido al calentamiento global, decide resolver una epidemia con todo un sistema médico para evitar que se expanda, hace nuevos hospitales en tiempo récord El foco fue Wuhan, donde un año, julio de 2019, antes hubo manifestaciones de diez mil personas que fueron reprimidas contra una planta incineradora de basuras. «Devolvednos las montañas verdes y las aguas limpias», decía una pancarta. «La contaminación destruirá nuestras generaciones futuras», rezó otra. Es una de las ciudades del mundo más contaminadas.

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La contaminación causa 10.000 muertes al año en España. 8,8 millones de muertes al año en todo el mundo y esto, de media, reduce la esperanza de vida casi tres años, según advierte un nuevo informe científico realizado por el Instituto Max Planck de Alemania. Afecta especialmente a personas mayores de 60 años y da lugar a enfermedades asmáticas. El acceso de los coches a las grandes ciudades, según este informe científico, se podrían evitar cinco millones y medio de muertes anuales en todo el mundo. Durante las epidemia del coronavirus el 6% de las emisiones globales durante el mismo período del año pasado a nivel global han bajado. Y ahora que las medidas de parálisis de la producción lo hará más.

El año pasado hubo protestas y actos de repulsa contra el turismo masivo, que destruye la convivencia en las ciudades y encarece el nivel de vida en ellas. Una comisión europea planteó un mes antes que había que reducir el número de vuelos de aviones, significativamente, propuso encarecer el billete a quien más viajara en estas naves en lugar de hacerles rebajas como ofertas de las compañías. Se vieron impotentes para todo esto. El petróleo empezaba a usar las reservas, su precio se encareció. Ahora su consumo ha bajado drásticamente y el precio es mucho más barato. El problema de los excedentes en las cadenas de alimentación y de productos agrarios fue el trasfondo de las protestas de los ganaderos y agricultores, el reparto de la PAC (Política Agraria Común). A todo se le ha echado el freno. No planteo, en absoluto, que se haya inventado toda la parafernalia del virus, ni que se haya provocado, para este fin, pero ha sucedido. Y se plantea seriamente en ámbitos en que nunca fue bien visto la Renta Básica para garantizar un mínimo de consumo a tantos trabajadores que están yendo al paro, a los autónomos que no pueden soportar la presión de gastos fiscales, de alquileres, de salarios y han de cerrar. Los parados si no encontraron, tres millones de personas, un empleo en la recuperación de la crisis, ahora menos. Otros efectos colaterales positivos van a ser la conciliación familiar, el volver la mirada a los pueblos y al mundo rural, el reparto de tareas domésticas. Desde la racionalidad es un avance social, el progreso de una sociedad. Desde lo irracional hay que preguntar ¿a cambio de qué? y he aquí el peligro.

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Mi disidencia es para no contribuir al desastre por la manera en que está sucediendo, desde la irracionalidad, la cual es un peligro a corto, medio y largo plazo. La sinrazón no es el camino. Ya se estaba fraguando el fanatismo en muchas ideas emergentes que adquirían un consenso social y se instalaban en el Poder. La adaptación al mundo tecnológico y a la globalización exige racionalidad y democracia. Cuando una desaparece y la otra se usurpa al pueblo y éste sucumbe desde el miedo a la avalancha de mensajes emocionales y afectivos estamos perdiendo un fundamento de años y siglos de luchas por nuestros derechos, los hipotecamos en soflamas de “unidad” como estratagema política. Todo para garantizar aparentemente la salud pública cuyo sistema sanitario ha sido permanentemente erosionado cuando no expoliado, continuando por camino irreflexivo en el que nos encierran a los ciudadanos.

21’28 hs. Al pasar por la cocina veo en la tele una rueda de prensa con cuatro ministros insistiendo en las medidas a tomar, generando expectativas y flanqueados por militares a su espalda. ¿No deberían estar los gobernantes en un caso así detrás de los científicos y profesionales de la medicina?

Salud.

Mañana será otro día.

3 comentarios en “Diario de un disidente del coronavirus: ¿La razón?

  1. Buenas noches, un amigo me ha enviado tu artículo y quería decirte que llevo días consultando fuentes y contrastando datos con otras patologías, al igual que tú. Sé que somos muchas las disidentes y me enfada y entristece no poder manifestarlo públicamente porque, como también señalas tú, entre los amigos más intelectuales apenas encuentro debate al respecto.

    Gracias por escribir lo que pienso, compartiré y te seguiré en estos próximos días.

    Fuerza! Un saludo

  2. La sucesión de circunstancias que se irán plasmando en tu Diario, a medida del paso de los días, seguro conducirá a razonar con rotundidad sobre lo que ahora es loable interrogación y crítica respetable. Gracias por el Diario en curso.
    Marc.

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