Diario de un disidente del coronavirus: Un cisne negro

17 de marzo, 2020. Hoy ha sido un día relativamente tranquilo. He seguido recibiendo comentarios, algunos apoyos, muchas opiniones contrarias, pero pienso que al fin y al cabo lo importante es la reflexión.

Me preocupa la agresividad con la que se responde en no pocas ocasiones, con planteamientos de “¿y si te pasara a ti?”, o “es que yo conozco…”, cuando toda enfermedad es lamentable, pero lo mismo que cualquier otra, la gripe por ejemplo.

Insisto en que la manera de tratar la información y las medidas tomadas que forman parte de la noticia, prácticamente única, ocasiona no sólo unos problemas superiores a los que causa el coronavirus COVID-19, con todo lo grave que pueda ser, pero se dan datos aislados de un contexto en el que no se ve de una manera relativa. La gente se ha adherido masivamente a la campaña. Un amigo me decía que si en esta circunstancia nos dicen que vayamos por la calle a la pata coja lo haríamos y arremeterían contra los que no lo hicieran, atacando al desobediente.

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El etólogo, Konrand Lorenz, premio Nobel de medicina, 1973, explica: “La ansiedad con miedo y el miedo con ansiedad roban al ser humano sus cualidades más esenciales, una de ellas la reflexión”. Deberíamos analizar esta conducta extendida en la masa, sacando el problema de una enfermedad sanitaria de su contexto médico, lo cual va a tener graves consecuencias, a parte de las inmediatas como consecuencia del confinamiento generalizado. El mismo presidente del gobierno hoy ha insistido en reconocer que se han podido cometer errores. Pero plantea que se analicen cuando pase todo.

Hoy al ir a ver a un familiar mayor me crucé con un señor que llevaba la mascarilla puesta, pero en la barbilla y fumando. Me pareció una imagen curiosa. Absurda, pero refleja un carácter que manifiesta actuar por obediencia y mientras que nadie me diga nada… Otra manera de responder es la de ser más papistas que el Papa y divulgar el estado de irracionalidad, adornarlo, justificar, y sobre todo hacer presión con insistentes declaraciones de consejos, de explicaciones que hagan ver lo necesario que es, de llamamientos a la responsabilidad y demás.

Ante una situación de contagio generalizado, todo lo que se haga es poco, pero hay que saber qué se hace. Y no actuar por el impulso de una sensación creada desde el sobresalto por la manera de orientar la información,  emocionalmente y haciendo un seguimiento en directo, lo cual hace ver el problema sobredimensionado. Para mantener el alarmismo y las medias adoptadas hay que seguir provocando la inquietud, trasmitir el miedo, mientras que el proceso viral sigue su curso, pero las secuelas sociales serán efectos colaterales que nada tienen que ver con la pandemia.

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Si todos los países coinciden, ¡será por algo!, lo respaldan científicos cualificados. El planteamiento de Gran Bretaña no va en la misma dirección, desde mi punto de vista es más razonable y el resultado biológico de la enfermedad será el mismo, pero sin los efectos catastróficos a nivel humano por su repercusión social y económica, además del trauma psicológico en la población inmersa en un proceso de irracionalidad colectiva (no sólo el hecho del encierro) que ha sido lo dominante y determinará el cambio que va a suponer este hecho global.

Que la mayor parte de los países hayan tomados medidas drásticas y de aislamiento no quiere decir que sea razonable. Ejemplos a montones, como el de justificar una guerra, como la del Golfo, amparados en informes especializados y fidedignos sobre gravísimas amenazas para la seguridad del mundo occidental. En aquel caso no hubo apoyo de la población, porque no les hizo falta. Pero en este caso lo peligroso es la adhesión a la reacción de los gobiernos, al mandato, que se usa como una razón, cuando se trata de una imposición sin demasiado fundamento efectivo.

Me ha venido a la cabeza el libro del matemático libanés Nassim Nicholas Taleb, El cisne negro, cuyo subtítulo es El impacto de los hechos altamente improbables. Describe lo que es un fenómenos inesperado. Afirma: “Un suceso sucede porque no se espera que va a suceder”. Su conclusión es que la historia está determinada por sucesos improbables. Por ejemplo la caída del muro de Berlín, el fenómeno 15 M, nadie se lo esperaba veinticuatro horas antes, ni siquiera a pocos minutos de que sucediera. Lo que sí podría esperarse es la aparición de un virus que se contagiara tan rápidamente, pero es una cuestión de azar previsible, incluso por diversos motivos. Pero la respuesta de paralizar la economía de varios países, el confinamiento de los ciudadanos nadie lo ha podido ni suponer, pues con los datos que estamos viendo a diario si se hubiera planteado como hipótesis, sin la presión mediática, se habrían previsto otras soluciones, porque se hubiera razonado. Se vio venir al afectar a Italia, pero antes de que esto sucediera no hay rastro de que alguien lo predijera. Y ha sucedido por una decisión emocional. El cisne negro es el confinamiento de la ciudadanía. 

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Nassim Nicholas Taleb

Es evidente que para que un cisne negro nos sorprenda tiene que haber una base que lo propicie, que de alguna manera la sociedad harta de determinadas situaciones se exprese y estalle un fenómeno de masas no previsto con antelación. Pero en este caso del coronavirus ha sido dirigido desde los medios de comunicación al responder a un hecho biológicamente peligroso como es una pandemia, y por lo tanto algo objetivo, pero no se ha respondido a un hartazgo, ni a un clamor silencioso de una sociedad, sino a un miedo más allá del hecho biológico de la enfermedad, sino a la sensación creada en torno suyo. O sea una cuestión subjetiva colectivizada. En lugar de ser una movilización social, es una parálisis de la población (económica, cultural, deportiva, en todo), de manera que para mí se trata de un cisne negro disecado. Por lo tanto no abre un horizonte a la sociedad, sino que se lo cierra, arrastrada la ciudadanía, a la que se alaba, se la valora por ser responsable y se penaliza desde la propia gente al disidente, al hereje, como mecanismo de refuerzo de la conducta grupal.

En el Washington Post (puede leerse en español) aparece una simulación, en la que se observa la evolución de la epidemia según las medidas adoptadas en China, Italia – España y Gran Bretaña, mediante un estudio de sistemas. El ciclo del virus en todos los casos es el de su desarrollo hasta desaparecer, en unos casos antes y en otros más tarde, pero la extensión del contagio es similar. La cuestión diferente son los efectos sociales devastadores y de control sobre la población (esto ya no sale en el estudio.) Es algo que se ha debido de prever. Y no tapar el hecho de haber sustraído el dinero de la sanidad pública con los recortes y las corruptelas haciendo creer que el colapso es por un hecho inesperado.

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¿Cómo se va a afrontar la recuperación con un país endeudado en un 100% de su Producto Interior Bruto? Y no antepongo lo económico a la salud pública, ni mucho menos, sino que me preocupa que las instituciones que han gestionado la economía llevándonos a la ruina, de la mano de “expertos”, siga los mismos criterios para gestionar esta crisis sanitaria con sus respectivos expertos en otras materias y nos lleva igualmente al camino de la ruina, además del fracaso médico, al provocar además de la pandemia otro añadido provocando más enfermedades fruto del miedo, la ansiedad y el encerramiento.

Ya Paracelso, médico suizo del s. XVI, advirtió ante el peligro de la peste que el miedo lleva al desastre, siendo el pánico un perjuicio peor que la enfermedad en sí. Lo mismo que la irracionalidad. Fue testigo de la llamada “Plaga del baile” en 1518 en Estrasburgo, que siglos después se supo que fue causada por un hongo. Se creyó en su época que fue por el enfado de San Vito (santo italiano), por lo que para evitar que se propagara la epidemia la autoridad de entonces dio la orden de bailar ante el santo, pero para curar a más la gente decidió no parar de bailar durante horas y así lo hicieron los habitantes del lugar. Como siguieron muriendo, se culpó a quienes no bailaban, de manera que al que no lo hiciera se le quemaba la casa. La plaga diezmó a la población, pero los que se salvaron creyeron que fue gracias al baile. Paracelso observó que fueron muchos más quienes perdieron la vida como consecuencia del exceso de movimiento y agotamiento, muchos más que por la enfermedad.

Salud y resistencia.

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10 comentarios en “Diario de un disidente del coronavirus: Un cisne negro

  1. Me gustan tus reflexiones, Ramiro. Yo no me atrevo a escribir, porque no entiendo lo que pasa. En Asturies estamos confinados a partir de la siguiente ratio: 1 muerto/ 1.100.000 habitantes; parece una mala broma. Cuando entienda algo, si llego a ello, lo diré.
    Sigue trabajando.
    Gracias.

    1. Señor Poncela, siempre hay que tener miedo y precaución y prevención. Pero ¿por qué te da miedo este dato y no los 16 que murieron en una semana en otra residencia de León? ¿Nos han dicho cuantos perdieron la vida el año pasado y éste? La gripe y la neumonía, ¡con vacunación!, se lleva cada año a a más del doble en España que lo que han muerto en todo el mundo. Los datos son información pública. Nos meten el miedo para justificar todo esto.

      Y no frivolizo, una amiga está hospitalizada con el COVID 19, la operaron hace cuatro meses. Una tragedia. pero lo sería igual con otro tipo de contagio o enfermedad. No se puede radiar y televisar en directo cada caso, cada número que se eleva, eso no es información, es una presión psicológica. O hagan lo mismo con los demás casos virales u causas de muerte.

      No perdamos la razón y afrontemos la realidad. Es u problema sanitario que ha salido de su contexto. Hay que esperar a la vacuna o antídoto y mientras tanto, sí, prevención, precaución, pero no una catástrofe. Acuérdate de “El rey Cigüeña”, que por cierto el prólogo lo hizo nuestro común amigo Joaquín Colín.

  2. No sé qué pensar, pero desde luego, está toda la gente asustadísima, y sé que una pandemia de estas proporciones, les viene muy requetebien para que, aún sabiendo que las vacunas pueden dejar a alguien en silla de ruedas, por ejemplo, pensar que es peor una pandemia a quedarse paralítico y que “hay que correr el riesgo por el bien del COLECTIVO”…

  3. Dicen que el hecho de aislar a sanos con vulnerables, se debe a que si los sanos van a donde quieran, cogen + “carga viral”. Pero entonces ¿qué pasa con la gente que está apretujada en un tren porque han recortado líneas? y ¿no se supone que guardando las medidas de higiene a la hora de tratar con los vulnerables, ya está solucionado el tema del contagio? Como mucho se podrían cerrar casinos, bares, quizá restaurantes… por aquello de la gente alcohólica que después de olvida de la higiene en casa, (pienso), pero ¿ a qué viene prohibir a la gente algo tan sano como ir en bicicleta al monte… o nadar….? ¿ visitar museos…? No sé. Yo es que veo muchas similitudes con el fraude VIH-SIDA, (cifras engordadas con gente que tiene o tuvo otras patologías, tests fraudulentos, propaganda del miedo, primero afecta a un colectivo y luego se extiende a otros, y al final, hasta los niños tenían el retrovirus VIH, parejas que no se contagiaban según esos tests de baremo variable…) Aunque también he leído la noticia, manipulada o no, no lo sé, de una residencia de ancianos en Madrid, Monte Alegre, con 100 y pico residentes, que tuvo 19 muertes por gripe en un solo día…

    1. Os aclaro, Montehermoso es la residencia de Madrid que ha saltado en las noticias. Siempre ha tenido sus carencias pero supongo que no muchas más de las que tienen el resto y de las que la administración suele hacer vista gorda y no controlar como debería (cito el caso como el de la residencia en la que tres de los cuidadores maltrataban a los yayos… por ejemplo)
      En fin, lo que quería decir, mi madre estuvo en esa residencia hace 6 años. Cogió una gripe y el médico un día nos recomendó que la lleváramos a urgencias porque no estaba tranquilo. Dos días después murió. Sin salir en prensa. Sin más misterio. Sin denuncias.
      Gracias Ramiro por el diario.
      Salud y resistencia!

  4. Todos nos vamos a contagiar… o tal vez no. Las vacunas parece que ya están en proceso de prueba y, con un poco de suerte, la transmisión se paralice con el aumento de temperaturas e insolación. Si esto es así ralentizar la infección podría salvar muchas vidas.

    1. Pienso que, por desgracia, es irremediable el contagio masivo. Otra cosa es que afecte a una parte de la población gravemente. la cuestión es que no podrá ser de manera permanente y el padecimiento sucederá en poblaciones de riesgo o por el virus o por la gripe o neumonía u otras enfermedades contagiosas, que ¡con vacuna! hace que mueran muchas más que las cifras que nos dan hoy. Lo de aislar en épocas de contagio a quienes tienen menos defensas se habló hace mucho tiempo, Pero este estado de alarma no se justifica. Lo iremos viendo.

      El diario primero es en torno a la razón. Me gustaría que leyeras el de mañana. estoy tomando notas muy interesantes. Gracias.

  5. SIN RENTA BÁSICA”El mundo corre peligro y podría suceder que llegue a desaparecer si de aquella no os libro”. (San Genarín a Jonás el sepulturero, la noche de Jueves Santo. Del poema “REVELACIÓN A LA LUZ DE LA LUNA” de Fernando Carlos Pérez : Entre bromas y Veras, LápizCero ediciones, 2019).

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