Diario de un disidente del coronavirus: LA CULPA

16 de marzo 2020. Hoy ha sido un día muy agitado. No me imaginé que un relato diera tanto de sí. En parte me alegro, porque pensé que era un pensamiento herético, pero hay más gente, mucha. Y hasta profesionales. Algunos tienen miedo, pero hay quien se ha identificado, a pesar de la Ley Mordaza.

No quiero alargarme, pero el tema es complejo y da mucho de sí, sobre todo para desmontar lo del coronavirus social, el movimiento irracional de masas que se ha creado y que se retroalimenta y presiona cada vez más. Unas personas me han mostrado su apoyo y acuerdo. Otros me dicen que si es una visión conspirativa, cuando no hablo nada de que sea algo organizado, sino que es un ejemplo de psicología de masas, que es lo que hay que desactivar, su funcionamiento, o nos lleva al abismo. No pocos me han tachado de irresponsable, hasta de “asesino potencial”. En fin. Espero que a la razón, o al menos a lo razonable, no se le aplique la ley de peligrosidad social, o de atentar contra la salud pública.

Vayamos al grano:

La doctora Natalia Prego Cancelo, médico de familia con número de Colegiada: 363605762, afirma: “En estos momentos está habiendo una manipulación emocional y psicológica de la población en general, basada en los hechos objetivos de infecciones por coronavirus que no son objetivamente más graves que los de las infecciones estacionales anuales de los virus de la gripe o infecciones por los virus del sarampión. El ser humano convive constantemente con microorganismos patógenos, como los virus y bacterias que provocan diversas patologías, cuando nuestras defensas están bajas, o dicho de otro modo, cuando nuestro sistema inmunitario esta disminuido. Las cifras que la OMS (Organización Mundial de la Salud) ofrece sobre la infección de coronavirus no justifica la alarma social institucionalizada que se está realizando. Según la red de vigilancia epidemiológica española, la semana 10 de este año 2020, había 68,6 personas infectadas por gripe por 100.000 habitantes, o sea, unos 360.000 personas infectadas. La semana 3, del año 2019 había unos 92.000 casos de gripe registrados en España, o sea, 255,3 personas por 100.000 habitantes. El 15 de Marzo de 2020, semana 11 a las 17h, hubo registradas y confirmadas en España 6.391 personas en total. Según la OMS estamos asistiendo a una toma de decisiones a nivel institucional que es lo que puede agravar la enfermedad y enfermar a la población en general a consecuencia de las decisiones de aislamiento físico y emocional, por tiempo indefinido de poblaciones sanas. Cuando sólo sería necesario para la población de riesgo”. Dixit.

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La respuesta a lo que conté ayer no se fundamenta en argumentos, sino en decir “¡estás loco!” o “he oído…”, “me han dicho…”, “en los hospitales no cabe un alfiler”. Por cierto los hospitales privados funcionan con bastante normalidad. Pero lo que se moviliza son unidades militares de emergencia y no hospitalarias, si tanto hacen falta. ¿Dónde está la Agrupación Hospital Militar para montar hospitales de campaña y desplegar los medios para la descontaminación biológica? Como refuerzo médico. Nadie habla de esto, lo cual es información, pero se está trasmitiendo la enfermedad como si fuera un partido de fútbol al segundo e incluso a cámara lenta. Lo lógico será aplicar medidas sanitarias y no de vigilancia y castigo a la población, a no ser que podamos ser culpables.

Hoy me he sentido apesadumbrado cuando me han señalado con el dedo, incluso planteado como si fuera culpable de antemano, lo cual habrá que extrapolarlo a la situación social. Mi hija pequeña está en Italia, con una “beca Erasmus” y otra de excelencia. Volver le ocasionaría un trastorno de no poder continuar la carrera y su madre y yo hablamos con ella y decidió quedarse. Traerla a Madrid donde hay también casos o a León no tendría mucho sentido si es por la epidemia. “Si la pasa algo será por tú culpa”, me han dicho y repetido. Y lo he reflexionado mucho. No creo que haya nadie que la quiera más que su madre y yo. Por cierto hoy me ha escrito para decir que ha comenzado un blog, que me ha parecido muy interesante.

Puede que le suceda algo, sí. Incluso enfermar con el coronavirus y hasta morir. ¿Sería mi culpa? No. Es la culpa lo que se está inoculando en las personas y en la sociedad de manera difusa y en general. Primero el miedo, a que le pase algo grave, y luego el culpable, o peor hacernos sentir culpable. Si llegara a suceder que mi hija enfermara fatalmente tendría una pena horrible, infinita, pero ¿la culpa? La causa sería el virus y alrededor todas sus circunstancias. La misma pena que si al venir en avión a España se estrellara al aterrizar, o si al estar en León enferma de otra patología o le atropella un coche. La culpa es un elemento psicológico del que no podemos escapar, a no ser en nuestro pensamiento, porque haga lo que haga puedo ser culpable su acepto tal mecanismo de juzgar los hechos. Si digo que venga y en el viaja sucede un accidente, culpable. El problema es que cuando me lo han dicho, cuando me han acusado, lo he llegado a creer, me he sentido cul-pa-ble. Y he tenido que reaccionar. Me ha ayudado hablar y comunicarme con algunas personas. La culpabilidad es peor que el chantaje emocional.

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Alguien me ha comentado que el miedo ha llegado para quedarse. El siguiente paso es culpabilizar a quien lo provoca y luego señalar al chivo expiatorio, pero se ha dado un paso sibilino, perverso, y es que instalado en nuestro código emocional, necesita encontrar un culpable para aliviar la angustia y atacarlo para saciar el pánico. El problema del coronavirus es biológico, médico, pero se ha convertido en un problema social y ya desbocado, entonces la culpabilidad, pero ya no es el bichito, sino quien lo propaga. Y quien lo hace es quien no cumple con la norma. El culpable es entonces quien no cumpla la norma. Hasta ha habido vecinos que han llamado a la policía señalando a alguien por salir a ver a un familiar mayor. Incluso con gente que pueda tenerlo, he escuchado comentarios, a sus espaldas, en este sentido: “es que estuvo en…”, o sea la culpa. Por esto es necesario razonar. Razonar.

El caso es que todo va encaminado a culpabilizar, a hacer al ciudadano el responsable. Y hacen que nos lo creamos y para no serlo nos convertimos en “salvadores” contra quienes infringen las órdenes dadas. ¿Razonar? Está vigente la Ley Mordaza, según la cual lo que declara un policía es prueba de cargo. La mayoría parlamentaria está en contra de ella, pero después de dos años sigue vigente. Forma parte del razonamiento, porque “me imagino” el siguiente caso (cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia.)

¡Eh, usted!

¿Qué? ¡Ah! Voy a…

– Su documentación.

– No, es que yo…

– He dicho que presente la documentación.

– Pero…

– ¿Sabe que está atentando contra la salud pública?

– Mire usted, hasta que no han venido no me he cruzado con nadie.

– Le corresponde una multa por riesgo a contagiar.

– Mire, ¡no! Carece de fundamento jurídico. Primero que para contagiar debo ser portador del virus. Podría ser sin dolo en caso de tenerlo, pero no hacen la prueba. Si no lo tengo no puedo contagiar a nadie. ¿Usted sabe si soy portador del coronavirus? Para aplicar una ley hay que dar los medios para que se pueda cumplir. (Los agentes me saludaron al estilo de cuadrarse y colocar los dedos de la mano derecha en la sien. Tiene usted razón, me dijeron y se fueron. ¡Menos mal, porque si me llegan a poner la multa no la podría recurrir, al no poder entrevistarme con mi abogado  – mi hermano César – y estar los juzgados cerrados.)

La culpabilidad la siembran los medios de comunicación y el eco generado en las redes sociales, al tachar de irresponsable a quien salga, cuando no hacerlo es por la prohibición de no salir y sus consecuencias penales. Entonces al cumplir somos responsables, lo que quiere decir que no somos culpables si obedecemos a la autoridad, con lo cual haremos siempre, siempre, lo que nos mande. Pero para hacerlo hay que pensar acorde a lo que mandan, y sentir y comportarnos como nos indiquen. Y para hacer nuestra la decisión de hacer lo que nos imponen nos dotamos de un sentimiento eufóricos que nos convierte en vigilantes de que se cumpla y denunciamos a quien no obedezca, que ya no es culpable por lo que haga, sino por no obedecer o por cuestionara la autoridad pertinente. Como me dijo hoy Fernando Pérez: Nos hemos cargado la libertad, algo que viene ya de atrás poco a poco. Lo que hoy vivimos era inimaginable hace un par de semanas.

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Curiosamente desde los púlpitos televisivos se tacha de insolidarios y de atentar contra los demás a quienes salen a la calle. El coronavirus biológico ya no cuenta, sino el coronavirus social, la culpa es de quien salga, que por el hecho de salir contagia. Y ¡venga panegíricos! Pero quienes lo claman micrófono en mano lo hacen desde la calle. O para ir al plató han tenido que salir, cuando no haría falta. Con que salga en la tele tres veces al día los datos y las recomendaciones ministeriales ya está. El resto de la información ya no sale. Pero podrían ofrecerla. Pero hace falta repetir y repetir los contagiados, los muertos, las normas, el estado de alarma, pregonarlo emocionalmente propagando la ansiedad, la euforia, el miedo, fabricando nuestros estados de ánimo y nuestra manera de pensar.

Vencer la batalla del virus, “contra un enemigo invisible”, dijo hoy Macrón. Con lo cual ya introducen un lenguaje de guerra, ¡porque lo es!, dicen los apologistas de quienes velan por la salud de todos, lo es contra el coronavirus. Y el ejército vigilando en las calles, la policía controlando. Y yo soy un payaso (a mucha honra), me dicen, por decir que se quieren cazar moscas a cañonazos. Pero el mensaje mediático es: “Depende de nosotros”. O sea los culpables los ciudadanos. La enfermedad que causa el virus debe ser curada en el ámbito medico, y prevenir la enfermedad. Mientras no se sepa de un medicamento o vacuna eficaz hay que prevenir, tomar medidas higiénicas y no hacer todo un teatro social que nos ha llevado a otra realidad social, económica y psicológica.

Dejemos que médicos y científicos hagan su trabajo y ejerzan su vocación. Pero se les usa como reclamo, con aplausos colectivos, que como dicen varios profesionales de la sanidad “lo que necesitamos son medios y material médico, ¿a qué viene eso?” Ejercer la medicina siempre es un sobre esfuerzo y el agradecimiento es total porque nos quitan el dolor y nos sanan, pero esas manifestaciones exculpatorias de apoyo, a modo de catarsis son mecanismos de crear una atmósfera sentimental para dejar que calen los mensajes de llamar egoísta a quien ponga en duda lo que repiten desde las televisiones, prensa, radie, y no razonan, hasta llegan a orientar entrevistas con expertos que no ven correcto lo que se hace, pero se ciñen a cuestiones técnicas, para luego asustar con cifras sesgadas y juzgar al que no se quede en casa. Por cierto no aplaudir es ser señalado con el dedo por desagradecido, o sea culpable. Y al que sí lo haga hacerle sentir parte de esa unidad que reclama el gobierno y los partidos políticos. Uniformidad (uniforme) y pensamiento único y, además, dirigido.

Con todo esto se crea una lógica interna del problema, es decir encerrada en cumplir lo mandado e impuesto. De manera que todo se justifica en función al objetivo que ha pasado de no contraer la enfermedad a que no se propague y de esto a obedecer. Nos jugamos la libertad. Ni más ni menos. Fuera de esta situación en la que nos han encerrado, no sólo en casa, sino en su esquema de pensamiento, se hace necesario ver la situación desde fuera, ¿qué opinaríamos hace un par de meses?, ¿cómo me veo en esto que me hacen cumplir? ¿Conozco casos por mí mismo, que me den pavor, o es a través de lo que me cuentan? Es lo que se llama “pensamiento lateral”, ver desde diversos puntos de vista las cosas. Ya no es posible razonar en esta situación, pues implica ser atacado porque quien lo cuestione es culpable. No es posible argumentar fuera de uno mismo, a no ser que compartamos criterios, ideas y se haga saber ante el convencimiento de quien no quiere saber otra cosa que hacer lo que han dicho que hay que hacer.

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He entendido porque en otras épocas se creyó y dieron tantas personas la vida por la fe en la virginidad de la madre de Dios, en los milagros, en pagar bulas para que nos perdonaran los pecados, en quienes veían a los ángeles y se sentían culpables de pecar. Mea culpa. Como dijo el papa español, de la familia de los Borgia, Alejandro VI, (s. XV) en la novela de Mario Puzo: Primero que obedezcan los fieles, luego creerán lo que haga falta”. Quizá sea inherente al ser humano y no sólo algo del pasado. Pero también lo es pensar.

La razón ha muerto y luego todo lo demás, lo que se nos viene encima.

Salud y resistencia.

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2 comentarios en “Diario de un disidente del coronavirus: LA CULPA

  1. Muy, muy bueno 👏👏👏
    Un poco largo 😅😅

    Instala WhatsApp, hay un chiste muy bueno de dos coronavirus charlando
    -Sabes q han activado al ejercito, dice uno.
    -Ufff, q susto, pensaba q habían activado a los científicos, responde el otro.

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