Diario de un disidente del coronavirus: Las derrota

24 de marzo – 2020. La pandemia del coronavirus ha llegado a un tope informativo, ante lo cual aumenta en intensidad. No se puede razonar más, la emoción sí cuando se hace más vehemente. Por esto, la derrota de lo razonable está asegurada. A cambio no es posible apagar un argumento, sino taparlo. Es lo que se está haciendo actualmente.

De cualquier manera lo que vivimos es una lección de humildad para la Humanidad: Somos vulnerables, más de lo que hemos pensado. Asistimos a un cambio de paradigma que afectará a todos los campos, desde la economía a las relaciones entre naciones y entre las personas. No ha sido de repente, las nuevas tecnologías lo han propiciado. Asistimos a la escenificación de pasar de un mundo a otro al confluir varios factores: globalización, tecnología, cambio climático. Sucede en torno a este virus, como pudo ser con cualquier otra circunstancia.

Los mass media, los medios masivos, informan de lo de siempre pero con más fuerza, para mantener viva la alarma que se retroalimenta con las medidas de Estado en los países de todo el mundo. La globalización queda instaurada, siendo en esta línea histórica sobre la que funcionará el futuro.

Se reitera con entusiasmo lo que se dijo desde un comienzo como si fuera una novedad, que aumentan los contagios exponencialmente. Es lógico en una cadena de trasmisión: de uno se pasa a dos, de dos a cuatro, de cuatro a ocho, etc. (1 – 2 – 3 – 4 – 8…) La población se preocupa y altera por esta noticia. Fueron las previsiones que se hicieron, con cuarentena o sin ella. Bajarán los contagios y las muertes por la propia naturaleza del proceso vírico y se supone que volverá al año que viene, pero es de esperar que con una vacuna. Provocará quizá más muertes que las habida hasta en día de hoy, como sucede con otras enfermedades infecciosas. Esto es lo que explicó la comunidad científica desde un principio. Se está desarrollando toda una parafernalia para convertir los datos previstos en una victoria, pues dirán que ha sido gracias a las medidas que se han tomado. Luego vendrá lo demás. Pero como dice Agustín Franco: “Ya nos han enseñado a hacer plas, plas, plas…” y aplaudiremos las declaraciones garandilocuentes y celebraremos la “victoria”.

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Cuadro de Adolfo Álvarez

El ministro de Interior, el señor Grande Marlaska, ha insistido en la represión, como si nunca hubiera habido detenciones por otras causas, o multas. Más miedo, esta vez por desobedecer. Hay personas que se van de los hospitales, hacinados en ellos sin síntomas de la enfermedad y a sabiendas, por parte del gobierno, de que un 90% de la población será portadora del virus al final del proceso, con una inmensa mayoría que no lo notará. Por desgracia afectará gravemente a muchas personas y otras morirán, se haga lo que se haga, como estamos viendo.

La percepción, por contra, es que gracias a la cuarentena se logra reducir el número. O al menos el ritmo del contagio. La cuestión no es discutir si fue una decisión acertada o no, pues comparativamente nunca se sabrá. Lo que planteo es que se han tomado unas decisiones desde lo irracional, con datos científicos pero sin hacer caso a otros puntos de vista,  llevados los responsables por dar una respuesta a la alarma social que se ha desbocado. yAhora no es posible salir de ella, sino dejando que el proceso viral siga su curso, y el aislamiento de los ciudadanos se mantenga mientras que dure.

A día de hoy han muerto en total en España por el coronavirus 2.696 personas, en un país en el que diariamente lo hacen 1.172 personas (un dato oficial para el año 2018), lo que equivale a una media de 35.160 personas que mueren cada mes como media. Hoy han perdido la vida por esta pandemia cerca de 500 personas, algo terrible, pero no se ofrece el dato de muertes que ha habido este mismo dí por enfermedades infecciosas, porque puede ser que coincidan con la cantidad de siempre, ya que quien muera de coronavirus no lo va a hacer de otra enfermedad. Con lo cual la información es incompleta e inexacta. Se juega con ella para mantener el estado de alarma, cuya duración ha aumentado.

Ofrecer este razonamiento no puede ser considerado el de un “aliado con el virus”, como planteó el presidente del gobierno ayer. Hoy se refuerza este cerrojo a la veracidad y a la sensatez con la declaración institucional del ministro Marlaska: “Hay que rechazar la información que no venga de cauces oficiales”. La oposición quiere hacer lo mismo, pero con más fuerza si cabe. Mi postura es exigir que, desde las fuentes institucionales, notifiquen los hechos contextualizados, completos y que se contrasten los argumento discrepantes. La advertencia del gobierno y la aplicación de medidas represivas más duras refuerzan la ley Mordaza, la cual sigue vigente amparada en los partidos que dijeron que la quitarían de inmediato cuando gobernasen. ¿También es un “arma” contra el coronavirus?

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La derrota de la razón no es buena noticia, pues la mecánica del control a través del miedo hace que las personas pierdan los nervios y se desaten actuaciones irreflexivas. Si se toma una determinación se deben adoptar medidas para que se pueda cumplir.  El gobierno ha anunciado un plan de rescate por valor de 200.000 millones de euros. Un tercio de esta cantidad permitiría que la mitad de los ciudadanos en España reciba 740 euros al mes durante un año. Este dinero se recibiría en el banco, al pagar iría de un banco a otro, lo que da lugar al circuito del dinero pasando por las personas, en lugar de darlo en forma de créditos o incentivos para crear empleo, que es lo que nos ha llevado a la ruina en diversas ocasiones en los últimos tiempos.

La Renta Básica sería viable por ser, además, el punto de apoyo para este cambio que se ha precipitado. Permitiría una economía que garantice la perdurabilidad del medio ambiente, de los recursos energéticos y de los servicios públicos de sanidad y educación. O como mínimo, con un pellizco de este dinero durante la cuarentena, ayudaría a las personas sin recursos, en paro, autónomos arruinados. Lo que plentean en la actualidad son medidas incompletas, más cuando quienes han tomado estas decisiones tan drásticas no se ven afectados por ellas. Justifican que no pueden bajarse el sueldo porque su salario lo marca la ley, la que ellos hacen. Y cantan al unísono con el corifeo político orquestal: “¡no se puede, no se puede!”

La derrota tiene una estética que hace que quien la sufre aprenda más, se fortalezca y sea capaz de adaptarse a una realidad que le es impuesta. La forma de sobrevivir a esto es activar la inteligencia frente a quienes usan la fuerza, más cuando es la del Estado. El arma de los derrotados es utilizar el pensamiento, la conciencia y extender esta actitud. Todo descalabro es un paso para comenzar algo, mientras que el triunfo en la Historia suele suponer el desenlace final de una etapa.

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Se puede extraer una lección de la primera obra de teatro de la que se tiene noticia, del año 472 a.C. “Los persas” de Esquilo. Existe una experiencia de siglos de la que deberíamos aprender. Versa sobre la derrota de los persas cuando reinaba Jerjes I, El Grande, héroe trágico en esta pieza teatral. Aceptó la derrota, como consecuencia de las catástrofes que acabaron con parte del ejército, al ser destruido por una tempestad un puente que hizo de barcos para que pasaran la caballería e infantería a tierra de los enemigos. Su ambición le hizo desarrollar toda la desmesura (hubris) de su Poder y su riqueza. En el monólogo final reconoce este rey que hay dos cosas a las que nunca podrá vencer un imperio por grande que sea: La naturaleza, porque de una u otra manera hará volver las aguas a su cauce y la libertad a los seres humanos, porque antes o después se rebelarán, de una u otra manera, sin que lo pueda prever ni evitar quien los oprima.

Es posible, aunque improbable,  aprender antes de la catástrofe, porque la realidad encuentra su derrotero por las buenas o por las malas. La razón nos permite vislumbrar nuevos caminos. Lo irracional inspira la violencia, y más cuando se ampara en el Estado bajo la pantalla del respeto, la solidaridad y el bien de los ciudadanos, que quedamos al albur del pánico informativo y la injusticia.

Salud y resistencia.

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2 comentarios en “Diario de un disidente del coronavirus: Las derrota

  1. Excelente artículo. Aprovecho para comentar que ya me han publicado mi libro ¡350 PODEMOS LOGRARLO! que incluye una vacuna contra la pobreza y la precariedad. Esta vacuna se llama Renta Basica Ciudadana Incondicional y se prescribe a todos los españoles mediante una proposición de ley.

  2. Yo sigo esperando a ver cuándo nos ponen por televisión el contador de muertos en el Mediterráneo, de refugiados que consiguen sus papeles, de hombres que asumen su 50% de responsabilidad de cuidados, etc.

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