Diario de un disidente del coronavirus: 1 EURO

8 de abril, 2020. Tenía varias ideas en la cabeza sobre cuestiones que me han sucedido hoy, una de ellas en relación a una lectura. Pero había que resolver de manera definitiva el pago de 1 euro que deben hacer las personas sin recursos para obtener la comida (desayuno y cena), como algo simbólico. Lo he llamado el euro de la vergüenza, pero evito este calificativo al analizar otra visión que me ha dado qué pensar.

Algo tan elemental se ha convertido en un mundo a la hora de llevarlo a cabo, incluidas amenazas de denuncias y demás, porque se sacó a la luz la cuestión de la pobreza en León con casos concretos, no en abstracto, con el rostro y las opiniones de quienes padecen la falta de medios para vivir. Parece ser que nos tenemos que acostumbrar a ello y dejar que forme parte del paisaje social. Parece ser que es demagogia hablar de estos casos cuando se hace con nombres y apellidos.

A raíz de la cuarentena varias personas pobres dejaron ver su rostro y hablaron de su situación. Comentaron el cobro de 1 EURO para que les den la comida en el comedor social, que desde el estado de alarma se da en un táper. Lo lleva la Asociación Leonesa de la Caridad, ejemplar en su labor de ayudar a los necesitados, no lo dudo. Y si alguien no percibe ninguna ayuda, sin papeles, etc… Cáritas se hace cargo de ese euro, pero no del que deben dar quienes reciben una prestación, sea la pensión no contributiva (392 euros / mes) o la Renta de Insercción (430 euros / mes; 537 euros si son dos miembros y máximo 644 euros /mes para cuatro miembros o más.) Estimado el umbral de la pobreza  en España en 762 euros al mes, por persona, tal como recoge la Carta Social Europea como mínimo vital para toda persona sin recursos económicos. Es un tratado que ha firmado el Estado de España con la UE y que no cumple.

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Una persona que mendiga en la calle durante la cuarentena aseguró que se pagan 2 euros por comer. Hubo quienes contradijeron este dato, asegurando que se exageró, pero él explica que es el euro de la comida y otro más para adquirir un cartón cada x tiempo en el que apuntan qué días come. Sin medios como está, cuando se le pierde o se moja tiene que pagarlo. Antes iban a alguna parroquia en la que se les daba el euro, o lo consiguían pidiendo limosna. Ya lo he escrito, pero lo relato resumidamente porque forma parte de todo el proceso para evitar que durante la cuarentena lo tengan que abonar.

No voy a contar los pormenores ni dar nombres porque creo que el interés radica en el análisis de tratar de evitar este pago y cómo se ha llegado a un callejón sin salida.  Se solicitó a través de un concejal al Ayuntamiento de la ciudad de León que se hiciera cargo del euro durante la cuarentena, como hecho simbólico y necesario para que las ayudas lleguen también a los más marginados, a quienes en circunstancias como ésta se les excluye más si cabe.

Nadie, a lo largo de las primeras semanas en las locuciones del gobierno, ni del parlamento, ni en las noticias de prensa, habló de los pobres, pero sí de los autónomos, de las empresas, los trabajadores. Sin embargo de los parados que no cobran prestaciones o que se les acaba, de la pobreza endémica, nada de nada. ¿De qué sirven a un pobre los créditos, incluidos los micro, o fraccionar los tributos a la Hacienda Pública?

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El hecho de salir la información sobre los pobres en Tamtam Press y en La Nueva Crónica de León hace un par de días, provocó cierta tensión a algunas personas que trabajan en atender a los más desfavorecidos. Se mostraron incluso “enfadadas”. Algunas otras, que han hecho prácticas en estas labores, me daban la razón. Pero no es éste el debate. Hoy salió un reportaje sobre el Banco de Alimentos de León en el periódico indicado. Ya se habla, algo, sobre la escasez de recursos. No de los pabellones que se levantan,  sin pensar que son escasos y sin contemplar  las condiciones previas de quienes han de recurrir a este hacinamiento, sobre lo que habría mucho que decir. Los usuarios para pedir alimentos se han duplicado, e irá a más. Nada que objetar sobre que les den comida, pero sí denunciar lo vergonzoso que es que, en  nombre de la solidaridad, con los llamamientos del gobierno a la unidad y a la responsabilidad, se deje que tantas y tantas familias lleguen a esta situación depauperada sin poner remedio. Todavía ayer las ministras y ministros nada hicieron porque no habían estudiado aún las condiciones para un Ingreso Mínimo de Cuarentena. Por lo urgente que es, insiste el movimiento social en que se aplique. Señalar esto hace que los responsables de estas medidas y quienes les amparan y colaboran con ellos, anatemicen las voces críticas acusándolas de colaborar con la extrema derecha. ¿Dejamos que siga pasando y nos callamos? Llega a ser una situación kafkiana.

El ver a gente durmiendo en en los portales, que mendigan en las calles vacías y comprobar que se les sigue cobrando 1 euro durante la cuarentena, me impresionó. Todavía más al hablar con quienes deambulan para pedir una limosna. Hay quien me llamó o contestó a esta información asegurando que son personas que mienten, que tienen suficiente para pagar ese euro, cuando ni pueden hacerse cargo del pago la luz y viven sin ella en una habitación sin cuyo recibo de alquiler no pueden cobrar la ayuda. ¿Quién puede vivir con este dinero? Los políticos que toman las decisiones que afectan gravemente a los demás ni se han bajado el elevado sueldo que siguen cobrando.  Cualquier trabajador o empresario, o diputado ¿podría vivir con su familia, o él sólo, con las cantidades indicadas? Hacer esta pregunta es demagogia, dicen algunos.

La pobreza alimenta la pobreza. Comprobamos permanentemente que con políticas sociales y la caridad, aumenta, no se resuelve. Pero el latiguillo reiterado ha sido: Eso es una artimaña para politizar el tema. Se razone lo que se razone, da lo mismo. Sin entrar en juzgar las vidas personales de quienes sufren la precariedad, necesitan una cobertura económica. A partir de la misma podrá entrar en juego todo lo demás para ayudar a resolver sus problemáticas personales, a veces sin solución, pero siempre lo agrava la pobreza. 

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Manifestación en León contra la pobreza.

El concejal del equipo de gobierno del Ayuntamiento lo planteó y me dice que la corporación municipal se podrá hacer cargo. Que en todo caso su organización podrá asumirlo. Pasa el fin de semana y la concejalía de Bienestar Social dice que hablará con Cáritas para ver cómo encontrar una solución. No contesta. Pero después de insistir afirma que no lo van asumir. Dos días después el concejal apoyará a título personal, pues considera que no lo puede hacer como cargo municipal al formar parte del equipo de gobierno.

Ha habido personas que se han brindado, como él, a colaborar de manera anónima y pagar entre ellas este euro a cada persona sin recursos económicos suficientes, mientras que dure la cuarentena. Lo cual es de destacar y agradecer.

Al llegar a un punto muerto en las gestiones institucionales llamé a la Casa de Acogida, donde reside la sede de la Asociación Leonesa de la Caridad. Le ofrezco esta donación, para que, durante el confinamiento, quienes acudan a recoger el táper con la comida, no paguen el euro. Por consideración y reconocimiento hacia tales personas. Porque se han tomado medidas excepcionales con algunos sectores de la población, pero con ellos no. No pueden estar en el comedor, ni en los albergues, y han tenido que acudir a los pabellones en algunos casos. Con todas las dificultades, al menos, deberíamos tenerles en cuenta.

La monja que me atiende con gran respeto, rechaza esta ayuda, que de llevarse a cabo debería ser para otro tipo de mejoras, un postre especial o algo por el estilo, pero el euro lo han de seguir pagando. Lo llamó el euro pedagógico: “Para que no lo gasten en otras cosas”. Comenta que ese comedor no tiene afán recaudatorio. Algo, repetí, que es obvio. También  rechazo que entienda que ellas, las monjas de la caridad , sean las “malas” de esta situación. Le manifiesto mi admiración y respeto, que si hay alguna crítica es a las instituciones que no toman medidas preventivas ni acciones de más calado, sean gubernamentales, autonómicas o municipales.

Me pregunto si hay que enseñar a las personas necesitadas a seguir siendo pobres en lugar de ayudarles a que dejen de serlo.

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Alega su experiencia de muchos años atendiendo a los pobres y le hago ver que se puede caer en una inercia, que no permite, a veces, ver la realidad concreta. No entro a debatir su planteamiento, que puede tener razón y es razonable, otra cosa será si es justo o no, pero ella considera que es una manera de exigir que sean responsables. Un amigo a favor de que lo paguen, considera que en estos momentos de encierro no se debería permitir, pero al menos que sepan que lo que comen cuesta dinero. Eso sí, que les den una cantidad mínima para vivir para no caer en la trampa de la pobreza ni reforzar esta lacra para que se perpetúe y desemboque en la exclusión social, con daños mentales y de convivencia añadidos. Pero el debate es el euro en el periodo de cuarentena. Ella insiste en que no está de acuerdo y que se lo gastarían en “otras cosas”. Son dos problemas consecuencia de la miseria. Uno, su situación emocional y sus adiciones. Otro: su falta de voluntad. Sería cuestión de analizar caso por caso, que en la comversación telefónica no venía a qué.

Mi interlocutora insiste en que por mal que estén estas personas se han de hacer cargo de sus gastos. Como hacen otras en sus mismas condiciones y no protestan. Percibí que la mansedumbre impone la aceptación de la pobreza, la culpabilidad de quienes la padecen, cuando ese da por muchas y complejas circunstancias que nadie debe juzgar. parece que se trata de doblegar y domesticar al necesitado.

Las monjas de la caridad viven en la pobreza voluntariamente y ayudan a los demás. Esta ayuda, al igual que  la labor de quienes hacen el trabajo social, debería partir de que las personas necesitadas vivieran integradas  en la sociedad, con un mínimo de dinero para poder afrontar los gastos básicos. De los 200.000 millones de euros que el gobierno de España va a emplear para sacar el país adelante, ¿que le va a llegar a cada pobre? Aumenta el paro y con ello la desesperación. En épocas de bonanza la pobreza ha ido en aumento. También la infantil, lo que hace que en situaciones límites como la que vivimos con la cuarentena, nos desborde como país. Se quieren reforzar a los sectores privilegiados y a empresas,mientras que el pobre lo es por definición. Cuanto menos se vea mejor, que queden encerrados en su podredumbre. El miedo a caer en tal situación de miseria hace que se acepten condiciones laborales draconianas que han llevado a la precariedad. A medida que aumente la presión de la pobreza y la amenaza del hambre, también aumentarán los abusos laborales.

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Insistí en que no queríamos hacer la aportación para otros fines, que ya colaboramos, cada cual, con organizaciones de ayuda a los menesterosos de nuestro país y de todo el mundo. Perseveré en que el euro es un símbolo y que se trata de dignificar a la sociedad. Una sociedad representada por las instituciones que permiten esta situación. La injusticia se hace ley y que el pobre pague por serlo se resuelve con el convencimiento de que es por su bien. Sus dificultades, adicciones, taras y demás, justifican el arrinconarles. ¿Qué soluciona seguir cómo hasta ahora? Nada. ¿Al menos durante la cuarentena no sería un gesto de confianza, de visibilidad de la pobreza como algo que es posible resolver, y de paso, un reconocimiento al pobre? ¡Con un euro a cada uno! ¿No hay decreto ley para que esto suceda?

Finalmente quedó la monja, muy amable, en que lo debía decidir la junta directiva de Cáritas con la Asociación Leonesa de la Caridad. Que lo expondrá en la próxima reunión y me comunicará lo que decidan.

Se trata de un euro que se convierte en el símbolo de dos modelos: El de medidas caritativas o el de la justicia social. ¿No tenemos nada qué decir?

Salud y resistencia.

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9 comentarios en “Diario de un disidente del coronavirus: 1 EURO

  1. Siento decirlo, pero la culpa del actual estado de cosas no es (solo) de los Amancio Ortega, Botín, etc. Cuando Ramiro hizo la huelga de hambre hace seis años, me quedé horrorizado al oír ciertos comentarios cargados de odio hacia su persona (vago, sinvergüenza, cuentista…) Os aseguro que no procedían de Botín ni de Florentino Pérez, precisamente.

    Mucha gente propietaria de un pequeño negocio, cuando les hablaba de la Renta Básica, me espetaban: “¿Y por qué voy yo a pagar un subsidio para vagos? ¡Que trabajen, como hago yo!” Ahora muchos autónomos se han quedado sin ingresos, al tener que cerrar sus tiendas, bares, etc. y reclaman (con toda la razón del mundo) una ayuda del gobierno para seguir subsistiendo. Incluso el lenguaje es tramposo: inconscientemente he utilizado la palabra “ayuda” para referirme a lo que debería ser un derecho fundamental.

    El problema que veo yo es si no volveremos a la antigua manera de ver las cosas una vez pasada esta crisis. Para evitarlo, se requiere un cambio profundo de mentalidad, no solo de siglas políticas. La idea de la Renta Básica tiene que ser aceptada de modo transversal por todas las ideologías, y me parece inadmisible que desde algunos sectores de la izquierda se la esté torpedeando, simplemente por el hecho de que la defiendan el Papa o Luis de Guindos. Como sigamos así, estamos apañados.

  2. Amigo Ramiro:
    ¿Qué nos puede resolver una monja, sierva del amor?
    Tenemos que apuntar más alto, y dar el tiro en la frente a los “Rabinos” (ojo: religiosos y políticos).
    La caridad es lo que se dice, pero no se hace.
    La Justicia es lo que se hace, pero no se dice.
    Tiene razón Matías: Ciudadanos, no siervos. Derechos, no caridades falsas. También Jesús lo dijo:
    Mateo 23, 1-7
    “Después de esto, Jesús dijo a la gente y a sus discípulos:
    «Los escribas y los fariseos se apoyan en la cátedra de Moisés.
    Así que ustedes deben obedecer y hacer todo lo que ellos les digan, pero no sigan su ejemplo, porque dicen una cosa y hacen otra. Imponen sobre la gente cargas pesadas y difíciles de llevar, pero ellos no mueven ni un dedo para levantarlas.
    Al contrario, todo lo que hacen es para que la gente los vea. Ensanchan sus filacterias y extienden los flecos de sus mantos,
    y les encanta ocupar los mejores asientos en las cenas y sentarse en las primeras sillas de las sinagogas,
    y que la gente los salude en las plazas y los llame: “¡Rabí, Rabí!”

    (agf)

  3. Es el signo de los tiempos “modernos” hay cosas que se deciden en segundos y otras van de comisión en comisión, de junta en junta y cuando se tome la decisión ya habrá pasado el problema.

    Creo que la clave la indicas en los últimos párrafos, el rebaño debe de ser dócil, es la única forma en que el “pastor” se siente que domina la situación, pero en toda forma de dominación la reversibilidad se puede producir en horas, todos conocemos lo poco humanos que somos en situaciones donde no hay nada que perder.

    Donde el simio que somos pierde la racionalidad y de forma instintiva, cruel se libera de la dominación.

  4. Con qué derecho piden para dar.

    Lo expresas Ramiro perfectamente:

    La mansedumbre impone la aceptación de la pobreza,
    la culpabilidad de quien la padecen,
    cuando es por muchas y complejas circunstancias que nadie puede juzgar.
    Se trata de doblegar y domesticar al necesitado.

    Muchas veces viene de quien lo ve directamente,
    de quien trata con la pobreza directamente, como es el caso.
    Supongo (no lo sé) que el trato cotidiano, reconozco su valor,
    puedo entender la falta de empatía porque sería muy duro,
    aunque respuestas como la que te han dado,
    conversaciones con un hermando mío, sacerdote comprometido,
    que conoce situaciones dramáticas,
    pero alumbra desconfianza cuando hablamos de la Renta Básica,
    justificándose en términos similares al “euro pedagógico”
    generalizando, cuando es algo que debería particularizarse
    y no meter a toda la pobreza en el mismo saco.
    Ni siquiera de quien pudiera pensar que no se lo merece,
    ¿quien soy yo para juzgar?

    Es triste y lamentable a la vez.
    Un sentido de la justicia viciado y lleno de perversión,
    que no pervertido, pues nadie se aprovecha, de perverso,
    donde hay muchos prejuicios y genera perjuicio en ello.

  5. Loable intento de atender a los olvidados, al atender el autor es atento a sus problemas, es decir es cuidadoso con ellos, los cuida. Si queremos salir de los problemas del conoravirus, tenemos que hacer una sociedad donde el cuidado y no la distinción social sea nuestra guía.

  6. Yo diría que es una vergüenza.
    El mismo trato denigrante y altanero lo vi en el comedor para transeúntes de Ávila. Es lo que tiene dejar en manos de la caridad lo que debería ser un derecho. Lo peor es que muchos pobres estarán ahora sufriendo porque no hay procesiones.

  7. La caridad es el rostro de la ausencia de la justicia social. Y la caridad cobrada, el esperpento de este agujero negro que engulle la dignidad de todos

  8. Querido Ramiro, no hay que darle más vueltas, somos el resultado de siglos y siglos de servidumbre, y los siervos no son ciudadanos; los siervos están acostumbrados a la caridad, los ciudadanos libres, a la justicia. Te has preguntado por qué en este país se crucifica públicamente a quien plantea del modo más lógico (lógico desde una perspectiva de ciudadano libre, claro) que más vale que el amigo de Inditex o la amiga del Santander paguen los impuestos que deberían pagar, que no que se dediquen a hacer limosnas farisaicas millonarias (desgravables, por supuesto) puntualmente. O que no exploten a los pobres del mundo o lo degraden para acumular esos miles de millones de los que salen sus limosnillas.

    Los españoles somos siervos y no hemos dado nunca el paso a la ciudadanía (fíjate la que se armó con una simple asignatura en la escuela que se titulada Educación para la ciudadanía); no te extrañe que haya amigos tuyos que se ofendan, cuando les planteas argumentos propios de ciudadanos y no de siervos.

    Ese euro es la metáfora en la que se funde todo esto. No es el euro de la vergüenza, es el euro de los siervos.
    Un abrazo fuerte. Matías

    1. Tienes razón, pero contra esa razón histórica hay que luchar, al menos algo… Para no ahogarnos en ese gleba.

      Por cierto, ayer te cité, con el asunto del compromiso.

      Y sí, es el euro de los siervos. No hay esperanza, estamos en ella. Gracias.

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