Diario de un disidente del coronavirus: La crítica.

16 de abril, 2020. Criticar es dilucidar sobre los hechos o las ideas. Es pensar sobre las mismas, observando sus aspectos positivos y negativos. Pero en un ambiente irracional supone discutir, una especie de enfrentamiento sin sentido. Si se hace una crítica con humor hay quien lo considera una falta de respeto. Se enfada. Hay quien se siente ofendido por disentir con su opinión.

Resulta que en Suecia no ha habido confinamiento total. Los colegios y universidades siguen abiertos, los parques con personas mayores y niñas y niños. Se sigue una vida casi normal, a pesar de una campaña mediática en contra, porque pone en jaque lo que se está haciendo en otros lugares, con resultados que nadie quiere ver y se responden con que es cosa del clima o que es un país en el que los nietos no visitan a los abuelos.

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En Suecia, a día de hoy, hay 119 muertos por millón de habitantes. En España, confinados a cal y canto, 409 muertos por millón de habitantes. Suecia no está gobernada por bolsonaros ni trumps, sino por una coalición socialdemócrata y de Verdes. Dispone de una Agencia Científica de gran reconocimiento, que fundamenta su actuación en la inmunidad de grupo. Los datos son los datos. La respuesta a ellos es “¡ya verás, ya verás!”, o “no tiene nada que ver”. ¿Por qué?, pregunto. La respuesta: ¡Es que no lo estás viendo!, y discusión al canto sobre que discrepar es hacer el juego a la extrema derecha, o que si quiero que muera más gente, etc.

Ya que el señor presidente dice que estamos en una guerra, según Napoleón las batallas se ganan gracias a la retaguardia. En nuestro caso se han quedado a la intemperie: Hospitales y residencias de ancianos. Y no lo digo ahora, sino desde el comienzo, pero ¡adelante mis valientes!, como el desastre de Annual que, por cierto, tanto criticó el escritor Vicente Blasco Ibáñez.

Cuestiones de sentido común se rebaten con exabruptos. Los análisis y los datos ya no importan, lo que funciona es la emocionalidad que provocan los medios de comunicación. En lugar de argumentos se pone por delante el miedo y todo aquello que justifique el temor. Si hay algo que lo calma es rechazado, porque nos han hecho padecer el pánico. He vivido el ser considerado casi un terrorista (sin el “casi”) por no llevar mascarilla por la calle. Mientras que hay gente que lleva días y días la misma, cuando los sanitarios han contado, por activa y por pasiva, que eso es contraproducente.

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Jung, a la derecha abajo, con Saanley Hall al lado, y Freud con su puro y el bastón en la mano.

El distanciamiento entre personas, como precaución al contagio, se vuelve animadversión al otro. Un tema que no es baladí. Salen como noticias casos de rechazo a médicos y a quienes trabajan en enfermería por habitar en sus casas, señalados por sus  vecinos. Es algo que provoca el sensacionalismo sobre la enfermedad del coronavirus. Igualmente se hacen manifestaciones solidarias a favor de los sanitarios, pero atacando a quienes manifiestan su miedo y se oponen a que les lleven desde un hospital los virus a donde viven.

El gobierno anuncia que se van a fabricar mascarillas en España. Hay ayuntamientos que las regalan y comunidades autónomas que hacen de esto un folclore. Ellos ¡los que más! y los primeros de la fila. Es todo un dislate, pero lógico dentro del universo irracional en el que nos hemos metido. Pienso que habrá que estudiar este fenómeno de masas desde la psicología, pero en especial a partir del conocimiento psicoanalítico.

Pienso en Jung, para quien “la psicología se basa en hechos observables y no en especulaciones filosóficas”. En nuestra sociedad, en lugar de estudiar los fenómenos se hacen encuestas, estadísticas, y la reflexión sobra. Hago referencia a dos de sus obras: “Arquetipo e inconsciente colectivo” y “Psicología y simbólica del arquetipo”. “Los arquetipos son formas de conducta”. “La formación del individuo incluye al mundo”. “Todo elemento inconsciente parte de un arquetipo. Forma un sistema psíquico universal, que acompaña a la Humanidad”. Los mitos los recogen y ponen en marcha, por la influencia que tiene en la psiquis la conducta gregaria. Aquellos hoy son sustituidos por las películas y las noticias, a través de los medios de masas, al unísono en todo el mundo.

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En la modernidad quedan muy pocas particularidades de la cultura propia de cada sociedad. Creado un patrón de conducta, una vez que es impulsado el inconsciente colectivo, la actividad de la psicología individual, que se ve atada al modelo de la conducta de masas, desencadena lo irracional. Ocupa la conciencia, es decir se impone a ella, sin que hayamos tomado conciencia de lo que estamos haciendo.

Como explica Jung “se acaba descomponiendo (lo consciente) en sus elementos primitivos”; “Actuamos bajo el influjo de las representaciones dominantes”. “Es el inconsciente lo que permite la vivencia de unidad”. Y si nos fijamos hay una insistencia por ir unidos la masa-partidos en torno al aspecto irracional.Luego se pelean dentro de esto para ver quién “gana” el mayor rédito político, dentro del sinsentido. Éste se normaliza al darle un objetivo (un sentido) político y, también, individual. Cada uno considera que es portador de una responsabilidad que le hace sobreactuar y sobreescenificar su conducta, tanto para sí (lavarse las manos obsesivamente, más que por higiene), como socialmente: cuando lleva mascarillas y guantes por la calle, al mismo tiempo que toca objetos, con las manos cubiertas, que pueden estar contaminados, y con el mismo guante se rascan la nariz.

El problema es que la salida de esta situación va a ser igual de irracional o más que lo que vivimos con el encierro y la respuesta a la pandemia. No se quiera aplicar la sensatez, pero cualquiera que la plantee será visto como un loco, si no un infame. Lo curioso es que sucede exactamente igual, tanto por un lado como por el otro de la contienda política que se avecina. Y la masa tomará partido, como los forofos de fútbol. Forman una masa a modo de aficionados que para ejercer su violencia forman bandos enfrentados. Será difícil no tomar partido (y nunca mejor dicho) porque sucede eso de “quien no está conmigo está contra mí”. Suerte.

Salud y resistencia.

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Un comentario en “Diario de un disidente del coronavirus: La crítica.

  1. Bien dicho. Esto es una locura sin sentido, por si acaso. ¿Cuándo van a hacer los dichosos test para saber realmente la magnitud del problema? En Alemania los hacen a millones y aquí ¿qué pasa?…

    Y los medios y televisiones son una vergüenza, ayer poniendo el grito en el cielo porque Tezanos ha hecho una encuesta donde hay una pregunta sobre si sería mejor centralizar en un único medio público la información sobre el virus. Pues claro. #Apagon_Infoxicativo_Ya

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