Diario de un disidente del coronavirus: La caridad

17 de abril, 2020. Hablando con los pobres que pululan por las calles, su hogar, he sabido que han cerrado el comedor social. Por la razón lógica que se ha de suponer por las circunstancias que estamos. Es curioso que si se dice es delito por crear alarma social y, sin embargo, repetida una noticia similar, o de mayor alcance, en las televisiones es “información”.

Me puse en contacto con un concejal del Ayuntamiento que, la verdad, se está preocupando por el tema. Supongo que los demás también. Otra cosa es dar las respuestas “valientes”, como dicen algunos. Yo diría necesarias.

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Cuadro de André Collin.

El Ayuntamiento de la ciudad de León se ha hecho cargo de suplir esta carencia con un cáterin, que lleva comida caliente a las personas sin recursos. Se reparte en el pabellón donde habilitado para recoger a los  “sin techo” y en el comedor social. Pensé que no se iba a cobrar el euro (y otro cada quinces días por cartón para apuntar las comidas que se hacen), pero cual fue mi sorpresa al ver que se sigue pidiendo. En el pabellón no, que quede claro.

Es algo miserable, que define a una sociedad que lo consiente. El equipo de gobierno del Ayuntamiento de la ciudad de León ha querido evitarlo. Así se lo manifestó a la Asociación Leonesa de la Caridad, pero ésta, con quien también hablé ayer, se niega a aceptar esta condición. Es inconcebible que con el dinero público y desde una entidad que representa a la ciudadanía se acepte este chantaje, porque amenazaron los del comedor social con no prestar el servicio. Propuse que lo repartiera con un grupo de voluntarios en los soportales de la sede municipal, de la Plaza de las Palomas. Pero no se vio esta opción. “Se ha hecho lo que se ha podido”.

El derecho a comer de las personas a las que nada les queda, con las ayudas raquíticas que reciben, se ve trasformado consintiéndoles pedir o ser humillados. Como decía Miguel, una persona pobre: “Que vivan tres o cuatro meses con lo que yo recibo” (435 euros cada mes.) Mientras tanto el gobierno de la nación da largas a la implantación del Ingreso Mínimo. Anuncia condiciones, cantidades muy alejadas del umbral de la pobreza, incumpliendo los requisitos de la Carta Social Europea. Desde sus salarios de lujo, los políticos que gestionan el dinero público, ven de lejos la pobreza. Esta situación la conciben como si la padecieran hormigas que salen en las estadísticas, y hacen alusión a la palabra “pobres” para su propaganda y tiñen sus acciones con relatos imaginarios que nada tienen que ver con la realidad.

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Obra de Murillo.

Las Hemanas de la Caridad hacen gala de que llevan 113 años atendiendo a los pobres. No se dan cuenta de que su labor perpetúa la pobreza, porque sustituyen el derecho a una vida digna por la caridad. Esto sirvió mientras que no hubo derechos sociales o ni siquiera se pusieron en marcha los Derechos Humanos (en 1948) Esta manera de ejercer la caridad es una dinámica y estructura arcaica, que debería aplicarse para atender casos de personas que, sin padecer la pobreza, tienen desequilibrios más allá de una atención sanitaria.

Lo grave es que a lo largo de la conversación observé un despotismo que convierte una labor altruista en la tiranía de la caridad. Pretenden que demos el dinero destinado a que no cobren el euro para mejorar los postres y cosas de este estilo No entienden, encerradas en su ideología religiosa, que no se trata de dar un euro a los menesterosos, que de hecho lo hacemos, sino en no pedírselo por comer. Debería ser un acto solidario de la sociedad porque reconoce su problemática. Una labor caritativa que raya en la crueldad en un periodo en el que las calles están vacías y las parroquias cerradas.

Simplemente para hacer la pedagogía de la culpa. Una especie de castigo al pobre por serlo. Y peor aún es mostrar la supremacía moral de quien da la limosna, la comida o la “pedagogía”. La solidaridad sitúa en un mismo plano al que aporta que al que recibe. Con la caridad ejercida sin piedad (sin “amabilidad”), quien da se sitúa por encima de quien recibe y, para más inri, el necesitado es considerado muy inferior, Se le señala con el dedo: drogadicto, borracho, ladrón, violento, etc. Porque la ayuda se ha de dar a la persona, independientemente de su condición o circunstancia personal.

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La sociedad hace aguas, porque, como en un barco, una grieta por pequeña que sea causa el hundimiento aun del  Titanic. Por eso, además de ser ésta una lucha simbólica e imprescindible, no es sólo por el derecho de los pobres, sino por la dignidad de la sociedad en su conjunto. Consentir cobrar el euro en un estado de alarma y ante el peligro de los contagios es una ignominia que nos retrata como colectividad.

Salud y resistencia.

(Cuadro de portada de Vicente Van Gogh)

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4 comentarios en “Diario de un disidente del coronavirus: La caridad

  1. Nietzsche dijo en cierta ocasión a propósito de la caridad: “Molesta el dar limosna a los mendigos, pero también molesta el no darles”. Creo que es muy atinado tu comentario al decir que esta concepción hipócrita de la caridad nos perjudica a todo el conjunto de la sociedad. Siempre me he sentido incómodo ante la presencia de un mendigo. Y me siento igualmente avergonzado cuando deslizo una moneda en la palma de su mano y me da las gracias ¿Gracias por qué? ¿Por tranquilizar mi conciencia entregando un euro? ¿Tan barata compramos la paz espiritual? Si yo deseo que desaparezca la pobreza es por puro egoísmo, para ahorrarme estas situaciones tan embarazosas, que suscitan en mí un sentimiento de vergüenza, no sabría muy bien decir si ajena o propia.

  2. Parece que humillar diferencia y nos hace sentir más seguros. Sin embargo lo que demuestra la pandemia es que debemos cuidarnos unos a otros.

  3. Amigo Ramiro: Creo que otro día más equivocas el tiro. No se puede dar vueltas en la noria de la religión de nombre, y en la caridad, más de nombre aún. No vas a sacar nada de agua limpia. Hay que enfrentar a la falsa caridad la real justicia social. Todos estamos en el mismo barco y unos deben (debemos) dar según nuestra capacidad, mientras que otros deben recibir según sus necesidades. Esa debería ser la verdadera religión del hombre.
    Religión es religar: vincular, atarse fuertemente con un dios, o con una idea de la divinidad (bondad) : el verdadero Dios necesario. Religión, también es volver a leer, y no poner el culto a los dioses como un deber cívico, según hacían en Roma; sino al contrario: como un deber personal de persona humana. Lo malo que estamos en barco común, y tenemos malos capitanes y timoneles…

    Creo que era Xavier Zubiri, filósofo, quien decía que una buena organización social que ejerza y motive la justicia social, no ha de temer enfrentarse a la falsa religión, hasta perforarla… Pero para eso se necesitan navegantes, brújulas, mapas, sextantes… y Odiseos que lleven bien tapadas las orejas con la cera necesaria para no oír a las sirenas… Y Deberíamos re-leer bien las palabra de Jesús, por ejemplo… Donde ahora dicen caridad él decía amor…

  4. NO ES CARIDAD, ES APOSTASÍA (Si hubo fe) …, cuando ocurre lo que dices: “quien da se sitúa por encima de quien recibe, y para más inri el necesitado”… Véase I Cor XXIII. Véanse las características de la caridad bien resumidas, probablemente por un discípulo de San Pablo, donde quedaron lieterariamente establecidas, a finales del siglo primero de nuestra era, para que no se olviden.

    La Caridad es buena, griega y precristiana, y lo que demasiadas veces se presenta como Caridad es una farsa.

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