Diario de un disidente del coronavirus: La Historia

21 de abril, 2020. “¿Qué busca un ciego por el cielo?” (Charles Boudelaire) Este verso me ha dicho algo, no sé el qué, mientras que leía “Las flores del mal”. Tiene que ver con el mundo en el que vivo estas semanas, teniendo sensaciones que son una auténtica experiencia.

Hay algo que trato de buscar y no encuentro. Comprender algo que carece de sentido es imposible pero, al menos, intento suponer por qué es absurdo. Más complejo es observar cómo se instala en las personas, a modo de una creencia, y que se quiera argumentar.

Aun así, hay algo en el fondo de mí que sigue indagando. En lugar de reflexionar se están discutiendo cuestiones nimias, nuevas normas y propuestas que se lanzan a la opinión pública. Que se dicen sin que luego se lleven a cabo. El teatro mediático y el político entran en juego como si de un escenario de marionetas se tratara.

cuadro viñuelas
Cuadro de José Viñuela, hecho para el grupo de teatro Aa Di Parpant

El precio de las mascarillas es el nuevo tótem de la información. Además un nuevo acto entra en escena: La salida progresiva de niñas y niños a la calle. Toda una parafernalia se pone en marcha para algo obvio y trivial.

Las medidas se anuncian, luego se establecen, después se corrigen, para más tarde consensuar y, al final, establecer lo que digan los expertos. Me recuerda a los ensayos de las obras de teatro. En la literatura, por ser una ficción, la irracionalidad de los personajes lleva al lector, o al espectador de dramas y comedias, a ponerse ante su realidad. Cuando lo irracional sucede en nuestra vida cotidiana nos lleva a no pensar, a alejarnos de nosotros. Tal es la diferencia.

Sucede lo que decía Elías Prieto: “La vida es teatro porque es espejo de la vida”, pero hoy acontece la teatralidad sin el espejo que nos permita ver lo que somos o aquello que forma parte de nuestra existencia. Es como una representación para ciegos en la que actuamos dirigidos por invidentes. Se convierte en un vodevil en el que nos han atrapado y ya nada se puede ver. Lo cuenta José Saramago en su novela “Ensayo sobre la ceguera”. ¡Los autores somos todos! Para representarlo necesitaremos una cabeza de turco y quedar satisfechos al hacer real lo imaginario.

ensayosobreceguera

Me pregunto, con permiso de mi hija pequeña, que estudia Historia de la Música, y del historiador Javier Cartago, ¿qué dirá o qué estudiará la Historia el día de mañana? Si bien lo histórico es referido al pasado, convertir el presente en algo pretérito es un ejercicio de distanciamiento. Igual que un pintor se aleja de su cuadro cuando lo colorea para ver cómo es en su conjunto.

Podrá observar los cambios que sucederán en un futuro, pero de la parte intrínseca, de lo que sucede dentro de los hechos, ¡qué podrá contar! Quizá acudiendo a la literatura, pero hay demasiada obra escrita, y por escribir, contaminada del hecho social, que es ficticio. Reforzarán los libros próximos la coreografía teatral. Estoy seguro de que las generaciones venideras no entenderán qué ha sucedido este año. Aprenderlo sí, para responder la pregunta de un examen, pero nada más. A no ser que se asomen a lo recóndito de aquello que está pasando. Porque la Historia es también muy engañosa. Cierto que se replantea a sí misma. Esto la salva.

Entendí los hechos y crueldades, y la proyección de la dialéctica materialista, de la Revolución de Octubre de 1917 al leer “La guerra y la paz” de Tolstoi. ¡Qué inmensa esta novela! Explica cómo los esclavos rusos se pusieron de parte de Napoleón, que los quiso liberar. Al perder éste y echarle el ejército del Zar del suelo ruso, se endurecieron sus condiciones, a la vez que se afianzó más la fe ortodoxa. A lo largo de un siglo se fue acumulando fuerza y rabia hasta que se desbordó y los bolcheviques, nutridos de la masa social más marginal, arrasaron incluso contra quienes comenzaron la revolución, los mencheviques. Sin aquel hecho nada hubiera sido igual.

tolstoi_guerra_y_paz

¿Y sobre lo que hoy ocurre?

Cómo decir, cómo explicar… Un historiador comprobará los datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), con los informes de sociedades médico-científicas, y sabrá que la contaminación atmosférica causa unos 7 millones de muertes de media cada año en todo el mundo. Más de 10.000 en España, de manera directa. 52.000 muertes anuales en nuestro país a causa del tabaco por cáncer de pulmón y enfermedades respiratorias. De repente, hay algo que sucede fortuitamente y provoca que el mundo se paralice.

Se ha producido el primer acto global sincronizado, sin que nadie lo hubiera previsto meses antes, incluso sobre la hipótesis de una infección vírica. Pero ha sucedido, es Historia. Es también psicología (de masas), es también política ficción al convertir la izquierda sus ideales en un espejismo roto y la derecha encontrarse con las llaves de la jaula en sus manos.

La Historia es interdisciplinar. ¿Cómo estudiará los entresijos de un hecho absoluto: paralizar el mundo, ante un hecho que ha matado a un 0’03% de la población mundial y nunca los estados han sido capaces de parar las guerras en las que han muerto muchos millones más? Solo en Siria han perdido la vida unas 380.000 personas. 91.000 en la guerra de Yemen. Gastando miles de millones de euros para matar y participando en “acciones humanitarias” de refuerzo, con el fin de aniquilar a miles de personas. Los mismos estados, a día de hoy, se alarman por la muerte de 30.000 ciudadanos, si llegan, en el caso de España. Una pandemia que alcanza los 176.000 fallecidos en todo el mundo. ¿No se pueden parar las guerras y sí la paz?

charlot
Sin palabras. Cine mudo. Charlot.

¿Cómo lo podrá explicar la Historia? O que el Estado ponga millones de euros a disposición de la banca para que no quiebren las Cajas de Ahorros, que fueron nidos de corrupción, a la vez que en una situación de alarma se cobre a los pobres 1 euro por comer de la caridad. ¿Cómo lo podrá explicar la Historia?

¿Salud y resistencia?

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2 comentarios en “Diario de un disidente del coronavirus: La Historia

  1. Hola Ramiro:
    Enhorabuena por esta estupenda reflexión.
    La respuesta es sencilla, este virus no distingue si tienes dinero o no, mata a todos por igual.
    La guerra por desgracia si, distingue y el enemigo es como igual de una parte que de otra.

    Un saludo y un aplauso por estas estupendas reflexiones que nos brindas.

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