Diario de un disidente del coronavirus: El lenguaje

29 de abril, 2020. La cifra de muertes en el mundo por el coronavirus a día de hoy son 225.000 mil según la Organización Mundial de la Salud (OMS.) La misma fuente informa  que cada año mueren por enfermedades respiratorias relacionadas con la gripe (contra la que hay vacuna) 650.000 personas.

Lo que me gusta de mi locura es que me ha protegido desde el primer día contra las seducciones de la élite, lo que no me lleva a estar por encima de nadie” (“Las palabras” de Jean Paul Sartre)

Me dedico a divagar, a mirar por el balcón y ojear libros de los estantes en casa. Los leí hace mucho tiempo. Me asombra lo actuales que son muchos de ellos. Y lo que enseñan.

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Percibo las informaciones como palabras vacías que se llenan de emocionalidad. Durante las intervenciones parlamentarias, de esta mañana, comprobé que la política se ha convertido en competiciones dialécticas, sin absolutamente ninguna idea. Se alimenta el forofismo de los partidos políticos, igual que con los de fútbol. Son para enervar a los forofos. Un negocio y un espectáculo más que un deporte. La política igual. Ha dejado de ser para organizar lo colectivo. Entrar en su juego es una trampa.

Es necesaria la perspectiva teórica, para saber qué está pasando. El lenguaje nos da muchas pistas, pero hay que analizar su significado real, el que dicen las palabras, y no el que orientan los medios de comunicación. Cuando el lenguaje se vacía de significado, se llena con el miedo o con el entusiasmo, y de esta manera penetra en la conciencia de los espectadores. Es este contexto lingüístico el que usan los políticos. Para que funcione se tienen que contraponer, juegan unos contra otros, como en el fútbol.

En la obra de Max Hoekheimer, filósofo y psicólogo, “Sociedad en transición: Estudios de filosofía social” (1972) se lee: “La sociedad se desarrollará hacia un mundo administrado totalitariamente, en que todo estará regulado, ¡todo!” En esta situación, reflexiona, “el sentido de pensar es superfluo, de manera que lo que llamamos inteligencia e imaginación desaparecerán. Para poder administrar la sociedad es imprescindible la disciplina de la masa”. Me di cuenta de que el Poder y la conciencia se relacionan con el lenguaje, el cual también es administrado. Y se dosifica.

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Empecé a fijarme detenidamente en las palabras que se están usando. Desde el primer momento reparé en ello, sin percatarme de la importancia que tiene. Según Ludwing Jäger, filósofo y lingüista alemán, “mediante los discursos es posible inducir comportamientos y generar modelos de pensamiento en los demás”. De esta manera, añade, “se contribuye a la estructuración de las relaciones de poder de una sociedad”. Y es que nuestro pensamiento se sostiene en el lenguaje

Según otro filósofo, Michael Foucault, “el lenguaje determina el saber”. Incluye en él los gestos y movimientos de quien se comunica. En la actualidad viene determinado por la posición ante un objeto que interfiere entre quienes emiten y reciben el mensaje: el ordenador o el teléfono móvil o un ipad. Hoy se conceptualizan las imágenes, más que las ideas. En su obra “Las palabras y las cosas” (1966) infiere que la historia de los seres y de las cosas es la historia de las palabras. “El lenguaje nombra a las cosas y el nombre les da realidad”, real para la conciencia. Si seguimos este razonamiento nos damos cuenta de que también pueden crear realidades.

Para el lingüista Noam Chomsky, en el ensayo “El lenguaje y el entendimiento” (1968) el lenguaje se debe de estudiar como psicología, porque es lo que organiza nuestra mente. Puede hacerse mediante el conocimiento o en forma de creencia. Lo primero exige razonar, para lo segundo vale con mensajes emocionales.

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Si nos informaran de que hay una enfermedad, la sociedad tomaría precauciones, pero si lo que se hace es meter miedo la población buscará una solución a su zozobra y no a la patología que le amenaza, que pasa a un segundo plano. Entonces creerá todo lo que digan quienes manejan el lenguaje público, sea cierto o no. Con el mecanismo de la irracionalidad, que ha funcionado a nivel global, el tema sanitario ha quedado en un segundo plano, lo mismo que, por esta razón, la vulnerabilidad de las personas con más riesgo: Hospitales y residencias de ancianos.

En lugar de información se ha hecho propaganda para que los sujetos sociales piensen en sintonía con el gobierno y se ha reforzado con la publicidad, como herramienta para propiciar una conducta común y uniforme.

Observemos algunas palabras y que cada cual analice otras que le llamen la atención.

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Desescalada”, lo lógico en una epidemia sería hablar de “curación progresiva”, “retroceso de los efectos”, “disminución de contagios”. Pero la información institucional hace hincapié en el gráfico estadístico, referido a la acción gubernamental sobre las medidas a tomar. Hay que obedecer.

Confinamiento” o “encierro”, en lugar de “aislamiento” como medida referida a evitar el contagio. Los términos usados refieren a cumplir una orden. Obedecer o de lo contrario una multa. Las palabras nos deslizan sibilinamente de un tema sanitario a otro de organización social. La cuestión médica queda de fondo, una especie de eco para justificar las ordenanzas que se disponen y que se definen de una forma controladora de la ciudadanía. Se confiere el contagio a quien incumple las normas. Como no vemos al virus señalamos al vecino.

Batalla”, “vencer”, acompañadas estas palabras de una puesta en escena de militares en las ruedas de prensa, acompañados de ministros y altos cargos de la administración. La palabra “curación” se sustituye por “superación”. La palabra “terapia” se deja a un lado por otras objetuales como “mascarilla”, “test”, “guantes”, como algo que se compra y se vende, a modo de indicador de eficacia del gobierno o de chapuza del mismo. Se estima que va a haber más muertes de las previstas, sin que casi nadie se plantee el fracaso del encierro en las casas, porque el éxito que se pregona podría estar en el sentido de haber logrado la obediencia social. Insisten en felicitar al pueblo por ello. Se le alaba, se le halaga. Y se le calla. El lenguaje únicamente nos permite relacionar la enfermedad vírica con lo que nos dicen desde las fuentes oficiales, sin pensar sobre lo que informan.

 

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Se habla de “muertos” por el coronavirus y sale en los medios de comunicación sin parar, repitiendo palabras una y otra vez. Cuando es por otras causas se usa el término “fallecidos”, desdramatizando lo que no sea el elemento trágico que se quiere resaltar como único protagonista.

De vuelta a la actividad económica se dice que vamos a entrar en una recesión mundial, cuando en verdad la economía ya lo estaba. Caía en picado por fallar la adaptación, del sistema productivo, a las nuevas tecnologías y a la robotización que se han implantado. Han cambiado todos los parámetros económicos. Las medidas de crecimiento, de eficiencia, progreso, desarrollo y de desempleo ya no sirven. Lo mismo pasa con el fracaso de la izquierda, por usar el lenguaje de comienzos del s. XX y no actualizarlo, congeladas sus ideas en la ideología. Siguen apostando, ridículamente, por el “trabajo garantizado”, mientras que los liberales quedan anclados con el talismán del lenguaje: “pleno empleo”.

Ha sido la recesión económica mundial, que ha sufrido la economía financiera, al no poder aumentar más sus beneficios, como consecuencia de desvincularse de la economía productiva. Es esto lo que que ha forzado el parón mundial de las faábricas, la enseñanza, los comercios. Para  poder hacer un reajuste (adaptación técnica)  y hacerlo a su favor, no en pro de los ciudadanos ni de los trabajadores. Hemos caído en la trampa. Se irá viendo paulatinamente, pero ya podremos hacer muy poco, porque nos hemos creído su juego.

Hoy haría falta un pintor como él que retratara la realidad.
Cuadro de Goya.

Hoy en el Congreso no se ha hablado de la Carta Social Europea, que es un precepto legal para evitar la pobreza. Ha sido al respecto lenguaje cero, para ocultar la maniobra que se está perpetrando: administrar la política desde la economía. Ya no hay argumentos políticos, porque el lenguaje se utiliza para el control de las personas y mantener el miedo. Éste pasa del virus a la expansión de la pobreza. Se planteó el “Ingreso Mínimo”, que equivale al mínimo ingreso posible y al menor número de personas. Nadie ha comentado siquiera, que se cobre 1 euro en los comedores sociales a los más pobres de entre los pobres. Administrar la miseria y la necesidad para ejercer el Poder es el objetivo, da igual quien lo ejerza porque hacen lo mismo con diferentes palabras. Es cuestión de lenguaje.Y del CNI (Centro Nacional de Inteligencia).

Salud y resistencia.

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5 comentarios en “Diario de un disidente del coronavirus: El lenguaje

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