Feudalismo económico

Asistimos a una cambio de rumbo en la historia de la Humanidad. Va más allá de una crisis, de una pandemia o de que surjan nuevos modelos o paradigmas, ya sea en los ámbitos de la cultura, la política o la economía.

Vivir es un permanente cambio, todo se trasforma, pero la dimensión de lo que ocurre actualmente hace que se solapen sucesivos hechos que no somos capaces de analizar. Somos arrastrados a nivel global, sin saber qué hacer, sino improvisar y actuar sobre la marcha, a lo que se han habituado los gobernantes.

No hay perspectiva en el pensamiento político, ni en las ideas económicas. Nos limitamos a repetir recetas del pasado que ya no sirven o aplicamos alguna un poco novedosa a modo de ocurrencia y autoengaño, sin que sirvan para nada. Un ejemplo es el Ingreso Mínimo Vital, que es lo de siempre, pero anunciado a bombo y platillo como su fuera una novedad. Al mismo tiempo se presenta como una panacea contra la pobreza y ésta, por contra, aumenta a raudales, sin que sirvan para nada estas medidas de “calado social”, cuya inutilidad se esconde en la publicidad y la engañifa. Al mismo tiempo quienes critican esta medida lo hacen sobre la nada, para hacer oposición sin aportar ni una idea. Pero nadie se pregunta: Si sucede esto ¿por qué es? Algo falla. Pero siempre habrá un culpable, desde el capitalismo a las políticas populistas, o la pandemia. Cada cual tiene señalado su particular cabeza de turco.

¿Dónde la reflexión?, pero sobre todo ¿adónde vamos? Nos vemos abocamos a algo sin precedente, a una organización social basada en el feudalismo económico. Incapaces de definir nuestro futuro, de elegir qué queremos y cómo, nos dejamos arrastrar como su de un destino inexorable se tratara.

Únicamente hay dos precedentes a lo largo de la Historia de la Humanidad. La diferencia de este nuevo cambio de rumbo es que sucede a siete mil millones de seres humanos y con una tecnología que no afecta a unos cuantos aspectos de las personas y de la sociedad, sino que abarca su totalidad. La dimensión del sufrimiento que pueda dar lugar es atroz, cuando es evitable, cuando hace falta tomar conciencia y aplicar medidas de adaptación, que en lo histórico es posible a través de la razón y de la conciencia, lo cual exige cambiar de manera de pensar acorde a los cambios de la realidad. Incluso será necesario aprender a sentir y no que sea una pieza de más de sufrimiento a nivel personal.

Otra diferencia es que la primera sucedió a lo alargo de miles de siglos, la segunda durante cientos de años, cuando la que estamos viviendo galopa a una velocidad sin precedentes acelerándose cada vez más. Como todo cambio inevitable puede ir hacia un rumbo u otro. Lo podemos dirigir o nos puede aplastar. Nada que ver con profecías, sino que se atisba a la luz de la razón.

Toda trasformación lleva pareja que un mundo muere y otro nace. La cuestión es a cuánta gente deja en la cuneta, como si la moneda de la Historia fuera la crueldad, que lo es al haber sido construida con guerras, crímenes de Estado, opresión y explotar a masas de obreros y esclavos.

Hubo un primer cambio de rumbo de la Humanidad cuando se pasó de la sociedad nómada a la agraria, del paleolítico (edad de piedra) al neolítico, al conocerse los diversos usos de los metales. Suceden nuevas formas de alimentación, de costumbres colectivas, de maneras de pensar y de creer y la organización social se modula sobre tales trasformaciones. Porque todo gran cambio es la confluencia de otros muchos que se han ido acumulando.

La segunda que estudian antropólogos y pensadores, como fueron Engels y Marx (“El origen de la familia, el Estado y la propiedad privada“), basándose en estudios de la ciencia sobre la humanidad. Observan cómo se pasa de las tribus y los clanes a la formación de los estados. Un proceso lento y hecho sobre la base de enfrentamientos sangrientos. Primero pequeños feudos en torno a una ley, el fuero, luego evolucionan a los modelos de estados que dirigen a las naciones. Su evolución exige el paso de crear estados continentales y haber una legislación global, que aborde cuestiones medio ambientales, sanitarias, energética, de equilibrio alimentario. Al resistirse por el orgullo nacional, los intereses de determinados grupos de Poder instalados en este modelo cerrado de organización, hace que la función del Estado pierda fuerza y eficacia. Y por lo tanto deja de tener sentido.

Ortega y Gasset (1932) defiende la creación del Estado europeo, porque ya la dimensión nacional se quedaba corta y es lo que impulsaba una confrontación entre ellos, que supuso después la II Guerra Mundial. A raíz de ésta se crearon organismos internacionales, tratados entre naciones de carácter comercial, se creó la Comunidad Económica Europea (CEE), pero hoy se hace insuficiente. En la enseñanza del filósofo el Estado puede evolucionar sobre sí mismo y cumplir con su destino, o sea con su vocación, triunfando en su desaparición para dar lugar a otro más adaptado a la nueva realidad. O, por el contrario, puede verse derrotado, al dejar de existir, por quedar atrofiada su función, al ser sometido por el poder económico.

Lo dicho da lugar a que aparezca un nuevo fenómenos que se ha perpetrado poco a poco, sin ser capaces de reaccionar la sociedad. Los partidos políticos han quedado neutralizados, sumergidos en unas arenas movedizas de las que no son capaces de salir. Son deudores de los capitales que avalan sus campañas y víctimas de ambiciones personales. Lo demás ha ido rodando con unas consecuencias que ni nos imaginamos, cuando están a la vuelta de la esquina.

La Humanidad lo intuye, lo huele, lo ve venir, pero no hace nada porque se siente impotente. Este miedo profundo se aprovecha para controlar a la población, es lo que ha hecho que el mundo se paralice de una manera global, tomando la pandemia del coronavirus como punto de apoyo, para parar la actividad destructiva del planeta. Meses antes vieron lo que se nos viene encima por el efecto del cambio climático, que repercute en la alimentación, la salud, la territorialidad, las catástrofes como inundaciones, tormentas, incendios extremos, huracanes, que siempre ha habido, pero no de manera tan frecuente. Greta dio la voz de alarma en los medios de comunicación, ante una cumbre mundial que no hizo nada, más allá de intentar hacer algo más adelante. Y el miedo nos paralizó con más miedo y con otra excusa. Pero somos incapaces de reflexionar al respecto y el griterío de los medios de comunicación lo calla todo. habrá que releer a Jung sobre el inconsciente colectivo.

A la vez hay grietas que permiten lanzar mensajes sobre la necesidad de cambiar desde lo razonable y que se extiendan, para comprobar el efecto global de todo lo que se ha hecho en los últimos años. Con la pandemia hemos visto la necesidad del Estado para resolver los problemas comunes, pero se ha tergiversado esta realidad, con disputas estériles sobre si ha intervenido cada gobierno mal o bien o regular. De esta manera no vemos la importancia de una institución que deberá evolucionar, pero ser sustituida o sometida nos aboca a un modelo de esclavitud moderna y de control sobre cada uno de nosotros que se verá necesario y un bien social, que padecerá la inmensa mayoría de las personas.

¿Qué está sucediendo? La progresiva y paulatina anulación del Estado, con lo cual la organización de lo común pasa a organizar colectivamente lo privado. La ley será sustituida por los intereses de las grandes corporaciones mercantiles. Algo que ya ha comenzado y se despliega a toda velocidad. Un primer paso para la puesta en escena de este cambio de rumbo sucedió en España el año 2011, cuando el gobierno de Zapatero creó unas medidas de progreso, como despiste para hacer un cambio de la Constitución Española, el artículo 135, en el que e pone al Estado al servicio de las grandes financieras internacionales, pues sin consulta al pueblo, del que emana la Constitución, se establece como ley fundamental que la prioridad absoluta del dinero público es el pago de las deuda.

Se ha privatizado el Estado, poco a poco. Ya sólo falta la toma visible del Poder de los feudos empresariales. El capital pasa a ser un instrumento de Poder en sí mismo, sin necesidad de influir o sobornar a ningún otro estamento. Mandan sin necesidad de gobernar. Ejecutan sus intereses. La fuerza del trabajo se ve doblegada por las nuevas tecnologías que lo suplen. Ya los trabajadores no pugnan entre miles ni millones de obreros, sino entre miles de millones (globalización) devaluándose su valor. Los sindicatos son piezas decorativas, que consienten el abuso empresarial sin precedente. Se quejan como parte del guion, sin hacer nada. la democracia se convierte en una coartada de este poder omnímodo.

En los años 80 se empezó a instalar la economía de la corrupción, lo que de manera eufemística se llama neo-liberalismo. ¿Qué significa este término? De liberalismo le queda poco significado. Consiste en la aplicación del modelo keynesiano sobre el modelo liberal, de manera que las obras públicas, con dinero del Estado, se hacen con empresas privadas, en lugar de con empresas públicas. Hay que pagar los beneficios, sin entrar en asunto de comisiones y demás prebendas. El modelo legal es corrupto de por sí. Y de la plusvalía, el valor añadido del trabajado del obrero que se lleva el empresario, al pluscapital: El valor añadido del dinero público que se privatiza al ir a parar, como beneficio, a las cuentas privadas de los accionistas y ejecutivos de las grandes empresas. Éstas ya no invierten, sino que succionan el capital público vaciando las arcas del Estado. Ante lo cual le financian, para exigirle más hasta su desaparición.

Tal situación podría ser controlable, pero ha adquirido tal dimensión que se ha impuesto un modelo que está a un paso de instaurarse como sistema de Poder, de manera que es superior la capacidad económica de un consorcio empresarial que la de cualquier Estado.

Se ha desatado una inercia de privatizaciones que han vaciado al Estado, lo han desarmado y no puede hacer nada ante las grandes empresas. La sociedad podrá protestar, pero carece de cauces y recursos de recuperar la riqueza pública. Los medios de comunicación son inversiones de Poder de los grandes capitales, que crean una realidad a su imagen y semejanza. El empleo depende del tejido empresarial, pero cada vez es menos necesario ante el uso de tecnologías, cuya implantación se acelera si remisión.

El Estado carece de recursos para atender a las nuevas necesidades de masas de población que se ven desamparadas. La caridad adorna un paisaje desolador. A no ser que reaccione la sociedad y movilice a los gobiernos para implantar una medida independiente del empleo, con una fiscalidad acorde, y permita un proceso de nacionalización de, al menos, una parte de los sectores esenciales de la industria. Sobre todo la recuperación de la totalidad de aquellos servicios vitales de una sociedad: la sanidad y la educación. Las empresas han ocupado lo público con las externalizaciones, sin que se ahorre nada, ni sea más eficaz ni cumpla con ningún parámetro que no sea el de dar Poder a las empresas. Los capitales han invadido la esfera pública, sin resistencia por parte de ésta. Las fuerzas de izquierdas tienen una gran responsabilidad por no haber sabido actualizarse, y no son capaces de ofrecer soluciones acordes a los tiempos de hoy.

La evolución de estos dos servicios públicos, la sanidad y la educación, puede ofrecer el marco para que surja un derecho que permitirá al Estado garantizar la economía en un mundo global y afectado por la tecnología: La Renta Básica, que además de ser posible, es necesaria y a día de hoy imprescindible después de la paralización del sistema de producción y del consumo por el estado de alarma. La recuperación cae en un error sustancial al querer hacerlo sobre la base del empleo, cuando se imita a las medidas de una posguerra. En el caso de la pandemia los edificios, los puentes, las carreteras y fábricas están en perfecto estado, los hoteles y bares lo mismo. Están a pleno rendimiento, lo que les falta son clientes. Por eso pedir dinero para la actividad empresarial carece de sentido y es dárselo, y repartirlo entre la economía financiera y la banca. Es decir en forma de beneficios. El estado quedará desmontado al incrementar la deuda, cuando ya antes de la pandemia había llegado al límite de su capacidad. ¿Con quiénes están endeudados los estados? Con los fondos de inversión, que están construidos con el capital de las grandes empresas.

La única manera de recuperar el dinero público es mediante la Renta Básica, con el reparto de una parte del mismo entre la gente, lo que permite el buen funcionamiento empresarial, pero no en unas dimensiones desorbitadas, fuera de sentido y de toda razón. A través de la demanda, es decir: del mercado, de manera que cumpla éste su función y el Estado la suya.

Se ha privatizado el agua en las grandes ciudades y en más del 85% del territorio nacional. La justificación de la competitividad es absurda, porque en una ciudad ¿con quién compite la empresa dueña de la gestión de las aguas? En lugar de ser un bien público, se convierte en la llave de un negocio y del control de la ciudadanía, cuya gestión deja de depender de sus representantes elegidos, sino de decisiones que se toman en cualquier parte del mundo y con el objetivo de sacar beneficios. Lo mismo con las empresas de limpieza de locales públicos, de jardines, de recogida y gestión de las basuras. Se privatizó la energía, las grandes industrias y el Estado carece de capacidad para recuperarlo, a no ser con una medida que supedite el bien privado al bien común, y al cabo del tiempo se recuperen competencias por parte del Estado. Las privatizaciones no son medidas económicas, pues carece de sentido, sino que se trata de una cuestión de Poder, de Poder y control sobre la población, para finalmente sustituir al Estado.

¿No se ha dado nadie cuenta de que en una política de austeridad, de recortes en la sanidad y la educación públicas, en las políticas sociales, para ahorrar y pagar la deuda y bajar el déficit, éste subió años tras año y la deuda pasó de un 36% del PIB a un 101%? ¿Por qué? Porque se dedicó el dinero a políticas de empleo, lo cual nos ha arruinado y ha privatizado el dinero público. El que hay dedicado a la sostenibilidad y a la agricultura, en lugar de repartirse por la producción de las explotaciones se dedica a enriquecer a los grandes propietarios. O sea, que va a parar a los dueños de las grandes fortunas. Un agricultor medio recibe a final del año el equivalente a una Renta Básica. El capital de las grandes fortunas durante el estado de alarma se ha incrementado en un 19%, mientras que una parte de la población se ha arruinado y la mayoría ha visto mermada su economía doméstica.

A nivel de hacienda los Paraísos Fiscales se mantienen. La ley también se privatiza, cuando las empresas multinacionales tienen un cuerpo legal específico para ellas, sin someterse a la justicia ordinaria, que además hace excepciones en virtud de facilitar las inversiones: Leyes de Comercio Internacional. El espacio público cada vez se vigila más por empresas privadas con tecnología puesta en marcha por capitales privados. Con el caso Villarejo se ha visto y escuchado conversaciones en el que funcionarios públicos trabajaban para determinados bancos, de manera que los servicios de inteligencia del Estado se ponen a disposición de grupos directivos de empresas y la banca. Ha dejado de ser una excepción, para ser la regla generalizada.

¿De qué sirve anunciar que se va a establecer un impuesto a los ricos?, que no se hace, pero no por presiones, sino que los políticos están contratados por los grandes capitales con los sueldos legales que reciben. Les han convertido en actores, que encauzan el mal estar social, con falsos juegos democráticos, donde todo, al amparo de la “transparencia”, se resuelve tras las bambalinas. ¿De que sirve que se anuncie aquello, si se les dobla lo que reciben, con los votos de quienes dicen que van a hacer que tributen como los demás? Es un engaño manifiesto.

Las empresa informáticas han creado una dependencia de ellas, no sólo económica y organizativa, sino psicológica y afectiva. También de pensamiento, de memoria google. La cuarentena y el estado de alarma por la pandemia es un juego de niños ante un parón informático. Entonces pararía todo, las fábricas, los bancos, la distribución de la energía, el transporte. Todo está programado para que funcione con aplicaciones informatizadas. Las decisiones cada vez se dan en función de los algoritmos, es la inteligencia artificial. Una herramienta de control. Pero la comunicación entre la juventud, la labor del conjunto de las personas es a través de las pantallas de sus teléfono y ordenadores. ¿Nos imaginamos un parón informático durante un mes? La sociedad no lo soportaría. Hoy ningún ejército puede dar un golpe de Estado, las grandes empresas sí. Las Fuerzas de Seguridad se verían desarmadas de antemano. Misntras tanto nos entretienen con la extrema derecha, con el populismo, en un paripé…

Las grandes empresa podrán gestionar la educación, la sanidad la seguridad para sus trabajadores y directivos, poniendo sus condiciones. Incluso con fondos de pensiones privados. Sustituirán a los estados y dejaremos de ser ciudadanos para ser trabajadores / clientes, vasallos del nuevo feudalismo económico. Cada consorcio de la banca y empresas podrán disponer de moneda propia, teoría ésta que ya se teorizó en los años 70.

En conflictos internacionales, empezando Por China y EE.UU., los estados hacen ver que defienden los intereses de sus empresas, cuando es al revés, las empresas usan a los estados como herramientas suyas. Es decir, las empresas no son de un Estado, sino que cualquiera de ellos pertenece a las empresas. La democracia se convierte en un mero escenario. El Estado se instrumentaliza, sin más. Acabará siendo una inversión más del Poder financiero.

Tal modelo se está implantando en la sociedad, sin debate, sin analizar, sin prever sus consecuencias. Las grandes empresa han tomado posiciones durante mucho tiempo, y en el estado de pandemia han dado un paso más que puede ser definitivo. Han endeudado más y más a los estados de todo el mundo. Incluso en China donde se cree que hay un estado fuerte, ha dejado de ser popular, ni del pueblo, para ser el primer estado empresarial, al servicio de los grandes capitales. Ya no es que el Estado se corrompa, como ha sucedido con el Jefe del Estado Español anterior, sino que los grandes capitales serán el nuevo Estado creando su propia territorialidad, tanto la tangible como la virtual. No habrá corrupción, sino Poder. La corrupción ha sido un camino y el soborno para que los políticos traicionen al pueblo.

Alea iacta est.

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Un comentario en “Feudalismo económico

  1. Trabajaremos (los que tengan esa suerte) para la misma corporación que nos ha prestado dinero para adquirir la vivienda y llegar a fin de mes; que nos provee de electricidad, agua, sanidad. Es peor que la esclavitud, al menos al esclavo hay que proveerlo de techo y comida; por contra, el siervo, encima, ha de tributar.

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