“Asturias saqueada” de Antón Saavedra

(Oligarquía, revolución social, cierre de minas, muerte de las comarcas mineras y corrupción en el sindicalismo minero.)

Con todo mi afecto y admiración para mi amigo Ramiro Pinto. León, 18 – XI – 2021.” De esta manera me dedica el autor su libro, siendo mutua la admiración y el cariño, aun sin haberle tratado demasiado, pero por sus obras les conoceréis. Y nunca mejor dicho en esta persona. Pero puuuffff. Seguidamente explicaré este suspiro.

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Leí anteriormente otro de sus libros ilustrativos, “Villamocho, la corrupción en el sindicato minero”, que me abrió los ojos, y casi confirmé por analogía a lo que cuenta y mi experiencia en la participación política y en el movimiento social, en cuanto a cómo además de lo que vemos hay hechos que se acaban confirmados al cabo del tiempo, pero que en su presente es inverosímil, y es en esta incredulidad donde se esconde el hecho de la infiltración en las organizaciones sociales y políticas. Es algo que documenta Antón en este libro, en cuanto quien fuera Secretario General de SOMA-UGT, y diputado por el PSOE, era un infiltrado ya del franquismo en el sindicato para desviar y controlar cualquier “salida de tono” sindical. Actuó junto a otros confidentes de la policía. El “señor” Villa acabó siendo condenado por corrupción, al desviar los fondos del sindicato minero, sobre todo los que iban a servir para la reindustrialización, los fondos MINER, a su bolsillo particular. En Los Verdes de España se demostró que quien fuera tesorero de la CEOP (Coordinadora Estatal de las Organizaciones Pacifistas), que tuvo un papel relevante en el referéndum sobre la OTAN, logró dividir la organización en torno al voto del “no a la Otan” y así se lo reconocieron altas instancias del Estado, del Estado y no del gobierno, lo que confesó muchos años después en el lecho de muerte. Fue también el tesorero de Los Verdes varios años, y siempre, siendo una gran persona, llevando la acción de este partido ecologista a unas arenas movedizas de las que nunca pudo salir. Pues era un infiltrado confeso de “la empresa”, el servicio de inteligencia militar, por ser su trabajo “atender” a organizaciones pacifistas, que se suponía que estaban infiltradas por organizaciones comunistas. Y etc.

Algo similar sucedió en la actualidad. Preámbulo éste que realizo para advertir de la importancia de lo que cuenta Antón, que no quede como una batallita de un abuelete minero. Es importantísimo. Y verlo desde un punto de vista más amplio. Antón Saavedra hace una crítica, una autocrítica a su labor sindical y del sindicalismo en general, y cierta mea culpa, sin tenerla, pues son circunstancias que no se logran controlar ni comprender hasta que son vista con perspectiva.

Me he animado a hacer esta reflexión tras leer y releer el libro “Asturias saqueada”, porque viví algunas de las cosas que cuenta, desde el otro lado. No desde la barrera ni en el lado de los corruptos, sino de quienes ofrecimos una crítica a lo que estaba sucediendo y que pretendimos cerrar la minería del carbón, pero con amplitud de miras y para nada cómo se hizo, en cuyas consecuencias corruptas coincidimos en denunciar, pero fue una avalancha de acontecimientos imparable. Como dice la fábula de Esopo que retrata a esos depredadores de la política y de la lucha social “El corazón del avaro, se parece al fondo del mar, ya pueden llover riquezas…», y acabaron pagando por ello ante los tribunales, algunos de sus protagonistas.

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.Lo mismo, como un reflejo, sucede en la actualidad más inmediata y de ahí ojo avizor. Y lo trato porque lo que cuenta este libro va más allá de lo que ha escrito. Sin querer extenderme demasiado, pero sí comentar de la actualidad, porque uno de los valores de este libro es que su onda expansiva llega hasta nuestros días. Por ende nos permite ver lo que no vemos y que no queremos ver. Unas pinceladas para una vista panorámica sobre cómo hemos llegado a la situación actual con una izquierda sin ideas, desarmada socialmente y haciendo lo contrario de lo que son sus planteamientos y para lo que son elegidos. Por ejemplo la reforma laboral, que en lugar de ser derogada, como se prometió por ambos partidos que ocupan el gobierno, maquillan la que había hecho el gobierno de la derecha y se dicen cosas inconexas y peregrinas tanto por quienes la defienden como aquellos que van en contra de tales modificaciones, porque no se va al contenido, sino a quien pone la guinda para llevarse el pastel, que es lo que está en juego: la codicia del reparto del Poder. Con esta maquinaria se establece un escenario que oculta el fondo de la cuestión, que ya en otro momento trataremos.

Apuntemos, aparte, algo que no tiene que ver con el libro que analizamos, pero sí con su sentido, pues lo que escribe Antón sirve de espejo para vernos reflejados en él. Más cuando es la única manera de poder entender la historia de lo acontecido, sobre lo posterior a lo que cuenta el libro, de lo que daremos cuenta una vez hayamos hecho dos paréntesis que me perecen de interés.

Desde que en mayo de 2011estalló el fenómeno social 15M, el crecimiento del movimiento social fue impresionante, como nunca había sucedido en España. Desemboca en las Marchas de la Dignidad tres años después (2014), llegando a Madrid millón y medio de personas de toda la geografía española en la manifestación más grande habida nunca en Madrid y en el resto del país. A penas hubo noticia de este fenómeno social en los medios de comunicación. El antiguo presidente del primer gobierno de la democracia llevaba en estado de coma varios meses y muere el día antes, lo que ocupó toda la información periodística. Por otra parte un acto inesperado y extraño al final de la manifestación con tintes violentos, de lo cual fue lo único de lo que se informó, y tan tremendo hecho con heridos, con explosiones, no hubo denuncia alguna ni tampoco partes médicos ni al día siguiente ni después.

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La Columna Norte, llegando a Madrid en las Marchas de la Dignidad. 22 – marzo – 2014

.Mientras tanto la prensa rebosaba de noticias sobre un nuevo partido, el del cambio, cuyo líder que no dejaba de salir en las televisiones, en especial La Sexta. ¿Qué fue de muchos representantes de las Marchas, tras acabar en este partido político?, ¿dónde los Círculos?, seña de identidad del cambio. ¿Qué de la Renta Básica?, su tema estrella y el punto número uno del programa a sus primeras elecciones, habiendo sido un lema principal en las Marchas de la Dignidad. No queda nada. El movimiento social fue desarmado y aparecen como figuras de la política actual tres personajes que coincidieron “por casualidad” (Abascal, Ayuso, Iglesias) en los programas de la televisión revolucionaria «La Tuerka», que censuró y prohibió a las personas de la Marea Básica que asistieran a algún debate o a alguna entrevista. Luego los tres pasaron al canal Intereconomía y después cada mochuelo a su olivo.

El libro de Antón Saavedra viaja del pasado al presente, pero la Historia es Historia porque lo del pasado desemboca en el presente. De otra manera lo sucedido es un recuerdo sin más. Lo que cuenta de primera mano en este libro me recordó a una novela de George Orwell: “El camino de Wigan Pier”, que tiene dos partes, una es el ambiente minero cuando se comenzaron a instalar las minas en Inglaterra, con los conflictos con los ganaderos al ocupar sus tierras, y la segunda parte el surgimiento de la lucha obrera y del socialismo desde el pueblo trabajador, sobre la necesidad de organizarse los obreros.

La historia de “Asturias saqueada” comienza con referencias a la II República con el hecho relevante de la revolución de octubre de 1934, tras la huelga revolucionaria convocada por los mineros. La llamada “Revolución de Asturias” se extendió por otras zonas mineras hasta ser aplastada con una violencia militar inusitada.

Antón critica que la República se asentaba en el capitalismo, lo que antes o después iba a acabar con ella. Aporta declaraciones de políticos ilustres, datos y referencias que explican la insurrección minera. La clase dominante controlaba los resortes del Poder, por lo que no se dio una revolución democrática, siendo el ejército el garante de la “legalidad” capitalista, actuando de manera represora y criminal en la insurrección del 34. Pienso que la República, en concreto la segunda en España, quiso establecer un contexto propicio para ejercer la democracia, pero se tensaron demasiado las posturas y no se logró, pues el modelo económico deberían establecerlo las urnas. Tan republicano y demócrata se es siendo de derechas o de izquierdas. Y el modelo económico lo han de propiciar las votaciones, no el convencimiento, porque de otra manera será la ley del más fuerte.

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Antón Saavedra, Gijón 17 – XI – 2014. Foto de Joaquín Bilbao.

Es evidente, y el autor da prolijo detalle de todo lo acontecido, que cuando se convocó la Huelga General en octubre de 1934, los desequilibrios electorales previos fueron determinantes. Ya hubo una represión contra los mineros asturianos el año 1917. En ambos casos aparecerá, con sus tropas desde África, Francisco Franco. La represión pretendía “exterminar la semilla revolucionaria”, para lo que no se escaquearon medios violentos como la tortura y el asesinato contra los trabajadores.

Nos ilustra sobre la represión en la dictadura de Franco, que no sólo fue durante la posguerra, sino que continuó gasta el comienzo de los años 70. Muchos prisioneros estuvieron obligados a trabajar para empresas y para las autoridades, al tener consideración de “personal militarizado.” Una forma de esclavitud, pues no estaba regulada su labor por ningún derecho. Sobre esto, siempre me ha extrañado que no se haya estudiado a fondo la adhesión al franquismo por parte de toda una generación. Incluyendo a los hijos e hijas de presos políticos, de muertos en el bando republicano. Algo que me incumbe, pues es algo que observé en mi familia. Mi abuelo del partido comunista, prisionero en San Marcos de León. Condenado a muerte, sin que ejecutaran la sentencia, hasta que el año 1948 fue anulada colectivamente. Su hermano uno de los primeros fusilados tras defender el edificio del Gobierno Civil de Cádiz. Otro hermano murió en el frente del Ebro, como legionario de las tropas nacionales. El hecho es que la descendencia, y miles de casos, acabaron alabando el progreso de la sociedad con Franco y justificando, cuando no admirando, el régimen dictatorial. Por un lado una política de becas, por otro una educación que adoctrinó a los niños dentro de un plan, todo ello, ideado por eminentes psiquiatras que proyectaron su ciencia como psiquiatría social en un lavado de cerebro colectivo. Lo que incluye mensajes en la radio, la prensa, el No-Do  y los púlpitos, a los que se estaba obligados a acudir. Todo ello en un clima de miedo psicológico y real de amenaza permanente a quien se saliera del carril.

Afirma Antón cómo los vencedores escribieron la Historia a su antojo, a veces, pienso, de una manera tan esperpéntica que leída años después parece algo ridículo la manera en que es narrada esa etapa. De risa, si no fuera porque cubre la sangre y el dolor de muchas personas. Ofrece este libro una detallada referencia de la lucha antifascista, después de la respuesta al Golpe de Estado, durante la II Guerra Mundial, sin que la acogida en Francia en un principio fuera amigable, más bien al contrario.

Dedica un capítulo al papel de la mujer en la lucha obrera, en concreto en la minería asturiana, llegando “a erigirse en sujetos sociopolíticos de fuerte personalidad.” De esta manera se forzó a la mujer en la dictadura “para pasar de la reivindicación a la sumisión, de las calles al hogar.” Debido a la falta de brazos, muchas mujeres trabajaron como mineras, cobrando menos, con menos derechos como el de no tener la paga por silicosis que no pocas padecieron. El libro da buena cuenta de ello.

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Más que un rodeo, lo que hace el autor es contextualizar hechos relevantes, para poder explicar qué sucedió después, luchas de las que poco se conoce, como es el caso de la huelga minera el año 62 y cómo se pasó de la lucha obrera a la corrupción sindical.

Saavedra observa que la falta de medidas de seguridad, para ahorrar costes, supuso la muerte de muchos trabajadores de la minería, lo que califica como “terrorismo empresarial.” Hablamos de cerca de cinco mil muertes por accidentes laborales, en la segunda mitad del siglo XX. El autor lo conoce de primera mano, pues ha sido minero y sindicalista, de manera que lo que cuenta lo ha vivido de primera mano, siendo testigo de lo que dice y, cuando no, se ha documentado de una manera exhaustiva. Concluye que las minas están construidas a la medida de la ganancia, no a la medida de quienes trabajan en ellas. Lo cual hace extensivo a las fábricas.

Ilustra al lector de las cartillas de racionamiento, la represión a través de la ley de la huelga, para la “seguridad del Estado” y para represión de la Masonería y el Comunismo. ¡Cómo debió ser aquello!, cuando su onda expansiva llega a nuestros días, como es el hecho de que sin que haya una masa crítica realmente comunista, se usa la palabra “comunismo” para asustar y chantajear emocionalmente a una parte de la población, que si no es mayoritaria sí abunda la que se lo cree.

Algo importante de este libro es ofrecer un análisis concreto de la realidad concreta, que conoce bien el autor. Nos ilustra como el año 1956, ante el descontento de los trabajadores de la mina se va a crear en Asturias la primera comisión obrera de mineros, que forman un militante del partido Comunista, otro de la Juventud Obrera Cristiana (JOC) y un falangista y excombatiente de la División Azul. Lo cual dio a conocer la mina “La Camoche”. Los dos años siguientes se realizaron huelgas, que serán reprimidas, pero se va creando una conciencia obrera que desembocará en la huelga de 1962, por el despido de varios trabajadores, creándose la “Oposición Sindical” para luchar por las reivindicaciones de los mineros y democratizar los sindicatos franquistas. Las agrupaciones obreras darán lugar a lo que luego sería Comisiones Obreras.

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Antón entra a saco en este libro sobre la Transición política en España, que considera un fracaso, llamándola la “Segunda Restauración Borbónica.” Alude a la intervención de los EE.UU. en este proceso, por ser considerada España un área estratégica. Observa que los partidos se establecen “diseñados como sucursales de organismos supranacionales.» El uso del marketing para crear líderes. O el reconocimiento de la monarquía por Santiago Carrillo, cuando fue Secretario General del PCE, a cambio de legalizar su partido, al que luego dejaría creando el Partido de los Trabajadores de España – Unidad Comunista (1982), que se acabaría integrando el el PSOE (1989) Sin perspectiva histórica no es posible entender que el PCE en la actualidad sea usado a través de una ministra de este partido, para evitar derogar una reforma laboral infame, que además la maquilla para vender la «reformita» como un progreso en la sociedad, al poner de acuerdo a la patronal y a los sindicatos mayoritarios, que algo habrá ($)  para que esto suceda, pero esto será cuestión de otras reflexiones.

Compara el Pacto de la Transición de 1978 con el de Canovas y Sagasta, a mediados del. XIX, en el que se forja el bipartidismo y se establece un modelo de alternancia para gobernar los dos partidos mayoritarios. Crean un teatro de confrontación mediática, cuando sus políticas son complementarias.

No fue la Transición un tránsito dulce, sino un periodo de violencia y luchas obreras, dando lugar a lo que Antón denomina “el régimen del 78”, que se asienta tras el “Golpe de Estado Borbónico del 23 F de 1981.” De lo que se trató fue de “poner fin a un movimiento obrero fuerte.” A parte, habría que añadir, de acabar con el objetivo democrático de establecer un estado republicano. Por esto que cuenta Antón, me parece un libro imprescindible, porque nos hace ver un modelo que se repite al no ser desenmascarado y que ha funcionado y sigue funcionando camuflado con historias superficiales que suponen la construcción de una mentira, a lo que apuntará a medida que avanzamos en la lectura.

Los trabajadores asturianos, con la minería al frente, estuvieron en la vanguardia de las luchas sociales. Del heroísmo de enfrentarse a la dictadura, de convocar huelgas con gran repercusión social a su derrota y desaparición. Pienso que de una dictadura política se ha pasado a otra de carácter económico, pero sobre todo considero que no se supo ver desde las fuerzas de izquierdas, concentrados en la transición en lograr una democracia, otra transición aún mayor que la englobaba y de la que todavía no se reflexiona suficientemente: La transición de la sociedad industrial a la transición tecnológica. Es por ello que los partidos de izquierdas y colectivos quedaron desarmados de ideas, quedando atrás con un discurso obsoleto que luego se ha convertido en lo que ellos mismos llaman el relato, responder a los acontecimientos con ocurrencias que funcionan como mecanismo de incidencia social con medios publicitarios, pero vacío de contenido. Y a su cáscara la han utilizado precisamente para reforzar el bipartidismo y desactivar el movimiento social.

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Prueba de ello es que a comienzo de los años 80 emerge como fuerza social y política el ecologismo, con gran activismo e influencia ante cuestiones concretas, pero sin irrumpir en el panorama político.  Posteriormente se ha asumido este discurso, pero a modo de un añadido vistoso, y más aparente que real, porque lo necesitan como reclamo en los programas de los partidos políticos. Algo que va a ser una referencia en este libro que analizamos y de ahí mi puuuuffff del comienzo en la cuestión medio ambiental.

El pacto social ha supuesto el silencio de colectivos críticos. Con la pandemia ha quedado el encefalograma social colectivo plano, a cero, sin capacidad para reaccionar. Se quiere activar contra la derecha, contra la extrema derecha a donde ha basculado la mentalidad de una parte de la población por la falta de iniciativas de cambio, pero se sigue usando esta palabra de «cambiar» como talismán para que como decía Giuseppe Tomasi di Lampedusa en su novela «El gatopardo»: “Cambiar todo para que nada cambie.” Exactamente lo que está sucediendo a día de hoy. En lugar de aportar nuevas ideas que cambien la realidad y lograr una mayoría crítica, se ha caído en la inercia de tal manera que las bases han caído en la desmoralización y en la parálisis. Pero sobre todo es que no se puede hacer política por hacer, y menos para hacer que se hace algo sin que se aporte algo nuevo.

Por esto me parece fundamental que lo que escribe Antón Saavedra se proyecte en el futuro, por eso me parece imprescindible leer este libro para conocer los mecanismos del Poder y actuar en consecuencia. Porque puede parecer que forma parte de una historia del pasado, aunque sea inmediato y, sin embargo, es algo que continua sucediendo.

Antón aporta algo que ha visto de cerca: La corrupción. Un cáncer social y económico que degradó el sindicalismo, la lucha obrera y es adonde llega el chanchullo y el libro, preguntándose ¿qué ha pasado?, ¿cómo hemos podido llegar a esto? El problema es que la corrupción se ha considerado como tal cuando sobrepasó ciertos límites, en cantidades, en lo legal y en lo ético, pero no se ha querido ver la economía de la corrupción, como modelo (no sólo la corrupción económica.) Va mucho más allá. Es un modelo que ha contado con la complicidad sindical, de los trabajadores y de la sociedad. Sin embargo es lo que nos ha llevado a una crisis, que es finalmente una crisis de modelo y: O se cambia o permaneceremos en ella sufriendo cada vez más sus consecuencias.

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La economía de la corrupción a grandes rasgos consiste en trasladar dinero público a bolsillos privados, con la coartada de motivar la creación de puestos de trabajo, lo que se llama “políticas de empleo”, que es lo que nos ha endeudado. Pasando por el plan E, que fue una estafa, al reparto de los fondos europeos que se han diseñado para ese dinero público que pagamos con nuestros impuestos vayan a parar a las empresas, especialmente a las grandes por diferentes caminos, pero para que creen empleo (precario) se da a quienes dirigen grandes negocios una parte del dinero de toda la ciudadanía para que  obtengan  beneficios. Dinero público para empleos públicos y quien quiera ganar dinero que invierta. Pereo el Estado contrata a empresas privadas que incluyen los beneficios en la inversión pública. Por ello se ha pasado de la plusvalía al pluscapital, un capital que pertenece a la sociedad pero es añadido a los beneficios empresariales. Hasta el punto de que se crean proyectos, que luego no se llevan a cabo, para recibir las subvenciones o la financiación pública. Y de ahí alguno se aprovecha en el camino de esta mecánica y se queda en el camino parte de ese dinero, que alguien va a aprovechar. ¡Cuántas obras carísimas que no sirven para nada! Lo detalla con todo lujo de detalles este libro y el anterior de Antón: “Villamocho, la corrupción del sindicalismo minero”.

La minería además de ser un modelo de lucha obrera es también un paradigma del modelo productivo. Lo cuenta Antón, sobre los contactos sindicales con el sindicato minero de la URSS en los años 90, cuando se avanzaba en los modelos de mecanización del trabajo minero, que ni el gobierno ni la patronal querían instalar, pero sí ellos. El gobierno españolo ofrece a la minería asturiana una cantidad de enorme de millones de, por aquel entonces, pesetas, con el fin de crear un tejido industrial alternativo. Las pocas incorporaciones de maquinaría nueva hizo que empezaran a sobrar muchos puestos de trabajo.

En esto entra en escena quien fuera el Secretario General de SOMA-UGT, el sindicato minero, y “virrey” del partido socialista en Asturias. Capaz de sobornas a periodistas, y disponer de las subvenciones para su propio beneficio y comprar voluntades, pues hacía favores a cambio de que le rindieran pleitesía. Lo más importante de lo que plantea Antón Saavedra, es que este personaje funesto no sólo fue corrupto, sino que actuó siendo un infiltrado: José Ángel Fernández Villa. Se creyó impune porque lo que se llevaba lo consideró como pago por los servicios prestados, pero la avaricia rompe el saco.

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El resultado: La muerte de las comarcas mineras. Algo que el autor considera que debió haberse evitado. Sin embargo en esto me situó al lado contrario, era algo imparable y además necesario. Ahora bien, de otra manera. La pobreza, la expulsión de los habitantes de su tierra sí que fue consecuencia de la corrupción y de las políticas económicas. Hubo una reacción a esto: Las Marchas de la Dignidad, arrancada de cuajo tal acción del Movimiento Social  por una sofisticada y compleja actuación mediática de Estado. El lema central de las marchas fue la Renta Básica.

En lugar de optar por un nuevo modelo de adaptación a la nueva realidad, se jugó a corto plazo negociando con los sindicatos mayoritarios con cuestiones como las prejubilaciones, pactar cierres a cambio de prebendas y dinero, las “mordidas revolucionarias” que llama Antón. Un desaguisado que arruinó la economía del país y acabó con la respuesta social. Y se mantuvo la inercia de crear empleos, que como se perdían se buscó una fuente de empleos alternativos, para lo que se emplearon los Fondos Miner con el objetivo de reconvertir las zonas mineras. Una lluvia de millones que no han servido para nada, sino para enriquecer a unos cuantos y para callar a muchos. Hoy el silencio llena las comarcas mineras, quizá se oye un suspiro de melancolía y tristeza emborrachada de turismo.

Pero pormenoricemos el camino para llegar a ello siguiendo lo escrito por Antón Saavedra, que aporta todo tipo de detalles y documentos. Se queja del despilfarro y la mala gestión de las subvenciones concedidas al carbón producido por Hunosa,más de treinta mil millones de pesetas entre los años 1970 y 1976. Para luego empezar a cerrar minas bajo la tutela del grupo de presión de la energía nuclear.

Antón entra en un tema delicado, por supuesto en defensa del carbón de manera honesta. Y es el primero en denunciar las tramas que ha habido que es lo que denuncia el libro desde su primera línea, el saqueo a Asturias y con el mismo modelo a España en general.

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Pero vayamos por partes. No todo se puede justificar en función de los puestos de trabajo. Ya Karl Marx escribió en “Elogio del crimen” que el delincuente produce la policía, los jurados, los verdugos y toda una cadena basada en la “división del trabajo”. Además inspira a los escritores, produce literatura cuyos libros se venden. El delincuente rompe la monotonía social, añade. Es “útil” al trabajo. En la sociedad tecnológica es imprescindible cambiar de paradigma o no saldremos de la crisis endémica en la que estamos.

Quiere el autor del libro que se apueste de manera sensata por el carbón autóctono. Pero su coste se elevaba cada vez más, porque las vetas cada vez eran más profundas y complejas de explotar. Apareció un modelo de minería a cielo abierto que destrozaba los lugares en los que se instalaba. Y cada vez era de peor calidad y más contaminante. Pero sobre todo sus emisiones de CO2 afectan a una cuestión que Antón niega y rechaza. He aquí mi puuuuffff. Cosas que narra las viví desde el lado de los ecologistas contra los que arremete, en algunos casos con fundamento.

Plantea que la energía del carbón es insustituible y la defiende como la manera de desarrollar la identidad viviente de Asturias. Empieza en este planteamiento mi discrepancia, ya que las identidades evolucionan sobre la base de la necesidad y las características de una zona. Por otro lado en Asturias hay ríos, viento, sol, cuando lo hay, como fuentes de energía también autóctonas. Incluso la energía mareomotriz, que también tiene mar Asturias. A todo esto se ha llegado tarde, pero es posible su desarrollo y es necesario.

Tiene razón en lo de la dependencia energética, como estamos viendo con el gas. Por un lado la globalización lleva depender unos países de otros. Por ejemplo dependemos del petróleo, otra fuente de energía que está en la picota, porque, como el carbón, tienen un límite físico, que es cuando se acabe antes o después, y por otro sus emisiones al ser usados como combustible. Pero hay algo que es más penoso y que no se denuncia y es que después de invertir con dinero público en hacer embalses, parques eólicos y demás se venden a fondos financieros kuwaitís como es el caso de la presa de la Remolina, del embalse de Riaño. Si nos fijamos el precio cambiante de la luz no responde a un mercado productivo, pues un día pasa de un precio a otro, y según tramos que no tiene sentido alguno. Incluso varían según determinados horarios en un día. Se explica que es debido a una subasta en la que el precio lo pone la fuente más cara. Las fluctuaciones de los precios cambian cada hora y cada día, lo cual no sucede ni puede ocurrir con cualquier mercancía de mercado en la economía productiva. Pero sí en el mercado financiero, por lo tanto es un precio especulativo que impone la economía bursátil según se prevea la cotización.

Las energías limpias o alternativas, tienen también sus costes medioambientales, que nadie lo dude, pero hay que ver lo que es asumible y lo que no. Antón Saavedra carga contra los “ecologetas” y casi que se burla y niega el efecto invernadero –  el cambio climático. Observa cuestiones que son acertadas, mezcladas con otras que no, desde mi punto de vista. Y es peligroso un discurso que niegue la evidencia, porque cualquier crítica al modelo productivo o al modelo energético será tragado por las arenas movedizas de la incertidumbre.

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Es cierto que se aprovecha la circunstancia del peligro del CO2 emitido por su afección al cambio climático – efecto invernadero, y que a este cataclismo contribuyen otros gases y partículas perniciosas. Lo utilizan quienes defienden la energía nuclear, lo que Antón llama “electrofascismo”. No le falta razón, y que muchos ecologistas después de criticar esta energía la apoyan como alternativa al cambio climático. Y tengo la impresión de que este es el objetivo del teatro de guerra entre Rusia y Ucrania. China se ha unido a Rusia, cuando en verdad iba por delante, pero se ha escenificado convenientemente, siendo el país que controla el mercado de uranio en el planeta. Hay una tendencia a cerrar en la Unión Europea, especialmente en Alemania, las centrales nucleares y también en España se apuesta por no renovarlas. El único que las mantiene es Francia cuyo Estado se erige como mediador del conflicto para que no haya guerra y llegar a un acuerdo entre Ucrania y Rusia. China pretende comprar al doble de precio el gas de Rusia. Rusia necesita una excusa para romper el contrato de la venta de gas a Alemania. EE.UU. Ya ha comenzado a enviar sus barcos con gas sólido para licuar y gasificar en plantas instaladas en España, pero esto encarece mucho esta energía, que será algo transitorio, de manera que se plantea la transición energética, pero algo impensable hasta hace un par de meses: Hacia la energía nuclear. El pasado 2 de febrero de 2022 la Comisión Europea ha concedido la etiqueta verde a las energías de gas y nuclear. Lo cual significa que se abre la veda y subvenciones para construir las instalaciones de ambos combustibles. Algo increíble. Y de esta manera en España por ejemplo se va a imponer la extrema derecha como punta de lanza para llevarlo a cabo, después de haber desactivado casi completamente a los movimientos sociales y el movimiento ecologista.La etiqueta verde permite financiar las instalaciones nucleares, que necesitan una ingente cantidad de dinero, quedando para la solar y eólica las migajas.

Se ha repetido hasta la saciedad una falsedad, con medias verdades, como que España compra energía eléctrica a Francia, para justificar la energía nuclear. Pero no se dice que España vende más aún a este país y a Portugal, al que también compra. Porque la energía sobrante cuando llega a la frontera en el tendido eléctrico continúa su recorrido y se vende más barata al ser la que sobra.

Frente al criterio que plantea este libro de volver al carbón, esto es algo inviable y perjudicial a nivel global y a nivel local, pues la contaminación afecta no sólo al planeta sino a la salud de las personas, incluida a la de los mineros. Y hay alternativas, se puede hacer de otra manera sin quedar desabastecidos de energía. Arremete Antón contra esto y de una manera que genera confusión porque es un tema complicado. Para la comunidad científica no cabe duda que hay un cambio climático que afecta muy gravemente al planeta. Se fundamenta en mediciones objetivos y en datos concretos medibles.  Antón denuncia los intereses económicos y mediáticos de organizaciones ecologistas internacionales, algo circunstancial, es decir no es lo que las define.

1.- Cierto que hay organizaciones ecologistas, de “ecologetas” que funcionan exagerando o tapando algunos informes, o siendo “apolíticos”, pero que se lo exigen a los demás y cuando pueden trepar en el mundo institucional lo hacen, ejemplos los tenemos en España. Pero no es lo representativo del movimiento ecologista que lo que hace es trasladar a la sociedad los datos de los que advierten los científicos y llevarlo al debate político y e institucional para que se legisle en consecuencia. Con errores debido al fanatismo que afecta a las ideas emergentes en la actualidad, como por ejemplo legislar para defender a una especie y no en relación con el ecosistema. Por ejemplo con el lobo, cuando se ha comprobado que al hacerlo en determinadas zonas con los ciervos el aumento de éstos hizo que desapareciera la vegetación y acabaran muriendo literalmente de hambre. Hágase lo mismo que hace Antón de separar la lucha sindical y su quehacer histórico de la corrupción sindical.

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2.- El cambio climático no es una opinión, ni siquiera una teoría, se trata de datos concretos, como es el aumento de temperatura, el máximo y mínimo que ha habido durante dos mil años y que ha variado drásticamente. Con efectos que repercuten en las especies vegetales, animales y microorganismos. Sobre éstos advierte ya Konrad Lorenz en su obra “Los pecados capitales de la Humanidad”, a mediados del s. XX, de que pueden aparecer virus y bacterias aletargadas y desparecer otras beneficiosas a las que la Humanidad se ha adaptado a lo largo de millones de años. Un peligro latente. Suceden cambios de temperatura dando lugar a fenómenos naturales más agresivos. Es verdad que siempre ha habido, pero aumentan su intensidad y frecuencia dando lugar a catástrofes que acaban siendo un espectáculo informativo. Ningún científico, a no ser que niegue la realidad, puede dudar del deshielo de los polos, lo que da lugar a un aumento del nivel del mar, un cambio de temperatura en el agua marina lo que supone la extinción de muchas especies, añadido a la contaminación y los plásticos.

3.- Siempre ha cambiado el clima a lo largo de la evolución de la Tierra. Sí, pero nunca de manera tan rápida, sin que haya tiempo para activar los mecanismos de adaptación en el proceso evolutivo de la especie humana y de otras, que origina dolor y sufrimiento en muchas poblaciones humanas, y destruye el hábitat de los animales y vegetales. También Antón alude al cambio de nombres de este fenómeno. Sí, pero fue para poder dar a entender lo que pasaba, al ser el efecto invernadero por el que aumenta la temperatura, sucedían olas de frío, una bajada de temperaturas, pero era / es porque al deshelarse enormes masas de hielo de los polos, y de altas montañas, al quedar flotando en el mar enfriaban el aire y éste llevaba el frío a diferentes lugares enfriando el ambiente. Por eso se llamó “cambio climático”, al ser más visual y comunicativa esta expresión. Tampoco hay que confundir el cambio climático con los cambios atmosféricos.

Las partículas de CO2 y otras de diferentes emisiones de gas impiden que las radiaciones de calor que salen de la tierra vayan fuera de la atmósfera y entonces vuelven (rebotan), aumentando la temperatura, como si fuera un invernadero. Por ello hace falta despejar de partículas contaminantes el aire. No sólo evitar la combustión del carbón , sino del petróleo y de ahí incidir en que los motores sean eléctricos, de hidrógeno que es el material que mejor puede acumular la energía.

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El problema de la izquierda y de la lucha obrera es que no ha incorporado estas variables en sus discursos, en sus acciones, como hacer convenios medioambientales, incluso contra la fabricación de armamento, viendo como un gobierno municipal de progreso avala en Cádiz a Navantia para la fabricación de fragatas de guerra destinadas a Arabia Saudí. Y más casos en otros lugares donde crean puestos de trabajo. ¿Utopía? No, es llevar las ideas desde la razón, a la sociedad: “Cambiemos el mundo de base”. Porque el egoísmo de la lucha (de clase) es tal que no se plantea ya modelos de sociedad como los que precedieron a los sindicatos actuales, sino al obrero, a la «aristocracia obrera» que cita Antón y al de su recinto laboral. ¿Qué han hecho por los parados?, ¿alguna huelga para que no haya pobres? La culpa es del capitalismo, pero los que rechazan el capitalismo ¿qué lucha han establecido? Esta visión cerrada en la que cada colectivo va a lo suyo ha ahogado la protesta, la lucha y matado la revolución que ya ni se plantea.

Permítaseme debatir en esta referencia al libro, desde mi valoración al mismo. Como lector crítico no me gusta el peloteo a los autores, porque la grandeza de lo que se escribe es suscitar debates y contrastar diferentes puntos de vista.

Coincido en la necesidad de nacionalizar la energía, al menos una parte que permita ser un valor social y no sólo de mercado, pues las razones de privatizar fue que se iba a abaratar el precio de la luz, por ejemplo, por la competitividad. Y ya lo vemos. El Estado para que exista y ejerza su soberanía debe disponer de un banco público, que humaniza la atención en las oficinas y ello arrastre a la banca privada. Plantea Antón la nacionalización de la minería. Sin ello la democracia se diluye en el totalitarismo económico. Al menos una parte como sector estratégico, lo mismo que el trasporte, debe ser un servicio público. Se ha privatizado la gestión del agua, los trabajos públicos como la jardinería, la recogida de basuras en las ciudades y demás desarmando a la sociedad que queda a los pies de los caballos de las grandes corporaciones económicas que imponen su tiranía. A través de los medios de comunicación son los que mueven el tablero político. Y lo iremos viendo cada vez más. Ahora consideran que hay que poner orden en el Nuevo Orden. Y previamente están falsificando la izquierda. Porque el Poder no miente, construye una mentira de la que no es posible salir de no ser el arte, la locura o el razonamiento meticuloso. Cuando nos atrapa en su cadena de falsedades, que se convierten en la “verdad” social, nos hacen cómplices de sus estrategias precisamente al razonar según lo que ellos plantean y repiten machaconamente, de manera que un error cuanto más lógico peor.

Este libro alerta de muchos espejismos que hemos vivido en el mundo que el autor conoce a fondo, que supone una muestra de la economía de la corrupción en el que algunos empresarios se aprovecharon para llevarse el dinero y apoyar a los políticos que se lo han permitido. Da nombres y apellidos. Por eso me atrevo a calificar este libro de revolucionario. Desenmascara la trama de Vitorino Alonso, empresario minero, cuando traía carbón de fuera para vender como nacional y aprovechar las subvenciones. Participé como ecologista en denunciarlo desde colectivos como Ecologistas en Acción, Los Verdes y otros grupos locales, por invadir territorios protegidos por patrimonio y por ser protegidos por las leyes de protección medio ambiental, que ocupaba impunemente con explotaciones a cielo abierto. Y sus trabajadores hacían de matones. Y también criticamos y denunciamos los abusos y corruptelas de los fondos Miner, contra este modelo de crear zonas industriales con grandes empresas que se llevaban el dinero público con la idea de que iban a crear puestos de trabajo, sin que se hicieran estudios sobre las necesidades productivas. Lo describe perfectamente Antón. Y como este modelo continua, cambia de disfraz, pero es lo mismo que va a suceder con los Fondos Europeos, con las desviaciones de los mismos a los bolsillos de unos pocos. Pero fuimos más allá en nuestros planteamientos señalando a una práctica económica general la cual, haya gobernado quien haya gobernado (incluidos los del cambio), se ha perpetuado con la cantinela de que es para crear unos puestos de trabajo a la vez que seguirá aumentando la pobreza en España. Y para superarlo he planteado con cada vez más economistas y personas desde diversos ámbitos establecer la Renta Básica, que es la oposición al sistema actual en su fase tecnológica de desarrollo.

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Victorino Alonso, declarando en uno de sus múltiples juicios.

El trabajo es un medio para resolver necesidades, no puede ser un fin, como se ha convertido, un fin que justifica los medios. Y ahí está el núcleo de la corrupción del modelo. En favor de ello salieron a las calles y a los caminos las columnas de norte a sur, de este a oeste, para las Marchas de la Dignidad. ¿Dónde está aquella lucha? Nos iban a empoderar y nos emparedaron. Y también hubo contratos de dedicación exclusiva por un nuevo partido descabezando, por ejemplo la Marea Básica cuando se hacía la Iniciativa Legislativa Popular… Con un dinero que venía de las cloacas de los grupos de Poder y del Estado, no de Venezuela lo que fue un señuelo.

Por esto el libro “Asturias saqueada” es un espejo de lo que está sucediendo. Una vida de lucha por el autor que se ha visto burlada por los trileros de la política, los “honorables” de la transición. Vemos donde han acabado ministros y presidentes de gobierno, en los Consejo de Dirección de las empresas eléctricas, asesores de bancos y el jefe ellos, el jefe de Estado en la más abyecta miseria humana.

Los fondos públicos acabaron en actividades financieras de tipo especulativo en lugar de incrementar el tejido productivo, clama Antón. El resultado ha sido y es la pérdida de población y su envejecimiento. Además de un aumento paulatino de la pobreza. Todo ello lo cacarean ahora los políticos responsables de esta situación con promesas vacuas, propaganda y no hacen nada efectivo. El resultado es, advierte Antón, una economía de ficción y el empeoramiento sistemático de la realidad social. Llama a pensar, analizar el presente y rememorar el pasado para recuperar la honestidad política y la dignidad social: La lucha es el único camino.

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Antón Saavedra junto a Miguel Ángel Fernández.

El libro finaliza con un epílogo de Miguel Ángel Fernández, quien hace el colofón recuperando el pensamiento de Michel Montaigne, lo que le vale para no olvidar el silencio que hubo ante lo que cuenta Antón, porque muchos callaron para mejorar su categoría laboral, otros para que colocasen a sus hijos. Se supo la podredumbre que hubo, pero no se supo reaccionar, cuanto menos a su debido tiempo. Cuenta sobre los polígonos vacíos. Reclama un Plan Industrial a largo plazo, pero es necesario entender que la lucha social, la lucha obrera ha de ser universal, no local. Hoy no es posible universalizar el empleo, pero sí la riqueza, y hacer luego un reparto del trabajo. El mundo ha cambiado y han de cambiar las ideas, la manera de luchar. Y termina con un canto de esperanza: “Esto tiene arreglo (si tú quieres.)” Pero caeríamos en el voluntarismo. Es necesario saber, acertar en el análisis y defender las soluciones. No basta con disparar para dar en la diana, hay que apuntar o serán disparos al aire. Pero para saber hay que conocer, conocer lo que ha sucedido, comprender el modelo sobre el que funciona el pasado y comunicarlo. Esto es lo que hace este libro, Asturias saqueada”, y lo hace si tú quieres… leerlo. Salud.

2 comentarios en ““Asturias saqueada” de Antón Saavedra

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