Una tasa específica para la Renta Básica

La Tasa RB consiste en una modificación cuantitativa y cualitativa de la Tasa Tobin aplicada como un impuesto único o específico para  financiar la Renta Básica. Una tasa que proviene del conjunto de los incrementos de los valores creados sin gastos, sino como fruto de la inversión, que funciona sin costes de producción ni con trabajo, sino como revalorización de propiedades o como mecanismos financieros que dependen del volumen de dinero que se acumula, mediante fondos de pensiones, fusión de capitales, agrupación de acciones con los que negocian las operadoras bursátiles y añaden al capital más capital. Este pluscapital es sobre el que incide la Renta Básica. Pero no como confiscación de los beneficios, pues sería matar la gallina de los huevos de oro, y dañaría el nivel de vida en general, sino mediante la tasación de una parte, como ampliación de la fiscalidad y adaptación de la misma a la nueva economía. Al igual que lo fue el producto de la tierra, luego el patrimonio y los salarios, luego el consumo.

Las políticas de distribución que no generan riqueza fracasan. Las que crean riqueza sin una mínima distribución también. Conjugar la creación de riqueza y la redistribución social es el objetivo de la Renta Básica, en la nueva economía que emerge como realidad, a partir de la tecnología y la globalización.

Es un error frecuente asociar la Renta Básica a una ampliación de la política social o de subsidios. Como sucede en el gobierno vasco, por ejemplo, que puede hacerlo porque dispone de una fiscalidad diferente al resto de las autonomías que forman el Estado español. Una cosa es un salario social como añadido a una situación de bonanza económica, un plus social,  y otra es la Renta Básica que forma parte del engranaje económico, que no depende de la bonanza. Alargar las ayudas sociales, los subsidios y subvenciones acaba en déficit y se convierte en una carga que antes o después se acaba por eliminar. Un ejemplo claro es la política social en Alemania durante siete años, que en el 2003 se tienen que dar por finalizadas, entrando este país en una crisis económica y social que no encuentra salida alguna. Su reacción  ha sido reducir sus aportaciones a los fondos de cohesión, lo cual traslada una parte de su crisis a otros países.

También se plantea la Renta Básica como un reajuste de las políticas sociales, mal coordinadas y realizadas mediante una gestión nefasta y que solucionan muy parcialmente algunos problemas. Como comentó la diputada Carmen García, de profesión trabajadora social, los programas de inserción funcionan como lo hacen en sanidad las medidas de urgencias, pero en la acción social hace falta el equivalente de toda una estructura sanitaria detrás y más aún preventiva, que no existe y su intervención es carísima ¿Se imagina alguien que el sistema público de salud funcionara sólo con las urgencias, sin consultas, sin hospitales ni nada más? De todas maneras el dinero que se emplea en servicios sociales poco tiene que ver con el que necesita la aplicación de la Renta Básica. Aunque el aceite y el agua sean líquidos, son de naturaleza muy distinta y el uso de uno no se puede aplicar al otro. Por eso el capital público y social es una cosa y la Renta Básica otra.

Si la Renta Básica es un nuevo aspecto de la economía, para adaptarse a los cambios que ésta ha experimentado, su financiación ha de ser nueva y claramente diferenciada del resto del gasto público. De ahí proponer que no sea competencia del Estado, sino de la autoridad monetaria. Obviamente el que pueda desarrollarse dependerá del gobierno que impulse tal medida, con los mecanismos jurídicos para ponerla en marcha.

La razón de adaptación a la nueva economía es obvia. Tras la alianza, a modo de ejemplo, de Teléfónica con el BBVA el valor del mercado del conjunto de sus sociedades superó en 7 billones de las antiguas pesetas al Presupuesto General del Estado, de aquel año. Por eso una medida como la Renta Básica no puede ser una carga para el Estado, porque no es un gasto social, sino una medida económica, en una economía rica.

Este análisis que hacemos es esencial para el debate técnico sobre la Renta Básica.  Su aplicación debe tener en cuenta el contexto en el que se desarrolle y una financiación adecuada. Me preocupa que desde estudios académicos se hagan exclusivamente análisis sobre el IRPF, porque no basta con que salgan las cuentas.

La RB se aplica a partir de garantizar los servicios públicos, o sea es una evolución de la sociedad del bienestar, no una sustitución. Puede darse el caso de que desde una postura neoliberal se ofrezca la Renta Básica eliminando los servicios públicos de sanidad, enseñanza, seguridad. La derecha política puede ofrecer la RB y que cada cual se busque la vida como pueda. De esta manera justificaría su empeño en privatizar todos los servicios. De ahí que el contexto político para su consecución sea, como mínimo, desde la socialdemocracia, al menos en teoría, junto a otras fuerzas políticas que lo impulsen tomando como base los servicios públicos garantizados de manera universal, para toda persona, sea o no ciudadano de un determinado país. Pensemos que una propuesta que se baraja dentro del modelo neoliberal es el impuesto negativo de Milton Friedman, que ya analicé en su momento.  Puede ocurrir como con la prestación sustitutoria, eliminada por el Partido Popular, de manera que no fue obligatorio elegir entre la mili o un servicio social,  sin que se atreviera a hacerlo el PSOE. Se llevó a cabo en un contexto falso, pues se militarizó más la sociedad.

La estipulación de la Renta Básica es sobre el umbral de la pobreza. Es fundamental esta definicición para que la Renta Básica surja a partir de una base social ya establecida y consolidada que garantiza una parte de las necesidades básicas desde los servicios públicos. Mantener este modelo cuesta mucho esfuerzo económico y social y no se puede jugar con él, mucho menos añadir una sobrecarga o modificar su naturaleza, para financiar algo nuevo. En poblaciones muy limitadas y pequeñas como Euskadi puede convertirse en un añadido social de manera que implantan un salario social (aunque lo llamen renta básica) que definen sobre el 81% del SMI. Es una buena política social, mucho mejor que en otras zonas en las que no se aplica esta medida, pero su coste hace ver que no es una buena medida económica. Se convierte en un gasto añadido, pero es un avance para lograr la Renta Básica.

Plantear la financiación de la Renta Básica desde el modelo fiscal con reformas del IRPF, como plantean economistas y profesores de economía[1] como Rafael Pinilla, Luis Sanzo, Marta Mercader, Jordi Alcarons, o, igual pero en otro sentido, José Iglesias[2], es un error que se debe a la falta de incorporar la Renta Básica en la teoría de la ciencia económica. Lo que hacen es coger una idea, hacer cálculos numéricos sobre ella y ver que puede salir porque cuadran las cuentas. Planteamiento necesario, pero no suficiente. Se insiste en este camino sin debatir a fondo cómo no es viable  pues las causas y las consecuencias de una reforma del IRPF no se relacionan con lo que significa la Renta Básica desde el análisis de la teoría de economía política. En economía, por raro que pueda parecer,  2 + 2 no suelen ser cuatro. El resultado depende de cómo se invierta, de circunstancias externas, de comportamientos sociales al uso. Es una simpleza plantear, como lo hace Daniel Reventós[3], profesor de Teoría Social de la Universidad de Barcelona, que basta con que el 20% de los contribuyentes aumenten su aportación para favorecer al 30% más desfavorecido. De esta manera plantea eliminar la pobreza. Debería hacernos pensar que se ha incrementado un 300% las ayudas directas al Tercer Mundo, también las inversiones en Ayudas al desarrollo y la intervención de ONGs en la última década. El informe de la ONU de Enero de 2003 reconoce que  a pesar de todo este esfuerzo la pobreza ha aumentado en el mundo.  Se puede suponer que algo falla. Unos dirán que el sistema, otros que el vil capitalismo, pero  es preciso hacer que lo que se da a los países más pobres se convierta en riqueza mediante una estructura económica. Como cuenta Ryszard Kapuscinski[4] la pobreza en África es debida a la lejanía  de un mercado, de los caminos y la falta de camiones. Hace falta comercio, infraestructura y medios, como mínimo para que empiece a funcionar la economía.  Esto es lo que permite, a nivel global, la Renta Básica mediante la tasa RB.

El modelo fiscal es el resultado de muchos años de evolución económica y la consecuencia de determinados modelos económicos. Su sobrecarga puede poner en peligro los logros sociales. Tampoco puede consistir la Renta Básica simplemente en una sustitución de las pensiones o determinados gastos que se consideren superfluos. Puede que haya algunos que dejen de ser necesarios, como las pensiones que cada vez se ajustan menos al sistema de cotizaciones. Pero todo ahorro fiscal deberá incorporarse a la mejora de la red pública de servicios, porque esa es su función.

La Renta Básica debe manar de la naturaleza económica que  hace que sea posible y necesaria. Hay unas condiciones que impiden su puesta en práctica, pues su punto de partida no es la economía del empleo. En ésta se ha fundamentado el sistema fiscal del IRPF, el cual no sirve para la RB. Baste hacer una cuenta que salta a la vista. Tomando los datos del año 2002, sobre la base en esa época de una RB (que se calculó en pesetas) de 300 euros / mes supone una cantidad de 144.000 millones de euros / año en España. Siendo el PIB de 623.925 millones de euros, equivale a un 20´75% del mismo.  La cotización social supuso el 13% del PIB. La recaudación total del Estado a través del IRPF  y de autónomos fue el 20´1% del PIB. Supongamos que se convierte en un salario social que se da a los jóvenes y gente en paro, equivaldría a un 40% del Presupuesto General del Estado. No sería sostenible económicamente, ni posible más que durante unos años de saqueo al Estado. La RB absorbería todo el gasto público. Pero supongamos que hay un esfuerzo de bondad y se hace como un gasto añadido de manera generosa, sería un fracaso desde el punto de vista económico y por lo tanto de su viabilidad. Siempre quedaría el chivo expiatorio de culpar al Sistema, los años de atrás de capitalismo o una conspiración secreta de la banca, etc.

Para suplir estos desajustes algunos economistas teorizan sobre otras formas de recaudar o sueñan con una reforma fiscal, que se calcula en un coste adicional de un 38% de la tasa de recaudación. Entonces se buscan medidas de acoplamiento de la Renta Básica a este sistema fiscal y se disminuye su valor, de manera que deja de ser RB. La viabilidad financiera no equivale a viabilidad fiscal. Por una parte la precariedad laboral hace que el modelo asistencial derivado de la política fiscal esté agotado, pero no se puede suplir sobre la base de unos incrementos porcentuales que parten de la misma base económica ¿Alguien se imagina poner un diezmo sobre los salarios, o establecer costes de aduanas en el comerció por internet? Pues es lo que se pretende hacer con la RB y su financiación fiscal, por muy eruditos que sean quienes lo proponen. Reconozco que es lo primero que se le ocurre a quien  ve de primeras la lógica de la RB, pero hay que estudiar la lógica económica para salir de  tal error. Evidentemente es una buena intención y mejor que no hacer nada. Su aplicación es menos injusta que dejar que la gente se muera de hambre, pero de lo que se trata es de proponer un modelo que evite estos males y funcione por sí mismo. El debate científico no es sobre cómo puede ser la aplicación de la RB, sino cómo puede suceder. Poder hacerlo de una manera u otra establece hipótesis, lo que planteo es una teoría (Teoría Alternativa).

La Renta Básica no se puede comparar con las pensiones, pues es otra cosa. Tampoco vale extrapolar estudios parciales en una determinada región o en un sector económico. Establecer un modelo fiscal progresivo dependerá del  sentido de la inversión que necesite una sociedad, dentro de la gestión fiscal, pero no es un mecanismo que se relacione con la Renta Básica. Tales estudios sirven a modo de referencia, pero no son un argumento, sino una comparación, lo cual no se tiene en cuenta. La RB desde el IRPF conduciría al fracaso de aplicar tal medida. Toda modificación y mejora del modelo fiscal que perfeccione la recaudación debe ir a parar al incremento del gasto público, que falta hace, para tener mejor y más servicios sanitarios, infraestructuras, etc. Por eso financiar la RB mediante la cuota devengada (QRB) al eliminar deducciones al modelo fiscal del IRPF es un ejercicio que indica que la RB es posible, pero su manera de establecerse no es la idónea. Una vez que se demuestra que es posible, hay que analizar cómo se relaciona como teoría de economía política  y cómo se desarrolla en una economía determinada para que se implante de una manera activa  y, sobre todo, que potencie aquello que da lugar a qué exista. De ahí que proponga una tasa específica para financiar la RB.

La Renta Básica exige un sistema propio de financiación. Deberá responder a una tasa sobre la revalorización económica, pero extendida a todos los ámbitos, pues no sólo sucede en las transacciones monetarias, sino en la revalorización del terreno, de un piso, de la imagen publicitaria, por ejemplo sobre los incrementos de caché de artistas o deportistas, al margen de su producción literaria, mediática o discográfica, lo cual entra en el modelo de economía productiva. Es decir es sobre el dinero que se produce  sin coste en empleo, y tampoco en investigación tecnológica y que además depende del grado de desarrollo social. Grandes figuras del fútbol hace treinta años no ganaban ni la centésima parte que hoy. Por el mismo hecho se ha producido una revalorización que no cotiza como tal.  Con figuras de los medios de comunicación lo mismo. Hace veinte años uno de los cantantes que mas ganó con sus espectáculos, Rocío Jurado o Ramoncín ganaron en cada gala una media de 200.000 pts. Este dinero equivale actualmente a 120.000 euros. Esto no es una frivolidad, es un negocio en el que se invierten millones de euros al día. Por eso la tasa RB extiende su aplicación a toda la red de revalorización social del capital.  Un “personaje” de televisión gana en un año por contar su vida privada o por enseñar el culo, sin coste material alguno, lo que un minero en siete. Quien sale en televisión gana por un proceso de revalorización mediática. El obrero por su trabajo. Los dos cotizan por sus ganancias, pero para nada se tiene en cuenta la revalorización, que al peón, al funcionario, al delineante, etc. no afecta, más que en un ajuste salarial para hacer frente a la inflación.  Acostarse con un torero y contarlo en un medio de comunicación permite ganar más que levantarse a las siete horas de la mañana y estar durante ocho horas currando. La libertad económica lo permite. Tengámoslo en cuenta fiscalmente, en su medida, igual  que al resto. Pero para contar con este factor nuevo hay que establecer unas medidas nuevas de fiscalidad. Los ejecutivos de empresas además de su salario reciben una remuneración complementaria en forma de acciones de la sociedad que le emplea (stock options). El salario se fiscaliza y los beneficios que son la parte substancial de sus ganancias desgravan o se catalogan como bienes patrimoniales. No se tiene en cuenta la revalorización, no interviene en el desarrollo común y se fractura la relación economía y sociedad.

En la década de 1994 al año 2004 los salarios subieron un 300% mientras que el precio de los pisos lo hizo en un 800%. Se produce una especulación del capital sobre sí mismo. Es sobre este pluscapital sobre el que hay que aplicar la tasa Renta Básica, cuyo apoyo fundamental será, evidentemente, el negocio financiero. Solamente el aumento medio anual de la riqueza patrimonial de las 200 fortunas personales más grandes del mundo, es de 100.000 millones de dólares.  Una tasa del  10%  equivalen a 1.979.414 rentas básicas.

Se debate en la actualidad sobre si mantener la desgravación fiscal o no de los fondos de pensiones o por la compra de una vivienda. La política fiscal ha quedado desfasada para los nuevos productos financieros y para los cambios rápidos y muy grandes de revalorización.  Es en este tramo en el que se requiere una nueva tasación fiscal. Los embargos de los bancos a sus clientes, mediante un pleito judicial, hace que logren propiedades a un mínimo precio que venden con una revalorización substancial. El ahorro en los fondos a largo plazo y las cuotas de seguros, forman una masa de capital que por sí misma tal acumulación crea un beneficio añadido, sólo por su volumen. Lo que por separado, cada pequeño capital no puede hacer. Las multinacionales, bancos, gestoras de fondos   cotizan al erario público por  su productividad, igual el asalariado y el productor industrial.  Pero no sobre lo que es el centro de gravedad de la nueva economía, la revalorización, que nada tiene que ver como valor patrimonial.

La tasa Renta Básica no la propongo para aplicar sobre el capital, sino para el pluscapital, precisamente para que éste pueda seguir produciendo dinero  porque, en gran medida, sucede gracias al progreso y desarrollo económico del conjunto de la economía y depende de la dimensión social en la que funciona. Es absurdo querer hacer este planteamiento para Nepal o para Uruguay pues en sus sociedades y desarrollo económico no funcionaría. Lo que no quiere decir que se les quite este derecho, sino que se les ha de facilitar en forma de progreso para que lleguen a lograr este objetivo si es el deseo mayoritario de su población. Por mucho que se desee la democracia en un  país es absurdo plantearla si carece de libertad de prensa o no se enmarca en un estado de derecho. El problema de simplificar una teoría por idealismos fatuos es que la deforma y destruye en sí misma.

Hasta ahora el funcionamiento de la economía se relaciona con el Estado, de manera que el dinero público pasa a capital privado mediante contrataciones y subvenciones. Cada vez con más asiduidad y de ahí las prisas y el ansia por aplicar políticas de privatización (dejemos a un lado la corrupción que conlleva) El mecanismo funciona porque revierte otra vez en alimentar los fondos públicos y entre medias se producen empleos, los cuales también cotizan. El problema surge cuando este paso intermedio, el empleo deja de producirse o cada vez es más caro y merma la capacidad del Estado. La transformación económica exige que del capital privado pase una parte a los fondos públicos y de éste otra vez al privado, pero no  para sumarse al capital empresarial (para generar empleo) sino en forma de rentas básicas lo cual revierte en la dinamización económica, o sea al beneficio privado que retroalimenta el ciclo de creación de riqueza privada-social, en lugar del  modelo actual: riqueza privada-empleo-asistencia social.

Los bancos emisores amplían la cantidad de dinero en función de la subida o bajada de los tipos de interés. Es una forma de ofrecer dinero, abaratar su coste, a través de la política monetaria con el objetivo de producir empleo. O se encarece para bajar la inflación.  Con la Renta Básica se pretende controlar la cantidad de dinero en circulación a partir de una distribución base, pues el empleo ya no es un medio básico de reparto de la riqueza. Es esencial para producirla, pero no para extenderla socialmente. Por el contrario mantener esta política económica en función del empleo ocasiona cada vez más gastos sociales añadidos, que merman la capacidad del Estado para ayudas al desarrollo, impiden aplicar una política medioambiental, incrementar los gastos sanitarios lo cual se traduce en pérdidas en términos monetarios de manera general, otra cosa es que de estas situaciones haya empresas que se beneficien.

La Tasa Tobin queda fuera del mecanismo económico, por ser parcial y aplicada como un mecanismo regulador de las transacciones monetarias. Su uso se convierte posteriormente en una donación solidaria. Por lo tanto carece de estructura económica. La Tasa RB sí forma parte del desarrollo económico. No se queda en la regulación de los mercados de transacciones financieras, sino en todo el sistema de revalorización que sucede de manera general en la estructura económica, ya que forma parte de ella, y tiene un objetivo económico, el cual permite el desarrollo sostenible desde el punto de vista económico, medioambiental y político:

1.- Mejora el funcionamiento del sistema monetario al que ofrece estabilidad. La creación de riqueza especulativa tendrá más perdurabilidad, será más lenta pero evita caídas catastróficas en sectores financieros, que pueden arrastrar a los mercados productivos ¿Supone un freno para el progreso económico? Sí, pero, por ejemplo, el freno es imprescindible en un coche, precisamente para conducir mejor y cuando sea necesario con mayor rapidez. Tal es la función de la RB, poner un freno a la economía que impida las crisis, especialmente la crisis de excedente de riqueza amplía el sector de consumo, pero genera más pobreza, precariedad y exclusión social. Hace seguro el progreso y desarrollo (sostenibilidad)

2.- Acaba con la pobreza de base en los países desarrollados. Otra cosa es que alguien se lo gaste en alcohol o lo derroche. Tal es un problema personal  o familiar, pero no económico.

3.- Facilita trasladar una buena parte de la economía global  al Tercer Mundo y a los países en vías de desarrollo para su progreso tecnológico  y material. La deslocalización de la mano de obra es inevitable en un mundo global. Hoy en día provoca el abuso y la explotación a los habitantes de poblaciones poco desarrolladas económicamente por parte de las grandes empresa de los países ricos, porque sucede fuera de una estructura económica global. Con la RB la deslocalización se convertirá en una estructura económica y tecnológica en los países más pobres, que permitirá su desarrollo económico y social, y posiblemente también político. Pero esto último depende de una evolución interna de las sociedades y no se puede imponer como condición o aprovecharse de esa coyuntura para el beneficio de los poderosos.

Podría establecerse la tasa RB, sin aplicarse a la Renta Básica, simplemente para incrementar gastos militares. Pero pongámonos en el mejor de los casos: que se aumenten considerablemente las inversiones sociales, el resultado es que se convertiría igualmente en un gasto añadido. A la larga sería una rémora, pues no modifica favorablemente el funcionamiento de la economía en la sociedad del bienestar. En este caso sería un derroche y una falta de eficiencia económica aunque llevase consigo un incremento de prestaciones públicas, pero sin sentido económico, aunque lo tuviera social, pero se convertiría en una carga difícil de soportar a medio plazo y acabaría siendo peor el remedio que la enfermedad, al no suceder un cambio cualitativo (estructural) en la economía.

Una nueva idea exige nuevos medios para aplicarse, no basta una reforma fiscal, pues la RB implica una reforma económica, una reestructuración (perestroika) del capitalismo, que ya sucede de por sí, pero sin norte. La Renta Básica no interpreta la nueva economía ni es para cambiar el mundo, sino que aparece como posibilidad y razón de ser porque el mundo está cambiando y la economía con él de manera fundamental.

La dificultad de la Renta Básica no es económica, bastará con estudiar en qué consiste, el porqué y para qué,  para darse cuenta de su necesaria implantación. Sucede que lo mismo que antes fue la moral, la creencia, la política después, hoy es la economía la fuente de poder. Es el ejercicio de este poder lo que impide que se establezca esta idea, aparte de la inercia de pensamiento que cala en los sindicatos y ciudadanía en general. Se argumenta que la gente no querrá trabajar, lo cual no es así. Lo que cada ciudadano será es más libre y por lo tanto no podrá ser dominado de antemano y es en este aspecto en el que hay que hacer una reflexión política, desenmarañando los falsos debates y silencios que suceden  en torno a la Renta Básica.


1 [1] IV Simposium RB, Barcelona, 17 – IX – 04

2 [2] II Encuentro Internacional de RB, Barcelona, 18 – IX – 2004

3 [3] El Correo, 3 – XII – 04

4 [4] Ébano. Edt. Anagrama, Barcelona – 2000

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