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Aspectos sociales

Hemos comentado  el proselitismo en los colegios privados en relación al Opus, pero hay una faceta no menos intrigante que es la actuación de fervorosos creyentes por parte de maestros y maestras que trabajan en colegios públicos. Se forma una red para llevar la religiosidad a través del laicismo, pero entrometiéndose  en la vida de menores de edad y actuando de espaldas a  los padres.

Aprovechan la crisis de participación que vive la sociedad para actuar con más fuerza y descaro.  hay muchas quejas sobre actuaciones que se han resuelto en el ámbito privado de cada colegio público, bien por mediación del equipo directivo o en el Consejo Escolar. En un lugar de encuentro de los colegios para estar en contacto con la naturaleza, que rige un Ayuntamiento, se han leído letreros en los que aparecen frases como “Dios ha creado lo que ves”; “Mira a Dios en la naturaleza”. El antiguo director de tal Coto Escolar es miembro del Opus Dei. En clases de música se han enseñado canciones religiosas.

En clases de idiomas se han ofrecido para aprender oraciones, de manera voluntaria , pero sin otras opciones que no fueran tales textos.  Niños de infantil rezaban al entrar en clase, sin la solicitud de los padres y sin que éstos lo supieran hasta pasadas varias semanas.  Un padre comentó que al entrar en la clase de su hijo de siete años encontró solamente tres póster en el aula, dos de ellos: uno sobre la vida de María, otro sobre la creación y un tercero sobre misioneros infantiles del III milenio. Protestó al respecto, por no haber oros sobre la evolución, la vida de Ramón y Cajal, por ejemplo y sobre la solidaridad de las ONGs. No son casos aislados , pues quienes protestaron (porque dieron importancia al asunto) ante tales hechos observaron que fue una práctica de años anteriores sin que nadie dijese nada, muchas veces por despreocupación y por inercia.

Podía ser algo anecdótico, pero resulta preocupante cuando en  Febrero del año 2.001 se nombra como Director Provincial de León, igual que en otras mucha provincias, a un numerario del Opus Dei.  Cuyo objetivo es combatir el laicismo, tal como en los documentos privados tienen como consigna, apunte 193 del fundador: “es necesario luchar contra el laicismo con aparente laicismo”, cuando lo laico no tiene un sentido antirreligioso, sino simplemente  que la enseñanza sea independiente de toda influencia religiosa, para garantizar sus contenidos científicos y la libertad de los alumnos en hacerse una idea del mundo, lejos de cualquier adoctrinamiento. Lo contrario es potenciar la influencia de una tendencia religiosa.

No queremos decir que los autores de tales intenciones religiosas sean miembros del Opus  Dei, pero responde a una claro propósito de expandir una creencia, que penetra en el ambiente escolar, de la escuela pública, y que impulsan grupos integristas dentro de la iglesia católica.

En una tribuna pública un sacerdote de la Obra, doctor en Filología Clásica  y en Teología Patrística llega a decir:  “El laicismo que se expande por nuestra sociedad es mucho peor que el mal de las sectas”.  En el caso concreto de un  director provincial considerado oficialmente como “un hombre del gobierno autónomo”, ajeno completamente al mundo de la enseñanza,  se presentó como un “gestor”. Veremos cuando analicemos los documentos cómo la participación en estos puestos de relevancia pública no es ajena a las consignas de la organización y supone un riesgo al conformarse dentro de una estrategia de Poder.  Muchas de sus decisiones no son entendibles sin conocer el entresijo en el cual participa y al que debe obediencia: concertaciones con los colegios religiosos, descrédito y falta de limpieza en las escuelas públicas, etc…

Es preciso detenernos en este aspecto por sus repercusiones sociales que pasan desapercibidas, pero cuyo calado se va a comprender más en profundidad a la luz del análisis de los documentos que modelan las actuaciones de la Obra.  Se trata de observar cierta influencia que escapa a nuestra atención cotidiana. Veremos que es una táctica, no el resultado espontáneo de personas que creen fervorosamente en Dios. Esto es sólo una parte, pero que no se impregna de sociedad, porque responde a un modelo diseñado para imponer un determinado modelo de sociedad, que se adapta a la democracia para lograr sus fines.

La Obra reconoce que el fruto mayor de la labor del O.D. es el que obtiene por sus miembros personalmente y “el que realiza cada miembro en su ambiente de trabajo o en el lugar que ocupe por circunstancias sociales”.

La coartada de la Obra cada vez que se informa al respecto, lo cual cada vez es más difícil a través de los medios de comunicación, que silencian informaciones de esta índole por sistema, es indicar que sus miembros ocupan cargos de gobierno y trabajan dentro de la administración porque son ciudadanos como los demás y entre sus derechos civiles está participar en la vida pública.

Veremos si esto es compatible con las exigencias de las normas, de llevar los fines y contenidos doctrinarios de la Obra al lugar del trabajo, como “medio de santificación”. En cualquier caso para el ejercicio de la libertad es preciso saber quién es de la Obra y cuáles son sus intenciones, y no usar la libertad para tener unos derechos y el secreto o discreción para lograr unas metas a la sombra de la libertad.

El fundador de la Obra recomendó como norma no hablar con extraños acerca de la Obra, pues su acción debe ser callada. Para justificar tal consejo explicó que se trata de algo sobrenatural (Reglamento 12 -2 . 3)  También indica que tal medida se impone para evitar que confundan a sus militantes con religiosos.  Por eso juegan con las palabras rechazando cualquier tipo de secreto, pero dando a la militancia en la Obra un  carácter no público.  “No lo pregonan, pero tampoco lo ocultan”, tal ambigüedad calculada se resuelve mediante un sistema de control, de manera que antes de manifestar la pertenencia a la Obra debe consultarse con el director que guía a quien solicita tal declaración. para responder a si son o no una sociedad secreta, con cierta ironía contestan que son una organización discreta.

Lo que nunca comentan es que todas las decisiones de la Prelatura son secretas, y la mayoría de los miembros las desconocen. El prelado da cuenta en persona directamente al Papa. Lo cual  es un ejemplo más de conducta dirigida, pues la conciencia ha sido formada por la Obra.

El fundador del Opus insistió en preservar el amoroso trato de sus miembros con el Señor, de la indiscreta curiosidad de otros, igual que una familia preserva su intimidad. Lo que no comentó fue que una familia no afecta al resto de las personas, pero una organización de carácter internacional y con mucho poder sí. Y que la efectividad de influir en otras personas consiste en no dar a conocer los fines que se perpetran sibilinamente.

Sobre todo es un derecho de todo ciudadano y ciudadana saber los objetivos y medios, los estatutos de una organización en la que se va a meter. Si para saberlo ha de aprender latín ya deforman el derecho a la información para decidir con libertad antes, y no después, de ser miembro. La  Palabra “libre” la usan mucho, sin indicar el factor deformador de la enseñanza doctrinal que  ha de ser sólida y constante, sin que se  dé nunca por terminada.

Hacer del trabajo una vía de santificación como máxima del Opus Dei puede tener unas consecuencias fatales en determinados ámbitos laborales, como puede ser la enseñanza, la función pública en general o la justicia. Las relaciones personales son determinantes a la hora de aprobar determinadas oposiciones o lograr ciertos puestos de trabajo de especial responsabilidad.

En unas oposiciones  para letrados de las Cortes españolas diversos opositores y gentes de ese mundillo aseguraron que una mujer del Opus Dei que se presentaba aprobaría con toda seguridad, mientras que el resto no se sabía a ciencia cierta quien lograría el puesto. Así fue. Después esta mujer ha seguido los pasos de quien fue presidente de las Cortes, en alguna secretaría de los Ministerios que ha ocupado su valedor.   Una casualidad, aluden adeptos a la Obra cuando se les comenta o pretenden que se les demuestre que ha habido influencia.

Los miembros laicos del Opus Dei están bajo la jurisdicción del Prelado, en lo que se refiere al cumplimiento de los compromisos peculiares: ascéticos, formativos y apostólicos, que el adepto asume libremente por medio del vínculo de dedicación al propio fin de la Prelatura. Lo cual es preocupante,  pero pasa desapercibido.   Pensemos que las exigencias de la Prelatura al  miembro es hacer apostolado y someterse a la jurisdisprudencia del Prelado para dedicarse al fin de éste. Se trata de un vínculo contractual, que asumen ambas partes, la Prelatura y el fiel. No siempre es un vínculo de derecho, por estatutos. De ahí que se puedan llegar a acuerdos personales que nadie conozca.

Según la misma Obra, su fin es la difusión entre personas de todas las clases sociales de una conciencia de misión, misión que se convierte en una gran catequesis.  Lo cual cuando tiene una proyección social repercute en muchas personas. , sin comerlo ni beberlo y sin  poder reaccionar, pues se trata de una misión que no es pública y notoria. Es necesario advertir que las normativa del Opus establece que todos los miembros del O.D. deben sentirse responsables de la santidad de cuanto les rodea.  Por lo que su intromisión es permanente. De ahí la fama de pesados en lo personal y de farragosos y conspiradores en lo público.

En Julio del año 2000 el Consejo general del Poder Judicial aprobó  una enmienda de Javier Moscoso para prohibir la pertenencia de jueces y fiscales a organizaciones secretas o sectarias, que generen en sus adeptos vínculos de obediencia y disciplina, lo que según algunos de los Consejeros incluiría al Opus Dei.  Fue aprobada por 10 votos de los 18 consejeros presentes.  Se trata de preservar la independencia judicial, cuando numerosos magistrados, especialmente fiscales se tiene constancia de que son miembros de la Obra.

Un años atrás, en 1994 quien fue Fiscal General del Estado, Eligio Fernández, denunció que llegaría un momento en que “estaremos ante un poder único” si  el Opus Dei a través de la derecha se instala en el Poder político y prospera la influencia de la Obra en el Poder judicial, en el que en aquel momento los siete fiscales del Tribunal Constitucional eran del Opus Dei.

La versión de los miembros de  tal organización es que se debe a la alta preparación de sus miembros.  La preparación para las oposiciones y demás exigencias, aparte de influencias, exige una disciplina y una obsesión por lograr el puesto que, dejando a un lado las taras que puede desarrollar en la personalidad, hace que en asociaciones en las que la programación mental y el fanatismo funciona como método facilite semejante labor. Lo cual deberá hacernos plantar cauces de acceso a tales responsabilidades más democráticas,  y más   factibles sin merma de las exigencias técnicas.

Las pruebas y trabas que se ponen en el camino como garantías de profesionalidad pueden acabar convirtiéndose  en lo contrario, un filtro para poderes paralelos al Estado.  El juez Javier Gómez de Liaño arremetió en diversas tribunas públicas contra semejante propuesta aludiendo que nadie puede ser discriminado  por razones de religión ni considera  legítimo  invadir la intimidad de conciencia.

A partir de lo cual  descalifica a los miembros del Consejo que votaron a favor. No entraremos en este debate. Tan sólo en lo que nos incumbe, en tanto y cuanto, lo que se advierte en la precaución es la tendencia de actuar por encima y a espaldas del Poder judicial, que nada tiene que ver con la fe o creencia de una persona, pues jueces que votaron a favor de tal enmienda son católicos. El problema es que hay determinadas prácticas y exigencias de Poder estratégico  que se camufla en práctica religiosa lo cual es necesario desenmascarar.

A Finales del mismo año el Gobierno español  ofrece un indulto general que afecta a Javier Gómez de Liaño, lo que diversos organismos del mundo judicial critican  aludiendo que vulnera la Constitución, sobre todo si el juez beneficiado volviera a ejercer la función jurisdiccional, tras haber sido condenado por prevaricación.  Una de las razones ofrecidas para justificar tal medida desde el Ministro de Justicia,  en boca del Ministro Sr. Acebes, fue obedecer la solicitud de la Santa Sede, al ser una medida de gracia pedida por el Vaticano por el Año Jubilar.

Diversos jueces vieron tal argumentación como una afrenta a lo básico y esencial de nuestro ordenamiento jurídico que separa el Estado de la Iglesia, a la vez que la Constitución se enmarca en un Estado laico y aconfesional.  En el año 200 tenemos como punta de un iceberg  que echa raíces en el entramado social, que el Fiscal general del Estado, Jesús cardenal, el Ministro de defensa, Federico Trillo y el Director General de la policía, Juan Cotino son adeptos de la Obra fundada por monseñor Escrivá de  Balaguer.

Es importante tener en cuenta que las constituciones y estatutos del Opus no se traducen del latín. A los adeptos se les ofrece un extracto y en lugar de leer sus contenidos se comentan, se cuenta lo que dicen de manera que se dosifican sus contenidos para interpretar según convenga a los superiores jerárquicos y cuando estos lo vean oportuno.

La actuación del Opus nunca es a las claras, mientras que la sociedad se rige por medios democráticos. Siempre encontrará una excusa, una justificación, una senda de legalidad, aunque sea colocada fuera del tiesto.  En Julio de 1999 el arquitecto Miguel Fisac denunció públicamente que destruyeran su obra la Pagoda, indefenso ante las motivaciones peregrinas que aludieron las instituciones municipales de Madrid, cuando él constató que fueron otros poderes fácticos: “Creo que detrás de esta demolición está el Opus Dei. Tienen un Poder enorme”.  Este arquitecto estuvo vinculado a la Obra de 1936 a 1955. Tras haberse alejado solicitó comparecer en el proceso de beatificación al señor Balaguer. Quiso contar su experiencia en la relación directa y personal con el fundador del Opus Dei. Fue excluido.

Un juez miembro de la Obra, en un reportaje de la revista Tiempo (nº  1.020/ 21- I – 2002) ironiza sobre la estrategia conspirativa del Opus Dei aludiendo que no se imagina a un motorista entregándole un sobre para decirle lo que tiene que realizar y decidir cada día. Es evidente que tal no es la manera de actuar. Lo que no cuenta cual ha sido su proceso de adoctrinamiento y las exigencias y condiciones que debe cumplir para ser miembro de la Obra.

No sólo él sino el resto de los adeptos. En ese proceso es en el que se ha formado una mentalidad, de manera que actúa de acuerdo al adiestramiento doctrinario al que ha sido sometido. Son los cursillos, los miedos emocionales que le han manejado lo que condiciona su voluntad.  Lo cual, tal como denuncian también diversos colectivos católicos, se orienta a imponer su criterio dentro de la iglesia católica y establecer su criterio al resto de la sociedad a través de la aplicación de las leyes, de la estrategia política y económica, en la cual los miembros del Opus Dei participan con “aparente laicismo”. Y si no es para combatir el laicismo no tiene sentido su participación en la Obra o estarían contrariando las exigencias de su fundador.

No nos fijemos en las personas de la élite que aparecen como muestra de un Poder que se establece poco a poco y se aplica indirectamente, sino en la multitud de cuadros medios, de asesores y “técnicos” que ejercen una influencia decisiva sobre los actores que realizan  las maniobras políticas y sociales para cuyo objetivo necesitan apoyos, el cual lo van a encontrar si son fieles, aunque no miembros a los consejos de miembros de una organización que se mantiene unida en una obsesión fanática, tal como se puede observar en sus enseñanzas y métodos de captación y de adoctrinamiento.

Una persona que ha participado activamente en la política de León, muy cercano a las maniobras de personas de la Obra y en relación con ella, tras dejar su militancia política en la derecha por el dirigismo e intervención que observó fuera de los cauces del partido,  escribió algunas observaciones de interés:

A) La fascinación por el Poder de los miembros de la Obra se conjuga con personajes ambiciosos de la política, como herramienta para establecer los valores que consideran necesarios y el despliegue de estrategias indirectas para controlar la democracia. Este  testigo de excepción  comprobó como en los niveles más altos de la política la religión es una excusa. El fin es el prestigio personal y el poder político y económico.

La religiosidad de los adeptos de base es un instrumento más. Los directivos logran controlar a personas que se ponen a su servicio, con el consentimiento de sus superiores.  Utilizan a todo aquel que se acerca por un ideal para lograr sus ambiciones.

B) No siempre actúan miembros de la Obra, sino lo que en las categorías del Opus Dei se definen como Cooperantes, aquellas personas que se relacionan con la Obra militando en otras organizaciones afines.  Como por ejemplo la Orden de Malta Renovada, o Caballeros Defensores del Santo Sepulcro  en cuyas ceremonias  se comprometen a la defensa a ultranza del catolicismo en el mundo.  Un afán legítimo cuando se hace abiertamente sin caminos torticeros, ocultos y sinuosos.

No es fácil saber si determinados personajes forman parte de manera oficial de la Obra, pero sí se observa que se encuentran muy vinculados con ella.  Los protagonistas no dicen las cosas claras, sino que persuaden: “¿por qué no haces….?”,  “¿ qué te parece si….?”, “ es necesario hablar con ….”.

La estrategia que ponen en marcha para influir desde el ámbito de la política, empresarial y demás es “marcar” a los cargos públicos o a quienes detentan puestos de influencia. Cuando partidos afines tienen la responsabilidad de gobernar ocupan algunos de estos cargos, pero sin dejar que sean demasiados. Quieren evitar que se note.  Su pretensión es empujar la acción pública hacia sus criterios y aquello que no pueden controlar o que va en contra de sus principios hacer que fracase o que empeore, sobre todo ante la opinión pública, por lo que filtrar información aunque sea sesgada es otro cometido que se hace con disimulo.

Veremos un ejemplo para que se entienda esta práctica, que se extiende en todo el entramado que desarrolla la Obra. Un testigo de la política interna de la derecha en torno al Opus Dei asegura que “marcar” es la técnica necesaria para manejar los hilos de la política y no dar la cara. De esta manera se puede manipular el contexto social, con una estrategia unificada en unos principios en común.  Hacen falta algunos nombres que suenen para dar prestigio y renombre social a la organización, pero son casos decorativos, de imagen.

La prensa suele mirar a ese aspecto y el Poder real se esconde en puestos de segundo orden que, sin embargo, son decisivos, tanto para filtrar información a los cargos públicos, como para mover papeles y sacar trapos sucios cuando conviene. Esto es precisamente “marcar”, estar detrás de quien tiene una responsabilidad, para orientarle, elaborar informes técnicos al antojo de determinados intereses.

Un antiguo miembro recuerda una de las reuniones a las que asistió a título personal, evidentemente, cuando fue coordinador de un partido político, en  una institución provincial.  Fue, aparentemente, un encuentro informal, como fiesta para inaugurar una casa recién estrenada por un político que era procurador regional, luego fue senador y el presidente del comité electoral del PP, es decir quien a la hora de la verdad corta el bacalao.  Milita en la cofradía del Santo Sepulcro y en la Orden Renovada de Malta.  Estuvo un catedrático de Derecho Romano, como invitado de piedra. También asistió quien ocupa un cargo de una institución autonómica, al que colocaron de adjunta como asesora dos semanas después a  una mujer presente en el encuentro, cuyo historial en la extrema derecha es ampliamente conocido, pero que se ha silenciado absolutamente.  Otro invitado de aquella tertulia amistosa acabó siendo, pasados unos meses, Delegado de una institución autonómica, siendo su Secretario Territorial un destacado  miembro del Opus Dei.

El antiguo miembro  empezó a notar muchas cosas raras, exigencias, que las decisiones se tomaban fuera de los cauces ordinarios, los cuales se asumen como meros formalismos y él se sintió una pieza más, totalmente  instrumentalizada.  Se sintió mal, pues no le parecía correcto, pero si decía cualquier cosa perdía todo lo que había ganado.  Pudo aspirar a más en su trayectoria política a costa de ser sumiso, pero las contradicciones pudieron con él y acabó teniendo problemas psicológicos, pero anteriormente de conciencia.

Siendo el estudiante de la carrera con más matrículas de honor en la carrera de derecho de su Universidad quedó postergado y con trastornos mentales cuando quiso enfrentarse a una maquinaria de Poder invisible que  controlaba una parte esencial y notable de la vida política leonesa.  Su preocupación fue que esa misma red se extiende en todo el territorio español.  Se relacionan con periodistas, lanzan bulos sobre personas a las que  quieren arrinconar o hacer desaparecer de la vida pública. Colocan en determinados puestos a quienes tienen medianas ambiciones para que dependan de ellos. Vio como el secretario de la comisión de  trabajo de su partido era a la vez jefe de personal de una importante editorial y a su vez presidente de un club del Opus Dei.

La familia del presidente del partido pocos años después eran uña y carne con la Obra.  Este joven vio como tales operaciones nada tenían que ver con el juego político, pero lo usaban a su antojo. Él quiso poner remedio y fue arrinconado, postergado y anulado como persona. Su único desahogo ha sido contar su experiencia. Porque fue cuando comenzaron a pasarle factura, a recordarle donde estaba a cambio de hacer esto y aquello cuando dijo que hasta ahí había llegado.  Tuvo, como obligación voluntaria,  que controlar a determinados políticos de su propio partido, “marcar”, a los que en la jerga interna se les llama con un apodo, en este caso al ladino.

Cuando  no él, lograr que alguien de confianza lo hiciera, con el fin de que cuando fuera necesario hacerle el chantaje que hiciera falta tener “argumentos” contundentes, sin pillarse las manos.  De manera que se crea una cadena de sometimiento a cambio de las prebendas de un poder repartido en municipios y cargos institucionales.  Como además el prestigioso y aristocrático político  al que hemos aludido es catedrático de Universidad no se cortaba nada para recordar a Alcaldes, presidentes de la Diputación cuyos hijos estudiaban con él que hizo valer su apoyo y “amistad” para que destacasen en sus carreras de Derecho.

Se crea un engranaje que trasmite una escala de valores a la sociedad, pero que funciona sin el más mínimo escrúpulo. El abolengo con la Obra de quien hace de enlace entre la Obra y el partido de la derecha le viene a este insigne político de que ya el fundador del Opus pidió dinero a su abuelo materno en grandes cantidades.  Se encargó de hacer los discursos a un  Alcalde que  fue al mismo tiempo procurador en una institución autonómica.

Testigo de excepción el exmiembro asegura que en los comentarios privados se referían a estas  tareas como una manera de utilizarse mutuamente.   Aquel aristócrata de la política impartió conferencias en el club Anciles, del Opus Dei. No queremos dar nombres pues lo que importa son los hechos y no es correcto indicar sobre los que se saben y sin embargo dejar en el tintero otros muchos casos que sin embargo no tenemos los testimonios necesarios para conocerlo de primera mano.

Lo que nos interesa no es acusar a nadie, sino informar sobre un mecanismo que afecta al desarrollo y expansión de una organización sobre la que se nos pide constantemente referencias de ella por los problemas que ocasiona en las familias afectadas y ante determinadas actuaciones sociales.

Cuando nuestro informante  fue preguntado sobre  quién y cómo se mueven los hilos, contestó retratando  lo que es una maquinaría fanática, que sin embargo pasa desapercibida: “La mentalidad. Tal es  el mecanismo. Se cuenta con personas que han sido mentalizadas y dirigen sus acciones según ese programa. Luego contratan a peones y actores que buscan prestigio, riqueza y les ponen a sus órdenes, haciéndoles creer que son alguien.   Les dejan algunas licencias y escaramuzas, pero lo apuntan todo y si alguna vez quiere actuar por su cuenta le pasan factura, le recuerdan aquello que en una ocasión hizo ( y lo callaron) y si insiste tratan de vapulearle en la prensa hasta que cede o se va a su casa”.

Si alguien  no es útil se le hace el vacío. Lo mismo al que no sirve en un momento determinado  Se genera un trato de servidumbre hacia los que están en la “cocina” del poder en las instituciones y un ambiente de desconfianza de  unos con otros en las organizaciones en las que influyen .  Ante un tema de máxima enjundia, en la que hasta un obispo se vio retratado y ridiculizado por inaugurar unas obras que nunca se llevaron a efecto, fueron personas de su entorno quienes ofrecieron, discretamente, datos decisivos para la investigación.

Tras derribar a quien dirigía la vida política desde la derecha se instalaron otras mentalidades, menos prácticas pero con un contenido más “ideológico”.  Usaron el empeño de un pequeño partido, que para apuntalar los datos tuvo que contar con diversas organizaciones sindicales y políticas para afrontar tal tarea.  Desde la “derechona” (derecha religiosa frente a la derecha política o liberal) no se dio la cara, no se aportó nada, pero se filtraron de manera anónima determinados datos.

El antiguo miembro de la Obra  experimentó una especie de “vampirismo psicológico”. Sentirse usado y manipulado para obrar de acuerdo a unas directrices sobre las que no puede demostrar nada, pues sólo cuenta con su testimonio, ya que todo el juego sucio se realiza sin dejar rastro.

Nos encontramos ante una dictadura invisible, que ejecuta una represión silenciosa para imponer los objetivos de la organización. Una de sus misiones es eliminar el mal y el problema es que son los jefes de la organización quienes definen lo bueno y lo malo.

Sucede además otra cuestión y es que cada vez que un adepto comete  una injusticia o toma una decisión que perjudica a terceras personas, tanto en el ámbito familiar (lo que saca de quicio a sus progenitores) como en una actividad pública y con repercusiones sociales, asumen las críticas o que se metan con ellos como si de un sacrificio se tratase, lo consideran una forma de compartir la cruz de Jesús.

La frialdad de sus actos y de sus consecuencias es pasmosa pues las dan una dimensión trascendentes. Cuando tienen que cumplir un cometido, cobijado en los objetivos de la organización, lo toman como una cruzada y se convierte en algo pertinaz que funciona como una apisonadora. Y con maneras amables van ejecutando un plan de manera metódica.  He aquí el peligro del fanatismo.  Éste ha funcionado de manera directa en América Latina en donde el Opus Dei cuanta a finales del año 2000 con once obispos.

En algunas poblaciones de Suiza, por ejemplo se produjo una rebelión de las parroquias al ser nombrados obispos sacerdotes cercanos a la Obra.  Pero en casos reciente de la vida política internacional tenemos la intervención directa en lo terrenal mediante el apoyo de altos cargos eclesiásticos  vinculados al Opus Dei, al régimen de Fujimori,  de Pinochet y Argentina durante la dictadura de Videla. La organización Opus  Dei justificó las torturas y las actuaciones de estas dictaduras cuya misión interpretaron como cruzadas modernas necesarias. Como no pudieron decir que luchaban contra la libertad, la excusa fue poner fin al mal, cuyo desarrollo oculto es la masonería.  Son consecuencias claras y que aparecen en lecciones de Historia contemporánea.  Lo que no aparece es la manera de intervenir en sociedades plurales y democráticas, siendo la misma organización, con los mismos ideales, creencias y principios, pero que se camuflan y adaptan según la circunstancialidad de los acontecimientos.  Sobre lo que pretendemos informar someramente.

Lo que exponemos es un ejemplo concreto que se puede extrapolar a los cientos de casos que hay desplegados en el mundo.  Hay  diversos documentos públicos  y libros  que ofrecen nombres de políticos y responsables de empresas importantes y de medios de comunicación que  son miembros de la Obra o están vinculados a ella como cooperantes o simpatizantes. Lo que nos interesa descubrir es el método manipulativo, que afecta a la personalidad de quienes se meten en la organización, en su entorno más cercano, especialmente de la familia, a no ser que ceda a las condiciones de la organización.  Y que afecta también a la sociedad.

Pensemos que el adoctrinamiento trastoca el desarrollo lógico de las  percepciones y de los pensamientos.  Por regla general los datos, los acontecimientos, los hechos del mundo que nos rodea ponen en tela de juicio nuestras ideas y creencias.  Sin embargo cuando nuestra mente está cerrada y condicionada por una doctrina o ideología es la idea la que cuestiona y coloca los datos y hechos de lo que nos rodea, de manera que de forma espontánea sucede la manipulación de los hechos. Sucede pues una cadena engañosa que se vive como algo real, dentro de una fantasía ilustrada difícil de desmontar.

Hay que entender cómo funciona en lo concreto esta organización, más que despertar sensacionalismo. Que quienes se ven afectados tengan un punto de apoyo para reflexionar, comprender y decidir con conocimiento de causa si es conveniente seguir o no militando en una dinámica de fanatismo. Que sepan si se les ha ocultado información mientras se han introducido y  que se les ha ido proporcionando a medida que les han ido transformando su manera de ser y de pensar.  Es algo que sólo el afectado puede saber, si se para a pensar.

Con la disculpa de que la finalidad del Opus Dei es exclusivamente trascendental no tienen reparos en cometer todo tipo de atropellos y seguir como las hormiguitas acumulando poder e influencia. Ellos saben que una minoría organizada puede dominar a  la mayoría, e incluso lograr su apoyo.

Los directores del Opus Dei cuentan con gente que toma decisiones en editoriales, sobre todo a nivel de provincia pero en otras también, lo que sirve para conformar una determinada mentalidad social y gestionar quién debe ser leído y quien no.  Veto que autores que han criticado a la Obra han sufrido también en  librerías cuyos dueños  son miembros de ella y tuvieron el mismo esquema de comportamiento que en otras librerías atendidas por Testigos de Jehová.

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