Una utopía, 28 – II – 2011

Reportaje de La Crónica de León, 28 – II – 2011

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Demolición, era una locura y ya es una utopía

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‘Los del caldero’ de Riaño siguen su lucha y aglutinan impagables documentos de los derribos

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Uno de los vídeos que más impacto causó cuando fue recuperado, el casi inédito de la voladura de la torre de la iglesia.

Fulgencio Fernández / Riaño.

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Algo ya han logrado, la pregunta ya no es una locura o una excentricidad. A la vieja pintada del pantano de Riaño ‘Demolición’ hay cada día más gente que le pone apellido: “¿Y por qué no?”.

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Sigue pareciendo una utopía, pero algunas utopías llegan. Hay quien le ha puesto cara a la utopía y como si quisieran reconocer que es algo que aún está en un horizonte lejano proponen una fórmula que requiere tiempo: “Tarde o temprano… Vaciaremos el pantano. Caldero a caldero’. Por eso este grupo ya son conocidos como ‘Los del caldero’, que aglutina a gente como el entusiasta Alfonso González, quien suele añadir a su nombre lo de ‘El pequeño de Agapito’, es decir, una nueva generación, los hijos de los riañeses, los expulsados de su tierra. “Somos un grupo de gente que entonces, cuando lo del pantano, teníamos alrededor de veinte años. Gente que, quiero decirloclaramente, apostamos por las razones no por los cojones, no hablamos de violencia sino de justicia”.

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Este luchador no olvida aquella lucha, aquel vacío, y lo expresa siempre con sinceridad, como lo hizo en unexcelente programa de Radio Nacional, ‘En primera persona’: “Tengo imágenes grabadas terribles. Mi madre en casa, arriba en las habitaciones. Se puso a llorar, me puse a llorar, de impotencia, de rabia, de tantas mentiras como nos habían contado”.

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Este grupo de riañeses, ‘Los del caldero’, viven muchos de ellos lejos de este valle, “porque fuimos expulsados, porque se dijeron muchas mentiras y cuando se tapó el pueblo el nuevo Riaño sólo tenía edificado el Ayuntamiento y se habían iniciado algunas promociones de viviendas pero no estaban acabadas”.

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Y Alfonso González te muestra una vieja grabación, de los tiempos de los derribos, en los que ilustra esta realidad con los gritos desesperados de una mujer que se lamenta en medio del ruido de las máquinas: “Dicen en los periódicos que tuvimos un año para elegir vivienda ¿Dónde están esas viviendas si no las han terminado?”.

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Estos testimonios, y otros muchos, aparecen recogidos en el blog que va atesorando como verdaderas joyas todos los documentos relacionados con el viejo Riaño, con la lucha mantenida en aquellos años, los post de los programas que se han hecho sobre el valle, viejas fotografías, imágenes, testimonios… es el www.rianovive.blogspot.com: “Es cierto que cada día sumamos nuevos enlaces, tiene más vida el blog y a través de esta documentación se pone de manifiesto lo que nosotros ya sabíamos: que todo fue desmesurado, que hubo muchas mentiras, que era un valle inigualable, que las gentes estaban desesperadas y lucharon por su tierra como pocas veces se había hecho… Que tenemos la razón”.

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– ¿Y los actuales vecinos? ¿No es ven como los ‘que estáis fuera’?
– La mayoría están con nosotros, nos entienden, pero les cuesta trabajo reabrir su herida, volver a la lucha, a la gente le cuesta mucho destapar el dolor”.

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La recuperación de todo tipo de testimonios en el citado blog ha resultado un elemento ‘aglutinador’ de quienes sueñan con vaciar el pantano y de quienes han revivido aquellos días. Ha reabierto el baúl de los recuerdos y se ha convertido en unforo de debate imposible de obviar. Hubo uno que puso un aldabonazo, la recuperación de uno casi inédito, el de la voladura de la torre de la iglesia, un trabajo del cámara leonés Florencio Aparicio para televisión española que apenas se había visto. El propio Flores lo recordaba: “Lo grabé de casualidad. Ya habían marchado los medios de comunicación y a una compañera de la Cope, que la bajaba yo, se le olvidó algo. Regresamos y ya vi algo extraño, estaban colocando la dinamita y me quedé a grabar. Fue un momento apasionante, de hecho el grito que se oye de admiración no fue por la voladura sino por la grabación. La envié a Valladolid, no salió aquel día, la pusieron al día siguiente en el telediario y no volví a saber nada de ella hasta que ahora reaparece”.

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Volvió a ser noticia incluso lejos de Riaño pero descerrajó los candados de la memoria de muchos riañeses, uno de ellos el antiguo alcalde Guillermo Hernández, que aún vive en Riaño, regentando su negocio. “Fue lo que más me impresionó de aquellos días tan duros, la demolición de la torre de la Iglesia. Y me sigue dando coraje pensar que no puedo andar por aquellas calles cuando veo las imágenes”, confiesa en otro de los documentos colgados en la página de Riaño Vive.

.Recuerda el alcalde aquellos días complicados y también insiste en que se hicieron las cosas muy mal, en eso coincide con Alfonso González. “Los primeros derribos todavía me tocaron a mí como alcalde. Fue muy triste, era el final de una historia que se prolongó en el tiempo de forma disparatada, durante veinte años. Las expropiaciones también fueron un disparate, no se asesoró a los vecinos, no se hicieron nuevas tasaciones. Nos hicimos ilusiones de que con la Democracia no se desarrollara la obra, pero lo retoma el leonés Jaime González cuando era consejero de Agricultura, que lo lleva a Madrid y ya no hay quien lo pare, desde Riaño ofrecimos alternativas pero no nos hicieron ni caso. Yo me di cuenta de que estaba casi todo perdido cuando después de la manifestación de mayo de 1986 no pasó nada, Madrid y Cosculluela fueron implacables”.

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También coinciden los dos en un análisis: “Nos engañaron a todos, a nosotros y a los regantes. Enfrentaron a los leoneses del norte con los del sur y eso alguien debería pagar por ello, ¿qué dicen ahora de aquellas 82.000 hectáreas que se iban a regar y se quedaron en el 10% de la cifra”.

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Y Alfonso insiste: “Fue un asesinato, el de mi pueblo”. Y saca (en el blog están) una batería de testimonios. Una joven sobre las ruinas, el recuerdo del vecino que se quitó la vida, el recuerdo de aquellas gentes que se quedaron sin casa, por mucho que se haya dicho. “Algunos estuvieron alojados en hoteles, pero otros muchos con unos plásticos, en tiendas de campaña… Un desastre”, dice el antiguo alcalde, mientras los sonidos de un viejo programa de 1986 llegan desde la radio: “Aquí estamos una serie de vecinos que no tenemos dónde meternos. No tenemos carreteras. Nos han tratado no mal, malísimamente, como a perros”.

Sus hijos se rebelan.

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