Amadís de Gaula, don Quijote y los conquistadores

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Cuando a lo largo del año 2005 se celebró el IV centenario de la publicación del libro “Don Quijote de la Mancha” de Miguel de Cervantes (La edición que uso como referencia de las citas del libro “Don Quijote de la Mancha” es de la editorial Juventud, Barcelona – 1966. El libro “Amadís de Gaula”, de Garci Rodríguez de Montalvo, editorial Planeta, Barcelona 1991. “El Quijote apócrifo” de Alonso Fernández de Avellaneda, la edición de Alfredo Rodríguez López Vázquez (Ediciones Cátedra, 2011) Otras obras consultadas son la enciclopedia de Historia de Literatura Española e Hispanoamericana (ediciones Orgaz – Madrid, 1980) y enciclopedia Durán – Bilbao, 1967) con estudios de los de literatura Manuel Fernández Nieto y Amancio Labandeira, ambos de la UCM, llegué a juntar en mi casa once ejemplares que regalaron por doquier.
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Me pareció que tanta insistencia no me afectaba, pues ya había leído este libro dos veces. Una por decir que conocía dicha obra, considerada como la principal de nuestra literatura, lo que hace que sea una exigencia personal su lectura. La segunda vez fue para hacer un estudio sobre el Enamoramiento, el cual realicé tomando además notas de otras novelas y ensayos, siendo la obra de Cervantes la que desarrolla toda la esencia de este fenómeno sentimental.
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Es frecuente leer “poco puede decirse del Quijote que no se haya dicho ya… obra cumbre de la literatura universal y primera novela moderna”. Pero no se analiza, o poco, ni se habla, ni se estudia de lo esencial de esta obra:
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1.- Que el enamoramiento es un sentimiento real, no la fantasía de un loco. Miguel de Cervantes retrata muy bien este sentimiento, que es como lo describe, por más gracia que pueda hacer. Lo exagera, pero lo cuenta tal como es. Sin esta aportación sería una obra burlesca más, pero hace que llegue al lector porque describe este sentimiento tal cual sucede, en sus dos vertientes. La de quien lo vive esplendorosamente, como hace don Quijote y quien lo adormece y atrofia, como sucede a Sancho, que va a vivir su enamoramiento acompañando al bueno de Alonso Quijano, pues ¿por qué si no sale tres veces de aventura con él?, cuando la paga le llega a trancas y barrancas. Hay algo sentimental que le llama. Es este sentimiento lo que hace que enganche al lector y le permite a Cervantes reírse de sí mismo y permite que lo mismo suceda con quien lo lee. Lo contrapone a la sexualidad, cuando son procesos paralelos. Lo curioso es que Cervantes describe este sentimiento genuino tal cuál es, no es una caricatura lo que hace, que sí lo es es sobre otras cuestiones.
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2.- ¿Qué narran las novelas de caballería, qué cuentan?, ¿por qué el ataque furibundo contra ellas? ¿Para qué darlas el golpe de gracia deformándolas y ridiculizando sus contenidos? Cuando el Quijote se encumbra para este fin con una propaganda jamás habida en la historia de la humanidad. Se crea una cadena de adjetivaciones, de laudatorias que enmarañan la novela de Cervantes y no dejan ver su fondo. Tampoco se dice nada sobre a qué se refiere la “modernidad” en la novela posterior a la escrita por Cervantes. Habrá que saber qué dicen las novelas de caballería y no lo que se dice que dicen, para saber por qué se las ha querido hacer desaparecer.
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Al asomarme por tercera vez al Quijote observé que la primera palabra, después del prólogo, antes del famoso comienzo “en un lugar de la Mancha….” aparece Urganda la desconocida, encantadora de la novela de Amadís de Gaula. También un poema de Amadís a don Quijote. Las últimas palabras de don Quijote se refieren a este personaje. Y también, de manera general, las últimas del autor. Recorrí de nuevo la obra del hidalgo caballero observando que cita unas cuarenta y dos veces a Amadís de Gaula, o en referencia a él. Don Quijote se hace llamar de la Mancha, porque Amadís es de Gaula. Caballero de la Triste Figura, por referencia al nieto de Amadís, Amadís de Grecia, que se hace llamar Espada Ardiente y Caballero de la muerte. No firma las cartas, porque Amadís no lo hace. Dice: “me guío del ejemplo que me da Amadís de Gaula que hizo a su escudero conde de la ínsula firme”. Todo lo cual me llevó a preguntar ¿quién es realmente ese Amadís de Gaula? ¿De qué trata esa obra a la que se critica, burla tanto y desprecia la obra cumbre de la literatura española y paradigma de la literatura universal? ¿Qué cuenta la novela de Amadís que se ha postergado y que tal es la intención manifiesta de Cervantes? Responder esta inquietud me llevó a leer “Amadís de Gaula”, de Garcí Rodríguez de Montalvo.
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Cuando leí la obra “Amadís de Gaula” observé que por una parte está el libro, lo que cuenta, y por otra la ocultación del mismo, que ha desaparecido como referente de la literatura. Dicha ausencia tiene mucho que ver con el contexto histórico en el que todo ello sucede y en su resultado, la modernidad. Si somos capaces de leer la obra “Amadís de Gaula” puede que veamos que la “modernidad” no es tan moderna como nos parece. Y para ello es necesario saber qué cuentan los textos de esa novela y no lo que se dice de ellas. Y tal es lo que pretendo hacer, sin caer en interpretaciones ni nada que no sea presentar una novela que a mí me ha resultado sorprendente. Es por ello que consideré necesario celebrar el V centenario de la edición de esta obra, durante el año 2008, para que sirva de oportunidad para descubrir otra manera de hacer literatura, tan válida como cualquier otra y ver lo relacionada que está con la cultura moderna.
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Me parece importante hacer una reflexión sobre el contenido de esta obra y lo que ha significado su postración y olvido. Ha sido apartada de tal manera que lo que he mirado en internet, con trabajos, críticas y tesis sobre esta obra no hacen alusión a lo que realmente es su esencia, lo novedoso y aquello por lo cual, sospecho, esta obra ha sido eliminada del mundo literario y del acervo cultural. Algo en lo que en su momento se puso un empeño sistemático y que no responde al cambio de gusto de los lectores ni al libre mercado de elegir uno u otro libro, sino a la deformación de los personajes y a ocultar los contenidos del mismo, que aún hoy en día pueden resultar chocantes, demasiado modernos, cuando fueron escritos ¡hace cinco siglos!
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Permitirme que me refiera a cómo trata el libro “Don Quijote de la Mancha” a las obras de caballería, pero especialmente a la de Amadís, para que veamos como se las desprecia y se las anatematizó. El canónigo de la novela del Quijote despotrica sobre las mentiras de esos libros de caballería, a los que califica de inmorales. Cuando don Quijote habla con él observa, sin embargo, que leer historias de caballeros andantes causa gusto y maravilla: “Mejora la condición de las personas a las que hace más liberal, guerrero, atrevido y sufridor”. Cualidades, que veremos, van a exponer los co0nquistadores, y quizá sean tales cualidades las que no gusten cuando no las controla el Estado, sea eclesiástico o político.
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La tía y sobrina de don Quijote, cuando éste vuelve a casa, al final de la I parte, maldicen los libros de caballería y a sus autores, por estar plagados de mentiras y disparates. Veamos que con la obra “Don Quijote”, Miguel de Cervantes quiere arrancar una mentalidad que rezuma de los libros de caballería, lo cual fue todo un estilo que había progresando y evolucionado, hasta desaparecer definitivamente del interés de los lectores. Cervantes manifiesta qué quiere lograr: “no dar crédito a los libros de caballería, que con eso se tendrá bien pagado”. Como dice Jesús Vicente Magdalena “mató de ridículo las novelas de caballería porque cegó el gusto literario por ellas a muchas generaciones”.
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En el capitulo VI del Quijote entre el cura y el barbero hacen un escrutinio de libros, mientras que duerme don Quijote. Deciden ver uno a uno, para valorar cual merece el castigo de fuego. Para la sobrina todos han sido dañadores y se han de tirar todos ellos por la ventana, al patio para hacer con ellos una hoguera. El cura dice que antes hay que leerlos, al menos los títulos. El primero de todos son los cuatro de Amadís de Gaula, por ser dogmatizador de una secta mala y compara los libros de caballería con las herejías. Así lo califica.  Para Josef de Valdevieso, que es quien autoriza la edición de la obra, (1615) las novelas de caballería son “una contagiosa dolencia” y para el censor que aprueba la edición del libro, Gutiere de Cotiva, las califica de “vanas y mentirosas” y “contagiosas” El cura en la obra de Cervantes dice: “le debemos sin excusa alguna, condenar al fuego“. Sin embargo el barbero plantea que no, pues es el mejor de este género y se debe perdonar. El cura le responde: “Se le otorga la vida, por ahora”. Tiran el libro sobre Espladián (Libro V de Amadís) y el de Amadías de Grecia (libro IX) junto con otros. Quedan salvados Palmerín de Inglaterra, por ser compuesto por un rey, el rey de Portugal, y Amadís de Gaula. Pero el cura establece lo siguiente: “Se usará con ellos de misericordia y justicia. Tenedlos, pero no los dejéis leer a ninguno“. Al tirarlos se cae, por casualidad, Tirante el Blanco, del que se dice ser el mejor libro de caballería, distinto de otros,el cual el cura recomienda que se lea.
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¿Quién es ese personaje, Amadís de Gaula? ¿De qué trata su novela que se quiere desbancar completamente? Su autor, Garcí Rodríguez de Montalvo, es regidor de Medina del Campo, Valladolid. La novela es impresa en Zaragoza, 30 octubre de 1508, a cargo de un alemán, George Coci. Debido a su éxito se edita otra vez en Sevilla, el año 1511. En Roma el año 1519. Y hubo otras ediciones posteriores. Fue traducido al francés, italiano, alemán, holandés. Fue una obra que tuvo una gran repercusión social y adquirió gran popularidad en todas las clases sociales y también entre las mujeres. El año 1510 se publican “Las sergas de Espladián” (Sergas son proezas ; tela de seda con cuadros metafóricas de hazañas de héroes) El año 1490 se publicó “Tirant lo Blanch” de Joan Martorell en catalán. Ante el auge de Amadís de Gaula, el año 1511 se edita en castellano, siendo impresa en Valladolid. Con esto quiero decir que son novelas que a le gente le gustó leer. Fue un auténtico fenómeno cultural, hoy postergado, incluso para análisis de esta obra. Los libros de caballería se han interpretado como una imagen sublimada de la realidad, pero bien se puede ver en ellos la referencia de una vida libre.
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Las novelas de caballería provienen de leyendas que se trasmitieron originariamente de manera oral. Cuando Garcí Rodríguez escribe su obra “Amadís de Gaula” hace una refundición de textos de otras novelas castellanas de caballería. Victoria Cirlot dice que copia antiguas versiones. Y que las mismas varían según los autores. Para Santiago Sevilla (Diario de León, 10 – marzo – 2008) el auténtico autor de “Amadís de Gaula” es don Enrique de Castilla. Quien ha estado en Inglaterra y la conoce. Lo cual no es algo que se refleje realmente en la novela. Plantea que Garci deforma su narración, pues el original hace que Amadís sea asesinado por su hijo Esplandián, en venganza de haber sido bastardo y dejar que lo amamantase una leona. Todo lo cual se plantea como un demérito para Garcí Rodríguez de Montalvo. Considero que es una discusión baladí, que no tiene sentido y que da lo mismo. Pero es que, además, en la introducción a la novela Garci dice “corregir los antiguos originales que estaban corruptos y mal compuestos en el estilo”.
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Con aquello que se pretende descalificar de entrada la obra de Garci es una tradición en la literatura. En “El Burlador de Sevilla” de Tirso de Molina don Juan es condenado al infierno. Zorrilla hace una nueva versión de Don Juan Tenorio en el que amor de doña Inés le salva, arrepentido en el último momento. Moliere escribió “don Juan o el convidado de piedra”. Goldoni: “don Juan Tenorio, el libertino castigado”. El cineasta asturiano Gonzalo Suárez, escribe en 1934 “Don Juan de los infiernos”, a cuyo protagonista presenta como víctima de su destino y le condena a vivir. Existe la Celestina de Fernando de Rojas y la de Feliciano de Silva.
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El personaje Fausto proviene de cuentos populares, a partir de un personaje que se divulgó en cuentos y narraciones que se trasmiten de manera oral a finales del s. XV en centro Europa. Spiesz escribe una obra sobre el mismo en 1587. Marlowe escribe otra sobre el mito de Fausto, “La trágica historia del doctor Fausto”, 1588. Sigue fielmente el mito de Spiesz y lo condena al infierno. Gotthold Lessing, redime a Fausto, en lugar de condenarlo. La obra de teatro de Goethe (parte I, 1808; parte II, 1833), tiene una enorme repercusión. Nos describe a Fausto como un filósofo racionalista dispuesto a arriesgarlo todo, incluso su alma, por ampliar el conocimiento humano, y que obtiene el perdón de Dios por la nobleza de sus intenciones y el amor a Margarita: “El eterno femenino nos impulsa hacia delante”. Al margen de estas obras, el mito de Fausto ha sido objeto de numerosas versiones, entre otras la de Thomas Mann, “Doktor Faustus”.
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La obra de teatro “Romeo y Julieta” de Sakespeare, que escribe el año 1591 y se estrena en 1596, se basa en una versión traducida al inglés por Broke en 1562, de la obra de varios autores italianos, que se traduce al francés en 1559, “Historia de los amantes”. La obra “Otelo” se basa en uno de los Mil cuentos de Giraldi Cinthio. Otra obra, “Cimbelina”, en un cuento de Boccaccio de 1609. O la obra “Coriliano” inspirada en “Vidas paralelas” de Plutarco.

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Pero es que el propio Avellaneda lo declara en su prólogo cuando insiste en que no se murmure. Dice: “nadie se espante de que salga de diferente autor esta segunda parte, pues no es nuevo perseguir una historia diferentes sujetos“. Afirma que se permite impune hacer la segunda parte de un libro que otro escribió, “pues igual se permitieron tantas Celestinas”. Y de hecho no fue el único, pues Guillén de Castro y Bellvís también tomó los dos protagonistas de la novela de Cervantes en su obra teatral “La fuerza de la sangre”.  El mismo don Miguel de Cervantes recoge un personaje del folclore popular, e integra e incorpora en una de sus comedias, “Comedia famosa de Pedro de Urdemales”, a este personaje que regresa de tierra turca donde estuvo prisionero. Personaje burlón que se ríe de la hipocresía del judío errante así como de los clérigos que hablan de los lugares santos para sacar dinero a los creyentes. Advirtamos que la obra “Entremeses” de Vélez Grajal tratan sobre el personaje Bartolo que de leer muchos romances va en busca de aventura como “loco verdadero”, junto a un escudero. La escribe en formato de teatro Lope de Vega, bajo el título “Entremeses de los romances”. Hay quien ha planteado que fuera antes una obra de Cervantes como ensayo para su novela posterior. El uso de una obra ajena nada hubiera de suponer si no es por algo más, un mal de fondo que Avellaneda destapa como veremos más adelante.

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En su ensayo “El otoño en la Edad Media”, el historiador holandés Johan Huizinga asegura que en la segunda mitad del siglo XVI las novelas de caballería fueron causa de vértigo en la raza. Se las pretende paralizar conscientemente con obras que las caricaturizaron antes de que lo hiciera Cervantes con su libro “Don Quijote de la Mancha”, como “Morgante” de Pulci y “Orlando enamorado” de Boiando. Y es que las novelas de caballería se consolidan con la impresión de “Amadís de Gaula” a comienzos del s. XVI, hasta que un siglo después entran en desgracia a partir de la obra de Cervantes.
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Con estas referencias quiero decir que, y sobre todo en aquella época, copiar antiguas versiones de personajes es común en el mundo de la literatura. Cada autor aporta nuevos enfoques, adaptaciones para su época y no por ello son despreciadas sus obras. Sin embargo parece que es un estigma para la novela de Garci Rodríguez de Montalvo, cuando introduce en ella elementos totalmente novedosos. A la obra sobre don Quijote de Cervantes hay una reacción de quien se hace pasar por Alonso Fernández de Avellaneda, que dice ser de Tordesillas. Cervantes alude a éste en varias ocasiones en la II parte y en el prólogo, en el cual también arremete contra Lope de Vega, a quien defiende, por contra, Avellaneda. El dramaturgo Lope de Vega ya había ingresado en el santo oficio y, aún así, es objeto de la crítica de Cervantes por su vida anterior desordenada y disoluta. Pero toda esta contienda literaria pueda ser una cortina de humo, para ocultar algo más de fondo.
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En este sentido es clarividente la obra del historiador Roger Chartier en su obra “Entre Poder y placer. Cultura escrita y literatura en la edad Moderna”, en la que viene a esclarecer este asunto, pues cuenta que en la modernidad las obras literarias están dominadas por la soberanía del autor, pero no siempre fue así. Precisamente es a partir de la época en que se escribe la obra “Don Quijote” que empieza a haber un cambio. Demuestra que es desde comienzos del s. XVIII cuando se inventa al autor como propietario de su obra. Ya antes sucedió como principio de identificación para saber quien calumniaba. Desde entonces la ética literaria ha sido destruida por la codicia y la avidez. Parte de dicha ética estuvo en ocultar el nombre en el anonimato. Esto hace que sucediera la costumbre, que también en la obra “Don Quijote”, de la ficción del manuscrito hallado por casualidad. Porque anteriormente la dimensión económica de la propiedad literaria fue escasa. Confirma Chartier que la lógica del autor propietario sucede a comienzos del s. XVII. Desde entonces el autor adquiere significación nacional siendo más importante que el texto, de manera que sucede lo que llama una “revolución de la lectura“.
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No voy a entrar en el análisis literario del texto de Garcí Rodríguez, ya que mi pretensión es simplemente que se sepa lo que dice textualmente. El mensaje que transmite esta novela. Cuando se ha leído es posible observar que perfila la modernidad, la modernidad que no ha sido. Y creo que hay que analizar las novelas de caballería, en especial Amadís de Gaula, como una sombra, algo que se ha ocultado, pues su desaparición no fue fortuita. Se puede comprobar cómo se deforma esta novela y a su protagonista, a la vez que en la misma época sucede lo mismo con autores de teorías filosóficas y científicas. Hay algo evidente, hoy nadie, prácticamente nadie, lee ni tiene interés por la novela “Amadís de Gaula”. Yo creo que merece la pena acercarse a ella. Quiero dejar claro que soy un admirador de la novela de Cervantes, “Don Quijote de la Mancha”, que me parece preciosa, desde muchos puntos de vista, pero no dejando a un lado Amadís de Gaula, porque lo que se hace con su abandono es limitar el espectro de la literatura, se limita el campo de reflexión de la cultura. Es como si nuestra sociedad anduviera coja. Todavía hoy la novela de Garci Rodríguez tiene mucho que aportar.
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La novela de Cervantes, don Quijote de la Mancha, es considerada la primera novela moderna de Europa occidental. A partir de la cual se dejaron de desarrollar otras formas literarias, lo cual supone un empobrecimiento de la literatura y un estrechamiento enorme de la mentalidad social. Cuando el modelo de modernidad que se ha construido a partir de esa carencia decae, aparecen análisis, estudios que aún no llegan a lo que plantea Amadís cinco siglos atrás. Hay amagos, acercamientos, reflexiones desde el psicoanálisis y desde la teoría socio política más actual, que, sin saber nada sobre Amadís de Gaula, descubren lo que se atisba en el fondo de esta obra. De ahí su conexión con la modernidad.
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Cuando alguien se decide a leer la basta obra “Amadís de Gaula”, parece que le quieren quitar las ganas de hacerlo. En la introducción a la novela, José Enrique Ruiz Doménec dice: “El sermoneo del medinés es la ruina de su obra. Encajados a la fuerza, en ocasiones sin demasiada conexión con la historia que narra… con ideas-pensamientos que suelen asaltar en forma de horribles pesadillas de una mente provinciana, como la de este pobre regidor”. Y: “… tarea inútil seguir las digresiones de Montalvo. Si su publico las acepta sin protestar, nadie debería culpar a este torpe funcionario…”.
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En la enciclopedia con la que se enseñó en España a mediados del siglo XX, editada en 1942, se lee: “La literatura sobre algunos tipos de caballería llegó a trastornar el juicio de muchos crédulos lectores, que daban por reales las fantásticas aventuras de ciertos libros de caballería. Nuestro inmortal Cervantes alumbró las influencias de estos funestos libros de caballería, al ridiculizarles magistralmente en la magnifica obra Don Quijote de la Mancha”. No cabe duda de que la novela “Don Quijote de la Mancha” salió contra los libros de caballería, pero en especial contra la obra “Amadís de Gaula”. Pero a quienes satiriza es a los que fueron influenciados por esta y otras novelas del estilo y se dieron en conquistar Las Indias, como veremos detenidamente.
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También Juan de Valdés no tolera el papel que la novela Amadís da a la sensibilidad mundana. Pero otros devotos de la iglesia católica condenaron la lectura de este tipo de libros: Luis Vives, fray Antonio de Guevara, Pedro Mexía, Diego Gracián, Melchor Cano, fray Luis de Granada y otros. Juan de Valdés escribió refiriéndose a la obra de Garci Rodríguez de Montalvo: “libro mentirosísimo, que dice mentiras desvergonzadas y tiene estilo desbaratado, que no hay buen estómago que pueda leerlo”. Otros moralistas de la época le acusan a dicho libro de ser “dulces ponzoñas” y “sermonario del diablo”. Fue calificado como nocivo para jóvenes y doncellas y “provocativos de la sensualidad”.
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Por ejemplo el año 1577, tal como recoge Guillermo Sergé, el soldado y diplomático Bernardino de Mendoza, que estudió en la universidad de Alcalá de Henares y fue miembro de la Orden de Santiago, recomiendo su libro sobre lo sucedido en la guerra de los Países Bajos “para poder dejar los de ficciones de cuya lección no se saca otro fruto que el que llevan los que se ha puesto a escuchar la corriente de algún arroyo o río siendo quedarles atormentados los oídos del ruido y haber sin fruto gastado el tiempo”. Sigue Guillermo Sergé dando datos al respecto en sus comentarios a la obra del soldado conquistador Bernal Díaz, como que “tanto los erasmistas como los contrareformistas afirmaban que la fábula, la mentira es mala per se, especialmente en los libros de caballería, porque conseguía que algunos lectores la asumieran como verdad”, algo improbable porque son historias fabuladas. Lo que hay en el fondo es acabar con lo que para ellos es inmoral. Sigue afirmando para atacar a esta literatura “porque extiende su descrédito al género histórico”. Entonces ¿la Historia Sagrada?, o la Iliada y la Odisea tan recomendadas. Y afirma que las críticas de los libros de caballería tuvo antecedentes claros con Juan Luis Vives (1529), el obispo de Toledo, Alonso de Ulloa (1548) ya que ambos especifican que “los libros de caballería incitan al AG amantes (copia)pecado y ofenden a Dios”, cuando en realidad los protagonistas de tales novelas invocan a Dios y cumplen con los preceptos de la iglesia, excepto en la fornicación. Según estos críticos a tales obras literarias “peca tanto quien las engendra como quienes las reciben con agrado”. El capitán de los ejércitos del emperador Carlos V, Gonzalo Fernández de Oviedo (1550), en su Historia de las Indias escribe al respecto aludiendo a la obra de Garci Rodríguez: “no cuento los disparates de los libros de Amadís ni los que dellos dependen”. El interprete de Carlos V, Diego Gracián (1551) en un prólogo a su traducción de las obras de Jonofonte escribe: “Las patrañas disformes y desconcertantes de estos libros (de caballería) de mentiras que se leen derogan el crédito a las verdaderas hazañas que se leen en la historia de verdad”.
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Tengamos en cuenta que Juan Valdés, erasmista que estudio en la universidad de Alcalá de Henares, fundada por el cardenal Cisneros, fue camarero secreto del Papa y activó todo un movimiento religioso para el establecimiento de la moral católica. Algo que inició el cardenal Cisneros quien también impulsó la formación de milicias activas y de gente de ordenanza, así como cuerpos dedicados a la defensa de la fe como “Los pardos” y “los lansquenotes”. Pensemos que Miguel de Cervantes nació y vivió sus primeros años de vida en Alcalá de Henares y que en 1609 ingresó en la hermandad de Esclavos del Santísimo Sacramento, cofradía a la que pertenecieron muchos autores de su tiempo. No en vano don Quijote dice en la novela: “La primera razón para desenvainar la espada y poner en riesgo su persona: defender la fe católica”.
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Observamos una serie de datos curiosos, que nos hacen ver que no fue una ocurrencia lo que llevó a hacer la obra sobre don Quijote, sino que tuvo toda una intencionalidad, con el fin de combatir las novelas de caballería y burlarse de quienes las leyeron y se vieron imbuidos por  en su mentalidad por ellas. Cervantes trabajó como camarero del cardenal Julio Acqueviva. Fue protegido por el arzobispo de Toledo. Antes de que fuera un personaje conocido hablan de él los alféreces Mateo de Santillana y Gabriel de Castañedo, comentando que Miguel de Cervantes, con fiebre quiso participar en la batalla contra los turcos: “quería morir peleando por Dios y por su rey”. Le definen como un soldado aventajado. Al volver de aquella contienda fue cuando unos piratas lo hacen prisionero quedando cautivo en Argel durante cinco años, hasta que entre familiares y amigos consiguen pagar su liberación in extremis, cuando iba a ser embarcado hacia Constantinopla, de donde ya los cristianos no volvían .
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¿Qué es lo que se quiere ocultar de la obra de Garci Rodríguez? ¿Sus batallas, sobre lo cual está luego plagada la literatura? ¿La violencia de sus escenas? ¿El idealismo, el sentimentalismo sobre lo cual luego habrá toda una corriente literaria? ¿Qué hay en esta novela que se quiere ocultar y que hoy se desconoce? El V centenario pudo ser una oportunidad para conocerlo. Y se debe enseñar en tres aspectos: a) sobre los texto de la obra. b) en relación con su contexto histórico y c) en cuanto a sus posibles significaciones como análisis de la modernidad. Yo animo a las instituciones académicas y culturales a que acometan este reto, porque considero que es necesario.
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Quisiera dar un dato, por la coincidencia cronológica y tenerlo presente, en tanto que el mismo año que se edita “Amadís de Gaula” de Garci Rodríguez de Montalvo, 1508, el artista italiano Miguel Ángel comienza a pintar el fresco de la bóveda de la Capilla Sixtina. Años después se cubre la desnudez de muchas de sus figuras.
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La obra “Don Quijote de la Mancha” se impone como modelo literario, cuya función indica el autor: “no ha sido otro mi deseo que poner en aborrecimiento de los hombres las fingidas y disparatadas historias de los libros de caballería, que por las de mi verdadero don Quijote van ya tropezando, y han de caer del todo, sin duda alguna” ¿Por qué? Pero hay algo que no dice, que también aparece paulatinamente en esta novela: su desdén  hacia los soldados conquistadores del Nuevo Mundo. Sucede desde entonces una castración de la literatura que llega a nuestros días en forma de harrys potters en sus diferentes formas y versiones y que tanto eco tienen en el público lector. La literatura ha seguido un camino en el cual ha dejado de contar cosas y de proponer nuevos paisajes para profundizar en el ser humano a través de la palabra. Hoy funciona la literatura que transita en el mundo del espectáculo mediático en busca de éxito, fama y ventas. Pero la otra literatura, la fabuladora, la que brota del verbo y el ser, sobrevive en la soledad de pequeños grupos y tertulias, sin que tenga ni una proyección ni una función social. Ese proceso que se inició hace cuatro siglos pervive en nuestra modernidad. Con la perdida de las novelas de caballería escribir y leer dejan de ser un fin, para convertirse en un medio, cuya finalidad es el triunfo sobre otras novelas, vender más, entretener, aprender. Aparece el fenómeno de hacer obras literarias y desaparece la capacidad de escribir y leer como un juego con las palabras, con las que inventar paisajes humanos. Se pierde jugar con la realidad. Hoy es muy difícil que se entienda escribir, incluso leer, sin que sea para algo.
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Miguel de Cervantes y Saavedra hace una burla de lo que es accesorio en la novela de Amadís, las andanzas, las peleas. Quiere demostrar en resumidas cuentas que la literatura de caballería es una tontería. Pero adonde llega Amadís pienso que lo ignora. La intención de esta novela de Garci Rodríguez la deja a un lado, “en un lugar de la mancha de cuyo nombre no quiero acordarme…”. Y aún hoy se desconoce completamente. Y esto es lo que quiero contar. Cierto que Cervantes explica que no quiere especificar cuál lugar concreto porque puede ser cualquiera, aparecen pueblos de La Mancha para dar visos de realidad a la ficción que narra y así dar realismo a la novela y hacerla creíble, no verificable, trasladando la realidad a aspectos psicológicos que despiertan en el lector. Y es que Cervantes juega con varias realidades. Ginés de Pasamonte, un galeote, prisionero que va a galeras, cuyo nombre y apellido coincide con el de un compañero de nave en la batalla de Lepanto, que escribe su biografía, dice a un comisario que le interpela: “pudiera ser que saliera algún día las manchas que se hicieron en las ventas...”. Lo cual da un sentido a “la mancha” muy diferente a un lugar geográfico, sino a algo que se esconde. Lo mismo que en un verso del soneto al final de la primera parte: “Nunca sus glorias el olvido mancha…”, pues tengamos en cuenta que Cervantes no da puntada sin hilo en lo que escribe. A través de su obra lanza un mensaje sin decirlo del todo, sin comunicarlo abiertamente. Al menos tal es la impresión que me da. En la segunda parte la dueña Dolorida llama a don Quijote “de la Manchísima“, lo que algo quiere decir, porque Cervantes tiene el afán de jugar con las palabras. De hecho Alonso Fernández de Avellaneda sitúa este lugar de la Mancha, de dónde es don Quijote, en Argamasilla, lugar en el que estuvo Cervantes en el calabozo.
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Cervantes construye otro proceso paralelo a la novela de Amadís, nos aparta de su esencia. Para poderlo realizar desarrolla en el personaje don Quijote el enamoramiento. Y lo hace de manera magistral. Pero separa enamoramiento y sexualidad, función esta última que ignora y saca de la literatura. Habrá que esperar a 1913 cuando es publicada la obra de Marcel Proust, “En busca del tiempo perdido” en la que la sexualidad adquiere el protagonismo con las emociones que acompañan las relaciones humanas. Y al año 1922 cuando se publica la obra “Ulises” de James Joyce, en la que interviene en la novela el cuerpo y la sexualidad de sus personajes. Y en 1934 el escritor Henry Miller, tras una gran resistencia de parte de la crítica y una parte de la sociedad, trata la sexualidad en la literatura con normalidad. Pero sin la utilidad social ni la relación con el desarrollo de los acontecimientos como propone Garci Rodríguez de Montalvo cinco siglos antes, que han sido sepultados. Don Quijote no actúa como el caballero Amadís. Es una caricatura sobre una deformación previa. El Quijote es “el más casto y valiente caballero”. Don Quijote define al caballero andante como “un no enamorado vicioso, sino platónicos continentes”; “Dios sabe si hay Dulcinea o no en el mundo”. Lo cual nada tiene que ver con Amadís de Gaula, como seguidamente vamos a poder comprobar.
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Por ejemplo en la obra “El viaje del elefante” (2009) de José Saramago se reproducen los prejuicios sobre esta obra. Alude a Vasco de Lobeira como autor de las primeras novelas de Amadís en el s. XIV, lo que se ha demostrado incierto. Pero Garci Rodríguez no hace una nueva traducción de versiones anteriores, sino una nueva visión que intensifica la sensualidad de las novelas de caballería. Sin embargo se insiste , como hace Saramago, en dar una visión romántica, etérea del amor, cuando el amor caballeresco es tremendamente sexual. Pero quienes lo conocen de oídas se agarran a la visión deformada: “verse y amarse fue un instante de deslumbramiento que permaneció intacto toda la vida”, lo que no es exactamente cierto en las novelas de caballería. Lo mismo que el caballero “andante” Amadís no quiso acabar con todo el mal del planeta para acabar la obra de Dios. Tal deformación que se reproduce en la intelectualidad impide conocer el contenido real de las obras de caballería y lo que supone su desaparición y desconocimiento.
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Don Quijote, ya al final de su aventura (pg. 1064) dice: “Ya tengo juicio y, libre y claro sin las sombras caliginosas de la ignorancia que sobre él me pusieron mi amarga y continua lectura de los detestables libros de caballería… a punto de muerte,…. no soy don Quijote de la Mancha, sino Alonso Quijano… ya soy enemigo de Amadís de Gaula y de toda la infinita caterva de su linaje; ya que me son odiosas todas las historias profanas del andante caballería; ya conozco mi necedad y el peligro en que me pusieron haberla leído”. Así la palabra “profana” la usa Cervantes en su pleno sentido: que no muestra respeto a lo sagrado.
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¿Es Amadís una novela que habla sobre los valores y actos de la caballería, como se suele enseñar? Es mucho más. Muchísimo más. Sin embargo su último vestigio lo tenemos con Lean Baptiste Lilly, compositor francés, en una ópera sobre Amadís, el año 1684.
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La figura de don Quijote se ha ido estableciendo como centro del paradigma literario moderno. Pero ha sido todo un proceso, no fue un destello al que todos se rindieran a sus pies. Y se ha ido conformando una cultura literaria y en general en la cultura una visión en pro de esta novela. En un principio no fue algo que estuviera tan claro. Pero ya nadie lo pone en duda. Lope de Vega, en una carta escribe: “hay muchos poetas en ciernes para el año que viene, pero ninguno hay tan malo como Cervantes ni tan necio como quien alabe a don Quijote”. Honoré de Balzac en su novela “Las ilusiones perdidas” cuenta que a Cervantes le llamaron “viejo e innoble manco”. Y le echa en cara que tardó diez años en lograr que publicasen su II parte. Padre Isla en una carta a su hermana, 1758, comenta sobre dejar atrás al Quijote y dice que los aplausos del libro suyo, “Fray Gerundio de Campazas”, se disputarán la preferencia a Cervantes. Lo que con el paso del tiempo no sucedió.
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La novela Amadís de Gaula fue muy leída en el s. XVI en los barcos que cruzan el Atlántico para llegar al nuevo mundo. Según el catedrático de Filología Hispánica en la universidad Autónoma de Madrd, Guillermo Sergé “”Amadís de Gaula” es uno de los libros más leídos de aquella época”. Para Mª. Carmen Marín Pina, profesora de la universidad de Zaragoza, “se trata de una obra de un éxito tremendo ya desde cuarenta años antes del nacimiento de Cervantes y que constituye la lectura favorita de la época: la misma Santa Teresa confiesa que de joven quería escribir un libro de caballerías”. Según Antonio Sancho Royo el que más se leyó sin duda en el s. XVI. No sólo en España, sino también en Italia en donde la cultura española estuvo de moda en aquellos tiempos. En larguísimos viajes se leen sus páginas en voz alta. Nombres de los que salen en esta novela se ponen a quienes nacen en el continente americano. “California”, por ejemplo, es una palabra que aparece en “Las sergas de Esplandián”. La isla California, cuya reina es la amazona Calafia, es tierra con mucho oro. También aparece en la canción de Roldán, pero se sabe que la tripulación que llega a lo que será luego California, llevaron la obra sobre Esplandián en el barco. También “Patagonia”. En diversas biografías de Hernán Cortés consta que fue un ávido lector de novelas de caballería. Guillermo Segés recuerda que en la época de la conquista es el momento álgido de las novelas de caballería, lo que desde mi punto de vista implica una mentalidad determinada. Durante esos años se imprimieron 157 ediciones entre reimpresiones y novelas originales. Bernal Díaz cita en su verdadera historia de la conquista la novela “Amadís de Gaula” porque lo ha leído y sus compañeros de armas también. Forma parte del acervo cultural de aquel ambiente y época.
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Algo que estimulan estas novelas y de manera especial “Amadís de Gaula” es la iniciativa individual. La capacidad de actuar por uno mismo como persona. Creo que se debería de estudiar la influencia de esta novela en el proceso de mestizaje en la parte del nuevo continente conquistado por los españoles, mientras que no sucede lo mismo en la parte inglesa del norte, en la que este fenómeno prácticamente no sucede. Según el historiador francés, Christian Duverger, (2013) Hernán Cortés insta a una convivencia diferente a la de la Corona, impone su visión mestiza y no la genocida que se ha practicado en el Caribe: “el México mestizo que conocemos hoy es producto de la visión de Cortés”. La lectura de esta novela, de la que Hernán Cortés y muchos de sus soldados fueron asiduos, pudiera favorecer una mentalidad que no interesó a quienes estaban organizando el nuevo mundo para los intereses del imperio. Es sabido que la lectura de la novela “Amadís de Gaula” fue lectura de los conquistadores del nuevo mundo. Es por ello que el año 1531 un Real decreto prohíbe su importación a las colonias americanas. Erasmistas y contrarreformistas se manifiestan unidos en prohibir el envío a América  libros de caballería “por tratar de materias profanas y fabulosos y fingidas a lo cual siguen muchos inconvenientes“.
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El 29 de septiembre de 1543 (poco más de medio siglo antes a escribir Cervantes sobre su personaje el Quijote) se establece la Real Cédula sobre los libros de caballería, en la que se cita expresamente el libro Amadís de Gaula, dirigida a los virreyes, audiencias y gobernadores de la Nueva España: “no los consientan imprimir, vender, tener ni llevar a sus distritos y provean que ningún español ni indio lo lea“. En otra anterior del 4 de abril de 1543 se prohíbe: “libros de romance, de historias varias o de profanidad, como son Amadís e otros de esta calidad porque éste es mal ejercicio para los indios e cosas que no es bien ocupar ni lean“. Viene de lejos querer destruir este género novelesco, al que Cervantes da el golpe de gracia. Y lo consigue. Quizá haya que recuperar esta literatura por todo lo que se ha perdido con ella.
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Me sorprendió saber que en el relato sobre la verdadera historia de la conquista de la Nueva España, que escribió Bernal Díaz del Castillo, su autor fuera de Medina del Campo, y que su padre conociera y trabajase con Garci Rodríguez y que él leyera la obra de éste, “Amadís de Gaula”. Así lo resalta Guillermo Serés, estudioso de tal escrito de 1568, quien manifiesta que fue la lectura de obras de caballería lo que le da el ánimo de la aventura a este conquistador del nuevo mundo. Califica al personaje Amadís de Garci Rodríguez como “celebérrimo” y explica que los conquistadores se asemejan al caballero artúrico muy conocidos por ellos a través de los libros de caballería, siendo en común querer extender una paz universal y la labor evangelizadora. Pero no lo relaciona con algo mucho más llamativo y relacionado con esta historia de caballeros como es su felicidad manifiesta con la india muy hermosa doña Francisca. Lo cual sí puede tener mucho que ver. No hay duda de que Bernal había leído el libro “Amadís de Gaula”, no sé si hasta el final, porque lo cita en su obra: “parecía (lo que vieron al llegar a México) a las cosas de encantamiento que cuentan en el libro de Amadís”. Cita expresamente esta novela. Si los conquistadores desarrollan una labor de extender la fe católica al Nuevo Mundo  y están motivados por los libros de caballería que hacen gala de su servicio a la fe de la iglesia ¿por qué los quieren eliminar? Alguna razón habrá y es lo que vamos a desentrañar.
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Como los nuevos pobladores y conquistadores siguieron leyendo libros de caballería sesenta años después de querer impedir su lectura se volvió a prohibir llevar libros de ficción a América, entendiendo tales los de caballería, con la excusa de no confundirlos con la Biblia. Se impide que los lleven en los barcos y que se lean este tipo de novelas. Lo que quiere decir que algo interferirían o influirían. De otra manera ¿por qué prohibirlos? Por alguna razón se hizo. Como afirma Jesús Vicente Magdalena “el mérito y el éxito que tuvo en su época Amadís de Gaula no se puede negar”. El Quijote ya llevaba circulando treinta años y los libros de caballería siguieron teniendo auge e influencia en la mentalidad de sus lectores. Por ejemplo Felipe Fernández Armesto, historiador británico, considera que los libros de caballería crearon profundas vocaciones, bien a conquistar la aventura de descubrir y conquistar nuevas tierras, como al misticismo. Si eran libros en crisis, como algunos eruditos pretenden, o en decadencia ¿por qué prohibirlos, como lo hizo otro Real Decreto que hizo que se prohibieran en toda España? Si además se ridiculizan quedarán perdidos para siempre, como ha sucedido. Si, como se dice, estaban en decadencia los libros de caballería ¿por qué se evita por todos los medios que se lean? La sustitución literaria fue la novela pastoril en la que se idealiza la realidad y en la que priman los amores etéreos. Ya a mediados del s. XVI, medio siglo antes de que se editara el Quijote, comenta Guillermo Serés, que hay un ataque a los libros de caballería y a las obras de pura ficción debido al ideario de la Contrarreforma, que se intensificó cada vez más. Ambiente en el que Cervantes estuvo inmerso.

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Bernal, como soldado, va a la Nueva España según cuenta el año 1519, de manera que en esa época todavía sucede lo que Guillermo Serés, comentador de la misma alude en cuanto que “la mayoría de los conquistadores eran lectores de libros de caballería y de los romances, que hicieron suyos algunos de los ideales difundidos por dichos géneros”, pero no sólo en el aspecto romántico o aventurero, sino en esa amalgama de religiosidad y erotismo, lo cual esto último parece que se quiere evitar en los estudios al respecto. Cuando el mestizaje proviene de las relaciones sexuales de los colonizadores con las indígenas. El primer mestizo que se admite mediante una bula es el hijo de Hernán Cortés con Melinche, Martín, la cual se casó después con Juan Jaramillo. Estando preso el gran señor de los mexicanos, Montezuma, ofrece a Cortés su hija para que tenga descendencia con ella y la “tenga por su legítima”, a lo que el conquistador español contesta que no puede, porque ya está casado. Ocho años después tendrá una hija con ella, Leonor, que se casó con quien fuera gobernador de Zacateca.
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Bernal recoge unas palabras de Cortés: “Denos Dios ventura en armas, como al paladín Roldán, que en lo demás bien me sabré entender“. Llega a decir de él el cronista de su propia experiencia, contra lo que escribe Gomera de oídas, que Cortés es travieso sobre las mujeres. Es curioso que la paradoja de las novelas de caballería de luchas, guerras y la devoción a la fe católica se mezcla con la exuberante sexualidad, con el adulterio, de manera que se levantan altares, se reza antes de iniciar una batalla, se va a misa con solemnidad a la vez que se mantienen variadas relaciones sexuales, para lo que de hecho Montezuma regala mujeres para los conquistadores como esclavas. Quitan a los indios de adorar imágenes de ídolos para que sean cristianos, pero ¿no es contradictorio? Pienso que la religión estuvo mucho más cerca de la persona que de la metafísica en aquella época. La liberalización en lo sexual sorprende, porque se hizo tabú y se impuso el silencio al respecto. Bernal cuenta sin escandalizarse, sino como algo normal, que Melinche (Marina) tuviera un hijo de Cortés y ser casada con el caballero Juan Jaramillo, que volvió antes a Cuba, “pero sirvió a su marido e a Cortés de cuanto en el mundo hay”.
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Son los propios caciques de pueblos enemigos a México quienes dan a sus hijas y sobrinas a los hombres venidos de fuera “para que fuesen por casar… porque queremos teneros por hermanos porque sois buenos y esforzados y para que de su generación tengamos parientes”. Si bien fueron pueblos que se aliaron a los conquistadores para defenderse de los mexicanos. Los conquistadores españoles las aceptaron, pero no accedían a ellas sin antes bautizarlas. Las mujeres que los caciques entregaban para casar iban acompañadas de otras para que las sirvieran. Algo que fue decisión de los pueblos nativos de allá. Cuenta Bernal que al finalizar la conquista de México los representantes de los indios capitaneados por Guatémuz, que sustituyó a Montezuma, pidieron que hiciesen volver a las mujeres que los soldados españoles hubieron tomado, muchas “mujeres e hijas de los principales”. Cortés les da permiso para que las busquen y las lleven, pero “vieran si son cristianas y si quieren volver a sus casas”, en cuyo caso “se las diesen… pero hubo muchas mujeres que no quisieron ir con padres ni madres ni maridos, sino estarse con los soldados y otras se escondieron”. Cierto que fue una situación de penuria, que muchos murieron, pero empezaron ellas a renegar de la idolatría. Y los soldados se casaron en no pocos casos con ellas. Cierto que hubo bandas de soldados que violaron y abusaron de las mujeres y saquearon los pueblos, pero fueron perseguidos y castigados.
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Hace referencia el soldado Bernal que vieron no pocos varones indígenas que vestían trajes de mujer. Que practicaban sodomías, se da a entender que entre varones, y les instan a dejar este “maldito oficio” al igual que no sacrificar a seres humanos y menos comer sus brazos y piernas, así como no adorar a sus dioses, sino a la cruz y a la imagen de la santísima Virgen María “que traerá grandes beneficios”. Sin embargo de la homosexualidad entre los cristianos nada se dice, pero si se condena es porque se practicó “como cosa de brujería”. La nombra como “torpedad” y “pecado nefando“. En este sentido se cree que fue un error esta consideración insistente porque la homosexualidad también estuvo castigada en México y muchos pueblos. No en todos.

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Bernal cuenta que veían a indígenas hacer sus necesidades sin recato, sin esconderse. Posiblemente supieron del apareamiento cuya costumbre fue con la mujer a gatas y el varón detrás, y pensaran que fue sodomía, acostumbrado el cristiano a la manera que se llama “el misionero” desde aquel entonces. De hecho el primer informe que realiza Hernán Cortés sobre las tierras conquistadas afirma “hemos sabido que todos son sodomitas”, lo que evidencia un error de apreciación, pero que responde a una primera observación errónea. La diferencia en la manera de llevar a cabo el coito conlleva mentalidades antagónicas, como es que las parejas españolas cuando hacen el amor se ven las caras, porque lo hacen con una persona determinada. Entre los indígenas es con la tribu, excepto los caciques y reyes que han de asegurar su descendencia para heredar su Poder, que lo hicieron de manera general de pie uno frente a otro. Lo cual, como mentalidad, se refleja en la propiedad de los indios americanos es de la colectividad organizada en linajes, pero no se entiende la propiedad privada a modo individual.
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Es importante analizar esta cuestión porque es el fundamento profundo del ataque a la obra “Amadís de Gaula”, por su manifiesta y clara alusión a la homosexualidad y a la conducta lujuriosa de los caballeros (y conquistadores) y que se hace en un contexto de fe cristiana muy arraigada en el autor. Modesto Costa cuenta que la caballería novelesca es santa, lujuriosa, mística y pomposa. Añade: “tiende a hacer marchar juntas dos cosas contradictorias y enemigas, los dogmas cristianos y las pasiones mundanas”. Lo cual califica de “disparates e incoherencias”. Considera al poeta Ludovico Ariosto (1474 – 1433) un predecesor de Cervantes, en cuanto a sus observaciones morales y el uso de la ironía para “romper el pensamiento caballeresco”. Este poeta italiano, que estuvo al servicio del cardenal Ippolito d’Este y del Duque Alfonso I, define los relatos tales como “tonterías caballerescas”, por lo que Modesto Cuesta  considera que junto a Cervantes abrieron los ojos de Europa. Observa Cuesta y Turel que “en 1516 existía con toda su fuerza el furor de los libros de caballería, a pesar de los esfuerzos del claro durante tres siglos por apagarlo o destruirlo”, ya que “confundían los sagrado con lo profano”, ante lo cual ni los concilios, ni las leyes lograron mermar ni un ápice la difusión de tales novelas en toda Europa.

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Sigamos con el estudio que cada vez hace más visible y clara esta visión que deduce más que interpreta, pues hay cuestiones claramente escritas por Cervantes en su primera obra que escribe como catarsis necesaria para él, porque ha sido tal su experiencia que le hierve la cabeza y necesita sacar fuera lo vivido para que deje de obsesionarle, lo que hace teatralizando todo lo experimentado, es decir bajo un disfraz. Para Johan Huizinga “el fondo de la lucha de los caballeros es un motivo sexual”; “liberar a la dama”. Para este filósofo e historiador las novelas de caballería, lo mismo que la épica hindú, con el Mahabarata (La gran batalla) como ejemplo, la mujer es el centro del pensamiento.
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Un esclavo en la obra de Cervantes, “Trato de Argel”, es llamado “muchachillo moro”. Define Argel como cueva de ladrones, para la cual pide intervenga el rey de España, Felipe II, cuando no Juan de Austria, para que lleve a cabo una pena justa por sus “continuos y nefandos vicios“. Lo cual puede dar pie a interpretar lo que quiera decirse, pero no cabe duda alguna cuando más adelante Francisco, el hermano del niño que ha sido comprado, Juan, que ha cedido a las pretensiones de los moros, dice a sus compañeros del baño (mazmorra) “o tierna edad, cuán presta eres vencida / siendo en esta Sodoma recuestada / y con falsos regalos combatida“, lo cual no deja lugar a dudas, así como su denuncia a que hubo compañeros cristianos que cedieron a tales prácticas, que luego le denunciaron a él en sus intentos de fuga. El personaje Aurelio comenta en un soliloquio que en los niños la fe (la sexualidad) no está bien arraigada, y que “las obras a cuerpo y alma tocan justamente”. A lo que añade: “El diablo torna a muchachos y aun viejos...”, lo cual hace efecto en los simples, fundamentalmente.
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No en vano el nombre con que Juan se va a llamar al cambiar de “bando” es el de Solimán, en referencia al sultán conocido como “El magnifico” en la Historia real, que a pesar de estar casado y contar con un harén, dispuso de un favorito al que nombró visir, y al morir éste se adjudicó a otro con quien compartir una pasión común. Lucas Asís Palao hace un concienzudo estudio sobre “La homosexualidad del Sultán”. Lo que es un hecho citado en escritos de la época. Así el personaje Juan le dice a su hermano “¿Hay más gusto que ser moro?”, lo cual puede entenderse que se refiere a una cuestión de fe, pero “gusto” no es lo más definitorio de tal. Cede, según el hermano denuncia a que le han labrado con regalos y que ha dado la palabra de ser “moro”, lo que una relación con un moro no le hace ser tal.
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Aurelio se pregunta “¿cómo liberarse de ese moro que le persigue, que usa mil astucias y mil mañas para su lascivo intento?”. Un moro se refiere a que “Necesidad, convertida en un personaje de la obra, defiende como “liberal” a la señora, que le dará lo que quiera (“falsos regalos”) Aurelio responde que no podrá hacer de su hidalguía sangre. Cervantes tuvo que vivir ese acoso y resistencia, porque fue cotidiano y de continuo durante su presidio. Ocasión (también un personaje) habla de “un pecado secreto, aunque sea grave cerca tiene remedio y la disculpa”, por hacerlo por necesidad. Para Aurelio es ser mal cristiano. A punto de ceder resiste al vano y torpe amor. Por otra parte en Zahara no se ve seducción, ni querer persuadirle, no es atractiva para engatusarle, sino que actúa por chantaje emocional, una propuesta de compartir lecho a las claras, sin conquista ni devaneo previo, lo cual parece más lo que venimos diciendo que una historia de amor frustrado, de un capricho que quiere cumplir. Aurelio insiste en que quiere vivir cristianamente. Mientras que Francisco se queja de que su hermano Juan (Solimán) “ha vendido su alma a Satanás”.

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En la obra “Don Quijote de la Mancha”  cuando están en la galera de Barcelona, detienen a un chico de los turcos al que pretende ahorcar el capitán, pero el virrey “viéndole tan hermoso, y tan gallardo, y tan humilde, dándole una carta de recomendación la hermosura, le vino el deseo de excusar su muerte”. Luego resultó ser una mujer y cristiana. Pero tal salvoconducto pudo ser lo que a él le salvó en las mazmorras de Argel. Un poco más adelante en la obra ésta la chica, Ana Félix, teme por su bello amado: “entre aquellos bárbaros turcos en más se tiene y estima un muchacho o mancebo hermoso0 que una mujer por bellísima que sea”.

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En el libro de la segunda parte de don Quijote de Alonso Fernández de Avellaneda, también podemos leer al respecto de boca de con Quixote, sobre “el vicioso reino de Chipre“, a la espera de alcanzar su victoria contra él: “Poner hemos hasta las cenizas (convertir en cenizas) de los míseros y nefandos Sodomitas“.
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Los españoles que mantuvieron relaciones con las indias de América se emparejaron cada cual con la suya por regla general. Montezuma bebió diariamente una bebida hecha de cacao en una copa de oro con el objetivo de tener más fuerza sexual. Lo que sobraba era repartido entre los príncipes y caciques y papas (sacerdotes) y demás alta alcurnia de su ciudad fortaleza. La bebida fue preparada siempre por un grupo de mujeres. El grano de cacao se usó como moneda.
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Quienes no quieren ver el fondo de lo que cuenta Bernal, plantean desde el mundo académico  debates fatuos, como que si fue escrito por Cortés, letrado por la universidad de Salamanca, que si se ha escrito el libro con letras diferentes, o contiene firmas que no coinciden entre sí. A poco que se sepa se ve claramente el punto de vista de un soldado, no de un capitán. Pero es que todo lo que quiere explicar esta tesis desvían la atención del busilis y, además, se cae por su propio peso. Bernal no hace citas textuales, sino que las ha oído. Es un hombre de una gran cultura oral, de un hombre viajado, que ha convivido con muchas personas y en diferentes ambientes. Es lo que se llama la cultura de “cocinero de barco”, que sin haber leído mucho sabe cuestiones diversas a las que ha prestado atención. Se observa claramente que no es una obra escrita sino dictada o hablada, de la que alguien va tomando nota. Quien no es letrado y más en aquella época da valor a su palabra, no a su firma, que varía con el momento de firmar. Y más cuando es al cabo de años, Si alguien lo hubiera querido suplantar habría imitado la firma.
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Lo curioso para lo que estamos tratando y que desarrollamos a continuación es que en marzo de 1527, el emperador de España también prohíbe la impresión, venta y posesión de las obras escritas por los conquistadores o referidas a ellos, que son confiscadas y quemadas en las plazas públicas de Sevilla, Toledo y Granada, debido a su popularidad. (Años después que la prohibición de los libros de caballería, lo que indica una cierta correlación) “Sabed que Francisco López de Gómara, clérigo, ha hecho un libro intitulado Historia de las Indias y Conquista de México, el cual se ha impreso; y porque no conviene que el dicho libro se venda, ni lea, ni se impriman más libros dél, sino los que están impresos se recojan y se traigan al Consejo Real de las Indias de Su Majestad…..”. Fecha, en la villa de Valladolid, 17 noviembre 1553. Por orden directa de la Corona la reimpresión de la historia de los conquistadores (1533) realizada por el profesor italiano de la universidad de Alcalá de Henares, Lucio Merineo Súculo, obligó a suprimir lo concerniente sobre Hernán Cortés. El libro de Bernal lo acabó de escribir el año 1568, a España llega el manuscrito el año 1575 y se edita en 1632. Pero el debate y la opinión estuvo en la vox populi durante muchos años, que es lo que hizo escribir su memoria a Bernal dadas las malas interpretaciones, lo deformado de su acción y que se reconociera como algo colectivo y no de un sólo personaje.
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Los historiadores dicen que debido a que adquirían demasiado Poder en la Nueva España, pero este poder no es tanto pues se define por las leyes entonces establecidas y hechas por la Corona. Muchos conquistadores fueron sometidos a juicios, como el mismo Cortés. ¿Fueron prohibidas sus biografías para evitar que circulase una leyenda negra al respecto? Más bien en estas narraciones es al contrario, se resalta el valor de los soldados, su gesta se clarifican fantasías y se hace hincapié en la religiosidad para defensa del catolicismo y del Emperador de quienes los conquistadores se consideran y publicitan que son vasallos del mismo, para la ocupación. En tales obras se resalta la crueldad de los pueblos nativos que sacrifican seres humanos a sus dioses y comen carne humana. Más bien su censura fue lo que dio lugar a la leyenda negra de la conquista. ¿A qué fue debida? Más allá de las excusas y las “razones” aparentes es que resaltan el sentido de lucha y esfuerzo personal, lo que es un ideal de las novelas de caballería, porque se quiere una población sumisa, que no haga aventuras de luchar contra el mismo Poder imperial, que ya tuvo levantamientos como los Comuneros, las Germanías y demás. Esta sumisión se convierte en apatía y se ha prolongado a lo largo del tiempo para reforzar lo que es el Estado.

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Por otro lado el libertinaje sexual, otra característica de las novelas de caballería, cuya paradoja o contradicción con la religiosidad apasionada sucede en estos libros y se da otrosí en los conquistadores, ávidos de relaciones sexuales con mujeres, como igualmente codiciosos de oro. Pero muchas veces la codicia por enriquecerse venía forzada por ser pobres quienes iban como soldados y para satisfacer al rey y prelados que lo exigían. Muchos soldados y conquistadores estaban casados en España, otros no, pero el mestizaje se expandió y fue comentado y reconocido, incluso para derechos hereditarios, aunque no siempre. El Poder de la iglesia tuvo que poner coto a este desmán, considerado así por la institución religiosa. Al ser algo tan común tuvieron que cortar por lo sano para que no cundiera el ejemplo, lo que el poder del rey ha de aplicar según leyes terrenales de frenar las ambiciones, etc. Como escribe el historiador Henry Kamen: La sexualidad ha sido la dimensión descuidada en la historiografía española.
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No se puede mantener que se prohibieran las novelas de caballería por ser de fantasía, cuando poco después se hizo con las crónicas de los conquistadores, ¿también de fantasía? Hay que buscar un nexo común. La iglesia con el apoyo del Estado y viceversa necesitan para ejercer su Poder eliminar las aspiraciones de libertad individual para que nadie actúe por su cuenta y ambas instituciones rijan a las personas y manden en definitiva en la sociedad, para lo cual han de reprimir la naturaleza humana, que de no lograrlo inseminan en la conciencia el pecado, el sentimiento de culpa. De esta manera queda supeditado el individuo al Poder. En la historia del cautivo y Zoraida, en la obra “Don Quijote”, se alega que el mal de los soldados españoles proviene “por los pecados de la cristiandad“. Esta creencia es algo que no se consigue de la noche a la mañana y no depende de una cosa nada más, sino que es un proceso. La novela “Don Quijote de la Mancha” da la estocada final al rematar a las novelas de caballería tras un siglo de persecuciones y descrédito, pero por temas como es la libertad sexual fundamentalmente.
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Para justificar esto que expongo baste analizar que el tercer inquisidor general de España, Cardenal Cisneros, fundó en 1499 la ciudad universitaria de Alcalá de Henares, abierta para los laicos. Con ella quiso divulgar fuera de los conventos los votos franciscanos de obediencia, pobreza y castidad. Lo cual exige una pugna entre mentalidades dentro de la iglesia. Es la primera ciudad universitaria que se instala en Europa para socializar esos valores católicos y establecerlos en la sociedad. Lo cual choca con la mentalidad de los conquistadores inspirados en los libros de caballería. No se caracterizan por ser sumisos. La iglesia y el Estado tienen que acabar con esto, por mucho que lo hubieran utilizado para extender su poder y enriquecerse. El fundamento de esta universidad es hacer que el conocimiento sea para llegar a Dios, lo cual se refleja en la fachada de dicha universidad, hoy sede del rectorado. La puerta está rodeada, igual que la fachada por fuera por el cordón la orden franciscana esculpido en piedra como símbolo de abarcar su propósito los teólogos y la sociedad toda. Serés insiste en las semejanzas de los conquistadores y los protagonistas de las novelas de caballería, pero en un sentido de lograr la paz universal y la evangelización. La cuestión va mucho más allá, caballeros novelescos y conquistadores creen fervientemente, buscan la gloria personal y colectiva y quieren “folgar en la foresta”. La novela caballeresca “Amadís de Gaula” da un paso más en este sentido. Cuenta Bernal como por las noches Cortés y otros soldados iban a “herrar” secretamente con las indias que les hubo correspondido, formando este menester parte de su labor como conquistadores. Luchar, hacer el amor y la prioridad del individuo sobre el colectivo es la intersección entre conquistador en la historia real y caballero en las historias legendarias. Algo que se quiso extirpar para lograr el Poder sobre las personas y someter su conciencia.
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Resulta esclarecedor lo que enseña la catedrática de Teoría de la Literatura, María José Vega (curso impartido en la Universidad de Alcalá de Henares, 15 – XII – 2016) que aclara que solamente una novela de caballería fue censurada: “Libro de cavallería Celestial del pie de la Rosa Fragante” (1554), la cual hace que los personajes sean las personalidades del Antiguo Testamento. Explica que censurar no es lo mismo que prohibir, lo cual me parece importante tener en cuenta. Una obra puede ser censurada, pero no prohibida o viceversa, o las dos cosas a la vez. la prohibición es un acto jurídico, mientras que la censura juzga grados de verdad y errores de fe. Sobre las novelas de caballería en general cayó una censura “difusa”, ni siquiera como “herejías menores”, sino que sus contenidos fueron considerados más de tipo moral, pero no inquisitorial. La inquisición se ocupa de temas teológicos, no de asuntos de confesionario. Especialmente en España. Lo que permitió cierta laxitud en la publicación de estas novelas. las prohibiciones las realiza el poder político por intereses propios. hasta el punto que por cuestiones estratégicas en España se asumieron más las pautas censoras de Lovaina que de Roma.

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Como cuestión anecdótica, cuenta María José Vega, que Fray José de Jesús María (1700 – 1764), en su “Tratado sobre la castidad” manifiesta que al leer la novela de Amadís le tortura el pensamiento cuando recuerda cómo las damas acceden a los favores de los caballeros con cierto desorden moral.

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Para los conquistadores la fe es una seña de identidad, pero es una fe instrumental, para lograr sus objetivos y sirve como bandera de sus conquistas y justificación. Son ambiciosos en desear riqueza y luchar a muerte por ésta, pero para todos, no sólo para los ricos y para los que se hacen cargo del Estado. Practican la lujuria dentro de una sana humanidad, no abusando por la fuerza ni contra la voluntad como se quiso generalizar para desacreditar al conjunto de ellos. El soldado que participa en la conquista de México, Bernal Rodríguez de el Castillo en la semblanza que hace de Hernán Cortés, ávido lector de la novela “Amadís de Gaula, lo describe a su capitán con estas palabras: “era en demasía dado a mujeres e celoso de guardar las suyas”. Son los valores contrarios a lo que se fraguaba dentro de la iglesia. El Poder necesita un pueblo que domine sus pasiones para ser dominados, dejando que los poderosos sean unos crápulas, como tanto rey católico y padres de la iglesia, que abundaron en el adulterio y el exceso sexual, a la vez que mataban a quienes no profesasen el catolicismo. El enriquecimiento también fue muchas veces la excusa y el medio de comprar voluntades por quienes realmente actuaron motivados por un deseo innato de aventuras empujados por el espíritu caballeresco que tanto ridiculiza el casto de don Quijote. Es necesario tener en cuenta este fondo, porque de otra manera no se entiende la obra que abre el camino de la literatura moderna, y todo lo que ello va a significar.
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Miguel de Cerbantes (firma con la letra “b) fue excomulgado dos veces por querer cobrar los impuestos a la iglesia por estar obligada a ello. Otras tantas el arzobispo de Sevilla le devolvió la comunión. Encontramos muchos indicios que apoyan nuestra hipótesis, en tanto que trabajó para la iglesia en Roma, a pesar de haber la sospecha de ser de familia judía. Tiene que llevar un certificado de limpieza de sangre. Lo que sí es seguro es que fue “cristiano nuevo”. También fue espía de Felipe II durante varios años en Orán.  Quiso ir a América, para lo cual solicita el cargo de gobernador de Socomusco, pero se lo denegaron.
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Su vida conyugal fue también contradictoria. Se casó a los treinta y siete años con Catalina de Salazar, viuda con veinte años. Un mes antes parece ser que tuvo una hija con Ana Franca, mujer casada, que cuando enviudó Cervantes dio a su hija su apellido Saavedra. Catalina fue una mujer muy religiosa hasta el punto de hacerse de la orden seglar de san Francisco, yendo en hábito a pesar de ser una mujer casada. Un pariente suyo se llama Alonso Quijano, hombre aficionado a leer novelas de caballería, en quien se dice se inspiró Cervantes como modelo inicial de su personaje.
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Si Cervantes pone en juego su vida y su espada por la cristiandad, no será menos su pluma. Todo escritor es una persona de acción, viene de esa experiencia, hasta el punto de que escribir para él forma parte de esa lucha que le insta a batirse con la realidad. Así sucede para los escritores de la literatura, no cualquier compositor de historias escritas. Lo vemos igual en la inmensa mayoría de grandes autores. Se educa en un ambiente de fanatización de la sociedad. Nace el mismo año en que es creada la Santa Inquisición, lo cual no quiere decir nada, pero sí que vive su infancia y juventud en un ambiente de gran intensidad religiosa y en el fervor de la persecución por causa de la fe. Combate una atmósfera social que no se doblega a los cánones y valores de la iglesia católica, apostólica y romana. No es de despreciar como contexto biográfico que fuera enterrado con el hábito de los franciscanos, lo que no fue usual entre los soldados ni escritores.
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Considero que escribe, y así lo dice, en contra de las novelas de caballería y para acabar con ellas. Su obra “Don Quijote de la Mancha” fue además utilizada permanentemente para tal fin y lo hace en clave de humor y y con una destreza literaria que no tiene parangón. Se ha logrado sacar del mapa literario tales obras que él combate. Se usó de manera propagandística y de ahí la sobre dimensión a la hora de valorar esta obra, pero de manera sesgada. Lo mismo se hace a través del cine para crear una mentalidad proclive a la nueva potencia económica desde Hoolywood. O cómo la novela “La pícara Justina” se escribe con una intención moralizante, que reconoce el autor, describiendo ambientes amatorios y pícaros con el fin de desprestigiar y desaconsejar tales valores y prácticas. Las novelas ejemplares tienen también esta función, de servir de ejemplo para la virtud.
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Cervantes arremete contra su mismo espíritu caballeresco de juventud. Por eso lo combate desde dentro, porque vivió la pulsión del enamoramiento. Su apasionamiento juvenil le hizo batirse en duelo con Antonio de Juan Segura, lo que le hizo huir de Roma por las heridas que ocasionó a su contrincante, lo cual estuvo penado con cortar la mano derecha. Afirmó Cervantes que por la honra se puede y debe arriesgar la vida. A lo largo de su vida dejó de ser un aventurero, un caballero, para ser un soldado. Y como tal escribe. No se puede olvidar esta faceta del apego cada vez mayor a la fe católica y su ser soldado. Y un enemigo a combatir además de los moriscos fueron las obras de caballería, en especial “Amadís de Gaula”, pero no sólo por ellas mismas, sino por sus consecuencias.
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En la recopilación de cartas de Padre Isla se cuenta que en los trasnochos castellanos, reuniones en los establos (en León se hicieron en las cocinas con el nombre de “filandón”) fueron frecuentes las lecturas colectivas, sobre Alejandro Magno y caballeros de la Tabla Redonda. Fue costumbre en Suramérica la lectura en alto de novelas durante el trabajo en las fábricas. Por ejemplo en una fabrica de puros en Cuba, gustó tanto la novela de Dumas, “El Conde de Montecristo”, que pidieron al patrón que diera ese nombre a una marca y de ahí viene la que es tan conocida hoy día. Las novelas de caballería fueron contadas y leídas colectivamente como una costumbre que perduró después con otros géneros literarios.
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Fue la novela del Quijote la que da la puntilla a la novela Amadís de Gaula, pero hubo todo un proceso previo y también posterior que no debemos pasar por alto. Las prohibiciones no lograron su objetivo: que las novelas de caballería dejaran de leerse y de imprimirse. Los místicos de la época quisieron reconducir el espíritu heroico de las novelas de caballería a una orientación religiosa, lo cual formó parte de todo un proceso sistemático de manipulación de las novelas de este género. El año 1511 aparece en Castilla la corriente de alumbrados, contra los que actuó la Inquisición (edicto de Toledo 1525) No sólo posteriormente se ha manipulado el contenido de la novela cumbre de la caballería, como cuando se lee sobre esta novela “Amadís de Gaula” en determinados estudios que el amor entre su protagonista y Oriana “es un ejemplo de idealismo y neoplatonismo”, siendo totalmente lo contrario. ¿Por qué se prohíbe ésta y otras novelas de caballería?, ¿por su platonismo? Hay quien alude a la decadencia de las mismas, pero no plantea la persecución y censura a la que fueron sometidas esta obras.
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Hubo un proceso de tergiversación de este de las novelas de caballería a través de la literatura con una intención moralizadora, lo cual culmina con la obra de Cervantes “Don Quijote de la Mancha”. Es decir no es un proceso aislado de esta novela. Unas pléyades de novelas quieren orientar el modelo novelesco de la caballería a lo divino: “caballero del sol” (1552) de Pedro Hernández de Villumbrales; “La caballería celestial al pie de la rosa fragante” (1554) de Hierónimo san Pedro; “caballería cristiana” (1570) de fray Jaime de Alcalá, y otras muchas. A partir de 1605 el Quijote de Cervantes logra este objetivo. Quedan otras creaciones literarias de tipo popular mediante la novela picaresca que van de “La Celestina” de Fernando de Rojas, “La Lozana andaluza” (1528) de Francisco Delgado; “Comedia Florínea” (1554) de Juan Rodríguez Florián, autor de Medina del campo; “Comedia Selvagia” (1554) de Alonso Villega Toledo, etc. Como se recoge en la enciclopedia Durvan: “Acabar con las novelas de caballería fue empresa que estaba destinada a Miguel de Cervantes, quien publicó su Quijote de la Mancha, en la que parodia la literatura caballeresca de manera que el género quedó totalmente desacreditado… Cumple el propósito tantas veces repetido por Cervantes…. Logró lo que no consiguieron moralistas y autores con razonamientos”.
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¿Por qué hace esto Miguel de Cervantes? Es imposible saber las motivaciones profundas, ni siquiera las conscientes, pero hay una serie de datos documentados que es necesario tener en cuenta. Desde mi punto de vista la reacción de Cervantes es muy similar a la de el inquisidor Tomás de Torquemada, quien expulsó a los judíos proviniendo de una familia de judíos conversos. La fuerza del converso es que conoce lo que quiere eliminar, necesita acabar con ello desde dentro, porque de esta manera acaba con su culpa. Es necesario tener esto en cuenta. No porque Miguel de Cervantes procediera de una familia judía de Córdoba, vendedores de paños, que a veces eruditos de la obra del Quijote han querido asociar a este hecho lo de la Mancha, en un lugar de la Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme, ¿por qué no quiere acordarse, de algo que evidentemente sabe? Pensemos que define de antemano a don Quijote de ingenioso caballero, cuando pudo decir del loco o desfasado don Quijote, como hizo Avellaneda, pero el autor original va a actuar astutamente y como un caballero coge su pluma y va a escribir ingeniosamente. ¿A qué se refiere esa Mancha?, ese paisaje humano del que él forma parte, que quiere acabar con él para eliminar un sentimiento de culpa, puede ser otro que tiene mucho que ver con lo que se elimina con la obra Amadís de Gaula. Tal como ha estudiado y recogido documentos administrativos e históricos, Antonio Rey Hazas, catedrático de Filología Hispánica, y reconocido cervantista, una tía por parte de padre de Miguel de Cervantes intercambio relaciones sexuales por dinero, y también su hermana, quien recibía compensación económica por mantener relaciones sexuales. Pero más aún, cuando vivió Cervantes en Madrid con su mujer, hija y más familiares, a poco de haber publicado la primera parte del libro de don Quijote, murió asesinado a las puertas de su casa un hombre, Gayos de Ezpeleta, lo que luego se demostró fue un problema de infidelidad de este con la esposa del asesino, pero en un principio se pensó que pudiera ser Miguel de Cervantes quien le mató, que ya había estado en la cárcel. Lo interesante para lo que estamos viendo es que en las actas judiciales aparece que en su casa entran caballeros de noche y hay escándalo, uno de ellos Simón Méndez amancebado con Isabel, que es la hija de Miguel de Cervantes. Actividad ésta que también ejerce una prima de ésta, Constanza. Las mujeres que conviven con Cervantes se dedican a “cortejos ajenos al tálamo con compensación económica”. Y es en tal ambiente en el que Cervantes escribe su novela en la que sucede el alejamiento del amor carnal total y absolutamente.
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Pero hay algo más atrás en su vida que le corroe y que tiene que ver con lo que aparece en las novelas de caballería, las relaciones homosexuales entre enemigos, algo que a él le preocupa según escribe en sus primeras obras de teatro. Va a escribir ingeniosamente, va a luchar como un caballero, sin decir nada, no quiere acordarse del lugar de su mancha, cuando frente a las costas de Catalunya, al volver de la guerra de Lepanto, su embarcación, la galera Sol, va a ser apresado junto con su hermano Rodrigo y el resto de la tripulación por una embarcación musulmana y es vendido como esclavo a Dalí Mamí. Estando preso intentó escaparse un total de cuatro veces, haciéndose responsable de tales fugas, sin ser represaliado, cuando otros murieron empalados o recibieron castigos como doscientos latigazos, que a él no le dieron. ¿Por qué?, se ha especulado mucho al respecto, pero hay una serie de concatenación de hechos y de testificaciones que apuntan que Miguel de Cervantes fuera homosexual, que tuvo que ejercer tales prácticas para sobrevivir en el cautiverio. Otra hipótesis pudiera ser que para sobrevivir actuase como topo para boicotear las fugas. Pienso que no a ambas conjeturas, a pesar de que haya quien argumenta que el precio por su liberación en el mercado de esclavos fue más del doble del precio de su hermano y otros esclavos, lo que hizo más difícil su liberación, que tardó cinco años y tuvieron que acudir a una cuestación pública los hermanos trinitarios encargados de dicho cometido. Por otra parte su hermana y otras familiares femeninas pusieron dinero gracias al oficio que ejercieron. Está documentado que Miguel de Cervantes fue comprado, por 500 escudos de oro, antes de ser liberado para volver a su patria, por Hasan Bajá, que fue luego rey de Argel y muy conocido por ser un notorio sodomita de la región. Hay documentación escrita de la acusación formal de Juan Blanco de Díaz, sobre que Miguel de Cervantes y Saavedra realizó cosas viciosas y sucias, así como tener trato y familiaridad con los musulmanes. Lo unico que indica es que el tema estuvo presente en su vida, fuera cierto o no.
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Algo parecido, aunque en otro sentido y de manera lúdica y llena de erotismo, aparece en la obra Amadís de Gaula, que él hunde para lograr con ella el olvido y el desprecio, ¿por un sentimiento de culpa y de convencerse a sí mismo de su conversión para repudiar aquello que se vio obligado a ejercer? Quizá fue acosado, y que en su primera obra, un guión de teatro: “El trato de Argel”, que se anunció en el mismo libro como una experiencia del autor: “Hecha por Miguel de Cervantes quiestuvo cautivo en él siete años”. Cuenta lo que le sucedió, pero, lo mismo que hace Proust en su obra “En busca del tiempo perdido” que cuenta su pasión y celos del protagonista por Albertina, cuando es lo que siente el autor por una pareja del mismo sexo con quien mantuvo relaciones. De la misma manera podemos ver que Cervantes usa tal recurso, pues es una intriga de deseo de un amo sobre su esclava y de un gobernador, señor de un esclavo, Yzuf y Zahara que se apasionan y desean mantener relaciones respectivamente con su esclava él y con su esclavo ella, Silvia y Aurelio respectivamente. Resiste, no le mata, ni obliga, sino que, por lo que dice de Zahara, pretende: “gozar de su vencimiento”, en la que la pareja cristiana resiste con ayuda de Dios y encomendándose a la Virgen María. De ahí venga la animadversión de los excesos sexuales de las novelas de caballería y a la conducta lujuriosa de los conquistadores. Es muy importante tener esto encuenta porque va a ser lo que pudiera influir en que rechace plenamente y anatemice la obra de Amadís de Gaula y en general las novelas de caballería.
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Analicemos lo que cuenta en “Tratos de Argel” en este sentido, que insisto, pienso que camufla lo que vivió, pero que lo cuenta de alguna manera. Por eso lo escribe, igual que para denunciar que no se dediquen los esfuerzos en liberar a los 15.000 prisioneros españoles cristiano. En lo que nos concierne Yzuf afirma ante “Silvia” “yo no quiero de ti / sino que quieras de mí / ser servido y respetado”. Le preguntan a Silvia si querer a un moro es pecado. ¿Lo es que una mujer quiera a un hombre? Silvia responde que es cosa reprobada y que para las cristianas no está bien. Pero ¿amar a una cristiana un mahometano?, porque por estar casado, tienen la disposición religiosa de casarse con varias mujeres. Sin embargo en “Los baños de Argel” leemos de uno de los personajes: “amar a cristianos moras /eso verse a todas horas”. No da la intriga amorosa para tanto drama moral. Aurelio plantea que no tiene desdichado como al que llega al punto deseado sin fe y traidor el mancebo cristiano al torpe vicio para esta gente. No podemos entender que sea “torpe vicio” una relación heterosexual, pero así es como llamaban la práctica de la homosexualidad, y “pecado nefando”, que justamente para que Aurelio ceda a su “señora” Zahara, Fátima, criada de ésta, hace conjuros al diablo. El mismo demonio, que interviene en la obra reconoce que no hace falta tal pues la necesidad con paciencia la desata la ocasión, ya que no tiene resistencia la pasión. La relación homosexual sí, más cuando no se siente atraído por ella a quien se lo solicita. Que reconoce con “Aurelio” “tiene estrecheza”. Disfraza así el acoso en una doble posición que le permite contar sin decir nada al respecto, en el doble acoso de Ysuf a Silvia y de Zahara a Aurelio, siendo matrimonio los amos y esclavos amantes los receptores de sus deseos libidinosos. Lo cual se enmarca como una relación del demonio. Cervantes coge al personaje Yzuf que es un español que se hizo corsario de Argel, e invierte su papel. En lo que cuenta está el silencio. Ante la presión que él vive se dice en la obra: “estos rapaces cristianos / al principio muchos lloros / y luego se hacen moros / mejor que los más ancianos“. Cambiemos “moros” por “sodomitas” y encontramos coherencia con lo vivido por el autor, que no consta en ningún lugar que allá tuviera amor femenino ni se relacionara con mujeres. Una madre cristiana en la obra de teatro se despide de su hijo, le advierte que mantenga la fe a toda costa y que no guste de “regalos” que le muevan a dejar a Cristo por seguir al pueblo moro.

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Al comienzo de la obra de “El trato de Argel” leemos: “No de la imaginación / este trato se sacó / ya la verdad la fraguó / bien lejos de la ficción“. Usa la historia de amor como disfraz de lo que realmente quiere contar, sin hacerlo directamente, pero sí de una manera clara. ¿A qué otra verdad se refiere? En la obra de los baños vuelve a incidir cuando Hazén mata a Yzuf, personaje cuyo nombre mantiene de la anterior pieza teatral: “llevas buena esperanza / a los lagos de Sodoma“. el personaje Bajá pregunta por la belleza de los cautivos. Y dice otro personaje “De Mahoma la torpeza”, que es como se refiere a la sodomía: torpeza, nefando. Algo que Cervantes tuvo que ver y vivir de alguna manera, como acoso fundamentalmente, según refiere en sus escritos. Leemos en boca de Francisquito: “No pienses que he de ser moro / por más que aqueste inhumano / me prometa plata y oro / que soy español cristiano”. Otro personaje, Cadi asegura: “… blasfemo / seré del mismo mahoma / si estos rapeces no doma”. De dos hermanos comprados en el mercado de esclavos, uno no se hace “moro”, el otro tal como cuenta un personaje mediante promesas y amenazas, esa prenda del bautismo, se deja circuncidar por su gusto y albedrío. Toda una metáfora que da forma en otros versos, que en no pocas ediciones se suprimen del texto original: “¿Dónde encendió este fuego, / que tiene entre burla y juego, / el alma ceniza hecha? / De mahoma de esa flecha / de cuya fuerza reniego / Como cuando el sol asoma / por una montaña baja, / y de súbito nos toma / y con su vista nos doma /nuestra vista y la relaja / como la piedra balaja / que no consiente carcoma, / tal es su rostro, Aja, / dura lanza de Mahoma /que las mismas entrañas raja”. Por si quedara alguna duda hay que saber que la “piedra balaja” refiere a la que se pone en sortijas para reprimir los movimientos de la carne a deshonestidad, contra las imaginaciones y tristezas.

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En la obra “Don Quijote”, su pretendido autor dentro del libro es Cide Hamete Benengueli, siendo este apellido que significa “berenjena”, y en un momento dado el protagonista de la Historia dice “a todos los moros les gusta la berenjena“, sin tener un sentido gastronómico en el contexto, un juego de palabras al que alude más de una vez. No quiere decir nada, pero sean apuntes para la reflexión de una obra insigne a la que se quiere disecar en los tópicos sin entrar al fondo.

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En la obra don Quijote retoma el tema de manera algo autobiográfica con la historia del cautivo, como si quisiera dejar alguna pista sin decir nada explícitamente. Ante un amo moro cruel que corta orejas, empala a prisioneros cristianos “sólo libró bien un soldado español llamado Saavedra el cual con haber hecho cosas que quedarán en la memoria de aquellas gentes por muchos años y todo por alcanzar la libertad“. Zoraida se quiere escapar con el cautivo porque al haber tenido una esclava cristiana se ha convertido a esta religión. Su padre cuando le dejan en una isla al descubrir la huida de su hija la echa en cara que no es por haberse convertido a esa religión  de la virgen María, Lela Marién, sino porque España es tierra en que usa la deshonestidad más libremente que en su tierra.

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Otro aspecto autobiográfico, dentro de una hipótesis razonada, es cuando el canónigo habla con el cura, mientras que llevan a don Quijote en una jaula, que hace una disertación sobre las novelas de caballería. Dice que ha leído muchos libros de caballería, pero sólo el comienzo, sin terminarlos. Tal es la impresión que me ha dado de Cervantes, quien recogió mucho de tópicos y de oídas, cuando la cultura oral fue tan importante o más que la escrita. No creo que llegara al final de la obra de Garci Rodríguez, ni de otras. Fue, sin embargo, un gran lector de comedias y en parte de filosofías. Pero esto no se puede saber, es una impresión. El canónigo relata más la crítica a los libros de caballería definiéndolos como lascivos, o no creíble que “una reina acabe en los brazos de un andante y no conocido caballero”, por lo que considera que “hay que desterrarlas de la república del cristianismo”. Por otra parte ve aspectos positivos en este tipo de literatura, pues el autor puede explayarse e intercalar diferentes géneros y estilos en una misma novela. Es importante tener todos estos datos en cuenta para entender la inquina hacia la obra “Amadís de Gaula”.

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Un dato más que pudiera ser autobiográfico es cuando el canónigo confiesa que hubo comenzado a escribir una novela de caballería, hasta cien páginas, pero que dejó de hacerlo al no ver su sentido, sobre todo moralizante, sino ser sólo para entretener. En esta parte Miguel de Cervantes habla de dos novelas suyas, “Numancia”, que hubo sido representadas años atrás de que escribiera su gran novela y “Rinconete y Cortadillo” que publicaría años después. Por eso no es descabellado pensar que pudo haber comenzado una novela de este estilo y acabó haciendo una parodia de la misma. Hace así un análisis de la comedia de la época, con referencias admirativas a Lope de Vega, pero se queja de que son realizadas sólo para entretener, de manera que propone “hacerlas ordenadas”, que sean imagen de la verdad como requiere el clásico Tulio, dice el “canónigo,”  y añade: “contra el vicio”. Se considera un enamorado de la virtud, pero no culpa a los poetas de esta deriva de sus obras, sino que “se han hecho mercancía vendible” y de otro modo no se las compraría ningún marchante de la cultura”.

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Cervantes cita un nombre que fue el corsario jefe de la nave que le hizo prisionero a él. Le hace ser amigo del padre de Zoraima y dice que aquél que es “buscador de todas las yerbas, para hacer ensalada”; “venía a buscar ensalada”. Cuando el padre de Zaraida la encuentra abrazada al cautivo dice: “entró en el jardín para buscar las yerbas”, que en una ocasión que lo vuelve a repetir entrecomilla esta palabra “yerba”, como si diera a entender algo. Cuando se va dice “volveré por yerbas a este jardín, en ninguno las hay mejores para ensalada”, cuando no hay ningún contexto gastronómico ni botánico al respecto.
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Esta lucha para la relación con nuestra naturaleza vino de lejos, lo cual no se quiere dar a conocer, sino que “supone” que es algo hecho, fruto de una evolución social y no como consecuencia de imponer unos criterios. No es únicamente con Amadís de Gaula, sino que un siglo antes hay otro libro cuyo contenido está absolutamente tergiversado en la actualidad, el libro, escrito entre los años 1330 y 1343, “Buen Amor” de Juan Ruíz, el Arcipreste de Hita, del cual Claudio Sánchez Albornoz en su libro “España, un enigma histórico” afirma: “El Arcipreste sonreiría si pudiera leer las sutilezas interpretativas con que los críticos han bordado un nuevo y maravilloso “Buen Amor” que nunca fue escrito, porque lo que se dice de él ¡es mentira! y mentira lo que se enseña en los institutos sobre esta obra, que se dice es moralizante, cuando tal moral es una ironía permanente, pero ¿qué ocultan los tergiversadores?, la sexualidad, el disfrute de la sexualidad”. Un libro que el Arcipreste, sacerdote encargado de dirigir y administrar varias parroquias, escribió en román paladino, en el que el vulgo fabla a su vecino, para que fuera entendido por el pueblo llano y con tal intención lo hizo, a lo que algunos alegan que no lo escribió en latín porque no lo supo bien.
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Podemos leer en el libro del Buen Amor: “En la cama loca, en casa muy cuerda / no duda tal dueña más d’ella te enamora. / Si fueras fría, si demande cuanto barrunta / al nuevo drise sí, atal muger te ayunta”. Es una obra muy sensual incompatible con ser moralizadora, pues enfrenta el amor loco, el pasional, al buen amor, casto y comedido, y cortés, que es precisamente de lo que se burla. Si bien pone un velo de ver que las historias amorosas acaban mal a veces porque el autor ha de disimular lo que descubre para conseguir su publicación, con una coletilla repetida que dice “mira lo que no hay que hacer”, con el fin de enseñarlo, pues su intención queda clara y es lo que se lee, tal como comenta Claudio Sánchez Albornoz: “Iluminó la gran comedia humana de su época y se burló de la vida religiosa, de las prácticas piadosas, de los ejércitos y batallas, de la justicia y hasta del mismo buen amor”. Llega a exculpar al pecado “è ama el buen amor que no es el de Dios“. En su época le llamaron al orden, pero en la actualidad se ignora su contenido, se pasa de largo, cuando es importantísimo ver y analizar el retraso que supuso acabar con la literatura real, la de los sentimientos y actores reales, no la palabrería que inventaron para fabricar un tipo de ser humano  incompleto.
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A través de su obra se ve a Juan Ruiz, el Arcipreste, una persona sensual, alegra y amador de la vida. Cita a Aristóteles para decir que el mundo trabaja por dos cosas, por la mantenencia y por “aver yuntamiento con hembra placentera”. En aquella época, casi un siglo antes de ser publicada la obra de Garci Rodríguez de Montalvo, los sacerdotes escriben sobre el amor carnal sin tapujos, aunque hubo un debate al respecto que ya desde entonces sectores de la Iglesia quisieron tener el control absoluto sobre sus miembros activos y luego sobre los demás creyentes, de ahí la discusión entre don Carnal y doña Cuaresma, de la cual se burla el Arcipreste, quien describe escenas de amor cortés como forma de hipocresía social, defendiendo el “amor loco”, que es el amor carnal, la pasión como disfrute de la vida.
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Para que no haya dudas sobre interpretaciones Juan Ruiz protesta del hecho de que desde Roma se quisiera extender la doctrina del celibato, cuyo triunfo apoyado en el arte y la cultura, ha producido una de las más grandes patologías sexuales de carácter colectivo, la pederastia cuyos casos que se han hecho visibles son la punta del iceberg. Hubo en el clero una tradición de barraganía, según la cual los sacerdotes podían convivir y mantener relaciones con una mujer, con unos fueros que evitasen hacer ostentación, ni casarse, aunque tuvieran hijos, sobretodo para que la herencia de los sacerdotes pasara íntegra a la iglesia. Fue una cuestión económica y de Poder. La relación del clero con mujer fue la manera saludable de satisfacer los impulsos biológicos y no deformarlos en monstruosas prácticas con menores. Se llegó incluso a prohibir la masturbación, el “vicio solitario”, que Juan Pablo II aceptó que no fuera pecado mortal para los sacerdotes consintiendo de esta manera un desahogo, pues no pocos casos hay documentados sobre la castración de monjes hqdefaultpara evitar tan grande y permanente tentación, “si tu mano te hace pecar arráncatela”. La ley que regulaba tener una barragana se quiso abolir sin lograrlo en el Concilio de Valladolid el año 1228, pero se trabajó desde dentro de la curia en este sentido insistentemente hasta conseguirlo dos siglos después. En la misma ciudad otro Concilio el año 1322 hizo unas medidas contra la inmoralidad literaria, empeño en el que no cejaron hasta conseguir canalizar los sentimientos de las personas a sus intereses.
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Es necesario entender el contexto en el que se escribe y divulga la obra de Cervantes, como escritor de su tiempo, para entender por qué estorban las novelas de caballería y para qué se quiere eliminar su influencia. No es algo, como vemos, que surja de repente, sino que se fragua con el tiempo. El año 1450 el Papa Nicolás V decide enmendar las costumbres de la iglesia, empezando por las órdenes monásticas, así como una renovación espiritual, lo cual va a ser todo un proceso que durará siglos. El año 1433, Nicolás de Cusa hubo escrito “De concordentia Catholica, sobre la unión de los católicos”, fundamentalmente entre el emperador y el papado. Lo hizo como informe para el concilio de Basilea. Plantea quien luego fue cardenal y se consideró una especie de vice Papa, una tesis reformadora para preparar una reforma del mundo, pero reconoce que “la iglesia jamás había llegado a tanto desastre como en el que se halla”. Plantea  que el  Papa pueda ser depuesto y que ha de estar obligado a obedecer los decretos reformadores, lo mismo que los reyes que se digan católicos están obligados a las leyes de la fe. Dice en su obra aludida: “En el cuerpo de la iglesia está la deformidad, pero no habría deformidad si no hubiera exceso o abuso; y cuando la cabeza está enferma  duele todo el cuerpo”. Planeta prohibir mezclar lo espiritual con lo temporal. Para ello plantea “reprimir y expulsar los adulterios y robos: todo arrancado de raíz y hacer que se guarden las fiestas divinas“; “si somos tibios y nos encenegamos en las viejas y corrompidas costumbres llegará el fin de nuestro sacro imperio”, lo cual le lleva a exigir que se supriman los malos caminos que han introducido en la iglesia las pasiones, la ambición y la avaricia. Lo que trataron las altas dignidades de la iglesia se propagó en la sociedad desde los púlpitos para influir en la conciencia, la conducta y la mentalidad de los creyentes, la inmensa mayoría.

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Johan Huizinga observa que las disputas de la iglesia también se van a llevar a la literatura. Sería su capacidad como la de los medios de comunicación hoy en día. Dice: “la literatura ejerció una influencia normativa sobre la vida erótica”. Los torneos fueron luchas para poseer a una determinada dama, fueron juegos con una recompensa erótica, hasta tal punto que el año 1389, y de ahí en adelante, Dionisio, que luego fue santo,  defendió la prohibición de los mismos, y no precisamente por ser violentos. Lo que la iglesia no logró con prohibiciones contra las “lascivas licencias” y las “obscenidades epitalámicas”, para suprimir por completo la antigua concepción del amor (erótico) recurre al ámbito del arte y de la cultura. Lo que ironiza Cervantes con su obra es a los conquistadores, que representan el prototipo de los protagonistas. Falsificó el amor caballeresco para desde la ficción construir un amor “real”, aunque inalcanzable, pero que ha de darse dentro del sacramento del matrimonio, que no fue sacramento (como algo espiritual a modo de una gracia de Dios)  hasta el s. XIII, en el concilio de Letrán de 1215. Hasta ese momento la iglesia no interfirió en las bodas, sino como corolario de la boda. Al ser sacramento se tuvieron que elaborar las reglas canónigas para la celebración.  “Lo que Dios une sólo Dios lo puede separar”, es un principio judío, que permite el repudio. El propósito de la novela “Don Quijote” no fue nuevo, sino la culminación de otros intentos tanto en la literatura como en el marco jurídico.

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En el terreno literario se estaba dando una batalla en este sentido, de ahí la importancia dada a la obra de Cervantes, porque ensombreció las demás, las que estudio Antonio Cortijo Ocaña (2002) circulan sobremanera durante los siglos XV y XVI sobre el deleite amoroso de monjas y clérigos. Obras como “Tratado y despido a una dama de religión” de Francisco de la Torre; “Fuentesol” de fray Melchor de la Serna, en el que cuenta de una casa de monjas en las que se practica el amor carnal; “Diálogo de las mujeres” de Cristóbal de Castillejo. Así como recoge canciones populares con letras que dicen: “Cuando chiquita / yo entré en un convento / de tanta alegría / yo me quedé dentro…”; “Dice mi madre que me meta monja / que me dará fraile cuando yo lo escoja”; “…en el convento me quitaron el cabello / que yo lo quería dejar a mi novio de recuerdo“.

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En la que se considera la primera novela de amor del mundo occidental, “Tristán e Iseo”, s. XII, observamos los pilares de la novela de caballería: amor, lucha y sexualidad. A partir de la novela de Cervantes la sexualidad se supone, aparece implícita, o sea incluida en las historias añadidas, pero no se manifiesta, queda ausente, siendo el centro sentimental la castidad enamorada del protagonista. Grandiosas novelas sobre la complejidad de los sentimientos tienen posteriormente la carencia de la sexualidad, que se da por supuesta. Desde “Madame de Bovary” de Falubert a “Anna Karerine” de Tosltoi, “La Regenta” de Clarín, “Los hermanos Karámazov” de Dostoievsky. En la novela “Fortunata y Jacinta” de Galdós al menos hay una imagen erótica que disimula esta carencia cuando Juanito ve a Fortunata tomar claras de huevo. Por regla general las imágenes sexuales desaparecen de la literatura de manera general con el fin de la literatura caballeresca, si bien quedaron excepciones en la literatura marginal. Y no es algo a interpretar, sino que el sentido moralizante lo declara Miguel de Cervantes, como intencionalidad de lo que escribe, en el prólogo del conjunto de relatos “Novelas ejemplares”: “… los requiebros amorosos que en algunas (novelas ejemplares) hallaras, sin tan honestas y tan medidas con la razón y discurso cristiano, que no podrá mover a mal pensamiento...”. Un dicho muy popular de aquella época en que escribe fue “la cruz en el pecho / el diablo en los hechos”, a lo que hubo que poner remedio, al menos luchar contra ello desde todos los campos y el de la cultura es fundamental a la hora de influir en la mentalidad de las personas. Tal es la moraleja final de la novela “ejemplar” “Rinconete y Cortadillo”, que trata precisamente de esto, de cómo una banda de ladrones cuyos miembros hacen todo tipo de fechorías invocan a los santos, van a misa, tienen a Dios y a los personajes virtuosos de la iglesia en la boca permanentemente: “le admiraba la seguridad que tenían y la confianza de irse al cielo con no faltar a sus devociones estando tan llenos de hurtos y homicidios y ofensas a Dios”. Personajes que según el autor “podrán servir de ejemplo y aviso a los que lo leyeren”. Cervantes se define a sí mismo como escritor moralista, lo que no podemos pasar por alto. En el prólogo de sus ocho comedias afirma querer sacar figuras morales de sus comedias y sacar los pensamientos escondidos del alma. Así lo atestiguan el catedrático de Literatura Española, Florencio Sevilla y el cervantista Antonio Rey: “defensor indudable y militante de las virtudes firmes del cristianismo y del españolismo aunados”.
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La catedrática de Filología Hispánica, Alicia Yllera, ofrece una versión de “Tristán e Iseo” compuesta sobre la base de los poemas que quedan de esta leyenda. Según ella manifiesta la dicotomía de la persona como ser individual y como miembro de una sociedad. Pero hay otra bifurcación más agudizada que es la que aparece en las novelas de caballería, entre nuestro ser natural y biológico y el ser cultural y social. Yllera advierte de que esta novela sorprende por su novedad. ¿Cómo es posible que un género desaparecido de hace siglos nos diga tanto hoy en día? Porque se fundamenta en una realidad humana, que se ha querido dar por supuesta, ocultar y durante siglos se ha conseguido, hasta el punto de no interesar socialmente. La atracción que provoca este género literario no es sólo por la imaginación que despliega. Hay algo más que nos afecta como seres humanos.
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Esconderse en el bosque y volver a él es una características de la novela caballeresca, “a folgar a la foresta”, que es la tendencia de volver a la naturaleza, pero no sólo al entorno natural, sino a la naturaleza humana. Nada que ver la imagen de amor romántico, ajeno al cuerpo que se cree del amor caballesco, siendo en verdad todo lo contrario, en la literatura tal y como se han escrito tales obras. Porque Cervantes no caricaturiza al modelo de caballero en la literatura, sino que manipula y sesga su imagen, se burla creando una deformación del mismo, pero lo hace tan profundamente que da resultado y a su vez trasmite lo que es el enamoramiento, pero lo asocia a quien se cree un caballero de las novelas y se convierte en uno andante, casto cuando el amor caballeresco es sensual y sexual, porque se narran historias de pasión, no de enamoramiento que a veces aparece. El Quijote lo hace tan bien que traslada esa dimensión etérea de los sentimientos. Y lo hace para matar el género de caballería por la razón que venimos contando, por eso castra al personaje central que hace de caballero andante y al mismo Sancho que le acompaña, de manera que desaparece la sexualidad de lo literario y de esta forma se intenta sacar de la mentalidad en favor de una mentalidad cristiana. No en balde afirma don Quijote que la primera razón para desenvainar la espada y poner en riesgo su persona es defender la fe católica. Veremos como Avellaneda incorpora la sexualidad a los personajes, manifestando también ser católico. Por este motivo es necesario entender la lucha solapada y cruenta en el seno de la iglesia sobre la práctica de la sexualidad, que se va a ver reflejada en la sociedad.
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Cuando Tristán e Iseo aparecen desnudos sin que sus bocas se unan, dormidos, pero separados sus cuerpos por una espada lo hacen para disimular, al saber que el rey Marcos les espía. Leemos que se besan en los labios, que gozan de amor. La aparición de un filtro amoroso o en otras novelas del encantamiento es porque se trasmite la idea de que la pasión no se decide por la voluntad, no se elige, es una fuerza que arrebata, como si viniera de fuera. La idea es que la naturaleza y por ende el deseo sexual también es nuestro destino. Algo que se ha querido eliminar convirtiendo la sexualidad en un conflicto y foco de problemas permanente. Tristán e Iseo se estremecieron de deseo, se abandonaron al amor, lo cual se expresa sin tapujos. Son las novelas de caballería que se adentran en el laberinto de los sentimientos. Los nobles que espían a Tristán le ven con su amada desnudos en el lecho real. Y cuando son perseguidos el pueblo los quiere, los admira y piden clemencia. Duermen uno en los brazos del otro. Lo mismo en la obra de Amadís, pero hasta tal punto ha funcionado el “efecto quijote” que los libros de texto enseñan que este libro idealiza el amor (editorial Anaya, 2014) ¿Cómo es posible trasmitir esto? ¿Quien lo escribe ha leído lo que escribe Garci Rodríguez? Vemos y valoramos los libros de caballería a través de la caricatura y deformación que hace de ellos Miguel de Cervantes.
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Son narraciones escritas que han recogido la tradición oral, en la que se trasmiten las historias de manera desinhibida: “se entregan al amor y al placer”. Iseo ejecuta una treta cuando ha de jurar que ha sido fiel a su marido el rey. Hace que un mendigo, que es Tristán disfrazado, la cruce un barrizal llevándola sobre los hombros, de manera que jura sin pudor que “nadie entró entre mis piernas salvo ese leproso y el rey Marcos”. La mujer con la que se casa Tristán en otro reino, es tocaya de su amada, Iseo la Blanca, quien no es desposada, de lo cual se queja amargamente. Cuando cruza a caballo un charco y le salpica el agua dice a su hermano que que el agua es más atrevida porque aventura más alto que la mano de un caballero.
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Tristán alejado de Iselda la echa de menos, pero físicamente: “sin descanso deseo tu cuerpo que el rey posee” y se lamenta sobre que qué puede hacer su amor frente al placer de un rey. Placer enteramente sexual, sin lugar a duda.
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También el ayo de Tristán, Kahadín, tiene relaciones con la aya de Iseo, Brangel, que fueron del agrado de ambos. Ella “le deja hacer a su voluntad”. Cuando se separan, ella le recrimina que sólo “quiso una compañera para su lubricidad“. Los caballeros no hacen del amor una mística, sino que sus relaciones son eróticas y sexuales. Cervantes hace en su novela magna protagonistas asexuados, cuya imagen se traslada a los personajes de la literatura caballeresca. Don Quijote es creíble literariamente porque en él se encarna otro sentimiento mal entendido a lo largo de la historia como es el enamoramiento, el cual sí es enteramente quijotesco, pero totalmente real. La locura es un disfraz en los desenlaces de las aventuras amorosas.
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Amadís se estremece de placer cuando oye hablar de Oriana, su amada. Lo cual indica que es una historia de pasión. Don Quijote se exalta, pero en modo alguno se excita ni desea el cuerpo de Dulcinea, ni el de Aldonza… Es ésta una historia de enamoramiento, además que describe este sentimiento tal cual es. De esta manera, quizá sin proponerse tanto, arranca el ser de los personajes de las novelas de caballería y mete en ellos la imagen popular que se tiene de los conquistadores de la Nueva España. La denostación de la figura del héroe, que tanto han proclamado los conquistadores, sucede en una época en la que se construye la corte, la nueva forma de Estado que llega al mundo moderno, entre intrigas y batallas, de manera que forma parte del aluvión histórico y psicológico en resonancia con un nuevo modelo de sociedad que se está formando, en la cual se pasa del individuo, de la individualidad, a la masa social, de ahí que pudiera surgir la revolución industrial al paso del tiempo, las masas ideológicas, masas de consumidores, fenómenos como la moda y demás. Hoy todo sucede dentro de la masa, hasta las rebeliones y revoluciones porque ya no somos conscientes del valor de lo personal. Se ha pasado de la acción personal a los hechos colectivos como protagonistas de la Historia y del devenir social.

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Cierto que siglos antes se fue vaciando la individualidad para ser ocupada por doctrinas religiosas, creencias, ideologías de todo tipo…. que llegan a su esplendor siglos después y se trasforman en nuevos fenómenos de masas. Hubo, hay y habrá rebeliones a este proceso, pero es necesario ver uno de sus ejes. La mentalidad caballeresca fue y es una mentalidad rebelde que ejercieron místicos como santa Teresa de Jesús y san Juan de la Cruz que fueron apresados cuando no acusados de herejía. Filósofos, escritores que han tratado de asomar esa otra vertiente que ha quedado apartada. Es en este gozne histórico y psicológico en el que Nietzsche sitúa su obra “Origen de la tragedia”, entre el aspecto dionisiaco y el apolíneo. La lucha entre lo singular, el yo, o ser parte de la masa, entre el placer o el sacrificio en favor de una entelequia. Algo que Marcuse plantea en su obra “Eros y civilización”. Representa el pulso entre la represión de la naturaleza humana y las normas sociales, llevadas poco a poco a un extremo despersonalizador. Una represión que nos lleva a ser lo que no somos realmente, que convierte la organización social en tiranía, en la que desembocan todos los movimientos sociales, ideológicos y demás. Lo apolíneo sepulta lo genuino del ser humano, su cara dionisiaca. Algo que no surge porque sí, sino que se trata de una construcción social, a la que ha contribuido de una manera esencial la literatura. Por eso el filósofo de Zaratustra clama: “atreveos a ser seres trágicos y mereceréis la libertad”. Su propia derrota le llevó a la locura. Es por esto que debe ser una labor colectiva y llegar al origen, a las causas y atrevernos a mirar qué son, más allá de mitos, ciencias y prejuicios. Llagar al fondo de la obra sobre don Quijote es una oportunidad, pero hay que despejar la retórica al respecto de sus interpretaciones.

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La modernidad de la obra “Amadís de Gaula”
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Algo que llama la atención en la lectura de “Amadís de Gaula” es la referencia que hace contra hombres que llama “forzadores” y que encierran contra su voluntad a mujeres en sus castillos. La libertad en la relación del hombre y la mujer ya aparece de lleno en aquella época con esta novela, sin idealización alguna, sino en el plano de lo concreto y material. Igualmente Bernal del Castillo (vemos otra similitud) cuenta de que los soldados de la conquista trataban bien a las mujeres indias que sus padres y caciques las dieron como muestra de paz y para la mezcla de los pueblos. Si alguno tratara mal a alguna hacían desaparecer a la mujer que no estuviera conforme o se quejara y el maltratador no la volvía a ver, pues dice “había de buscarla como a Mahoma en Granada” o “como a mi hijo el bachiller en Salamanca”.
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El caballero, andante o no, busca acabar con las injusticias, pero actúa él, no la ley, no la organización social. Se trata de ser un sujeto activo, el caballero, lo que hoy sería el activista. De esta manera cargarse las novelas de caballería supuso la anulación de la figura del héroe, como sujeto, aquel que representa la individualización de la persona. Tristán “por su cuenta y riesgo va a luchar contra el dragón”; no espera a que se organice un ejército, actúa de manera solitaria. Se elimina esta actitud en la sociedad y se desprecia la acción individual en favor de la colectiva, la organizada, aquella que forme parte de un engranaje, la cual es la que adquiere poder. Las ideas dejan de ser un referente de los sujetos y se organizan en ideologías u opinión pública. El individuo como tal quedará supeditado a una organización. Todo lo cual es un proceso que se construye socialmente. El sometimiento, la obediencia a una organización, sea una empresa, un partido político, una institución, incluso corrientes culturales es lo que propicia el éxito, prosperar dentro de la misma y en la sociedad. La iniciativa individual queda supeditada a los márgenes que dé la organización, lo cual es un aspecto que define la modernidad.
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Algo en lo que coinciden diversos estudiosos de la nos novelas de caballería es sobre el dilema entre el modelo antiguo feudal, con la acción de los caballeros que actuaban por su cuenta y el surgimiento posterior de la figura del soldado profesional: “obedecer y dejar de ser un caballero o mantenerse firme en sus ideales y enfrentarse al poder monárquico”. A partir de convertirse el Quijote en un paradigma cultural y eliminar otras referencias posibles se normaliza el sometimiento al orden establecido. Por la fuerza o por la mentalidad. Don Quijote es un rebelde, pero mientras que está loco. Un político que participó en los años de la transición en España, respondió a cuál es la diferencia entre los políticos de aquella época con los de cuarenta años después: en que no existían instituciones democráticas y hubo que hacerlas, contaba mucho la impronta personal de quienes tomaban las decisiones. Luego han sido equipos de asesores, según encuestas y demás. Respondió desde su experiencia: antes las personas hicieron las instituciones, mientras que hoy son éstas las que hacen a las personas.
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En la obra del Quijote la lucha ya no es por una dama, por una persona, sino por la conceptualización abstracta de la mujer. Y esto va a tener una influencia posterior en la mentalidad social de gran calado. El Caballero de la Blanca Luna ( el bachiller Sansón), reta a don Quijote a un duelo final: “Vengo a probar las fuerzas de tus brazos en hacerte confesar que mi dama sea quien fuera, es sin comparación más hermosa que tu Dulcinea del Toboso”, exista o no, de hecho la suya no existe como él la ve, pero actúa o funciona como si existiera realmente. Este proceso psicológico que genera esta novela paradigmática, influirá en la literatura y cultura posterior. Forma los cimientos de la modernidad, siendo la base para defender conceptos abstractos como si fueran algo tangible, lo que a la larga impedirá que se pueda aplicar el razonamiento sobre ello: la patria, los estados, las ideologías, la fe, no la vivida como algo concreto sino abstracto.
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Amadís sin embargo defiende y se relaciona con lo material, con lo tangible, y así son sus relaciones personales de pareja. Nada que ver con la imagen que se hace de él y los caballeros andantes. Ella, Oriana, su referente femenino, no quiere abandonarle cuando es llevaba por causa de unos intereses de Estado. Es contra éstos contra lo que lucha Amadís. El Quijote construye una mentalidad que parte de falsificar la figura de un personaje, el de Amadís. ¿Por qué? Y sobre todo ¿Cómo lo consigue? No sólo la obra de Cervantes, que será un apoyo fundamental, sino todo el proceso social que se impulsa desde entonces y que ha llegado hasta nuestros días.
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Llega a nuestros días el desprestigio, la deformación sobre la literatura de caballería, que yo no voy a defender, sino que vengo a contar que el personaje Amadís no es como se nos ha hecho creer y que es una opción más de lectura y que forma parte de una visión de la realidad, la cual se ha eliminado. Se ha arrancado del imaginario colectivo.La modernidad es heredera del mundo que ha triunfado: el de la organización frente al sujeto. La vida que no esté al servicio de una organización se presenta como el ejemplo de lo inútil. Ruiz Doménec escribe: “Muchas vidas se torcieron al creer el equívoco destello moral del medinés. Cervantes, tan atento a lo que emergía de esta literatura va a acabar con esta confusión: vidas imposibles, como la de Amadís y opaca realidad dominada por los más conservadores principios morales”. Y añade: “el medinés comparte la aversión de los moralistas por las efusiones afectivas”. ¿En qué parte de la obra se puede deducir esto? Hay algo que hace que se quiera eliminar esta novela de caballería y no es lo que se cuenta sobre ella de ser una narración fantasiosa.
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Un resumen de 1.187 páginas, muy esquemático, de la historia que cuenta la novela de Amadís.  Sucede en Inglaterra. El rey Perión de Gaula tiene un hijo bastardo con Helisene. Él se tiene que marchar. Dejan al vástago en el río, por eso le llaman “Amadís sin tiempo” o “Doncel del mar” porque en el mar nació. Luego se casan y tiene dos hijos, Galaor y Melicia. Al rey Perión le ataca el rey Abiés, de Irlanda. Amadís le defiende sin saber que es su padre, por bondad de armas. Oriana, hija del rey Bretaña, Lisuarte, ama a Amadís, sin él saberlo. Va adquiriendo fama de valiente y caballero. Se cuentan diversas aventuras. Corta piernas, orejas y muertes detalladas por doquier. En Amadís se cogen los escudos de los vencidos en lugar de las cabezas, como fue en la novela artúrica. Su cruzan en los caminos con otros caballeros que guardan un paso. Peleas y duelos en los que una vez tuvo que matar a su caballo para no salir del campo de pelea y evitar perder. Le suceden muchas aventuras y tentaciones de otras mujeres que hacen que Oriana crea que le ha engañado. Amadís se angustia por esa razón, anda sin sentido, errante, se aparta del mundo, aunque no le faltan aventuras. El rey, Lisarte, padre de Oriana , promete a ésta que no la casara contra su voluntad. Amadís se encuentra con un ermitaño (Narciano). Amadís se hace llamar Beltenebrós. Oriana le perdona. Queda preñada por estar con Amadís y disimula su embarazo. Basagante, hermano del gigante Fongomadán, quiere casarse con ella, a cambio de paz: “mejor guerra peligrosa que paz deshonrada”. Vence Amadís, contra el gigante que maldice a Dios. Amadís quiere que el gigante se haga cristiano y haga en su señorío iglesias y monasterios. Un senador romano amenaza al reino de Gaula y a la ínsula: “no queremos, los romanos, lostesoros, sino sojuzgar y mandar a los señores de ellos”. Piden llevar a Mabilia, la pareja de Galaor, para el emperador romano. Oriana tiene a su hijo, Esplandián, que se lo da a mamar a una leona. Se lo deja al ermitaño Narciano (esto hizo que en otras versiones termine con la muerte de Amadís de manos de su hijo, tal como había profetizado la bruja Urganda) Amadís lucha a favor del rey Lisarte, padre de Oriana. Tras vencer Amadís se va a Alemania, reino de Bohemia, donde se hace llamar “Caballero de la verde espada”. Recorre Rumanía, Grecia y España y vuelve a Bretaña. Ofrecen a Oriana casamiento con el emperador romano, con quien mandara sobre los reyes. Ella está en contra. Salusdanquidio lleva el mandato del emperador de que le lleve a Oriana. Su padre, rey Lisarte, accede, para tener el emperador de su parte y la hija pequeña, Leonoreta, será la heredera de Gran Bretaña. Amadís está en contra. Se enfrentaría contra su hermano Galaor. Nadie convence al rey Lisarte. A Oriana le informan de las grandezas de Roma. Son los romanos los mejores caballeros. Meten a Oriana contra su voluntad en las naves, para ir a Roma y casarla con el Emperador, Patín. Amadís organiza una flota para socorrerla. Matan a Salustanquidio y destrozan sus naves. Se encuentra con Oriana. Le cuenta que tienen un hijo. Viene el mismísimo emperador, Patín, con 10.000 caballos, a unirse con el rey Lisarte el de Suerza y el de Cildadón (descripciones de escudos, trajes….) En la lucha mueren miles de caballeros de un lado y otro. Para evitar más derramamiento de sangre Narciano, el ermitaño, le cuentan a Lisarte, el rey, el secreto del hijo de Oriana y Amadís. El nuevo Emperador insiste en que todo está sujeto a él. Batalla, muere el emperador. El rey Lisarte quiso desheredar a su hija, Oriana. Entre medias les ataca el rey arábigo, que vence a Lisarte, pero el rey Perión y su hijo, Amadís, salen en su socorro. Lucha también Esplandián, hijo de Amadís. Debilitados, llega el nuevo emperador: Arquisil. El rey Lisarte acepta que se case con su hija Oriana, pero le ofrecen que sea la hermana, Leonoreto. Esplandián descubre que es nieto de dos reyes e hijo de Oriana y Amadís. El rey Lisarte está cansado de tantas muertes en la batalla, por causas mundanas y perecederas. Llegan a un acuerdo el emperador y Amadís. El Emperador se casa con Leonoreta y Amadís con su amada, Oriana. Se casan en el monasterio de Lubaina, por el ermitaño y a la vez el Emperador y Leonoreta. El rey Lisarte fue preso por encantamiento y muerto por hecho natural.
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Esta historia contada así es una más y posteriormente ha habido muchas historias basadas en enredos, malos entendidos. Se trataría de un culebrón más, de esos que originan guerras y tragedias, en donde al final todo se arregla. Y contada de esta manera es como se divulga la novela de Amadís en versiones resumidas. Siendo así no habría nada que censurar en ellas. Gustarán más o menos.
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Se ha comentado mucho sobre la influencia de la novela de Cervantes, don Quijote de la Mancha, en la literatura posterior. Me pregunto ¿en las obras de Galdós, de Zola?, ¿En Clarín?, ¿en Flaubert, Balzac, Proust, Joyce? Quizá algo en Kafka, pero la literatura de este escritor surge de dentro de sí. ¿En Juan Ramón Jímenez, Blasco Íbañez, Cela? Son tópicos que no responden a la realidad. Para nada ha influido. Otra cosa es que llame la atención a estos y a otros autores, que les guste, que reflexionen al respecto. Lo que sí ha logrado la novela de Cervantes es hacer que la novela de caballería sea un género en extinción, de esta manera se ha trasladado a lo largo de siglos trasladar la escritura al ámbito de la cultura, de lo culto de manera que ha generado una nueva función del libro, lo cual hace que cuando la cultura es consumo y espectáculo la literatura se convierte en un negocio, como se hizo que fuera un instrumento para la fe en otras épocas o para las ideologías. Se ha roto con la relación directa del libro con el lector, escribir ha quedado despersonalizado al considerarse el escritor como una “estatua”, un divo, o una obra medida por la fama del autor. La literatura como comercio o Poder necesita de una red de críticos y convencedores de lo bueno que es un libro. Por este motivo es necesario recuperar la novela de caballería, su lectura, para contraponer lo fantástico y la pasión a lo académico y erudito, para que contraponga la creatividad del lector a que sea éste entretenido simplemente. Frente a las novelas de Estado o comerciales, de empresa, o de protesta y denuncia, casi todas de diseño tipo Harry Potter o series de Nardia o el Señor de los Anillos que visten los mitos de cuento y están bien, pero hace falta un contrapeso de la literatura de acción interior como son las novelas de caballería: de lucha, sexualidad, amor a la libertad, del amor en todas sus vertientes y la defensa de uno mismo frente al mundo. Observemos que según un informe de los monjes dominicos cuando las primeras conquistas en el Nuevo Mundo se ejecutó a muchos nativos por traición, pero destacan el caso de la india Anacaona, que al iguial que a otras, ahorcaron en el territorio de La Española  las autoridades españolas de allá por querer a muchos indios y hacer con ellos muchas suciedades libidinosas.

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La crónica de Gomara, favorable a Cortés y apologética del mismo dice inocentemente que “fue muy dado a mujeres”, lo que también Bernal recalca como valor favorable, remarcando que “demasiado”, pero observando que es celoso en su casa, pero no así en las ajenas. Pero otros comentaristas van a ver en este aspecto algo reprobable, lo cual fue una guerra interna a muerte dentro de la iglesia católica. El dominico Las Casas lo describe en este sentido como “vicioso”. Bernardino Vázquez de Tapia le acusa de “amasar una inmensa fortuna y llevar una vida disoluta y promiscua”. En él se concentro la imagen de los conquistadores y van a ser la visión de lo depravado, de la codicia y de la sexualidad como pecado. Este aspecto no lo olvidemos porque volveremos sobre  tal asunto al analizar el Quixote de Avellaneda. Tampoco es baladí que el protagonista de la obra de Cervantes sea un casto caballero.

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El año 1493, el canónigo de la catedral de Toledo, Alonso Ortiz,  escribió en forma de diálogo con la reina Isabel la Católica el ensayo “Sobre la educación de Juan de Aragón”, por encargo de ésta. Se ha publicado esta obra de mano del profesor de Turín, Giovanni M. Bestini, el año 1983. El autor que estudió teología en la universidad de Salamanca, analiza muchos temas, fijándose de manera especial en el debate que se mantuvo en el interior de la iglesia sobre la sexualidad. Recoge citas de san Agustín, según las cuales el pecado original lo produjo la concupiscencia, que el hombre trasmitió a su descendencia. Plantea las dos disyuntivas sobre la sexualidad: amansar las pasiones, porque no se pueden dominar o extirpar el origen de todo pecado. Opta por la segunda y analiza que “no es la carne la que hace el pecado, sino que es el alma pecadora la que hace a la carne corruptible”. Achaca como obras de la carne la fornicación, la lujuria, la envidia, herejías, etc. Afirma que el pecado lleva a la concupiscencia, es decir es consecuencia de pecar. Es difícil entender este discurso cuando el soberano Fernado el Católico tuvo diversas amantes, de manera que en las crónicas de la época, hechas por Hernando del Pulgar, se dice de él que “amaba mucho a la Reyna su mujer, pero dábase a otras mujeres”. Alonso Ortiz, defensor a ultranza de la Inquisición, explica cómo la ley del pecado consiste en la rebelión de la carne, siendo ésta el arma del demonio, de tal manera que enseña que el hombre tiene que luchar con las armas de los sacramentos y las potencias del alma: “luchar contra las tormentas corpóreas con el escudo de la fe”. El gozo sólo reside en Dios, no en el que caduca y es corruptible, de manera que salir del camino lleva a abismos oscuros. No es sólo un debate interno de la iglesia católica, sino una lucha intestina llevada hasta sus últimas consecuencias, lo cual va a tener una repercusión social de primer orden y va a afectar a la literatura, al arte, a la cultura en general. Téngase en cuenta que un año antes de haber escrito este ensayo Alonso Ortiz fue elegido Papa Alejandro VI, Rodrigo Borjia, con varios hijos reconocidos a su cargo.  A uno de los cuales, César, le hizo ser cardenal con dieciséis años.

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La cuestión vino de lejos, lo que es importante analizar de cara a nuestro estudio porque la obra de Cervantes, como cualquier otra no surge de repente fruto de una inspiración pura y diamantina, sino que es el producto de una experiencia personal y el saber propio del autor en un contexto histórico determinado y en un ámbito de religiosidad que determina la mentalidad de la época en la que escribe. En en siglo XII se quemó en la plaza pública y fue prohibida la obra de Boncompagno de Signa, “Rota veneris”, “Tratado del amor carnal o rueda de Venus”. Obra que se recuperó en Italia el año 1473 y en Salamanca, en el ambiente universitario se divulgo el año 1490. Según estudia el catedrático de literatura española e historia en la universidad de California, Antonio Cortijo Ocaña, el autor italiano define dos tipos de amantes: laicos, que pueden ser caballeros o soldados y mercaderes, campesinos y demás, y clérigo. Para Boncompagno en las cartas con propósito amoroso a una mujer  no hay que indicar las dignidades ni el título de ellas. Sin embargo cuenta: “Los clásicos que repetidamente azotan una y otra vez el yunque de su naturaleza con un martillo y no pueden retener con facilidad el flujo de sus riñones, debieran poner en la salutación alguna señal”.

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Esta confrontación interna de la iglesia, que se desparrama en la sociedad, va a llegar con toda su intensidad al Nuevo Mundo. El jesuita José de Acosta, teólogo formado en la universidad de Alcalá de Henares y misionero en Perú escribe desde Lima el año 1576: “Es empeño dificilísimo reeducar los instintos naturales y que se vayan trasformando en hábitos nuevos, pues chocan fuertemente  con la sensibilidad y las pasiones”. Acusa a los conquistadores y a una parte del clero de llevar una vida escandalizadora: “·dejémonos de tanto acusar la infidelidad de los bárbaros y su perversidad de costumbres (sexuales) y reconozcamos alguna vez nuestra propia negligencia”. También el padre Jerónimo Ruiz del Portillo en una carta a quien luego fuera santo, Francisco de Borja, le manifiesta (1568): “La deshonestidad eclesiástica y religiosa es tan común que casi no la tienen por mala, tomando a los pobres indios sus mujeres e hijas las que las habían de adoctrinar”. Con este panorama Acosta insiste en que no basta recitar de memoria las oraciones y creó la escuela Española de la Paz.
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En una sociedad que se fundamenta en el miedo, controlar a las personas por el miedo ¿cómo va a caber aquello que estimule el valor personal, como las novelas de caballería? Miedo desde la propia religión, luego miedos colectivos y personales para buscar cobijo en el Estado. Cualquier signo de valor ha de ser dentro de una organización, no individual. En este pulso ganó la sociedad del soldado frente a un mundo caballeresco que se acabó con él. La obra “Don Quijote de la Mancha” fue el colofón, su final definitivo tras un largo proceso. La sociedad soldadesca desemboca en la modernidad en el funcionariado, el consumo de masas, la moda, el trabajador-soldado industrial. Que podrá ser muy útil, pero ha de ser cuestionado y sobre todo ver que ha sido fruto de un pulso a muerte y no una evolución “lógica”. Podemos abrir la mente a que haya otras formas de sociedad y de vivir. Tal es el contrapunto que aportan las novelas de caballería, abren las puertas a otras realidades.
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Si nos fijamos en el contexto en que Cervantes escribe, observamos que hay un ambiente en el que los viejos conquistadores, los que quedan, reivindican sus derechos como esforzados, quieren su “ínsula”, tierras sobre las que gobernar, las encomiendas de los indios de América, ser reconocidos como hidalgos y que sus títulos sean hereditarios. El autor del Quijote conoce también las obras de caballería a través de las narraciones de los conquistadores y a sus descendientes a los que también ridiculiza en la figura de Sancho Panza. Por un lado a los conquistadores como pedigüeños de sus derechos materiales y por otro el espíritu caballeresco que les lanzó a la aventura de abrir se camino en un mundo desconocido, con la dualidad del idealismo y el egoísmo, que el propio Bernal D. del Castillo reconoce en su capitán Hernán Cortés, convertido tras la conquista en Marqués del Valle. Y Bernal mismo llegó a ser gobernador de Guatemala. Todo en pro de lo que se estaba formando, como mentalidad y como Poder que se establece para perpetuarse al crearse durante el renacimiento las bases de lo que será el ejército moderno basado en la organización y la disciplina por encima de lo individual.
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Leamos lo que escribe Cervantes en su obra magna, cuando don Quijote vence al vizcaíno. Sancho le vuelve a manifestar su deseo de gobernar la ínsula, que afirma lo hará tan bien como otros que las han gobernado, lo cual es una parodia clara del afán de los viejos conquistadores. Don Quijote le dice, lo que a los soldados de la conquista, que estas aventuras no son de ínsulas, pero para contentarle añade que será “más adelante”. Más adelante Sancho insiste, si no ínsula sí, al menos, el pago de sus muchos y buenos servicios. Don Quijote volverá a ponerle el cebo de la ínsula en un futuro prometedor. Cervantes menosprecia a los soldados conquistadores refiriéndose a su actitud reivindicativa de su fama y justa recompensa, así como aquella que les inspira, las novelas de caballería, a las que ataca en su esencia y a su consecuencia. Lo veremos en detalle en la otra obra de don Quixote de parte de Avellaneda.

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Otra referencia la leemos en la obra “Don Quijote” es cuando el hidalgo caballero ofrece a Sancho, su escudero, algún título, lo cual no puede ser y es algo que no sucede en las novelas de caballería, porque los títulos nobiliarios proceden del linaje por sangre o actos heroicos. La promesa de don Quijote es baladí, ávido Sancho de una ínsula, a quien ofrece algún título nobiliario “de conde o marqués, de algún valle o provincia“, siendo que Hernán Cortés es nombrado “Marqués del Valle” y así se refiere a él Bernal en su obra después de finalizar la conquista. Siendo que el conquistador de México quiere un título sobre un territorio y aspira a ser virrey. En la lucha contra los gigantes hay otra alusión clara, en referencia a lo que fue una obsesión de los conquistadores, lo cual los caballeros actúan por el honor, la fama, cuando don Quijote advierte que “con los despojos (de los gigantes) comenzaremos a enriquecer...”. Lo cual los lectores de la época supieron a qué se refiere, de ahí que fuera una obra tan de su tiempo. Al no tenerlo en cuenta hoy se pierde el sentido satírico y real de esta novela.

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Otra referencia en la obra “Don Quijote” es cuando Rocinante, don Quijote y Sancho han recibido una paliza por los gallegos, dice el hidalgo caballero: “Han de saber que en los reinos y provincias nuevamente conquistadas nunca están tan quietos los ánimos de sus naturales, ni tan de parte del nuevo señor, que no tenga temor…”. En este párrafo sí puede ser cuestión de interpretación, que se refiera a las tierras de ultramar o de la península, pero ciertamente a los árabes no se les consideró nunca los naturales, después de ocho siglos de asentamiento, cosa que a los nativos de las Indias sí, cuyo mando del territorio estuvo a manos de a quienes llamaban “señor”, cuando en la península sería el rey. O cuando el cura va a buscar a don Quijote a Sierra Morena con Cardenio, Sancho y el barbero y el licenciado, alude a un familiar “que pasó a Indias”. O uno de los hermanos del cautivo, de tres que fueron de una familia de León, también se fue a Las Indias.
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Una alusión clara a esto que venimos diciendo: “¿Quién duda acaso que en los venideros tiempos, cuando salga a la luz la verdadera historia de mis famosos hechos, que el sabio que los escriba no los ponga, cuando llegue a contar esta mi primera salida…?” Don Quijote insiste en este sentido de lanzar pullas al respecto: “nunca hazaña de escudero se escribieron”. Y cuando habla sobre los escritos de su primera salida dice el famoso hidalgo: “habrá puesto unas cosas por otra, mezclando verdad con mil mentiras” y “las acciones que no alteras la verdad de la historia no hay para qué escribirla, si han de redundar en el menos precio de la historia“. Son alusiones, como la que hace Sansón Carrasco al comentar en la II parte sobre lo escrito de las primeras andanzas, cuando acusa a Sancho Panza de lo que escribió el moro Cide Hamete preguntándose sobre dónde están los cien escudos que encontró en Sierra Morena, lo cual es un reflejo de lo que se echó en cara a los conquistadores sobre el tesoro de Montezuma, que Panza explica, en consonancia con Bernal y otros cronistas que piden para sus hijos, que lo dedicó a su mujer e hijos.

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Don Quijote insiste en convencer sobre la veracidad de sus aventuras y Sancho insiste en querer ser gobernador de una ínsula. También estando en su casa don Quijote, a la espera de la tercera salida, pregunta al estudiante de Salamanca, Sansón Carrasco, y al cura sobre las noticias que se escribieron de él como caballero andante. Afirma que lo que escriban sus enemigos “será para aniquilarles y ponerles debajo de los más viles”; “que nunca hazañas de escuderos se escribieron. Y si fuera verdad se escribirán de manera “grandilocuente, alta, insigne, magnífica y verdadera“. Nadie creyó nunca que las novelas de caballería (ni fue pretensión de sus autores) fueran ciertas, pero sí la de los conquistadores, en las que se refleja un espíritu caballeresco del que hacen gala y que reconocen.

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Otra burla manifiesta es cuando el caballero andante arremete contra una procesión que lleva la imagen de una virgen llorosa para liberarla, creyendo ser una dama. Y continua, como cuando el barbero, la voz de la sensatez afirma: “los arbitrios (conflictos) que se dan a su majestad o son imposibles o disparatados o en daño del rey”. Bernal escribió a Carlos I y luego a Felipe II reclamando sus derechos de conquista, así como Hernán Cortés que quiso ir a encontrase con el primero. Tras haber pasado la “aventura” de los que van de noche a enterrar un cadáver, ocultos en un bosque, Sancho comenta a don Quijote en cuanto a que poco se gana en las aventuras, que será mejor servir a algún emperador o príncipe, “que tengan alguna guerra a los que mostrar el valor”. La aventura da fama, pero lo que se remunera son los méritos. Este tema fue central en aquella época sobre los conquistadores, en gran parte hijos de la novela de caballería, como Bernal Rodríguez comenta al compararse con el espíritu aventurero de los mismos. De hecho Hernán Cortés al volver a España va a la guerra contra Argel (1541), con tres naves a su cargo acompañado por sus hijos Martín y Luis, queriendo avanzar a pesar de la tormenta, pero el emperador da la orden de volver sin tener en cuenta los criterios de Cortés y minusvalorar su experiencia militar. Parece que una alusión a este pasaje histórico, en tono burlesco, lo que Cervantes escribe en la obra sobre don Quijote cuando pasea por Barcelona y pide a don Antonio que le pusiera a él en Berbería con sus armas y caballo que él sacaría a don Gregorio a pesar de toda la morisma, como hubo hecho Gaiferos a su esposa Melisandra. Las novelas de caballería son el escenario, pero los actores son los conquistadores en sus dos vertientes de antes y después de evangelizar y poblar las nuevas tierras.

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¿A qué escudero se hace gobernador de un territorio en las novelas de caballería?, sin embargo sí a los soldados conquistadores que adquiriesen méritos. Un escudero no podría ser si antes no fuera nombrado caballero y en su caso pasara a formar parte de la nobleza. Don Quijote cuando sale de la jaula para hacer sus necesidades, responde al canónigo que es para defender las novelas de caballería, que da por ciertas. Los lectores de las mismas se inspiran en ellas en cuanto a una manera de ser, pero no se las creen, so pena de un pensamiento delirante, como sucede a Alonso Quijano. Para el canónigo se trata de invenciones y fantasías que engañan a los lectores, cuando esto mismo es lo que se achacó a las narraciones sobre los conquistadores que sí buscan sus autores dar a conocer sus historias vividas y convencer de que son ciertas. Luego se exageró mucho por parte de quienes hablaron de oídas y alimentaron  las envidias y la imagen idílica de la conquista.

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Cuando el canónigo analiza las novelas de caballería no se ajusta a lo que en ellas sucede, dice: “lugares con bosques, plantas, ríos y de repente aparece oro, perlas, jaspe, diamantes, rubíes, esmeraldas y doncellas iban con los caballeros, lo desnudan y bañan e impregnan olores y perfumes, que le sirven manjares y se mondan después los dientes“, lo cual, esto último, es impropio de un caballero andante, sino algo burdo. Más bien parece que describe la imagen colectiva que se tuvo de los conquistadores, lo cual se exageró, como si llegasen a la Tierra Dorada. Critica Cervantes la credulidad de la gente. Así al final de la primera parte en un soneto escrito en el manuscrito de Benengeli leemos: “¡Oh vanas esperanzas de la gente! / ¡Cómo pasáis con prometer descanso / y al fin pasáis en sombra, en humo, en sueño!”

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Siendo cierta la riqueza que vino del nuevo mundo al ser contada aquella epopeya de unos a otros se mitificaron tales rasgos, pero sus protagonistas fueron despreciados en gran medida, sin ver el esfuerzo que tal supuso y los riesgos que pasaron, que los soldados que lucharon contra el Gran Turco despreciaron. Cuando habla de ríos el canónigo, pensemos que al conquistar México vieron que las calles fueron canales con agua y con un lago en el centro, que tuvieron como defensa los mexicanos. El canónigo llama a los “caballeros andantes” “Caballeros del Lago”, lo cuál más parece una sátira a aquello que estuvo en la mente de la gente de la época, donde todo tipo de historias sobre la conquista de la Nueva España circulaba, por entonces más que sobre las novelas de caballería.

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El catedrático de la universidad la Sorbone, Michel Crousset, afirma de la novela de Sthendhal, “La cartuja de Parma”: “esta novela de novelas es una novela cómica. Que se burla de todo, y de ella misma”. La presenta como la última novela novelesca. Pues tal descripción se puede aplicar a la que fue la primera novela, “Don Quijote de la Mancha”, que, por otra parte, influyó notablemente en Sthendal. Recogiendo las palabras de Crousset, las hacemos válidas para la que escribió Cervantes: “La novela sólo es accesible desde su ironía, desde la burla ontológica que hace que el ser humano se burle de sí mismo”.
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Don Quijote llega a decir redundando en lo que se expone que si todos los caballeros andantes de España se juntan, doce sólo bastan para destruir la potestad del Turco; solo un caballero es cosa nueva deshacer un ejercito de doscientos mil hombres… y vuelve Cervantes a hacer referencia al linaje de Amadís en cuanto a estas historias que están hechas de “esta maravilla”, añadiendo que si se enfrentaran contra el Turco no les arrienda la ganancia. Sin embargo no es cierto que Amadís y los caballeros luchen unos pocos contra muchos, los conquistadores sí. Las capitaneadas por Amadís son batallas ciertamente inventadas, pero el ejército del emperador romano se lleva a la amada del héroe, lo cual se asemeja a la novela mítica de Homero y que lo que hace es resaltar el valor y la necesidad de luchar. Cervantes tergiversa completamente la novela de caballería, contra la que arremete, pero para atacar a los conquistadores en los que inspira a sus personajes.

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La profesora de filología de latín de la universidad de Extremadura, Rosario Cortés, en su estudio “Teoría de la sátira” hace un análisis del Apocoloenytosis de Séneca que estudia la sátira, palabra que viene de “satura”, “mezcla”, al ser ironía + humor. Para que algo sea una sátira ha de cumplir una serie de condiciones según Rosenheim: A) Ataca a un objeto real. B) Tiene intencionalidad y trata de convencer de la crítica. C) Se hace por medios artísticos. D) No muestra ira. D) Causa risa.  Lo cual cumple la obra “Don Quijote de la Mancha”. La ironía consiste en decir lo contrario de lo que se quiere dedir. La burla representa la realidad deformándola, de manera que la sátira ridiculiza, pero la parodia no. Y para ser sátira es imprescindible que sea un ataque indirecto, de manera que la víctima de la misma no aparece. Vemos que Cervantes hace relucir a los caballeros andantes, pero no a los conquistadores que cumplen toda condición manifiesta en la obra que hace de ellos diana de su sátira.

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El traductor, Jerónides Lozano Rodríguez, de la obra “Sátiras” de Quinto Horacio Flaco, manifiesta también que la sátira suele ser impersonal y referida al prototipo, no a la persona en concreto y que se usa para hacer una descripción caricaturesca de vicios y defectos. De esta manera manifiesta Horacio “¿qué impide decir la verdad, riendo?”. En este sentido vemos que los caballeros luchan contra gigantes que existen (en la novela) no contra seres imaginarios. Los conquistadores sí imaginan (quijotes), personal y colectivamente, territorios y dan por válidas leyendas que resultaron ser nada. Los caballeros no piden recompensa alguna, aunque la adquieran tras sus periplos. Los conquistadores y especialmente sus descendiente sí (sanchos). Atenernos a las definiciones es importante en el sentido de que Miguel de Cervantes fue una persona culta y muy meticulosa, como demuestra el documento de 1593 en el que defiende a un amigo, Tomás Gutiérrez, a quien se le vetó formar parte de la cofradía del santísimo Sacramento. Cervantes en su escrito de apoyo define muy bien y diferencia sobre las definiciones de tales palabras lo que es comedia, mimo y pantomimas. En su obra “Don Quijote” hace una sátira en toda regla, a sabiendas de lo que hace.

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Voy a poner un ejemplo que se puede comprobar y que sigue un patrón parecido como sátira. La obra “La curva del cuervo“, desarrolla la historia de una terulia literaria. Un grupo de amigos se reunen para hablar de poesías y libros. Poco a poco se va formalizando y se acaba imponiendo una jeraquía y un orden que se defiende pistola en mano. Cierto que en el mundillo literario se dan trasformaciones drásticas, como en muchos ámbitos de la vida, sucede en las parejas, en los clubs deportivos, etc. Pero el autor hace una sátira de un hecho y ambiente concreto que él vivió. En concreto la trasformación de un partido ecologista y pacifista, desde el cual defendió la objección de conciencia, que luchó contra la entrada de España en la Alianza Atlántica, etc. y en un congreso celebrado en octubre de 1998 en Sevilla se aprobó el apoyo a la intervención del ejército en el conflicto de Yugoslavia tomando partido por una de las partes. La sátira no nombra nada este hecho, ni alude a las ideas de la no-violencia pero es lo que denuncia y muestra desde la sátira. Tampoco cuenta que por aquel hecho al que se refiere fue ministro de asuntos exteriores en Alemania que era miembro de Die Grünen, Los Verdes, que es por lo que se exige. Hay también en la novela una referencia a una mujer que hace de musa de la tertulia, que refiere a la primera escisión en España del partido pacifista, por un asunto de faldas, tal como se cuenta en el cuento aludido disfrazando la referencia a la realidad a la que se refiere. De otra manera hubiera sido una denuncia, pero la intención es remarcar algo que sucede, pero referido a un hecho concreto que afecta al autor.
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Se establece un paralelismo de los personajes de la obra “Don Quijote”, no casual, con la reivindicación de Bernal Díaz, que tras el reparto de las riquezas logradas se queja y escribe: “No anduviéramos como agora de mula coja y de mal en peor, debajo de gobernadores que hacen lo que quieren y muchos de los conquistadores no tenemos con qué sustentar; ¿qué harán los hijos que dejemos?“. Hay que recordar la carta que escribe Lope de Aguirre. Miguel de Cervantes es ante todo un hijo de su época y un hombre de mundo, atento a lo que sucede y comprometido aun a riesgo de su vida. Durante su juventud se habla en la sociedad del tema de los conquistadores, que trae cola con los pleitos de los conquistadores, sus demandas y un cierto desprecio a la sociedad. Cervantes de Saavedra es un soldado que lucha contra los turcos, que estima la de Lepanto como la más gloriosa y decisiva de las batallas de la cristiandad jamás llevada a cabo: “la más memorable y alta ocasión que vieron los pasados siglos, ni esperan ver los venideros” (prólogo de las novelas ejemplares) Bernal entiende, con los viejos conquistadores, que tales son sus batallas que valora como auténtivas epopeyas. Busca con su obra escrita que se haga justicia histórica e individual, trata de mover la solidaridad y la piedad para que se vea su labor heroica, que no es reconocida ni por parte de las autoridades, sino mínimamente, ni de parte de la sociedad, en gran medida, y menos los soldados que luchan contra el imperio turco, musulmanes. Pero exige justicia, no limosna. Muchos compañeros dejaron sus vidas allá sin otro sepulcro que el vientre de los indios y echa en cara a este respecto que la Nueva España es cuatro veces más grande que Castilla, con minas de gran riqueza que ellos han conquistado, que va a parar a Castilla que con el oro hace armas, barcos para luchar contra el imperio otomano, sin lograr ellos ni bienes materiales ni blasones, lo cual cuenta: “dígolo con tristeza, me veo pobre y viejo”. En la obra “Don Quijote” hay una burla expresa en el capítulo en el que se enfrenta a los cueros de vino creyendo ser gigantes con los que combate: “he tenido con el gigante la más descomunal y desaforada batalla”, que es lo que repiten los conquistadores del nuevo mundo ante el desprecio que de su actuación se hace en su tiempo. Veremos la respuesta que da en consonancia Avellaneda.

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Cuenta Iván Vélez  en su obra “El mito de Cortés” (2016), que circuló una leyenda “urbana” a finales del s. XVI y principios del XVII que acabó siendo escrita por alguien, según la cual cuando Hernán Cortés fue a dar unos legajos al emperador Carlos V, éste no le reconoció y preguntó que quién es. A lo que Cortés contestó “quien ganó para vos más reinos que ciudades habéis heredado”. También un romance anónimo que dice “En la Corte estás Cortés / del católico Felipe / viejo y cargado de pleitos / que así medra quien bien sirve“. Lo cual forma parte del magma social en el que vive Miguel de Cervantes.
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En aquella época, además de juicios y querellas por el reparto de la riqueza del oro de la Indias de América, aparecen libelos contra Hernán Cortés al que llaman “fray Hernando” y le echan en cara que “todo son quejas”. La visión de muchos es que los conquistadores tienen poco mérito al enfrentarse a indios desnudos y desarmados y que fue llegar y coger el oro y apresar a los indios sin que ofrecieran resistencia, lo cual rebaten las crónicas y los testimonios, pero mucho hubo de leyenda negra que tiene como punto de partida el desprecio previo de la misma sociedad española que se benefició de aquel esfuerzo, el cual para muchas personas fue magnificado por los mismos conquistadores. Y esto rezuma en la obra de don Quijote y Sancho Panza. Por ejemplo, cuando ambos pasean por Barcelona en compañía de Antonio Moreno un castellano increpa a don Quijote acusándole de “dar coces contra aguijones”, de lo cual nunca se dijo de los protagonistas de las novelas de caballería, pero sí de los soldados que lucharon en el Nuevo Mundo. La referencia para ello fue lo que Bartolomé de las Casas trascribe del “Diario. Relaciones de viajes” de Cristóbal Colón: “desnudos todos, hombres y mugeres, como sus madres los parió”. En algunos pueblos de las islas que descubren en el primer viaje las casadas llevan puestas unas bragas hechas de hilo de algodón, “las moças no”. Insiste también en que los pobladores de las Indias no llevan armas, ni las conocen. Pone como ejemplo que cuando les enseñan las espadas y las cogen se cortan con ellas. Es ésta la imagen inicial que se trasmite del lugar al que llegan, sin saber aún que es un nuevo continente.

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La obra de Iván Vélez, mucho recopila al respecto de la dicotomía exagerado a favor  a Hernán Cortés y en contra de una manera desaforada. Recuerda el eco que llega al s. XIX con el poeta alemán Henrich Heiner en sus versos: “En su cabeza llevaba el laurel / y en sus botas brillaban espuelas de oro. / Y, sin embargo, no era el héroe, / ni tampoco un caballero. / No era más que un capitán de bandoleros“. Recogen esta visón historiadores que lo presentan como “de temple natural de forajidos”. Mientras sus allegados y otras visones del mismo lo comparan a Alejandro Magno por la epopeya que consideran que llevó a cabo, y con el Cid o con Julio César. Bernal Díaz escribe las batallas en las que ha participado él y son, afirma, más que las del emperador romano, citando al final de su obra una por una.
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Por un lado el sueño de El Dorado que nunca llegó como tal, por otro la avidez del oro. La creencia de haber descubierto el Paraíso Terrenal, la tierra de las Amazonas o la Cíbola, ciudad legendaria llena de riquezas como parte de un delirio colectivo. Esto se refleja al pie de la letra en la obra de Cervantes, por un lado el afán de hidalguía de los conquistadores, lo que piensan que es exageración de sus hazañas que califican los protagonistas de epopeya, de épica colectiva, en definitiva se enfrentan a gigantes, pero que para muchos en realidad son molinos. Muchos que se apuntaron a la conquista de la Nueva España creyeron de manera cierta en que iba a ser la tierra del Paraíso que se describe en la Biblia, para otros la Nueva Jerusalén, la tierra de las míticas amazonas y demás fantasías. Para los franciscanos iba a ser la oportunidad de poder establecer la Ciudad de Dios que describe san Agustín y para otros grupos la oportunidad de llevar a cabo la utopía de la que habla Tomás Moro. Los testimonios, el mismo Bernal repite y así escribe al emperador Carlos V, que ha participado en más batallas que Julio César. Compara la gesta de la conquista a la de Alejandro Magno, al valor de Atila y se ve digno de comparar con los caballeros de las novelas, como Amadís (lo que dice textualmente), identificándose con los ideales caballerescos y con otros de la antigüedad y de la realidad histórica cercana como con el Gran Capitán o el rey Jaime de Aragón. Por un lado el afán de aventura que les lleva a aquellas tierras, por otro la exigencia de títulos y riqueza cuando acaba la contienda. De lo cual se habla en la sociedad, es un tema que está a flor de piel. Bernal echa en cara a su majestad que “ningún emperador habrá ganado nunca tantas ciudades”, y expone los riesgos, los peligros, la dificultad de enfrentarse a los Méxicanos y otros pueblos del nuevo continente descubierto.

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El desencanto por lo imaginado en torno al Nuevo Mundo adquiere tintes cómicos que Miguel de Cervantes va a recoger en su novela como parodia, con el agravante de que las leyendas se creyeron en su momento y motivaron a muchas personas que se sacrificaron y fueron en busca de grandes aventuras esperando títulos y riquezas por doquier, que no fueron pocas, pero la fantasía se desbocó. Sucedió una alucinación generalizada. Algo que se hizo real real y no sólo anecdótico, es decir la idealización de lo real fue un hecho histórico y su derrumbe también. Formó parte de la mentalidad de le época. Muchas pequeñas historias que no se conocen, pero que las hay que, por increíbles que parezcan hoy, fueron motor de acontecimientos importantes. Por ejemplo la leyenda de las Siete Ciudades: la ciudad de los Césares, El Dorado, Cíbola, Quiviria… O las que los indios citaron como ciudades míticas, la isla de Aztlán. Se fraguó la historia quimérica según la cual cuando los musulmanes conquistan España siete obispos huyeron a un lugar ignoto. Siglos después, al descubrirse el Nuevo Mundo, reaparece y muchos españoles y de otros países creyeron  que fueron a parar a estas tierras muy ricas en oro y piedras preciosas.

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El primer virrey del Nuevo Mundo, Antonio de Mendoza y Pacheco, aprobó la expedición para llegar a Cíbola, el año 1540, capitaneada por Francisco Vázquez de Coronado. Un año antes fue un monje franciscano, francés, Marcos de Niza, acompañado de varios indios para informar de la veracidad de aquel lugar. Este monje llegó como capellán de las tropas de Pedro Alvarado, y describió aquel sitio, que vio de lejos, como un lugar bañado en oro, con cúpulas doradas, lo que luego al llegar la expedición fue un poblado de casas de adobe. Los gigantes de oro fueron molinos de barro. Parece ser que desde lejos la luminosidad de la zona da un  halo dorado al paisaje en determinadas estaciones del año, algo nuevo por aquel entonces para los que llegaron de nuevas a aquellas tierras. A pesar de la decepción, tal fue la obsesión y tanto se obcecaron que siguieron la “aventura” en busca de Quiviria, que tampoco encontraron y de los 800 indios que partieron y 340 españoles al cabo de dos años volvieron cien. En la segunda mitad del s. XVI la fama de riqueza en Perú hizo que oleadas humanas desde México pasando por Centro América, muriendo en ese periodo de tiempo sobre cuarenta mil españoles. Lo cual supone un impacto en la metrópoli, por lo que no fue un tema baladí.  Muchos hipotecaron sus bienes para financiar tal expedición. Como dice el escritor argentino Dardo Cúneola imaginación fue la savia de las aventuras del mundo europeo en América“.

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Lo cual no fue sólo una cuestión de riquezas, también de salud. Como cuando a la luz de las ensoñaciones Ponce de León se desplazó desde Puerto Rico al lugar que sería años después la primera ciudad del futuro Estados Unidos, San Agustín, en busca de la Fuente de la Juventud para “recuperar nueva savia” en su cuerpo que acabase con sus dolores, enfermedad y vejez.
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Bernal no deja de quejarse por él y en nombre de sus compañeros que quedan vivos y por la memoria de quienes murieron, harto de que se sublime y digan lisonjas de unos capitanes y se abaje a otros, a muchos que ni se les nombra, como la crónica que hace Francisco López de Gómara, a quien refuta muchos datos a lo largo de su obra: “Cuan poco sueldo hasta agora he ganado yo y otros hidalgos que en mi compañía andan y el poco provecho que hemos conseguido“. Exige, a modo de Sancho, la fama y hacienda que merecen. Cervantes, pienso se burla de esto y hasta de la derrota, que no toma en serio las batallas de ultramar, convirtiendo a su personaje hidalgo en el Caballero de la triste figura, en relación a la “noche triste” como se conoció en su época la retirada de Cortés y los suyos de México, en la obra de Cervantes se crea  otra derrota cuando unos pastores dan una paliza a don Quijote tras atacar a un rebaño de ovejas y pasa la noche en vela con Sancho a su lado y reclamando éste su ganancia. Lo que asemeja al retiro del personaje Amadís cuando por razones de amor se retira al bosque y se hace llamar Belltenebrós, el “bello triste”, pero este paralelismo parece orientarse a su parodia, pues encaja con la mentalidad de entonces que él representa. Lo que Cervantes realiza, lo cortés no quita lo valiente, con gran maestría, ironía y sorna, satíricamente. Pero no por ello hay que dejar pasar de largo, que la escena de la matanza de ovejas en el año 36 aC. aparece en una narración de la obra “Sátiras” de Horacio, siendo Cervantes ávido a la lectura de los clásicos, como lo comprueban sus abundantes citas. En dicha obra se recoge que Príamo cuenta que Ayax, el héroe griego más grande después de Aquiles, “estaba loco: masacró mil ovejas gritando que eran el ínclito Ulises, Melenao y yo mismo a  quienes mataba”. Algo que no sucede ni parecido en novela de caballería alguna, que repito, es de lo que disfraza a los conquistadores Cervantes en su novela. Como enseña Antonio Cortijo Ocaña (2002): “Carnavalizar para parodiar“. Bajo este prisma hay que entender cuál es el fondo de la obra “Don Quijote de la Mancha”.

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Observemos la ironía cuando la duquesa pide en su carta a Teresa, la mujer de Sancho, bellotas a cambio del collar de perlas que ella le regaló. Una alusión, se puede entender, al trapicheo de los conquistadores con los indígenas, que cuando éstos regalan oro y piedras preciosas o plata, aquellos dan baratijas. Tal parte de la novela carece de sentido de otra manera en la novela de Cervantes. ¿Por qué, a cuento de qué? Sancho Panza al dejar su cargo de gobernador en la ínsula de Baratalia advierte que “se subió sobre la torre de la ambición y la soberbia“, de lo que fueron acusados los conquistadores una vez adquirieron cargos en el Nuevo Mundo, nunca así los protagonistas de las novelas de caballería, más bien lo contrario. Insiste Sancho, que en contra de lo que es costumbre él entró al cargo sin blanca y sin blanca sale “bien al revés de como sucede sobre los gobernadores de otras ínsulas”.
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Los conquistadores de la Nueva España acaban por considerarse a sí mismos hidalgos, por entender que no es por herencia, sino por derechos propios y exigen las bondades que goza la nobleza en la península. Vemos que se siembra la semilla de las rebeliones a posteriori de los criollos para la independencia de aquellos territorios. Para aplacarles las autoridades del Imperio les conceden la “hidalguía de notoriedad”, que es a través de un oficio, por el cual van a obtener riqueza. Carlos I no cumple sus promesas a los conquistadores que luego Bernal reclamara por carta al heredero del imperio Felipe II. Ya Hermán Cortés echa en cara al primero “¿Es que su majestad no tiene noticia de ello o no tiene memoria?”

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Los descendientes de los conquistadores van a defender el mérito de su hidalguía que ganaron por las acciones y méritos en la conquista sus padres y abuelos y no por nacimiento basadas en herencias medievales. Fray Jerónimo Román (1575), anota Vélez, reclama en su obra “República de las Indias”, referida a la cultura peruana, que los conquistadores de la Nueva España y Pirú son hidalgos, que merecen el pago de 500 sueldos. Si bien es cierto que no pocos conquistadores fueron hidalgos de por sí. Tema éste recurrente como veremos más adelante. Lo cual hace que pensemos el que don Quijote sea hidalgo es en relación a este asunto, lo cual en su época fue  un asunto de primer orden.
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De aquella Bernal se queja de las crónicas, como la del cronista oficial López de Gómara, que hacen intervenir en las batallas al apóstol Santiago con su caballo blanco y al que dan el mérito de la victoria, a quien él no vio y sí a mucho esforzado soldado, que muchos murieron y él sintió el dolor de las flechas, de lo que no hablan los cronistas del reino. Hubo, no cabe duda, controversia, porque también desmiente los informas del padre fray Bartolomé de las Casas, a quien acusa de hacerlo para sacar prebendas, si bien reconoce que hubo abusos y los cuenta, pero que también fueron castigados, y dentro de una situación de guerra en un territorio desconocido. Tras leer “Brevísima relación de la destrucción de las Indias” que escribe Fray Bartolomé de las Casas, me parece la obra de un fanático, que no miente, sino que delira sobre la base de exageraciones, que no es que se crean o no, pues carecen de contraste ni están documentadas la mayor parte de las acusaciones que hace, sino que no son creíbles. Parte de hechos deleznables, ciertos, pero en una exposición narrativa incoherente y  describe imaginaciones. Entre otras cuestiones silencia lo que fue una certeza entonces y que se ha demostrado, como es la práctica del canibalismo ritual, hasta el punto de narrar que los indios iban con redes para llevar su poca comida frugal, cuando es donde trasportaban a los conquistadores que caían en sus “redes”. Este debate y tales informaciones y desmentidos adquirieron gran intensidad en España durante el tiempo en que Miguel de Cervantes se dispone a escribir su gran obra. Sobre los estudios de la capacidad psicológica para informar de Las Casas hay muchos análisis que lo califican de delirante y paranoico, como son las conclusiones de Ramón Menéndez Pidal, el mexicano Esquivel Obregón, el argentino Rómulo Carbia, el peruano Porras Barrenchea y más. Según estudia el profesor de Filosofía Social, Vidal Abril Castelló, “las acusaciones de Las Casas se ven superadas por el equilibrio y ponderación de una nueva generación entre los que figuran los más lacasistas de la escuela de Salamanca”.
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Además Bernal va a poner el dedo en la llaga cuando afirma que se hace todo tipo de reconocimiento a los soldados que han luchado contra el Islam para quien hubo dinero, armas, gracias al oro que ellos mandaron de ultramar, que fue logrado a fuego y sangre. Esto no le es ajeno a Miguel de Cervantes. No siendo pocos los estudiosos que ven gran paralelismo entre la obra “Don Quijote de la Mancha” y la escrita por Bernal, como testimonio, el cual es parodiado, caricaturizado, insisto porque hay un gran recelo entre los soldados conquistadores del nuevo mundo y los que entran en batalla contra los turcos musulmanes. Cervantes no responde a Bernal, cuya obra probablemente no llegó a conocer, sino al ambiente de los conquistadores y especialmente de sus descendientes. Autores que han observado tales coincidencias, pero que en ningún caso lo han asociado como fondo de lo que escribe Cervantes son Alberto Rivas Yanes (1997); Walter Mignolo (2005); Ángel Delgado (2009) y Rolf Ebercuz (1991) estudiosos como historiadores y filólogos analizan la obra de Bernal y Cervantes encontrando similitudes importantes como que se autocritican desde la misma obra creando una especie de meta literatura, no siendo algo usual. Y la coincidencia de muchas expresiones. Cervantes fue conocedor de todo este entramado de quejas y noticias, pero toma partido.
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No hay que olvidar que Hernán Cortés, ya con cierta edad para demostrar su valía como soldado fue a la conquista de Argel, (1541) defendida por el almirante turco otomano Barbaroja. Bernal alude a que soldados que han participado en batallas entre cristianos, contra el rey de Francia y en breados en batallas contra el Gran Turco se ven desbordados sin embargo al luchar contra los Indios en México, dando fe de la dificultad de su empresa. ¿Por qué esta insistencia si no?
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Hernán Cortés se vio despreciado por el emperador que no siguió sus consejos al acompañarle contra Argel, después de todo lo que hizo. En Nueva España Hernán Cortés gozó de gran prestigio, pero no en España, donde tuvo muchos detractores. Lo cual hizo que quisiera limpiar su nombre ante el Consejo de Indias, responder a los ataques sufridos injustamente y reclamar sus propiedades. Se le consideró un mendigo de cargos y prebendas, porque no se dio crédito al esfuerzo y riesgo al que se enfrentaron. Todas esas intrigas cortesanas contra él y los suyos las recogió Cervantes posicionándose, siendo Sancho Panza claramente un retrato de ellos, frente a la imagen caballeresca que ellos se dieron a sí mismo y que se manifiesta en don Quijote. Sin ver este fondo la obra de Cervantes es más un mito que literaria, que se refuerza para no ver la realidad histórica y psicológica de donde proviene nuestra sociedad y también para entender la obra literaria.
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Adriana Arriagada Lassel ha estudiado la relación de Cervantes con el mundo de las Indias. En «El licenciado Vidriera» cita México, al referirse a esta ciudad como una «ciudad de América, espanto del mundo nuevo». Y corrobora que de México el autor de don Quijote no supo decir más que era una ciudad sobre canales, “versión que hace pensar en una posible lectura de crónica o cartas antiguas, cuando la conquista por Cortés y sus hombres“. Ya que “De lo americano fue, sobre todo, la visión que dejan los relatos orales y algunas lecturas”. Cita a Jorge Fernández para entender que «puede afirmarse que lo que se pensaba, lo que se decía en las conversaciones de mesones y posadas, está latente en el Quijote», también en sus novelas cortas y en su teatro.
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¿Cómo no va a rezumar el tema de los conquistadores en el ambiente de Miguel de Cervantes tan cercano a los focos de las tertulias y ambientes cortesanos, interesado de primera mano, cuando es reconocido que influyó tremendamente en la última obra que escribió William Shakespeare? Llegando más tarde dicho debate a Inglaterra, sin la intensidad con que se vive en España y sin la rivalidad entre soldados y capitanías de diferentes guerras coetáneas. ¿Por qué nada se dice al respecto en España? Quizá porque se mantenga un hilo conductor de modelo que se impuso y que perdura. Pensemos que la obra “Don Quijote” al año de salir de la imprenta de Sevilla la primera parte  se leyó en México, donde fue un gran éxito. Los estudios de Enriqueta Vila Vilar, doctora en Historia de América y miembro de la Real Academia Española de Historia, confirman que “Cervantes tuvo más contacto del que se ha dicho con los grandes comerciantes de las Indias”, no en balde trabajó en La Puebla de Cazalla (Sevilla) en 1593 como comisario del proveedor de las flotas de Las Indias.

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Como comenta el filólogo Ángel Luis Pujante, la obra de Shakespeare “La tempestad” (1611) se inspira en un naufragio ocurrido el año 1609, en pleno debate en Inglaterra sobre el descubrimiento y colonización del Nuevo Mundo. En esta obra aparecen los problemas de relación con otros culturas y de quienes son recién llegados y los nativos, la convivencia o sometimiento, la posibilidad de crear un nuevo orden social. Un debate que está en pleno auge en la sociedad inglesa del s. XVI. ¿En España no? Se quiere ignorar porque obliga a replantear muchas cuestiones históricas, muchos mitos establecidos culturalmente que se habrá de revisar. Pensemos que el descubrimiento del Nuevo Mundo fue algo impresionante que trascendió las fronteras y adquirió una gran intensidad. Por ejemplo el primero Sohugún que gobernó Japón de 1600 a 1605, Tokugama Leyaru, siguió con mucho interés la intervención de España en América, de como se adueño del nuevo continente y que llegó a las islas Filipinas. Le causo temor que pudieran llegar los soldados españoles a sus puertos. Tuvo resquemor del Papa al tener la potestad de proclamar y quitar a monarcas. Las consecuencias fueron cerrar los puertos a las embarcaciones extranjeras y expulsar a los misioneros católicos.

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Poco se conocen las comedias sobre el nuevo mundo de Lope de Vega, que por un lado celebran la conquista y por otro  expresan el sentimiento de culpa. Su obra “Los guanches de Tenerife” (1606) es un canto a la grandeza imperial de España. También un autor francés, Montaigne, escribe sobre esta temética, con su obra “Los canívales” (1603). José M. Martínez Torejón, pofesor de la uniersidad Autónoma de Barcelona, aprecia: “En la comedia de Lope las injusticias del colonialismo se resuelen en reconcilización, y no deja de sorprender el parecido con que Shakespeare plantea las mismas cuestiones en “La tempestad” (1611)”
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Desmiente tal desinterés por parte de Miguel de Cervantes lo que el personaje Sayavedra, de la primera obra que escribió tres años después de finalizar su cautiverio Cervantes, “El trato de Argel”, siendo este personaje su alter ego, con el que manifiesta su desprecio y minusvalora lo que luego ridiculizará, pero que ya manifiesta su parecer, sin lugar a dudas: “Los negros indios con sus clavos / reconocen honesto vasallaje, / trayendo el oro acá de sus rincones / despierta en tu real pecho coraje / la desvergüenza conque una bicoca / aspira de continua a hacerte ultraje. / Su gente es mucha / más su fuerza es poca, desnuda, mal armada / que no tiene en sus defensas muro o roca“. Su intención final con este guión teatral es que se deje la conquista de Portugal y se libere a los 15.000 presos en Argel. Pero vemos como quita mérito a los conquistadores y les acusa de hacer ultraje. Es un tema, pues que conoce, le interesa, y más como soldado.

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Pero es que además Cervantes cita al “cortesísimo Cortés”  en la obra “Don Qujote”, al comienzo de la parte II, cuando esperan el caballero de la Triste Figura y su escudero hacer la tercera salida. Hablan ambos y en una disertación de don Quijote sobre la fama  se pregunta “¿Qué barrenó los navíos y aíslo a los valerosos españoles guiados por el cortesísimo Cortés en el Nuevo Mundo?” Vemos que lo de “cortesísimo” tiene cierta doblez, al ser famoso el conquistador por sus “conquistas” como seductor de mujeres, de ahí ser “cortés“. Lo comenta Cervantes en boca de don Quijote en cuanto a la búsqueda de la mala fama, frente a otra “fama buena” como la de los santos que anota Sancho, que es fruto de la generosidad, matiza don Quijote. Lo dice porque considera que hay personas que para pasar a la posteridad destruyeron  grandes obras o mataron a personajes históricos para que su nombre se perpetuara a lo largo de los tiempos, pero todos supieron en aquella época que fue el mismo Hernán Cortés, quien “quemó” sus naves, lo que se vio como un sentido heroico, pero que para Cervantes fue para labrar la fama sin más, “fruto de la soberbia”. Ésta y otros “gigantes” como la envidia, la pereza, la ira, la lujuria y lascivia es, dice, lo que han de matar los caballeros. Estos dos últimos “gigantes” con “la lealtad a quien hemos hecho señora de nuestros pensamientos”, lo cual es una clara alusión a Cortés. Precisamente Bernal Díaz del Castillo escribió su obra sobre la verdad de la conquista de la Nueva España, para entre otras cosas desmentir este asunto de quemar las naves, pues lo que se hizo fue abarrancar y esconder los tres navíos para que se incorporasen a la expedición los marineros y apoyaran a los soldados conquistadores, pues podrían atacarles y necesitaban más personas al iniciar la andadura a no se sabe qué territorio desconocido. Fue una decisión consensuada con la tripulación, para evitar, además que pudieran robarlas. Es un asunto que estuvo por aquel entonces en la voz del pueblo, en las habladurías de la gente a modo de leyenda urbana. Sancho pregunta a su amo que dónde están agora esos caballeros que ya son muertos. Don Quijote responde: “los gentiles en el infierno; Los que fueron buenos cristianos o en el purgatorio o en el cielo”. Ya en la novela ejemplar “El licenciado vidrieras” Cervantes contrapone la ciudad de Venecia con sus canales a la de la Gran México, que también tuvo sus calles de agua. Venecia es una admiración, la de América un espanto del mundo nuevo.

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En su afición a hacer juegos de palabras, Cervantes vuelve a dar pistas sobre eso que “no dice”. Cuando la duquesa expresa a Sancho Panza, cuando le ha ofrecido la gobernación de una ínsula: “habéis aprendido a ser cortés en la escuela de la misma cortesía… Levantaos Sancho amigo que yo satisfaré vuestras cortesías… y (el duque) cumpla la merced prometida del gobierno”.

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En la escena de la cacería que organizan los duques, Sancho participa montado en su burro. Leemos: “Don Quijote de puro cortés y comedido, tomó la rienda de su palafrén, aunque el duque no quería consentirlo…”. Poco comedido fue Hernán Cortés, lo que da un tono de retranca, a algo que en la época en que escribe y se lee  la obra magna de Cervantes, en cuanto a que los conquistadores fueron más a una cacería que a una guerra de verdad, algo que quisieron contestar y desmentir los conquistadores, como repite Bernal Díaz del Castillo, que ve en esta interpretación falsedad y algo descabellado. Cuenta una versión diferente de los hechos, en contra lo que pulula como opinión. Refiere Cervantes a perros en la cacería, que parece denuncia lo que corrió como historia tras los escritos de Fray Bartolomé de las Casas, en cuanto los conquistadores solieron llevar perros para perseguir y matar y comer a los indios, incluidos niños y mujeres. Los indios cierto que tuvieron miedo de ellos, y lo que pudo ser un acto de crueldad puntual se creyó fue algo frecuente. Lo que dio pie a hablar de ir a la cacería de indios.

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Sancho insiste en que la cacería “consiste en matar a un animal que no ha cometido delito alguno“. A continuación don Quijote hace una apología de la caza, pero como una imagen de la guerra, que él defiende contra el infiel. Así en la misma escena Cervantes traslada el sarcasmo a un terreno propio que nombra y defiende, al oírse en el bosque infinitas cornetas durante la cacería y otros instrumentos de guerra, como de muchas tropas de caballería. Se oyeron gritos de moros, los lelíles, como cuando entran en batalla. El duque pregunta “¿qué gente de guerra este bosque atraviesa?” Sancho alude a esperar como en Flandes (la otra guerra seria y real contra los protestantes al igual que contra los moros agarenos, dejando una imagen de “cazadores” para los conquistadores de la Nueva España)

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Se acusó a los conquistadores, y tal fue su fama (mala) de llamar “guerra” a lo quen no fue tal. Lo que desmiente Bernal Díaz, que nombra al final de su obra una por una, comparando su gesta y epopeya, según él, con las del emperador Julio César. Incluso se increpó a los conquistadores de querer llamar guerra a sus abusos para dar forma legal al hecho de lograr esclavos, que es o por compra o por guerra. Por aquella época en que vive Cervantes de joven y a la vuelta de Argel, fue un tema social de calado popular, hasta el punto de que hubo cantos y romances que compararon a Hernán Cortés con Nerón. Cervantes escribe su obra en tiempos de la generación de hijos y nietos de los conquistadores que reclaman sus derechos. Los criollos alientan la crítica a los soldados conquistadores para justificar su Poder y revueltas contra el Poder del imperio. Desde otros estados se da veracidad a la leyenda negra para minar a España como imperio y azuzar la lucha contra el mismo. Pero desde la metrópoli también para mermar el Poder de los asentados en el Nuevo Mundo y evitar que acumulen riqueza y Poder. El descrédito y desprecio es total. Son mal vistos. Incluso entre los conquistadores pleitean y se difaman unos a otros para evitar que otro pueda ocupar su espacio y consiga más riquezas, así como por defender el derecho de cada cual a ser gobernador de un territorio. Refuerzan sus acciones con el demérito de los demás. Se lanzan entre ellos falsas acusaciones o se exageran los abusos de Poder, en los que cada cual participa a su manera. Llegaron a matarse unos a otros. Todo esto llega a España y crecen las leyendas. Cervantes como soldado que luchó contra los turcos va a incidir en el descrédito, al ver la conquista como fruto de una locura, de soldados que, como Bernal, se comparan con los protagonistas de las novelas de caballería, en especial a Amadís de Gaula y que a su vez dicho ímpetu se convierte luego en codicia por lograr riquezas (sobre todo oro), encomiendas, títulos nobiliarios y la gobernación de algún territorio, queriendo mandar los soldados, como Bernal, que al cabo de muchos lo logró, siendo un soldado sin otros conocimientos ni preparación.

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Cuando don Quijote, derrotado por el caballero de la Blanca Luna, vuelve a su pueblo con Sancho. Se encuentran con un lacayo del Duque, al que han vuelto a encontrar. Sin venir especialmente a cuento  dice Sancho: “Queremos el envite, échese el resto de la cortesía y ensanche el buen Tosilos a despecho y pesar de cuantos encantadores hay en las Indias“. No dice en las ínsulas, ni refiere a encantamientos de novela alguna, sino de las Indias, lo cual descubre de manera clara su intencionalidad, al menos como una parte esencial de su obra de “encantamientos”, lo cual no deja lugar a dudas. Podemos interpretar lo que queramos, hacer las exégesis más rebuscadas, pero dice lo que dice. Sin olvidar que lo hace casi al final de la segunda parte, en la que responde a la obra homónima de Avellaneda, en cuyo anexo correspondiente veremos la reafirmación en este sentido, que no lo pasa por alto, sino que es significativo. Lo mismo que crítica el autor o autora, que escribe bajo seudónimo, las novelas de caballería, pero por su sentido fantasioso y no por la sexualidad, ya que la hace explícita en su novela. Cervantes responde de esta manera al autor o autora que firma como Alonso Fernández de Avellaneda, en tanto y cuanto esta segunda parte (que no es apócrifa como se trata de hacer ver, sino de otra autoría) hace visible repetida y ostentosamente como fondo lo que estamos tratando, mucho más que el tema de las novelas de caballería que lo arrastra de la novela original. Sin tratar de interpretar nada, o querer encontrar lo que no hay, sino leer lo que está escrito, que parece insólito después de cuatro siglos no se quiera ver. Podremos dar más o menos significación al asunto, pero no despreciar, negar o ignorar, porque “lo escrito escrito está” y es comprobable. Cervantes en su respuesta no quiere quitar el disfraz a su personaje, pero sí anular el efecto de ridiculizarlo que hace sobre él Avellaneda. Aclara Cervantes a qué se refiere en esta respuesta, a modo de acuse de recibo, insistiendo en su postura y califica desde su novela, cuando don Quijote llega a Barcelona con su escudero, se refiere a “ese otro Quijote” como “falso, ficticio y apócrifo”.  Avellaneda no lo solapa, ni lo pasa de largo, sino que insiste en la legitimidad de su autoría y lo manifiesta abierta y claramente. Realmente es lo que le motiva la respuesta con otra novela a la par, como veremos más adelante.

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Dos años después de difundir Bernal su obra, sin ser publicada aún, Pedro Pizarro edita otro libro: “Relación del descubrimiento y conquista”. Cervantes tiene ya 23 años, cuando está en apogeo este debate en la sociedad. Hasta mediados del s. XVI hay documentos, cartas, bulos y leyendas. Luego los protagonistas quieren dar su versión, pues se ven mancillados, ultrajados en su acción que ellos valoraron como hazañas y son despreciadas. Los viejos soldados conquistadores que quedan para contarlo lo hacen a través de sus hijos. Quieren dar su versión y reivindicar su hombría y valor. Observemos que la novela de Miguel de Cervantes  supone el fin de las novelas de caballería, pero también del interés y centro de atención sobre los protagonistas de la conquista del Nuevo Mundo. Fundió ambos aspectos, de realidad y ficción en una misma caricatura.

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En la historia del cautivo que se integra en la novela “Don Quijote de la mancha” los tres hermanos que han cumplido con la exigencia de su padre, de la montaña de León, uno de ellos fue a luchar a la batalla de Lepanto y cayó prisionero, llegó a España pobre después de mucho sufrimiento, mientras que un hermano es oidor  de las Indias en México y ha de volver desde Sevilla, con una buena situación económica y el tercero más rico aún está en Perú. Lo cual es una alusión explícita a este asunto. Además en aquella época todo el mundo supo qué es un oidor, figura que cita Bernal Díaz en su obra autobiográfica de la conquista de la Nueva España, pero pasados los siglos es una labor desconocida, de manera que en la época en que escribe se entiende este juego de críticas y de referencias a cuestiones del momento.

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Otra alusión es cuando Sancho escribe a su mujer una carta y se la lee a la duquesa. Firma como “Tu marido el gobernador”, lo que fue una obsesión de los soldados conquistadores. Sobre si la escribió Sancho responde a su interlocutora “no sé leer ni escribir, aunque sé firmar”, lo cual es coincidente con Bernal Díaz. Nada de lo que narra Cervantes tiene que ver con las novelas de caballería. Ridiculiza el esfuerzo de los soldados conquistadores, cuando hace que Sancho Panza se dé tres mil azotes para que se desencante Dulcinea. Como toda sorna y sátira no aparece el sujeto al que se refiere, porque lo disfraza de otro. Lo que Sancho dice es una parodia de lo que reclaman y motiva a los conquistadores del Nuevo Mundo: “me partiré al gobierno, andando voy con grandísimo deseo de hacer dineros porque me han dicho que todos los gobernadores nuevos van con el mesmo deseo“. ¿Qué novela de caballería trata algo así? Ninguna. Sin embargo el mismo Miguel de Cervantes quiere ir al continente recién descubierto para “hacer las Indias”. La duquesa reprocha a Sancho, como si al autor lo hiciera a los que se refiera que “la codicia rompe el saco” y “la codicia hace la justicia desgobernada”.

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Y algo que entronca nuevamente con lo que venimos analizando, todo este maremágnum de reacciones, de reflexiones individuales y colectivas desembocan en el fondo de nuestra civilización y su antagonismo poco a poco se tuvo que controlar y anular lo más posible: por un lado la represión desde la moral y como esencia de la fe católica en torno a la sexualidad que se hace cada vez una represión más extrema y exigente como organización religiosa que toma el Poder social y el control de los individuos, de manera que marca la superación de la naturaleza humana, por contra quienes quieren dejar fluir la naturaleza humana sin sentimiento de culpa, modelos enfrentados, que son representado en la obra “La tempestad” por Próspero y Calibán respectivamente. Sin embargo hay un sector social que representan los conquistadores españoles del Nuevo Mundo y son un paradigma como mentalidad que se refleja de los protagonistas de las novelas de caballería que se sitúan en un estado intermedio entre la fe, devotos católicos y a la vez defensores y que viven plenamente los placeres sexuales. Lo cual el poder eclesiástico extirpó de raíz, lo mismo que los poderes puritanos protestantes y calvinistas que dan lugar a la sociedad victoriana en el mundo anglosajón y germánico en donde el modelo de sociedad occidental construye individuos reprimidos con una personalidad amordazada, llevando la sexualidad al mundo inconsciente que descubrirá Sigmund Freud (1900) y analiza cómo afecta y determina la construcción de la personalidad. Al mismo tiempo se despojó durante siglos a la literatura de su naturalidad, algo que afecta al mundo de hoy mientras no queramos darnos cuenta de los orígenes de esta situación y se siga encubriendo y no planteando la realidad abiertamente, al considerar que son cuestiones de interpretaciones, lo cual será posteriormente, pero los libros, novelas y testimonios aludidos, insisto, dicen lo que dicen.
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Son pues tras líneas conductoras la de la obra de Cervantes que no se tratan en los estudios que repiten y repiten argumentos estereotipaos: 1.- el enamoramiento como sentimiento real que vive su personaje central. Más aún don Quijote lo vive, pero Sancho para ir con un vecino así, sin ser un tonto, también está enamorado, lo que le une al hidalgo del pueblo que sale de aventuras, pero no lo ha vivido ni reconoce, aunque este sentimiento oculto es lo que le impulsa, de otra manera es difícil de entender. 2.- La caricatura con la que ridiculiza en el personaje central don Quijote, lo cual manifiesta abiertamente, a las novelas de caballería, especialmente Amadís, que se supone están prohibidas, lo que afecta al espíritu de aventura de los conquistadores. Y 3.- La parodia de los conquistadores que reclaman su recompensa, encarnados en Sancho. Siendo anteriormente ellos mismos “quijotes” cuando salen en busca de aventuras y ensoñaciones de grandeza.
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La literatura necesita un giro copernicano, tanto en cómo se enseña, al igual que en su análisis y en su manera de hacerse, porque de otra manera desaparecerá en una pura erudición vacía y mero formalismo que se conforme con ser una pieza de museo de la cultura, cada vez más tecnificada y “especializada”. Esta labor exige ir a las raíces y desarrollar las ramas que han quedado amordazadas, ocultadas, guardadas a buen recaudo y que se procura que no se lean y se prolongue la censura y la asfixia literaria, lo que exige rescatar las obras de caballería, reconocer qué es de lo que tratan y acabar con los estereotipos que se extiende en universidades y centros de enseñanza al respecto, a la vez que recuperar la memoria literaria antes de que la sociedad caiga en la demencia del arte y en una cultura que se olvida de sí misma al perder su identidad, cuyos síntomas cada vez son más evidentes.
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¿Cómose  cuenta la historia de Amadís de Gaula? He aquí la cuestión.
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Tal es la pregunta clave que hace que debamos prestar atención a la novela “Amadís de Gaula” y a su olvido en el mundo literario, de lo que queda una vaga referencia y sobre la que las asignaturas de literatura nada dicen al respecto, en cuanto a su singularidad.
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Antes de referirme a este apartado quisiera citar una reflexión que hace Sigmund Freud en su obra “Introducción al psicoanálisis”: “Yo no inventé el inconsciente, ni acceder a él, lo cual ha hecho y hace la literatura. He inventado el método científico de hacerlo“. Tened en cuenta esta referencia, es muy importante porque nos permite vislumbrar la influencia que ejercen el conjunto de las obras literarias en la cultura y en la formación de la mentalidad social.
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Una de las cuestiones que me llamó la atención con la lectura de Amadís fue la riqueza de nombres que tiene.  Cuando en 1988 quise poner a mi hijo el nombre de Rayo no pude. Se me dio la opción de llamarlo José Rayo o Rayo María. Pues tenían que ser nombres que estuvieran en el santoral católico. Y estoy hablando del registro civil, en el que es obligatorio inscribirse. Yo no me lo pude creer ni dar crédito en un principio, hasta que vi que la cosa iba en serio, de manera que no registré a mi hijo, con el coste que eso supuso en aquella época al carecer, entre otras cosas de asistencia en la Seguridad Social. Establecí un pleito que obligó a que el Parlamento votase un cambio de ley sobre el registro civil. Lo cuento porque es significativo, pues hasta ese momento pareció normal. Resultó que muchas personas que se llaman Yolanda o Nieves, etc., van con el “María” delante.
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Otra cosa que me sorprendió fue el descubrir un lenguaje cinematográfico, con descripciones muy detalladas de las escenas, sobre todo las violentas. Cuenta, por ejemplo, que un caballero clava la espada entre la cuarta y tercera costilla, o salen las venas del cuello de un tajo de la espada. Narra imágenes impactantes, como si quisiera que el lector las visualice. Y lo hace con toda intencionalidad. El soldado del ejército de Hernán Cortés, Bernal Díaz en su crónica de la conquista de la Nueva España se refiere a este aspecto haciendo especial mención de la obra Amadís de Gaula que destaca respecto a otras obras de caballería. Plantea no entrar tanto en pormenores de las batallas “ni demasiada prodigalidad y esa cosa de nunca acabar pues parecería a los libros de Amadís o caballería
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Otra cosa que adquiere especial relevancia es leer el prólogo que escribe a su obra Garci Rodríguez después de haber terminado de leer la obra. En la página 4 escribe Garci Rodríguez: “Titus Livio ensalza honra y fama a los romanos, aquellos que menospreciando las vidas quisieron recibir la muerte por a otros las quitar (…) podemos creer lo suyo que leímos, por muy extraño que parezca. (…) en toda la su gran historia no se hallará ninguno de aquellos golpes espantosos… bien se puede creer cuando Troya, cercada y destruida por los griegos, y así mesmo la conquista de Jerusalén, con otros muchos lugares por esos mismos golpes“. Hace una alusión a las cruzadas y vemos como quiere que se vea el aspecto negativo de las guerras, su dolor, para estremecer al lector. Lo dice el autor, quiere que así sea, desde su propia experiencia porque formó parte del regimiento de Medina desde el año 1481. Nada que ver con quienes afirman que esas descripciones son para enseñar cómo usar la espada y educar en la violencia a los futuros caballeros, lo que justificaría que se dejasen a un lado este tipo de novelas, pero es exactamente lo contrario y además luego ha seguido habiendo novelas violentas y de enredos amorosos muy valoradas y que han quedado registradas en el mundo literario.
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En la novela de Amadís hay una escena sobre un paso que guarda un caballero, el cual se encara a Amadís: “no pase más adelante si no otorgáis que es más fermosa la amiga de aquel caballero que la vuestra”. En respuesta el protagonista saca la espada de la vaina, “diole un golpe tal en el pescuezo que la cabeza le hizo caer a los pies”. Es decir arranca esta idea de cuajo, que no acepta. No se anda con discusiones ni nada. Sin embargo en el Quijote cuando su protagonista, el hidalgo caballero se acerca a los mercaderes toledanos que van a comprar seda a Murcia, les dice: “confesar que en el mundo no hay doncella más hermosa que la emperatriz de la Mancha, la sin par Dulcinea del Toboso”. Una de los mercaderes le dice “¡Mostrásnosla!”. El valor que resalta el Quijote es que lo importante consiste en que sin verla creer, confesar, pensar ella y defender su hermosura. Tergiversa completamente al personaje de la caballería. Se inventa un esquema para ocultar la realidad. Cuando Amadís dice: “El buen entendimiento y esfuerzo es el tesoro de los Hombres”. Y a la mujer defiende y guarda de tuertos (peligros) y desaguisados que les hicieren. Es decir ante hechos concretos.
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Sin embargo es justo lo contrario lo que se critica en la obra del Quijote sobre la imagen de caballero andante. El estilo de novela a la que critica y parodia poco tiene que ver con lo que es en verdad. ¿Qué se quiere ocultar? ¿qué se quiere eliminar y hacer que no se lea?
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En la introducción a la obra “Amadís de Gaula”, Ruiz Doménec comenta sobre peligrosas relaciones que acaban con inoportunos embarazos. Sin embargo Garci Rodríguiez de Montalvo lo describe de otra manera: “En el vicio y el placer moró el rey Perión, diez días folgando todas las noches. Casados ya folgó más de lo que solía y de ahí vinieron sus otros dos hijos“. La palabra “vicio” la utiliza en un sentido positivo. Pasada esta escena describe que los mismos caballeros “van a misa, como caballeros católicos”.
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Otra referencia con la modernidad es que Amadís no acepta en su círculo de amigos a quien no jure que no tomará dueña ni doncella contra su voluntad. Amadís se entiende con Oriana habiendo ella otorgado su voluntad, algo en lo que insiste el autor, el deseo expreso de la dama a la hora de establecer una relación amorosa. Y en tales describe “fue tan turbado de placer y de empacho que sólo catar no la osava, asis en aquella verde hierba, más por gracia y comedimiento de Oriana, fue hecha dueña la más fermosa doncella del mundo“. Vemos que hay una relación concreta y material entre el hombre y la mujer. Que ésta participa activamente. Nada tiene de ideal. Pero sigamos, en Alemania el padre de Amadís, el rey Perión se encuentra con una mujer, la hija del conde de Selandia, quien le dice: ¿no folgáis mejor conmigo en ese lecho que no sólo? (….) de aquella noche vino Florestán”. Galaor, hermano de Amadís, mantiene relaciones con muchas damas. Don Quijote afirma que una, su dama, la tiene en secreto, lo cual le hace ser caballero. Le hace una pequeña concesión cuando afirma: “una golondrina no hace verano”.
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Después de vencer Amadís al gigante Fongomedán y a su hermano Basagante, se reencuentra con Oriana, y cuenta (pg. 439): “estuvo ocho días con el sabroso plazer y todas las cosas que en el mundo dezirse y facerse pudieran“. A continuación afirma que Amadís y los caballeros que lo acompañan toman sus batallas en nombre de Dios y mandaba las armas a la capilla de la iglesia, para armarse ante la virgen María. Casi siempre que describe una relación placentera entre hombre y mujer aparece luego otra en la que afirma la religiosidad de quienes participan de tales relaciones, sin que tenga que ser algo antagónico.
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Amadís vive otras aventuras en las que otras mujeres le quieren seducir. Él se mantiene fiel a Oriana, porque ella le satisface. Y porque ella le ama. No se anda con quimeras. El amor es para él por lealtad, no por fuerza de armas ni por defender una quimera. En la novela de Amadís se comenta que quienes no sacan la espada son herejes del amor. En otro momento se describe que una doncella cató a Galaor y la otra a don Florestán. Folgaron aquella noche y a la mañana tornaron su camino. Florestán salvó a una mujer de ser forzada. Esta mujer le dice: “podéis facer de mí lo que pluguieseis”. A lo que él responde: “Yo os hago libre para que hagáis vuestra voluntad”. Vemos que las aventuras nunca son gratuitas, ni porque sí. Buscan la libertad concreta. Y valoran la libre decisión de las mujeres.
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Gaula es descrita por el autor como tierra viciosa, en la que abundan todas las cosas y la mujer hace a los caballeros lozanos y orgullosos. Amadís estuvo con su señora Oriana, en el castillo de Miraflores ocho días. De aquel ayuntamiento Oriana quedó preñada, sin sentirlo ella hasta semanas más tarde, que la mudanza de su salud se lo manifiesta. Después de ser llevada Oriana en las naves de los romanos y ser salvadas por Amadís: “Cuando Amadís se vio ante su señora, todas las carnes y el corazón tremían con placer de su fermosura. Ella le tomó las manos.” Vemos que es ella quien participa también. En otra escena se cuenta que la reina Briolanza y Mabilia dormían juntas y aquella noche descansaron y folgaron (….) por la mañana los caballeros oyen misa.
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Es evidente que no cuento estas escenas para resaltar una narración erótica, que en sí misma podría ser curiosa, pero no algo significativo. Lo hago para seguir el hilo conductor de la novela y de los textos, para entender adonde nos lleva la historia de Amadís y qué es lo que combate la escritura de Cervantes y qué es coincidente con los conquistadores y que los estimula e inspira. Sin hacer ese seguimiento no sería posible entender su desenlace, en el cual es donde está la importancia de descubrir nuevamente esta obra de caballería y en donde se puede ver su conexión con la modernidad. No voy a hacer ninguna interpretación, sino mostrar los textos, hacer ver lo que dicen y que no tiene nada que ver con la idea que se ha hecho tener de ella y tal vez, de esta manera entendamos porque es una obra que se ha querido eliminar. Y, repito, no con ello quiero despreciar al Quijote, que es una obra maravillosa y que me encanta, pero creo que es necesario y positivo tener en cuenta a las dos, no sólo una, para rescatar la esencia y el valor real de lo que escribió Cervantes. Y reconocer el valor literario de la segunda parte que escribe Avellaneda.

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Observemos que don Quijote no se lanza a las aventuras por leer libros de caballería, la “locura” la llevó dentro por ser fruto de su enamoramiento. Lo que hacen tales narraciones “fantásticas” fue impulsar a vivir ese sentimiento, vivido en la distancia, que llevó en su interior. Las novelas de caballería vivencian en sus personajes la pasión entre hombre y mujer, por regla general. El enamoramiento sucede sin contacto con el sujeto que estimula tal sentimiento mediante su imagen y es unilateral, mientras que la pasión exige el contacto y la reciprocidad. De no ser así surge la frustración, el desencanto, el desánimo, nunca el enamoramiento.

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Las novelas de caballería lo son de pasión, no de enamoramientos, como sí lo son otras que no de caballería, como por ejemplo “Don Quijote de la Mancha”. Esta obra  trata del delirio, el cual se contagia en la religión, en las campañas militares, la conquista, pero viste la historia de novelas de caballería, que al fin y al cabo inspiran cuestiones fuera de la realidad como fue la conquista del nuevo mundo, que sin embargo hizo que se convirtiera en un fenómeno histórico de primer orden. Bien pudiera verse la aventura de don Quijote contra el “gigante”, dando estocadas a los cueros de vino, el ataque de Pedro Alvarado contra la nobleza de México cuando celebran una fiesta y hace una escabechina, llevado por el miedo y la sospecha. Las novelas de caballería inspiran a los conquistadores, alimentan su entrega a la aventura, forman parte del espíritu de la conquista de la Nueva España. La religión es la excusa, aun haciéndose de buena fe, y es el deseo de riqueza  lo que activa delirios de grandeza y metas imaginarias que son creídas. Lo cual es ridiculizado al amparo de las novelas de caballería, que son fantásticas, pero no delirantes.

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Cervantes arremete  contra la realidad humana y de su época. Los sentimientos crean situaciones extrañas, confusas, dolientes, de locura. De hecho su novela es un estudio comparativo de situaciones amorosas, que siendo muchas escenas cotidianas y  de la realidad acaban juntándose en un entramado sentimental con la vivencia emocional de don Quijote en Sierra Morena y en la venta después. Entremezcla las narraciones de Marcela que no se ve responsable del suicidó de quien la deseó y ella no le correspondió, la de Dorotea y don Fernando, Cardenio y Luscinda, el cautivo y Zoraida, los jovencísimos Clara de Viedma y don Luis, el caballero de Aragón. En otra historia que intercala también hay un enredo de amor, la de Leandra, engañada por el soldado Vicente, cuando la desean Eugenio el cabrero y Anselmo, siendo admirada por todos los pastores de la comarca. Los protagonistas de estas historias de amor acaban  en el mismo lugar que don Quijote. O en la segunda parte lo que cuenta la dueña Dolorida, una historia “inventada” sobre don Clavijo y Antonomasía, infanta que queda embarazada y su madre muere del disgusto. Hay un pasaje esclarecedor en este sentido, cuando el oidor descubre que el cautivo es su hermano; entonces el cura une de las manos a Zoraida, Luscinda, Dorotea y a la hija del oidor. Don Quijote que ve la escena y escucha lo que hablan lo considera un “extraño suceso” todo lo que se ha contado, lo cual atribuye a “quimeras de la caballería andante”, cuando se supone que son historias sacadas de la misma realidad: celos, adulterios, engaños de las parejas, prostitución, matrimonios amañados por los padres. O la historia de celos de Claudia Jerónima, a la que encuentra don Quijote cuando estaba con unos bandoleros camino de Barcelona. Enamorada de Vicente Torrellas y prometida, cuando cree que se va a casar con otra mujer le persigue y dispara. Antes de morir le cuenta éste que  no se iba a casar con nadie sino con ella. Finalmente Claudia decide ingresar en un convento. Cervantes hace un tratado de los sentimientos y de comos se entrecruzan en las personas y cómo afecta a la sociedad. Sin embargo hay algo que quedó relegado, destruido en el olvido, que aparece en la modernidad sin historia, huérfana de literatura que se desconoce porque ha desparecido la novela de caballería y con ella el paradigma que supususieron todas ellas.
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¿Cómo llegan a un acuerdo el emperador Arquisil y Amadís? Aquí está el hecho clave de la obra. ¿Por ley de armas? Es de esta manera que la Iliada resuelve su conflicto de aqueos contra troyanos: Helena es la esposa de Menelao, rey de Esparta. Cuando su mujer es seducida por París convoca a los griegos para luchar contra éste, hijo de Príamo, rey de Troya. Los aqueos son capitaneados por Agamenón. La guerra dura diez años, hasta que los troyanos son completamente vencidos. La mayoría muere en la contienda. Finalmente Melenao se reconciliará con Helena y tienen una hija, Hermíone.
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La Iliada sigue formando parte del bagaje literario, lo mismo que la Eneida, de Virgilo. En ésta novela épica el protagonista, Eneas, acaba peleando contra Turno. Tras su victoria, Eneas funda Roma, cuyo destino está escrito: someter a toda la tierra. Turno muere en el singular combate. El vencedor se casa con Lauvinia. Ambos contendientes y sus respectivos ejércitos aceptan zanjar la cuestión de la guerra con sangre.
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El Quijote durante la cena con los cabreros hace un discurso de las armas y las letras, en el cual establece que el fin de las armas es la paz, “el fin de la guerra es la paz”. Es decir que a la paz se llega con la victoria de una de las partes. Observemos que la guerra es el elemento central de la Historia de la humanidad, en torno a la cual se han formado los estados y se ha impuesto una cultura sobre otra.
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Pues bien en la obra de Amadís se lee textualmente: “el emperador de Roma siempre pasó con Amadís a su tienda y entre ambos dormían en una cama, que nunca una hora eran partidos de en uno” (pg. 1035). Su tienda fue guardada por el mayordomo de Arquisil. La campaña en la tienda de Amadís, al ser de gran guisa y crianza nunca estaban sino jugando y burlando en cosa de placer y llevaban la mejor vida. Los contendientes que se han peleado, y después de que han muerto miles de compañeros, observan que se pueden relacionar de otra manera. Esto está escrito y no se atiende a ello. Se desconoce.
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Pero por si cabe alguna duda de la manera en que llegan a un acuerdo Amadís y el Emperador romano, el autor relata que salen juntos: “Amadís llevaba de la mano al Emperador, y llegose a Oriana, quien se quiere poner de hinojos ante el emperador”, que le dice: “soy yo quien ha de inclinarse ante vos, pues es vuestro marido Amadís quien es señor de mi tierra y mi persona“. Y esto lo dice textualmente ¡a comienzos del siglo XVI! Cuando estuve leyendo todo esto llegué a dudar de que pusiera el texto lo que realmente leí. No me lo pude creer y pensé que a ver si me había ocurrido como a don Quijote, que hubiera deformado la realidad de lo que estaba leyendo. Le pedí a mi compañera y a algunos amigos de la tertulia de los martes que lo leyeran, a ver si lo que yo leí es correcto. Y sí, lo es. Dice lo que dice. Scripsit.
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Hasta la boda los protagonistas se dedicaron a folgar en pasatiempos, ir al monte y caza. Es así como lo cuenta. Pero queda un personaje perverso, que incitó los malos entendidos, Urganda, la cual al final de la obra pide licencia a Oriana para estar con ella y con las que le acompañaban: Briolanza, Melicia y Olinda: “Se abrazaban unas a las otras, y así estuvo Urganda fuera del sentido de plazer, y ella les fazía tantas honras como si señora de todas fueran“. Luego salieron Oriana, Melicia y Olinda juntas. Sus maridos vieron que su fermosura había crecido. Se abrazaron y besaron.
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Y aún otra escena a tener en cuenta: Grasinda, dama no demasiado bella, para encontrar pareja mostró mucho más de lo de una mujer se esperaba. Cuadragante, de más edad que mozo la tomó consigo, para querer y amar. Vemos que no hay una brizna de idealismo en este tipo de relaciones.
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Estoy seguro que esta obra no la leyeron dos cultos falangistas, Francisco Riego Gómez ni Mauricio Cuesta Polo, que hicieron la letra y música respectivamente de un himno del Frente de Juventudes, el año 1963, que dice: ” Camarada, camarada / Amadís es flor de estilo en mi corazón / Amadís marca mi vida / de elegancia y de rigor”.
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Cuando se ha leído toda la obra, el Prólogo de Garci adquiere un valor relevante, porque explica el sentido de lo que ha escrito, no es una simple ocurrencia, o la gracia de un autor. Cuenta: “Los escritos antiguos sobre los grandes hechos de armas es breve lo que de verdad pasó. Las batallas de nuestro tiempo son leídas con admiración. En las antiguas historias de griegos contra troyanos se ensalza la guerra (…) la santa conquista que nuestro rey esforzado (Fernando el católico) hizo del reino de Granada ¡cuantas flores, cuentas rosas en ella por ellos fueron sembradas! (…) esfuerzos, peligros (…) para tal guerra se aparejaron, como en los esforzados razonamientos del gran rey a sus altos hombres y las obedientes respuestas por ellos dadas…. jornada tan católica… tanto lo verdadero como lo fingido pudiera en las nubes tocar… por los sabios cronistas...”. Comprobamos que critica el hecho de que las propias narraciones de la historia deforman los hechos y ensalza la guerra, el enfrentamiento de unas personas contra otras. Pero sigue diciendo: “compusieron historias fingidas, que se hallan cosas admirables fuera del orden de natura (…) corregir tres libros de Amadís trasladando y enmendando… si está mal ordenada obra alguna y yerro pareciese de aquellos que en lo divino y humano son prohibidos, demando humildemente perdón, pues creyendo lo que la santa Iglesia tiene y manda, mas la simple discreció que la obra dello causa”. Vemos que la historia y la manera de contarlo es con toda intención. Y no en un sentido de ofensa, sino de reflexión. Reflexión que aún hoy en día merece la pena hacer.
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Sin embargo estos textos acaban desapareciendo, se han dejado de leer al cabo de un tiempo y es que fue un objetivo conseguir esto precisamente. El 17 de marzo de 1615, el acta de aprobación de la II parte de don Quijote, que firma el maestro Josef de Valdivieso dice (está escrito): “cumpliendo con el acertado asunto en que pretende la expulsión de los libros de caballería, con su buen diligencia mañosamente ha limpiado de su contagiosa dolencia de estos reinos”. Lo cual indudablemente hubo influido (contagiado) en la mentalidad y hacer de los conquistadores inspirados por tales narraciones.
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Y el licenciado marqués Forx, en el informe para la censura eclesiástica escribe sobre la novela de Cervantes: “no habla cosa indigna de un cristiano, bien seguido ajusta extirpar los vanos y mentirosos libros de caballería, cuyo contagio había cundido más de lo que fuera justo… (el Quijote) es medicina generosa para la enfermedad que pretende curar, sirva para la detestación del vicio y hacerse (“esos libros”) odiosos. Recomendado libro para nuestra nación y extrañas”. Cita como tales a  Francia, Italia, Alemania y Flandes.
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Es decir el impulso del Quijote como nuevo paradigma literario influye en el posterior desarrollo de la literatura en general, anula otros modelos de escritura y otras visiones del mundo. Cervantes logra como escritor, desde mi punto de vista, dar realidad psicológica a los personajes, de manera intensa y muy especial a los dos protagonista, con ese juego de narraciones superpuestas, en las que una historia está dentro de otra y el propio libro se ha “escrito” durante el desenlace de la novela, de manera que logra meter al lector en la trama y que forme parte de ella desde su experiencia vital.

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Quiero decir también que si hubiera leído la obra “Amadís de Gaula” sin más me habría parecido original, una propuesta atrevida del autor. Pero me llamó la atención que ¡se escribiera hace cinco siglos! y todavía hoy cause sorpresa y esté de actualidad lo que plantea. Ahora bien, repito, no me hubiera empeñado en dar a conocer lo que dice si no hubiera leído obras de autores modernos que analizan la realidad de hoy en relación a la cuestión que plantea la novela de Amadís. Y es con lo que esta novela se relaciona con la modernidad.

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REFLEXIONES a tener en cuenta

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La realidad que vivimos responde a una construcción social que se ha ido haciendo a lo largo de los años, tanto desde el punto de vista social, como cultural, económico o político. Y se ha realizado desde la ocultación de otros caminos, de otras maneras, por ejemplo de resolver los conflictos y las rivalidades. Parece que la realidad que existe es la única posible. Y vemos que ha habido otras maneras de percibirla y de haber querido hacer las cosas, pero que se arremetió contra ellas y fueron eliminadas. Lo cual repercute en nuestros días. Llega un momento en que ese único camino vencedor es peligroso. La literatura nos abre las puertas para poder elegir otros pensamientos, otras maneras de ver las cosas. No lo despreciemos.
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El sociólogo Anthony Gidens, en su obra “La transformación de la individualidad”, comenta que la sociedad moderna se caracteriza por tener una historia emocional clandestina, que está por revelar. Hay toda una serie de estudios sobre el inconsciente en relación con la sociedad en las obras de Marcuse y Erich Fromm. Wilhelm Reich estudia desde el psicoanálisis  la relación del ser humano con la sexualidad  en obras como “La función del orgasmo” (que según Victoriano Fernández debiera  titularse “La función de la serotonina”) o “la muerte de Cristo”. O Vernadsky que estudia la evolución de la sociedad en fases que se han desconectado unas de otras, lo que hacen que progrese la técnica, el conocimiento y las emociones queden al nivel de la prehistoria. También la relación con un inconsciente colectivo como hace Jung y otros..
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Según Marcuse las formas de opresión cambian, pero su fundamento es el control del principio de placer, que va desde su anulación a su banalización. Lo cual permite introducir en la conciencia de las personas quimeras ideológicas, religiosas o publicitarias. Obras de este autor como “Eros y civilización” y “El hombre unidimensional” explican como la sociedad se ha construido sobre la eliminación del principio de placer, lo que da lugar a lo que llama la deserotización de la vida, a partir de la cual es posible ejercer la tolerancia represiva. W. Reich estudia el control de la actividad sexual para conseguir un carácter generalizado de tipo neurótico que hace que se establezca una conducta obsesiva, socialmente admitida, para aplicarse en el trabajo, la guerra y el consumo.
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Para Erich Fromm separar la afectividad (amor) y las emociones (sexualidad) ha dado lugar a una sociedad agresiva y violenta, que afecta a las relaciones de los ciudadanos. Para Huizinga en la Edad media el matrimonio poco tiene que ver  con el amor “mejor que un muchacha no se enamora ni de su novio”, la recompensa a ser una buena esposa será el cielo después de la muerte, de manera que hay que prepararse para ese momento. Sin este componente afectivo no se puede entender cómo funcionó la Edad Media. En sus obras “El arte de amar”, “Miedo a la libertad” “Ser o Tener”, “Psicoanálisis de la sociedad contemporánea” Fromm analiza la formación de la personalidad con ausencias afectivas que responde a un modelo de producción y de consumo de masas. Pero esta concepción de la sociedad se ha construido a lo largo de siglos. Al presente se ha llegado mediante un proceso histórico, que no responde al azar. Todos los autores vienen a corroborar que falta algo en el desarrollo colectivo en cuanto a la personalidad de los sujetos. Algo que la literatura ocultó siglos atrás, algo que podemos leer en la obra “Amadís de Gaula”. En sus memorias sobre la conquista de México, el soldado Bernal Díaz, que tras acabar la guerra en la ciudad central los soldados solazaban y alegraban con mujeres indias, con muchas de las cuales luego se casaron. Tras divertirse, para cumplir con las obligaciones espirituales hicieron procesiones y misas.
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Es necesario recuperar la literatura de caballería como valor intrínseco y sacarlas del olvido y de la represión. En la actualidad se ha recuperado la sexualidad, pero separada del sentimiento. Tal es lo que se manifiesta en obras emblemáticas que han vuelto a la sexualidad de los personajes, pero de una manera descompensada como reflejo de la modernidad. En la obra de Proust el personaje central ama a Gilberta, pero se relaciona sexualmente con Albertina y luego con Andrea, a las que paga y de las que se apasiona. Ella da lugar a los celos como patología sentimental. Joyce lleva a Bloom ante su mujer desnuda, que duerme o se hace la dormida para masturbarse sobre ella contemplando su desnudez. Molly piensa en marcharse con su compañero de canto. La distorsión de las relaciones personales hacen de los sentimientos fuente de conflicto permanente y de las relaciones sexuales un problema.
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No es asunto baladí, sino de máxima importancia por las consecuencias que puede acarrear. Es el eje sobre el que Fred Uhlman recrea como alemán sus dos novelas “Reencuentro” y “Un alma valerosa”. Plantea cómo una sociedad culta y sensible es capaz de llegar a algo como el nazismo y anular tanto a las personas que fueran capaces de crear campos de exterminio, una organización para hacer la guerra contra el mundo. Sus protagonistas son cultos, sensibles, también el ambiente, pero son tímidos con las chicas, reconocen que su ternura está reprimida, que no sienten afecto de sus padres. Konradín, un noble alemán que se hace oficial del ejército nazi, aunque luego como consecuencia de su amistad con Hans, un compañero de clase judío, es condenado a muerte por intentar atentar contra Hitler. Konradín a pocas horas de ser ejecutado en una horca escribe a su amigo, reconoce que no sigue a ninguna mujer porque ha sido educado en la represión, lo que él llama el autocontrol. Su padre, noble ejemplar, es distante, se limitaban a pagar lo que necesitase, pero le faltó afecto. Se pregunta si su madre tenía sentimientos, algo que le preocupa, que considera que es inportante saber ya que gozó de su pompa y gloria, del boato de fiestas y apariencias. Fue capaz de odiar, en especial a los judíos, pero ¿de amar?, ¿fue capaz de amar?. Cuanta que  oyó decir a su madre, una vez que se hizo el dormido, testigo de una conversación privada con sus sirvientas a las que desprecia tanto como para contar intimidades, como si hablara sola o se las contara a un perro: “detesta el sexo”; y “sólo las prostitutas disfrutan del sexo”. El padre de Konradín fue adúltero. Esa falta de amor carnal le llevó a amar la poesía, esa falta de afecto le llevó a enamorarse sin pasión, sino sentir devoción por su amigo. Lo mismo que a su madre fue admiradora de Hitler y todos trasladan el amor al otro a la patria y ponen el cuerpo a su disposición para la guerra.
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Quisiera apuntar unos datos significativos que suceden desde que se edita la obra “Amadís de Gaula” hasta su desaparición y desconocimiento de este libro, que llega hasta nuestros días. El impulso sobre el que se desarrolla el arte de escribir en la modernidad es la novela por antonomasia de nuestra cultura: “don Quijote de la Mancha”. Veamos unos datos asociados a unas fechas, que van de 1508 a 1605, sin entrar en interpretaciones.

* En España se implanta la Inquisición en 1478. Se aprobó el uso legal de la tortura por esta institución. En España no se suprime hasta el año 1843. Como expone el filólogo e historiador Luis Gil Fernández: “La inquisición influyó decisiva y negativamente en nuestro desarrollo cultural. Lo peor no fue sólo los daños inferidos a la persona concreta sino el impacto en la conciencia de la colectividad y el condicionamiento histórico, con actitudes como el encogimiento del espíritu”. Algo que indica este profesor y que es digno de tener en cuenta en relación a lo que estamos tratando es que ya el historiador romano Tácito de Boccalini (1613) analiza como la consecución de un efecto mimético tipo al camaleón que evita la rebelión personal para que no se trasgredan los valores vigentes ni se creen conflictos o preocupaciones. De lo cual podemos observar no es posible salir sin una referencia externa, bien sea desde otra manera de pensar o desde una óptica diferente de la historia.
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* Previamente hay una serie de medidas que tiene que ver de cara al futuro. Por ejemplo, en el concilio de Santiago, año 1289, se prohíbe a los curas vestir con ropa llamativa y hacer ostentación de relaciones ilícitas. También los concursos de belleza de monjas, e invitar a pernoctar en sus conventos y habitaciones a monjes y peregrinos. Lo cual si se prohíbe es porque es una práctica habitual y la gente no por ello deja de ir a misa. En la época en que se publicó Amadís una gran parte del clero aceptaba el concubinato. La reina Isabel la Católica luchó contra esta situación asesorada por su confesor, Hernando de Talavera, que más tarde fue nombrado arzobispo de Granada, recién conquistada. No podemos olvidar que hay una gran pugna entre la curia que rodea a los reyes y una parte de los representantes de la iglesia católica. Hubo una gran resistencia de las órdenes monásticas a la represión de la sexualidad, que culminó en 1517, a la muerte del cardenal Cisneros, encargado de tal cometido. Unos años antes se sabe que 400 frailes andaluces se convirtieron al islam, lo que hizo que por la fuerza les trasladasen a África.
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* La obra de Erasmo se incluye en 1559 en el índex de libros prohibidos, considerados peligrosos. Desde 1572 a 1577 Fray Luis de León es encarcelado por estudiar las obras de Erasmo.
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* Desde 1501 se exige una bula para lo impreso sin licencia eclesiástica. Veinte años después el papa León X excomulga a Lutero, quien había denunciado que se vendan indulgencias a cambio de dinero.
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* En 1559 se hace un índice de libros prohibidos.
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* Copérnico escribió su teoría heliocéntrica, en la que demuestra que es la tierra la que gira alrededor del sol, entre 1507 y 1515, sin ser publicada hasta el s. XIX.
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* El año 1573 Ambrosio Morales, cronista de Carlos V y luego de Felipe II viajó por el norte de España para hacer un recuento del patrimonio. Se amputó los miembros viriles pues “sintió una diabólica tentación, mientras se afeitaba. Se aplicó con suma violencia para su irreparable derrota, las artes cisorias de Cronos en el sitio de la erección. Se cortó los miembros viriles por la raíz”. La iglesia había tenido que condenar la automutilación pues fue una práctica frecuente. En aquellos años suceden las historietas populares y creencias-experimentadas de relaciones carnales con seres inmateriales, incubos y sucubos: espíritus al servicio de Lilit, demonio de la noche, que visitan a las personas mientras que duermen provocando sueños lascivos y agotadores.
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* El año 1592 Giordano Bruno fue denunciado a la inquisición de hereje. Quemado en 1600 por no retractarse de pensar sobre lo religioso. Es el claro símbolo de como se mata el pensamiento en un momento en que sucede un cambio en la sociedad. Giordano Bruno fue de la orden de predicadores cuya misión fue evangelizar a herejes y analfabetos. Lo cual quiso hacer mediante la razón y la reflexión, cuando la otra vía fue imponerla a sangre y fuego.
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* El año 1616 el cardenal jesuita Roberto Belarmino dio instrucciones a Galileo para que no defendiera el concepto de que la Tierra se mueve. Vemos que hay todo un proceso de anular la realidad, la de la persona se consigue controlando su sexualidad y el pensamiento. Y controlar la realidad del mundo eliminando el conocimiento científico. En 1633 juzgan a Galileo acusado de “sospecha grave de herejía”. Fue condenado a prisión perpetua. La observación de que la tierra se mueve se consideró una herejía. Galileo escribió sobre la irrelevancia de los pasajes bíblicos en los razonamientos científicos, ya que la interpretación de la Biblia debería ir adaptándose a los nuevos conocimientos y que ninguna posición científica debería convertirse en artículo de fe de la Iglesia católica. Los ejemplares de “El Diálogo” fueron quemados y la sentencia fue leída públicamente en todas las universidades. Juan Pablo II abrió en 1979 una investigación sobre la condena eclesiástica del astrónomo para su posible revisión. Trece años después una comisión eclesiástica reconoció el error del Estado Vaticano.
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* Entre los años 1623-1662 se impone el modelo lógico cartesiano, frente al de Pascal. El cartesiano parte de una verdad fundamental. El pascaliano de que hay varias, de manera que es posible analizar la realidad de muchas maneras. Construye una lógica que facilita cambiar la manera de pensar y de ver el mundo.
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* Lope de Vega, sobre el año 1620 hace una reforma del teatro. Anterior a él las obras se consideran “bufonadas inútiles y necias, que halagan el vicio”; “Se impone un teatro para personas virtuosas, en favor de las buenas costumbres” , lo cual puede leerse en el libro “Viaje por España” de la condesa D´Aulnoy (1679) Este teatro que se establece como “oficial” en el s. XVII tiene como eje de su desarrollo el ensalzamiento del amor conyugal y la fidelidad, de manera que las reglas y normas católicas, junto a la fe son incuestionables.
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Son algunos datos significativos, acompañados de otros muchos que debieran ser estudiados para ver que no sólo se produce un retraso en la sociedad, sino que supone el asentamiento de toda una mentalidad, con la que se construye un modelo social del que actualmente somos herederos. Se piense después lo que se piense, se ha establecido un modelo de ver y de construir la realidad. En el caso de la obra de Amadís se elimina con él, y demás obras de su estilo, toda una posibilidad literaria, de comunicación, de ver la realidad. El imaginario colectivo y personal se reduce a una mirada muy estrecha.
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La censura cultural es diferente a la política. En ésta es posible sobrevivir clandestinamente. Pasado el poder que censura se recuperan las ideas calladas de democracia, igualdad y libertad o cualquier otra. En la cultura lo que se posterga queda olvidado, sustituido y deformado. ¿Quién conoce la obra de Amadís de Gaula? ¿Quién la ha leído? Por eso me ha parecido importante decir lo que cuenta esta obra, sin interpretaciones, con qué intención, que no es otra que la que explica su autor en el prólogo. Y lo escrito escrito está. ¡A comienzos del siglo XVI! lo cual es asombroso. Creo que supone un gran descubrimiento literario.
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Marx y Engels en su obra “La ideología alemana” dicen algo que debemos tener muy en cuenta: “las ideas de la clase dominante son las ideas de su época” ; “Los cambios en el lenguaje comportan cambios en la percepción de la realidad. Quien controla el lenguaje controla la realidad”. Y la construye, al igual que nos construye el pensamiento. Por eso es muy difícil que pueda interesar la obra de Amadís y hasta puede parecernos extraña.
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El final de la época feudal supuso la construcción de los estados modernos. Aparecen los ejércitos profesionales. Esto entra en pugna con la mentalidad feudal de los caballeros. Claramente lo expone Modesto Costa y Turell en su obra “La ciencia del blasón” (1856): “Para establecer la disciplina en los ejércitos fue preciso destruir el espíritu caballeresco”, al ser incapaces de someterse a la instrucción militar. Sin embargo la anulación de aquella mentalidad es más profunda y se quiere ignorar su esencia. Carlos V crea las compañías de soldados. Según la biografía de Salvador de Madariaga este emperador lee más de una vez Amadís de Gaula (1516 – 1556), lo cual se cuenta como dato significativo.
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De la Edad Media surgen los estados modernos y un nuevo pensamiento, una nueva organización del trabajo. En aquella época se establecen, por decirlo de alguna manera, los genes sociales de nuestra modernidad. Y en ellos se han eliminado una parte que forma parte, ausente hoy, de nosotros. Ser consciente de ello es necesario para llegar plenamente a la modernidad y evitar los frenos y pasos atrás que sufrimos una y otra vez. La lectura de Amadís de Gaula nos puede ayudar.
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En la Iglesia católica, el primer catecismo oficial fue preparado por el concilio de Trento (1566) conocido como el Catecismo de Pío V. Los catecismos para uso popular fueron redactados por el jesuita alemán Peter Canisius y publicados entre 1555 y 1558. Se elimina el segundo mandamiento de las tablas de Moisés, tal como viene escrito en el Deuteronomio: “no harás imagen ni figura alguna de cuanto hay arriba en los cielos”. Y el sexto se cambia sibilinamente. El “no adulterarás” se convierte en “no cometerás actos impuros”. Sucede en ese periodo de tiempo entre las obras  Amadís de Gaula y don Quijote. Advirtamos que con el pensamiento no se delinque, pero sí se peca. La iglesia católica, las religiones en general y cualquier Poder tecnificado o absoluto, penetran en la conciencia del individuo. Es conocida la sentencia eclesiástica de que se peca en pensamiento, palabra y omisión. Pero no es nuevo. Cuando el imperio romano, con todo lo que se presupone de él el emperador Augusto, puso todo su empeño en regenerar las costumbres y la moral. Llegó a desterrar a su hija Julia el año 8 dC. por llevar una vida licenciosa. También ese mismo año Ovidio se exilió, hasta su muerte diez años después, tras escribir su obra “Arts amandi” por su alto contenido erótico.
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Años después Pío IX, Pío Nono, establece la infalibilidad del Papa, cuyas sentencias están fuera de error en cuestiones de fe y moral (año 1850) Cuatro años después establece el dogma de la inmaculada concepción, dejando a la madre de Jesús fuera del pecado original. En 1950 el papa Pío XII establece que la virgen María sube al cielo en cuerpo y alma, la asunción de la virgen. Miembros de la iglesia católica se preguntaron entonces que cómo era posible que se aceptaran este tipo de cuestiones, que unos siglos atrás nadie se hubiera creído tan siquiera. ¿Qué había pasado? Y más cuando la ciencia había empezado a abrir los ojos sobre la realidad.
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Llegados a este punto caben unas reflexiones de autores que ven que algo ha sucedido. Observan un vacío humano, que tiene mucho que ver con lo que se ha ocultado. Thomas Mann considera en su obra “El doktor Faustus” que el carácter demoníaco de lo sexual ha sido el instrumento por excelencia de trabajo de la psicología clásica. La desnudez como elemento literario es muy importante, reconocida por autores muy diferentes. Vasili Grossman en su obra “Vida y destino” afirma: “una persona que se desnuda por completo se acerca a sí misma… Cuando una persona se ve desnuda la conclusión es: soy yo”, algo que el personaje a quien se refiere, Sofia Ósiponvna, lo refiere como algo que es acerca de sí misma y por su pueblo, “el cuerpo desnudo de un pueblo”. Precisamente esto es lo que se destruye con las novelas de caballería que se ha ido recuperando en la modernidad, pero sin ser conscientes del empeño de su destrucción para que el pueblo desnudo continúe siendo un pueblo bélico, acorazado, como explica a este respecto Wilhem Reich sobre el hombre moderno como un hombre acorazado, para quien la sexualidad se ha convertido en un problema, posiblemente el mayor de todos los de su existencia, individual y colectivamente. Un Quijote que hace ver que rebelarse es por una locura que ha de ser vencida, un personaje que viste con una coraza que consigue colocar en la literatura posterior a él, porque establece un nuevo modelo de novela y de escritura, viste y acoraza la literatura y a través de ésta la mentalidad de una sociedad. En la obra “La Regenta” de Leopoldo Alas Clarín, la protagonista, Ana Ozores, llega un momento en que se aburre en misa y de tanta confesión y reconciliaciones por sus tentaciones y sueños lascivos. Es mientras que se desnuda, el autor no dice “se desviste”, sino que mientras que se desnuda, clama para sí ¡Señor sálvame o piérdeme!, lo cual es significativo, ante la represión moral de toda una sociedad representada en Vetusta.
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Henri Marie Beyle, Stendal, en su obra “Rojo y Negro” (la pasión y la sotana) escribe que en el s. XIX no hay verdaderas pasiones. Francia (y con ella Europa) se aburre. Y afirma en esta crónica de 1830: “Se cometen los mayores crímenes sin crueldad”; “pensar se considera una conspiración contra el poder”, como si advirtiera de lo que pasó un siglo después con dos guerras mundiales.
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El escritor portugués, Pessoa, en su obra “Libro del desasosiego” escribe: “lo que mejor funciona es la estupidez” ; “Nuestra sociedad se ha construido sobre la mentira suprema” y “para llegar a la verdad es necesario invertir lo que ha sido invertido”. Niesztche habla de la transvaloración, la inversión de valores como función del lenguaje para poder ver la auténtica realidad del mundo y de un o mismo. Este autor, junto a Pessoa y Reich desembocan en la locura. Sucumben tras analizar lo que ven y sienten del mundo que se ha construido a su alrededor, cuya mejor defensa es no pensar. Francisco Molina en su obra “la estafa sexual” afirma que los pilares de la civilización están basados en la mentira. Baltasar Gracián, jesuita,  escribe en su obra “El criticón”: “las cosas del mundo se han de ver al revés para verlas al derecho” y “la violencia se usa para dar a entender todo lo contrario de lo que las cosas son”.
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Son algunos apuntes que advierten sobre la modernidad, sobre las ausencias de la misma. Y hay datos que permiten apuntar a lo que hemos contado que Garci Rodríguez de Montalvo dice en su novela Amadís de Gaula.
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Sartre en su obra “El ser y la nada” analiza una característica de la modernidad, la mala fe: “enmascarar una verdad desagradable y presentar como verdad un error agradable”. Foucault hace una historia de la sexualidad a lo largo de la historia que le lleva a su trabajo posterior sobre la arqueología del poder. Thomas Mann, en su obra “La montaña mágica” define una sociedad enferma que se inunda de modernidad. Al final el narrador pregunta “¿será posible que de esta bacanal de la muerte, de esta fiebre sin medida, surja alguna vez el amor?” Es una pregunta muy profunda, pues aunque estemos todos de acuerdo en desear que sí, hay algo que nos arrastra, que nos lleva desde la modernidad a una inercia que es el resultado de algo que no vemos, que queda ausente. Y tal vez haya que desnudar esa modernidad para ver sus primeros pasos en donde hay muchas cosas que se han ocultado, que se han dejado atrás y que nos son necesarias. Leer Amadís de Gaula nos puede ayudar a encontrar algunas pistas..
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Al menos nos lo podríamos plantear para que no nos suceda como al poeta y dramaturgo alemán, Johann W. von Goethe que escribió: “es una vergüenza que haya que llegar a viejo sin poder conocer una obra tan excelente, como Amadís de Gaula, mas que por boca de sus parodistas“. Pues como dijera el crítico literario Marcelino Menéndez y Pelayo: “Amadís de Gaula, de Garci Rodríguez de Montalvo, no es obra nacional, sino humana. En ella radica el principal secreto de su popularidad sin precedentes“. Algo que hoy en día nos es ajeno. Espero se recupere este modelo de ver el mundo que ha sido arrancado de la conciencia social y de la existencia individual. (Ambas citas las plasma el crítico italiano M. Fudini en el Diccionario literario de obras y personajes de todas los tiempos y todos los países. Coordinado por Gozález Porto Bompiano. Editorial Montanar y Simón, S.A.. Barcelona 1967; primera edición en 1959)

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ANEXO 1: Sobre El Quijote de Alonso Fernández de Avellaneda

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Introducción

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Al leer esta obra de Avellaneda me he llevado varias sorpresas. La primera es que su análisis pormenorizado aporta un mayor conocimiento de la obra “Don Quijote de la Mancha” de Miguel de Cervantes y permite salir de los tópicos que tanto se repiten e hiperbolizan de unos críticos a otros, de unos “cervantista” a los demás.

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Leer varias veces las dos partes de la novela de Cervantes, la de Avellaneda y la de caballería “Amadís de Gaula” de Garci Rodríguez de Montalvo lo considero, una vez que me puse a estudiar tales obras detenidamente, una investigación lectora, de la que se pueden sacar diversas conclusiones desde la observación de lo que sus respectivos autores escribieron. Algo que planteo como hipótesis, pero de manera muy fundamentada, repito que se basan en la lectura. El estudio que desarrollo puede servir para abrir nuevas líneas de investigación, una vez que, por ejemplo, en cuatro siglos no se ha logrado saber quién es la persona que escribe bajo el pseudónimo de Avellaneda. Puede que se sigan vías falsas y haya que plantear seguir otras nuevas. Lo que trata de hacer es rescatar lo que dicen tales novelas, no indagar ni dar vueltas sobre interpretaciones hechas.

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Comencé a leer “La segunda parte de las aventuras del ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha” de Avellaneda por curiosidad, pero también para aplicar la teoría de la falsación que plantea Karl Popper sobre cualquier investigación, en este caso una investigación lectora, que llevé a cabo con la obra de la primera parte homónima de Miguel de Cervantes. Propongo como observación que la figura de don Quijote y la de Sancho Panza son una sátira, en el sentido estricto de la palabra, de los conquistadores del Nuevo Mundo. He mostrado, que no demostrado porque es sobre aquello que se lee, que Cervantes hace una alusión directa al “cortesísimo Cortés”, lo mismo que varias referencias directas en respuesta a lo escrito por Avellaneda con claridad meridiana en el marco de este tema, algo que no deja duda alguna, de manera que los conquistadores se dieron por aludidos y de ahí la respuesta desde este ambiente a través de la novela de Avellaneda. Es un asunto que está en el ambiente de la época. Las novelas de caballería son una excusa y la vestimenta literaria para llevar a cabo sus intenciones, sin que lo que cuenta y a lo que se refiere tenga nada que ver con ellas, curiosamente, pero sí con los conquistadores.

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No planteo ninguna interpretación, que tan poco me gustan en las lides literarias, sino que recojo lo que dicen los autores y que es cuestión de leer. Mi inseguridad ha sido que no se haya percatado nadie de esto en cuatro siglos, por lo que releí las obras indicadas y he articulado mis conclusiones sobre el conjunto de las cuatro, aunque no recogiendo con pinzas frases sueltas o ambivalentes, o referencias que hicieran de pasada y sin importancia, sino viendo su concatenación y persistencia en cada texto.

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Me planteé que si en la obra sobre el Quijote de Avellaneda no apareciera alusión alguna y de una forma clara y contundente al respecto dejaría mi hipótesis como algo anecdótico, pero resultó que es el eje central de toda la obra, a la cual Cervantes responde abiertamente: “… a despecho y pesar de cuantos encantadores hay en las Indias. Por lo tanto es necesario considerar el conjunto argumentativo que ofrezco como hipótesis, lo que habrá que afianzar y demostrar con documentos que lo acrediten, labor para eruditos, investigadores y documentalistas de esta materia. Lo cual queda por hacer, así como rastrear nuevos caminos de investigación en la literatura.

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Las conclusiones que aportan novedades sustanciales mis disquisiciones son dos:

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1.- Quien se hace llamar Alonso Fernández de Avellaneda da una respuesta concisa a Cervantes por sus alusiones caricaturescas sobre los soldados conquistadores del Nuevo Mundo, ante el desprecio y mofa que se hace de ellos. Planteo, además, que pudiera ser Avellaneda el familiar de un conquistador harto y ofendido por el desdén con que se trata a los esforzados y sacrificados soldados que lucharon en las Indias, que pocos quedaron que pudieran contarlo ya que los más que dejaron su vida allende los mares. Lo cual analizaremos en su momento con las alusiones que hace al respecto Bernal Díaz.

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Cuando leí la obra “Amadís de Gaula” comprobé que las alusiones que hace Cervantes a esta novela de caballería no se corresponden con sus personajes, que aparecen como fondo de la trama y de la caracterización, pero deformados. Entonces ¿a quién alude? Al leer la obra de Bernal Díaz del Castillo, “La verdadera historia de la conquista de la Nueva España”, me percaté de que podrían ser los soldados conquistadores la diana de la pluma cervantina, soldadesca y literaria. Volví a leer la obra de Cervantes, “Las aventuras del ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha” y encontré muchas pistas y alusiones a este respecto. Pero afiancé mi hipótesis al leer la novela de Avellaneda, ya que este asunto es una constante que se repite y cambia, como veremos, el sentido de la segunda parte de la obra de Cervantes.

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Si Avellaneda se declara también en contra de las novelas de caballería, si es también defensor a ultranza de la iglesia católica, ¿a qué responde?, ¿en qué contradice al autor de las aventuras de don Quijote? ¿Una mera pugna literaria? La misma obra declara una y otra vez sus intenciones. Lo cual no es una cuestión de interpretación, sino de leer lo que escriben ambos autores, porque dicen lo que dicen. ¿Por qué deforma, la obra de Cervantes, Avellaneda y en qué sentido lo realiza? Hace más visible el tema de los conquistadores y de las Indias. Lo cual no es algo que aparezca de paso.

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2.- Que Avellaneda es el seudónimo de una mujer. Desde mi experiencia lectora observé giros, expresiones, formas de escribir que dan la sensación de haber sido escritos por una mujer. Pero fue al llegar al final de la obra, en la que hay partes en que lo repite, donde aparecen pistas diáfanas a este respecto, como juego en el que descubre veladamente este hecho. Volví a leer la obra desde el comienzo y fui tomando notas de lo que me pareció una cuestión trasparente, que pongo disposición de quien lo quiera contrastar. La redacción de la novela “apócrifa” y ciertos detalles dejan de manifiesto que se trata de un escrito femenino. Además sucede que, como sin venir a cuento, lo quisiera señalar quien escribe la novela que parodia a la de Cervantes.

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Por no plantearse tal posibilidad, puede, y digo “puede”, que no se halla sabido quién es el verdadero autor o autora, que a veces deja señuelos falsos, como que fuera una defensa a Lope de Vega, que no lo es, sino alusiones sueltas para cargar más contra Cervantes. Lo cual es una manera de encubrir la verdadera autoría, conocida la enemistad pública y notoria de ambos autores. La alusión al dramaturgo es más para “picar” al novelista. Incluso el prólogo a la novela de Avellaneda alaba a Cervantes como escritor: “Ingenioso”, “satírico” (La sátira es un género literario que expresa indignación hacia alguien o algo, con propósito moralizador, lúdico o meramente burlesco), pero advierte sobre el autor rival: “tiene más lengua que mano”. ¿Una forma de llamarle manco?, en parte, pero lo que destila es que se ha ido de la lengua, que ha “hablado” más de la cuenta. La pregunta es ¿en qué sentido realiza Avellaneda su segunda parte del Quixote? Quien escribe se siente ofendido, ¿por qué?, porque Cervantes desprestigia a personajes de ficción como Amadís de Gaula. En nada sale Avellaneda en defensa de este personaje ni de caballero andante alguno, ni de la de los lectores de novelas de caballería. Hay un aspecto que sí va a ridiculizar la autora del Quixote: la castidad del hidalgo e ingenioso caballero. Pero ¿ofensa?, a no ser que haya algo de fondo que en aquella época se supo e hizo reír y que a algunos les sentó mal porque se dieron por aludidos, lo que en verdad no pasa desapercibido. De hecho escribe el prologuista del Quixote de Avellaneda que “ofende a mil”. ¿A los lectores de novelas de caballería? Pudo incluso haberles hecho gracia. El prologuista indica que la ofensa es particularmente en referencia a un autor de teatro, que se supone Lope de Vega. La obra a la que prologa hace un par de referencias a este autor de manera indirecta, pero más bien es una alusión para despistar y buscar alianzas entre enemigos contra el escritor soldado cuya obra adquiere gran difusión, también en América. Hecha para entretener, como el propio Cervantes manifiesta, su novela tiene un fondo de crítica, la cual se ha querido desviar a otras cuestiones que vienen poco a cuento.

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Es curioso que en la introducción a la obra Avellaneda diga que “huye de ofender a nadie” y, a continuación, llame de manera despectiva “viejo” a quien se dirige la nueva novela y que señale que su rival es una persona falto de amigos: todos se enfadan contra él. Destaca su mal genio, el cual no quita su humor. El cual Eduardo Aguirre explica como “humor cervantino” en su obra “Cervantes, enigma del humor”, que ciertamente lo es y este periodista escritor resuelve bajo la fórmula de “humor = amor + dolor”. A quien continuó la novela no le hizo gracia la de don Quijote de la Mancha y Sancho Panza, le ofendió, ¿cómo caballero andante? Acusa al alcalaíno de envidia. ¿Envidia de qué? Achacar ésta a la fama de Lope de Vega cuando la primera parte de las aventuras del ingenioso hidalgo se extendía más allá de las fronteras de la patria, es un tanto despropósito. También señala que ha escrito desde la cárcel, una manera de sacar sus trapos sucios y de advertir que Cervantes no es trigo limpio. Pero con ello buscar la fama quien no se da a conocer es poco verosímil, inconsistente.

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La obra de Avellaneda se escribe desde el punto de vista de una mujer, lo que se hace obvio en muchas partes de la obra, pero esto es algo que manifiesto por añadidura, a pesar de que, además, va a cambiar la imagen y la manera de ser de los personajes que inventó Cervantes, pero el objetivo es responder contra lo que caricaturiza en relación a los conquistadores, alusiones que son directas y considero haber especificado de manera detallada al recoger párrafos concisos de las primeras obras de teatro que el autor alcalaíno escribió.

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Vayamos paso a paso para mostrar estas dos conclusiones.

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En una primera indagación llegué a la conclusión de que el autor es de Aragón, tras un repaso a la heráldica en relación al símbolo de la “avellana”, que lo es de varios escudos que parten de las familias nobles de esta región, en su origen de familias infanzonas. Es algo que supo o sospechó Cervantes (así como también que pudiera ser mujer, por lo que le pudieron haber comentado, pero no se atrevió a más y deja caer algunos dardos en este sentido) Llama al autor de la obra que considera falsa y apócrifa “el aragonés”. Lo de que fuera una mujer quien la escribe no lo pudo o no lo quiso confirmar, pero algo oyó que, por si acaso, lo alude al final de su segunda parte.

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Estudiosos de filología, como enseña Alfredo Rodríguez López-Vázquez en su prólogo a la obra de Avellaneda y en las notas a la narración, analizan que muchos términos son de esta zona geográfica y que se repiten. También filólogos han analizado las palabras usadas y sobre ello elucubran qué escritores pudieron ser los autores, sin llegara una conclusión definitiva. Pero este no es asunto que en este trabajo nos incumba.

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* Características del libro de Avellaneda y sus intenciones manifiestas

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Entendamos que tanto Cervantes como Avellaneda, usando el refranero al que tanto refieren ambos, no dan puntada sin hilo. Que ambos, sobre todo el aragonés, en los últimos capítulos de la segunda parte mantienen un dialogo en el que declara un enfrentamiento solapado, pero no tan disimulado como pueda parecer. Que no es sólo entre los dos autores, sino de de parte de sus respectivos ambientes, a los que cada cual representa.

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Avellaneda ataca a los protagonistas de la novela de Cervantes, no tanto al autor, lo que sí se hace en el prólogo, quien lo escribiera, que parece unánime entre eruditos que fue alguien diferente a quien escribe la novela. Alguien que se siente ofendido por la afrenta de Cervantes. Es evidente que quien siente la agresión no es un caballero andante ni princesa alguna de las novelas de caballería. Avellaneda va a añadir nuevos personajes, mantiene a otros de fondo y muchos que desaparecen, pero a los dos principales, don Quixote y Sancho, los va a deformar, de manera que hace de ellos una caricatura, lo mismo que aplicó Cervantes con los “caballeros andantes”. Es decir, es una caricatura de la caricatura que hace Cervantes. Avellaneda desprecia la obra escrita de su predecesor, algo que va a hacer con más retranca aún Cervantes al responder, incluyendo a un personaje de Avellaneda en su obra y con referencias directas al autor de la que según Miguel de Cervantes es la “novela engañosa y apócrifa”, pero la va a incorporar, no solamente con nuevos vocablos, sino escenas que completa y que amplía o se basa en las de quien él considera su plagiario. En realidad no lo es, sino que lo que Avellaneda realiza es una reconstrucción de la obra de Cervantes, pero dirigida a otro punto de mira, enfocado contra lo que representa Cervantes, y así aplica contra él y aquello que defiende Cervantes la ridiculización. Pero ¿qué es esto a lo que contraataca? Lo iremos viendo. He de ir despacio y paso a paso, pues son cuatro siglos de ceguera, de prejuicios y de soberbias académicas, lo que quiere decir que cada cosa que plantee la he de mostrar concienzudamente, lo cual exige que sea poco a poco. Al ser fruto de lo leído es más mostrar que demostrar.

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La novela del aragonés está plagada de alusiones al Nuevo Mundo, en concreto a las Indias, de esta manera cambia el contexto del caballero andante y su escudero dirigiéndoles hacia quienes luchan contra el Gran Turco y contra los protestantes, lo mismo que hace el manco de Lepanto en relación a los conquistadores. De ahí la mutua inquina.

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Avellaneda trasgrede el halo misterioso sobre de dónde es don Quijote. Sitúa su pueblo en Argamasilla, lugar en el que estuvo Cervantes encarcelado (¿mancha?) y donde parece ser que comenzó a escribir su gran novela. Esto ya es una puya clavada al contrincante, por no decir enemigo. Los nombres no son aleatorios, sino significativos, sobre todo en este autor, que él mismo refiere el significado de algunos nombres que da a algunos personajes “reales” o ficticios, lo cual aclara en el desarrollo de la novela, respecto a alguno de ellos: “Trifaldi”: tres faldas. “Clavileño”: de madera (leña) y clavo. “Baratalia”: barato. De la misma manera Cervantes hace alusiones solapadas en su novela cuando estando don Quijote y Sancho con el bandolero y los de su panda camino de Barcelona, hace referencia al virrey de este condado que fue el duque de Feria, don Fernando de Zuñiga y Avellaneda, hasta 1603. Datos que cuando fueron escritos eran de dominio público. O cuando Sancho cuenta lo que ve desde lo alto mientras que vuela sobre el caballo de madera Claviño: la tierra le parece un grano de mostaza y los hombres que andan sobre ella poco mayores que avellanas, “porque se vea cuan alto debimos ir entonces”. Un menosprecio en toda regla a “Avellaneda”.

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De esta manera que el autor del Quixote (Avellaneda) se declare de Tordesillas tampoco es baladí, aunque pudiera ser casual, sólo que viene a reforzar todo lo demás. Es en esta población en la que se firma el Tratado por el que se reparte el Nuevo Mundo, el año 1494 y que estuvo vigente hasta el año 1750. Pudiera ser una coincidencia, pero encaja con todo lo que sigue en la historia que cuenta.

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Por otro lado don Quixote, de Avellaneda, tiene como objetivo no sólo ir a unas justas, a las cuales va de paso, sino que pretende ir a luchar en defensa del rey católico contra el gigante y malévolo rey de Chipre. Chipre fue invadido por los turcos el año 1570, invasión que duró hasta finales del siglo XVII. Ya no es, el protagonista de la novela, un caballero que va a la aventura, al que le surgen entuertos por el camino, sino que tiene un objetivo que le hace luchar contra los mahometanos. Enemigos éstos contra el que luchó Cervantes en su juventud y de lo que se siente orgulloso. Como todo aquel ambiente soldadesco de cierta alcurnia desprecian a los conquistadores y hacen burla de ellos. Cervantes se da por aludido a lo que se refiere Avellaneda y responde en su segunda parte, cuando el mayordomo del duque en la ínsula dice: “la burla se vuelve en veras y los burladores se hallan burlados”. Sabe de que va lo que directamente le atañe y que se ha escrito sin disimulos ni cortapisas, pero no le va a responder abiertamente, como sí que lo hace su contrincante, sino que lo va a denigrar y desprestigiar dentro de la novela en la que le cita, al autor y a personajes de éste, lo cual amplía la genialidad literaria de Cervantes al lograr una simbiosis entre la ficción y la realidad. E insiste en esta idea, cuando Cide Hamete, quien “escribe originariamente” la obra que trascribe y traduce Cervantes, cuando afirma, al burlarse los duques de quienes creen que son tontos, que son “tan locos los burladores como los burlados”. Integra Cervantes en su novela de esta manera una y otra vez la de su rival, la asimila y la hace suya. Como también cuando se hace resucitar a Altisidora, ésta llama al hidalgo caballero cervantino “desamorado caballero”, que es como le nombra Avellaneda en su obra. A don Quijote de Cervantes le displace, y así lo manifiesta, ¿ser “desamorado de Dulcinea”? Lo niega.

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Cervantes descalifica la obra de a quien ve como un contrincante y enemigo, porque se siente atacado, no sólo literariamente, insisto, pues Avellaneda va al contenido de lo que subyace en el fondo de la obra a la que imita y deforma completamente, pero en ningún momento crítica a la novela de Cervantes como tal. El alcalaíno sí lo hace con la del aragonés. Cuando don Quijote en la venta situada camino de Zaragoza oyó leer la segunda parte de su historia comenta: “Quien haya leído la primera parte no puede tener el gusto de leer la segunda”. Si bien uno de los que la leyó mantiene “no hay libro tan malo que no tenga alguna cosa buena”. Don Quijote se enfada porque el otro protagonista ha querido usurpar su nombre y aniquilar sus hazañas. Y así es, pero no las hazañas del personaje, sino las del autor, sus hazañas soldadescas que es hacia donde va a enfocar Avellaneda a su caballero desamorado, dando un giro al fondo burlesco de la obra cervantina, pero no tanto a su forma. Este cambio de rumbo lo introduce Cervantes en su historia y en lugar de ir a Zaragoza, dirige al ya ínclito hidalgo hacia Barcelona, para asistir a otras justas, y para que nadie lo vuelva a usar hará que don Quijote muera. Avellaneda ya hubo anunciado nuevas aventuras al final de su novela.

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En la venta, de vuelta al pueblo, en la segunda parte el Quijote de Cervantes describe al autor de su imitación “como pintor que pintó lo que saliera, lo mismo que aquel escritor”. Llega don Álvaro Tarfe, personaje de Avellaneda, quien va a Granada, su patria, de manera que lo integra Cervantes en su novela. Don Quijote le pregunta “¿me parezco a ese al que él llevó a Zaragoza?” La respuesta es rotunda: “no”. Pero no es un plagio lo que hace Avellaneda, es una contestación en toda regla a la novela de Cervantes.

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El prologuista de la novela de Alonso Fernández se mofa de que Cervantes quiera adornar su novela “con sonetos campanudos”, que “había que ahijarlos al Preste Juan de las Indias o al emperador de Trapisonda”, como algo fantasioso. Preste Juan fue el personaje de una leyenda, creída por las gentes, desde el s. XII hasta el s. XVII, que inspiró muchos viajes y aventuras, una especie de sacerdote-rey que cristianizó las tierras de Etiopía, aisladas tales tierras entre musulmanes y paganos, creyéndose real lo que fue una fantasía popular y colectiva. Acusa a Cervantes de ofender “a lo que toma su nombre en la boca de quien murmura…”. También en las otras batallas hubo locura como impulso motriz de las aventuras imperiales.

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Desde el punto de vista literario los personajes y la trama arrastran a Cervantes como escritor, quien al reaccionar a lo que considera una intromisión desarrolla más su obra, la hace más creíble y adquiere mayor intensidad. Ambos autores no caen en la diatriba burlona fácil, porque el campo de ambos es la literatura. Hay un fondo que impulsa y motiva a ambos para ponerse a escribir tan larga obra cada uno.

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Cervantes escribe desde dentro de la historia. Se observa en él más experiencia literaria. Sus personajes adquieren sentimiento, de manera que es atrapado por sus personajes que aman, se relacionan, crecen interiormente y se desarrollan a medida que transcurre la historia. Avellaneda escribe desde fuera, como si llevase y empujara a los personajes como quien juega con unos muñecos, porque tiene un guión diseñado y una intención prefijada desde el principio. Cervantes tiene muchas cosas que contar y deja que los personajes fluyan.

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Avellaneda exime de crítica a los personajes cervantinos: “jamás se les conoció vicios”, sino que golpea la función que el autor manco los asigna. Amadís de Gaula aparece de refilón en la novela “apócrifa”, e insiste el prologuista de Avellaneda que la novela de Cervantes enseña a no ser loco. Desde el punto de vista literario no he observado controversia alguna digna de mención. El “aragonés” cambia la función de la novela original y transforma a los personajes. Añade a una mujer, Bárbara, que acompaña a la pareja protagonista. Es muy diferente al modelo de mujer que usa Cervantes como prototipo, que por ejemplo en relación a Altisidora manifiesta ser: “apretada, vencida, enamorada”, pero “sufrida y honesta”. Bárbara gana sus dineros con las relaciones sexuales e incita a Sancho a cohabitar con ella de manera directa. Nada que ver con Dulcinea como imagen idealizada. Sancho, de Cervantes, cuando vuelve “del otro mundo”, al haber estado en la ínsula como gobernador pregunta sobre qué hay de nuevo y se ve solo. Dice: “bien pudiera despistar el amor en su asno”. De vuelta a su pueblo en referencia a su esposa Teresa afirma: “celebrando yo en mis versos, vengo a descubrir mis castos deseos, pues no ando a buscar pan de trasiego por las casas ajenas”. La duquesa, en el teatro que hacen en el castillo del Duque, le pone una corona con diablillos pintados, pero él no consiente que dueña alguna le toque, de manera que las pellizca y pincha con un alfiler.

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El cambio de escenario Avellaneda lo hace desde la primera escena cuando don Quixote y Sancho se encuentran con un melonero “más luterano que el gigante Goliat”. Dirige a los personajes hacia un objetivo concreto, que veremos se repite e insiste en ello. Don Quixote ataca a este agricultor “luterano”. Ya veremos qué significa esto, pues se va viendo a lo largo de la obra. Sin embargo este agricultor , que es con el primero con quien va a luchar el demente don Quixote resulta que es morisco, según se dice casi al final de la novela.

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Avellaneda construye un personaje literario, lo diseña y lo lleva y mueve a su antojo. La genialidad de Cervantes es que sus personajes se hacen “reales” porque actúan desde dentro de la novela, se desarrollan en ella misma y adquieren vida propia. Hace creíble su historia. La de Avellaneda entretiene. Pero cumple la función de responder en nombre del ambiente y del mundo que representa. Mientras que Cervantes usa como disfraz a los caballeros andantes cuyo sentido consiste en caricaturizar y mofarse de los conquistadores vistiéndoles de tales “caballeros andantes” y de “sanchos”, Avellaneda lo que hace es caricaturizar a los personajes cervantinos. Para el primero su protagonista es un loco ingenioso, para el segundo es un enfermo mental cuyo destino va a ser acabar en una casa para curar a los locos, la casa del Nuncio de Toledo. Avellaneda califica a su Quixote, y así lo representa, como enfermo mental al que quienes lo ven a su paso consideran un borracho, un demente, lunático, de vanas fantasías, bellaco.

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El autor de la réplica pone las cartas boca arriba. Sabe que una obra literaria pasa a la posteridad, ni imaginó los vericuetos que iba a dar hasta ser descubierto por un lector atento y agudo al cabo de cuatro siglos, pero al fin y al cabo se escribe para la posteridad sin medida del tiempo. Así dice Avellaneda: “Suceder me han tales y notables guerras, por ciertos motines de envidiosos vasallos, que darán bien a contar los historiadores venideros”. Achaca a Cervantes y también a sus seguidores y a una gran parte de la sociedad que olvida el sacrificio y esfuerzo hecho por los conquistadores, le acusa de malmeter y hacer bufonada de su honor, por envidia. Usa Avellaneda una expresión de Góngora contra el escritor manco, al decir que “llegan a sus (hazañas, “aventuras”) hasta el signo de Aries otros capricornio y otros se fortifican en el castillo de San Cervantes”. O sea: se amparan en la novela de Cervantes.

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Sancho en la nueva versión no va a ser gobernador, sino rey. Reniega de su amo y hasta una vez se pelea con él. Cobra puntualmente un jornal. La psicología y manera de ser de ambos personajes Avellaneda los ha cambiado, ¿continuando la historia?, sí, pero dirigida a otra Historia completamente diferente. Sancho no va a gobernar una ínsula, de lo cual se burla “provincia, ínsula o península”. Cervantes va a recoger el guante y al volver Sancho de la misma en su obra encuentra a alguien que le dice que no puede ser una isla, porque hay tierra en muchos kilómetros a la redonda de donde están. El nuevo Sancho, con Avellaneda, ya no es escudero, sino paje. Recibe la promesa de reinar el imperio de Trapisonda, que es el que corresponde a los que luchan por el imperio español contra los turcos. Este va a ser el elemento central de la obra, pues la aventura de don Quixote es ir a defender al rey de Chipre en su guerra contra los turcos que se han apoderado de la isla. Tal es el cambio de escenario y dirige así la burla a los “otros soldados”, aquellos que menosprecian a los conquistadores. Para Avellaneda si unos están “locos”, los otros también. Don Quixote con la nueva versión no va a ser un caballero andante, sino de la corte. Desplaza Avellaneda el punto de vista de la obra a la que contesta. Lo cual hace de manera directa, sin rodeos ni circunloquios. Entra poco a poco en la historia para aflorar el tema de fondo tapado por Cervantes, pero que declara, sin embargo, en su segunda parte y que fue una alusión permanente de toda la novela. Gracias a la obra de Avellaneda podemos tener la certeza sobre las referencias a los conquistadores en la obra magna de Cervantes y no ser una suposición. Saca a flote el tema, lo que hace que Cervantes en su segunda parte confirme tal referencia de fondo.

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Mientras que Avellaneda responde con la literatura como herramienta en una novela, Cervantes lo hace desde la literatura en sí. Vuelca en ella su experiencia mundana y como escritor su saber. No deja que la obra que copia a sus personajes y que los deforma tengan la última palabra. Desde lo literario incorpora a su autor, sea quien sea, y a sus personajes en su obra y desprecia la respuesta para mantener la ironía. Avellaneda trasladó a los personajes cervantinos a otra historia. La posteridad ha silenciado la obra del segundón, pero ha resaltado la parte folclórica del primero. Ha ocultado el fondo temático de la novela y se ha difundido sobre tópicos, alabanzas fatuas y rimbombantes, para quedarnos con lo superficial, con lo aparente de la obra. Los estudios realizados en su gran mayoría se centran en cuestiones anecdóticas, relatan teorías abstractas sobre el idealismo, sobre la realidad y lo ilusorio. Se quedan los apologistas cervantinos en lo metafórico que usa el autor y nada se estudia en relación a lo que se refiere la imagen literaria de la novela.

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Además se recrea en la conciencia colectiva una historia superpuesta por quienes estudian esta obra, como es la motivación de Avellaneda en el sentido de rivalidad literaria, por celos y envidias, que muy poco tiene que ver una vez que se lee la novela. ¿Tanto “cervantista” no se ha preguntado qué incomodó realmente al autor del Quixote? Centrar la novela de Cervantes en la inquina a las novelas de caballería es no advertir qué son éstas en verdad, es querer seguir ocultando las consecuencias y los contenidos de las mismas, ya que es su efecto lo que se quiere extirpar, pero sobre todo se pretende no admitir al escritor real de la primera parte. El efecto de las novelas de caballería son los soldados conquistadores del Nuevo Mundo. Escritor es Cervantes, sí, pero también soldado y una persona que hace de su época una experiencia vital. Un hombre que recorre los pueblos, que habla con la gente para recaudar impuestos, que rinde cuentas a la vida y acaba por reírse de sí mismo y de sus enemigos, no tanto contra los que ha luchado con la espada, sino los que están en su bando, a los que trata con la pluma. Se ha hecho un panegírico casi ideológico para mitificar a una figura que despoja de su ser a la parte profunda de los personajes y hace de la escritura de Cervantes una pompa vacía, muy engalanada y rimbombante, pero fuera de sí.

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Cervantes vuelca toda su experiencia humana y de escritor en su obra final, también sus ideas y prejuicios. Es decir esto es uno de los grandes descubrimientos que aporta a la literatura, escribir desde dentro de sí y crear por dentro a los personajes. No justifica los hechos de los mismos, porque suceden, sin más. Hace creíble toda la trama, que es incluso narrada dentro de la novela. Avellaneda, por contra, pretende explicar el porqué de lo que hacen sus personajes que mueve como si fueran entes artificiales. Dar sentido a una historia delirante de por sí no ha lugar, por eso acaba con Avellaneda convertido don Quixote en un enfermo mental.

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Basta leer la obra de Miguel de Cervantes, para darse cuenta de que hace cuentas con los jueces y médicos cuando Sancho está en la ínsula, que también con el clero y su “realismo”. Igual con el pueblo llano, egoísta fundamentalmente. Conoce ¡tantas historias a su alrededor! en las que los sentimientos han trastocado la vida de sus seres queridos y la suya misma. Y aconseja en el ocaso de su vida.

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Avellaneda, por contra, hace cuentas con los personajes de la obra que continua de la primera. Es una obra de poco recorrido, por ser una respuesta, pero no por ello no es meritoria, incluso desde la perspectiva literaria. Por ejemplo el dramatismo y desenlace de las dos historias que incorpora a la novela son más intensas que las que Cervantes añade. Si bien las de Avellaneda quedan a parte. Quiere hacer gracia, usa el humor como recurso, para continuar la línea de su predecesor, lo cual se nota. Cervantes escribe con gracia, tiene el don de la creatividad. Avellaneda recrea. Gracias a éste se desvela el sentido de lo que Cervantes cuenta, que ha quedado escondido a lo largo de siglos.

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La obra nueva llega a llamar a don Quixote “soberano príncipe”, porque traslada su imaginación, delirante, a luchas imperiales, con enemigos concretos que son reales. Cervantes no le va a curar de su locura, como sí hace Avellaneda, sino que sale de ella después de seis horas de sueño, vuelve en sí. Camino a su casa en la obra de Cervantes don Quijote cambia de papel: “ahora cuando soy escudero pedestre, acreditaré mi palabra cumpliendo lo que di mi promesa”, la de retirarse durante un año. Avellaneda hará que Sancho vaya a ser caballero, aunque luego no lo sea. Tal cambio de registros supone lo mismo en cuanto a las referencias sobre las que actúan.

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Cuando don Quixote está en Zaragoza, el lugar en el que va a jugar a coger un anillo con la lanza, tiene a un lado la estatua del invicto emperador Carlos V, con una guirnalda de laurel en la cabeza. Al otro extremo otra del “invictísimo Juan de Austria”. Mientras cuenta esto introduce un episodio de Lope de Vega, como queriendo despistar cuando pone el dedo en la llaga. Forma parte de la comicidad que quiere usar. Las alusiones al nuevo paisaje de la novela se van a ver reforzadas para hacer de don Quixote un “soldado” contra el Turco y referencias importantes y significativas de otros personajes que luchan como soldados en Flandes contra la herejía protestante, para trasladar a estos la burla como reacción a la que hace Cervantes contra los conquistadores, que si bien disimulada no queda ocultada, sino que es visible y en su segunda parte Cervantes hace que se visibilice sin que quepan dudas. Sin embargo es algo que la crítica literaria no ha querido ver. Avellaneda no dirige a Sancho al gobierno de un lugar “imaginario”, sino que encamina las aventuras del caballero desamorado a una ciudad dominada por los turcos, un lugar concreto y real: Chipre. Don Quixote se trasforma en un caballero andante contra los mahometanos.

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Una de las historias que cuenta Avellaneda trata de un soldado que vuelve de Flandes. Un lugar que elige el autor con toda intencionalidad, porque tiene que ver con la determinación de lo que escribe. Invierte de esta manera también la burla de Cervantes porque quiere sacar a los conquistadores de la sátira de Saavedra. Insiste cuando reitera que es un español el soldado que va Amberes. Es alojado en la casa de un rico flamenco cuya esposa ha tenido un hijo ese mismo día. El visitante la ve como una mujer muy bonita. El marido se tiene que ausentar y el soldado español se hace pasar por el marido para acostarse con la señora recién parida. Quien actúa con deshonor es un soldado que es admirado y tiene prestigio, por contra de los conquistadores, por eso lo hace ser del ejército que luchó en Flandes. ¿Qué sentido tiene si no esta historia que incrusta el autor en la novela? E incide en hacerle símbolo de los demás: “aquel soldado, infamia de nuestra España y deshonra de todo arte militar”; “vil soldado”. Como si quisiera echar en cara algo. Pudo ser cualquier soldado, que para el cuento vale, pero lo describe muy concretamente y se regodea en ello. Sancho dice al escuchar la historia que tal “ha de arder en los infiernos” y hace una alusión clara a lo que venimos exponiendo: “más por ese pecado que por cuantas cuchilladas ha dado a luteranos y Morescos”. En la otra historia que añade Avellaneda, Gregorio es cobarde con una mujer a la que hace salir de un convento, que se pierde luego él en el juego. Al final descubre que es un soldado que fue a Nápoles, para luchar contra los moros. Por lo tanto no ha lugar a duda el encuadre que hace el autor, que bien pudo referirse a los soldados que luchan en el Nuevo Mundo, pero no lo hace. Está respondiendo a algo, y señala a los acusadores y les denuncia a ellos. Pensemos que Bernal Díez cuenta que está harto de que se vea al soldado conquistador de la Nueva España como un violador y abusador de mujeres indias, lo cual niega, pero no el hecho, que dice que ciertamente hubo casos, los cuales los soldados persiguieron y penalizaron en cuanto a forzamiento con violencia. Cierto es que él mismo hace ver que hubo relaciones de pleitesía y sometimiento de mujeres y de varones. Lo cual con las hembras pudo llevar ciertamente a una relación sexual de sometimiento. Bernal se esfuerza por comunicar que incluso cuando alguna mujer de allá se incomodó con el conquistador asignado, los demás le ayudaban a escapar de él. Y sucedieron casos desgraciados, pero como en esta lado del océano también.

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En su escudo, adarga, don Quixote con Avellaneda añade un pergamino con una letra significativa, en la que nombra a un poeta y soldado que luchó contra los mahometanos: “Soy muy más que Garcilaso / pues quité de un Turco cruel / el ave, que le honra a él”. No son referencias excepcionales, sino repetidas de manera que acaba siendo la centralidad de la novela y el elemento esencial de la misma. Se corona luego “con el ave que quitó a un desaforado Turco”. Pero es que el gigante que reta a don Quixote, a lo cual se dirige toda la obra, Bradimán de Tapayunque, es el rey de Chipre, el cual lleva como escudo una rueda de molino. De esta manera incorpora una metáfora literaria Avellaneda al unir el gigante y el molino en un mismo personaje, sin la dicotomía de Cervantes en la conocida aventura de su personaje cuando arremete contra un “gigante”. Lo hace Avellaneda con toda intencionalidad. Pero es que además tiene una daga de Fez, ciudad musulmana, adonde fueron a parar muchos musulmanes expulsados de Granada. Chipre fue una ciudad del reino de Venecia de la que se adueñó el renegado Udhalí para el sultán Selinos. Se creó entonces la Santa Liga para combatir al Gran Turco, a lo que se alistó Miguel de Cervantes en Nápoles para formar parte del ejército de infantería, el año 1570. Vemos como Avellaneda traslada las “aventuras” y locuras de su protagonista a la lucha contra el turco, insistentemente.

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Don Álvaro Tarfe, secretario de don Carlos, juez, va a hacer un gigante como engaño, pero lo va a hacer visible, “real”, no es imaginario, que tanto don Quixote como Sancho, por su simpleza, van a creer cierto, porque lo ven como cualquier otra persona lo puede ver. Ya no es algo imaginario. Este gigante va a vestir con ropa de damasco, calza con chinelas. ¿Cabe alguna duda? No estamos interpretando, sino leyendo lo que dice quien escribe. Todo lo cual es determinante, porque don Quijote de la Mancha lucha contra las injusticias, mientras que el de Argamasilla lo hace contra las injurias, pero sobre todo contra la que el otro don Quijote ha vertido contra los suyos, que ya veremos quienes son. Así el de Avellaneda dice “este brazo invencible para castigar injurias que sólo con el pensamiento le hicieron”.

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Mientras que Cervantes convierte a su don Quijote en escudero, Avellaneda hace a Sancho, el simple, caballero y acaba en el remate final de la novela como un bufón de la Corte. Cervantes degradó al conquistador que según cree adquirió títulos sin tener sangre noble, los cuales no tuvieron buena fama ausentados, además, de nobleza. Fueron los de alto linaje quienes después, con las tierras pacificadas y pobladas, adquirieron responsabilidades de gobierno y prebendas. El alcalaíno rebaja de categoría a su personaje cuando es derrotado por el caballero de la Blanca Luna. Lo hace como respuesta a lo que cuenta su rival aragonés cuando al ir hacia Alcalá de Henares, Bárbara ofrece “truchas” que no pasan de catorce años. Don Quixote no entiende esta palabra y hace como que se trata de una comida: “no entiende la música de Bárbara”. Se presenta una ciudad noble donde, culta en la que, paradójicamente, abundan las putas y la avidez por el dinero, o sea: no sólo son los conquistadores los que sólo quieren mujeres y oro, sugiere Avellaneda, que responde con su metáfora ¿y vosotros qué?, burlándose así de la burla cervantina.

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Hay cuestiones que interpreto, pero que las dice el contexto, sin embargo hay alusiones directas que no dan lugar a interpretación, sino que lo que dice el autor es lo que dice. Avellaneda saca al personaje don Quijote de ser una referencia simbólica tal como le caracterizó Cervantes, para vestirlo de mundo, lo convierte en ser mundano, que va a representar a Cervantes y lo que éste simboliza como soldado y escritor. Cuando llegan a Sigüenza de la mano de Avellaneda, Bárbara, Sancho y don Quixote se admiran que hablen como lo hacen los antiguos caballeros “de la época de cuando se luchó contra los moros”.

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En la segunda parte “apócrifa” Sancho es malicioso, ridiculiza con sorna a su amo y aparece más embrutecido, llegando incluso a las manos contra su caballero andante a quien tira al suelo en una ocasión. Pero es más, el escudero también va a luchar contra un escudero negro al servicio de otro caballero rival.

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Al final de la obra, tras un desenlace clarificador sobre lo que venimos contando, precisamente en contra de la obra de Cervantes, Avellaneda pone las cartas boca arriba. Por si quedara alguna duda. También sus intenciones, en boca de otro loco con el que queda atrapado don Quixote en el manicomio, la casa del Nuncio. Pero es un loco sabio que cita a Mantuano, a quien se conoce como el “Erasmo español”, con sus palabras le quiere explicar por qué él, que habla con don Quixote, está ahí: “los detractores no me dejan vivir porque les digo que restituyan la forma cualquiera de decir las cosas que le tizna”. “Los historiadores me aborrecen – continua con una cita de Ovidio cargada de segundas intenciones en la referencia de la novela – porque no se ciñen sus palabras a la verdad histórica”. ¿A qué verdad histórica se refiere?, porque Avellaneda nunca plantea que su novela sea la verdadera historia, sino que es la continuación de la otra que da por verdad desde el punto de vista literario. De hecho plantea la tercera salida de su Quixote, según dicen “los archivos manchegos”, asegura al final, y “siendo tan verdaderos como las otras dos aventuras impresas”.

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Y continúa en una escalada de referencias que carecerían de sentido si no es en relación a lo que nos estamos refiriendo, sobre lo cual encajan unas citas, que hace en latín, con otras. Como cuando notifica lo dicho por Andrés Aliciato: “los soldados no pueden llevar que les antepongan las letras”, lo cual, como toda la obra, va dirigido a Cervantes, con quien quiere rendir cuentas. Otro loco que pulula por allá, bajando de una escalera, advierte que está encerrado porque reprende la razón de Estado. ¿Qué razón de Estado? esa, que ambos autores, Avellaneda y Cervantes, saben y con la que se engalana tanto don Miguel. Alonso Fernández no cesa en su ataque, lo intensifica al final tanto que manifiesta sus intenciones en boca del loco, el primero que disertó muerde la mano al de la Mancha de cuyo lugar de origen no se acuerda su creador originario: “saben que los logros de este siglo han tratado de ensanchar sus estados, a ellos los han destruido miserablemente”. ¿A quién pasa esto si no es a los conquistadores del Nuevo Mundo? ¿A qué se refiere y a quién de otra manera puede indicar?

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Don Quijote interrumpe al loco que le habla, voz en grito, para asegurar que no saldrá de aquel lugar hasta que no quede libre contra la voluntad del rey y de la infanta Bulerina. Además de ser loco se ha vuelto loco, más. Otro loco, el que sube la escalera, le dice: “no crea a persona (alguna) de esta casa”. En la que ya está don Quixote. Avellaneda humilla a este personaje encerrándole en una casa de locos para ser curado. Le hace perder su abolengo, su majestuosidad, su gracia, su honor, su prestancia y gallardía. Es un enfermo mental. El loco que le instruye sobre sí mismo le muerde fuerte la mano. ¿Con la que escribe Cervantes?, ¿una metáfora? Puede que incluso le surgiera tal imagen novelada del inconsciente. Pero no vamos a entrar en tales vericuetos, para no avivar discusiones fatuas, sino que vamos a mostrar evidencias que están escritas de manera fehaciente.

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* Referencias a las Indias

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La novela de Avellaneda tuvo en la época en que se publicó una gran difusión también en el continente americano, más que en Europa. Las alusiones a las Indias son permanentes y claras, diáfanas y concisas. Lo vamos a comprobar pormenorizadamente. Lo cual tiene un significado, por más que se quiera obviar y aunque se oculte. Es por ello que además de un análisis de texto hagamos un análisis del contexto de la obra cuando fue escrita.

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Como ya he indicado, si Avellaneda está también en contra de las novelas de caballería, si defiende el punto de vista de la fe católica, ¿en que discrepa con la novela de Cervantes?, ¿a qué responde?, ¿qué le hace sentirse ofendido? ¿Para qué escribe la novela si no es para decir algo? ¿Por lograr la fama?, ¿y para ello no da su nombre sino un pseudónimo que cuatro siglos después no se ha sabido identificar? Como suele pasar no vemos lo que no queremos ver.

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Avellaneda ataca a Cervantes con sus mismas armas, que aplica contra sus personajes, a los que deforma y les da un nuevo contexto. Quien escribe la novela que copia a la auténtica lo hace sobre un texto que dice haber encontrado narrado por un historiador, lo halló cuando los moros fueron expulsados de Aragón. La descubrió escrita en arábigo. Solapa la misma estrategia narrativa que Cervantes, quien escribe sobre la traducción de un texto de Cide Hamet Berengueli, también musulmán. Ya desde el comienzo de su obra el aragonés va a hacer un cambio de rumbo de los protagonistas. Plantea un nuevo tema de fondo, con la misma historia, aunque introduzca cambios significativos.

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El nuevo Quixote va a ser un “caballero desamorado”, señal que lleva escrita en el escudo, la adarga. De manera que la nueva obra va a tener dos pilares fundamentales: dar una visión de la mujer muy diferente a la que da la original y trasladar la parodia y la sátira, que contra los conquistadores del Nuevo Mundo hace Cervantes, a los soldados del imperio que luchan contra el Gran Turco y contra los protestantes, pero sobre todo contra los primeros, de los que formó parte Miguel de Cervantes.

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Casi al comienzo de su novela, Avellaneda, define un nuevo escenario con un poema que es clarificador. Con él solamente hubiera sido una anécdota, que no daría a entender nada en especial del calado de lo que planteamos. Pero lo escribe añadiendo a todo lo demás que continúa posteriormente.

Sus flechas saca Cupido

de las venas de Pyru

a los hombres dando el Cu

a las damas dando el pido”.

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¿Qué quiere decir?, cada cual lo interpretará a su manera, pero hay que leer lo escrito, lo cual es innegable. Es una alusión directa. A los “hombres” da el Cu, lo cual es como se llamaron los templos de las mexicanos, cuyo nombre se extendió a los demás lugares. Donde se hicieron los ritos y ceremonias de aquellas religiones aztecas y los incas y en donde se practicó con los primeros el canibalismo ritual, no como un hecho aislado, sino frecuente. Y a las damas se les da el pido, el oro que no paran de pedir para sufragar las guerras contra el Turco y contra los protestantes en Flandes. Es evidente que esta separación de la palabra no sería importante ni significativa de no ser nombrado previamente “Pyru”, lo cual no deja lugar a dudas que se refiere a estas tierras. Analizamos lo que dice Avellaneda, luego cada cual que lo interprete como quiera, pero lo escrito escrito está.

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La nueva novela esconde un mensaje, que se hace de manera indirecta, pero es visible. En ocasiones demasiado palpable como para no darse cuenta el lector. Como cuando Sancho pregunta a su amo “¿qué tenemos que ver con ese Cu?” En otro momento don Quixote explica: “Aquel Cu es un plumaje de dos relevadas plumas que suelen poner algunos sobre la cabeza, a veces de oro, a veces de plata”. Usa las palabras “Cu”, “oro” (que viene de México fundamentalmente) y “plata” (de Perú). Y habla de “plumas” que llevan sobre la cabeza, como fue la tradición de los indios de América. Querer dar otro significado no tiene sentido. Es una referencia al Nuevo Mundo. Por eso no se trata de demostrar nada, sino mostrarlo.

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Cuando Sancho reniega, una de las veces que lo hace, de su amo, se replantea continuar con él: “estoy por irme desesperado por esos mundos, y por esas Indias”. ¿Por qué por “esas Indias” y ¿por qué lo repite tanto? El nuevo Quixote saca el tema a la palestra, para situar a los protagonistas de la novela de Cervantes, lo que permite ver las intenciones de la primera parte.

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Don Quixote no logra coger con la lanza la anilla en el juego caballeresco en el que participó cuando llega tarde a las justas. Don Álvaro se la coloca sin que él se entere. El premio es una cinta. “Son unas cintas traídas de la India, hechas de pellejo de ave Fénix”. En este caso India es el país oriental, pero lo usa como alusión a las otras. Estas cintas “valen una ciudad”. Alusión a que la lucha contra los turcos no han dado riqueza alguna, pues este nuevo Quijote va a luchar contra ellos. Y tales cintas valen “una ciudad”, que es la que logran los conquistadores con sus batallas, su sangre y esfuerzo, lo cual es tan degradado. Las guerras del Mediterráneo y la de Europa vacían, por contra, las arcas de la Corona. Esto lo cuenta en relación a la novela caballeresca “Belianis de Grecia” en la narración de Avellaneda, aunque en realidad corresponde a otra obra diferente. Al encontrarse con una docena de salvajes que estaban con el venado “comenzó a dar tras los salvajes, como en real de enemigos, sin dar revés que no hiciera de un salvaje dos, por estar desnudos”. De lo cual es sobre lo que Cervantes hizo alusiones muy claras en sus primeras obras de teatro. Acusa directamente al soldado conquistador, y señala que las ciudades contra las que luchan no tuvieran muros. A lo cual Bernal, a dicha opinión generalizada en la sociedad mucho antes de que escribiera al respecto Cervantes, recuerda que tuvieron los mexicanos otras defensas, como fueron canales de agua recorriendo la ciudad, lo que la hizo inaccesible hasta que encontraron la manera de superar tales barreras. No son pues frases al aire, ni escritas porque sí, sino con toda intencionalidad. Siguen un hilo conductor.

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Cervantes no es ajeno a todo lo que saca a relucir el otro autor. En la segunda parte lo manifiesta en boca de Sancho: “…. a despecho y pesar de cuantos encantadores hay en las Indias“. También cuando don Quijote, el de la Mancha, pasa la noche en el bosque y son rodeados por hombres con unas lanzas, los llama “trogloditas, bárbaros y antropófagos”, introduciendo unos términos que nada tienen que ver con la historia ni con el lenguaje usado hasta entonces ni en la primera parte. Al contar la toma de posesión por Sancho de la ínsula, en la de Cervantes, invoca el escudero a los dioses del arte para que le inspiren, pero comienza con una burla previa, una más, que es una alusión que lanza a modo de un dardo que luego diluye porque lanza la piedra y esconde la mano: “oh perpetuo descubridor de las antípodas, hacha del mundo…”, así le dice don Quijote a quien va a ser gobernador, cuyos casos que juzga Cervantes los toma de leyendas y cuentos populares de la época. También Avellaneda se basa en historias conocidas para reescribirlas sobre los cuentos que incorpora a la novela. Y además lanza sus mensajes con sucesos que luego desaparecen sin más, como cuando Raquel cuenta lo del caballo Clavileño: “Entran cuatro salvajes vestidos de verde yedra…”. No vuelven a aparecer. Como si quisiera decir algo sin decirlo. Lo que nos interesa es ver que el tema de las Indias es una constante en la nueva aventura que escribe Avellaneda.

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De no ser por tantas alusiones parecerían frases absurdas o sin referencia alguna, como cuando un personaje dice “sembrad muchas albondiguillas en estando en Chipre”, refiriendo a la ganancia de las guerras contra el Islam, en las que el imperio pierde más de lo que gana, y así fue gastando el oro que vino del otro lado del océano. Es como sembrar albondiguillas. Son aguijones que se van propinando un autor al otro.

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Cuando Sancho camina hacia Alcalá de Henares en la novela de Avellaneda, comenta a Bárbara: “no soy yo de los negros de Las Indias ni de los luteranos de Constantinopla, de quienes se dice que comen carne humana”. Vemos que el autor incide en el tema y se desmarca del contexto que apunta la obra de Cervantes. La manifiesta con claridad meridiana. Toda la trama que hace el de Tordesillas gira sobre esta cuestión, que es una reacción a la obra de Cervantes. Quiere hacer valer el mérito de quienes lucharon contra los nativos de las tierras del nuevo continente. Y un estudiante de los dos con los que se encuentran los protagonistas acompañados por Bárbara, plantea un enigma (una adivinanza): “sólo el Turco no me estima”. La respuesta de Sancho es que se trata del tocino. Pero la respuesta es “el sombrero”, porque llevan turbante.

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Son una alusión tras otra, como cuando don Quixote encuentra a Bárbara y a Sancho abrazados en la venta cerca de Alcalá. Amenaza a su escudero: “voy a cenar esta noche vuestros higadillos y mañana usar todo lo demás de vuestro cuerpo y comérmelo, que no me sustento yo de otra cosa que de carne humana”. Sancho se estremece. Es una alusión clara al canibalismo, fenómeno del nuevo mundo que impresionó a la sociedad española, hasta el punto de volver locas a madres de conquistadores que desaparecieron en aquellas tierras. Desvela de esta manera a lo que se refiere Cervantes para darlo la vuelta y hacer visibles los peligros y maneras a las que se enfrentaron los soldados conquistadores.

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El autor de una compañía de teatro con la que topan los tres protagonistas vuelve a la carga cuando burlonamente manda: “asadme al punto a este labrador”. Sancho pide piedad. Entonces le dice que se tiene que hacer turco. Sancho con mucha sorna responde que su esposa, Mari Gutiérrez, querrá ser turca. Y amenaza este comediante en su broma, que es creída por el loco y el simple, que si don Quixote no se hace musulmán “dentro de dos horas lo comeremos a él (a Sancho) en el asador que personas asaran a vos”. Es recurrente en este asunto, lo que literariamente no aporta demasiado a la trama. Al hacerse moro el bueno de Sancho no lo comen. Intercambia los papeles de los indios con los mahometanos, devolviendo así la pelota al autor de la primera parte. Avellaneda viene a concluir que el Turco es un peligro real, el gigante que lo representa lleva de escudo una rueda de molino, pero defiende que contra quienes luchan los conquistadores también. Si se ríen de éstos, de los demás también. Son dos enemigos por igual a los que se enfrentan los soldados españoles y católicos. Enemigos que los personajes de Avellaneda ven, al disfrazarse don Álvaro de gigante. No es una visión ni un delirio. Otra cosa es que no lo sea de verdad. Pero vemos que el gigante Bradimán es “el poderosísimo Archipámpano de las Indias Océanas y Mediterráneas”. ¿Por qué saca a relucir de la nada, aparentemente, las Indias y el canibalismo? Mi respuesta es que lo hace para responder literariamente al escritor del hidalgo caballero enamorado.

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Casi al llegar al final de su obra Álvaro Fernández hace preguntar a Sancho para que responda su amo: “¿Qué se dice de este caballero de las Indias?” Y añade como colofón que muestra lo que venimos exponiendo: “la más mala cosa son con que se pueda pensar… No se pueden coger del suelo las narices por más que se caigan los mocos, no segaría con ellos, como no sabe como las Indias pueden segar sin dar de ojos a cada paso”. Lo escrito escrito está. Y sigue: “Los pajes del Archipámpano nacen allá en las Indias de Sevilla con estos diablos de pedorreras, según saltan y brincan con ellas”. Y llegados al final Sancho manifiesta querer “volver a su tierra, que viene la sementera y el señor Archipámpanos tome sus caballos de las Indias”. Vuelve a la idea de que son las riquezas de las Indias con las que se han pagado las aventuras imperiales para combatir al moro y al hereje, sin que esto dé riqueza alguna, pero sí reconocimientos, títulos nobiliarios y gloria a sus protagonistas. Los del Nuevo Mundo como que fueron allá a robar y quedaran como unos bandidos. En este sentido se aprecia una diferencia entre los dos quijotes, como que el duplicado paga él mismo cuando va a los mesones y ventas. El original no, lo hace su escudero por él, o el cura y el barbero.

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Sancho el de Mari Gutiérrez, comenta que Archipámpano le ha dado una zaragüelles de las Indias que no puede remecerse con ellos, los guarda para su mujer a la que le asentarán mejor.

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Alude a un tema que en aquella época en que escriben estuvo a flor de piel, con el debate de la Contrarreforma. El cura absuelve a Sancho de Avellaneda con “una bula de composición” de manera que con una pequeña penitencia se quedará cristiano. Un tema de fondo que abordaremos más adelante, porque aparece como alusiones mutuas, si bien ambos autores son erasmistas, cada cual a su manera.

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* Avellaneda ¿es una mujer?

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A lo largo de la segunda lectura del Quixote de Avellaneda, observé que hay muchos rasgos femeninos en la redacción, pero también al final determinados mensajes desde la misma novela que lo permiten adivinar. Hará falta una investigación documental para que se corrobore o descarte tal sospecha. Pero hay muchos fundamentos para poderlo afirmar.

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No es descabellada tal hipótesis en un mundo en el que las mujeres no firmaban ni aparecieron como autoras de producciones artísticas, las cuales sí que pudieron realizar sin que les diera fama. Poco más de un siglo después de ser escrita la novela que comentamos, Luisa Roldán (1654 – 1704), la Roldana, fue la primera mujer escultora que firmó sus obras por deseo expreso de ella, sin que fuera fácil salir de la costumbre de que fuesen firmadas anteriormente por su padre y luego por su marido, ambos del taller familiar de imágenes en el que trabajó ella en Sevilla. Llegó a ser escultora de cámara de la Corte. Hasta entonces la norma fue que las mujeres no firmasen sus obras, sino familiares, incluidos otrosí hermanos. El profesor de la Cultura Escrita, en la Universidad de Alcalá de Henares, Antonio Castillo, en su libro “Entre la pluma y la pared. (Una historia social de la cultura escrita)” (2006) ilustra al respecto en relación a Isabel Ortiz (1524 – 1564), una mujer alcalaína que escribió sobre teología, sin ser sus opiniones heréticas, pero que no se publicaron por el hecho de ser quien las escribió, una mujer.

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Muchas mujeres ociosas se refugiaron en la cultura y el arte, aunque no trascendiera su “nombre” ni fama, pero no se pueden ver como excepciones lo que fue una pauta muy común, si bien es cierto que gran parte de la población atada al trabajo careció de estudios. La costumbre de leer en alto en reuniones o en las calles hizo que lo escrito se extendiera. Hubo mujeres que estudiaron, que se encargaron de enseñar a leer y a escribir a sus hijos e hijas también. La madre de Miguel de Cervantes es un ejemplo, y no excepcional. Lo fueron sus hermanas, las Cervantas, su esposa Catalina de Salazar que supo leer, escribir y latín gracias a su tío cura, Juan de Palacios, que le enseñó, o la nieta de Hernán Cortés, Magdalena Cortés, que fue abadesa en un convento de Valladolid. Baste saber lo que se exigió para ser abadesa de un convento, a lo que no pocas mujeres aspiraron. O la prosa y poesía de santa Teresa de Jesús. Fueron muy valorados los sonetos y poemas de la poetisa mexicana, hija de españoles, del s. XVII, sor Juana Inés de la Cruz, o en Francia en a mediados del s. XVI tuvo fama la poetisa Louise Labby. Algo así no puede entenderse como un fenómeno aislado. En su obra “Coloquios”, Erasmo de Róterdam una de las mujeres que conversan, Magdalia, defiende la causa de las letras y de la piedad frente a la abadesa del convento de San Benito, manifestando ésta un rechazo abierto a tal concepción de la vida femenina, pues ésta entiende que la felicidad de la mujer consiste en “comer y dormir y en libertad de hacer al hombre en lo demás lo que quisiera”. Señal de que muchas chicas se rebelaron a semejante concepción de sí mismas, pues se hace por algo esta alusión.

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La propia Avellaneda cuenta a este respecto en la novela tal advertencia. Cuando se encuentran con unos comediantes, uno comenta en relación a las mujeres “… si le enviaba luego a su hija, que soy yo, (o sea el autor de la comedia), para servir de mí en lo que fuese de su gusto”, parece dar pistas a modo de referencia de que el autor sea una hija o sobrina. Poco más adelante el escudero Sancho pregunta a uno de los comediantes “¿nunca has visto a una hija de un Rey puesta en trabajo?” Dice “hija”, en femenino. Y lo dice en un sentido, que da el contexto, de que si no ha visto a una mujer que escriba, que lea, que sea culta… A lo que responde, “aunque sea solamente a ese trabajo de la hija de un rey”. Y añade Sancho, que hace migas con Bárbara: “pues sepan que cada día nos topamos yo y mi amo con ellas en esos caminos”. Queda claro y manifiesto que es un alegato a que no es infrecuente que las mujeres sean cultas. La esposa de él y Sancho mismo no saben leer ni escribir, pero ambos por igual. Pero sí que tienen una cultura oral muy arraigada. La abundancia de refranes que usan en sus conversaciones son el legado de esa cultura oral como forma hablada de trasmitir los conocimientos y experiencias de vida. Lo cual ambos libros recopilan en una época en la que va a empezar a imponer la cultura escrita, como actualmente lo hace la cultura visual basada en la imagen respecto a la escritura.

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Analicemos paso a paso el texto de la novela donde nos vamos a topar con muchas interferencias y alusiones. En la novela de Avellaneda, Dulcinea quedará ausente del todo, a lo que va a responder Cervantes con contundencia en su segunda parte. Pero la otra versión es sustituida por una mujer de carne y hueso, Bárbara, que acompaña a don Quixote y Sancho. Introduce a la mujer real en la novela. Don Quixote en su delirio, más que locura en este nuevo contexto, la tiene por la Reina Zenhobia. El caballero andante se convierte en el Caballero desamorado.

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Hay muchos detalles que dejan rastro sobre la autoría femenina de la segunda parte “apócrifa”, que se van a repetir de muchas maneras diferentes. Por otra parte hay una visión práctica y muy femenina en la manera de redactar y las cosas que cuenta que reflejan el punto de vista de una vida doméstica.

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Don Álvaro Tarfe, descendiente de moros de Granada, se encuentra con los protagonistas de la novela porque va a Zaragoza a las justas por el mandato de un Seraphin que va vestido en hábito de mujer, el cual es “Reyna de mi voluntad”. ¿Vestido de mujer? Algo quiere decir el autor/autora cuando escribe esto, que recalca al final de la novela otra vez referida a otra escena. De hecho no tendría demasiada importancia, de no ser que ambos autores en litigio saben que se van a leer mutuamente y se lanzan dardos. Cervantes escribe continuando su primera parte, pero con la interferencia de la nueva novela que se cruza con la suya. En la carta de Sancho como gobernador de la ínsula de Baratalia, recuerda especialmente el caso de la muchacha vestida de chico. Justo a continuación Cervantes cuenta, como quien no quiere la cosa, que halló una tendera que vendía avellanas nuevas, que mezcla con otras viejas, vanas y podridas. Y añade que en ese pueblo las mujeres son “desvergonzadas, desalmadas y atrevidas”. Lo cual puede verse como una alusión directa, ante una sospecha como la que venimos contando.

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En la obra de Avellaneda Sancho advierte que Mari Gutiérrez, “que es mi mujer”, dice, “ha de gobernar con el que rige la tierra y ser la mujer suya la que rija a las mujeres de Chipre”, que es el país que va a conquistar don Quixote. Plantea el papel activo de la mujer y hace que intervenga. No sólo Bárbara que va con los dos, sino el papel que otorga a la esposa de Sancho: “Mari Guitiérrez gobernadora ha de ser de Chipre, y de todas sus Albondiguillas”. Planteamiento éste que es más fácil se le ocurra a una escritora que a un escritor.

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Los dos instrumentos musicales que más aparecen en la obra de Avellaneda son el arpa y la vihuela, la primera fue usada especialmente por mujeres.

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Entre medias por ejemplo un personaje femenino en la novela de Avellaneda, la Alba. Busca remedio a su pequeña estatura con “un palmo de chaquin”, lo cual es un uso femenino. La novela rompe con la idealización de la mujer para dar una visión de una belleza más razonable. Visión que se expande a lo cotidiano, como es la de comer en una mesa y colocar un mantel. Para remarcar este uso don Quixote va a decir que un caballero andante no usa manteles. O aludir a que Sancho lleva una maleta para viajar con sus camisas, con ropa blanca de muda. Lo cual lo indica varias veces. O el uso muy frecuente de “vuestra merced”, vm, una coletilla que se usó en aquella época, pero especialmente la mujer para con el varón al que habla. Hace un uso reiterado del mismo, que no vemos, por ejemplo, en la obra de Cervantes. Cuando alquilan una casa los protagonistas del cuento del Ermitaño enumera quien escribe: una cama, la almohada, el estrado, sillas, tapicería, bufetes. Incluso a quien hace la novela le preocupa cómo va vestida Bárbara y alude a que “no vaya mal vestida”, por deseo de don Quixote. En varias ocasiones las mujeres que aparecen hacen cuentas con el dinero contante y sonante, sin hacer valer el que puedan ganar en un futuro. A sus personajes les preocupa los problemas reales, menos al loco que hay que llevarle al manicomio.

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Otro detalle tremendamente delator de la feminidad de lo escrito por Avellaneda es cuando al mear Sancho ha de quitar una agujeta de delante, y aún así, describe el autor o autora, se cae una (gota) al medio adentro, “linda cosa son caraguelles de mi tierra, pues ni deja señal alguna diarrea”. Es una mirada de mujer ciertamente la que repara en tal detalle.

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Pienso que hay una cierta sospecha por parte de Cervantes, de algo que le hayan dicho, pero que no pudo confirmar, porque en la segunda parte hace alusión a este aspecto cuando Sancho monta en el caballo Clavideño junto a don Quijote con los ojos tapados ambos, cuyo objeto de tal viaje es quitar las barbas a las damas víctimas de un maleficio de Malambrino. Y pretenden “rapar” a esas dueñas. Las barbas, se entiende. O sea mujeres con barba, ¿con nombre de varón? De hecho va a insistir cuando pregunta don Quijote con cierta ironía “Señora Magallanes o Magalona?” Lo cual parece más una interferencia del autor en la novela que algo propio de los personajes, pues aparece metido de rondón.

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Cuando Sancho es gobernador en la novela de Cervantes, le llevan “un hombre que no lo es, sino una mujer, y no fea, que viene vestida en hábito de hombre”. Los confabuladores de la burla, el duque y la duquesa, se admiraron porque este hecho no vino ordenado por ellos, y parece hacer el autor una alusión a esa mujer “anónima”, que “no por ladrona, sino por celos rompe el decoro que a la honestidad se debe”. El criado del duque pide su mano, al descubrir que es hermosa y que se vistió de varón para ver mundo. Poco más adelante de esta segunda parte el paje del duque lleva la carta de Sancho a su esposa, a la que describe que pasa de los cuarenta años, tiesa y avellanada.

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Es la de Avellaneda una novela muy estructurada y ordenada, más que la del autor en la que se basa. El lenguaje es más solemne y serio, al ser el de Cervantes más un uso del mismo con toques de burlesco. Es un libro el de Avellaneda con contenidos más concretos, donde el protagonista tiene una edad concreta, pasados los cuarenta y cinco años. No admite el amor abstracto, el enamoramiento, que reduce a la mujer a ser una imagen. Lo cual Cervantes va a incidir en ello en su segunda parte para dejar claro quién y cómo es su personaje, que ha sido sacado de sí. Cervantes crea a sus personajes desde dentro, lo que les da mucha más fuerza literaria. Avellaneda desde fuera, los define demasiado y concreta en la mujer que inspira a su Quixote como una mujer concreta, con la que habla, rompiendo la entelequia y quimera del Quijote cervantino, pero para continuar con el personaje va a interpretar la visión idealizada de Bárbara como un delirio. El protagonista es con Avellenada un enajenado, un demente con alucinaciones, en nada parecido al personaje originario que fue capaz de crear su mundo y llevar a él al resto de personajes que lo siguen. En la novela de Cervantes la locura se acaba, después de dormir seis horas. En la del Quixote copiado se cura, aunque luego reincida dejando abierta la puerta a nuevas aventuras.

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Avellaneda rechaza ese “trato inhumano y cruel” del enamoramiento e invita con Bárbara a que don Quixote piense en otra hembra mejor y que tenga con él mayor correspondencia, lo que supone invertir el paradigma femenino de Cervantes de la relación entre el varón y la mujer. En Sancho se va a ver proyectado con Avellaneda el macho ibérico y la mujer real de su época y de su mundo. Si bien de ternura también, como hacer que Sancho no pare de llorar, que luego en alguna ocasión también lo va a incluir Cervantes en su escudero, lo mismo que la casulla que le pone tras que la llevase el de quien le copia. Si bien Cervantes va dejar claro en su segunda parte que Sancho no es un llorica, en respuesta al otro. Con Avellaneda no para de llorar. Cervantes escribe cuando la partida de la hija de Ricote, desterrada la familia por ser mora y hacerse pasar por cristiana que Sancho llora, pero aclara el autor “no suele ser muy llorón”, aunque en su segunda parte sí es más de lágrima fácil y más sentimental. Llora cuando la duquesa le lee la carta de su esposa, Teresa. Sancho comería, dice, una docena de albondiguillas, si estuvieran bien guisadas. Quien escribe la novela “apócrifa” se fija mucho en detalles domésticos. Y abundan referencias a comidas sofisticadas, las cuales las guisaban las criadas o amas de la casa: albondiguillas, capón, manjares blancos (pechuga de gallina mezclada con leche, azúcar y harina de arroz), pellas. También se mencionan pasteles y en el vestir sombreros.

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Las alusiones de Avellaneda hacia el personaje gordito son muy maternales: “el bueno de Sancho”, “pobre Sancho”, “Sancho mío” y le engrandece y equipara al caballero andante al hacerle “flor de los escuderos andantes”, para hacerles por igual y no dejarle en un segundo plano, en la visión equitativa que tienen muy en cuenta las mujeres. Cuando le va a llevar al manicomio “Don Álvaro asió la mano a don Quixote…”, diciendo “vamos mi señor a dar una vuelta por esas calles”, lo cual es una expresión muy femenina, maternal incluso.

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Avellaneda refiere a santa Agueda como “abogada de las tetas”, por llevar las mismas al aire, algo que es una alusión que conocen las beatas, de cara a tener los pechos fértiles para la crianza. A la esposa de Sancho la hace destacar por su hacendosidad, la cual remarca. Otra imagen muy femenina es cuando don Álvaro visita a don Quixote en sus aposentos “sentándose junto a la cama en una silla…”, es una imagen doméstica muy hogareña. O cuando Sancho admite a su señor que las bragas que se pone a la espalda están sucias. O como cuando don Quixote señala que un caballero no tiene por qué cortarse las uñas de los pies ni de las manos. Algo en lo que se suelen fijar las mujeres y no los varones, o no tanto, o no lo dicen, por regla general. Y que se escriba de esta manera permite pensar en la mano femenina que mueve la pluma.

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O la descripción del personaje femenino de Avellaneda al que eleva a ser protagonista junto a don Quixote y Sancho, con los que se incorpora a la aventura. Ha sido engañada por un hombre, un traidor. Ve al varón desde quien sufre la deslealtad. Es una mujer que friega los platos, una vez quebró dos. A la vez va a describir el ambiente de puterío de Alcalá de Henares, donde tanta universidad y teología hay. Manifiesta algo que un varón no reconocería, como es servirse de la mujer con el vínculo del matrimonio. Son muchos detalles concatenados los que hacen ver que la escritura corresponde a una mujer, presuntamente.

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Quien escribe conoce las sagradas escrituras, usa muchas imágenes bíblicas: Pilatos, Ionás, Moisés, Arca de Noé, David y Goliat, el Anticristo, Barrabás, Abraham, Job, Salomón, Satanás, Evangelios, Adam y Eva, el rey david, Sansón, Belcebú, Judas, Caifás, Ana…

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En el cuento del rico desesperado, cuando la mujer acaba de parir y el marido se ausenta, es deseada por un amigo, que se hace pasar por el esposo, las expresiones que relata son tremendamente delicadas y muy femeninas, destacando tales diálogos y no sólo describiendo el acto: “hecho indecente”; “vuestro deseo proviene al grandísimo amor que me tenéis; “meterse en la cama donde puso en ejecución un desordenado apetito”. Quien escribe esto afronta la sexualidad de los personajes que intervienen, pero con una delicadeza exquisita. Lo hace desde el punto de vista de una mujer. La sexualidad descrita por los escritores se ve como mero deseo, pero una mujer, cuando escribe se recrea en la seducción. Cuando el soldado, mediante el engaño urdido, le toca el pecho a la dama, éste dice: “no puedo acudir a lo que podéis pretender, tened un poco de sufrimiento”. Va cediendo, pero sin ser seducida, sino cumpliendo con el débito conyugal. Al verdadero marido le reprocha con cariño y delicadamente el exceso que tuvo por la noche: “me pidáis perdón y no será quijtpoco si lo vos concedo”. Alude a que no quiere contradecir a su marido “por no enojarle”, a un varón que después de satisfacerse “sin decir nada se levantó hecha su obra”. Sin hacerle esto saber que no fuera su cónyuge. Hay una descripción de la sexualidad matrimonial en este cuento, que añade a la historia mucha literatura hecha por mujer: “le afeé su poca continencia”.

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El Quijote de Cervantes vive en un estado de enamoramiento tal cual lo experimenta el varón, extrovertido, no la mujer que lo sufre hacia dentro, introvertidamente, al concebir el amor en una relación concreta y cotidiana. Desde esa mentalidad femenina, concreta y práctica, el “Caballero enamorado” y de “la triste figura” pasa a ser con Avellaneda el “caballero desamorado”, para luego convertirse en el “caballero del amor” y finalmente el “caballero de los trabajos”.

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En el cuento que narra el Ermitaño, la monja abadesa va a llevar la iniciativa en la vivencia de su pasión, como Bárbara va a manifestar la sexualidad como mujer y a modo de sujeto activo, no una mera receptora de deseo que se deja llevar. Pero todo sucede con elegancia aun siendo la redacción del texto franca y a la vez fina: “ayudó a que tuviera bastante leña para encender el lascivo fuego con que empezar a abrasar el corazón de la descuidada priora”. Doña Luisa dice: “el mayor imposible que sentimos las mujeres es el haber de otorgar a quien suele tomar ánimo para condenarnos a perpetua desprecio y desesperados celos”. Esto es muy raro que lo escriba un varón. Porque habla de sentimientos y sobre cómo una fémina ve las relaciones de pareja. El varón describe las conductas, la atracción, las fantasías. Avellaneda llama cobardes y mojigatos a los hombres. Tanto Luisa como Bárbara toman la iniciativa en las relaciones sexuales. La obra representa la feminización de la literatura y de los amores. Otro rasgo de la redacción es que Luisa atiende a coger provisiones y piensa en el futuro, no se va sin más del convento, sino que coge dinero, es previsora, meticulosa. Hasta se despide de la Virgen, que luego obrará un milagro. Paso a paso lo cuenta como mujer.

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Otro rasgo sobre este asunto es la importancia que da Avellaneda a “la pérdida irrecuperable de la virginidad”, como virtud íntima de la mujer en aquella época, la cual fue “arrebatada por locas ansías e infernales gustos”; la reclamación de ser “digna de ser amada” es otro rasgo de feminidad en la novela. Puede que el anonimato haya hecho que quien escribe lo haga de manera más desinhibida, que también son finalmente aleccionadoras las moralejas de los cuentos, pero se lo permite decir a un “varón” con cuyo nombre se “viste”.

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Constreñida doña Luisa, la monja que se fuga con don Gregorio para vivir una historia de pasión ardiente, ve que “la necesidad es poderoso tiro para derribar flacas almenas de la mujeril vergüenza”. Se acabó prostituyendo, si bien vuelve a la fe y al convento, a medida que transcurre la historia, fruto de su arrepentimiento y de un milagro de la Virgen a la que dejó al cuidado del convento. Todo está redactado con pudor y elegancia, sin escatimar lo diáfano de lo que cuenta cruda y llanamente. Cuando a su vez don Gregorio vuelve a casa de sus padres, quien habla, no sólo que lleve la voz cantante, sino que quien se dirige a él es la madre y lo hace como tal. Y en otro momento de la novela hace referencia a que “no hay cosa más habladora (parleras) que una mujer que ha perdido el recato”. Y así se van sumando detalles y más pormenores que corroboran las posibilidad de que quien escribe al amparo del nombre “Avellaneda” sea mujer. No afirmo que lo sea a falta de una investigación documental que lo demuestre. Me parece, sí, una hipótesis fiable.

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También en la historia del cabrerizo López Ruiz y la pastora Torralba, define Avellaneda el amor femenino que sufre por los desdenes con que es tratada la mujer, que refiere: “ordinario efecto del amor en las mujeres”. Plantea permanentemente el sentimiento femenino, apenas el de los varones. Pero sí cómo ve al hombre el sexo opuesto. Bárbara dice a Sancho “ponéis el gusto en cosas más de brutos que de hombres”, como si hablara con el hombre en general. Cuando se acercan a la venta de Alcalá de Henares le advierte de lo áspera que tiene la barba, se queja y dice: “que trabajo tendrá la mujer que durmiera contigo todas las veces que los besare”. Don Quixote se enfada cuando los encuentra abrazados, mesando ella las espesas barbas. Y también dice Bárbara que tienen que quererse “como dos buenos casados se aman… durmamos esta noche ambos en el mesón”. Sancho no entiende la proposición de acostarse juntos.

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Y algo que sorprende en este sentido es cómo Avellaneda amaga, sólo que dentro de la novela, donde cuenta lo que quiere decir realmente. Por un lado Bárbara denuncia que sirvió en una taberna, en la que se ejerció la prostitución “para gente de capa negra y hábito largo”. Algo que no habría pasado la censura de no ser que fue algo que se quiso manifestar por los propios censores para depravar esta conducta. Luego confiesa: “soy naturalmente inclinada a cosa de letras si bien las mías no se extienden con más que hacer y deshacer, bien una cama y adezar...”. En esta expresión se delata, pero va a haber más todavía, quedando oculto al no fijarse la masa lectora en una novela que ha quedado postergada y que, sin embargo, es necesaria para entender en todo su sentido la obra de arte escrita por Miguel de Cervantes.

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Poco después Sancho dice: “no vengo a hacer batallas con hombre ni con mujeres”. Es curioso que especifique “con mujeres”. Bastaría haber escrito “no vengo a hacer batallas con nadie”. Así acercándose la novela al final descubre el narrador que el secretario que sujeta el muñeco Archipámpano, que don Quixote cree que es de verdad, como también Sancho por ser simple, “vestía elegantemente de mujer”. ¿Qué aporta al desenlace de la novela? No viene a cuento, parece que está queriendo decir, con todo lo demás y lo que aún falta “¿no veis?” Se lo está diciendo al lector, casi a la cara. Porque añade: “quien no lo conociera se podría engañar fácilmente espantados todos los que lo sabían”. Indudablemente escribe para la gente de su época. Dentro de la novela carece de sentido este añadido, pero sin embargo hace hincapié en la identidad femenina de quien escribe. Y todavía más, quien narra la escena hace decir a don Quixote “pienso que aquella mujer es un gigante”, como ciertamente lo es.

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Y a medida que se acerca el final va mostrando con más perspicacia lo que esconde quien escribe la novela y lo señala, si se quiere ver, porque no es una cuestión de interpretación, sino de lectura del texto. No sirve como prueba irrefutable, pero sí son indicaciones a tener en cuenta para seguir las huellas que deja. Como cuando al final, en el manicomio don Quixote, un loco cita a diversos autores de renombre, uno de ellos es Séneca, que dice y cita en latín: “De todas las mujeres (casadas, niñas, damas, hermosas) se puede decir ¿qué no osará intentar la locura sin freno de una mujer?” Da a la mujer el papel de “la locura” y es quien aconseja al nuevo inquilino. Éste, después de escuchar las muchas sentencias del loco,  dice que no saldrá de aquel lugar hasta que no liberen a ese sabio, que luego le muerde con fuerza la mano, lo cual tiene una carga simbólica muy grande en cuanto a morder la mano de quien ha escrito la primera parte de la historia. Algo que puede parecer muy retorcido, pero así lo explica el mismo loco como si quisiera dar a entender al lector el fondo de lo que dicen los personajes, y más el loco del manicomio con el que habla don Quixote que parece resumirlo todo: “las damas me armen mil zancadillas… el cielo no tiene estrellas, ni peces el río, como engaños guarde la mujer en su mente criminal”.

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Don Quixote se hace llamar a sí mismo “caballero del amor”, para pasar a ser luego esto, cuando ya ha terminado la novela, pero añade como colofón quien escribe que al cabo del tiempo sana de su locura, pero que vuelve a caer en ella cuando está fuera, lo que será contado en futuras salidas del “caballero de los trabajos”, lo que indica una mentalidad muy concreta y práctica. Cervantes asimila al doble que ha hecho Avellaneda. Al dejar las aventuras su personaje quiere hacerse pastor, lo mismo que al recobrar la cordura deja a un lado su pensamiento de Dulcinea.

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Y siendo las mujeres quienes más critican a las mujeres, también Avellaneda hace una denuncia al describir la manera de comportarse los hombres con ellas, justificándolo o no, cuando Sancho afirma “que no haya que decir, con el palo en la mano, que las mujeres de hogaño son diablos y no dándoles en el caletre (la cabeza) no harán cosa buena”.

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Cuando queda don Quixote encerrado en la casa de los locos, don Álvaro habla con el desamorado, pero lo hace de una manera muy emotiva, tal cual lo haría una madre, que quiere que le vayan a visitar, que da gracias a Dios de no haber permitido que hubiera muerto por los caminos con todas las cosas que hizo por culpa de la locura. Lo comprende y le quiere. Pide a los criados que le vayan a ver para que no quede abandonado ni solo. Manifiesta un punto de vista tremendamente femenino con respecto al personaje. Pensarlo pudiera ser infundado de no ser por la cadena de referencias que se manifiestan de manera recurrente en este sentido.

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Pero si quedara alguna duda, cuando ha finalizado la novela quien escribe introduce un añadido, como queriendo decir algo sin decirlo, que por sí solo sería anecdótico, un adorno, pero sumado a todo lo anterior es significativo. Precisamente es al leer este final cuando me pregunto ¿y todas esas sensaciones, esa sospecha de una escritura tan femenina? Y me puse a tomar notas durante una nueva lectura. Don Quixote, cuenta Avellaneda, al salir curado de la casa de los locos volvió a su tierra, Argamasilla. Compró un caballo y llevó por escudero a una chica vestida de hombre sin saberlo él. Una soldado que huía y quedó embarazada. Lo descubrió al verla parir en medio de un camino, y se alejó don Quixote del parto, maravillado, sobre lo cual hizo grandes quimeras en su fantasía. Podría simbolizar que quien escribe es mujer con nombre de varón (vestida de) ha “parido” la novela. En cualquier caso, si en cuatro siglos no se ha sabido quién es la persona que está bajo el pseudónimo de Alonso Fernández de Avellaneda, y todo son conjeturas al respecto, ¿por qué presuponer de antemano que fue un varón? Desde el análisis filológico se supone y admite que es alguien de Aragón. Desde la lectura del texto ¿qué indica que sea varón? Sin embargo, sí hay un cúmulo de indicios que señalan que pueda ser una mujer.

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¿Escrito por un familiar de algún conquistador?

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En este apartado voy a hacer conjeturas, pero basadas en la investigación lectora, a partir de los cuales podemos aportar fundamentos sobre la propuesta de investigación que hago, por constatar indicios racionales sobre la misma. De la misma manera que mantengo que la obra de Avellaneda demuestra la tesis que he desarrollado en cuanto a la referencia a los conquistadores por parte de Cervantes a través de los dos protagonistas de su obra, don Quijote de la Mancha y Sancho Panza.

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Cuando avanzaba en la lectura del Quixote de Avellaneda observé que la manera de redactar, de describir ciertas situaciones es especial, tiene algo. De manera intuitiva percibí que pudiera ser quien escribió una mujer. Al llegar al final parece que lo dice e insiste en ello, por lo que releí la obra tomando notas al respecto y fijándome en este aspecto, además de otros rasgos que fui repasando y ampliando, pues como oí decir una vez a Juan José Álvarez, militar que ha profundizado sobre la obra de Cervantes en relación con dichos, sentencias y referencias al ejército, en una obra de tales dimensiones hay que buscar aquello en lo que nos queremos fijar, pues de otra manera pasamos por encima de las letras sin darnos cuenta de muchos detalles. De esta manera encontré alusiones claras a que Alonso Fernández de Avellaneda pudiera ser el pseudónimo de una mujer. Al fijarme en cosas muy concretas además he averiguado también que es posible pensar que fuera familiar de algún conquistador, hija, nieta, sobrina o nuera, pero algún grado de parentesco, ya que solamente de esta manera pudo haber sabido cosas que relata de manera novelada, como veremos más adelante.

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Sancho escribe a su mujer, en esta versión Mari Gutiérrez. Dicta la carta a don Carlos en la que entre otras cosas dice: “tuve un tío que escribía lindamente, pero yo salí tan grandísimo bellaco, que cuando siendo muchacho me enviaban a la escuela, me iba a las higueras y viñas…”. ¿A cuento de qué viene? Nada sabemos de ese tío de Sancho. Es como si se diera a conocer la autora, sin manifestarlo abiertamente y que en lugar de un “tío”, en la realidad fuera la “sobrina”. Evidentemente por sí misma esta referencia no puede tomarse como una prueba, ni siquiera como una alusión, pero unida a todo lo demás da cuerpo a lo que puede ser una sospecha razonable.

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Como recoge Iván Vélez, “los descendientes de los conquistadores emplearon la pluma para reivindicar la labor de éstos”. Algo que fue muy frecuente y que adquiere relevancia en le etapa previa a cuando Miguel de Cervantes iba a escribir su gran novela. Bernal Díaz del Castillo, harto de ver difama y ninguneada su acción en la conquista, pacificación y haber poblado la Nueva España, escribe, o mejor dicta, su obra “Historia verdadera de la conquista de la Nueva España”, que finaliza de escribir el año 1568. Circulan copias por España a partir de 1575, dándose a conocer su punto de vista y reivindicaciones. Y son sus descendientes quienes imprimen esta obra en formato de libro el año 1632, porque el asunto y el contencioso sigue vigente y quieren reforzar su postura por la honorabilidad de la familia.

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Un dato a tener en cuenta es que la obra de Avellaneda tiene una gran acogida en España, a remolque sí, de la primera parte de las aventuras de don Quijote, de Cervantes, pero también en América de habla hispana. Si bien no todo el mundo supo leer en aquella época, fue costumbre arraigada que quien sí supiera leía en voz alta, de manera que muchos fueron quienes la escucharon y comentaron al respecto. Don Quijote y Sancho se convirtieron en personajes referenciales de su época.

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Inmerso Cervantes en el ambiente de su tiempo, el de los conquistadores tuvo mucho auge, además de otros temas que en la novela van a ser manifestados y de los que Cervantes influenciado por López de Hoyos también se va a hacer eco de la polémica sobre la Contrarreforma y el erasmismo, tema del que hay diversos estudios y referencias. Tengamos en cuenta que fue España el país en el que más influencia tuvieron las enseñanzas de Erasmo.

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No fue un caso aislado entre los conquistadores el de Bernal Díaz, sino uno más de los que se conocen, porque muchos manuscritos desaparecieron, otros no se editaron, pero fue una narrativa abundante y realizada con toda intención de exigir unos derechos y restablecer el honor de quienes lucharon en unas circunstancias que nadie en su momento pudo saber con qué se iban a encontrar. Reivindican la gloria que les corresponde y que pasa desapercibida y son minusvalorados.

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Con datos de Iván Vélez: Francisco de Terrazos es hijo tocayo del conquistador que fuera mayordomo de Hernán Cortés, escribe el poema “Nuevo mundo y conquista” (1584), al cual se refiere Cervantes en su obra “La Galatea”, lo cual indica que no fue algo indiferente para el autor de la novela “Don Quijote de la Mancha”. Reivindica la gloria de las hazañas de su padre (figura de Quijote) y por otro un pago justo por ello (proyección en Sancho), de lo que le ha de corresponder como herencia.

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Los soldados que lucharon contra los turcos tuvieron más consideraciones, pues se pensó que los de las Indias “ya robaron bastante”, cuando en ocasiones fueron muchos de ellos robados por la piratería marítima al volver, y se llevan la mala fama de despojar de sus riquezas a los nativos del lugar “indefensos”. El mismo Cervantes tuvo una credencial de Juan de Austria para que le facilitasen un buen trabajo al llegar a España, que le firmó estando herido en el hospital. Credencial que al estar firmada por el duque de Alba hizo que pidieran un rescate por él mayor que el resto cuando fue hecho prisionera en Argel, al considerarlo un personaje importante. Los conquistadores y sus familiares parecieron mendigos pidiendo sus derechos y reconocimiento.

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No fueron pocos los intentos de rebelión a la Corona, por parte de los descendientes de los conquistadores nacidos en el nuevo mundo, los criollos, cuya presión fue cuajando hasta el origen de las guerras por la independencia de las hoy naciones de América, desde México hasta el vértice del cono sur. Una de ellas, y que intensificó el descrédito de los conquistadores, fue llevada a cabo por el hijo de Hernán Cortés, Martín, el II marqués del Valle, a quien quisieron sus partidarios dar el poder absoluto de la Nueva España, que era gobernada por personas que aterrizaban allá como lacayos del imperio, sin que hubieran arriesgado ni su vida ni su fortuna. Revuelta que sucedió en México el año 1565, ocho años después de haber participado en la campaña contra los protestantes en los Países Bajos. El año 1561 sucedió la primera sublevación en Sur América liderada por quien dirigió la búsqueda de El Dorado, para encontrar un maná de oro que creyeron cierto, siguiendo la ruta del río Amazonas, López de Aguirre, que llegó a proclamarse “Príncipe de Perú”. Acaudilló una rebelión contra la monarquía, siendo perseguido y acorralado hasta que ese mismo año es derrotado y provoca una trágica y exaltada muerte, tras haber matado a su hija para que no fuera violada ni nadie la pudiera acusar de ser hija de un traidor. En la carta previa al desacato que escribe a Felipe II dice: “me rebelo hasta la muerte por tu ingratitud”. Se ha considerado la primera proclama de independencia de los territorios de América. Nuevos estudios consideran que esta carta atribuida a Lope de Aguirre fue escrita anteriormente por quien fuese el primer virrey del Nuevo Mundo, Antonio de Mendoza y Pacheco, entregada por su hijo Francisco de Mendoza, a quien luego el monarca le niega su deseo de ser marqués de Estremera (al sureste de Madrid), siendo este personaje también citado por Cervantes en su obra “El gallardo español”, comedia caballeresca cuyo protagonista, don Fernando de Saavedra, hay quien lo hermana a quien sería luego don Quijote. Esta obra se publica junto a otras no representadas. Se suele relacionar con la experiencia del autor como espía en Orán el año 1581.

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Otro hijo de un conquistador, Baltasar Durante de Carranza, escribió la crónica de los primeros pobladores para reclamar sus derechos (1604) Es un tema que está en el ambiente cuando Cervantes escribe y publica su primera parte del Quijote. El año 1599, Antonio Saavedra y Guzmán, edita una obra en verso que se hizo muy popular: “El peregrino indiano”. Insiste en el valor y mérito de todos los que han participado en la conquista y exige otrosí reconocimiento. Hay quien ve estas exigencias como de pedigüeños. Lo que Cervantes va a caracterizar en la figura de Sancho Panza. La parodia que hace en forma de novela es a lo que responde Avellaneda. Antonio Saavedra pide que se reconozcan los esfuerzos hechos por quienes se asentaron por primera vez en aquellas tierras del otro lado del Atlántico, y achaca la marginación a la que son sometidos a la envidia. Denuncia que se den cargos de responsabilidad y dinero a arribistas que ni ellos ni sus padres arriesgaron la vida.

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Muestra Vélez que no sólo Bernal, sino otros conquistadores como Antonio de Saavedra, Terrazos y más dejaron la espada para manejar la pluma, por ellos mismos, o a través de quien supiera hacerlo. El nieto de Hernán Cortés, III marqués del Valle, hizo de mecenas de poetas y escritores que defendieron la causa de los conquistadores y la lucha de su abuelo. Pleiteó contra la Corona en los tribunales para que fueran reconocidos sus derechos. En pleno apogeo de tales reivindicaciones con gran repercusión social, escribe Cervantes las aventuras de su hidalgo caballero. Hijos y nietos de los conquistadores van a batirse con la palabra para exigir sus derechos. Antonio de Saavedra escribe (Vélez): “Hay como yo otros muchos olvidados / hijos y nietos, todos descendientes / de los conquistadores desdichados. / Capitán y alférez valiente / los más de éstos están arrinconados”.

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Recogiendo datos en relación a lo que planteo, el dramaturgo Gonzalo Torrente Ballestero escribió un guión que asoma los entresijos sociales y psicológicos de la conquista en un caso extremo de violencia y ambición desmedida, pero que recoge el conjunto de esperanzas, expectativas y creencias de aquel ambiente en el Nuevo Mundo, lo cual representa este autor en la obra de teatro “Lope de Aguirre, crónica dramática de la historia americana” (1941). Una señora de esta pieza teatral se queja de que a su marido le trastornan quimeras de venganza. En muchos casos venganzas justicieras sin sentido, que reflejan el alma de don Quijote. También el de Sancho, en boca de un hombre sencillo de pueblo: “Soy un pacífico campesino que no sabe nada de rebeliones; sólo quiero llegar pronto (a El Dorado) y trabajar mi campo; fantasías de soldados no me alcanzan”. En otras escena los soldados que se rebelan al rey siguiendo las promesas y amenazas de Lope de Aguirre, se reparten títulos para hacer la nueva corte para el nuevo rey de las Indias. Un soldado grita ¡quiero ser duque! Otros se proclaman condes y demás. Otro dice en esa dualidad de ensoñación y avaricia: “sin renta no valen nada los honores”. Lo cual sucede en el contexto tanto de la obra teatral como en el hecho real de la expedición en busca de El Dorado, siguiendo aguas adentro del río Amazonas. La rebelión que sucede el año 1561 es fruto de una mentalidad. Aplastada, literalmente, por el ejército del rey que va en busca de los sublevados, refleja no obstante el hecho de ser despreciados, como recoge en su obra Torrente Ballestero: “el rey no tiene arte ni parte en las Indias, obra fue de desdichados capitanes, señalados por la ingratitud”. A pesar de todo lo que hicieron, de ampliar el territorio de la corona, engrandecer el imperio y traer oro gozaron de mala fama y desestimados de cualquier recompensa,  entre contemporáneos fueron mal vistos y así quedó para la Historia como locos aventureros en busca de riquezas fantásticas y luchas imaginarias (quijotes) y a su vez codiciosos de títulos y riqueza (sanchos) Se destacó este aspecto y no muchos otros justificando de esta manera no cumplir con ellos ni pagar sus merecimientos.

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Es una realidad que a Cervantes le interesa, como recaudador de impuestos cuando escucha tantas quejas de quienes además de perder a sus hijos tienen que tributar al rey, y también como soldado que luchó contra los mahometanos. Y que además quiso ir a las Indias y no le dejaron. Lo que provocó aún más su menosprecio. El enganche literario con los conquistadores sucede en la novela de Cervantes con las de caballería a la que los conquistadores fueron muy aficionados, e influyó en su mentalidad. Todo lo cual no merma en absoluto el mérito literario de la obra de Cervantes, pero es necesario ver su contexto y realidad de fondo, y no tanto “cervantismo” que se ha convertido en una carrera de adulaciones y fabricar adjetivos, epítetos e hipérboles cada vez más altisonantes vacíos de contenido.

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Cervantes arremete contra los conquistadores, describiendo su doble función, según fuera antes o después de la conquista con los dos personajes protagonistas, por medio de las novelas de caballería, vistiendo a aquellos de caballeros andantes. La mentalidad conquistadora es un efecto de la propagación de las novelas de caballería. Son los propios narradores conquistadores o descendientes de ellos quienes se comparan y asemejan con tales héroes caballerescos. Y un asunto pecaminoso que Cervantes, católico a ultranza, va a arrancar de cuajo en su obra es la sexualidad de los personajes, lo contrario de los personajes de las novelas de caballería. Lo libidinoso de los conquistadores es a semejanza de quienes protagonizan las novelas caballerescas, convirtiendo Cervantes a su protagonista en un casto caballero andante y a su escudero en un paisano asexual, lo cual va a cuestionar y cambiar Avellaneda, porque es un tema de fondo que también aparece. Lo que también es algo que se afea a los conquistadores, en tanto que se relacionan con las mujeres del “enemigo”, algo que no sucede con los musulmanes ni protestantes de las otras guerras. Varias piezas de teatro de Cervantes tratan de este cruce se sentimientos encontrados y enamoramientos entre mujeres moras y cristianos, y viceversa.

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El mito exagerado de vanagloria y a la contra la leyenda negra sobre los conquistadores, que es personalizada en en gran medida sobre la figura de Hernán Cortés, han impedido entender y analizar la historia de carne y hueso, la de un grupo de seres humanos ante una situación desconocida y sumidos luego en la codicia y el egoísmo de siempre. Las referencias a este fenómeno traspasó las fronteras de las crónicas, al pasar a la literatura, que fue lo que sirvió de altavoz a la causa, de un lado y de otro, defensores y detractores. Por ejemplo Quevedo y Tirso de Molina, junto a Lope de Vega escribieron laudos a favor de Hernán Cortés. El dramaturgo declarado enemigo de Cervantes escribe “Un gran Cortés, y un gran cortesano / … si Cortés con la espada alcanzó la gloria / vos (a Antonio Saavedra, historiador y poeta, hijo y nieto de conquistadores y pobladores de la México) con la pluma “imperio soberano”.

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La respuesta de los descendientes de conquistadores, y de ellos mismos fue recurrente en su época y trajo cola, lo cual no es descabellado ver que traspasara la literatura. Hay una serie de textos en el Quijote de Avellaneda que parecen querer dar pistas, señuelos para dar a entender, sin decirlo, en cuanto a que quien escribe es familia de a quien defiende. Como cuando la infanta Burdelina, hija del desdichado rey de Toledo, acusa al enemigo de su padre de “levantador de falsos testimonios a su propia madrastra”. “Madrastra” es la imagen de lo que los conquistadores han insistido y su descendencia: que el ejército del imperio lo ha “cuidado y criado” el oro y plata que ellos dieron a la corona.

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… si lo enviaba luego a su hija Burdelina, que soy yo, para servirse de mí en lo que fuese de su gusto”. Parece que quiere indicar algo. Habla Burdelina, pero insiste en “que soy yo”, como si se tratara de quien escribe lo que habla este personaje. “Para servirse”, “enviaba a su hija”. Quien escribe juega con el lector y traslada un mensaje camuflado. Que podría no ser tenido en cuenta, pero que cuando se repite e insiste, en relación a esto, como veremos a continuación, hay que reparar en tales comentarios porque son indicadores de algo.

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En otra parte de la novela Avellaneda refiere que el Archipámpano dice a Sancho que parece que ha estudiado en Salamanca toda la ciencia escritural según enriquece de sentencias (refranes) Sancho replica que no ha estudiado en Salamanca, “pero tengo un tío en el Toboso que escribe tan bien como el barbero… todavía me he aprovechado de su habilidad”. Hace una referencia de parentesco, como queriendo decir que escribe en su nombre, que sabe hacerlo. Y al poco continúa, como si añadiera lo que escribe en ese juego de dar a entender: “porque como dicen ¿quién es tu enemigo y el de tu oficio?… si lo he hurtado algo de lo que él sabe de esto, como se ve en ese papel, él me lo debía”. Parece una alusión al autor que Avellaneda copia la historia de don Quijote para cambiarla. Pero esto son indicios, que podrán abrir una vía de investigación documental en esta línea, debido a que las otras que se han llevado a cabo no logran saber quién es.

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Realizo una observación más, en tanto que en un momento dado don Álvaro en la novela de Avellaneda, se disfraza de gigante que es rey de Chipre, un sultán, contra quien ha de luchar don Quixote. Parece una alusión que en sus tiempos no se supo, sino en ambientes de familia porque se contase, pero que luego se ha conocido al leer crónicas y demás documentación (Vélez) de que Hernán Cortés participó por dos veces en los autos sacramentales celebrados en México el día del Corpus Christi, con un disfraz de califa de los moros (1533) y meses después otra vez en la fiesta de moros y cristianos que representaron. Historias éstas que se cuentan en familia de personas que lo hubieran vivido, aunque bien lo pudo haber oído contar, aunque darlo tanta relevancia es que la atañe de cerca.

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Al final de la novela de Avellaneda hay un añadido que parece no venir a cuento y como si quien escribe quisiera señalar otra vez algo. En lo que pueden encajar las piezas de un conjunto de casualidades, pero como conjetura se trata de aportar indicios, que no argumentos, para las disquisiciones que puedan surgir: al curarse don Quixote salió de la casa del Nuncio, la casa de los locos, pero parece que volvió a las andadas, y nunca mejor dicho. Lo apunta el autor o autora, que convertido en “caballero de los trabajos” recorre: Salamanca, Ávila y Valladolid.

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Me llamó la atención tal final, sobre todo porque Ávila no pilla de paso entre las otras dos ciudades, más bien hay que pasar por Ávila desde Toledo o Madrid para llegar a Salamanca. ¿Y por qué tales y en ese orden?, ¿por qué terminar así? Puede ser como cualquier otro final que hubiera elegido, pero resultó que encontré una cierta relación que tiene que ver con un posible parentesco del autor, como que lo deja dicho en forma de adivinanza, como así lo hicieron los estudiantes de la novela que el ir hacia Alcalá se encuentran con los tres protagonistas.

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Hernán Cortés estudió en Salamanca (1499), en casa de Francisco Núñez de Valera, según ha investigado el historiador  Demetrio Ramos.  Vivió luego en Valladolid (1502) Sansón Carrasco es estudiante de Salamanca. El año 1542 Hernán Cortés asistió a la boda del príncipe Felipe, que luego sería Felipe II, en Salamanca. En 1544, antes de ir a Sevilla, vivió en Valladolid otra vez. También Cervantes vivió en esta ciudad y en ella fue juzgado. El año 1528 Hernán Cortés se encuentra por primera vez con el emperador Carlos I en Toledo. Ciudad a la que llega finalmente el Quixote de Avellaneda. Pero las referencias de Cervantes en relación a donde se dirige su Quijote, en la primera parte y en la segunda, que cambia por despecho a lo narrado por Avellaneda, parece indicar otro coincidencia, ¿casualidad? El año 1529 Hernán Cortés viaja con Carlos I a Zaragoza. Meses después van ambos juntos a Barcelona, donde el conquistador es nombrado “marqués del Valle”. Que Avellaneda hiciera pasar a sus personajes por Alcalá de Henares, donde nació Cervantes, parecen muchas coincidencias, pero pudiera ser una relación fantasiosa de los datos.

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¿Y la ciudad de Ávila? Aparece citada esta localidad de repente sin venir a cuento, si que antes fuera nombrada. ¿Qué tiene que ver con las otras y en relación con lo que venimos diciendo? Resulta que (Iván Vélez) cuando en 1566 el hijo de Hernán Cortés y de la mexicana Melinche, Martín Cortés, II marqués del Valle, se rebeló a la metrópoli para defender sus derechos, sus encomiendas en contra de los nuevos gobernadores que iban de nuevas de parte de la Corona, sin antepasados que hubieran luchado allá. Quienes apoyaron tal rebelión fueron llamados “Los Ávila”. El instigador fue Alonso de Ávila, ejecutado una vez fue reducida la sublevación, junto a González Ávila, otro de los cabecillas. Sus cabezas fueron exhibidas para sembrar el terror a cualquier intento de rebeldía contra el Poder central.

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Dos formas de entender la locura

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Es curiosa la animadversión que causan los conquistadores y Cortés especialmente, porque lo que llaman “matanzas” los que los critican y “crueldad”, cuando se refieren a la intervención del apóstol Santiago o a la intercesión de la Virgen María, lo llaman “batallas” y “necesaria evangelización”, cuando se supone que es el mismo hecho. Este detalle es importante, porque tiene que ver en cómo define Cervantes al protagonista de su novela, lo cual es uno de los dos aspectos que Avellaneda va a trasformar en su réplica. Este autor o autora no continúa las aventuras del hidalgo y casto caballero andante, sino que cambia sus objetivos e historias, lo transforma de “caballero enamorado” a “caballero desamorado”. Cambio nominal que va a afectar a la manera de ser y el contexto en el que desarrolla su locura.

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Bartolomé de las Casas y otros críticos que anatemizan a los conquistadores exageran e inventan muchas atrocidades, de lo que, como en todo hecho “legendario”, hubiera una base real, con el objetivo de intensificar el desprecio y la condena a lo que combaten como fanáticos del catolicismo: la sexualidad, que sin embargo es un tema tabú, que apuntan, pero no dicen claramente ni hablan abiertamente de este asunto, que supuso una revolución al dar origen al mestizaje, pero parcial en su gran mayoría al ser entre los varones llegados de la península ibérica y mujeres indígenas. La otra combinación sucede mucho más tarde y en mucha menor medida.

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No es posible entender tales contradicciones si no se tiene en cuenta que no fue un problema de fe, sino de fanatismo religioso, que impregna una época y en un ambiente de lucha religiosa dentro de la iglesia católica como institución que va asumiendo la Contrarreforma preconizada por Erasmo de Róterdam, de manera que la fe ha de ir acompañada de actos en consonancia. No vale eso de las bulas, de pecar y arrepentirse, o la salvación por el simple hecho de creer, lo cual va a ser argumento de novelas y obras teatrales de la época y posteriormente. Tirso de Molina va a condenar al Burlador de Sevilla, mientras que Zorrilla salva a don Juan Tenorio por la intercesión de doña Inés, después de todo el mal que hizo. Una mentalidad es la que está en juego, ya que dirige la conducta de una sociedad porque la forma de pensar y de sentir de la gente es lo que impulsa sus decisiones y actos cotidianos para construir la Historia.

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El fanatismo pretende imponer su fe y sus símbolos. La propia palabra referida a “fanum”, “templo” indica su marco de actuación, la ceremonia, los ritos. Los conquistadores llevan a cabo la evangelización al mismo tiempo que el mestizaje. Erigen cruces para sustituir lugares de culto pagano donde se ejecutan sacrificios humanos, sustituyen ídolos por la imagen de la Virgen María con el niño Jesús en sus brazos. Dan misas antes de las batallas y para asentar las poblaciones las convierten en un elemento de cohesión. Pero quien interviene en tal imposición queda exento del cumplimiento de los preceptos y roban, matan, cometen actos impuros al mismo tiempo porque se consideran los elegidos, exentos de cumplir la norma mundana. El no matarás se transforma en matanzas sistemáticas, en hogueras y amar al prójimo en torturas inimaginables, ciertas aunque no de manera tan exagerada y deformada por los que construyen la leyenda negra de España que se fragua desde dentro del país y se expande por el imperio y en su periferia. Ha sucedido en todas las religiones, y sigue pasando, igualmente con las ideologías. Y cuando la excepción que delimita el fanatismo se extiende, la propia dinámica de la creencia o de la ideología interviene con mecanismos de represión y control para evitar que las contradicciones hagan sucumbir lo que defienden los adeptos. Los reyes del imperio católico que luchan a favor de su fe son bendecidos y apoyados por la máxima autoridad eclesial, aunque tienen amantes, concubinas, sin guardar demasiado recato. Las relaciones extramatrimoniales son conocidas en la Corte de los emperadores y reyes de entonces y reconocidas las más de las veces por quienes las llevan a cabo. Erasmo de Róterdam escribe sobre su contrariedad al recordar la disciplina que se aplicó a los niños para quebrar su voluntad en los seminarios, mientras que los monjes contrariaban los principios de la doctrina que enseñaban. Dentro del clero se dio esa misma contradicción. El mismo Juan de Austria es consecuencia de una relación extramatrimonial de Carlos I. Felipe II tan beato se amancebó con diversas amantes. Algunas al verse despechadas participaron en conjuras contra la corona. Sin embargo no se perdona la promiscuidad y la tendencia al placer carnal en los conquistadores en general, y con Hernán Cortés en particular, por parte de algunos clérigos. Fue una época en la que se decidió acabar en el seno de la iglesia católica con el derecho a la barraganía, de lo cual gozó el clero, sólo que se pidió anteriormente que no hicieran ostentación de sus relaciones con mujer. Un dato documentado es que la Capilla Sixtina (1473 – 1483) financió la decoración por el artista Miguel Ángel con los impuestos de las prostitutas que ejercían su trabajo dentro del Estado Vaticano. Sobre todo los representantes de la iglesia en aquella época no lo esconden, sino que lo admiten y otorgan su amparo y derechos hereditarios a los hijos “ilegítimos”. Lo cual es algo que se ve normal y se divulgan a la par las novelas de caballería, alguna yendo más allá, como la novela “Amadís de Gaula” de Garci Rodríguez de Montalvo, en la que admite con normalidad las relaciones homosexuales. Lo cual los conquistadores rechazan. Es en esta amalgama de contradicciones, visibles unas y otras no al quedar ocultadas, en la que es preciso situar ese pulso, o mejor un combate interno a muerte, que hará que la sociedad evolucione hacia un lado y con ella la literatura que no quedó a parte de esa lucha intestina dentro de la iglesia católica, lo que hizo que Erasmo de Róterdam escribiera: “Todos tienen estas palabras en la boca: evangelio — palabra divina — fe — Cristo — espíritu, pero veo a muchos de ellos comportarse como si estuvieran poseídos por el demonio”. Sus obras fueron censuradas, si bien con Carlos I se organizó una junta de teólogos para estudiar sus ideas, pero su sucesor volvió a perseguir esta corriente de pensamiento humanista. En esta época, tal como indica Marcel Batallón en su obra “Erasmo y España”, se produce una rebelión de un gran número de frailes contra Erasmo, hasta el punto de que la Inquisición prohíbe que se hagan las críticas en público y queden en el ámbito privado. Este “humanista bíblico”, como le han llamado, será quien a través de sus reflexiones facilite a la iglesia entrar en la cultura moderna (Huizinga) Su crítica al exceso de ritualismo que mantiene la jerarquía católica y los ayunos que establece como penitencia y otras cuestiones hizo que la inquisición aplicara sobre su obra “censuras menores” (María José Vega, 2016) como la de “escándalo”, la cual se aplicó para evitar la ruina espiritual y la caída al pecado de quien lo leyera. De la misma manera no se permitían las discusiones teológicas ante los simples, con el fin de preservar su fe. Y se aplicó la misma tanto a cuestiones de ficción, como que fueran verdad, como en caso de divulgar cuestiones pecaminosas de los monjes o el clero en general, aunque lo denunciado fuera cierto.

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Apuntemos que la inquisición se implantó en América, el año 1569  Los tribunales de Lima y un año después en México, con todo su rigor, pero más contra las costumbres que para atajar herejías, si bien ésta fue la excusa, aplicada contra los europeos afincados en el continente recién descubierto y no contra los indígenas, a los que se consideró neófitos, ni contra los esclavos negros.

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La literatura actúa en el inconsciente de las personas, fabrica la mentalidad colectiva e individual, de manera fundamental cuando no hubo medios de comunicación. La socialización del fanatismo ha llevado a una religiosidad folclórica y de explotación turística posteriormente, defendiendo las manifestaciones de fe, procesiones, celebraciones y demás sin que los preceptos los cumplan una gran parte de feligreses, que siempre encuentran una excusa o justificación.

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Todo esto que tuvo un comienzo en esa crisis de religiosidad, que ya se olvida, sólo pudo ser visto y sucedido mediante un “loco”, que es quien lo puede hacer visible. Cervantes idea una locura “real” que interacciona con el mundo. Lleva a su personaje protagonista al extremo opuesto de lo que representa: la castidad. Lo cual nada tiene que ver con las novelas de caballería donde abunda “folgar en la foresta” durante días y semanas (“Amadís de Gaula”, “Tristán e Isolda”) Cervantes deja que su personaje, y por consiguiente el lector, vea la locura al vivir loco, pero muere cuerdo don Quijote / Alonso Quijano, porque quiere hacer visible adonde lleva la locura y su contrapeso, el “panzismo”. Avellaneda desarrolla en su novela otro tipo de locura, que tiene que ver con la enfermedad mental. Su don Quixote acaba en el manicomio, es una locura ajena al mundo e introduce, y no por casualidad, entre medias de los dos personajes a una mujer, Bárbara, que saca a relucir la sexualidad como algo cotidiano, insatisfecha y saciada de pago (prostitución). Las dos largas historias que inserta Avellaneda su centralidad son las relaciones sexuales, las cuales pueden llevar a la perdición de las personas si suceden fuera de la moral y de la fe, pero no excluye el sexo en su narrativa. Las que aporta a su novela Cervantes son de carácter sentimental.

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Cuando el teólogo dominico fray Vicente Palatino de Cazorla (Vélez) defiende la labor de Cortés se ve obligado a definir entre sus cualidades la de casto, para describirlo como persona virtuosa, “más casto que Cipión el Africano”. Curiosamente el capitán de los conquistadores de la Nueva España en su IV relación que escribe al monarca Carlos V, le pide que mande monjes, franciscanos o dominicos, pero no clero secular “por sus pompas y otros vicios”. A su vez según leemos en la crónica de Bernal, el tema de la sodomía, homosexual y heterosexual (“pecado nefando”), se convierte en una obsesión a medida que conocen las pautas y costumbres de los indígenas. Lo cual lo ponen al mismo nivel que el canibalismo. Nada cuentan los cronistas de la conquista sobre intimidades que hubieron de ser una novedad, al relacionarse con las mujeres que los caciques les regalaron, y otras que repartieron como botín de guerra.

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Si desde el fanatismo religioso se interpreta literalmente que la carne, el mundo y el diablo son los enemigos del ser humano, hay que combatirlo. En esto se sitúa el ataque contra los conquistadores. Cervantes arranca la sexualidad de cuajo a su protagonista. Avellaneda la incorpora en su mujer protagonista, Bárbara. La locura y la sexualidad, manifiesta o no, navegan en ambas novelas con rumbos diferentes. El triunfo de Cervantes causó una onda expansiva que ha tenido efecto en la literatura universal hasta comienzos del siglo XX, cuando al mismo tiempo Sigmund Freud publica su obra sobre el inconsciente, del que dice siempre ha sido expuesto en la literatura, cuyo efecto ha supuesto una necesaria catarsis, pero con el psicoanálisis, afirma, descubre un método científico para acceder a lo inconsciente, pero el campo de batalla entre diversas mentalidades en la sociedad sucede en la literatura.

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ANEXO 2
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Aunque no tenga qué ver con el tema tratado, si viene a cuento, porque el fondo de lo que planteamos afecta a más cuestiones y casi de la misma manera, porque  igualmente desaparecen del mapa de la Historia muchas ideas renovadoras, racionales que sin darnos cuenta nos siguen afectando, precisamente porque desde el Poder no sólo se define una mentalidad, de la que somos partícipes sino lo normal, la normalidad, de la cual no es posible salir so pena de enloquecer o quedar al margen y retirado de la participación social.
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Un ejemplo es la corriente que se ha venido a llamar “tacitismo” que sucede en Europa en el s. XVI y XVII, especialmente durante éste periodo en España, cuando se empiezan a traducir e introducir ideas de Cornelio Tácito (año 55 – 120). Pretende una organización racional del Estado que eviten las guerras religiosas, partiendo de sus denuncias sobre los emperadores. El Renacimiento a partir del s. XVI tiene uno de sus impulsos en la traducción de los clásicos, lo que con este historiador y senador romano hace Justo Lipsio (1547 – 1606), al igual que con el filósofo y político Séneca. Lipsio sienta las bases del tacitismo, algo que va a formar parte de un debate concreto en la época previa a que Cervantes fuera a escribir su obra “Don Quijote de la Mancha”. En año 1533 Justo Lipsio difunde a este autor romano, cuando reina Nerón. Generó un auténtico furor intelectual. Hasta el s. XIV no se conoce su obra, hasta que Bocaccio descubre sus manuscritos.
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Desde las ideas de Tácito se pretende que no cualquier medida de los gobernantes es válida, sino que han de ir en un contexto de virtud y prudencia. Se contrapone a la idea que Maquiavelo expone en su obra “El príncipe”, que no hay que olvidar que toma como modelo al rey Fernando el Católico. Justo Lipsio en su obra “Políticas” aboga por negociar la paz mientras que se impuso el “partido de la guerra” con la idea de Juan de Austria de “reducir a los rebeldes por las armas”. Justo Lipsio aboga por una contrareforma del Estado desde la razón y la justicia, no desde la fe fundamentando la razón de Estado, tal como señala J. A. Laciana. Para ser admitidas sus propuestas Lipsio hace profesión de la fe católica, lo que hace que reciba el perdón de Felipe II, intentando armonizar la razón de Estado con los valores religiosos del catolicismo. Aconseja seguir las pautas teniendo en cuenta los libros de Historia como experiencia y no basadas en creencias. Critica que “cuando han hecho del Estado un desierto lo llaman paz”, para lo cual trasforman las mismas leyes con lo que se consolida la injusticia convertida en justa por la victoria de las armas.
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La profesora de filología clásica, en su libro “El tacitismo en el s. XVII en España”, Beatriz Antón Martínez, expone como el tacitismo se convierte en un movimiento político y una corriente de pensamiento que entra en auge el año 1580. Tácito aparece en Roma cuando se incuba la decadencia del imperio. Cuando su obra es rescatada siglos después para adquirir cuerpo jurídico e histórico va a impulsar el nacimiento del estado moderno. Pero se va a ver frenada y deformada por su cristianización. Confirma que se perpetua desde entonces la fuerza de la religiosidad, que con ésta a la luz o no se convirtió en una mentalidad. Afirma que los Austrias fueron excelentes cristianos, pero no buenos gobernantes, de manera que como poso histórico la crisis espiritual se prolonga sine die.
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La mentalidad moderna comienza cuando empieza a desaparecer la mentalidad caballeresca. Vemos que al no saber qué ocurre de fondo, cada conquista social, científica, técnica que sucede y construye se anula, más que liberar nos encierra por un fenómeno de adaptación a una sociedad que de manera eufemística se viene a definir como “conservadora”, lo que afecta a todo el espectro del abanico político y cultural, que se convierten en un tapón de cualquier cambio que se quiera dar en profundidad, desde un punto de vista historicista.
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Sucede en España de manera prevalente una especie de Renacimiento invertido, en permanente contrarreforma en todos los ámbitos, lo cual conforma la modernidad, incapaces de reaccionar y atrapados en nuestro propio progreso técnico y científico. La contrarrevolución afecta a la literatura y al arte, pues como dice José Saramago “la literatura es lo que inevitablemente, hace pensar”, lo cual exige que la creación artística sea controlada para conducir el pensamiento que en la última etapa del s.XX se hace a través de los medios de comunicación a nivel mundial. Por más que hay reacciones para evitar sus efectos y contrarrestar tal hegemonía las respuestas sociales entran en una arenas movedizas de las que no son capaces de salir por desconocer qué hay en el fondo, pues no es únicamente la religiosidad, en parte superada, sino la mentalidad que generó.
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Hasta tal punto se consideró que las palabras de Tácito “traen veneno”. Habrá que preguntarse ¿contra quién o contra qué? y fueron censuradas, lo mismo que las obras de caballería según el criterio de los censores sobre tales libros: “Son dañosas mercancías: libros peligrosos para los cuales la religión sirve para lo convencional. Sobre el engaño y la malicia fundan la conservación de los estados que no pueden durar por alzarse sobre tan falsos cimientos”. Y con esta justificación manu militari se lleva a la hoguera a las nuevas ideas, como una de ellas el tacitismo.
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La obra de Miguel de Cervantes fue usada como un arma psicológica, universalmente, que afecta al pensamiento político, social, cultural, artístico sobre cuya base se compone un mundo que se destruye a sí mismo que no reacciona ni colectiva ni individualmente. Donde cualquier novedad se tilda de utópica en sentido peyorativo, de delirio los cambios necesarios ante el imperio de la “normalidad”.
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Han surgido reacciones que tienen que ver con lo que se expone, como el romanticismo, termino que proviene, curiosamente, de “semejante al romance” como forma de denigrar las novelas de caballería que volvieron a recuperarse, pero que fueron mancilladas por el poder constituido como historias fantasiosas. Definida esta corriente peyorativamente de “idealismo” su choque con una realidad hostil, a la que se niega cualquier horizonte, pero que hace que desde los sentimientos se dé una respuesta. Sucede que el amor a la naturaleza como símbolo lleve a quienes lo viven, más allá de las expresiones artísticas acaben muriendo jóvenes y suicidándose por no aceptar el engaño que lleva al abismo al mundo de manera colectiva, sin huecos para la acción individual. Hasta se cataloga la rebeldía como “delirio reformista” desde el imperio de la normalidad. Lo cual no es algo que suceda porque sí ni de manera espontánea, sino que supone una construcción social que se ha ido fraguando a lo largo de siglos y que sólo podrá ser superada cuando se haga visible.

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ANEXO 3

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De la época previa a la edición de “Amadís de Gaula” es la obra de El Bosco (1450 – 1516) cuya obra refleja una mentalidad y un contexto que merece la pena ser tenido en cuenta, no como datos que se relacionen, sino como ambiente que crea una atmósfera psicológica que se manifiesta en la religiosidad que poco a poco se irá fraguando en la sociedad cristiana, no sólo de aquella época, sino con una onda expansiva que llega a nuestros días.

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Para mí El Bosco es a la pintura lo que Cervantes a la literatura. El carácter satírico y moralizante de ambos (con imágenes y relatos ejemplarizantes) se ve resaltado con el contrapunto de la locura, pero una locura muy especial, delirante, pero que hace visible y descubre lo real de un mundo, al que quieren defender, pero lo muestran como es, con sus contradicciones y sus “locuras” propias.

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Por otra parte, el tema de la sexualidad está muy presente, de manera implícita o explícita, pero que en algunas obras de El Bosco aparece como una obsesión. De alguna manera el conjunto de toda su obra, en Cervantes como en El Bosco, hay que verlo como una obra en sí. Ocurre igual con otros autores. Ambos, pintor y escritor, son profundamente católicos y participan activamente en su fe, siendo su arte una herramienta más en este sentido. No podemos dejar a un lado este aspecto, que por otra parte va a permitir la difusión de su obra  de manera universal en su tiempo y en toda época por todo el mundo, con las limitaciones física de los cuadros que acaban en el corazón del Imperio católico de Felipe II, pero que adquieren fama internacional.

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La visión de la sexualidad como pecado y causa de la condena del ser humano y de la Humanidad es una constante en aquella época, a la vez que hay una desinhibición al respecto, incluso dentro de la iglesia como institución, en cuyo seno sucede una guerra de mentalidades que ocasionará herejías, divisiones como la del protestantismo, calvinismo y otras, pero la lucha por la hegemonía dentro de la casa de Pedro va a ser de manera absoluta, lucha que sale fuera a través del arte y de la literatura en particular, como aliados para denunciar y desbancar a quienes hicieron de la fe un acto hipócrita, lo cual va a perdurar a lo largo de siglos, de manera que en la actualidad se han destapado muchos casos de pederastia, como mal estructural dentro de la iglesia católica.

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Alart du Hameeel, seguidor del estilo de El Bosco y coetáneo en su cuadro “Los amantes con un loco junto a la fuente”, insiste en lo efímero del placer, pero por eso se reitera su consecución, pero quieren desplazar lo temporal frente a lo eterno para darlo realidad, el sacrificio y el dolor contra la satisfacción, destruyen y torturan física y psicológicamente a quien no entre en esas coordenadas. El arte entra en esta dinámica de fe, por lo que no podemos abstraernos de la misma. En la obra aludida el niño está por encima de la pareja, muestra la inocencia, pero el loco se toca la pirula, se deja llevar por la sexualidad, de manera que el amor sea puro-casto, siendo la sexualidad un mero acto para la reproducción.

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Otro elemento que expresa la obra de El Bosco es que la guerra entre facciones del catolicismo que se fraguan por entonces y ya son incipientes, o contra los musulmanes, son un desgaste, cuando la guerra ha de ser contra el pecado y centrarse en este aspecto de manera fundamental, y atacar a los pecadores que son los “monstruos” que pinta El Bosco, los cuales muestra que irán al infierno y es a los que hay que combatir. En el cuadro de El Bosco sobre una escena de san Jerónimo, una persona desnuda se esconde en su cabaña, representando el Anticristo. La desnudez-sexualidad va a ser el enemigo a batir. Lo cual es el mismo esquema que luego la acción contra las novelas de caballería. Algo que va a estar presente en la obra pictórica de este artista.

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El Bosco pinta en trípticos la parte más importante de su obra, lo que encierra en sí simbolismo y enseñanza. La tapa de fuera suele ser en blanco y negro, representa el mundo de fuera de este mundo, el Paraíso, el cielo. No hay punto medio: o es blanco o es negro, Lo que no entra en el Bien forma parte del Mal. Dentro está el mundo interior del Hombre, en el que aparece la sexualidad, la envidia, la lujuria, la soberbia, la codicia, la incredulidad, todo aquello que se ha de combatir, desde dentro y desde fuera, al menos por quienes pretenden atacar al pecado. Los artistas y predicadores hacen ver los horrores del infierno, inoculan la culpabilidad de pecar y en especial el horro que supone dejarse llevar por la sexualidad. Y un tema de fondo, que es causa y consecuencia: la locura. Lo cual no es tema baladí y entra en concordancia con la obra de los quijotes.

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En este sentido observemos que en las novelas de caballería no hay locos. Sí brujas, monstruos que representan el mal, pero no como algo moral, sino aquellos personajes que atacan la libertad, que impiden la pasión entre varón y mujer, el caballero y su dama. Que ponen obstáculos para que se unan en paz. En las obras moralizantes la locura se convierte en la centralidad y lo normal es seguir la norma estricta. Los monstruos ya no son combatidos por los “buenos”, sino que se comen unos a otros, se destruyen y autodestruyen, concibiéndose el infierno como una existencia “real”.

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El Bosco representa peleas, naufragios como si la naturaleza humana fuera un mundo imaginario, que ha de ser dejado a un lado para construir el de la fe. En el cuadro “San Cristobal con el niño a cuestas” aparece un oso ahorcado. En “Las tentaciones de san Antonio Abad” hay incendios como fondo de desnudos y peces que vuelan, lo que se repite en otros cuadros, queriendo comunicar que el pecado, las bajas pasiones invaden el cielo. Aparece el personaje del cuadro pensativo. A su lado un  cerdo, ambos a la orilla de un río, el río de la Vida. San Juan Bautista, en un cuadro que lo representa, medita junto a un cordero, en otro cuadro. Del pecado se alimentan las alimañas del mal.

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Los sacrilegios son otra imagen que reitera, y se enfocan los pecados dentro de la iglesia, en la que reina la violencia, la lascivia, se vive la sexualidad ostentosamente. En “La nave de los locos” se hace una sátira de los vicios dentro de la que iba a ser la nave de salvación, pero naufraga. Es un tema que se convierte en una obsesión para el Bosco, la cual se traslada a la mentalidad de la época. Ahora bien, los que poseen estas obras, nobles y reyes, viven una vida disoluta, pero tratan de implantar una moral asexual o de sexualidad controlada al pueblo que pretenden poner a su servicio. Aquello que difunde la sexualidad, como las novelas de caballería, así como seguro que obras pictóricas que fueran quemadas y destruidas, por considerarse  “inmorales”, han de ser eliminadas no sólo físicamente, sino que han de quedar fuera del imaginario colectivo.

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Denunciar el pecado dentro de la iglesia va a desencadenar el protestantismo, pero la iglesia no sólo se ha de recomponer por dentro, sino a sus fieles también, por el conocimiento (las buenas) o por la violencia (las malas) Se da entender y se adoctrina al respecto que los placeres son un engaño, una artimaña del mal para llevar al infierno a quienes caigan en las redes de los ángeles rebeldes.

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En “El carro de heno” Dios ve el mundo resignado. Un ángel dirige sus ojos al Todopoderoso. En el Paraíso se ven los genitales de las figuras humanas desnudas, pero no hay posibilidad de volver, sino que se ha de ir al cielo, no cabe la vuelta a la naturaleza. Al carro lo guía el pecado y atropella a quien pilla cogiendo de su carga. Toda una obra repleta de símbolos encaminados a atemorizar ante el pecado. Que sea de heno tiene una referencia a la fugacidad del placer carnal, pues como escribe Boncompangno de Signa (1235) “La flor de mirra permanece íntegra. la flor de heno, una vez cortada, se seca”.  Detrás del carro va la jerarquía de la iglesia, mientras que delante los musulmanes y gente del populacho cogen el heno-pecado. Por eso los atropella. La sexualidad condenada de manera permanente como pecado. Sobre un pene aparece una rana. Y todos los que gozan son condenados. Y el loco señala con el dedo el camino del infierno. En este tríptico la tapa es de color. Representa que hay que huir del mundo, o sea de la naturaleza, o sea de la naturaleza humana y combatir no sólo el pecado, sino al pecador.

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Con escenas diferentes el fondo moral y temático de toda la obra es la misma. Como en “Visiones del más allá”. Las personas desnudas son condenadas. Un monstruo se toca los genitales.  Y se repite esta escena, parece que el arte justifica lo que lleva en sí como contenido. La imagen del cielo es la de seres asexuados, espirituales con cuerpos que viven sin pasiones. Vivir desde la fe es entrenarse para ello y para poder entrar en la dimensión del Bien. Se representa el juicio final, que también es el tema central de los frontispicios de las catedrales e iglesias.

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Vemos a frailes y obispos en el infierno junto a monjas y en actitudes pecadoras. Imágenes como un monje golpeando con un martillo el culo de alguien sobre un yunque. Y alusiones claras, como los zapatos rojos que usan los Papas que simboliza que andan sobre la sangre que vertió Cristo. La homosexualidad como práctica y como pecado  aparecen de manera insistente, lo que quiere decir que fue una práctica sexual extendida que tuvieron que combatir los beatos del catolicismo. Culos con flechas clavadas, con flores sobre ellos y ramos sujetos en el ano como símbolo de actividad sexual anal, sodomía, tanto heterosexual como homosexual. Y no hay duda posible, cuando se ven tres culos azulados y cerca la imagen de un jabalí o monstruo animal con los testículos azules.

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Y aparece en una parte de la obra “El jardín de las delicias” una sátira sobre un torneo de caballeros con armadura, mitad peces, o sirenas caballerescas dadas al deleite sexual. Las frutas son imágenes del deseo, que están en la cabeza de muchos pecadores como si fuera en lo único que piensan, en fornicar. Muchas frutas están huecas, rellenas de imágenes lascivas. O una mitad de pompa que cubre la parte superior de unos personajes, clérigo y monja dos de ellos, que hace ver que de cabeza para arriba son religiosos, pero de cintura para abajo, fuera de la sotana, son pecadores. Sin embargo el sexo es necesario para la procreación. Aparece una pareja heterosexual, desnudos, dentro de una pompa, con el varón acariciando el vientre de la chica, indicando que es una sexualidad aislada del pecado porque se encamina a “creced y multiplicaros”.

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También escenas de deseo y lascivia entre personas de piel blanca y piel negra. Muchas personas desnudas se ven cogiendo manzanas del árbol para pecar y repetir la acción de Eva. Pero el miedo sobre esta conducta es lo que inculca el pintor, con cuervos sobre los culos, castigos horribles y dolor como consecuencia de vivir de esa manera, con rostros expresivos y el cerdo como animal de compañía. E imágenes de naipes y dados, el pecado del juego. La música como deleite que encamina al pecado. Una monja lee un texto sentada sobre un hombre desnudo. Seres humanos convertidos en vegetales, como si quedase atrapados en la naturaleza. La embriaguez, la gula. Es una obra moral la de El Bosco, que muestra los pecados para repudiarlos. Pienso que hubo muchas obras alabando los deseos, recriminando la doble moral del clero, pero en favor de “pecar”, del gozo, que fueron destruidas, totalmente eliminadas. Algo previsible sobre lo que se debería de investigar.

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Y algo interesante a tener en cuenta. Esta crítica moral antecede la moral protestante, sobre todo calvinista, porque ya no es el pecado el que condena a los seres humanos, sino quien se condena por elegir el alejamiento de la fe cae en el pecado, el cual es su condición humana, pero más la conclusión de la misma que la causa de su  destino al mal. “La nave de los necios” imagina el camino de la vida, un recorrido de tentaciones y pecados en donde aparecen clérigos y monjas en actitudes de deseo sexual y con borrachos.

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En su conjunto es una obra que tiene similitudes con la obra literaria de Cervantes, ejemplarizantes, y que muestran la mentalidad de su época, cuyo fondo sigue siendo el mismo. Ambos artistas son católicos militantes y luchan contra la mentalidad pecadora de su época y en sus respectivas naciones, que luego la iglesia se encargó de universalizar, haciendo desparecer muchas obras, de ahí la censura, la inquisición, lo cual no hay que olvidar al ser analizadas porque forman parte de un contexto: ambiente, momento histórico y mentalidad previa y posterior a la obra más universal de la literatura.
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Dixi.
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Amadís de Gaula, don Quijote y los conquistadores. Una censura que dura cinco siglos: by Ramiro Pinto is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-Sin obras derivadas 3.0 España License.
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