Autor de la “Historia verdadera de la conquista de la Nueva España” y natural de Medina del Campo, participó en la conquista de México con Hernán Cortés y llegó a ser regidor de Santiago de Guatemala. Su padre conoció a Garci Rodríguez, autor de Amadís de Gaula, obra que Bernal sin duda conocía.

Así lo resalta Guillermo Serés, estudioso de tal escrito de 1568, quien manifiesta que fue la lectura de obras de caballería lo que le da el ánimo de la aventura a este conquistador del nuevo mundo. Califica al personaje Amadís de Garci Rodríguez como “celebérrimo” y explica que los conquistadores se asemejan al caballero artúrico muy conocidos por ellos a través de los libros de caballería, siendo en común querer extender una paz universal y la labor evangelizadora. Pero no lo relaciona con algo mucho más llamativo y relacionado con esta historia de caballeros como es su felicidad manifiesta con la india muy hermosa doña Francisca. Lo cual sí puede tener mucho que ver.

No hay duda de que Bernal había leído el libro “Amadís de Gaula”, no sé si hasta el final, porque lo cita en su obra: “parecía (lo que vieron al llegar a México) a las cosas de encantamiento que cuentan en el libro de Amadís”. Cita expresamente esta novela. Si los conquistadores desarrollan una labor de extender la fe católica al Nuevo Mundo  y están motivados por los libros de caballería que hacen gala de su servicio a la fe de la iglesia ¿por qué los quieren eliminar? Alguna razón habrá y es lo que vamos a desentrañar.

Como los nuevos pobladores y conquistadores siguieron leyendo libros de caballería sesenta años después de querer impedir su lectura se volvió a prohibir llevar libros de ficción a América, entendiendo tales los de caballería, con la excusa de no confundirlos con la Biblia. Se impide que los lleven en los barcos y que se lean este tipo de novelas. Lo que quiere decir que algo interferirían o influirían. De otra manera ¿por qué prohibirlos? Por alguna razón se hizo. Como afirma Jesús Vicente Magdalena “el mérito y el éxito que tuvo en su época Amadís de Gaula no se puede negar”.

El Quijote ya llevaba circulando treinta años y los libros de caballería siguieron teniendo auge e influencia en la mentalidad de sus lectores. Por ejemplo Felipe Fernández Armesto, historiador británico, considera que los libros de caballería crearon profundas vocaciones, bien a conquistar la aventura de descubrir y conquistar nuevas tierras, como al misticismo. Si eran libros en crisis, como algunos eruditos pretenden, o en decadencia ¿por qué prohibirlos, como lo hizo otro Real Decreto que hizo que se prohibieran en toda España? Si además se ridiculizan quedarán perdidos para siempre, como ha sucedido. Si, como se dice, estaban en decadencia los libros de caballería ¿por qué se evita por todos los medios que se lean?

La sustitución literaria fue la novela pastoril en la que se idealiza la realidad y en la que priman los amores etéreos. Ya a mediados del s. XVI, medio siglo antes de que se editara el Quijote, comenta Guillermo Serés, que hay un ataque a los libros de caballería y a las obras de pura ficción debido al ideario de la Contrarreforma, que se intensificó cada vez más. Ambiente en el que Cervantes estuvo inmerso.

Bernal, como soldado, va a la Nueva España según cuenta el año 1519, de manera que en esa época todavía sucede lo que Guillermo Serés, comentador de la misma alude en cuanto que “la mayoría de los conquistadores eran lectores de libros de caballería y de los romances, que hicieron suyos algunos de los ideales difundidos por dichos géneros”, pero no sólo en el aspecto romántico o aventurero, sino en esa amalgama de religiosidad y erotismo, lo cual esto último parece que se quiere evitar en los estudios al respecto. Cuando el mestizaje proviene de las relaciones sexuales de los colonizadores con las indígenas. El primer mestizo que se admite mediante una bula es el hijo de Hernán Cortés con Melinche, Martín, la cual se casó después con Juan Jaramillo. Estando preso el gran señor de los mexicanos, Montezuma, ofrece a Cortés su hija para que tenga descendencia con ella y la “tenga por su legítima”, a lo que el conquistador español contesta que no puede, porque ya está casado. Ocho años después tendrá una hija con ella, Leonor, que se casó con quien fuera gobernador de Zacateca.

Bernal recoge unas palabras de Cortés: “Denos Dios ventura en armas, como al paladín Roldán, que en lo demás bien me sabré entender“. Llega a decir de él el cronista de su propia experiencia, contra lo que escribe Gomera de oídas, que Cortés es travieso sobre las mujeres. Es curioso que la paradoja de las novelas de caballería de luchas, guerras y la devoción a la fe católica se mezcla con la exuberante sexualidad, con el adulterio, de manera que se levantan altares, se reza antes de iniciar una batalla, se va a misa con solemnidad a la vez que se mantienen variadas relaciones sexuales, para lo que de hecho Montezuma regala mujeres para los conquistadores como esclavas. Quitan a los indios de adorar imágenes de ídolos para que sean cristianos, pero ¿no es contradictorio? Pienso que la religión estuvo mucho más cerca de la persona que de la metafísica en aquella época. La liberalización en lo sexual sorprende, porque se hizo tabú y se impuso el silencio al respecto. Bernal cuenta sin escandalizarse, sino como algo normal, que Melinche (Marina) tuviera un hijo de Cortés y ser casada con el caballero Juan Jaramillo, que volvió antes a Cuba, “pero sirvió a su marido e a Cortés de cuanto en el mundo hay”.

Son los propios caciques de pueblos enemigos a México quienes dan a sus hijas y sobrinas a los hombres venidos de fuera “para que fuesen por casar… porque queremos teneros por hermanos porque sois buenos y esforzados y para que de su generación tengamos parientes”. Si bien fueron pueblos que se aliaron a los conquistadores para defenderse de los mexicanos. Los conquistadores españoles las aceptaron, pero no accedían a ellas sin antes bautizarlas. Las mujeres que los caciques entregaban para casar iban acompañadas de otras para que las sirvieran. Algo que fue decisión de los pueblos nativos de allá.

.Cuenta Bernal que al finalizar la conquista de México los representantes de los indios capitaneados por Guatémuz, que sustituyó a Montezuma, pidieron que hiciesen volver a las mujeres que los soldados españoles hubieron tomado, muchas “mujeres e hijas de los principales”. Cortés les da permiso para que las busquen y las lleven, pero “vieran si son cristianas y si quieren volver a sus casas”, en cuyo caso “se las diesen… pero hubo muchas mujeres que no quisieron ir con padres ni madres ni maridos, sino estarse con los soldados y otras se escondieron”. Cierto que fue una situación de penuria, que muchos murieron, pero empezaron ellas a renegar de la idolatría. Y los soldados se casaron en no pocos casos con ellas. Cierto que hubo bandas de soldados que violaron y abusaron de las mujeres y saquearon los pueblos, pero fueron perseguidos y castigados.

Hace referencia el soldado Bernal que vieron no pocos varones indígenas que vestían trajes de mujer. Que practicaban sodomías, se da a entender que entre varones, y les instan a dejar este “maldito oficio” al igual que no sacrificar a seres humanos y menos comer sus brazos y piernas, así como no adorar a sus dioses, sino a la cruz y a la imagen de la santísima Virgen María “que traerá grandes beneficios”. Sin embargo de la homosexualidad entre los cristianos nada se dice, pero si se condena es porque se practicó “como cosa de brujería”. La nombra como “torpedad” y “pecado nefando“. En este sentido se cree que fue un error esta consideración insistente porque la homosexualidad también estuvo castigada en México y muchos pueblos. No en todos.

Bernal cuenta que veían a indígenas hacer sus necesidades sin recato, sin esconderse. Posiblemente supieron del apareamiento cuya costumbre fue con la mujer a gatas y el varón detrás, y pensaran que fue sodomía, acostumbrado el cristiano a la manera que se llama “el misionero” desde aquel entonces. De hecho el primer informe que realiza Hernán Cortés sobre las tierras conquistadas afirma “hemos sabido que todos son sodomitas”, lo que evidencia un error de apreciación, pero que responde a una primera observación errónea. La diferencia en la manera de llevar a cabo el coito conlleva mentalidades antagónicas, como es que las parejas españolas cuando hacen el amor se ven las caras, porque lo hacen con una persona determinada. Entre los indígenas es con la tribu, excepto los caciques y reyes que han de asegurar su descendencia para heredar su Poder, que lo hicieron de manera general de pie uno frente a otro. Lo cual, como mentalidad, se refleja en la propiedad de los indios americanos es de la colectividad organizada en linajes, pero no se entiende la propiedad privada a modo individual.

Es importante analizar esta cuestión porque es el fundamento profundo del ataque a la obra “Amadís de Gaula”, por su manifiesta y clara alusión a la homosexualidad y a la conducta lujuriosa de los caballeros (y conquistadores) y que se hace en un contexto de fe cristiana muy arraigada en el autor. Modesto Costa cuenta que la caballería novelesca es santa, lujuriosa, mística y pomposa. Añade: “Tiende a hacer marchar juntas dos cosas contradictorias y enemigas, los dogmas cristianos y las pasiones mundanas“. Lo cual califica de “disparates e incoherencias”.

Considera al poeta Ludovico Ariosto (1474 – 1433) un predecesor de Cervantes, en cuanto a sus observaciones morales y el uso de la ironía para “romper el pensamiento caballeresco”. Este poeta italiano, que estuvo al servicio del cardenal Ippolito d’Este y del Duque Alfonso I, define los relatos tales como “tonterías caballerescas”, por lo que Modesto Cuesta  considera que junto a Cervantes abrieron los ojos de Europa. Observa Cuesta y Turel que “en 1516 existía con toda su fuerza el furor de los libros de caballería, a pesar de los esfuerzos del claro durante tres siglos por apagarlo o destruirlo”, ya que “confundían los sagrado con lo profano”, ante lo cual ni los concilios, ni las leyes lograron mermar ni un ápice la difusión de tales novelas en toda Europa.

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