La homosexualidad no es tema ajeno a la época en la que escribe Miguel de Cervantes. Independientemente de suposiciones, cotilleos históricos y, o, literarios hay documentos que precisan sobre este asunto, además de las que explícitamente, es decir de manera clara y concisa aparecen en textos de la literatura. Con Enrique IV de Castilla hubo cierta laxitud con respecto a esta condición, porque se sospechó que este rey, apodado “el impotente”, pudiera ser. Fue su heredera, medio hermana, Isabel la Católica quien extremó las penas a este respecto. Su bisnieto Felipe II en el pliego de instrucciones a Juan de Austria cuando parte para combatir al turco en Lepanto, donde va de soldado Miguel de Cervantes, establece una cláusula que dice (Miralles, 2001): “Los que sean cogidos por sodomíticos inmediatamente serán quemados en la primera tierra que se pueda haber a presencia de todos los de la armada… y en esto serán comprendidos el haciente y paciente, sin ningún miramiento a empeño ni otras réplicas”..

Tampoco es un asunto ajeno a otras novelas de caballería, sobre lo cual se pone un tupido velo, aún hoy en día, como si se  pretendiera mantener prejuicios respecto a una época y mantener las ideas preconcebidas sobre la literatura. Podemos encontrar una escena de una gran sensibilidad sexual, respecto al mismo sexo y con menores de edad, en el libro de Francisco Barahona, “Flor de caballerías” (1599): “Hablando de muchas cosas estava Berlinflor cuando vio baxar por la escalera un doncel de edad de once años, de tan grave y hermoso rostro que ser señor del mundo representava”. “Cuando estuvo más cerca, emtendió el príncipe que si miraba en un espejo tanto le parecía el doncel”. Éste se ofrece a servirle, confiado en la sobra de su virtud. Berlinflor le contesta: “Tanto estimo, soberano doncel, vuestro ofrecimiento que holagara quedar aquí hasta que fuésedes de edad para poder andar juntos, más aquí o en cualquier parte que esté soy vuestro“. Comenzaron a hablar de muchas cosas. “Ellos se miraban e iban cobrando muy grande amor y estaban contentos de parecerse“. “Deseaba al Caballero del Arco acompañarse con tal persona. Codiciaba el Doncel de la Flor ser caballero para gozar del que tenía delante. Y mientras más se miraban, más se avivaban sus honestos deseos y más su aficción se aumentaba. Todo aquel día estuvieron con sobrado gozo“.

Berlinflor se viste elegantemente. Su escudero le dice “Para acrecentar tu amor no son menester estos tiros”. Vino luego el preciado Doncel de la Hermosa Flor, también vestido con sus mejores galas. El príncipe le dice que hay más ocasión de madrugar que en Rosia: “Yo lo he hecho por gozar más tiempo de vuestra compañía”. El Doncel que jugaba hábilmente con la espada, no le pudo seguir, pero le dijo que “en siendo caballero lo iría a buscar, que por do iva dexaba fama de sus hechos”. En dicha novela podemos leer: “El amor libidinoso fuerza a quebrar el más perfecto amor“, referido al de Flerrinda y Teodiseo, cuyo padre se había enamorado también de ella y quiere matar a su hijo. O cuando la falsa Armelia juntose con Blahir de manera que “en tan gran desasosiego se sosegaron”. Un amigo del caballero quiso saber la causa de “cierto bullicio que sonaba” en la bodega, “encontrando a los incestuosos y adulterino enamorados  que estaban tan codiciosos de placer“, sin enterrarse de que se asomó. Valero, el esposo de ella,  con dos caballeros llegó y “estando en medio de su placer con la lanza le atravesó el pecho” y murieron los dos amantes.

Sigamos con el estudio que cada vez hace más visible y clara esta visión que deduce más que interpreta, pues hay cuestiones claramente escritas por Cervantes en su primera obra que escribe como catarsis necesaria para él, porque ha sido tal su experiencia que le hierve la cabeza y necesita sacar fuera lo vivido para que deje de obsesionarle, lo que hace teatralizando todo lo experimentado, es decir bajo un disfraz. Para Johan Huizingael fondo de la lucha de los caballeros es un motivo sexual“; “liberar a la dama”. Para este filósofo e historiador las novelas de caballería, lo mismo que la épica hindú, con el Mahabarata (La gran batalla) como ejemplo, la mujer es el centro del pensamiento.

Un esclavo en la obra de Cervantes, “Trato de Argel”, es llamado “muchachillo moro”. Define Argel como cueva de ladrones, para la cual pide intervenga el rey de España, Felipe II, cuando no Juan de Austria, para que lleve a cabo una pena justa por sus “continuos y nefandos vicios“. Lo cual puede dar pie a interpretar lo que quiera decirse, pero no cabe duda alguna cuando más adelante Francisco, el hermano del niño que ha sido comprado, Juan, que ha cedido a las pretensiones de los moros, dice a sus compañeros del baño (mazmorra) “o tierna edad, cuán presta eres vencida / siendo en esta Sodoma recuestada / y con falsos regalos combatida“, lo cual no deja lugar a dudas, así como su denuncia a que hubo compañeros cristianos que cedieron a tales prácticas, que luego le denunciaron a él en sus intentos de fuga. El personaje Aurelio comenta en un soliloquio que en los niños la fe (la sexualidad) no está bien arraigada, y que “las obras a cuerpo y alma tocan justamente”. A lo que añade: “El diablo torna a muchachos y aun viejos...”, lo cual hace efecto en los simples, fundamentalmente.

No en vano el nombre con que Juan se va a llamar al cambiar de “bando” es el de Solimán, en referencia al sultán conocido como “El magnifico” en la Historia real, que a pesar de estar casado y contar con un harén, dispuso de un favorito al que nombró visir, y al morir éste se adjudicó a otro con quien compartir una pasión común. Lucas Asís Palao hace un concienzudo estudio sobre “La homosexualidad del Sultán”. Lo que es un hecho citado en escritos de la época. Así el personaje Juan le dice a su hermano “¿Hay más gusto que ser moro?”, lo cual puede entenderse que se refiere a una cuestión de fe, pero “gusto” no es lo más definitorio de tal. Cede, según el hermano denuncia a que le han labrado con regalos y que ha dado la palabra de ser “moro”, lo que una relación con un moro no le hace ser tal.

Aurelio se pregunta “¿cómo liberarse de ese moro que le persigue, que usa mil astucias y mil mañas para su lascivo intento?”. Un moro se refiere a que “Necesidad, convertida en un personaje de la obra, defiende como “liberal” a la señora, que le dará lo que quiera (“falsos regalos”) Aurelio responde que no podrá hacer de su hidalguía sangre. Cervantes tuvo que vivir ese acoso y resistencia, porque fue cotidiano y de continuo durante su presidio. Ocasión (también un personaje) habla de “un pecado secreto, aunque sea grave cerca tiene remedio y la disculpa”, por hacerlo por necesidad. Para Aurelio es ser mal cristiano. A punto de ceder resiste al vano y torpe amor. Por otra parte en Zahara no se ve seducción, ni querer persuadirle, no es atractiva para engatusarle, sino que actúa por chantaje emocional, una propuesta de compartir lecho a las claras, sin conquista ni devaneo previo, lo cual parece más lo que venimos diciendo que una historia de amor frustrado, de un capricho que quiere cumplir. Aurelio insiste en que quiere vivir cristianamente. Mientras que Francisco se queja de que su hermano Juan (Solimán) “ha vendido su alma a Satanás”.

En la obra “Don Quijote de la Mancha”  cuando están en la galera de Barcelona, detienen a un chico de los turcos al que pretende ahorcar el capitán, pero el virrey “viéndole tan hermoso, y tan gallardo, y tan humilde, dándole una carta de recomendación la hermosura, le vino el deseo de excusar su muerte”. Luego resultó ser una mujer y cristiana. Pero tal salvoconducto pudo ser lo que a él le salvó en las mazmorras de Argel. Un poco más adelante en la obra ésta la chica, Ana Félix, teme por su bello amado: “entre aquellos bárbaros turcos en más se tiene y estima un muchacho o mancebo hermoso que una mujer por bellísima que sea”.

En el libro de la segunda parte de don Quijote de Alonso Fernández de Avellaneda, también podemos leer al respecto de boca de con Quixote, sobre “el vicioso reino de Chipre“, a la espera de alcanzar su victoria contra él: “Poner hemos hasta las cenizas (convertir en cenizas) de los míseros y nefandos Sodomitas“.