De la época previa a la edición de “Amadís de Gaula” es la obra de El Bosco (1450 – 1516) cuya obra refleja una mentalidad y un contexto que merece la pena ser tenido en cuenta, no como datos que se relacionen, sino como ambiente que crea una atmósfera psicológica que se manifiesta en la religiosidad que poco a poco se irá fraguando en la sociedad cristiana, no sólo de aquella época, sino con una onda expansiva que llega a nuestros días.

Para mí El Bosco es a la pintura lo que Cervantes a la literatura. El carácter satírico y moralizante de ambos (con imágenes y relatos ejemplarizantes) se ve resaltado con el contrapunto de la locura, pero una locura muy especial, delirante, pero que hace visible y descubre lo real de un mundo, al que quieren defender, pero lo muestran como es, con sus contradicciones y sus “locuras” propias.

Por otra parte, el tema de la sexualidad está muy presente, de manera implícita o explícita, pero que en algunas obras de El Bosco aparece como una obsesión. De alguna manera el conjunto de toda su obra, en Cervantes como en El Bosco, hay que verlo como una obra en sí. Ocurre igual con otros autores. Ambos, pintor y escritor, son profundamente católicos y participan activamente en su fe, siendo su arte una herramienta más en este sentido. No podemos dejar a un lado este aspecto, que por otra parte va a permitir la difusión de su obra  de manera universal en su tiempo y en toda época por todo el mundo, con las limitaciones física de los cuadros que acaban en el corazón del Imperio católico de Felipe II, pero que adquieren fama internacional.

La visión de la sexualidad como pecado y causa de la condena del ser humano y de la Humanidad es una constante en aquella época, a la vez que hay una desinhibición al respecto, incluso dentro de la iglesia como institución, en cuyo seno sucede una guerra de mentalidades que ocasionará herejías, divisiones como la del protestantismo, calvinismo y otras, pero la lucha por la hegemonía dentro de la casa de Pedro va a ser de manera absoluta, lucha que sale fuera a través del arte y de la literatura en particular, como aliados para denunciar y desbancar a quienes hicieron de la fe un acto hipócrita, lo cual va a perdurar a lo largo de siglos, de manera que en la actualidad se han destapado muchos casos de pederastia, como mal estructural dentro de la iglesia católica.

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Alart du Hameeel, seguidor del estilo de El Bosco y coetáneo en su cuadro “Los amantes con un loco junto a la fuente”, insiste en lo efímero del placer, pero por eso se reitera su consecución, pero quieren desplazar lo temporal frente a lo eterno para darlo realidad, el sacrificio y el dolor contra la satisfacción, destruyen y torturan física y psicológicamente a quien no entre en esas coordenadas. El arte entra en esta dinámica de fe, por lo que no podemos abstraernos de la misma. En la obra aludida el niño está por encima de la pareja, muestra la inocencia, pero el loco se toca la pirula, se deja llevar por la sexualidad, de manera que el amor sea puro-casto, siendo la sexualidad un mero acto para la reproducción.

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Otro elemento que expresa la obra de El Bosco es que la guerra entre facciones del catolicismo que se fraguan por entonces y ya son incipientes, o contra los musulmanes, son un desgaste, cuando la guerra ha de ser contra el pecado y centrarse en este aspecto de manera fundamental, y atacar a los pecadores que son los “monstruos” que pinta El Bosco, los cuales muestra que irán al infierno y es a los que hay que combatir. En el cuadro de El Bosco sobre una escena de san Jerónimo, una persona desnuda se esconde en su cabaña, representando el Anticristo. La desnudez-sexualidad va a ser el enemigo a batir. Lo cual es el mismo esquema que luego la acción contra las novelas de caballería. Algo que va a estar presente en la obra pictórica de este artista.

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El Bosco pinta en trípticos la parte más importante de su obra, lo que encierra en sí simbolismo y enseñanza. La tapa de fuera suele ser en blanco y negro, representa el mundo de fuera de este mundo, el Paraíso, el cielo. No hay punto medio: o es blanco o es negro, Lo que no entra en el Bien forma parte del Mal. Dentro está el mundo interior del Hombre, en el que aparece la sexualidad, la envidia, la lujuria, la soberbia, la codicia, la incredulidad, todo aquello que se ha de combatir, desde dentro y desde fuera, al menos por quienes pretenden atacar al pecado. Los artistas y predicadores hacen ver los horrores del infierno, inoculan la culpabilidad de pecar y en especial el horro que supone dejarse llevar por la sexualidad. Y un tema de fondo, que es causa y consecuencia: la locura. Lo cual no es tema baladí y entra en concordancia con la obra de los quijotes.

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En este sentido observemos que en las novelas de caballería no hay locos. Sí brujas, monstruos que representan el mal, pero no como algo moral, sino aquellos personajes que atacan la libertad, que impiden la pasión entre varón y mujer, el caballero y su dama. Que ponen obstáculos para que se unan en paz. En las obras moralizantes la locura se convierte en la centralidad y lo normal es seguir la norma estricta. Los monstruos ya no son combatidos por los “buenos”, sino que se comen unos a otros, se destruyen y autodestruyen, concibiéndose el infierno como una existencia “real”.

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El Bosco representa peleas, naufragios como si la naturaleza humana fuera un mundo imaginario, que ha de ser dejado a un lado para construir el de la fe. En el cuadro “San Cristobal con el niño a cuestas” aparece un oso ahorcado. En “Las tentaciones de san Antonio Abad” hay incendios como fondo de desnudos y peces que vuelan, lo que se repite en otros cuadros, queriendo comunicar que el pecado, las bajas pasiones invaden el cielo. Aparece el personaje del cuadro pensativo. A su lado un  cerdo, ambos a la orilla de un río, el río de la Vida. San Juan Bautista, en un cuadro que lo representa, medita junto a un cordero, en otro cuadro. Del pecado se alimentan las alimañas del mal.

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Los sacrilegios son otra imagen que reitera, y se enfocan los pecados dentro de la iglesia, en la que reina la violencia, la lascivia, se vive la sexualidad ostentosamente. En “La nave de los locos” se hace una sátira de los vicios dentro de la que iba a ser la nave de salvación, pero naufraga. Es un tema que se convierte en una obsesión para el Bosco, la cual se traslada a la mentalidad de la época. Ahora bien, los que poseen estas obras, nobles y reyes, viven una vida disoluta, pero tratan de implantar una moral asexual o de sexualidad controlada al pueblo que pretenden poner a su servicio. Aquello que difunde la sexualidad, como las novelas de caballería, así como seguro que obras pictóricas que fueran quemadas y destruidas, por considerarse  “inmorales”, han de ser eliminadas no sólo físicamente, sino que han de quedar fuera del imaginario colectivo.

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Denunciar el pecado dentro de la iglesia va a desencadenar el protestantismo, pero la iglesia no sólo se ha de recomponer por dentro, sino a sus fieles también, por el conocimiento (las buenas) o por la violencia (las malas) Se da entender y se adoctrina al respecto que los placeres son un engaño, una artimaña del mal para llevar al infierno a quienes caigan en las redes de los ángeles rebeldes.

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En “El carro de heno” Dios ve el mundo resignado. Un ángel dirige sus ojos al Todopoderoso. En el Paraíso se ven los genitales de las figuras humanas desnudas, pero no hay posibilidad de volver, sino que se ha de ir al cielo, no cabe la vuelta a la naturaleza. Al carro lo guía el pecado y atropella a quien pilla cogiendo de su carga. Toda una obra repleta de símbolos encaminados a atemorizar ante el pecado. Que sea de heno tiene una referencia a la fugacidad del placer carnal, pues como escribe Boncompangno de Signa (1235) “La flor de mirra permanece íntegra. la flor de heno, una vez cortada, se seca”.  Detrás del carro va la jerarquía de la iglesia, mientras que delante los musulmanes y gente del populacho cogen el heno-pecado. Por eso los atropella. La sexualidad condenada de manera permanente como pecado. Sobre un pene aparece una rana. Y todos los que gozan son condenados. Y el loco señala con el dedo el camino del infierno. En este tríptico la tapa es de color. Representa que hay que huir del mundo, o sea de la naturaleza, o sea de la naturaleza humana y combatir no sólo el pecado, sino al pecador.

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Con escenas diferentes el fondo moral y temático de toda la obra es la misma. Como en “Visiones del más allá”. Las personas desnudas son condenadas. Un monstruo se toca los genitales.  Y se repite esta escena, parece que el arte justifica lo que lleva en sí como contenido. La imagen del cielo es la de seres asexuados, espirituales con cuerpos que viven sin pasiones. Vivir desde la fe es entrenarse para ello y para poder entrar en la dimensión del Bien. Se representa el juicio final, que también es el tema central de los frontispicios de las catedrales e iglesias.

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Vemos a frailes y obispos en el infierno junto a monjas y en actitudes pecadoras. Imágenes como un monje golpeando con un martillo el culo de alguien sobre un yunque. Y alusiones claras, como los zapatos rojos que usan los Papas que simboliza que andan sobre la sangre que vertió Cristo. La homosexualidad como práctica y como pecado  aparecen de manera insistente, lo que quiere decir que fue una práctica sexual extendida que tuvieron que combatir los beatos del catolicismo. Culos con flechas clavadas, con flores sobre ellos y ramos sujetos en el ano como símbolo de actividad sexual anal, sodomía, tanto heterosexual como homosexual. Y no hay duda posible, cuando se ven tres culos azulados y cerca la imagen de un jabalí o monstruo animal con los testículos azules.

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Y aparece en una parte de la obra “El jardín de las delicias” una sátira sobre un torneo de caballeros con armadura, mitad peces, o sirenas caballerescas dadas al deleite sexual. Las frutas son imágenes del deseo, que están en la cabeza de muchos pecadores como si fuera en lo único que piensan, en fornicar. Muchas frutas están huecas, rellenas de imágenes lascivas. O una mitad de pompa que cubre la parte superior de unos personajes, clérigo y monja dos de ellos, que hace ver que de cabeza para arriba son religiosos, pero de cintura para abajo, fuera de la sotana, son pecadores. Sin embargo el sexo es necesario para la procreación. Aparece una pareja heterosexual, desnudos, dentro de una pompa, con el varón acariciando el vientre de la chica, indicando que es una sexualidad aislada del pecado porque se encamina a “creced y multiplicaros”.

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También escenas de deseo y lascivia entre personas de piel blanca y piel negra. Muchas personas desnudas se ven cogiendo manzanas del árbol para pecar y repetir la acción de Eva. Pero el miedo sobre esta conducta es lo que inculca el pintor, con cuervos sobre los culos, castigos horribles y dolor como consecuencia de vivir de esa manera, con rostros expresivos y el cerdo como animal de compañía. E imágenes de naipes y dados, el pecado del juego. La música como deleite que encamina al pecado. Una monja lee un texto sentada sobre un hombre desnudo. Seres humanos convertidos en vegetales, como si quedase atrapados en la naturaleza. La embriaguez, la gula. Es una obra moral la de El Bosco, que muestra los pecados para repudiarlos. Pienso que hubo muchas obras alabando los deseos, recriminando la doble moral del clero, pero en favor de “pecar”, del gozo, que fueron destruidas, totalmente eliminadas. Algo previsible sobre lo que se debería de investigar.

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Y algo interesante a tener en cuenta. Esta crítica moral antecede la moral protestante, sobre todo calvinista, porque ya no es el pecado el que condena a los seres humanos, sino quien se condena por elegir el alejamiento de la fe cae en el pecado, el cual es su condición humana, pero más la conclusión de la misma que la causa de su  destino al mal. “La nave de los necios” imagina el camino de la vida, un recorrido de tentaciones y pecados en donde aparecen clérigos y monjas en actitudes de deseo sexual y con borrachos.

En su conjunto es una obra que tiene similitudes con la obra literaria de Cervantes, ejemplarizantes, y que muestran la mentalidad de su época, cuyo fondo sigue siendo el mismo. Ambos artistas son católicos militantes y luchan contra la mentalidad pecadora de su época y en sus respectivas naciones, que luego la iglesia se encargó de universalizar, haciendo desparecer muchas obras, de ahí la censura, la inquisición, lo cual no hay que olvidar al ser analizadas porque forman parte de un contexto: ambiente, momento histórico y mentalidad previa y posterior a la obra más universal de la literatura.

Amadís de Gaula