Crítica de Juan Díaz

He leído con atención sus ensayos sobre lo que usted considera que es
“Finnegans Wake”, aludiendo al aberrante compendio y versión, aversión
de perversión sin diversión, debido a los vanos oficios de Víctor
Pozanco (vanos, porque no consiguió nada; oficios, porque por hacer
esto cobró mercenariamente algunas perras). Malhadado el momento en
que Lumen y Cátedra se sometieron a una vulgar competencia apresurada
por arrojar alguna luz sobre FW, ya que sus desastrosos resultados
fueron la causa de la defenestración en castellano de esta obra magna
de Joyce que, por la absoluta incompetencia de sus artífices (Pozanco
y García Tortosa), han arrojado al escarnio algunas de las páginas
poéticas más brillantes que se hayan escrito en lengua alguna.

Por principio de cuentas, no puede usted atribuir a Joyce las sandeces
que Pozanco esparció, llamándolas impúdicamente traducción. Lamento
decirle que, si no ha tenido la oportunidad de acceder al texto
original, aún sin comprenderlo, usted no ha leído jamás FW, sino que,
emulando el ámbito radiofónico, ha captado la deteriorada frecuencia
de Radio Pozanco, que está plagada de interferencias entre las que se
destacan algunas palabras en castellano, retorcidas e inventadas en su
mayoría al arbitrio del fingido trujamán, pero truhán en verdad, que
se inventó “su” novela teniendo el cinismo de colocar a Joyce como
garante. De entrada, habría necesitado enfrentar un texto escrito en
más de sesenta idiomas y dialectos que tienen la misma importancia en
el relato, y en ocasiones mayor, que el inglés. Con la gracia de un
tabique, por decir lo más seco que puede existir, el tal Pozanco se
tomó como pretexto lo salaz de la propuesta original y tapizó su
propuesta de “jodencitas” y “ramoneos” cuando, en el original, si algo
destaca es la riqueza de JJ para aludir al sexo y lo escatológico con
múltiples y deslumbrantes recursos lingüisticos EN MÁS DE 60 LENGUAS.
Si le extrañó que apareciera la “retranca dublinesa”… es porque en
realidad nunca aparece. Lo que sí se menciona es el baile andaluz
llamado “cachucha”, en ese mismo contexto (como danza) y la
peregrinación a Santiago de Compostela, con toda claridad, incluyendo
sus sombreros de almejas. Lo mismo ocurre con varias alusiones
netamente españolas, que Pozanco nunca captó, porque su criterio fue
tan arbitrario que da cuenta de episodios inexistentes o insulsos y no
identifica los verdaderos hitos. Vamos, ni siquiera consigue crear el
efecto de una trama, cuando Joyce, harto de esa postura, ya había
advertido que “todo es consecutivo y está interrelacionado”.

Como un pozanco de aguas estancadas retrató el tal Víctor una obra que
es rauda y agil como el río que se enfila al mar. No captó nada, por
pereza, prisa e inepcia. Lo mismo que el tortuoso García Tortosa y su
capítulo VIII de FW, cuya portada usted integra como imagen a su
ensayo. No sé si también se haya asomado a este mamotreto, pero está
aún peor que el del compendiador de marras, si esto cabe. Ambiciosos
sólo en su aspiración, pero sin vuelo alguno, se atrincheran en el
prejuicio ignorante de ilegibilidad de FW para tergiversarlo todo,
hasta aniquilar la obra, que en sus plumas parece una sarta de
chorradas. Muy opuesto a su percepción, FW no apunta al
no-significado, sino a significarlo todo; sin embargo, la trama es
una, UNA, U… N… A… Si bien coquetea con digresiones que
funcionan en su contexto, y durante un breve trecho el hombre dormido
es Cristo o Parnell o Mahoma o Adán o Gladstone o cualquiera en el
mundo: Everybody, Everyman. Hace falta mucho, MUCHO, M U C H Í S I M O
más que el conocimiento de una lengua (o dos, o tres): una búsqueda,
una investigación, un aparato crítico al servicio del intérprete, para
llevar esta novela al común de los lectores. Evidentemente, a Pozanco
nunca le importó tomarse la molestia de investigar los avances en la
exégesis del texto, y solo se lanzó a trasladar al castellano lo que
“captaba” del inglés, tal vez las oraciones más engañosas de todo el
libro. Lo que no entendía, lo dejaba tal cual… o le inventaba juegos
de palabras de su propia cosecha, lo que no demeritaría su labor si no
encaminara a lectores como usted a creer que “eso” es Joyce. Leer su
versión es como tratar de interpretar la Biblia en el croar de las
ranas, pensando que ellas son auténticas poseedoras de la palabra
revelada. Por cierto, esta alusión a las ranas no es gratuita… pero
tendría que ENTENDERSE el texto para comprenderla.

Algunos errores de su interpretación:

1. Joyce sí mata a Dios, desde la primera página, en la figura de Tim
Finnegan… y todo el primer capítulo lo alude, pidiéndole que no se
levante de su sitio de “dios pensionado” para dejarle su lugar al
protagonista: H. C. Earwicker.

2. La obra está tan ligada a los conceptos de Giambattista Vico como
“Ulises” a “La Odisea”; es decir, en su misma estructura cuaternaria y
en el contenido de sus capítulos; de esta manera, el primero tiene
referentes a Dios; el segundo alude a la aristrocracia del
protagonista, etcétera.

3. Existe un narrador-presentador omnisciente, que conduce literal y
literariamente al lector como si lo llevara a paseo, y con frases
imperativas: Mire aquí, deje su sombrero, recoja sus botas, estamos
entrando a…

4. No alemaniza el inglés como burla, sino que se sirve del mecanismo
de las palabras-portafolios, que integran varios significados en una
sola palabra; esto lo saca directamente de Lewis Carroll y, sí, el
alemán es uno de los idiomas más utilizados en FW, mucho debido a este
característica del mismo.

5. En su oración: “Los países islámicos en donde la religión ha
perdido su significado para convertirse en una herramienta de control
y sobre la que se estructuran los privilegios de los más poderosos”,
podríamos cambiar perfectamente la palabra “islámicos” por
“cristianos” y tendría la misma validez… desde el origen de ambas
religiones.

6. Esto es falso: “Joyce crea un conjunto de sensaciones, que no son
ideas ni conceptos, no significan nada ni tienen sentido y no tienen
porqué tenerlo. Fuera de la mente del autor no lo tiene. La redacción
del texto es muchas veces, la mayoría, ininteligible porque mezcla
contrasentidos, por eso no podemos buscar una respuesta a ¿qué dice?,
lo cual es el gran error de una gran parte de las interpretaciones que
se han hecho de esta obra”.

El blog Estela Finnegan plantea que “Finnegans Wake” tiene trama, es legible
y totalmente traducible al castellano, y a cualquier idioma.