Análisis del lenguaje de “Finnegans Wake”

 La manera de usar el lenguaje es un aspecto esencial en la obra “Finnegans Wake”. Surge la pregunta ¿qué quiso decir?, porque no se trata de simpleces, aunque se puedan observar muchas incoherencias. En una carta de Joyce a Hamiet Weaner, en 1926, en la mitad del periodo en el que estuvo escribiendo Finnegans (1922 – 1939), podemos leer: “una gran parte de la existencia no pasa por el lenguaje”, y es a esta parte a la que Joyce quiere acceder, para lo cual hace una especie de agujero en el lenguaje. Si Ludwing Wittgenstein planteó que los límites de mi lenguaje significan los límites de mi propio mundo, Joyce decide romper tales limitaciones para agrandar el mundo interior. Si en el estudio de la obra “Ulises” vimos muchas analogías entre este filósofo y Joyce, en Finnegans su autor se rebela al lenguaje, no quiere permitir que sea un límite, y por lo tanto trata de romperlo. Wittgenstein rompió con su propia teoría elaborada en “Tractatus Logico-Mathematicus”.

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Otro filósofo, filólogo de carrera, que hace toda una filosofía del lenguaje, Friedrich Nietzsche, apunta que la palabra crea su propio lenguaje, quizá describiendo sus propios delirios, pero lo que consigue es avanzar más allá de los límites de él. El nihilista alemán lo explica, mientras que Joyce lo desarrolla.

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Hay ciertas situaciones psicológicas, que la medicina considera patologías mentales, en las que el lenguaje adquiere su propia realidad, como si las palabras hablasen con su forma misma, más allá del significado que se les da. Por ejemplo hay quienes ven en la palabra “Dios” un mensaje “Di os”, y repiten “os” como si fuera un mandato divino. Para acoplarlo a la realidad y ver su sentido hay quienes lo asocian a una práctica admitida, como son los mantras en el budismo, cuyos seguidores repiten la palabra “om”. Hay teorías que analizan las vibraciones existentes al cantar “om” en cuanto a que influyen en el despertar de la conciencia. Los que ven en la palabra “Dios” aquel mensaje piensan que quienes dicen “Om” tergiversan el sonido y se confunden, que en realidad es “Os” porque lo dice Dios, la palabra “dios”, “di os”.

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Un amigo entendía en la palabra “ventana” “ven Ana”, estaba seguro de que tras ellas hay una mujer que se llama “Ana”, pero ¿en todas?, eso es imposible. El razonamiento siempre se escapa porque quien lee el mundo de esta manera delirante tiene una salida, como puede ser que para él es cierto porque se lo dice la palabra: Ana es el nombre de la mujer que inventó poner esos huecos en las paredes. Y lo dice con toda seguridad porque cree que habla con las palabras. Cuando alguien se asoma por una de ellas es “Ana” y luego en la calle o cuando dejan de asomarse cambian de nombre, al menos para él. Está completamente seguro de que es así. Para entender el delirio, en cuanto a la desconexión de la realidad normalizada, hay que mirar hechos concretos. Recuerdo que cuando di clases de teatro en la cárcel de León, un chico de la sección de deficientes mentales nos acompañó alguna vez. Un día vino llorando, porque él dice y cree que come cristales y fue al médico ya que tiene miedo de hacerse daño. Aunque no coja cristales para comerlos cualquier alimento que le dan se transforma en ellos y está seguro de que puede comer trozos de cristal. El médico le dijo que no volviese a su consulta hasta que no se comiera una lámpara. Estuvo compungido varios días este chaval diciéndoselo a todo el mundo y abriendo la boca para que viéramos que no le cabe una lámpara en la boca. ¡Es imposible!, decía.

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Otro amigo que ha participado en varias terapias de grupo me contó hace tiempo que nadie se da cuenta de que “palabra” es “la pala que labra” el pensamiento y la conciencia. Nadie se da cuenta, me decía, ¡con lo claro que está!. No deja de ser una manera de funcionar del cerebro que Joyce explora creativamente. No tiene nada que ver con el sentido etimológico de las palabras, sino que éstas adquieren conciencia en sí, y no se consideran herramientas del lenguaje, sino que ellas hablan. Éste uso anacrónico del lenguaje interfiere en nuestro pensamiento, de manera que es usado en la elaboración de chistes, es uno de los mecanismos de la risa que hace que estalle en quien lo escucha. Para Samuel Beckett “toda palabra se expande con psicológica inestabilidad”.

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Joyce abre ese espacio del pensamiento, lo hace literariamente para, quizá sin pretenderlo, ver como la palabra y el pensamiento están pegados uno al otro, lo que él intenta separar para ver cada parte en sí misma. En “Ulises” lenguaje y pensamiento van unidos, mientras que en “Finnegans Wake el lenguaje va por un lado sin llevar en sí pensamiento alguno, de manera que el contenido lo encontramos en la forma de lo que está escrito, no hay algo que cuente, mientras que en “Ulises” sí. Beckett plantea “no entienden esta obra porque no son capaces de separar la forma del contexto”. Para este dramaturgo irlandés: “las palabras vienen de una progresiva transformación”, por lo que cabe preguntarse ¿por qué no se pueden transformar las palabras en una obra?. Porque nadie lo entendería, pero si alguien se arriesga, como lo hizo Joyce, puede dar a entender algo. Fue, es, un experimento literario.

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Semejante proceso del lenguaje es el fundamento de la magia desde el punto de vista del ocultismo, según el cual las palabras activan mecanismos mentales que pueden interaccionar con la realidad y de esta manera la modifican. La teoría ocultista teosófica considera que determinadas palabras permiten vincular a quien las pronuncie con el cosmos o con Dios directamente, como admite también el esoterismo de la Cábala, o el budismo con sus mantras que repiten palabras en un determinado tono para provocar efectos en la conciencia individual o actuar en el mundo, igual que los católicos con la oración. El lenguaje, como herramienta mágico religiosa, deja de ser algo simbólico para convertirse en una realidad. Joyce trata la palabra como algo más que un mero símbolo, dosifica el lenguaje para hacer ver que está vivo, las palabras dicen cosas ellas mismas, quizá para liberar el pensamiento del lenguaje y viceversa. No es de extrañar que Joyce haga constantemente alusiones a la sexualidad, de una u otra manera, a veces de forma burda, pero lo hace en cuanto que en la sexualidad no hay lenguaje y sin embargo lo hemos llenado de él, deformada su función y convertida la sexualidad en fuente de conflicto, hasta tal punto, de que como veremos en el último apartado el lenguaje ha creado una forma propia de amor, que queda impregnado en la mente, el enamoramiento.

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Samuel Beckett en su análisis sobre Finnegans Wake dice que no trata de cosa alguna, es la cosa misma y añade: “cuando el sentido danza la palabra danza también”. Advierte que aprendemos una totalidad, lo cual es el sentido de la novela de Joyce, en ella no hay aspectos parciales, por eso forma una unidad, que como hemos indicado es el comienzo que empieza por el final. Al mismo tiempo tiene muchas caras, lo que hace que sea como un calidoscopio que a medida que se va leyendo cambia de forma y de historia. El autor lo reconoce y lo advierte al lector: “el propio grafos proteiforme (en favor de las formas) es una escritura poliédrica”.

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También desdoblar las palabras para darle otro significado es la base de muchos chistes: ¿cuál es el trabajo más alegre?, el de barrendero. ¿por qué?, porque siempre barriendo, siempre va riendo. Igualmente Joyce en su obra humorística, sardónica, con retranca como él mismo dice, desdobla las palabras y las deforma para buscar nuevos significados, “labioratorio” (laboratorio, labio que reza…), “foutûgrafo”, (imagen del fuego, imagen de fuego…), “amor platohóndico” (amor platónico hondo), “himenearle” (menear el himen, desvirgar), “Romeo y Jodieta” (por los deseos de Romeo de beneficiarse a Julieta). Toda una obra de juegos de palabras.

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Un personaje que aparece como coral de fondo en Finnegans Wake, en varias ocasiones, es otro personaje popular de las canciones inglesas, Humpty Dumpty, el cual se convirtió en un personaje del cuento “A través del espejo y lo que Alicia encontró allí”, que Lewis Carroll escribió después de su obra “Alicia en el país de las maravillas”. Este personaje que es un huevo con forma de persona le explica a Alicia el poema que lee en la casa del espejo y discute sobre el lenguaje, algo que lleva a la práctica Joyce en la novela Finnegans Wake. Para Humpty Dumpty el nombre de Alicia es estúpido. Alicia le dice que si es que tiene que significar algo y él le dice que sí. La canción de este personaje es a la vez un acertijo, algo que Joyce convierte en su método literario en esta obra, por eso no dice algo, sino que dice cosas para acertar qué es lo que nos quiere comunicar.

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Joyce escribe “el hipado humpty-dumpty“. Se convierte este personaje de la canción popular en un protagonista simbólico, “cuán humptydumptyana nos mira la tierra en nuestra miresyme aquiyahora“; “¿sabes lo de un humpty-dumpty que puede armas las de Caín?”, es un huevo convertido en persona con el que habla Alicia y de esta manera Anna Livia es al mismo tiempo el río Liffey, que atraviesa Dublín y lo divide en dos. “El humptreyesco…”. Al final de la I parte plantea “¿cuántos lugares convertirían a las cosas en personas?“. Al comienzo de la obra leemos: “Humpty en la humildad, dumpty para la suciedad“. Es un fondo que nos lleva a entender cómo las cosas, también los sentimientos pueden ser dos a la vez.

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Humpty Dumpty cuestiona la lógica cotidiana, cuando por ejemplo le dice a Alicia que la corbata que lleva es un regalo de su no cumpleaños. Lewis Carroll juega con el espacio y el tiempo que modela a su antojo para crear un mundo propio, el cual necesita su lógica de manera que haga real den el texto ese país de fantasía y poder entender qué sucede y cómo es lo que hay al otro lado del espejo. Joyce recoge ese modelo para llevarnos al mundo interior de su personaje y se encuentra con un mundo de sentimientos que tienen vida propia, juega con el lenguaje para cambiar sus significación, porque nos quiere llevar al otro lado del espejo ya que detrás de nuestra imagen, la suya como autor y la del lector, existe un mundo que está por descubrir, el cual hay que crearlo. Al fin y al cabo Alicia en la obra de Carroll descubre un mundo que previamente ha imaginado, e igual que reconstruye cómo es ese mundo por dentro, Joyce hace algo parecido con el mundo de los sentimientos.

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Una característica del estilo joyciano es que no escribe con las palabras estrictamente, porque las tergiversa, sino que escribe desde ellas mismas, como si diera significación a la forma de la palabra y no a su significado para a través de este experimento llegar a nuevas realidades, o crearlas. El pensamiento se significa con las palabras, y éstas forman parte de él.

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A lo largo de la evolución humana se pasó de un tiempo en el que el pensamiento se comunicaba mediante sonidos que poco a poco se fueron articulando, a otro tiempo en el que en un momento dado se enseñan las palabras y con éstas se activa el pensamiento. Por eso pensar siempre es el pensamiento inicial, y es necesario cambiar palabras, cambiar conceptos y redefinir ideas cuando se producen cambios sociales, que luego se mantienen y desarrollan mediante el lenguaje-pensamiento. Sin este análisis es muy difícil entender la obra “Finnegans Wake”, que da un paso más allá de “Ulises”, escrita anteriormente. En Finnegans se rompen los significados, para ver si hay otros. El borracho usa mal las palabras, las cortas, las cambia de sentido y sin embargo dice cosas que no quiere decir cuando está sobrio. Y al mismo tiempo desde fuera se dice “no sabe lo qué dice”, porque dice cosas que en su sano juicio reprimiría. Leemos en esta obra: buscando palabras… sacando de mentiras verdades”.

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Cuando Joyce cambia las palabras amplía su significado o lo duplica, pueden llegar a significar al mismo tiempo varias cosas a la vez, el lector deberá elegir, pero es necesario tener en cuenta todos sus significados posibles, porque los explora desde las palabras. Joyce no escribe lo que le sale y nada más, sino que luego corrige, relee, tarda diecisiete años en hacer esta novela, desde que comenzó con ella hasta terminarla, no es una improvisación y no escribe muchos más textos en todo ese tiempo. A él le dice algo y quiere que su obra diga algo a los demás, pero ¿qué?. Lo esconde porque quiere que el lector lo encuentre. Es un juego.

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Joyce experimenta con las palabras. Él es irlandés, habla inglés, y recorre, como hace ver al final de la obra, tres ciudades: Roma, Trieste, París. En todos los idiomas el mismo significado tiene diferentes palabras, por ejemplo “mesa” se dice en formas lingüísticas diferentes que indican lo mismo. En un momento determinado, con tanto cambio, pudo plantearse que una misma palabra tuviera diversos significados diferentes, que nada tuvieran que ver uno con el otro. ¿Y qué consigue en Finnegans Wake?, convertir las palabras en plastilina, las moldea a su voluntad, o como le sale, pero las deja escritas, entonces consigue algo peculiar con ellas, no trasmitir significados con el lenguaje, sino sensaciones. Un significado nos puede provocar una sensación, pero en esta obra percibimos sensaciones antes de saber su significado, que no siempre lo tiene, lo cual es un mecanismo de hacer aflorar el inconsciente, algo que Joyce tiene muy presente en esta obra. Explora los significados de las palabras, pero también su no significado, lo cual tiene un valor relevante, lo tuvo en su época y lo tiene en la actualidad, porque el lenguaje interviene en la conciencia individual y colectiva, siendo necesario desvelar los no significados, debido a que nuevos modelos sociales, políticos y económicos se implantaron mediante establecer nuevos lenguajes con sus significados, pero cuando un lenguaje se convierte en lo contrario sólo es posible salir de él mediante el descubrimiento de lo que no significa.

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La realidad es deformada por los sentidos, por ejemplo vemos que el cielo y el mar se juntan, cuando sabemos que no es cierto. Cuando Galileo Galilei dijo que la tierra es redonda y se mueve, o cuando Copérnico demuestra que se mueve alrededor del sol, con los sentidos se ve justamente lo contrario o igual que cuando Servet habla de la circulación de la sangre fueron condenados. Fue necesario crear todo un lenguaje científico para asumir una realidad que hoy se enseña a los niños desde su más temprana infancia para que la puedan asimilar y asumir, es decir para que puedan hacerse una imagen del mundo mediante el nuevo lenguaje científico.

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En la época en que Joyce escribe la sociedad más avanzada, técnica y científicamente, fue Alemania, y el lenguaje científico se empezó a llenar de no significados, la ciencia pretendió demostrar la supremacía de las razas, la maldad intrínseca de los judíos, el ordenamiento social científicamente diseñado y llegaron a creer que por esa ciencia del orden y técnica de su capacidad militar podría llevar a cabo su mundo a todo el plantea con el modelo político-científico en el que se basó. La conciencia nazi, que hubo en gran parte de Europa y de América también, se llenó de no-significados, que al final se resolvió con las armas. Sucedió un fenómeno importante y fue que gran parte de los científicos y artistas alemanes se exiliaron porque toda su labor la vieron atrapada en un lenguaje que funcionó socialmente, pero que carecía de significado. Martín Heidegger usa ese no significado para hacer un estudio , “El ser y el tiempo”, basado en la no significación de la realidad, que define a través de algo que es sin ser, el tiempo.

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En la actualidad hay una rebelión generalizada contra el lenguaje del poder. Por un lado los países islámicos en donde la religión ha perdido su significado para convertirse en una herramienta de control y sobre la que se estructuran los privilegios de los más poderosos. Las bases del Corán han entrado en el no-significado, pues nada dicen, sino que sus textos son usados como instrumentos de represión. Algo parecido sucedió hace tres siglos en el mundo católico. Uno de los resultados más inmediatos de las revueltas en los países islámicos es que, por ejemplo, Marruecos va a dejar de reconocer la monarquía como algo sagrado. Pero lo mismo sucede en las democracias occidentales que utilizan el lenguaje de la democracia y sus formas para aplicar modelos totalitarios, con los que se ejerce una dictadura económica implacable a través de una auténtica dictadura del bipartidismo. La democracia ha dejado de significar democracia, se ha establecido su no significado, contra lo que ha surgido una rebelión a esta situación con las acampadas 15 M, Democracia Real, que exigen que el lenguaje adquiera significado, aunque no lo digan de esta manera exactamente. Uno de sus gritos es “oe, oe, lo llaman democracia y no lo es”. Al leer la obra “Finnegans Wake”, me vino varias veces esta idea a la cabeza, antes de que sucedieran los estallidos sociales, en cuanto a que el lenguaje del poder actual es un espejo de la realidad que hace ver el no significado y pensé que algo tenía que pasar como reacción, imaginé que podría ser una violencia nihilista, pero parece ser que se abre una lucha no violenta por la recuperación del lenguaje y de su significado, “democracia real”, en contra una democracia sin-significado, ficticia pero que funciona como realidad social. Lo que Joyce plantea es un nuevo mundo de significados basados en la forma del lenguaje, porque es con ésta con la que se crean los no-significados.

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Las dos últimas novelas de Joyce se recrean en el lenguaje, hace una literatura de palabras, las crea, busca nuevos significados, hasta el punto de que el lenguaje, no como estilo, sino las palabras son protagonistas en sí mismas, son las que actúan, los personajes llegan a ser invisibles e insignificantes, tan sólo una referencia para colocar el texto, pues sin ellos caería en el vacío. En muchas partes de Finnegans sucede esto. Las historias que cuenta suceden en el lenguaje, inventa una historia que son palabras, hasta el punto de que al final vuelve a empezar, sin decir nada, como ese cuento que en bromas me contaba mi abuela Lola, “érase una vez María Sarmiento que se comió un pimiento?, ¿quieres que te lo cuente otra vez”. Al decir sí repetía “érase una vez María Sarmiento….”, hasta que uno de los dos nos cansábamos. ¿Por qué se come un pimiento?, porque rima con sarmiento….

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En las antípodas de Joyce como escritor está, por ejemplo, Pío Baroja, quien desdeña la literatura como palabra, rechazando su valor estético. No sólo es parco en ellas, sino que para él lo importante es la historia que se cuenta, las ideas que traslucen, llegó a decir que escribía novelas a pesar de que hay que usar las palabras. Joyce usa las palabras sin preocuparse por la historia, que muchas veces va a la deriva y la deja a un lado, por eso quien busca un guión no lo encuentra, no entiende una historia que no hay. En Finnegans Wake leemos: “las palabras que siguen pueden ordenarse a discrección”, lo cual es un método y no una mera extravagancia como se ha querido interpretar en muchas ocasiones. Y lo dice en relación “a fines al finn”, como si advirtiera que hay que llegar al final para entender a Finnegans, que vuelve a empezar, resucita. En esta obra Joyce no coloca las palabras, sino que caen en su pensamiento y él las recoge y las coloca, el lector las tiene que ordenar, pero al mismo tiempo las clava, porque golpean al lector, porque al querer buscar un sentido ve difuminado los límites del lenguaje y apenas puede entender nada si no lo hace desde el no significado.

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Como he indicado anteriormente muchas frases carecen de sujeto o lo cambia sin avisar, desconcertando al lector, que ha de darse cuenta de que el sujeto real es el recuerdo-lenguaje. ¿Quién hace lo que dice, quién lo cuenta?, el lenguaje. Es una obra que hay que leer desde un punto de vista psicológico en el que igual que hay que ver el no significado también lo que no dice, porque forma parte de lo que dice, de manera que la lectura de esta obra es muy parecido a resolver un sudoku.

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He leído escritos y sobre todo cartas de Elías Prieto Sáez de Miera, que se presenta actualmente como Elías Gorostiaga, que me resultaron siempre impactantes, por la forma en que escribe, de manera que pasa de un tema a otro en una misma frase y consigue crear una comunicación directa. Me pareció siempre que clava las palabras, una, otra, otra que equivalen a frases y textos enteros, por la manera de hacerlo, es una cualidad literaria que es difícil de imitar o de quererlo hacer. En ningún otro escritor de los que he leído lo he observado. Cuando leí “Ulises” de Joyce, me pareció mucho la escritura de Elías, cuando obviamente Joyce es anterior, pero yo leí su obra después de los escritos de Elías. Los relatos cortos que escribe adquieren de esta manera una intensidad especial.

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Otra pista que da Joyce en esta obra es: “cada palabra, cada letra, cada rasgo y espacio es una firma de autonomacia (letra escrita a mano)”. Saca de él mismo el lenguaje. Y añade: “denota menor ignorancia escribir una palabra con déficit de consonantes que poner más de la cuenta”, cuando en buena lid hay que poner las que son. Y añade: “una palabra Astutamente oculta en la concatenación Salvífica es tan difíCil de enContrar como difícil es haber nacido gentelman”.

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En otro párrafo escribe: “Indescifrable escrito de Hanno O’Nonhanno: sin signo de puntuación ninguno”. Esto último es una característica del último capítulo, Penelope, de su anterior obra, en el que Molly piensa medio despierta después de que Bloom su marido se ha masturbado al verla con el pompi al aire, hanno y nonanno, pues no accede a él. Y continua dejando huellas que seguir: “respondía al silencioso interrogante sobre la primigenia luz de nuestro mundo”, que más adelante define como “estas heridas del papel”, que es lo que escribe. Hay algo que le hiere, que pienso que es la dualidad del amor. Pero advierte: “… ciñéndose a su auténtica clave”.

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Insiste Joyce en comentar, como quien no quiere la cosa, sus disquisiciones para que el lector mire qué es lo que escribe: “¿acaso no te han dicho que toda cremación (creación final) tiene su conclusión y toda ola su cola, y que ahí está él y ella del quid”, el quid de la cuestión: que todo se reduce a la relación del hombre y la mujer. En otra ocasión no finaliza una frase, que continúa en otra que es una palabra: “las vagabundas aguas de la. ¡Noche!”. Alguien puede pensar que pudo haber puesto “de la vida”. Sin embargo da un salto para pasar a otra dimensión narrativa. Y más avanzado el texto vuelve a decir “ponme a mí ese alma en pene (en pena) por compañero de cama”, como si la sexualidad fuera el centro sobre lo que todo gira.

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Para el autor de “Esperando a Godot” la obra de su amigo no se entiende porque en el mundo “no se habla el lenguaje de esta obra”, pero ¡qué lenguaje es?. Es como si en una carrera no viéramos al corredor ni las piernas moviéndose, sino que viésemos unas líneas a través de un espectrógrafo, que reflejan la energía empleada, ¿es la carrera?, sí, pero en la imagen del espectro, y algo de esto hay en la obra Finnegans Wake, al que Beckett llama “el biólogo de las palabras”, igual que a Freud le llamaron  el biólogo de la mente, porque Joyce descubre la vida de ellas en la literatura, convirtiéndolas en átomos de sensaciones, lo cual Beckett considera “la deliberada locura de la estructura formal creada por Joyce”. Es algo que sucede en algunos tipos de delirios-locura, pero en esta obra Joyce sigue el rastro de lo irracional para ver a dónde lleva. En el fondo de toda patología mental hay sentimientos tapados, bloqueados, atrapados, capados.

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Cuando Joyce escribe esta obra encerrado podríamos decir, por las convulsiones políticas, las palabras lo sacan de sí, pero son las mismas que destruyen cuando enarbolan la guerra, que parece el álgebra de la historia. Los colectivos humanos son emborrachados de palabras: patria, honor, raza, lucha, gloria, dios y da la vida por ello, y a eso se ve abocada la humanidad mientras que Joyce escribe y lo ve, se da cuenta sin poder hacer otra cosa que expresarlo. Pero en condiciones menos extremas sucede hoy algo parecido, los horarios, la obsesión por el dinero, la necesidad de ser alguien también emborrachan a las personas.

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Joyce escribe para comunicarse, tal vez quiera que la gente se dé cuenta, palpablemente, de que lo que el lenguaje dominante hace pensar, y no pensar, y que se reproduce en los medios de comunicación, no tiene sentido, pone su punto de vista en la situación de antes de morir como si estuviera el que lee en un velatorio cuyo muerto resucita, e igual que a Finnegans le resucita el mismo alcohol que le ha llevado a la muerte, al hombre moderno le ha de resucitar la palabra que le ha llevado a morir en una Guerra Mundial y luego en otra. Todavía hoy este mensaje se ignora y la literatura avanza en las arenas movedizas de la estupidez y las guerras de mentiras-palabras-guerras continúan.

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No podemos pasar en alto que el año en que Joyce comienza su obra Finnegans Wake, 1922, Benito Mussolini culmina una marcha sobre Roma, donde vive Joyce,  con sus fascios los camisas negras lo cual hizo que el rey Víctor Manuel III le nombrase días después jefe del gobierno. El fascismo se construyó sobre la base de un lenguaje de fantasías patrióticas, sin ningún significado. Y la finalizó el año en el que comenzó la II Guerra Mundial, cuando los nazis invaden Polonia, 1939. También es el año en que muere Sigmund Freud. Un dato a tener en cuenta es que Lucía, la hija de James Joyce y Nora Bernacle, cuando estuvo en un psiquiátrico, coincidió con la también irlandesa Violet Gibson, quien estuvo a punto de  matar a Mussolini en 1926. Entre sus pertenencias se encontró una foto de Lucía en el Hospital Psiquiátrico.

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Las palabras emocionan y se convierten en acicates psicológicos, lo cual instrumentalizan las organizaciones totalitarias  porque usan un lenguaje mítico que afecta a la psicología profunda de las personas, a lo cual reacciona Joyce, lo ridiculiza y quiere hacer visible los aspectos oscuros de este proceso social que se fundamenta en la proyección social del uso escénico de la palabra.